Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
[Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: Grand Line Paraíso (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=227)
+---- Foro: Corriente Daiya (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=184)
+----- Foro: Isla Toko [Primera isla] (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=185)
+------ Foro: Pueblo Kakutasu (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=186)
+------ Tema: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu (/showthread.php?tid=627)

Páginas: 1 2 3


RE: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - Joe - 09-01-2024

Se hizo tarde. Entre unas cosas y otras, la noche cayó en isla Toko, y todo este último momento creo que se fue un poco por otro camino. Ikirami contó que venía directa del North Blue, alegando que hasta los 14 años en adelante estuvo sola hasta que se alistó en la Marina. Giré levemente la mirada para observarla, y aunque esto que dijo no fuera nada raro a primera vista, se notaba que algo no le estaba gustando. Toda la euforia y diversión que tenía encima se apagó poco a poco a raíz de ese momento, desde luego, tocamos un tema con el que no estaba cómoda hablando. No era el momento de preguntar más sobre eso por el estado en el que se encontraba, lo mejor es que descansase.

Estaba dispuesto a irme con las cosas y dejarlas a ellas que siguieran divirtiéndose, pero Ikirami saltó de repente, diciendo que se vendría conmigo, confirmando que el alcohol no le sienta bien y disculpándose con Karl, dándole un tierno beso en el hombro, mostrando un gesto cariñoso hacia ella. Me limité a esperarlas mirando hacia otro lado, más concretamente a la gente que había alrededor nuestra, para comprobar si estábamos armando mucho escándalo o llamando mucho la atención, pero no fue así, realmente de todo el ambiente que había allí apenas se nos notaba a nosotros armar jaleo alguno.

No estaba prestando atención y de repente, Ikirami se acercó a mí. Demasiado diría yo. Posó mi mano sobre mi mejilla, para así girar mi rostro hacia ella de manera suave y mirarnos ambos a los ojos. No podía apartar la mirada ni nada, realmente su movimiento me estaba obligando a mirarla. Seguía sin oler a alcohol, porque por suerte bebió poco, pero aun así tenía el rostro rojizo y ruborizado por beber, con esto vino su proposición de acompañarla hasta su habitación, de una manera seductora pronunciando mi nombre - Yo... Bueno... - me quedé sin palabras. Realmente estaba avergonzado por esta situación, que era un cúmulo de muchas cosas.

Primero de todo, que una mujer se acercase tanto a mí de una manera tan directa, haciendo contacto físico - y visual en este caso - estando tan cerca uno del otro. Luego que me pidiera que la acompañase a su habitación, qué bueno, estando en el mismo hostal, no suponía un problema. Y por último, aunque esto supongo que esto era algo más de este caso en concreto, su belleza. Estando más cerca de ella podía contemplar mejor con detalle su bello rostro, su cabello rojizo, su figura... todo. Era muy difícil no fijarse en ella, aunque fuera un mínimo, solo que esta vez la tenía muy cerca de mí y podía sentirla mucho más. Era muy difícil no sentirse atraído por ella, al menos en una primera estancia. A todo esto, añadió que lo pedía porque le daba miedo ir sola por la noche por si se topaba con alguien peligroso de camino al hostal. Estaba en un estado en el que no me gusta ver a la gente, pero no podía dejarla así - ... Está bien. Te acompañaré a la habitación. - Le dije mientras la miraba a los ojos algo sonrojado. Acto seguido, busqué a Karlglass detrás de Ikirami, pero no estaba allí. A lo lejos pude ver su figura alejarse de aquel sitio con Joseba a sus brazos, no me di cuenta de ello, tuvo que irse cuando estaba mirando al establecimiento, no sabía qué le había pasado - Le preguntaré otro día - pensé preocupado.

Karl se llevó las telas, y yo solo tenía que llevar las bolsas de los alimentos y la bolsa de Ikirami, las cuales cogí todas con mi mano izquierda. Me situé a la izquierda de mi compañera, para que se situara a mi derecha - Venga, vámonos al hostal a descansar - le dije en tono amable. Saliendo del mercado, llegamos a la calle principal del pueblo, era de noche, y había poca gente por el pueblo, parece ser que la gente estaba más en el mercado, aprovechando las tabernas abiertas y la fiesta. Intentaba ir a un ritmo lento y tranquilo, al fin y al cabo, Ikirami iba algo perjudicada. No me gusta la gente en este estado, realmente me traen malos recuerdos de muchas cosas, pero supongo que mi compañera no tenía la culpa de ello. Además, que ella misma fue la que decidió parar cuando se estaba viendo ya en un mal estado, al menos, eso le honra, es responsable.

Según caminábamos yo miraba al suelo, seguía algo avergonzado por lo de antes, pero no podía mantener este estado por mucho más, lo que necesitaba era hablarla para que así no se durmiera en mitad del camino, mantenerla despierta - Ten cuidado, podemos ir despacio, no hace falta correr - Le hice saber - Y dime, Ikirami ¿Qué tal ha sido tu vida como Marine desde que te alistaste? ¿Ha sido agradable tu estancia? Puedes contarme lo que quieras - le pregunté. No sabía qué decirla, no quise preguntar sobre su vida pasada por la reacción que tuvo anteriormente en la taberna. Lo único que se me ocurría era hablarla sobre la Marina y ya, no quería meterme en asuntos de su vida privada por si pudiera molestarla.

Me dediqué a caminar a su lado por la calle principal esperando su respuesta. Al menos, era una bonita noche, y la temperatura calurosa de allí había bajado.

Karmas



RE: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - Ikirami - 10-01-2024

En aquel local, intenté persuadir al comandante Joe para que me acompañase. Por suerte para mí, funcionó. Es más, nuevamente había conseguido que se ruborizase. Eso me alegró y decidimos salir del local, dejando a Karl sola en aquella noche. Me sentí un poco mal por ella, que decidió quedarse tomando una última junto a Joseba, pero la verdad es que necesitaba salir y despejarme un poco. Joe recogió las compras y mi bolsa y se situó a mi izquierda, llevando las cosas en el otro lado. Con una grave aunque amable voz dijo que fuésemos a descansar.

Salimos del mercado en plena noche, poco a poco fuimos dejando atrás al gentío hasta quedar prácticamente solos en la calle principal del pueblo. Llevábamos unos minutos ya caminando, en las que él mantenía la cabeza algo gacha, con la mirada fija en el suelo. “¿Está enfadado conmigo? Espero no haberme pasado con él…” pensé durante la caminata.

Había mucha oscuridad ahora que las luces de los comercios estaban apagadas, tan solo alguna farola aquí y allá, pero realmente la penumbra predominaba en la zona. Tuve algún que otro momento de mareo en el que casi tropiezo, pero amablemente Joe bajó el ritmo, adaptándolo al mío y diciendo que podíamos ir despacio. Estaba siendo muy considerado conmigo, a pesar de conocerme solo de aquel día. Debía ser una buena persona, se veía de lejos que se preocupaba por los demás. Le miré de reojo, con rubor en mis mejillas. Era por la cerveza. Lo era, ¿verdad?

-Gra… Gracias, comandante. -agradecí, algo más cómoda ahora que íbamos con calma.

Poco después, lanzó una pregunta al aire sobre mi vida como marine, añadiendo que podía contarle lo que quisiese. Por suerte, aquel tema no me suponía ningún problema.

-Aburrida en su mayoría. Ya sabes, tengo el rango más bajo de marine. He pasado creo que… Hmmm. -me interrumpí intentando hacer los cálculos, que se me resistían algo más de la cuenta- Seis años. Sí, seis años enteros en la misma posición. Supongo que tú también debiste pasar por ese rango, ¿o acaso comenzaste ya siendo Comandante? Ssshssshsssh. -reí al imaginarlo de niño dirigiendo a marines- Así que ya sabes lo que es eso; limpiar la base, ordenar cosas, llevar papeleo…

Levanté la vista al cielo, realmente era una noche preciosa de verano y además ya no hacía calor, hasta era refrescante. Continué avanzando con él, recordando y fijándome en las distintas constelaciones del cielo.

-Aunque tampoco puedo quejarme, ha sido una época mucho mejor que la que pasé antes… Pero yo no me alisté para eso en la Marina. Llámame niña ilusa si quieres, pero… sueño con cambiar las cosas. Me hice esa promesa a mí misma hace mucho. Por eso estoy muy feliz de estar aquí.

Sonreía para mí misma justo cuando encontré lo que buscaba en el cielo.

-Mira, ¿ves esas estrellas con forma de ocho ladeado? -dije a la vez que cruzaba mi brazo con el suyo y señalaba en el cielo con la otra mano, en la dirección en la que había un cúmulo de estrellas que parecían un infinito.

Cielo



-Hay un cuento que habla sobre ella. Dice que hace muchos muchos años, en un reino distante, la hija de un monarca se enamoró profundamente de un joven plebeyo. Su amor, desaprobado por el frío rey, desencadenó una trágica cadena de eventos, llevando al soberano a ordenar la muerte del muchacho. Desafiando el destino, los enamorados huyeron, evadiendo incansablemente a sus cazadores. Pero el destino finalmente les alcanzó en lo alto de una montaña remota, bajo un cielo estrellado. En ese momento, con la muerte acechando, los amantes se prometieron amor eterno en un pacto sagrado e irrompible. En un acto de amor y desafío final, al ser atravesados por las lanzas, se transformaron en destellos de luz, ascendiendo a los cielos. Su amor, inmortalizado en el cielo formando la constelación que vemos ahora.

Me avergoncé al darme cuenta de que me había cogido a él y que ahora agarraba su musculoso brazo. Solté su brazo y desvié la mirada al suelo avergonzada.

-Bueno… al menos eso era lo que me contaba mi madre de pequeña… -volví a mirar a aquellas estrellas sonriendo con nostalgia- También me decía que si prometías algo a aquellas estrellas, harían que se cumpliese y sería un pacto inquebrantable… Cuando entré en la Marina juré a esas mismas estrellas que lo lograría, pasase lo que pasase.

Me había dejado llevar por la emoción. Hacía mucho que no hablaba de mi madre y me sentía vulnerable, expuesta. Reanudé la marcha esperando que Joe me siguiese y me giré para mirarlo.

-¿Y tú? Dime, comandante, ¿qué te llevó a entrar en la Marina?


RE: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - Joe - 10-01-2024

La noche cayó completamente en isla Toko.

Mi intento de ir más despacio y sin prisa para que Ikirami pudiera ir más cómoda fue agradecido por ella, parece ser que empezaba poco a poco a estabilizarse y tranquilizarse, cosa que me tranquilizaba un poco. Mi pregunta sobre su vida en la Marina la aceptó de buena manera y procedió a contarme sobre ella.

Alegaba que en su totalidad ha sido aburrida, puesto a que tiene el cargo más bajo que hay en la Marina, pasando así 6 años enteros, sin ninguna novedad o algún tipo de misión que pudiera hacerla sentir útil dentro de nuestra organización. Realmente, la entendía perfectamente, solo que yo he estado así el doble de tiempo que ella, una docena de años, que se dice pronto. Bromeó sobre si yo siempre he sido comandante, acabando con una sonrisa muy dulce, creo que era la primera vez que le escuchaba reírse - ¿Supongo que eso es porque se encuentra ahora mismo a gusto y en confianza? - Pensé mientras terminaba de contarme sus años en la marina.

- También empecé de la misma manera. Como bien has dicho, las cosas más básicas las hice durante muchos años, para ser más exactos, el doble que tú. Doce años como soldado raso en el East Blue. Doce años aburrido, haciendo lo mismo, pero al menos tenía la tranquilidad de saber que estaba siendo útil, aunque fuera para las cosas más bajas y básicas - Dije mientras miraba el cielo, el cual, me percaté que estaba totalmente estrellado. Lo bueno de Isla Toko es que es un sitio en el que se puede contemplar muy bien este tipo de espectáculos tan preciosos. Ikirami parece ser que se percató que observé el cielo, y procedió a hacer lo mismo, añadiendo a su historia una frase que no dejé pasar desapercibida, 'Ha sido una época mucho mejor que la que pasé antes', aquello me chocó un poco, estaba convencido de que tenía relación con su reacción en la taberna, cuando Karl le preguntó por ello. Me apetecía preguntarla por si podía ayudarla en algo y escucharla, pero acto seguido terminó contando su verdadero motivo por el cual se alistó en la Marina.

Afirmó que quiere cambiar las cosas, que ese es su verdadero sueño, aunque por ello se llamase a sí misma una niña ilusa o algo parecido, fue una promesa que se hizo. Y, que estaba feliz de estar aquí. Le miré girando mi cabeza levemente - ¿Acaso soñar con algo es malo? - Le pregunté, con un tono un poco de humor, pero confidente - No hay nada de malo en soñar con algo, no eres ilusa por ello. No sé cómo quieres cambiar las cosas, pero estoy seguro de que lo harás, y tu promesa la cumplirás, ya lo verás - Dije volviendo a mirar al cielo y sonriendo.


Ikirami me arrojó una pregunta, sobre si era capaz de ver lo que parecía ser muchas estrellas juntas en forma de ocho ladeado. Medio cerré los ojos para fijarme bien en el cielo - A ver, déjame ver... - Pero, de repente, noté como su brazo izquierdo, se cruzaba con mi brazo derecho. Abrí los ojos otra vez, totalmente sorprendido por aquel gesto, incluso llegué a ponerme algo nervioso. Las noches en Toko no son precisamente calurosas como cuando está pegando el sol, pero podía sentir el calor de Ikirami cerca de mí. No sé si fue un gesto involuntario o a conciencia, pero, me da igual eso, era agradable, reconfortante, realmente se sentía bien. Simplemente, dejé que lo hiciera sin decir nada, observando donde me señalaba en el firmamento para observar aquella formación de estrellas que, como bien decía, se asemejaba a un ocho ladeado. A continuación pasó a explicarme una bonita historia. Trataba sobre la hija de un rey, la cual se enamoró de un plebeyo, lo cual trajo problemas a ambos, puesto que no era algo deseado, pero los dos quisieron cambiar su destino sin éxito por desgracia. Se juraron amor eterno bajo las estrellas a la vez que murieron allí, haciendo ascender ese romance al cielo, formando la constelación que me estaba enseñando. Realmente era una bonita fábula, que atesoraría para no olvidarla.

De repente, noté como me soltó el brazo de nuevo. En ese momento, un poco ruborizado, giré la cabeza con delicadeza y despacio, para mirarla. Estaba mirando al suelo, avergonzada, quizás sí que fue un acto involuntario que no tenía pensado hacer, pero el momento le animó a hacerlo. Continuó contándome que aquella preciosa historia se la contó su madre cuando era pequeña, un dato más que curioso por el cual quería preguntar, pero no era el momento ni el lugar. Aquella historia tenía relación directa con lo que me contó de su sueño, añadiendo que si alguien pedía un deseo bajo aquellas estrellas, se cumpliría, cosa que ella juró cuando entró a la Marina. Todo lo que acababa de pasar me gustó, tanto que esbocé una sonrisa. Tanto la historia, como el gesto de Ikirami de sincerarse, de abrir su corazón, ha alguien como yo. No estaba muy acostumbrado a ello, por lo que lo tenía en cuenta - Realmente es una historia preciosa, nunca antes me habían contado algo así - Le dije mirándola algo ruborizado, pero me daba igual que se me notase o no - Juraste debajo de estas estrellas tu promesa, pero ellas no serán quien hagan realidad eso, sino tú misma, recuérdalo - Miré de nuevo al cielo - Y me gustaría poder verlo con mis propios ojos - Esto me recordó a Minato en cierta parte. Le dije exactamente lo mismo, ver con mis ojos como cumplía su sueño. Pero con Ikirami, era diferente, aquel calor que sentí antes realmente me hizo pensar.

Para finalizar, me preguntó a mí que me llevó entrar a la Marina, mirando al cielo le respondí - Fue bastante raro. No tenía a donde ir, estaba totalmente sin un hogar, y por circunstancias de la vida, se presentó delante de mí, un completo chalado... Spike, se llamaba. Fue el que me salvó de unos piratas cuando era muy joven. Vio en mi potencial, vio un muchacho fuerte, y estaba convencido de que sería un gran Marine, por lo que me "adoptó" y se convirtió en mi mentor. Cuidó de mí, me enseñó muchas cosas buenas, pero también otras malas que a día de hoy sigo arrastrando. Pero a pesar de todo, le debo mi vida, aunque ya no esté aquí, él me salvó de una muerte prácticamente segura, y quiero que se sienta orgulloso de mí y ser una persona buena... - Miré levemente con la mirada a Ikirami - ... Para todos los que me rodean, claro - me acerqué disimuladamente a ella para estar más cerca - Yo, por desgracia, no conocí a mis padres, me abandonaron cuando era un bebe, y en su lugar, quien decidió criarme fue un humilde cocinero de un pueblo, Kofu. Puede que no nos una la sangre, pero para mí, él ha sido mi padre y siempre lo será - Giré la cabeza para mirarla mejor - No me contó historias tan bonitas como la tuya, él se dedicó a enseñarme a cocinar y todo lo relacionado con la gastronomía... Creo que me enseñó bien, quería dejarme su sueño a mi cargo, su restaurante - Miré de nuevo al cielo - Por desgracia, unos piratas acabaron con ese sueño una trágica noche, la cual desencadenó en irme de allí por una toma de decisiones de la gente del pueblo que no me gustaron nada... hasta que me topé con el loco de Spike - Agaché la mirada al suelo - Realmente, solo quiero ser un buen Marine para salvar a aquellos que no pueden defenderse de los que van a hacer daño, y cuidar de la gente que quiero. Ese es mi sueño -

Me dejé llevar totalmente por el momento, sincerándome completamente con Ikirami. Muy poca gente sabia de mi pasado, pero simplemente salió de mí el contarle todo. Volví a mirarla - Quizás... ahora que estamos debajo de estas estrellas, sea buena idea pedir ese deseo para ver si se cumple, ¿no? -


RE: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - Ikirami - 12-01-2024

Mientras caminábamos juntos bajo las estrellas, me encontré compartiendo mis sueños y aspiraciones con el comandante. Él, a su vez, compartió sus experiencias y cómo había ascendido desde una posición similar a la mía, aunque estuvo más tiempo que yo. Su apoyo y comprensión hicieron que el paseo nocturno se volviera inmensamente más placentero. Le confesé que mi sueño siempre había sido cambiar el mundo, un deseo grandioso, lo sé, pero en lugar de ridiculizarlo, Joe me animó con palabras alentadoras.

En ese momento, me sentía extrañamente cómoda, recordándome al día que pasé con Erika en Ohara. Al señalar una constelación en el cielo y compartir su historia, una oleada de timidez me invadió. Sin darme cuenta, había agarrado su brazo en un gesto espontáneo que no era habitual en mí. Joe, pareciendo ligeramente ruborizado, comentó que encontraba la historia encantadora a la vez que me miraba. Me tomó por sorpresa cuando, tras expresar su creencia en mi capacidad para realizar mi sueño, expresó su deseo de verlo cumplirse con la vista fija en el cielo. Algo abrumada por su gentileza, desvié la mirada y me alejé unos pasos creando una distancia física y emocional, aprovechando para preguntarle sobre sus propias razones para enlistarse, impulsada por una curiosidad genuina.

Joe, con la mirada todavía perdida en el firmamento, se abrió a mí con una franqueza que no esperaba. “Ambos nos sentimos cómodos”, pensé mientras me ocultaba discretamente bajo el ala de mi sombrero, escuchándole con toda la atención posible.

Comenzó contándome sobre un período de soledad y desamparo en su vida, hasta que un hombre llamado Spike lo acogió. Este hombre lo había salvado de piratas en su infancia. “Piratas… Siempre entrometiéndose”, pensé con un deje de tristeza. Observé a Joe, aún con la vista fija en el cielo, hablando con cariño de su mentor, a pesar de reconocer que también le había enseñado cosas no tan positivas. Sin embargo, deduje que Spike debió ser una buena persona por la manera en que Joe hablaba de él, agradecido por haberle salvado y por ser la razón de su esfuerzo por ser mejor. Me miró con disimulo añadiendo que no solo por Spike, sino por todos los que lo rodeaban y se acercó un poco a mí.

-Yo... creo que lo haces bien. Ya me he dado cuenta de que eres muy buena persona, de verdad te importa la gente. Es algo que no se suele ver. -respondí con una sonrisa- Seguro que está orgulloso.

Luego, su conversación se tornó melancólica al hablar de sus padres, quienes lo habían abandonado siendo un bebé. Sentí una profunda empatía por él; a pesar de las circunstancias, yo había tenido la fortuna de conocer a mis padres y atesorar momentos con ellos. Reflexioné sobre la dureza de la vida. Después, su tono cambió al mencionar a Kofu, un cocinero que lo crió y a quien consideraba su verdadera familia. Me alegró saber que tenía a alguien tan significativo en su vida. Estaba a punto de decirle que me encantaría probar alguna de las recetas de Kofu, cuando su mirada se elevó de nuevo al cielo, y sus palabras sobre cómo los piratas habían acabado con su sueño de dedicarse a ello.

-Lo siento mucho, Joe -dije con voz entrecortada, mientras él bajaba la cabeza. Me agarré el brazo, intentando contener un dolor profundo- Yo también he perdido mucho por culpa de los piratas.

Joe compartió entonces su verdadero deseo: ser un buen Marine y salvar a la gente, ser capaz de protegerlos y cuidar de los que quiere. Ese era su sueño. Sentí su pesar, pero también su fortaleza y resolución a través de aquellas palabras. Me recordaba bastante a mí. Era curioso, había conocido a muchos Marines en la base, pero la mayoría carecían de ideales reales, muchos de ellos simplemente ansiaban una posición alta por la fama, riqueza y poder. Pero Joe era diferente, genuino en su deseo de hacer el bien. Me gustaba, su sueño.

Luego, con una mirada tierna, sugirió hacer un deseo a las estrellas que le había mostrado.

-Recuerda que lo que pidas no puede deshacerse -le advertí, consciente de la importancia de aquel acto, mientras buscaba un lugar para sentarnos.

A pocos metros, encontré un banco de madera en la penumbra, frente a lo que parecía una tienda de comestibles.

-Ven -le dije, tomando su mano y llevándolo hasta allí.

Nos sentamos juntos en el banco, miré al cielo y después a él.

-Lo único que tienes que hacer es mirar la estrella que hay en su centro, con determinación. Después, piensa en lo que deseas y a lo que te comprometes. Cuanto más fuerte sea tu compromiso, más fuerza tendrá el deseo. Tómate tu tiempo, sin prisas.

Reclinada en el banco, bajo la luna sonriente y las estrellas resplandecientes, me sumí en un estado de tranquilidad profunda. No supe cuánto tiempo pasó hasta que Joe completó su deseo, pero la serenidad de esa noche allí con él era tan placentera que, sin darme cuenta, me quedé dormida apoyando mi cabeza en su hombro. El cansancio, la paz del momento y una ligera embriaguez me sumieron en un sueño profundo hasta la mañana siguiente.


RE: [Presente Relativo] La moda de Kakutatsu - Joe - 13-01-2024

Estar mirando aquel cielo tan precioso y estrellado me hizo darme cuenta de la situación en la que estaba.

Estaba abriéndome totalmente con Ikirami, una persona que conozco desde prácticamente nada - ese mismo día - Le estaba contando todas mis inquietudes, mis pensamientos, mis sueños. Esto era algo que nunca hice de una manera tan profunda con nadie. Recuerdo el momento en el que, en Isla Yotsuba, en el East Blue, nos juntamos Sephi, Vulkan, Minato y yo, en el jardín trasero de la Base G-34, en el que los chicos abiertamente contaron sus expectativas como marines, sus metas y sus sueños. Aún suena en mi cabeza aquello, como Minato y Sephi querían ver quién de los dos llegaría a ser antes un Almirante, creando así una especie de rivalidad sana y deportiva, o como Vulkan quería impartir su justicia fuera como fuera. Lo recuerdo, apoyé a todos y cada uno de ellos en sus sueños y metas... pero yo no dije nada sobre mí, solo me limité a escucharles y darles mis mejores deseos para que pudieran cumplirlos.

Y ahora, en cambio, es todo lo contrario, con Ikirami me he abierto completamente, le he contado cosas que ni siquiera había hablado de ellas con otra persona en mi vida. Muy pocos saben por mi pasión por la cocina. Muy pocos sobre mi pasado con Spike, y casi nadie sobre Kofu y que fui un niño abandonado. Pero se lo había dicho con mucha tranquilidad y confianza, y eso que hace un rato estaba completamente llena de energía y fiesta por el alcohol. Supongo que, de alguna manera, sus palabras me transmiten cierta calidez, haciendo que pueda expresarme tal y como soy, sin esconder nada.

Tras mi comentario de como quería ser una mejor persona para los que me rodean, me dijo unas palabras tranquilizadoras, afirmando que Spike estaría orgulloso de ello, pues había visto en mí una buena persona que se preocupa por los suyos, algo que no se ve a menudo. Me sentí totalmente alagado por sus palabras, y sobre todo me transmitieron cierta tranquilidad. Desde lo de Minato, no había encontrado un poco de paz con este asunto, culpándome totalmente por ello y por no poder haberle salvado aquel día. También se sintió apenada por lo de Kofu, diciéndome algo bastante revelador: ella ha perdido mucho por los piratas. Me quedé con esa frase para, en otro mejor momento, preguntarle y saber más de ella, no por simple curiosidad, sino por preocupación, pues decir algo así no es plato de buen gusto para nadie.

Cuando le sugerí pedir el deseo ahora que nos encontrábamos bajo aquel manto estrellado en la noche, me advirtió de la consecuencia de hacerlo, era algo que no podía deshacerse, así como así - ¡Claro que sí! Si lo pido es porque estoy seguro de ello - Le dije con confianza, para que supiera que no me iba a echar hacia atrás. Delante de nosotros, había un banco de madera totalmente vacío, dadas las horas que eran, en completa oscuridad.

De repente, Ikirami tomó mi mano para llevarme hasta a él. De nuevo, otra vez volví a sentir aquel calor, igual que cuando me tomó el brazo, no sé si de nuevo fue un acto involuntario o que, pero me gustó, y solamente me dejé llevar por el momento. Sentándonos juntos, miramos al cielo, y después el uno al otro, la tenía muy cerca de mí y me sentía bien, arropado por ella de alguna manera. Me dio las instrucciones para poder realizar aquello del deseo, y era bien fácil. Mirar a la estrella del centro, sin perderla de vista y pensar en aquello que deseo, era bastante sencillo.

Terminó de decírmelo y seguíamos mirándonos, y aún seguía ruborizándome, aunque cada vez menos. Ya no era cuestión de que es una mujer muy guapa y atractiva, con un semblante femenino delicado. Era por algo que me hacía sentir por dentro. Supongo... que era aquel calorcito que me envolvía al estar junto a ella, era agradable y reconfortante, que me hacía sentirme muy bien por dentro - Va... vale, lo haré bien concentrado - Dije algo nervioso, al tenerla tan cerca de mí.

Me giré para mirar de nuevo el estrellado cielo, y suspiré. Me concentré en mirar la estrella del centro, solamente tenía ojos para ella. Estaba relajado, destensé los músculos, y me decidí a ello. Una vez que me percaté de que mis ojos solo estaban apuntando a la estrella del centro, lo hice - Me comprometo a poder salvar a todos aquellos que no puedan defenderse por sí solos. Proteger a la gente que está cerca de mí... y desear poder vivir feliz - Terminé de pensar. No hice ningún gesto raro, ni puse caras, al revés, estaba calmado totalmente, tranquilo, y lo pensé desde el alma y el corazón, tal y como me dijo Ikirami - Bien, pues y... - De repente, algo cortaron mis palabras mientras aún miraba al cielo. Noté en el hombro derecho un suave golpecito, me giré lentamente para observar que había pasado.

Ikirami, se durmió, y en consecuencia, su cabeza cayó hacia mi hombro, haciendo que reposara sobre él. La imagen era muy tierna, pues hace un rato era un terremoto en aquella taberna, y ahora parecía un angelito que nunca había roto un plato. No pude evitar sonreír mientras suspiraba. Supongo que el cansancio del viaje, la presentación y todo lo que hemos andado por pueblo Kakutasu, y porque no decirlo, el alcohol, hicieron de esto que la pobre estuviera completamente agotada. No quería despertarla, pero era muy tarde, y la noche empezaba a ser cada vez más fría. Así que no me lo pensé mucho.

Primero, metí las bolsas de las compras por mi brazo izquierdo, para así no usar las manos. Segundo, con suma delicadeza y cuidado, le coloqué su brazo derecho encima de mi hombro, pasando a ponerme delante de ella, y acto seguido, cruzando mi derecha por delante de mí y llevándola al lado contrario, su brazo izquierdo en mi hombro izquierdo. Una vez en esa posición, pegué mi espalda con su vientre y su pecho, cogí sus piernas con ambos brazos, y la llevé a aúpa - o caballito, como dicen algunos por estas tierras vaqueras - Me levanté y comencé a andar rumbo al hostal, mientras que, por la inercia del movimiento, dejo caer su cabeza encima de mi espalda, estando así apoyada en ella. Su larga melena roja incluso me hacía cosquillas. Miré al cielo de nuevo, a aquella preciosa constelación que me enseñó, y no pude evitar sonreír de oreja a oreja. Una vez más, sentía aquel calorcito dentro de mí, y me encantaba sentirme así. A veces, incluso hacía algún ruidito muy dulce producto del sueño, no podía soltar una nasal risa al escucharlo, realmente estaba completamente agotada.

Llegue al hostal por fin, entré por la puerta. Esta vez, no estaba la anciana dueña de aquello, sino un trabajador que la cubría por las noches su turno. Le saludé de manera silenciosa para no despertar a Ikirami. Subí a la planta de arriba, donde estaban las habitaciones, y me dirigí a la de mi compañera. No tenían llaves, pues en este hostal, se confiaba mucho en que la gente no hicieran cosas como robos. Sujetando a Ikirami con mi brazo izquierdo por la pierna, haciendo algo más de fuerza, usé mi mano derecha para abrir por el pomo y entrar. La habitación estaba completamente limpia, parecer que Ikirami dejó parte de su ropa colgada en el armario. Dejé las bolsas de la compra en el suelo y cerré la puerta. La habitación estaba completamente iluminada por la luna y las estrellas de aquella noche, no era mucho, pero sí suficiente para ver con claridad dentro de ella.

Me dirigí a la cama y con delicadeza, la solté y coloqué en la cama, en una posición lateral. Por suerte, no se despertó por ello. La noche era muy fría, la habitación estaba a una temperatura muy baja, y podía ponerse mala. Miré al armario brevemente y observé un camisón de encaje negro colgando, ropa muy utilizada para dormir. Volví a mirarla a ella, la cual llevaba puesto el conjunto que se compró en la tienda anterior, algo que para las calurosas mañanas y tardes le podía servir, pero, ahora mismo, no. No sé qué se me pasó por la mente, incluso me entraron los sudores. Suspiré - Si hago esto, se lo explicaré algún día... - dije en un tono bajito. Me dirigí al armario y cogí el camisón.

Me fijé que se movió estando aún dormida, poniéndose boca arriba con los brazos totalmente estirados mientras seguía durmiendo. Aproveché esa posición para, acercármela a mí, dejando que sus brazos reposaran en mis hombros. Miré totalmente a la pared, muerto de vergüenza - ¿Por qué hago esto? - Llegué a plantearme incluso. Pero, sin pensármelo, y sin quitar la mirada de aquella madera, saqué la camisa con el nudo que llevaba puesta hacia arriba, saliendo por sus brazos. De nuevo, sentí ese calor dentro de mí al tenerla tan cerca, pero aun así, seguía muerto de vergüenza, estaba completamente rojo. Tan rápido como pude, cogí el camisón y se lo puse. Aprovechando que estaba apoyada en mis hombros, cogí las sabanas y las quité. La agarré de la espalda con delicadeza, y la desplacé dentro de estas, dejando levemente su cabeza en la almohada con mi mano y sumo cuidado, finalizando con ponerle por encima las sabanas.

Suspiré de nuevo, con algo más de fuerza. Si alguien viera esto, no sé qué podría pensar de mí, aunque con razón. Solamente quería que durmiera completamente bien. Dejé la camisa que le quité encima de la silla, corrí las persianas un poco para que no entrase demasiado la luz y me dirigí a la puerta. Abrí la puerta, dando un paso hacia delante, para pararme en seco, girando así mi cabeza y la mirada hacia Ikirami. Dormía placidamente, incluso no llegué a percatarme, como cogió las sabanas y se tapó prácticamente hasta el cuello, demostrándome que sí que hacía frío en esta habitación - Menos mal... Supongo que hice bien - Me dije para mí mismo. Le pegué un último vistazo a Ikirami, y esbocé una pequeña sonrisa, para, a continuación, salir de la habitación, coger las compras del suelo y cerrar de nuevo.

Cerré sin hacer ni un ruido, y me dirigí por fin a mi habitación, había sido un día lleno de muchas cosas, sobre todo emociones, y también estaba algo cansado. Avancé por el pasillo hasta mi hospedaje con una sensación buena, que me hacia estar feliz.
Supongo que, hoy dormiría con ese calorcito dentro de mi.