![]() |
|
+18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Grand Line Paraíso (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=227) +---- Foro: Corriente Akai (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=107) +----- Foro: Isla Momoiro [Séptima isla] (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=112) +------ Foro: Reino de Kamabakka (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=113) +------ Tema: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. (/showthread.php?tid=1209) |
RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 02-08-2024 Como un patito, aunque un patito felino, me siguió de la mano a través de la ciudad. Era una experiencia agradable a la par que reconfortante, notando el tacto de su mano en la mía recorriendo las calles de Momoiro mientras anochecía. Se le veía feliz, al igual que a mí, sabía tan bien como yo lo que nos esperaba al llegar y no podía contener las ganas de la emoción. Asintió cuando le dije que quedaba poco, y con una sonrisa en la cara continué a toda velocidad con el rumbo fijo en mi cabeza. “Giro aquí, ahora recto, izquierda… derecha… ¿Derecha otra vez?”, repasaba en mi cabeza mientras avanzaba. Finalmente, habíamos llegado, sí. O al menos eso era lo que creía. Bueno, más que creer, yo estaba segura de ello. En mi cabeza, estábamos frente al edificio, y llena de ilusión le presenté nuestro nuevo nidito de amor mientras el minino confesaba que se moría de ganas de llegar a la habitación para darnos un repaso corporal el uno al otro. Pero una vez más, “algo”, una fuerza superior incluso a mi sublime ser, parecía querer socavar mis esfuerzos. Miré, completamente consternada, como el edificio frente a mis ojos era sustituido por unas decrépitas ruinas. Por un instante, casi pensé que había sucedido alguna clase de catástrofe y el edificio había sido derruido. Pero no, una farola parpadeante nos iluminaba ahora, mientras el minino se mostraba casi tan confuso como yo. La frustración era tal que no pude contener que una serie de improperios salieran de mis hermosos labios, mancillándolos, mientras pateaba el suelo y levantaba un puño enfurecida. Expliqué, a mi perplejo minino, como en el Grand Lien ocurrían cosas que escapaban de toda lógica. No era la primera vez que me sucedía, habiendo conocido ya bosques migratorios. Esta vez, sin embargo, se trataba de un caso de “edificios nómadas”. Algún día recogería todos aquellos datos en un libro, para advertir a quienes partiesen a estos mares. Estaba entristecida, mirando a mi adorable minino, con casi alguna que otra lágrima queriendo asomar por mis ojos. Pero él respondió con una tierna sonrisa y besó mi frente, como buen gatito que era. Apartó la mirada para ver el decrépito lugar, diciendo que tal vez un descampado no era el mejor lugar para darnos amor, y en efecto, no lo era. Suspiré, cerrando los ojos, mientras él sostenía mis manos. Dijo que no sabía que case de brujo estaba haciéndome aquello de mover las cosas de su sitio. —Uno absolutamente malvado… —comenté abriendo los ojos mientras él miraba hacia la luz de la farola para después decirme que no me preocupase, que llegaríamos, tendríamos nuestra dosis de amor y que juntos acabaríamos con el brujo, apalizándolo— Me encantaría romper algunos huesos a ese ser contigo, no lo voy a negar, ¿sabes? Shshsh. —comenté risueña bajando la vista a sus manos y acariciándolas. Aclaró que eso también hacía más emocionante nuestro camino a la cama, con una sonrisa picarona muy sexy, a lo que asentí con una sonrisa por lo comprensivo que era. Entonces, propuso que buscásemos a alguien a quien preguntar, soltando una de mis manos para llevarme ahora él a través de las calles. Comenzábamos desandar el camino cuando, llamándome su ama, me pidió que le dejase encargarse mientras yo podía observar su trasero. Ladeé la cabeza, andando justo por detrás de él, para tener una visión más clara de ese culo que casi asomaba por la faldita que llevaba. Con la mano libre, le di una cachetada en esas prietas posaderas que tenía y solté una risita. Anduvimos un buen rato hasta llegar a una calle bastante transitada, en la que había varios restaurantes, puestos de comida y locales de ocio nocturno. Era curioso, aun con tantos sitios con delicias expuestas y cocinas humeantes, apenas se olía un ligero aroma surgiendo de ellos. Aun así, fue suficiente para darme hambre y me relamí los labios mientras mi estómago soltaba un pequeño rugido. Había estado tan enfrascada en el gatito que se me había olvidado lo hambrienta que estaba. Mientras yo buscaba algún lugar interesante en el que pedir algo, Garnet se quedó observando el escaparate de una tienda, tras lo cual me llamó y lo miré todavía relamiéndome. Señaló un papel que había pegado a dicho escaparate, explicándome que se iba a celebrar una festividad llamada “Fiesta del Amor Libre” por estar en primavera. —Esa fiesta debe ser en nuestro honor, entonces. Shshshsh. ¿Cuándo es? —pregunté ladeando la cabeza para intentar leer el cartel. El felino fue más rápido, soltando mis manos y llevándoselas a la cabeza diciendo que era mañana mismo. Se giró hacia mí, sonriente y rojito como una cerecita, tan adorable como siempre. Lo cierto es que era una gran casualidad, reencontrándonos después de todo justo a tiempo para un evento como ese. Aún no se lo había dicho, pero si por algún casual pudiesen quedar todavía dudas, para mí ya no las había. Me preguntó si querría ir con él a la fiesta, añadiendo que podría quedarse mañana conmigo todo el día para después acudir al lugar del evento. Sonreí emocionada por la idea y, antes de poderle responder, se carcajeó negando con la cabeza, pues pensaba que tal vez el brujo había querido que encontrásemos aquello y por eso había movido las cosas. Coloqué con delicadeza mis manos sobre sus mejillas y lo besé, cerrando los ojos un momento y disfrutando del momento. —Sí, vayamos. —acepté, retirándome unos centímetros y levantando la vista hacia sus ojos— Amor libre, como el nuestro… Se me hace difícil creer que sea una coincidencia, otra vez… —comenté con una certeza absoluta— Te dije que el destino nos volvería a reunir, y así fue. Y ahora, fruto de la casualidad, encontramos un festival sobre el amor “libre”. —continué, haciendo énfasis en la palabra final, sonrojándome levemente alternando la vista entre sus hermosos ojos— Quédate conmigo, en mi habitación, todo el tiempo que estemos en Momoiro. A Beaufleur no le importará, y a mí me hará muy feliz. Además, que nos hayamos visto aquí significa que nos veremos también en las siguientes islas, ¿sabes? Shshshsh. Y antes de que se me olvide… —me interrumpí, liberando sus mejillas y bajando las manos hacia mi bolso para sacar mi Den Den Mushi con una sonrisa y ponerlo frente a él— Esta vez sí que lo llevaba encima. Esperé un momento para que pudiéramos conectar, aliviada pensando que ya no tendría que estar continuamente preocupada por saber dónde estaba o cómo le iba al minino. Sonreía cuando mi estómago volvió a rugir, esta vez con más fuerza y sonreí avergonzada desviando la mirada. —Minino… ¿qué te parece si compramos algo de comida para llevar? Así podríamos preguntar la dirección mientras hacemos la compra, ¿sabes? Además, podríamos pedir un poco de más comida, así nos aseguramos de que nos sobre suficiente para después. —me acerqué lentamente a su oído, como si fuera a compartir un secreto, y le susurré una serie de obscenidades tan perversas que no deberían ser siquiera descritas. Me aparté con una sonrisa de satisfacción y mis ojos brillando con picardía— ¿Te… hace? RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 02-08-2024 Más allá de la profunda cortada de rollo por no encontrarse el tan esperado nidito de amor hacia donde le estaba llevando la pelirroja, Garnet quiso enfocarse y priorizar como se sentía su novia pues, no hacía falta usar su haki de observación para saber lo frustrada y entristecida que estaba, al no entender como narices, a pesar de seguir las indicaciones de siempre, habían podido acabar en un sitio completamente distinto a la posada dónde se hospedaba la marine. De esta forma, el pirata se preguntó por que clase de hechicero o agente externo era capaz de desplazar de lugar todas las cosas para confundir y marear a Ikirami para, seguidamente, hacerle saber que acabarían llegar a su habitación para, después, encontrar a ese "supuesto malhechor" que le hacía la vida imposible a su amada y apalizarlo, consiguiendo, de alguna forma, tranquilizar a Ikirami, quién confesó - risueña y mientras acariciaba las manos del skypiean - tener ganas de romperle algunos huesos junto al pelirrojo.- Esa es mi Iki.- Pensó, con una mirada de profundo enamoramiento. Fue entonces cuando, después de provocar sensualmente a su novia, Garnet propuso buscar a alguien para que le diera indicaciones de como llegar a la posada de Beaufleur, siendo ahora el guía el propio minino y notando como, en el camino, la marine le daba una cachetada en su trasero antes de reírse que, ciertamente, le puso un pelín más cachondo. De verdad, que como le encantaba al músico que su novia estuviera casi tan igual de salida que él. Toda esa clase de juegos y piques que tenían simplemente le volvían loco, lo que explicaba la tan buena química que sentía tener Garnet con Ikirami, en este caso, en la cama. Finalmente, cuando consiguieron llegar a una calle en la que había una considerable multitud de personas, Ikirami pareció fijarse en los distintos restaurantes y puestos de comida que ofrecía el mismo pasaje, pudiendo escuchar además como su estómago rugía.- A lo tonto llevamos bastante tiempo sin jalar algo... No sería mala idea llevarnos algo de papeo, no...- Meditó el pirata, mientras buscaba a alguien al que preguntarle sobre la ubicación hasta que vio un poster que llamó la atención del músico, acercándose, inevitablemente hacia él. Cuando leyó de que trataba el cártel, siendo una fiesta en honor a la primavera y el amor, la marine concluyó en que, además, debía ser a su honor, sonriendo el pirata y estando completamente de acuerdo con sus palabras. Seguidamente, preguntó por el día que sería, viendo, casi al momento Garnet, que tendría lugar, nada más y nada menos, que al día siguiente, haciéndoselo saber completamente sorprendido. Con esto en mente, el pelirrojo tenía una cosa más que clara, quería ir sí o sí junto a ella y, además, poder pasar así todo el día con ella, y tener así un día de pareja en condiciones. De sólo pensar en ello, no pudo evitar ponerse colorado pues, hasta ahora, si bien era cierto que no pasaban todo el tiempo juntos retozando como animales, también era cierto que nunca habían pasado un día entero juntos. No habían ni comido, ni cenado juntos, tampoco dormido, ni salido como una pareja por miedo a que les descubrieran también... En otras palabras, no habían tenido una convivencia como la que tenía Garnet con su familia y miembros de los Alas Negras. Por lo que aquella festividad... El día de mañana... Y la propia estancia en aquella isla, era la oportunidad perfecta para tener esa convivencia, además de ponerla a prueba y ver si de verdad, son compatibles en otros aspectos de carácter más cotidiano y mundano. De esta manera, y sin expresarle la idea de la convivencia, el músico le propuso a su amada tanto ir a la fiesta como pasar el día siguiente junto a ella, pudiendo observar como en su precioso rostro se iba dibujando, cada vez más, una sonrisa igual de hermosa que ella misma. Entonces, y antes de que pudiera saber la respuesta de Iki, Garnet reparó en que, una vez más, parecía que el destino había querido plantarles en aquel descampado para que, dieran media vuelta y se toparan con ese poster para poder, así, ir a aquel evento que parecía haber sido creado por y para ellos, exteriorizándoselo a su novia quién puso sus manos suavemente en las mejillas del minino y le besó en sus labios, cerrando Garnet sus ojos, perdiéndose en el deleite que suponía besar a su diosa y agarrando con delicadeza la cintura de la pelirroja. Momentos después, y tras retirarse hasta quedar a escasos centímetros, Ikirami dijo sí a querer ir, comentando lo difícil que se le hacía creer que fuera otra coincidencia pues, ella ya afirmó que el destino les volvería a unir y ahora iban y se encontraban con un festival con la temática de amor libre, sonrojándose tras hacer énfasis en la palabra "libre" y ocasionando por consiguiente que Garnet se ruborizara también, asintiendo en silencio, y acercándose para darle un beso en su mejilla izquierda. Justamente era tal y como pensaba el pirata. La marine ya le había mostrado varias señales que parecían indicar que su amor estaba favorecido y protegido por el mismísimo destino. Y cada vez más pensaba que, de verdad, Garnet junto a la marine serían capaces de cambiar el mundo entero. Una marine y un pirata. Algo inconcebible, un tabú, pero que latían al unísono en un mismo corazón. Ciertamente, no había nada más libre que su relación. Sin poder apartar sus ojos de los carmesíes de su amada, le invitó a quedarse con ella en su habitación, pero no solo esa noche, sino todo el tiempo que ella quisiera pues, a Beaufleur no le importaría en absoluto y, encima, a Ikirami le haría muy feliz. Pero es que no sólo a Iki. Era como si de alguna forma le hubiera leído el pensamiento antes a Garnet. Era como si la marine quisiera - aparte de pasar el máximo tiempo posible con su novio, obviamente - también poner a prueba como de compatibles eran en la convivencia. El corazón del pirata escapaba por salir de su prisión ósea, de sólo pensar en poder despertarse todos los días junto a Ikirami, o poder verla durmiendo entre sus brazos. Para más inri, había algo más en lo que no había caído el músico y es que, si habían coincidido en Momoiro, eso quería decir que también se podrían ver en las siguientes islas de la misma corriente, abriendo la boca y ojos de la impresión y emoción.- JODER SÍ SÍ SÍ VOY A TENER IKI PARA HARTARME.- Exclamaba en sus pensamientos lleno de las más puras de las felicidades mientras asentía con la cabeza. Entonces, la bella mujer apartó sus manos de las mejillas y las introdujo en su bolso, haciendo que Garnet ladeara su cabeza confuso, confusión que desapareció cuando, del bolso, extrajo un Den Den Mushi, declarando como, en esa ocasión si lo llevaba con ella, causando que la ya excesiva felicidad del minino se volviera a incrementar.- ¡Coño pero ya ves! ¡El Den Den Mushi!- Exclamó aún más emocionado, a la par que apartaba las manos de las caderas de la pelirroja e, introducía, su siniestra en el zurrón, estando un par de segundos rebuscándolo en su interior hasta que sacó un caracolófono con una melena pelirroja con antenas y con el mismo maquillaje que llevaba Garnet bajo sus ojos.- Aquí está, puejeje, ¡ahora podremos estar al toque en cualquier momento, Iki! ¿Es o no es?- Comentó risueño y entrecerrando sus ojos mientras esperaba a que sus Den Den Mushi se conectaran.- Y sí, el menda por supuesto que se pasará cada día a olerte... Tendría que estar majara para, teniéndote aquí a la palma de mi mano, no pasar el mayor tiempo posible con la persona a la que amo con locura, ¿es o no es?- Comentó, con una tierna sonrisa y con los ojos llenos de convicción a la marine, mientras los Den Den Mushi seguían a los suyo. En ese instante, por alguna razón y por un momento, se le cruzó la loca idea de si sus caracolófonos estarían igual de salidos que sus dueños y se pondrían a procrear si los dejaban a solas.- Puejeje, luego se lo suelto a Iki a ver que opina que ella es la lista de la relación.- Pensó hasta que, un fuerte rugido, proveniente de la tripita de su novia le sacó de su momento intrusivo, mirando hacia ella y viendo como sonreía avergonzada, una carita que, junto a las luces de la nocturna calle, se veía increíblemente hermosa, causando que Garnet se quedara embobado por unos segundos. Ikirami, entonces, propuso al pelirrojo que pidieran algo para llevar y, de paso, así preguntar por la dirección de la posada, añadiendo que, además, podrían pedir más comida para así luego hacer toda clase de marranadas que la pelirroja susurró al oído y que hizo que el skypiean se pusiera más caliente que cierto enmascarado con cazadora verde.- ¿Qué si me hace Iki? Puejeje... ¿Me vacilas? Puejeje... Pues claro que el menda quiere... ¡El menda esta ansioso de hacerlo TODO!- Declaraba Garnet, colorado y con cierto bulto en la parte delantera de su falda de maid, al mismo tiempo que pensaba y se imaginaba al pelirrojo dando rienda a todo lo que le había comentado su amada.- Tengo una idea, vamos a pasarnos por varios puestos de comida, y si se te cruza por tu increíble chota algo más que quieras comprar le damos, ¿es o no es?- Propuso el pelirrojo, bastante inquieto de la emoción por lo increíble de la situación. Agarrando una de las manos de la marine, el pelirrojo, dejando a la bella mujer que decidiera si quería llevarse algo más aparte de lo que él tenía en mente, se paseó primero por un pequeño restaurante de sushi, llevándose, con una cara llena de perversión, varias piezas de maki-roll y sashimi de atún, salmón, pez mantequilla y gamba. Seguidamente, se pasó por un puesto de gofres para pillar un bote de chocolate líquido y nata que, para llevárselo, tuvo que poner su culo en pompa y enseñárselo al dependiente okama. Por último, en un pequeño puesto de frutas y verduras, al minino se le ocurrió comprar varias fresas y cerezas, nuevamente, con una cara llena de lujuria aprovechando, en ese mismo puesto, para preguntar por la ubicación de la posada de Beaufleur.- Va va... Al final de esta calle a la izquierda, luego a la derecha y en el tercer cruce a la izquierda está la posada, oído y olido, ¡gracias tronqui!- Agradeció a la dependienta de aquel puesto, girándose entonces ahora hacia la pelirroja , cargando en una mano con todo lo que había comprado.- Iki, por aquí el menda lo tengo todo, localización incluida.- Comentó, sonriente y extendiendo la bolsa con toda la compra.- Por tu parte, ¿está todo o podemos tirarle?- Quiso preguntarle a su novia si consideraba que faltaba algo, con nervios por poder llegar, al fin, a la dichosa habitación y poder cenar, en ambos sentidos, como era debido.
INFO
RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 05-08-2024 Tras llegar a aquella calle repleta de lugares y gente, el minino se centró en un cartel que había en el escaparate de una tienda cerrada. En el folleto se exponía que iba a haber al día siguiente una fiesta en la ciudad, una dedicada al amor libre, lo cual llamó la atención de ambos y, tras besar a mi amado, acepté ilusionada el ir con él. No pude reprimir en ese momento el pensamiento que cruzó mi mente, una vez más sintiendo que verdaderamente lo nuestro era algo que iba más allá de lo mundano, que nuestro amor era algo predestinado. Así lo creía y así se lo hice saber tras ver su sonrojada tez al mencionarle que el nombre del festival era sobre un amor como el nuestro. Con mis manos sosteniendo sus mejillas, le pedí que se quedase conmigo todo el tiempo que pasáramos allí, deseando poder tenerle todo el tiempo posible junto a mí. Quería de verdad poder disfrutar de cada segundo con él, cada instante que tuviese disponible quería entregárselo y así poder conocer más al gatito. Y no solo me refería de manera física, que también, pero quería explorar cada recoveco de su personalidad, de su alma, de su ser, entender de verdad a la persona que era mi amado. Aquello me recordó a las noches solitarias en las que lo había extrañado, preguntándome cómo y dónde estaría, por lo que liberé su rostro para sacar de mi bolso lo que tanta angustia me había provocado no haber llevado encima en nuestro encuentro en la isla del cielo. Saqué mi caracolófono, ocasionando una intensa alegría en el minino que se transmitió a la mía, generando una sonrisa genuina en mis labios mientras nuestros moluscos intercambiaban sus señales o lo que fuese que hicieran esas cosas, no estaba muy segura. Garnet comentó sonriente que ahora podríamos hablar en cualquier momento, a lo que respondí con un enérgico asentimiento, sacudiendo mi melena al hacerlo. Inundada por la emoción del momento, casi me había olvidado del hambre voraz que sacudía mi estómago, pero un rugido salió de él alertándome causando que mostrara una avergonzada sonrisa y le planteé conseguir algo de comida antes de ir, de una maldita vez, a nuestra habitación. A su vez, aproveché para hacerle una propuesta indecente susurrándole al oído, pues ambas necesidades vitales podían ser cubiertas a la vez y así, él aceptó encantadísimo mi oferta. Tan encantado estaba que se podía notar como cierto amigo quería asomar por la falda y me mordí el labio inferior con anticipación, dejándome llevar por él mientras deambulábamos por los distintos puestos de comida. Parecía que el minino había captado la esencia de lo que buscaba. Primero, junto al puesto de sushi, había un puesto en el que vendían oden, en el cual tenían especias y salsas para acompañar. En primera instancia, el vendedor pareció confundido cuando le pedí llevarme solo pimienta de szechuan, pero al ofrecerle una buena suma de berries aceptó de buen grado e incluso la molió para mí, ofreciéndomela en un pequeño sobre. Tras aquello, pasamos por un puesto de gofres, en el cual el minino, teniendo que mostrar su hermoso trasero, consiguió que le cediesen un bote de nata y uno de chocolate. —Quédate con esa imagen grabada, querido tendedero. —ordené mirando de reojo a mi minino pelirrojo— No todo el mundo puede ver de cerca los prietos glúteos del que será la mayor superestrella del mundo, ¿sabes? Shshshsh. —comenté con orgullo y risueña sobre mi novio. Aunque tal vez esa afirmación no fuese del todo acertada, no por el ser una superestrella, en lo cual confiaba plenamente, sino por el hecho de que mi adorado felino parecía estar encantado mostrando sus bollitos a todo el que estaba dispuesto, o no, a observarlos. Finalmente, pasamos por un puesto en el que vendían distintos vegetales y frutas, donde cogió algunas fresas y cerezas, llevándose un asentimiento por mi parte al ver su acertada elección. Mientras él aprovechaba para pedir indicaciones, solté su mano para acercarme al otro lado de la calle, donde ofrecían té helado, que bien serviría para refrescarnos un poco. Así pues, añadí a nuestra modesta y lujuriosa compra un par de bebidas, junto con dos vasos enteros llenos de únicamente hielo. Lo íbamos a necesitar, pues ni siquiera el fuerte calor del verano en Toko podía llegar a la alta temperatura que iba a alcanzar nuestro niditio aquella noche. Con la bolsa en una mano y el sobrecito en el bolso, volví hasta él y tomé su mano mientras me mostraba con la otra la bolsa con nuestro piscolabis sonriente. —Sí, todo listo, gatito. ¡Vamos de una vez! —afirmé con energía comenzando a andar en dirección a la habitación. Era justo hacia la derecha, luego recto, otra vez a la derecha y en el segundo cruce a la derecha de nuevo, no tenía pérdida. RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 05-08-2024 Después de poder, al fin, intercambiar sus contactos de Den Den Mushi para poder hablar en cualquier momento, la tripa de Ikirami ordenó con sus rugidos ir a por algo de comida, y no sólo para llevársela a la boca y nutrirse, sino para hacer cosas indecentes que la pelirroja quiso compartir con el músico después de que pensara en ellas. Obviamente, el marrano de Garnet no podía estar más encantado con las ocurrencias de su novia. De esta forma, pasaron por varios puestos de comida y restaurantes, guiados por el pelirrojo, quién ya tenía en mente lo que quería pedir teniendo en cuenta los deseos de su amada. Cuando fue al puesto de sushi el músico para pedir varias piezas de pescado crudo con arroz, pudo percatarse de que, la marine, se acercó a un tenderete que había al lado de oden. Allí, pidió, a cambio de una exagerada cantidad de berries que le dieran no sé qué de una pimienta que, el minino no llegó a entender del todo para que lo querría. Aún así, tratándose de Ikirami, seguro que tendría alguna clase de satisfactorio uso en las cochinadas que harían una vez llegaran a la habitación. Cuando llegaron al pequeño local de gofres, ante las continuas negativas del vendedor por cederles algo de chocolate líquido y un bote de nata, a Garnet no le quedó más remedio que enseñarle su trasero al encargado. Si Iki tenía el poder monetario para disuadir a los tendederos, el músico tenía su falta de vergüenza. Ante esto, y el comentario lleno de orgullo de su novia - que hizo que el corazón del minino ardiera con fuerza por la confianza que tenía en él - el skypiean obtuvo los ingredientes que utilizaría para echárselos más adelante por todo su cuerpo.- Joder... Quiero llegar ya a la habitación y llenar de lametones el cuerpazo de mi Iki...- Intentaba resistirse el pirata ante lo que se avecinaba, con su tercera antena aún endurecida al pensar en cada rincón del cuerpo de su amada bañado o en chocolate o nata. Luego, mientras Garnet se paraba en una frutería para pillar tanto fresas como cerezas y preguntar por la dirección de la posada dónde dormía Ikirami, la pelirroja soltó la mano del músico, seguramente para obtener algún otro maquiavélico ingrediente que se le pasara por la cabeza. Una vez ya terminada, por parte del pirata, su perversa compra, llegó la marine con otra bolsa en su mano, afirmando que, por su lado, estaba todo listo al igual que Garnet también lo tenía todo preparado. Con la localización ya conocida, entonces, podían partir, al fin, hacia su nidito de amor, primer paso que dio la marine.- Iki, como he soltado, es al final de la calle a la izquierda, luego derecha y...- Recordó a la bella mujer, que ya había empezado a caminar y, cuando pudo, se disponía a girar a la derecha, haciendo caso omiso a las indicaciones que les habían dado. El pirata abrió los ojos como platos y, rápidamente, con la mano que tenía agarrada a la de la marine, tiró con suavidad de ella, para que parara.- Ay que joderse...- Pensó mientras observaba a Ikirami, a primera instancia, con cara de circunstancia, hasta que esbozó una sonrisa llena de ternura.- Es preciosa hasta perdiéndose puejeje... Habrá que ir con ojo a partir de ahora, ¿es o no es?- Admiraba la belleza de su novia, mientras exhalaba un suspiro.- Para el carro, Iki...- Comentó, ahora con seriedad, y mirando a su alrededor, para acabar acercando su cara al oído de la marine.- Creo que el brujo este puñetero puede hacer de las suyas y joderte de nuevo...- Susurró, alejándose entonces de la oreja de su amada, y dirigiéndose su vista hacia la calle por la que sí les llevaba hacia la posada.- Algo me ruge que ha vuelto a cambiar la dirección ese gilipollas y ahora es por ahí...- Volvió a mirar hacia Ikirami, con una sonrisa picarona.- Siendo el menda tu sirviente, debería llevar a mi ama de una pieza a su cama, ¿es o no es?- Dijo, guiñándole un ojo a la pelirroja para, a continuación, llevar la bolsa que tenía en una de sus manos a su boca, mordiendo la asa para sujetarla y, seguidamente, cogiendo en brazos a la marine como si de una princesa se tratara, de la misma forma que la agarró en su primera cita, cuando le preparó su nubecita de amor.- Fwaha vwaho.- Comentó, de manera inentendible para, acto seguido, iniciar a gran velocidad su caminata hacia la posada. Después de menos de un minuto, y siguiendo las indicaciones que le había dado el frutero, llegaron hasta un edificio en cuya fachada tenía un gigantesco letrero de neón con el nombre "Beaufleur". Garnet soltó, con delicadeza y suavidad, la bolsa que llevaba en su boca sobre la marine. - Ale, estamos aquí, el puto brujo ese no nos la ha podido liar esta vez, ¿es o no es?.- Comentó con una amplia sonrisa dibujada en su rostro, aún sosteniendo a la marine en sus brazos. Seguidamente, bajó su mirada hacia ella, al mismo tiempo que se dirigía hacia la puerta.- ¿Qué planta y qué habitación es la tuya?- Soltó una risa nasal.- El menda tiene que llevar a su diosa hasta la misma puerta, ¿es o no es?- Luego de que la pelirroja le respondiera sobre la ubicación de lo que sería su nidito de amor por el resto de las noches en Momoiro, el músico se adentró en el edificio, encontrándose, en primera instancia, la recepción, la cuál estaba vacía.- Hmm, es hora de cenar, me imagino que estarán jalando.- Pensó sin darle demasiadas vueltas, dirigiéndose - como un perro que va tras un hueso - a la planta y habitación que le había dicho su amada. Una vez frente a dicha puerta, tratándola como la reina que era, Garnet dejó a Ikirami en el suelo, de pie, para que pudiera abrir la puerta. Honestamente, el corazón y la entrepierna del pirata latían a mil por hora. A pesar de que ya habían pasado bastante tiempo a solas y de intimidad, era la primera vez que lo harían en un sitio, realmente privado para los dos y 100% suyo. Y no sólo era el cómo tendría Ikirami dispuesta y decorada la habitación, sino que también estaba todo el asunto de la convivencia y que el día siguiente pasarían las 24 horas juntos.- ¡Cuando digas, Iki!- Exclamó mientras agarraba las bolsas que la marine llevaba ahora, para que tuviera las manos libres. Con los nervios a flor de piel, mezcla de la emoción por estar junto a la persona que amaba, y del miedo porque algo saliera mal, el skypiean esperó a que Ikirami diera el pistoletazo de salida para poder entrar en su misteriosa habitación.
INFO
RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 07-08-2024 Tras haber recogido nuestro pequeño y para nada perverso tentempié, siguiendo las instrucciones que le habían dado al minino, comencé a andar de su mano en la dirección. Sin embargo, sentí que el gatito no me seguía y en su lugar tiraba de mi mano, me giré sorprendida arrugando las cejas, ¿no tenía tantas ganas de llegar como yo? El bello pirata me miró con una tierna sonrisa, en silencio, hasta que suspiró y me dijo que esperase un momento. Parpadee sorprendida, pero me detuve y lo escuché mientras se acercaba a mi oído para susurrarme que el brujo podía estar intentando que no llegásemos de nuevo. Asentí lentamente, aquello no era moco de pavo, era algo totalmente real y que me afectaba muchísimo. Me alegraba ver que él también se lo tomaba con seriedad y que se preocupaba. —Sí… Es probable, no te lo voy a negar. —afirmé mientras él señalaba con la mirada a una de las calles, diciendo que creía que podía ser por ahí ahora que todo había vuelto a cambiar— Supongo que no pasa nada por intentarlo. Está bien, minino. —acabé aclarando, lista para dejarme llevar por él. Antes de comenzar a andar, me iluminó la vista una picarona sonrisa del felino, que mencionó que al ser él mi sirviente, debería llevarme de una pieza a la cama. Me sonrojé al instante apretando los labios por el comentario inesperado. Me llevé entonces una mano tras la cabeza, algo avergonzada por mi reacción, y el minino se colocó la bolsa en la boca, cosa que me extrañó. —¿Qué haces con la…? —preguntaba con curiosidad cuando fui interrumpida por el minino alzándome entre sus brazos— Oh. —fue lo único que logré decir, mientras una sonrisa se dibujaba en mis labios. Era la segunda vez que me cogía en brazos, pero no por ello me parecía menos impactante. La sensación era reconfortante, con sus fuertes y musculosos brazos sujetándome mientras mis piernas colgaban por un lado. Me recoloqué la diadema con cuernos con una mano mientras colocaba la bolsa con las bebidas sobre mi abdomen, dándole a continuación un beso en la mejilla al gatito, que sostenía su bolsa con los dientes mientras decía algo raro y comenzaba a encaminarse al lugar. Aproveché el breve viaje para rodear su cuello con los brazos y mordisquearle el cuello, sabiendo que no podía hacer nada para evitarlo y riéndome por ello. Apenas tardamos un minuto en llegar, parando frente al establecimiento de Beaufleur. —¡Conseguido! —exclamé con felicidad y alzando los brazos cuando llegamos, mientras el minino dejaba la bolsa sobre mí y comentaba que el brujo no había podido liarnos esta vez— Si formamos equipo, ese malnacido no tiene nada que hacer, ¿sabes? Shshshsh. —reí llena de júbilo y con anticipación por lo que se venía. Garnet, con una radiante y hermosa sonrisa, bajó después su mirada hacia mí mientras se acercaba a la puerta, todavía cargándome, y preguntó sobre la localización de mi habitación, añadiendo que debía llevar a su diosa hasta la misma puerta. —Así es, minino, buen chico. —comenté acariciándole la cabecita como buen gatito que era, cogiendo con la otra las bolsas para que no cayeran— Es la habitación del fondo del pasillo en la segunda planta. No tiene perdida, ¿sabes? Shshshsh. No creo que nos la vuelva a liar, ya no. Pasamos por la recepción, y observé con atención para ver a Beaufleur y saludarla, queriendo presentarle también a mi novio gatuno, pero debía haber salido a cenar, pues no estaba allí a pesar de que su libro de romantasy reposaba en el mostrador. Mientras subíamos las escaleras, en línea recta desde la entrada, volví a acariciar el pelo del minino, justo entre sus antenitas. —Mañana te presento a Beaufleur, también es muy agradable, y es una gran fan de Okaliva. —aclaré, deseosa de enseñarle a todo el mundo mi mascotita. Al llegar frente a la puerta de la habitación, el minino me bajó con delicadeza mientras yo sostenía nuestras bolsas. Se le veía emocionado y extendí las bolsas hacia él, que tomó con sumo gusto para que yo abriese la puerta. Le dediqué una tímida sonrisa y saqué la llave de mi bolso, girándola dos veces y abriendo la puerta para ambos. Pasé primero, a lo que era una amplia habitación cuadrada, de unos 10 metros de ancho y otros 10 de largo. En la pare de la derecha, nada más entrar, había una puerta rosada que conducía a un baño. La habitación, casi por completo, era de ese mismo color, con una cama en forma de corazón en una esquina junto a un tocador, un escritorio en la esquina contraria y un amplio armario en el que apenas cabía toda la ropa que había conseguido desde mi llegada a Momoiro. También había una zona con un sofá, en forma de corazón también, con una mesa baja delante. Esparcidos por el suelo y por el escritorio había decenas de libros, la mayoría sobre el cuidado de gatos y algunos otros sobre medicina. Hasta ese momento no recordaba haber dejado la habitación tan mal, con todos esos tomos tirados por todas partes. Es más, hasta ese momento no había caído en la cuenta de que, preparándome para ser dueña de un gato, había comprado algunas cosas para él.
Parte de la habitación
—Esto… Un momento, minino… —me excusé, yendo rápidamente a recoger los libros y haciendo una pila en el escritorio, quedando este oculto por la cantidad de ellos que había y posando mis manos para apoyarme de espaldas al mueble— Vale, ya. Shshshsh. Perdona, no había esperado visita y bueno, se habrá colado una ráfaga de viento por la ventana o algo, ¿sabes? —respondí señalando con el pulgar una ventana tras de mí, la cual estaba cerrada y al darme cuenta sonreí avergonzada. A su vez, disimuladamente, aproveché para esconder tras la pila de libros algunos juguetes para gatos, como una pluma, una pelota o un muñeco de un ratoncito. Pero a un lado de la habitación, demasiado grande para llevármelo sin más, había un rascador para gatos. Esperaba que no se diese cuenta, me daba vergüenza que supiese que había estado investigando tanto por él, pero seguro que sería útil ahora que se iba a quedar conmigo para que no destrozase las sábanas o los muebles de Beaufleur. Aunque bien pensado, probablemente quedarían peor por otras cosas que pensábamos hacer. —Bu-Bueno, ya estamos aquí. Shshsh. —comenté nerviosa frotándome con una mano el brazo contrario— ¿Te gusta? Es muy rosa, ya lo sé, pero está bastante bien y Beaufleur me deja quedarme gratis, ¿sabes? Es bastante espaciosa, y tiene un baño privado… Yo creo que está bastante bien, ¿sabes? ¿Sabes? —divagaba, repitiendo mi muletilla por la inquietud. Ahora que estábamos ahí, se volvía todo más real. Poder pasar más tiempo con él, en un sitio privado, convivir… Todo eso se acumulaba en mi mente como la sangre en mis mejillas, haciéndome sentir nervios pero también ilusión. Esperaba que le gustase el sitio, que estuviese a gusto conmigo allí. Incluso tenía una caja de arena en el baño, la cual me había costado de conseguir, pues no vendían de forma habitual ninguna con el tamaño suficiente. Y por si el nerviosismo no fuese suficiente, mi estómago volvía a rugir, así que desvié la mirada sonrojada. RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 08-08-2024 La marine confió en las palabras del pirata cuando, Garnet, propuso ir en otra dirección distinta a la que Ikirami se encaminaba, con el pretexto de que, ese supuesto hechicero que existía por y para amargarle la existencia a la pelirroja, volvería a las andadas para cambiar de ubicación los lugares a los que la mujer quería llegar. Al empezar a cargar Garnet con ella, cumpliendo su rol de sirviente a la perfección, el felino pudo notar como su novia se avergonzaba y sonreía, complaciente y sorprendida, ante el acto del pirata, dándole - después de que el pelirrojo cogiera su bolsa con su boca y antes de que emprendieran la caminata hasta el hotel - un beso en su mejilla que, después de que sintiera como su cuello era rodeado por los brazos de su amada, para después ser mordisqueado por esa traviesa boca, hizo que el minino se pusiera bastante nervioso, hasta el punto de sonrojarse y notar como su temperatura subía, queriendo no prolongar aún más su llegada a la posada. Al llegar al hotel, los dos pelirrojos celebraron, exclamando con júbilo el haber conseguido arribar con éxito, comentando Ikirami que, si formaban equipo, ese maldito brujo no podrían con ellos. Garnet, que ya había soltado la bolsa de su boca sobre el cuerpo de su novia, sonrió entonces con picardía.- ¿El hechicero ese? Puejeje, Iki, si formamos equipo, no hay peña que pueda con nosotros, ¿es o no es?- Matizó el pirata pues, creía de todo corazón, que, al igual que cuando formaba equipo con Sasha o Tobías, el amor de Iki y Garnet era tan fuerte que, estando unidos - que no estados unidos -, no habría nada ni nadie que los detuviera. Instantes después, con la intención de seguir cargando con Ikirami como la reina que era para el músico, le preguntó por la ubicación de su habitación, recibiendo unas caricias por parte de la pelirroja como si de un animal se tratara, pero para animal el que iba a ver en la cama más adelante. El caso es que la marine le indicó que la habitación se encontraba al final del pasillo en la segunda planta, aclarando que no creía que el maldito mago malvado se la volviera a liar, sacándole una sonrisa al skypiean. Entraron en el edificio, encontrándose el mostrador de lo que debía ser la recepción completamente vacío, dirigiéndose pues directamente hacia las escaleras de camino a la segunda planta. Mientras subían las escaleras, Ikirami le comentó que al día siguiente le presentaría a Beaufleur, que no solo era agradable sino que, además, era una gran fan de Okaliva, todo eso al mismo tiempo que le acariciaba el pelo, justamente la parte situada entre sus dos antenas, haciendo que Garnet entrecerrara sus ojos como si de un gatete se tratara.- Dalo por hecho Iki, si es fan del colegui Oka tiene que tener buen gusto.- Comentó con la cara llena de placer por las caricias que le daba su novia, poniéndose, seguidamente de morritos.- Aunque más le vale que también sea fan de la mujer más increíble del mundo, ¡o sea tú! Y claramente del menda, el mejor músico de la historia, ¿es o no es?- Añadió, alabando a su novia. Al llegar frente a la puerta que daba a la habitación de Ikirami, Garnet la dejó con delicadeza en el suelo, cogiendo seguidamente las bolsas con todo el tentempié cachondo que habían comprado para que así la marine pudiera abrir con facilidad la puerta. Al sacar las llaves de su bolso, la mujer le dedicó una tímida sonrisa al skypiean que él se la devolvió con gusto, pues estaba que rebosaba de ilusión de sólo pensar en todo lo que iban a vivir tanto esa noche como el día siguiente. Al abrir la puerta, la marine pasó primero, siguiéndola de cerca Garnet, quién observaba el lugar dónde residía temporalmente la bella mujer. La voluminosa habitación, estaba enteramente decorada y pintada de color rosa, cosa que no le desagradaba en lo más absoluto es más, le gustaba, exteriorizándolo con un silbido de impresión. Recorriendo su vista por distintos puntos de la habitación, pudo apreciar una puerta a su derecha, una enorme cama con forma de corazón - junto a un tocador - en una esquina, estando la contraria ocupada por un escritorio, además de un gran armario que seguramente debía guardar toda clase de modelitos que quedaban a la perfección en el asombroso cuerpo de su amada. Mientras seguía admirando la habitación de la marine, pudo percatarse de una pequeña zona con un sofá con forma de corazón con una mesa baja justo en frente del mismo. En ese momento, Garnet se imaginó a él mismo junto a Ikirami pasando su día a día allí, o bien tumbados y acurrucados en la cama de matrimonio, o bien echados en el sofá, apoyando sus hombros el uno en el otro, mientras hablaban sobre cualquier asunto de mínima o absoluta relevancia. No pudo evitar sonrojarse de felicidad al pensar en que, ahora, sería capaz de cumplir y llevar a cabo todas esas situaciones que se estaba imaginando. También pudo atisbar varios libros esparcidos por el suelo, cuyo contenido no pudo ver entre las ensoñaciones de Garnet y que, Iki, tras pedir un momento, corrió como una exhalación para ir, uno por uno, a recogerlo y depositarlo uno encima de otro en el escritorio de la habitación. Tras eso, y colocándose dándole la espalda al mueble, aclaró que ya estaba todo listo y que, debido al viento que entraría por la ventana - la cuál estaba cerrada - se caerían todos los libros que estaban apoyados en el escritorio, riendo seguidamente con vergüenza. No hacía falta usar el haki de observación en Iki para saber que, la pobre mujer, estaba casi o igual de nerviosa que el pelirrojo en esos instantes. Era normal pues sería la primera vez que convivirían juntos, la verdadera prueba de fuego.- Puejeje, s-sí que debió de ser fuerte la ráfaga de viento para cerrar la ventana, ¿es o no es?- Comentó sonrojado y con cierta sorna amorosa, finalizando por sacarle la lengua levemente, con el propósito de romper de cierta manera el hielo. También pareció que la marine guardaba algunas otras cosas que Garnet no quiso investigar pues, igual, hasta eran cosas del trabajo y no quería que su novio pirata lo viera. Antes de que siguiera investigando más partes de la habitación, Ikirami comentó, con nerviosismo que ya estaban allí, girándose hacia ella y viendo como se frotaba un brazo con su mano contraria. Al verla así de avergonzada y adorable, el rubor del pirata creció, sintiendo como su corazón latía con más rapidez y fuerza. Preguntó entonces que si le gustaba, aclarando que sí, era muy rosa, pero que le salía el apartamento gratis, además de lo espaciosa que era y contando, además, con un baño privado, entendiendo Garnet al momento que, la puerta que había visto anteriormente, debía llevar entonces al baño. Las mejillas de Ikirami se iban volviendo cada vez más del mismo tono que su pelo, convirtiéndose en la cerecita que tanto derretía el corazón del skypiean yendo, entonces, a dejar las bolsas sobre la mesa baja que estaba frente al sofá para, seguidamente, ir hacia Ikirami, colocándose frente a ella, todo mientras respiraba con bastante fuerza. - ¿Qué si me gusta, Iki?- Preguntó, mirando a su alrededor, nuevamente, para acabar posando su vista en ella y dándole un beso en la boca.- Me flipa, cualquier sitio, incluso el descampado ese dónde nos llevó ese puto mago, sería un lugar de escándalo solo por estar contigo.- Sentenció, tras apartar los labios de los suyos, dedicándole una sonrisa tímida. Acto seguido, sostuvo las manos de la marine, pudiendo notar como le temblaban tanto de la emoción como de los nervios.- N-no te voy a engañar, Iki, estoy tela nervioso, por si no te has coscado.- Bajó su mirada, avergonzado.- Es la primera vez que vamos a vivir algo así juntos, algo más íntimo y nuestro, más allá del sexo, ¿es o no es?- Volvió a dirigir sus pupilas hacia las de Ikirami.- El menda tiene muchas ganas, pero a la vez que miedo, por si algo sale mal... Es inevitable, me imagino, aunque nanai, en el fondo sé que todo saldrá de lujo, porque los dos somos increíbles y confío en nosotros puejeje...- Afirmó con una tímida sonrisa.- Creo por los nervios y por el hecho de entrar a tu habitación...- Se sonrojó en demasía, hasta el punto que sentía que iba a echar humo, desviando su mirada hacia un lado.- S-siento que, aunque quiera lamerte y devorarte entera como un animal... Y que t-tú hagas lo mismo... S-siento que quiero hacerlo bueno... Como lo hicimos en nuestra segunda vez... ¿Sabes?- Miró de reojo a Ikirami, lleno de nervios y parpadeando varias veces. Cerró entonces los ojos, soltando las manos de Ikirami por un momento, para darse una bofetada en sus mejillas con ellas, dejándolas más coloradas - aún -, y abriendo los párpados para encontrarse nuevamente con los preciosos ojos de su novia, no pudiendo evitar el arrebato de rodear con sus brazos la cintura de su amada.- Te quiero Iki.- Dijo, situando su cara a centímetros de su rostro, ahora lleno de seriedad y certeza, momento en el cuál escuchó el estómago de Ikirami rugir, haciendo que el pelirrojo sonriera, al desviar la mujer su mirada avergonzada.- Puejeje, me da a mi que habrá que papear antes...- Miró con ternura a la marine, llevando una de sus manos a la mejilla.- Al loro, aunque yo haya comentado este cambio de planes, si tú aún así quieres que tengamos sexo salvaje de nuevo, adelante, el menda no deja de ser tu sirviente y tu mi ama, ¿es o no es?- Quiso aclarar Garnet, finalizando con un guiño. Para él, lo más importante ahora mismo era que la persona a la que quería estuviera cómoda, feliz y plena, por lo que quiso dejar que, la decisión final, recayera en la marine. Y que coño, que aunque el pirata quisiera verdaderamente hacer el amor, iba a disfrutar de todas maneras haciendo toda clase marranadas con su novia.
INFO
RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Ikirami - 13-08-2024 Entré en la habitación, fijándome rápidamente en el desorden que asediaba el habitáculo. Pese a no ser una persona de por sí desordenada, tampoco era una maniática del orden. Además, no había esperado visitas de ningún tipo y, sabiendo que Okaliva me esperaba, salí de la habitación sin pararme a recoger. Una gran desgracia, pues el amor de mi vida había surgido de la nada y además, me iba a visitar en ese mismo días. Al darme cuenta de ello, me disculpé, alegando que el viento era el responsable y no yo, que siempre hacía todo perfectamente. Ordené rápidamente todo aquel estropicio, a cada momento sintiendo como cierta ansiedad crecía en mi pecho. ¿Estaría el lugar adecuado para el minino? ¿Sentiría el lugar como suyo mientras estuviésemos allí? ¿Cuánto tiempo tendríamos para conocernos más, para dar rienda suelta a todos nuestros deseos y para amarnos en nuestro cubículo del amor? De esa forma, le pregunté si le gustaba y comencé a hablar de más, divagando en detalles sobre el espacio y delatando mi ansiedad. Aunque ciertas inseguridades querían aflorar en mi pecho debido a aquel nerviosismo, como si le dejaría de gustar al pasar tanto tiempo juntos o si podría hacer algo que lo molestase, rápidamente fueron desechadas por mi mente. Era imposible que algo así sucediera conmigo. Uno simplemente no podía cansarse ni molestarse con una mujer tan hermosa y perfecta como yo. Cualquier pensamiento relacionado con ello desapareció tan rápido como vino. El minino se giró ante mi pregunta, yendo a dejar las bolsas sobre la mesita frente al sofá y volviendo ante a mí, besándome de forma que, de yo haber tenido una cola, la habría movido con felicidad. Aseguró que le encantaba el lugar, y que incluso el descampado del mago sería increíble solo por estar conmigo. Oculté mi sonrisa apretando los labios, aunque no fui capaz de evitar el sonrojo en mis mejillas tras aquellas palabras. Cogió mis manos, encallándose al principio y aclarando que él también estaba nervioso, a la vez que demostraba cierta vergüenza agachando la cabeza. De su boca surgió lo que ambos pensábamos, que aquello sobre vivir juntos iba mucho más allá de algo físico, que era un gran paso en nuestra relación. Estaba tan, si no más, nervioso como yo, mirándome a la vez que decía que tenía ganas, pero a la vez miedo por si algo salía mal. Pero finalmente, con una sonrisa, afirmó que en el fondo sabía que todo saldría bien, y asentí sonriente a su afirmación. —Yo también lo creo, minino. —declaré acariciando sus manos con ternura. Después, como si fuese un pulpo mimético que calcaba el color de mi cara, se sonrojó muchísimo y me dijo que aunque deseaba hacérmelo como un animal, cosa que yo también compartía, que quería hacerlo más… romántico, aprovechando que esta sería nuestra primera vez en condiciones. —S-sí. Yo, bueno, por mí… Sí, claro, ¿sabes? —respondí echando humo por la cabeza e inclinándola ligeramente agachada. Cerró los ojos y soltó mis manos, que me llevé frente al pecho esperando a que diese el paso, pero en su lugar se abofeteó la mejillas y volviendo a mirarme, rodeando con sus brazos mi cintura y diciéndome que me quería con su carita de gatito tan cerca que no pude contener las ganas de besarlo. Pasé los brazos alrededor de su cuello, besándolo con todo el cariño que le profesaba al minino, hasta que finalmente me separé sonriente un momento para responderle. —Te quiero, minino. —solté, con las palabras surgiendo de mi alma. Alcé las cejas con sorpresa, a la vez que me moría de vergüenza, cuando mi estómago volvió a quejarse justo en ese preciso momento en el que acababa de pronunciar las palabras, desviando la mirada avergonzada. Entonces él, siguiendo a una risa, pensó que sería mejor comer algo antes. —Pues a lo mejor… Sí, es probable. Esto de ser tan bella consume mucha energía, ¿sabes? Shshshsh. —respondí con una carcajada. Llevando una mano a mi mejilla, con una mirada que me confirmaba todo el amor que el felino sentía por mí, me comentó que si el cambio de planes no me parecía bien, podíamos seguir el plan anterior y comernos, literalmente, el uno al otro. —Aunque el solo imaginarlo me parece de lo más apetecible, dulce e incluso decadente… —comencé a decir acercándome al oído del minino mientras me retiraba la diadema con una mano y la lanzaba para después colocar de nuevo ambos brazos sobre sus hombros— Creo que ni todos los manjares del Grand Line me apetecen tanto como hacer el amor contigo, mi bello novio pirata. Lo abracé con cariño y fuerza a la vez, apoyando el lateral de mi cara contra el suyo. Aún llevando tacones, todavía tenía que ponerme un poco de puntillas para llegar a colocarme como estaba, y me quedé varios momentos de aquella forma hasta que mi estómago ya no podía más. —Hora de comer, pues. —le dije al ceder en el abrazo mientras me dirigía a la mesa. Cogí el sushi que él mismo había comprado y me acerqué a él, metiéndole en la boca con fuerza todo el sashimi de salmón que había comprado. Cogí entonces su mano y dejé el resto del pescado crudo, que estaba en una pequeña cajita, sobre ella. Me quedé yo con el que llevaba arroz, los makis. —Come, gatito. El pescadito es bueno para ti, ¿sabes? —le ordené a la vez que sacaba los palillos de la bolsa y los abría. Mientras lo observaba tragar, satisfecha con alimentar adecuadamente a mi gato, me comí un par de makis. Era lo justo y necesario para coger algo de energía para lo que venía después, y volví a la mesa para darle un sorbo al fresco té que habíamos comprado. —Acábate todo eso, ahora vuelvo. —declaré dejando los restos sobre la mesa y guiñándole un ojo— Ah, y ponte cómodo, no tardo. —añadí mirándolo de arriba abajo mordiéndome el labio inferior. Fui entonces hasta la puerta que quedaba dentro de la habitación, la que daba al baño, entrando en él y cerrando la puerta tras de mí. Apoyé ambas manos en el lavamanos, observándome en el reflejo. Todavía tenía el maquillaje en la cara y el apretado atuendo de súcubo que el minino me había escogido. Lancé un beso a mi reflejo y comencé a desvestirme, liberando mis hermosos pechos de su prisión. Si al final no íbamos a jugar de aquella forma, prefería no llevar aquella ropa, la cual dejé doblada a un lado. Y ya que estaba, si me iba a quitar el maquillaje, también podría darme una ducha. Así que con toda la rapidez que fue posible, me desvestí por completo, cepillé mis dientes y me di una ducha. Sequé mi cuerpo con una toalla para después peinarlo rápidamente con un peine. Esperaba que el minino no se cansara de esperar, tampoco era para tanto. Salí del baño al cabo de apenas unos minutos, rodeando mi cuerpo con la toalla y dejándola caer al suelo frente a mi. —¿Listo, minino? —pregunté con una sonrisilla en la cara. RE: +18 [Pr Relativo] Donde reina el amor, sobran las leyes. - Garnet D. Matlock - 18-08-2024 Garnet expresó a su novia todo lo que sentía y opinaba sobre la habitación de Iki, su estancia allí, el tema de la convivencia, así como el miedo por lo increíblemente rápido que estaban creciendo como pareja, miedo que era cada vez más acallado por la plena confianza que sentía, no sólo en él mismo y en ella, sino en los dos como la unidad que eran ahora. Al igual que el pirata, Ikirami estaba sonrojada y nerviosa por toda la situación pero, a pesar de eso, también creía plenamente en lo suyo, haciéndoselo saber a Garnet mientras acariciaba sus manos, sintiendo como los pocos temores que aguardaban en su corazón acababan por desaparecer, quedando en su órgano latiente tan solo espacio para el amor que sentía por aquella increíble mujer, un amor completamente puro que hizo que - aún más - nervioso le preguntara por un pequeño cambio de planes pues, aunque en el fondo quería tener sexo salvaje con la pelirroja, roleando los papeles de quiénes iban disfrazados, Garnet deseaba celebrar su primera convivencia juntos de la mejor manera posible, proponiéndole hacer el amor, causando que la marine empezara a echar humo por la cabeza mientras asentía ante la propuesta del músico. Con las cartas ya puestas sobre la mesa tan solo quedaba que al skypiean se le fueran los nervios, soltando las manos de Ikirami para, seguidamente, abofetearse las mejillas y decirle esas dos palabras que jamás se cansaría de expresar, al mismo tiempo que abrazaba su cintura. Con sus rostros a escasos centímetros de distancia, la marine decidió brindarle un beso mientras rodeaba con sus brazos el cuello de Garnet, volviendo a sentir como de su pecho surgía esa calidez que tanta vida le daba. Calidez que se convirtió en un incendio cuando, al separar la mujer sus labios de los del músico, le devolvió, sonriente, sus dos palabras favoritas, tras lo cuál, el estómago de Iki rugió, aceptando la invitación de Garnet a cenar lo que habían comprado tras declarar que ser bella consumía demasiada energía, causando que el pirata esbozara una sonrisa y asintiera enérgicamente.- ¡Bella, cañón, buena y lista!- Añadió en su cabeza el skypiean. No obstante, antes de ir a por la comida, prefirió asegurarse de que a Iki le pareciera buena idea el repentino cambio de planes a lo que, tras acercarse al oído del pirata y mientras se quitaba la diadema, confesó que aunque le parecía muy atrayente la idea de comerse el uno al otro, preferiría muchísimo más hacer el amor con su bello novio pirata, expresando esto último con sus brazos sobre los hombros del músico, quién apretó sus labios con fuerza, sonriendo ante las bellas palabras de Ikirami y embelesado ante la propia belleza de su diosa pelirroja. Con todo el cariño y amor del mundo, Garnet abrazó a la marine por su cadera, a la par que ella lo hacía también, juntando el lateral de su cara con la suya, empezando a restregarla por la suave mejilla de la marine como si de un gato siendo mimado se tratara, sintiendo una absoluta e indescriptible paz.- El menda podría estar así toda la vida, ¿es o no es?- Dijo, con los ojos cerrados y suspirando, con un tono que expresaba el más profundo de los enamoramientos. Pero el hambre llamaba a la puerta de su amada, quién declaró que era hora de jalar mientras dejaba de abrazar a Garnet y se dirigía hacia la mesa dónde estaban las bolsas con la comida que habían adquirido. A pesar de que le hubiera gustado seguir abrazados por la eternidad, el músico sabía que debían cumplir sus funciones vitales por lo que, sin rechistar, se sentó en el borde de la cama, esperando a que Ikirami llegara con la bolsa de la comida.- La verdad que si que hay gan- Intentó acabar la frase, una vez que Ikirami estaba junto a él cuando, la marine, le metió con fuerza todas las piezas de sashimi de salmón que habían comprado, haciendo que Garnet abriera los ojos de par en par.- ¡Buifado Wikki!- Exclamó, de manera inentendible, con la boca llena mientras intentaba masticar toda la comida. Seguidamente, Ikirami, mientras ella se quedaba con los makis, la marine depositó el resto de piezas que llevaban pescado crudo en la mano de Garnet tras cogérsela - la mano, todavía no hemos llegado a ese punto -, ordenando que se lo comiera todo pues el pescadito era bueno para él. Aún con la boca llena, asintió en silencio para, seguidamente, tragarse todo lo que tenía en la boca de una.- ¡Dicho y hecho Iki!- Respondió, relamiéndose la boca entera, tras lo cual se zampó de una el resto de sushi que tenía en su mano.- Hmph ñam...- Masticó durante varios segundos, durante los cuáles observaba como su novia se comía un par de makis.- ¡Esto estaba que te cagabas, Iki!- Exclamó satisfecho, lamiéndose la mano en la que quedaba aún restos de pescadito y arroz. Después de que comieran cada uno su parte, Ikirami se dirigió hacia la mesa para beber algo de té, a la par que dejaba algo de lo que le había sobrado de sus makis sobre la mesa, proponiéndole, con un guiño que se lo acabara pues ella ya volvería, añadiendo, con una mirada lasciva de arriba a abajo que se pusiera cómodo pues no tardaría.- Eso está hecho mi diosa pelirroja.- Dijo, devolviéndole el guiño, mientras se levantaba del borde de la cama y se dirigía hacia la mesa para jalar lo que le había sobrado a su novia, pasando por su lado.- Aquí te espero puejejeje... - Comentó, dándole una cachetada en su culo mientras ella se dirigía hacia el baño, momento en el cuál se metió en él. Justo cuando su novia se adentró en el aseo, Garnet dirigió su mirada hacia la caja que le había dejado con los restos, viendo como quedaban un total de 6 piezas de maki distintas. El pirata ya había comido bastante y, pensando en que la marine sólo se había comido un par de ellos, pensó en que podía comerse tan solo un par y, de esta manera, que Ikirami pudiera reponer fuerzas después del acto sexual comiéndose cuatro piezas de sushi.- Puejeje... Si es que piensas en todo Garnet, ¿es o no es?- Se dijo a sí mismo, dándose palmaditas en el hombro. Y más allá de esos makis, aún le quedaban tanto las cerezas como las fresas que habían comprado, así que estaban bien provisionados por aquella noche. El skypiean cogió, entonces, dos de los seis makis que quedaban y se los zampó de un bocado. Mientras masticaba, observaba con detenimiento la habitación, no pudiéndose aún creer del todo que estuviera allí.- Esto es como un sueño, ¿es o no es?- Pensó sonriente, ya habiendo tragado toda la comida que tenía en su boca. Tras esto, rápidamente, se zafó del disfraz de sirvienta, dejándolo en el suelo enfurruñado junto a sus otras pertenencias y su tanga, estando ya Garnet completamente en bolas y yendo a sentarse al borde de la cama más cercano a la puerta del baño para esperar a su amada. Poco tiempo después en los que pensaba en lo mucho que quería a la marine pelirroja y lo feliz que estaba con ella, la puerta del baño se abrió, viendo el pirata como salía de allí su novia, completamente duchada y tapada por una toalla.- Eh Iki, te he dejado algún maki para después si...- Quiso hacerle saber que aún le quedaba algún tentempié para después de que hicieran el delicioso, cuando se quitó la toalla frente a sus ojos, dejando ver su perfectamente esculpido cuerpo con esos mogambos que tan loco le volvía.- quieres.- Finalizó la frase, embobado y boquiabierto. Ya había visto varias veces el cuerpo de su amada al desnudo, pero nunca era suficiente ni demasiadas veces. Después de que le preguntara si estaba listo, Garnet, desnudo, se levantó de la cama, dirigiéndose hacia ella, lentamente, hasta quedarse a escasos centímetros de ella. Con su brazo izquierdo, rodeó su cintura mientras que, con su diestra, cogió con delicadeza su barbilla, moviéndola con suavidad hacia arriba.- Listo, Iki.- Respondió con los ojos brillándole y con un ligero sonrojo en sus mejillas para, a continuación, acercarse lentamente a sus labios y fundirse con pasión y amor con ellos, momento en el que soltó su diestra de la barbilla y la pasó por detrás de su cabeza, acariciando su cabello. Con la temperatura de su cuerpo aumentando por momentos, el pirata, con ayuda de su cuerpo y sus brazos, comenzó a dirigir a la marine hacia la cama, sin despegar en ningún momento sus labios de ella y tratándola en todo momento como la reina que era para, en el momento en el que estaban en el borde, hacer que se tumbara en la cama con delicadeza, separando sus boca de la suya por un instante, hasta que se colocó encima de ella, apoyándose sobre el colchón con sus manos y rodillas, quedando el cuerpo de Ikirami entre esos cuatro puntos de apoyo. Durante un par de segundos, se quedó embobado, observando a la marine tumbada bajo él, jadeando por las ganas que tenía de hacerlo con ella en ese lugar.- ¿P-preparada para estrenar el nido de amor, Iki?- Preguntó con un pelín de nerviosismo. Tras escuchar su respuesta, flexionó sus brazos, dejándose caer de nuevo hacia sus labios, buscando perderse eternamente en ese momento, dejarse llevar por todo el amor que sentía hacia su mujer y sentir cada parte de su cuerpo en la suya. No había mejor manera de cerrar un día tan inolvidable como el que habían vivido. |