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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Zhang Guolao - 17-10-2025 El viejo corazón de Zhang Guolao se encontraba pesado y frío. Llevaba varias noches inquieto, esperando con ese instinto animal la llegada de la luna llena, uno de esos días en que el Mink se reconocía enteramente como una bestia, dejando que su lado salvaje apareciera desde lo profundo de sus huesos.
Zhang observaba el cielo, tenso y temeroso, mientras soltaba rebuzno. —Hmmm...— que era casi una súplica al silencio. Rezaba por el bienestar de todos los miembros de La Mano Vacía, pues temía no lograr controlar sus instintos y herir a aquellas prometedoras semillas. A pesar de los días compartidos y las conversaciones profundas, Zhang no había encontrado las palabras honestas para contarles uno de sus mayores temores.
Habían llegado hacía un par de días al Reino de Samba, donde la música y el baile era, el pan de cada día. Pero aquella noche, envuelta en nubes oscuras, no se parecía a ninguna otra. Era el momento de separarse, y aunque Zhang raramente permitía que una decisión tan crucial se tomara con prisa, se encontraba tan enredado en sus terrores que lo dejó pasar sin más resistencia.
—Hmmm... Antes de que nos separemos, jóvenes... —resopló al cielo, nervioso, alargando el momento con su muletilla característica. Zhang aún estaba en el puerto y golpeó por última vez el suelo con su pata, un tic que resonó en la madera con una fuerza.
—Pertenezco a la raza de los Minks... y hoy, hay luna llena. —Su voz era suave y pausada.— En las noches de luna llena, los Minks podemos ser muy peligrosos. Por favor, tengan cuidado con otros Minks que encuentren, si el cielo se despeja, alejense de todos. —Alertó aquel viejo burro, quien no encontraba palabras adecuadas. —Si el cielo se despeja, les pido me dejen inconciente antes de que pueda hacer algo que no deseo.—
Zhang alzó su brazo, y con un gesto suave pero firme se despidió del grupo. Aquella noche le correspondía navegar la embarcación, pero se sentía tan preparado como un pez para volar. Abrazó a Silencio con una ternura helada, mientras el mono pataleaba y gritaba enojado, intentando escapar de sus manos frías para quedarse junto a Mahou, la chica mono. —Basta Silencio .— Zhang, por lo general era la calma misma, pero no esa noche. Finalmente los dos grupos se separaron.
Los periódicos anunciaron la muerte del Yonko Odki "Akahige" Murray, y confiados en el vacío de poder, la mariana había levantado el bloqueo de los Cabos Gemelos y autorizado el tráfico naval hacia el Grand Line. Era, sin duda, la mejor oportunidad para emprender aquel viaje. Zhang rechinó sus dientes con fastidio, un sonido áspero que rara vez se le escapaba, y se alejó de los demás para intentar retomar su serenidad.
Era extraño no sentir la punzada de la curiosidad, un instinto que no solía fallarle. Pero su miedo era mayor. Por capricho del destino, se perdió momentáneamente en la contemplación de las cuatro gigantescas embarcaciones que ocupaban el puerto. No llevaban bandera, pero había algo en ellas que sus aguzados oídos y su instinto de Mink no podían ignorar.
Zhang dudó solo por el lapso de un respiro. Pero, casi por impulso, apretó un pequeño caracol de color negro que llevaba oculto entre sus ropas. Era inevitable; era un chismoso, incluso en la más oscura de sus horas.
Zhang se ocultó entre las sombras de la embarcación, esperando en el resguardo de la oscuridad que comenzara el viaje. No confiaba en las nubes, y mucho menos en sí mismo. —Mierda.— Zhang por lo general, no decía malas palabras pero ese, no era un día normal. Las noches de luna llena, Zhang Guolao las odiaba con toda su alma.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Krysser - 17-10-2025 30 de Otoño. Año 16.
Reino de Samba, South Blue ~ 22:36 p.m. El puerto de Samba hervía con la misma vida que su selva. Olores a sal, sudor y madera mojada se mezclaban en el aire como si cada molécula quisiera recordar a los presentes que estaban a punto de dejar atrás algo más que un pedazo de tierra. El murmullo del gentío formaba una masa sonora confusa, llena de esperanzas rotas y promesas que aún no existían, pero que aún así se buscaban. Krysser caminaba junto a Fyodor, con su abrigo oscuro alzado hasta la mandíbula y la capucha echada sobre la cabeza, cubriendo su rostro de miradas curiosas y tratando de pasar desapercibido entre la multitud, aunque su descomunal tamaño no hiciera fácil algo así. Por fortuna, en aquel inmenso mar, había gente aún más grande que el mink, capaces de opacar incluso su figura y otros aún más llamativos, como su alado amigo. El aire cálido de la isla poco ayudaba a su habitual incomodidad, y el ruido del gentío, apresurada por embarcar, no ayudaba en lo más mínimo. Todo era demasiado humano, demasiado caótico. Incluso la luna, escondida tras los nubarrones, no parecía dispuesta a darle un respiro. -Luna llena. ¿Cómo no? -Suspiró el mink, haciéndose a la idea de los problemas que aquello podía ocasionar, mientras su compañero parecía tomarse con su humor habitual la situación, cuestionando sobre la dificultad de encontrar a alguien que le tomara una buena foto en aquel momento. -La cámara capta lo que ve. -Respondió, aludiendo a la incapacidad de disimular la fealdad de su buen amigo, en un tono medio jocoso y algo distraído, mientras Fyodor intentaba arrancarle una sonrisa con una de sus bromas de siempre. En otra situación, tal vez lo habría conseguido. Pero esa noche tenían demasiadas cosas de las que preocuparse. Sus palabras sobre Briss le hicieron recordar aquel momento. La calma antes del caos, el plan improvisado por las prisas después de tanta preparación, el disparo que había marcado un antes y un después. “Lo tendremos controlado”, dijo. Y su confianza, como siempre, logró filtrarse entre las grietas del propio silencio del tigre, pero no sin arrancarle un leve gruñido de queja y descontento por su irremediable optimismo. No pudo evitar esbozar una leve sonrisa cuando le dio aquel golpe amistoso en el brazo. Era su manera de decir tranquilo, no estás solo, y aunque nunca lo admitiría en voz alta, era algo que necesitaba oír. -En el peor de los casos, ya sabes qué hacer. -No era algo que quisiera pensar, pero había que considerar aquella opción. Fyodor conocía los entresijos del sulong de propia boca de Krysser, y la necesidad de alejarse si este perdía el control mejor que nadie. Incluso sin estar en sus cabales, con aquella fuerza de la naturaleza fluyendo por sus venas, podía ser peligroso para él y para cualquiera. El bullicio aumentó conforme los cazadores se acercaron al puerto. Familias enteras, comerciantes, todos ellos personas de aspecto cansado… Todos empujándose unos a otros por un pedazo de papel que representaba la entrada a un sueño. No pudo evitar pensar en lo absurdo de aquello. La libertad y los sueños, vendidos en forma de billete. Pero la verdadera ironía era que incluso Krysser, un depredador acostumbrado a cazar en soledad, también iba a pagar por la suya. Fyodor se elevó al cielo con un batir de alas, ágil y veloz, perdiéndose entre los tejados como una sombra con alas. Pudo seguir el alzar del vuelo con la vista un momento, mientras el gentío se arremolinaba frente a las garitas del Gobierno Mundial, pero en el instante en que aceleró se volvió completamente invisible por su inmensa velocidad. Cuando volvió a ver a Fyodor, ya había vuelto a tierra. Su rostro se ocultaba tras la máscara, pero podía sentir su entusiasmo incluso a través de ella. Para cuando el tigre alcanzó al lunarian, ya no quedaba demasiado tiempo que esperar. Aquellos hombres de traje y sombrero actuaban con una autoridad enlatada, mecánica, como si repitieran un guion que ya habían memorizado demasiado. Krysser se limitó a seguir a su amigo, abriéndome paso entre la multitud con la calma de quien ha atravesado selvas más peligrosas que una marea de humanos ansiosos. -No te emociones tanto... -Murmuró, justo antes de llegar a la garita, temiendo como siempre lo peor. -Todavía no hemos subido al barco... El intercambio fue rápido. Fyodor se encargó de hablar, como siempre, mientras el mink observaba, en silencio, los gestos de los agentes. Estuvo pendiente de si sus manos temblaban ligeramente cuando cogían el dinero, si su mirada se desviaba una fracción de segundo hacia las cajas marcadas con el emblema del Gobierno. Cada detalle que pudiera apreciar sería bienvenido, la información era siempre útil. Aceptó el pasaje de manos de su amigo con una breve inclinación de cabeza. El papel era fino, con un sello azul claro y el emblema del Gobierno Mundial grabado con cera. Un símbolo de sumisión, o tal vez de oportunidad. Cuando hubieron subido finalmente al barco asignado, lo primero que hizo el tigre fue inhalar el aire salado que traía el mar abierto. Las cajas oscuras se apilaban como tumbas flotantes. El símbolo del Gobierno Mundial brillaba en cada una bajo la tenue luz de los escasos farolillos que alumbraran la cubierta, y la poca luz de la luna que lograba filtrarse entre las nubes. Fyodor las observó con curiosidad, mientras él, en cambio, se apoyaba contra la borda, observando a los agentes del gobierno mundial continuar con su trabajo. Si la carga era algo de lo que preocuparse, entonces los guardias que la custodiaran eran algo que temer. Las garras del tigre tamborilearon suavemente contra la madera húmeda, mientras las cuchillas de su arma asomaban tímidamente bajo las mangas de su larga vestimenta. La tripulación, o lo que fuera que hacía de ella, se movía con paso ligero, sin hablar demasiado. Todo demasiado medido, demasiado contenido. Miró a Fyodor. Revisaba su equipo con la concentración de un cazador antes de un disparo. Sabía que cada arma en su arsenal tenía un propósito, y también que si algo salía mal, no dudaría en usarlo. El sonido del metal hundiéndose se perdió en la noche. La brújula que habían usado para viajar hasta ahora fue arrojada, como un símbolo, al fondo del mar. Por un momento, el mundo se volvió silencioso. Solo el crujir del barco y el vaivén del mar llenaban el aire. Fyodor murmuró algo, pero el tigre no le respondió enseguida. Sus ojos estaban fijos en el horizonte, donde la oscuridad se extendía como una promesa. -Así que este es, ¿eh? -Dijo finalmente, girando levemente la cabeza hacia él. -El punto de no retorno... -El viento sopló con más fuerza, haciendo flamear los jirones de su capa, despeinando incluso su pelaje oculto bajo la misma. Una breve pausa antecedió a la ruptura final de aquel silencio, mientras Krysser observaba el horizonte. -Qué emocionante. -Finalmente, una sonrisa sincera se dibujó en las fauces del mink, mientras clavaba sus garras con fuerza en la madera, incapaz de seguir controlando aquella excitación. Pronto estarían en el Grand Line, el paraíso de cualquier cazador que buscara probarse a sí mismo. Pronto volverían a cazar.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Odeth - 17-10-2025 El puerto estaba envuelto en una bruma espesa, y el viento de la noche arrastraba el olor del mar y la madera húmeda. Me quedé quieta unos segundos, observando cómo las velas se inflaban poco a poco bajo las órdenes del capitán Ashveil. Había algo solemne en aquel momento, algo que hacía que todo se sintiera más grande que nosotros mismos. Él se acercó sin decir palabra, con esa calma firme que siempre lo rodeaba. En sus manos traía una capa oscura, gruesa, con los bordes reforzados para resistir el viento. Cuando me la tendió, no supe qué decir. La tomé despacio, y por un instante nuestras miradas se cruzaron. —Te servirá allá arriba —fue todo lo que dijo.
Asentí en silencio. Me envolví con la capa, sintiendo el peso sobre mis hombros. No era solo abrigo: era una promesa, una forma de decir “confío en ti” sin necesidad de palabras. El tejido olía a sal y a cuero, y el borde, movido por el aire, rozaba el suelo del muelle. Me sentí protegida, casi invisible, lista para dejar atrás la costa.A mi lado, María Merlot caminaba en silencio también. Su presencia era tranquila, sin necesidad de hablar demasiado. Ella sabía que yo prefería observar antes que preguntar, y que mi forma de estar cerca era simplemente acompañar. No hacía falta más. El marinero que cogía los boletos pasó junto a nosotros. se lo di en su mano sin mirarlo mucho. Ya tenia mi lugar en el barco; ahora solo quedaba subir y dejar que el viento decidiera el resto. El muelle crujía bajo los pasos de los demás pasajeros. Yo me mantuve callada, con la mirada fija en el agua que golpeaba suavemente los pilares de madera. El reflejo del cielo gris se rompía en cada ola, y por un momento pensé en todo lo que quedaba atrás, en todo lo que aún no entendía del camino que tenía por delante. Pero no me sentía sola. No del todo. Subí al barco con la capucha puesta, el aire frío acariciándome la cara. María me siguió, sin decir nada. Al llegar a cubierta, el ruido del puerto se volvió lejano, como si perteneciera a otra vida. Me quedé allí, de pie, dejando que la capa se moviera con el viento. El capitán Ashveil daba órdenes a la tripulación, y aunque su voz se perdía entre los vientos del mar, su presencia era suficiente para recordarme por qué confiaba en él. No todos los caminos necesitan explicaciones; algunos solo requieren fe. Así, en silencio, mientras el barco comenzaba a separarse del muelle, respiré hondo. La bruma se cerraba tras nosotros, y el viaje —nuestro viaje— por fin comenzaba. RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Tensui Marlin - 17-10-2025 Esperé varios días por esta noche. Desde que me uní a las filas de la revolución, me hablaron de dos miembros que llegarían al puerto antes de partir juntos hacia el Grand Line. Pero no los encontré, No sabía cómo se veían, ni qué voces debía buscar. Lo único claro era el rumor, dos sombras dentro de una multitud que parecía no terminar nunca y esta noche, el puerto rebosaba de gente, todo el mundo quería huir o perseguir algo. Entré a una tienda al caer la tarde y me vestí como los pueblerinos, una camisa de flores que olía a tela nueva, pantalones cortos, colores vivos. No me reconocí en el espejo, pero era mejor así, entre tanto ruido, pasar desapercibido es un lujo. Caminé hacia la orilla. Krakatua se agitaba en el agua, inquieta. Sus movimientos eran torpes, erráticos, los barcos grandes la asustan, pero no la culpo. El recuerdo de las bodegas, de los golpes contra el metal, no se olvida. —Tranquila —le dije, con voz baja, sin mirar a nadie — Si logro subir a un barco, síguelo de lejos.— Respondió con ese sonido triste que hace últimamente, una mezcla entre queja y lamento. A veces pienso que teme que la deje atrás, no podría. No después de todo lo que nos sostuvimos el uno al otro cuando el mundo se hundió. Ajusté la sartén en el cinturón y el estoque al otro lado. El peso me recordó quién era, incluso disfrazado de turista. Me mezclé con la multitud, decidido. Si no encontraba a los revolucionarios en tierra, tal vez ya habían subido a uno de esos barcos. Mientras avanzaba, mis ojos hicieron lo que mejor saben hacer, memorizar. Rostros, gestos, ropas, movimientos, es cierto que la memoria eidética no perdona el detalle, y cada uno quedó grabado como si el tiempo se detuviera un segundo sobre ellos. Escuchaba fragmentos de conversaciones entre mercaderes y marineros, todos hablaban igual, todos querían lo mismo, irse del South Blue, dejar atrás la miseria, alcanzar el Grand Line como si allá los esperara una redención que este mar les negó. Estuve en la fila más de una hora. El aire olía a sudor y a sal, algunos no tenían papeles, otros regateaban precios o fingían ser quienes no eran. Cuando por fin fue mi turno, respiré hondo, mi voz salió firme, aunque sentí el eco del pasado temblar en mi garganta. —Quiero comprar un pasaje hacia el Grand Line —dije y saqué la bolsa con las monedas y la dejé sobre la mesa, el tintineo fue corto, preciso. —Hay diez mil berris como solicitaron. — Esperaba que el hombre asintiera sin mirarme demasiado, que sellara algo en su registro y me indicara el paso, esperaba que no hubiera preguntas, ni de nombre, ni de vivienda, ni de familia, la verdad es que no queria ni siquiera hablar con estos tipos del gobierno mundial, porque son los primeros en prestarse para hacer las cosas que nos hicieron a mi familia y a mi, pero no habia de otra en este momento.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Hyákinthos - 17-10-2025 La seguridad del techo de la taberna quedó atrás, ahora sobre su cabeza se ciernen nubes tormentosas que funcionan como distracción para él. En medio de la algarabía no se fija en la multitud ansiosa que dese embarcar, si no en el cielo que parece contener un suspiro para no estallar. No es navegante, las direcciones se le dan fatal, es de las pocas cosas que puede recordar sobre sí mismo, pero aun así presiente que esta noche es demasiado caótica para aventurarse en mares peligrosos. —¿Cuál es la necesidad de embarcarse hoy, Ashveil? —Pronunció el nombre con naturalidad, como si nunca hubiera tenido problemas para recordarlo mientras veía como el capitán de su grupo le entregaba un par de capas a María Merlot y a una mujer más alta cuyo nombre se le escapaba como agua de entre las manos. —En esta isla podría hacer mucho dinero, mira la variedad de personas que hay…no deberíamos apresurarnos…no aun…nos quedan cosas por hacer en este lado del mundo —. Pero no importa cuánto se queje ahora, la decisión de subir a uno de los barcos fue tomada horas antes en una reunión casi que improvisada en una de las múltiples tabernas del Reino de Samba.
—Bueno, da igual…no me escucharon antes, tampoco lo harán ahora —. Un suspiro escapó de sus labios antes de inclinarse hacia Merlot, dirigiéndose a ella exclusivamente para advertirle algo que, al menos a él, le parecía obvio. —Pasa desapercibida, mi preciosa sirena —. Una advertencia que no estaba de más considerando la etérea belleza de la mujer, capaz de atraer miradas indeseadas que pudieran ponerlos bajo el radar de gente peligrosa. ¿Para qué mentirse? El mismo se habría fijado en ella como un mero objeto con el cual comercial de no ser porque la muchachita había logrado hacerse un hueco en su memoria y, también, porque su capitán le había advertido que no hiciera nada en contra de ningún miembro de su grupo.
Se alejó apenas un poco luego de eso, no queriendo separarse demasiado del pequeño grupo variopinto que lo acompañaba, solo deseaba tomarse un momento para apreciar su alrededor sin fijarse en nadie en especial, aunque, era inevitable no notar a los agentes de la marina que pululaban de un lado a otro. Parecía que el gobierno pensaba mantener todo en orden. No le molestaba eso, para nada, a fin de cuentas, hoy no viajaban en un barco sin registro ni bandera, hoy viajarían como simples turistas, personas con ganas de recorrer el mundo…nadie tenía que saber sus verdaderas intenciones una vez estuvieran al otro lado.
Se dejó guiar por María, aunque lo cierto es que su mano se había posado desde hacía tiempo sobre el hombro de su capitán, tal como si fuera un niño que no puede despegarse de su padre en medio de una multitud. Era solo por seguridad, no deseaba perderse entre la multitud y luego no tener idea en que barco zarparían sus compañeros, por lo que agradeció que más temprano que tarde estuvo en una fila numerosa… ¿Qué necesidad tenían de viajar con tanta plebe? Servía de camuflaje, pero no dejaba de ser incómodo.
—Merlot, sirena preciosa, no deberías hablar con tanta familiaridad con extraños, no importa que tan inocentes luzcan —. Le susurró a la sirena cuando se dio cuenta de su interacción con un niño que, al igual que la mayoría en esa fila, se asombraba por la altura descomunal de un sujeto que estaba por delante en la fila de al lado. Un gigante, sin lugar a duda…después de todo… ¿No viajaba el mismo con uno? Bueno, algo le decía que sí, pero no podía decirlo con seguridad.
Avanzaron en la fila más rápido de lo que creyó y, la sirena, tan elocuente como siempre, envolvió al encargado de la boletería para comprar los tickets con los berries que el mismo le había entregado antes a la chica. Él, en cambio, solo se quedó a su lado, cuidándola como si fuera un guardaespaldas, uno bastante llamativo, a fin de cuentas, su cabello rosa resaltaba y, no solo eso, a su paso dejaba un olor a menta bastante notorio para cualquiera que no tuviera un mal olfato…es decir, para cualquiera que no fuera él, pues, por más que se hubiera “bañado” en perfume de esta esencia, cada cierta cantidad de minutos se veía obligado a llevar la parte interna de su muñeca directo a su nariz para poder sentir el aroma mentolado que se desprendía de esta, tal como lo hacía justo en el momento en que la chica de cabellos celestes lo hizo regresar a tierra entregándole su respectiva entrada al barco.
—Gracias, Merlot —. Antes de caminar hacia el puente de entrada al barco, se detuvo solo un momento, con ticket en mano, prestando atención a algo que Ashveil le quería comunicar con la mirada. Observó sus alrededores, todo era tan...caótico, un escenario perfecto para que cualquier situación peligrosa estallara en un abrir y cerrar de ojos, pero preocuparse por ello y hacerlo evidente solo haría que Merlot y la otra mujer enorme pudieran ponerse nerviosas…eso no era conveniente, no ahora.
—No me mires con esa cara de preocupación, Ashveil —susurró cerca de su capitán, solo para que él pudiera oírlo —, eres el líder de nuestro grupo, si vas por ahí mostrándote nervioso, harás que el resto también lo esté y eso no sería bueno, además…el puerto parece estar bien protegido, si hay algún altercado, pasemos de él, no nos veamos envueltos en conflictos sin sentidos si no tienen que ver con nosotros —. Le dio un par de palmaditas en el hombro al más pequeño. —Puedes estar tranquilo, intentaré estar atento a nuestros alrededores, aunque no prometo mucho…tal vez hasta se me olvide esta conversación para cuando estemos en el barco —. Dejó escapar una risa antes de que su cara tomara de nuevo un matiz casi inexpresivo que terminó con el médico mordiéndose el interior de la boca, mientras intentaba concentrarse en la marejada de personas que iban y venían…por supuesto, algo casi inútil.
Dejó de torturarse a si mismo cuando sintió el sabor a sangre en su boca, culpa de sus propios dientes. Suspiró al darse cuenta de haber caído de nuevo en esa mala maña y tomó con fuerza el par de maletas en las que llevaba todo lo que consideraba necesario, desde ropa a insumos médicos y algo de dinero, lo necesario para sobrevivir y, así, con sus pertenencias seguras caminó por el puente de embarque, no sin antes haber entregado su boleto y, luego, se puso cómodo en el nuevo navío que le serviría de estancia por quien sabe cuántos días.
—Por cierto —. Se aseguró de que tanto Ashveil como Merlot estuvieran cerca cuando habló de nuevo. —Creo que había quedado de encontrarme con alguien en uno de estos barcos, pero no puedo recordar su nombre ni su apariencia, pero sé que estuvo con nosotros en la taberna, si llegan a verlo pueden avisarme…seguro que algo importante tenga que hablar con él o quizá no…no estoy seguro —. Antes de ir a su camarote, se recostó en la baranda del barco, observando desde arriba el movimiento incesante del puerto. Quería actuar tranquilo, como si nada lo afectara, pero lo cierto es que tantas personas sí que estaban empezando a ponerlo nervioso.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Kayseira Ashter - 17-10-2025 Las palabras de Zhang daban vueltas en mi mente, se que es un tema delicado para él y puedo notárselo, definitivamente me gustaría poder hacer algo más por él. Apreté los labios en una línea fina, suspirando. Me encendí el cigarro de forma tranquila para intentar calmarme, pasando los dedos con calma por las letra que tenía escritas en un lateral. Estoy haciendo lo que tú nunca llegaste a hacer Iskan, y se siente amargo y emocionante a partes iguales. Agradezco estar apoyada encima de Cao en aquel momento, el consuelo que de forma silenciosa me da su calor. Es en ese momento que Han habla, alzo una ceja con algo de queja, ya que noto como Cao quita el brazo de encima mía y me besa la mejilla, para dejarme tranquila. Malditos cotillas. -Como cualquiera de nosotros intente moverlo seguro que lo chocamos contra algo.-Yo puedo arreglarlo, ponerlo bonito, lo que queráis, pero ponerme detrás de un timón y veréis como se avecina el desastre. Voy distraída mirando los detalles, la madera, cuando noto el gesto de Cao sobre mi culo, refunfuñando de forma suave, mirándole con una sonrisa por encima del hombro. Al menos él se encarga siempre de que no esté tan tensa. -Una ya no puede ni andar distraida cerca tuya.-Chasqueo la lengua con algo de diversión, antes de acerarme a el cuando estamos en la barandilla, pasando la mano por su espalda baja, con cariño. Se me iba a hacer raro no estar con el resto, aunque no tenía mala relación con Han, y adoraba a Zhang, me gustaban mis charlas con Lan sobre el periódico, ampliar mi nuevo tablero con Bai, molestar a Dong o convencer a Mahou de que entrenara conmigo. -Espero que el viaje no tenga problemas.-Un suspiro se me escapa de los labios, mezclado con el último humo de mi cigarro. He subido a la rampa, investigado el barco y como siempre soy yo, siendo yo. Aparte de que mi cabello blanco se ve a tres kilómetros a la redonda, como siempre estoy siendo ruidosa, ya que de por si tengo un torrente de voz alto y estoy inspeccionando la barandilla del barco, soltando a Cao para apoyarme sobre ella, dándole toquecitos. ¿Sutileza? No es lo mío, aparte que hasta un sordo se puede enterar de mis conversaciones. Hasta que escuchó el comentario de Cao, mirándole.-Ya verás que si, además más les vale, como le pase algo a Larry se van a enterar.-Nadie toca a esa maravillosa cosita, bueno y el que lo haga es un ser despreciable, que se nota que al pobre lagarto le faltan luces. Es entonces que notó a Zhang alejarse, ocultarse, un pellizco se me pillo en la boca del estomago, intento darle algo de espacio para que se relaje, pero no se si es la mejor opción. Me apoye sobre la barandilla, entrecerrando los ojos al escuchar una voz familiar a lo lejos, una canción…¿Podría ser? Nah, sería mucha casualidad que la lagarta estuviera por aquí.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Thrym - 17-10-2025 La noche estaba más cerrada que una ostra. El cielo entero parecía pintado únicamente en negro, sin luna ni estrellas, solo el resplandor tembloroso de las antorchas en el puerto y las luces amarillentas de la ciudad. Todo el Reino de Samba parecía extraño aunque la gente seguía con su rutina como si nada: comerciantes recogiendo toldos, marineros apurando jarras de ron, y músicos callejeros intentando sacarle las últimas monedas a los turistas que aún no se rendían al sueño. Pero algo se sentía raro en el aire… como cuando estás en el mar y sabes que se acerca tormenta aunque todavía no veas las olas levantarse. Esa mezcla de tensión y calma fingida me tenía alerta, aunque intentaba disimularlo caminando entre la multitud con mis compañeros. No era fácil pasar desapercibido midiendo más que los mástiles de la mayoría de los barcos, pero lo intentaba. Vestía mi camisa hawaiana, esa que me habían regalado en el crucero, llena de flores naranjas y hojas verdes, y unos pantalones cortos color crema que apenas me llegaban a las rodillas. En la frente llevaba mis lentes de sol, aunque de sol no había ni rastro, y sobre el hombro cargaba un macuto grande, casi tan grueso como un barril, donde escondía mi hacha y el resto de mis cosas. Del mismo colgaban varias redecillas con cofres: el mío, el de Jin y, claro, el de MM, porque la pequeña insistió en llevar más cosas de las que cabían en sus manos. A cada paso, el macuto crujía como si tuviera vida propia, pero lo que más ruido hacía eran mis pensamientos. Miré al cielo de nuevo; esos nubarrones no eran buena señal. No era supersticioso, pero ningún navegante que se respete ignora un cielo así. Aun así, no era yo quien iba a maniobrar el timón esta vez, y eso me daba cierta tranquilidad. Solo tenía que seguir el plan, embarcar con los demás y pasar desapercibido. Aun así, mis ojos se movían de un lado a otro. Vi lo que Ash también notó: hombres trajeados, en grupos de cuatro, moviéndose por el puerto con pasos medidos. No eran simples viajeros. Sus sombreros, sus movimientos… y sobre todo, la manera en que evitaban las sombras pero observaban todo a la vez. Agentes. Del Gobierno, sin duda. Asentí levemente hacia Ash, sin decir palabra. No hacía falta: Los dos sabíamos que esos tipos traían problemas. Cuando MM terminó de comprar los boletos, avanzamos entre la marabunta hasta los muelles. Cuatro barcos, todos iguales, sin bandera y sin tripulación visible. Era raro, demasiado limpio para ser un simple transporte comercial. Las cajas apiladas en cubierta, todas del mismo tamaño, todas con el mismo símbolo pintado, tampoco ayudaban a tranquilizarme. La marca del Gobierno Mundial. No sabía qué me inquietaba más: la tormenta en el cielo o el tipo de gente que estábamos por acompañar. Subir al barco fue un asunto complicado. La pasarela se tambaleaba bajo mi peso, y por un momento pensé que me iría al agua con cofres y todo. Cuando al fin puse un pie en cubierta, respiré hondo. El barco olía a madera recién pulida, cuerdas húmedas y sal. Era un olor familiar, uno que traía recuerdos de mi juventud en alta mar. Pero a diferencia de entonces, esta vez no tenía ni idea de a dónde íbamos, ni con quiénes exactamente. Y para empeorar las cosas, me di cuenta de algo obvio… y tarde. —Eh… MM.— Dije bajando la voz y agachándome un poco para hablarle. —No preguntaste si hay camarotes para gigantes, ¿verdad?— Intenté sonreír, pero la preocupación se me escapó en el tono. No sería la primera vez que me toca dormir sentado en cubierta o en una bodega con las rodillas en el mentón. Suspiré y me rasqué la cabeza, sintiendo que el barco se movía apenas bajo mis pies. —Bueno, mientras tanto, vas a tener que quedarte tú con Cara Melo— Añadí, metiendo la mano en el bolsillo y sacando al pequeño komashika que se removía entre mis dedos como un trozo de algodón con patas. —No quiero que lo aplaste sin querer si tengo que dormir en el suelo.— Lo puse con cuidado entre las manos de MM. El animalito hizo un pequeño “meh” y trató de esconderse en su cabello. —Cuídalo bien. Recuerda que lo venderemos por un buen precio…— Aunque en el fondo sabía que MM no lo dejaría ir tan fácil. Me enderecé, ajusté las correas del macuto y miré el horizonte oscuro que nos esperaba más allá del puerto.
Resumen
Karmas
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Pandaman - 19-10-2025 El cielo continuaba con su denso manto cubriendo la luz proveniente del satélite y las estrellas que vivían en el espacio, y el orden dentro del revuelo que había en el puerto empezaba a estar controlado por los disciplinados y rectos agentes del Gobierno Mundial que estaban en el lugar. El hecho de que hubiesen prescindido de la Marina para esta actividad era extraño, pues siempre era la Marina quien gestionaba estos accesos fuera del bloqueo de los Cabos Gemelos, pero siempre que intervenía el Gobierno Mundial era por una razón de peso, y seguramente secreta. Fuese cual fuese la intención detrás de todo esto, las filas de los embarcados empezaron a llenar las cubiertas de los barcos. Un hombre gigante, agachado para hablar con los agentes oportunos, recibió de mano de uno de ellos dos boletos que habían quedado sin reclamar. Parecía que la suerte le acompañaba... pero a saber cuánto tiempo. A quien no le acompañaba era a una preciosa mujer birkaniana que intentó colarse dentro de una fila, siendo apartada por dos de los agentes presentes con un empujón y un par de gritos, que llamaron la atención de quien estuviera medianamente atento a los alrededores. Exigían ver su pasaporte, o que pagase por uno, mientras la fila en la que estaba avanzaba y las personas con las que había interactuado quedaban atrás. Parecía que sólo de la mano de algún benefactor de último momento podría conseguir embarcar. Amablemente pero sin dejar lugar a opción a réplica, los agentes del Gobierno Mundial en los barcos pasaban a hacerse cargo de las mascotas de las personas que embarcaban, fuesen animales de compañía o monturas de viaje, y se las llevaban a las bodegas de los barcos, donde estarían seguras y provistas de agua durante la travesía. No podía haber animales en cubierta, y era algo que se tenía que respetar para tener una mejor convivencia en la navegación. De igual forma, cualquier dueño de estas mascotas podría bajar a la bodega en cualquier momento para verla o pasar unos minutos con ella. Los agentes del Gobierno Mundial se encargaron de que no quedase civil en el puerto, haciendo que quienes habían pagado el pasaje embarcasen ya en los navíos habilitados para ello, y que quienes tuvieran navío propio embarcasen en él, despejando la zona. Cuando todo el mundo estabas ya embarcado en su respectivo navío, un par de carros tirados por caballos llegaron al puerto: unos chicos jóvenes con boinas y camisas remangadas sujetas con tirantes bajaron de estos sacudiendo unas campanas de mano mientras otros descargaban algunas cajas. Los agentes cercanos mantuvieron una conversación con ellos y con unas órdenes repentinas se dispusieron a repartir las cajas en los navíos autorizados y reconocidos. Estas cajas llevaban periódicos, la edición que iba a salir en unas pocas horas, la madrugada próxima. Habían llegado por adelantado dadas las exclusivas que tenían que comentar. Uno de los muchachos, de hecho uno de los más jóvenes, se dispuso a pasar por todos los barcos que no estaban recibiendo esas cajas y lanzó dos periódicos a bordo de cada uno de ellos, con una pícara sonrisa, corriendo de vuelta con sus compañeros sabiendo que había 'regalado' unos periódicos y que esto no estaba bien, pero quería putear a su jefe un poco. Fue entonces cuando, con las cajas ya a bordo de los barcos, los agentes del Gobierno Mundial abandonaron los barcos y dieron paso en el puerto a unos hombres, marineros comerciales decentes, que estaban encargados de navegar y manejar las naves. Ellos eran quienes se encargarían de llevar los barcos a buen puerto, capitán y tripulación por cada navío, y con ellos a bordo de sus propias naves las campanas de a bordo sonaron para que los cabos fueran soltados y los barcos extendiesen sus velas y comenzasen a navegar rumbo a los Cabos Gemelos ante la atenta mirada de los agentes del Gobierno Mundial, quienes, sus altos rangos, miraban con una malévola sonrisa los barcos zarpar. — ¡Señor! — dijo uno de los agentes de más bajo rango, refiriéndose a un hombre grande, alto y gordo, también de uniforme, que fumaba un puro sentado en una de las cajas del puerto empezando a hojear uno de los periódicos que habían traído — Nos reportan que la Marina llegará en tres horas para comenzar con los preparativos de las embarcaciones para el éxodo al Grand Line, señor — reportó el soldado. Su superior sólo inhaló una larga calada de su puro y la exhaló sin siquiera quitárselo de los labios - aunque lo tenía sujeto con los dientes - y pasando tranquilo una hoja del periódico respondió — Entonces hemos ido muy bien de tiempo... — dijo y alzó la mirada hacia el muchacho — Avisa a la central y diles que enviamos un cargamento grande... dale las cifras exactas y diles que estarán en el punto... — ahí soltó el periódico y miró su reloj, después llevando su mirada hacia los barcos — ...en cosa de una hora — matizó, y volvió a dar una calada al puro, abriendo de nuevo el periódico — Y despejad todo esto. No quiero ningún civil presente cuando llegue la Marina — y continuó leyendo mientras su subalterno saludaba oficialmente para despedirse, y salía corriendo a cumplir sus órdenes. Obviamente algo tramaba el Gobierno y los barcos que habían zarpado lo habían hecho horas antes de lo que deberían, pero eso... Eso aun no os lo puedo contar.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Kibai - 19-10-2025 El trasiego en el puerto que Kibai había observado desde su particular atalaya había dado paso a una relativa calma al conseguir por fin los agentes del Gobierno que todos los pasajeros embarcasen. Apoyando la mano sobre el pomo de Raimei, el mink emergió del callejón que había elegido para trepar al tejado más discretamente, caminando a grandes zancadas hacia el Royal Quiver. A medio camino, escuchó el agudo tintinear de las campanas de los cinco navíos, y por el rabillo del ojo captó como los tripulantes comenzaban a trepar por las jarcias para desplegar las velas. Parecía que por fin el convoy iba a iniciar su rumbo. Kibai apretó el paso en dirección hacia su barco, llegando casi a la vez que un joven con pintas de repartidor y mirada traviesa arrojaba desde el amarre un par de rollos de papel a cubierta. Caminando rapidamente por los maderos de la tabla, el mink subió de nuevo a bordo, recogiendo los dos rollos y se dirigió hacia la bodega, decidiendo que ya los examinaría más tarde cuando huiesen abandonado el puerto. Al llegar bajo cubierta, vio al resto de los miembros de su División. Con una sonrisa, Kibai dejó caer los periódicos encima de la mesa y se crujió los nudillos. "Parece que nos han hecho un pequeño regalo de despedida. Al menos tendremos algo para leer durante el viaje. Todos los barcos del convoy ya están haciendo maniobras de desatraque, comienza la ruta hacia los Cabos Gemelos" gritó mientras colgaba su capa de uno de los ganchos para poder moverse por la nave sin molestias. "Vamos, debemos empezar las maniobras para zarpar nosotros también o nos quedaremos atrás, y que me aspen si llegan antes que nosotros." Subiendo los escalones dedos en dos, Kibai regresó a cubierta, deteniéndose momentánemente para darle un par de palmadas en el lomo del hipopótamo mascota de Gaufrid. La enorme bestia era desde luego de talante tranquilo, pues no había dado ni un solo problema en todo lo que llevaban de viaje, aunque les había obligado a cargar con una gran reserva de agua extra para él, eso si. Con las venas de los brazos hinchándose por el esfuerzo, Kibai arrastró a bordo el tablón de madera que usaban para bajar al muelle de vuelta y lo encajó en su lugar original, antes de recoger un pequeño depósito de aceite y dirigirse a proa para rellenar los dos faroles que colgaban del bauprés junto al mascarón, los cuales llevaban ya encendidos varias horas a causa de la poca luz que se filtraba a través de las densas nubes que cubrían el cielo y tenía pinta de que fuesen a desaparecer por el momento. Acto seguido, hizo lo propio con las lámparas que había distribuidas a lo largo de la nave, a sabiendas que dos de sus compañeros agradecerían bastante el poder ver a la hora de preparar la nave para zarpar. "Es una suerte que tanto Moja como yo nos manejemos bien en la oscuridad" pensó mientras vertía el líquido dorado en el depósito del farol situado encima de la entrada a la bodega. "Eso va a hacer que la navegación sea más sencilla, y podremos mantener un ojo en los barcos del convoy, sigo sin fiarme de que esos repipis del Gobierno hayan sido los encargados de orgnizar esta travesía..:" Una vez el Royal Quiver estuvo inundado de la suave luz anaranjada que proporcionaban las lámparas de aceite, Kibai trepó por la jarcia de babor, escalando por las sogas hasta la cofa del vigía, a varios metros por encima de la cubierta y sin la molestia de la luz, observando con los brazos cruzados como los cinco navíos comenzaban ordenamente a abandonar el muelle. "Allá voy, capitán Seijuru, no se ha librado de mí por mucho tiempo dejándome en el South Blue..:" pensó con una sonrisa. "Pero la próxima vez que nos veamos, yo también seré alguien, y usted se sentirá orgulloso de haberme sacado del agua." Como si la propia isla estuviese de acuerdo, una ráfaga de fresca brisa nocturna le envolvió, haciendo que su pelaje moteado se erizase. El viaje a los Cabos Gemelos de la División 84 comenzaba.
RESUMEN
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 1 (South Blue) - Gwendolyn - 20-10-2025 —Claro que voy a viajar, Owen, de qué hablas — aunque no conoce a donde va bien, no le importa tampoco. Es estar con los demás y no quedarse atrás. No hizo nada más que tomar su mano y apretarla con suavidad — Ya lo he decidido, no tienes de qué preocuparte ¡Además! Están todos conmigo, como ya oíste, se preocupan por mi y me van a proteger — ¿O si debería preocuparse? Quizás sí, muy probablemente todo el viaje sea peligroso, más para alguien que no puede ver, pero no hay remedio para lo que tiene, por lo tanto no se encontró con más opción que seguir adelante.
La aparición de Rosse y la tripulación la hizo sonreír. No le soltó la mano al muchacho, incluso si la misma parece mojarse ligeramente por los nervios — ¿Podemos celebrar? Deberíamos, pero… pero… quizás ahora no — se rió con suavidad, tirando del muchacho para acercarlo al resto, escuchando sus palabras. Es la preocupación de su nueva familia la que se derrama y aunque a veces suena amenazante, solo se rió por lo bajo. —¿Pero qué tal más adelante? Cuando ya saben… estemos en un sitio más cómodo ¡Podría cantar para todos! Sería divertido tener una buena celebración, me gustaría si — hizo un ademán para seguir hablando, cuando alguien llamó a Owen, subiéndose incluso al barco. Es un tono que reconoció, uno que incluso la llamó, tinturando de sorpresa el rostro. —¡Rack! ¿Eres tú? — no es una sorpresa fingida, pero si está el pelirrojo acá, seguramente debería estar él cerca — Si, claro que viajamos. Estamos preparándonos ¿Ustedes igual? Qué bueno encontrarnos, así pediré por ti y un buen viaje — Apretó los labios al darse cuenta de algo. No dudó en acercarse a Owen y abrazarlo, como si no quisiera dejarlo ir — ¿Ya te lo llevas? D-Dame un minuto al menos. — lo apretó con suavidad, como si se lo fuesen a arrebatar — ¿Cuidarías a Owen por mi? Por favor. Buscó entre sus cosas, los bolsillos que tienen un par de objetos sin importancia, hasta que encontró un papel y un par de dulces que le han dado con anterioridad. No dudó en tomar la mano de Owen, entregándole todo — Esa es la frecuencia de mi Den Den Mushi segun lo que me dijo Rosse y… algo para que no quedes con sabor tan amargo por separarnos — se rió a pesar que es el inicio del adiós, en un encuentro que deja con sabor a poco — Nos vemos pronto. ¿Cuídate está bien? Finalmente lo soltó, dando un par de pasos atrás. Incluso se cruzó de brazos, acercándose al resto, intentando mantener un semblante animado — Deberíamos prepararnos — se acercó a alguien y no supo quién es, aun así se tomó de él, como si necesitara un soporte para estar tranquila — Prometo no volver a salir, era solo que… no pude evitarlo. —Espero que sea una noche tranquila — pero esa es una mentira, porque se siente silenciosa, como si fuese el preámbulo a una tormenta que no puede observar a la distancia — ¡B-Bien! Díganme qué hacer antes de partir. Antes de partir a buscar a quien se va en otro barco a surcar el mar.
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