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[EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Versión para impresión

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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Stroud Nanashi - 04-11-2025

OST

La criatura se había desplomado sobre el suelo, aparentemente interte, en posición fetal, pero Stroud continuó golpeando su maltrecha cabeza, una, y otra, y otra vez. Pequeñas gotas de sangre iban salpicando su rostro y sus brazos con cada golpe, sumándose a la suya, que ya lo teñía de rojo. No decía nada. Su cara, lejos de expresar furia o rabia, y pese a su visible agotamiento, permanecía seria, impasible, sus labios ligeramente torcidos en una mueca de asco que no parecía terminar de desvanecerse. Los golpes continuaban; uno, otro, otro más. Era un proceso meramente mecánico, en el que Stroud simplemente continuaba su labor, o eso pensaba. En el interior de su cerebro, todos los mecanismos de alarma seguían aún activados, como si fuese incapaz de creerse que la amenaza ya no fuera tal. El aire se impregnaba del olor del hierro.

Imagen

Finalmente, se incorporó, alzándose sobre el cadáver de la criatura, jadeando ligeramente. Su expresión no reflejaba alivio. Su uniforme blanco, ahora parcialmente teñido de rojo, aún refulgía. Descartó registrar el cuerpo de Uoni, que, a excepción del botiquín que le había arrebatado el muchacho pelirrojo, poco más podía ocultar en aquel insondable tanguita, que él, desde luego, no iba a ponerse a explorar. Bajo los guantes tachonados y teñidos de rojo, sus nudillos permanecían hinchados, magullados. El Marine observó a su alrededor, como si repentinamente hubiese recordado que había aún varias personas presentes a su alrededor. Sus ojos, tensos, serios y analíticos, recorrieron la estancia en silencio, observando a los demás, mientras su respiración regresaba a su ritmo normal. Colocó sus dedos índice y corazón bajo su mandíbula, sobre la yugular, midiendo sus constantes vitales. "Tres, cuatro." Nada fuera de lo esperable. Examinó las propias heridas que le había propiciado la criatura en el hombro y sobre el estómago, cerciorándose de que estuviesen más o menos estabilizadas. Respiró lenta y forzadamente para bajar el pico de adrenalina a voluntad, pero Stroud era consciente de que la situación aún estaba lejos de dejar de ser crítica. Moja, él y todos aquellos extraños seguían encerrados en aquella prisión de piedra. Seguía sin tener ni idea de dónde ni cómo habrían acabado Bertram, Kibai o el Royal Quiver. Tampoco era capaz de prever cuál sería el siguiente paso de los demás; si Moja había estado en lo cierto, si aquellos tipos eran piratas, era posible que los problemas no hubiesen hecho más que comenzar. Recobrando la compostura que lo caracterizaba, se ajustó el abrigo nuevamente sobre los hombros, ciñéndoselo con propiedad, a la vez que inhalaba con fuerza.

Contempló al resto de los presentes. No había tenido demasiado tiempo para reparar en ello, pero realmente todos tenían un aspecto de lo más variopinto. "Como iba diciendo," dijo a los presentes, retomando justo lo que se disponía a decir minutos atrás, antes de que Uoni apareciese, como si nada hubiera pasado y aquel combate hubiera sido apenas una breve interrupción, "soy Stroud Redgrave, contramaestre de la Marina," se presentó, ajustando el cuello de su ensangrentada camisa y colocando las manos tras la espalda, en una pose firme, "y aquí me acompaña Moja, soldado de la Marina. ¿Estáis todos bien, hay algún herido de gravedad?," inquirió, mientras sus fríos ojos continuaban recorriendo a los demás, de uno en uno: la birkaniana, el pelinegro, el mink, la oni. Al pelirrojo que había robado el botiquín de la criatura le sobraban las fuerzas para seguir berreando, como parecía ser costumbre en él. Stroud alzó su monótona voz con firmeza. "Doy por hecho que ninguno de los aquí presentes tiene ni idea de cómo hemos terminado aquí o por qué, aunque intuyo que no ha sido casualidad. Si alguno supiese algo y lo ocultase deliberadamente, claro, sería motivo de arresto e interrogatorio," aclaró con firmeza. De alguna forma, tras todo lo ocurrido, su voz reflejaba plena normalidad. "Dicho lo cual," continuó, girándose y palpando la pared de roca más cercana, examinándola meticulosamente, "no sabemos si va a venir algo más, no bajéis la guardia." Si bien era probable que fuesen malhechores, no eran imbéciles, y habían mostrado capacidad de trabajar en equipo; eran tan conscientes como él de que coordinarse seguía siendo clave si querían sobrevivir. El pelirrojo, sin embargo, parecía desquiciado, hablando de encontrar a su mujer. Con calma, rasgó un pedazo de tela de su propia camisa y, abriendo los botones por un instante, la empleó para cubrir improvisadamente la herida más grave, la que se hallaba justo sobre su estómago. "Lo primero va a ser encontrar una forma de salir de aquí, aunque estas paredes no parece que vayan a ceder fácilmente."

Finalizado su discurso, colocó una mano en el hombro del pelirrojo, a quien superaba ligeramente en altura, y que intentaba comunicarse por Den Den Mushi, aparentemente en vano. Parecía estar perdiendo la cabeza. "Tranquilízate," se limitó a decir pausadamente. "Vamos a buscar la forma de salir de aquí, ya veremos qué hacemos luego. Examina este lado de aquí, e infórmanos si encuentras algo, ¿de acuerdo?". Alejándose unos pasos, continuó examinando las paredes, que, tal y como había intuido anteriormente, parecían ser de origen artificial, de alguna forma. ¿Un usuario de fruta, tal vez? La formación lítica seguía patrones y texturas que no respondían a ninguna formación natural de la que tuviese constancia. No le constaba que la entrada al Grand Line estuviese tomada por ningún grupo pirata capaz de aquello, y el Gobierno jamás hubiera permitido el paso de saber que algo así podría ocurrir. Aquella construcción debía de ser reciente, muy reciente, lo suficiente como para que nadie se diese cuenta a tiempo, o las noticias no viajasen lo suficientemente rápido. Al mismo tiempo, su mente, a toda máquina, intentaba deducir cómo habían acabado todos allí, un proceso mental que se había visto interrumpido por la repugnante criatura que acababan de derrotar. Intentó recordar la caída por Cabos Gemelos, qué había sido lo último que había visto antes de llegar hasta allí, pero todo era demasiado borroso. Todo era demasiado raro. Al cabo de unos instantes, decidió que lo mejor sería enfocarse en seguir adelante y salir de aquel lugar, las deducciones vendrían después. La supervivencia era lo primero.

Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Mercedes Benz - 05-11-2025

Cuando todos volvieron atacar y me preparaba a mi misma para acercarme lo suficiente para también, junto a los demás golpear al tipo al menos hasta romperle una costilla, entonces vi esa escena y quedé simplemente estupefacta. —¿se mató el mismo? — Mi cara fue una total fascinación tras el espectáculo, el marine, el correcto, aquel que probablemente se creería más justo y noble que nosotros siguió golpeando con furia el rostro del ya inerte cuerpo sin vida de Uoni, era nuestro enemigo si, pero ¿habia que seguir golpeando incluso después de la muerte?
 
Y como si no fuera poco, se puso de pie, y comenzó hablar como si su rostro no estuviera ya lleno de suficiente sangre, dos marines en medio de un grupo de piratas, la vida si que juega a ser irónica, si hace nada DaSilva me había hecho sentirme avergonzada de mi mismo, ese maldito contramaestre me había disparado en el abdomen hace unos días, y la ironía de la vida me pone a dos marines justo en frente de mi.  —Te lo digo en buena forma Marine, si me tocas un pelo, deliberadamente o no, voy a destrozarte el rostro. — Camine hasta Uoni, aun midiendo solo cinco centímetros y revisé todo su cuerpo durante un rato hasta que Owen comenzó a gritar.
 
Esperaba que nadie estuviera viéndome mientras le prestaban atención a los gritos de Owen y me metí en la asquerosa boca de Uoni y en un simple chasquido de mis dedos volví a mi tamaño normal terminando de destrozar el cuerpo de Uoni, los restos de carne y sangre se esparcieron por todos lados como un caldo que se derrama en la cocina. Intenté limpiarme un poco y acercarme a Owen. —Owen, cariño —murmuré, bajando la voz para que sólo él me oyera —No tienes que entregar tu libertad a unos marines. No hoy, ni nunca.— Le di un golpecito en la espalda para que entendiese que todo estaba bien
 
—Estoy segura de que Rosse no dejaría que le pase nada a Gwendy— yo confiaba en mi capitán sobre todas las cosas, yo misma pude ver como cumplía su promesa de mantenernos a salvo en contra de aquellos que nos querían cohibir de la libertad. —De todas formas, busquemos la manera de salir de aquí, y no vuelvas arrodillarte ante aquellos que un día pueden ser tus enemigos. — Levanté a Owen como si fuera un muñeco y lo subí a mi hombro izquierdo.  —Busquemos una salida cuñado. — Y al final se pintó una sonrisa en mi rostro.


Cajita sorpresa



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Bai Mudan - 05-11-2025

Bai cayó de bruces, filo por delante, intentando estocar a un cuerpo que yacía muerto en el suelo.
Su rodilla golpeó contra el suelo, la espada clavó la punta y, el mango, tembló bajo su peso.

Estaba agitada, procesando lo que acababa de suceder cuando, de repente, una lluvia de restos humanos le cayó encima, pegándosele al cabello y a la ropa.
Suerte tenía de que rostro quedara oculto por el cabello que, poco a poco, continuaba empapándose.
Ploc, ploc, ploc.
La sangre continuyó cayendo sobre su cabello al ritmo de la furia del marine.Tragó saliva. El olor a hierro junto al pérfido edor de la muerte le obligó a contener el reflejo de vómito que le subía por la garganta.

El sonido de los huesos al quebrarse, junto al de la masa gris que debía estar esparciéndose y la sangre la marearon por un instante.

Levantó la vista, empezó a incorporarse y… un berrido cortó el aire. Sonaba exactamente como el chillido de un cerdo al que están desangrando, con la diferencia de que, en este caso, el cerdo era el pelirrojo. Y, para su desgracia, también se estaba desangrando.
Pero eso Bai no lo sabía, sino, de haberlo hecho, quizás por culpa del cansancio —o de su imperiosa necesidad por deshacerse de la adrenalina que cargaba— le hubiera parecido una coincidencia tan precisa que habría resultado cómica si no fuera por el detalle técnico de la hemorragia.

Y, mientras el joven aún berreaba, terminó de ponerse en pie para acercarse al rostro de Uoni.
Justo en ese momento hubo otra explosión de sesos, carne y sangre.
Lunares sanguinolentos salpicaban ahora su rostro mientras que fragmentos de hueso y masa gris que le obligaron a cerrar los ojos.
¿Qué rayos había sido eso?
Al abrirlos se encontró con Mercedes ahí donde había estado la cabeza del cadáver.

—¿Era eso necesario? —murmuró mientras la observaba acercarse al pelirrojo y sentía cómo la sangre le bajaba por el rostro en un hilo caliente dejando un reguero oscuro sobre su mejilla.

Olía a hierro.

Buscó entonces con la vista a Han, aquel que había recibido una cantidad alarmante de golpes solo para mantenerla con vida; a su espalda quedaban las voces de los demás, sonidos que le parecían guturales y tan complejos como prehistóricos.

—¡Han! —estalló al encontrarlo.

E iba a correr hacia él cuando un pensamiento la abordó. Y pensó. Pensó en el muerto, en ese hombre que había elegido el suicidio.
¿Cómo podía alguien amar tan poco la vida como para rechazar al Eros?

Dió un vistazo a Uoni y chasqueó la lengua en un gesto de desprecio.

La muerte voluntaria le resultaba una ofensa: un acto de soberbia contra la pulsión que todo lo une y  la belleza misma del existir.
Sí, claro, comprendía el acto, pero no podía perdonar el gesto.
Si la vida es un deber hacia el alma que la porta, ¿qué clase de deuda puede saldarse con la sangre propia?
Clank. Clank.
Y aún así estaba dispuesta a perdonarlo; un par de monedas rodaron y tintinearon sobre el suelo tras chocar contra el pecho del muerto.

Con eso —pensó— debería bastar para pagar el precio de su descanso eterno.

Tras ello, Mudai guardó el arma en el zurrón y recordó que mucho antes del incidente ella había encontrado medicinas. Así que, presta, se movió tan rápido como pudo hasta donde estaba su compañero y de un gesto se abalanzó sobre él.

—Bai —dijo haciendo referencia a sí misma y dejando una pausa para poder hacer el gesto de llevarse la mano al cuello para tomarse el pulso —Han —añadió.

Y con eso se deshizo del zurrón para poder buscar el botiquín.

Pues, aunque era cierto que era incapaz de ver toda la sangre que había perdido, a diferencia de Owen que vestía de rojo y las manchas se confundían a su vista con humedad, con Han sí podía discernir entre su ropa y el líquido rojo.


Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Moja - 05-11-2025

El cuerpo de Uoni cayó al suelo con un estruendo pesado, la vida abandonándolo por completo. Su enorme figura quedó inmóvil, la tensión y la rabia que lo habían envuelto durante el combate desapareciendo en un instante.

Sin embargo, no fue suficiente para Stroud.

El contramaestre, aún respirando con violencia, se abalanzó sobre la cabeza del gorila y comenzó a golpearla una y otra vez con sus puños endurecidos. Cada impacto resonaba en la piedra, seco, brutal, definitivo. Era un golpe, y otro, y otro… hasta que finalmente Stroud se detuvo, exhalando de forma profunda, como si acabara de liberar algo que llevaba retenido desde hacía demasiado tiempo.

Apenas unos segundos después, Mercedes apareció del cuerpo. Su cuerpo creció desde el interior de Uoni, destrozando lo poco que quedaba. No por crueldad, sino para asegurarse de que aquel monstruo no volvería a levantarse jamás.

Moja observó todo en silencio, antes de dejarse caer al suelo lentamente.

Su respiración era agitada, pero no por el cansancio físico; había estado cerca, muy cerca, de quedar completamente inutilizado. Si Uoni se hubiera girado hacia él en algún momento… solo un golpe habría bastado para dejarlo en un estado crítico. Lo sabía. Y por primera vez en mucho tiempo, agradecía haber pasado desapercibido.

Sentado sobre la piedra fría, Moja dejó que su cuerpo comenzara a relajarse, aunque los músculos aún estaban tensos por la adrenalina. La cueva estaba en silencio, salvo por los pasos y movimientos de los demás. Stroud, ya recuperando su compostura, comenzó a presentarse formalmente ante quienes habían terminado siendo sus aliados improvisados, y acto seguido empezó a buscar una forma de salir de aquel encierro.

Owen, el pelirrojo, no dejaba de gritar insultos y soltar improperios hacia el cadáver destrozado, hacia la cueva y hacia el mundo en general. Moja apenas dedicó un segundo de atención a su voz estridente; la aparición de Mercedes colocándose frente a él bastó para que el rojizo bajara la intensidad.

Mientras tanto, Moja permaneció sentado, respirando más lento, sintiendo cómo la tensión se iba disipando gradualmente. Su mente, sin embargo, seguía dentro del combate. Volvió a ver cada movimiento, cada ataque, cada reacción. Analizó los golpes de los demás, sus ritmos, sus posiciones, sus decisiones. Recordó la sincronía inesperada, la manera en que todos, sin conocerse, habían formado una línea frente a un enemigo claramente superior. Este era un combate que no olvidaría nunca. Aunque su participación hubiera sido mínima, el impacto que dejó en él fue profundo. Tengo que volverme más fuerte. No había derrota aquí. Había determinación.

 

Offroll



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Han - 07-11-2025

Mi golpe logró acertar e nel blanco, sin embargo, lo que yo pensé que serían don inmensas pelotas se sintieron mas bien como dos canicas diminutas. "Mucho ruido y pocas nueces" Pensé mientras una pequeña sonrisa fanfarrona y orgullosa de haberle devuelto un poco del dolor se apostó en mi rostro. No obstante, la fanfarria se paga cara, sobre todo cuando eres un pez tan pequeño en un mar tan inmenso, sin previo aviso un puño tan grande como mi cabeza me golpeó en la cara de lleno, un golpe tal que me hizo ver incluso doble. Tal fue la potencia del impacto que hasta di unos tres pasos hacia atrás de manera torpe y descuidada mientras mi manos iban a mi cara. -Ayyy, me he modido da dengua.- No tuve otra forma de expresarlo, pero comenzaba a ver un patrón a lo largo de mi historia, mi cara parecía un imán para los golpes, primero ese extraño marine y ahora este extraño... Lo que demonios fuera este enemigo.

A mi había logrado dejarme desorientado unos segundos, pero mis improvisados aliados y Bai no tuvieron tanta mala suerte como yo, pues todos arremetieron contra la bestia, sin piedad, sin esperas, sin remordimientos, todos y cada uno de ellos dieron sus mejores golpes y entre todos ellos consiguieron noquearlo. Por mi parte, mientras le propinaban aquella paliza a ese gorila, yo saqué un enorme plato de comida que empecé a devorar con ansia para poder recuperar algo de energía y que mi cuerpo comenzase a sanar, por desgracia -o suerte dependiendo del lado que se mire.- el enemigo yacía ya en el suelo cuando terminé de comer, la verdad es que no vi que sucedió, estaba demasiado ocupado tragando sin asfixiarme, pero al terminar vi como un charco de sangre empezaba a pintar el suelo, un pequeño charco que poco a poco crecía para formar un lago. -Diantdez, le abdizteiz da cabeza.- Aún me dolía la lengua, pero con el paso de los segundos pude empezar a moverla con cierta soltura. 

Ya con el peligro pasado recordé a Bai, que con preocupación miré rápidamente, esperaba que sus lesiones no fueran graves. Corría hacia ella. -Bai, por Dios, dime que estas bien.- Dije mientras le auscultaba para ver que podía intentar curarle o al menos darle cierto alivio. No parecía demasiado herida, pero antes de que pudiese seguir hablando con ella, escuché una explosión. -¿Pero qué?- Dije mientras me giraba rápidamente en la dirección, viendo a la gigantesca mujer ensangrentada y el bicharraco que yacía en el suelo ahora esparcido a trocitos por todas partes. Le miré sorprendido y asustado, girándome despacio hacia Bai, fingiendo no estar allí, no quería ser el siguiente. 

El hombre de pelo de fuego, con su habitual tono alto nos pidió ayuda para salvar a Gwendolin. "¿Será aquella mujer ciega que conocí en la Isla Kárate?" Medité haciendo memoria, mientras todos hablaban con él. -Hmm... Me gustaría ayudarte, la verdad, pero también debo encontrar a mis amigos, si podemos cumplir ambos objetivos, te ayudaré sin dudarlo.- Afirmé mirando su rostro suplicante y desesperado. 

resumen

items y fruta



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Bai Mudan - 13-11-2025

Algunos pensamientos lógicos son de todo menos lógicos. Como cuando, tras estudiar la composición de los astros, afirmas con total seguridad que es necesariamente cierto que el sol brilla y, al levantar la cabeza, solo puedes decir: «El sol no brilla».

Algo parecido ocurre con el pensamiento de Bai. Tras identificar su falta de lenguaje común y comprobar, en repetidas ocasiones, que su única alternativa factible es la comunicación no verbal, concluye —muy razonablemente, por cierto— que, si no puede usar palabras y siempre ha empleado medios físicos para obtener información, debe tocar el medio para comunicarse.

Hasta aquí, todo parece lógico. Premisa uno: no existe un lenguaje compartido. Premisa dos: los medios físicos son su vía habitual de interacción. Conclusión: el contacto físico es la forma más directa de transmitir información.
Perfectamente consecuente.
Solo que hay un pequeño detalle que su impecable razonamiento pasa por alto: el medio, esta vez, no es un objeto. Es una persona.

Y aunque la lógica no lo advierta, el resto del mundo sí: tocar a alguien sin su consentimiento no está bien.

¡Pero ella tampoco!
Porque, dime tú, ¿quién concluye tan racionalmente un argumento como ese? ¿Qué clase de mente desequilibrada aplica la lógica lingüística de esa forma?
Solo hay una respuesta posible:
alguien que no está bien.

Y como no lo está, la consecuencia es obvia.

Así que, tras decidir que Han no va a sufrir más —pese a haber estar comiendo como un jabalí frente a ella—, Bai resuelve que ha llegado el momento de actuar.
¿Y qué significa eso exactamente?
Pues que, ni corta ni perezosa, aparta los restos de comida que Han aún no ha podido tragar y sus manos deciden abrirle el kimono.

Porque ¿qué ser pensante no desea ser tocado por semejante dama?
Quizá uno verdaderamente pensante.
Uno que sabe que tocar sin permiso no es un acto lógico, sino una invasión y anulación del otro bajo la apariencia del entendimiento.
Uno que entiende que la razón, sin ética, es solo una herramienta afilada en manos de un loco que se cree sabio.

Y Bai, lamentablemente, razona demasiado bien para notar la diferencia.

Así que, obviando la herida de la cabeza por algún motivo que desconoce —porque, claro, ¿quién necesita explicaciones cuando la lógica está de su lado?— le abre el kimono y deja que sus manos recorran el torso. Sí, es firme, terso, incluso agradable, pero… no hay ninguna herida.
Después se lo retira un poco más, dejando sus hombros al descubierto. Busca moratones, rasguños, algo más que sangre. Nada. Ni un raspón, ni un moretón, ni siquiera un arañazo digno de un gato particularmente rencoroso. Nada.

Y justo cuando sus manos bajan por los hombros, preparadas para dejarlo con el torso desnudo —porque, claro, eso siempre es lo siguiente que uno hace tras comprobar que alguien no tiene heridas— algo cae.

Es un botiquín. Uno más grande que el que ella lleva.
Perfecto. Porque nada dice «confianza absoluta en el prójimo» como abrir su kimono y encontrarse con el equivalente farmacéutico de un camión de bomberos.

Lo toma, lo inspecciona y, con una avidez de la que ella misma se asombra, se dispone a ayudarlo.
Primero, busca la gasa.  Luego viene el antiséptico. Aunque, claro, cuando empieza a ponerselo todo se vuelve un borrón de tonos que se mezclan en su visión como un cuadro de Pollock en escala de marrones.

—Esto debe ser iodo… — murmura, aplicando la sustancia con la misma precisión que un médico cualificado.

Mientras tanto, el vendaje se enrolla de manera que parece un experimento de origami avanzado. Uno que, seguramente, no solo detendrá la hemorragia, sino que, de paso, le dará al paciente un aire de vanguardia artística.

No, no te rías de cómo le ha puesto el vendaje pues, según los libros de medicina que se tradujeron a su lengua, es la mejor forma de cubrir la herida.

Después, una vez ha terminado, se detiene un momento a admirar su obra: la herida está cubierta, sangrando menos y con un patrón de colores que sólo ella ve.
Y, en su mente, eso es lo importante. Porque, después de todo, lógica y eficiencia son cosas relativas. Lo que cuenta es que nadie va a morir… al menos no por culpa del botiquín.

Off



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Han - 13-11-2025

Bai, aunque algo confusa por mi reacción desmedida y preocupada, parecía estar bien, mi cabeza sangraba, pero no era nada que no hubiese sufrido antes, ya estaba un poco cansado de llevarme golpes en la cabeza, la costumbre había endurecido mi cráneo -o insensibilizado mis nervios- En cualquier caso no era nada que mi cuerpo no fuese capaz de sanar solo -como casi todo, realmente-. Sin embargo, la gran mujer alada que era incapaz de mediar palabra conmigo no lo veía así, de la misma manera irracional que me preocupé, ella hizo lo mismo, llegando un paso mas adelante que yo, sin duda. 

Ni corta ni perezosa ignoró la contusión encefálica que pudiera tener y, sin previo aviso ni palabra incomprensible, se abalanzó contra mi pecho, quitándome la parte de arriba del kimono sin un aviso previo. Mi rostro enrojeció, ya había gozado del tacto de otras mujeres en mi torso, pero jamás en una situación así, y mucho menos sin habernos dado permiso el uno al otro. -Pe-Pero Bai...- Dije apunto de alejarme, pero no lo hice. Mantener mi postura no fue la búsqueda hedonista del placer, ni mucho menos, es que terminé comprendiendo que estaba haciendo, pues al palmar no lo hacía con cariño o deseo, no, lo hacía con la precisión de un médico en busca de una lesión. Comenzó auscultándome el pecho "Recuerda donde me golpearon" Pensé mientras ella hacía su reconocimiento, buscando algún hueso roto o alguna hemorragia interna que pudiese ir a peor en el futuro, para mi fortuna mi cuerpo ya estaba sanando esos golpes y mi regeneración era digna de estudio. Llegó un punto en el que retiró la parte de arriba de mi kimono por completo, por suerte llevaba el cinturón que lo mantenía en mis caderas y un pantalón hasta las rodillas debajo, de no ser así habría visto mas de lo que hubiésemos querido ambos.

En ese momento un botiquín grande cayó de la mochila gracias al movimiento, ella lo miró y yo la miré a ella con un rostro decidido, sin duda los dos teníamos claro lo que ella haría. Agarró el cajetín y lo abrió sabiendo exactamente que sustancias aplicar en una gasa que presionó contra mi cabeza, escocía, pero a la vez sabía que me aliviaría el dolor, eso sumado a mi sanación haría que todo fuese mas rápido. Vendó con cuidado y experiencia, se notaba que era una estudiosa sobre el tema de la medicina y yo, tan solo podía mirarle sorprendido e impotente por no ser capaz ni de curarme a mi mismo. -Gracias, querida Bai...- Sabía que era muy probable que no entendiera mis palabras, así que hice algo para que me entendiese, poniendo la palma de mi mano derecha en mi pecho y la izquierda en el suyo, como gesto de gratitud y unión. 

resumen


objeto usado


recursos recuperados



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Moja - 14-11-2025

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Poco a poco, Moja fue recuperando el aliento. Su respiración, que momentos antes era entrecortada y pesada, comenzó a estabilizarse. Sentía aún el ligero temblor en las manos, no de miedo, sino de la tensión acumulada tras un combate tan caótico como inesperado.
 
A su alrededor, la cueva seguía siendo silenciosa, pero no era un silencio tranquilizador. Había algo en el aire… una sensación que hacía que las orejas de Moja se mantuvieran erguidas, atentas a cualquier variación. No sabía si vendría otra sorpresa, ni qué clase de enemigo podría surgir después de Uoni. Pero lo verdaderamente inquietante eran las preguntas que ahora se acumulaban en su mente:
 
¿Cómo habían llegado allí exactamente?
¿Quién los había arrastrado a ese espacio sin salida?
¿Y por qué ellos?
 
La imagen de la ciudad portuaria de Samba volvió a cruzarle por la mente: el número inusual de agentes del Gobierno, el ambiente tenso, los controles excesivos…
 
¿Está todo esto conectado?
La duda le pesó más de lo que esperaba.
 
Sea como fuera, su improvisado grupo había estado a punto de ser aniquilado por aquel extraño ser. Uoni los había llevado al límite, y aunque habían sobrevivido, Moja sentía con claridad que aquello no había terminado. Lo notaba en su instinto. Algo más acechaba en aquel lugar.
 
Aun así, por primera vez desde que llegó, había un momento de calma. Moja aprovechó para aflojar los músculos, relajar los hombros y dejar que su cuerpo se asentara sobre la fría piedra. Necesitaba recuperar fuerzas tanto físicas como mentales. Su cabeza había trabajado más que sus puños durante el combate, y eso también agotaba.
 
Mientras descansaba, sus ojos felinos observaron al resto del grupo. La birkaniana, la chica de alas blancas, se inclinaba sobre Han, que estaba claramente malherido. Sus movimientos eran cuidadosos, casi protectores. Deben tener alguna clase de relación cercana… quizá tripulantes del mismo barco, pensó Moja. Ella no le sonaba, posiblemente porque no tenía recompensa o no pertenecía a ninguna banda famosa.
 
Después dirigió la mirada hacia los demás integrantes de aquel peculiar conjunto de luchadores. Todos estaban marcados por la batalla, pero también era evidente que poseían un nivel de fuerza considerable.
 
Y entonces Moja afrontó una simple realidad:
 
Aunque él y Stroud eran marines, no podían arrestarlos, no en su estado actual, ni en un lugar como ese.
Podían enfrentarlos… pero no ganar. Y además, Moja no era un imprudente. Sabía que intentar imponer la ley en ese instante solo traería un conflicto innecesario.
 
Por eso tomó una decisión clara y racional:
 
Cooperaré con ellos hasta que la situación cambie… o hasta que lleguen refuerzos.
 
Mantendría la guardia alta, observaría en silencio y seguiría trabajando con el grupo. Su disciplina no chocaba con su pragmatismo; al contrario, lo guiaba. Y aunque su cuerpo comenzaba por fin a relajarse, Moja sabía con total certeza que el peligro aún no había terminado. Y que debía estar preparado para lo que viniera después.
 
Offroll



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Voz Seductora - 17-11-2025

Desde sus privilegiados palcos, los seis Tenryuubitos observaban la situación a través de sus prismáticos y catalejos de lujo, mirando directamente hacia el espejo de la parte superior de cada cubículo que estaba colocado estratégicamente para mostrar el interior de estos a los benefactores de el macabro torneo improvisado. Ciertamente, los Sakana eran una familia conocida por su eficiencia y su capacidad de cazar presas en los Blues sin ningún tipo de dificultad... pero parecía que eran peces grandes en estanques pequeños, y ahora... se habían topado con demasiados peces al mismo tiempo. Se habían formado un nombre desde años atrás, desde que su padre Uouo Sakana había conseguido cierta fama con una técnica cegadora usando el cristal de su cráneo... el Uoflash, y sus hijos habían heredado tanto su legado como su movimiento insignia aunque sólo uno de ellos lo había usado en esta noche. Y ninguno iba a tener oportunidad de volver a usarlo.

En un lapso corto de tiempo, pero una a una, las frutas que habían en una de las cajas de provisiones de los Dragones Celestiales se fueron transformando, convirtiéndose en una forma retorcida y malograda de estas, llenas de espirales y hasta cambiando su color. Una sandía, que además de las espirales se estiró volviéndose gris. Un racimo de plátanos que adquirieron un tono marrón además de ganar aquellas formas curvas en su piel. Una manzana azul cuya hoja se cuadruplicó formando una hélice en su tallo, con las espirales igual que las demás. Una pera que se tornó negra y del tallo brotó una pua cónica torcida, también con sus espirales. Una naranja compuesta por dos cuerpos ovalados conexos de color rosa claro, con remolinos característicos en su piel. Y una maracuyá que se tornó azul y su tallo se convirtió en un relámpago, además de adquirir la diferencia característica de todas las anteriores en la piel.

Los Tenyuubitos tuvieron que observar como uno por uno sus campeones iban cayendo, haciendo que sus reacciones y su interpretación de los acontecimientos fuera dispar. El hombre obeso y rubio que no había dejado de comer croissants no cabía en sí de la incredulidad — ¡Imposible, imposible, imposible, imposible, imposibleeee! ¡IMPOSIBLEEE-EH! — vociferaba Saint Voltòir mientras golpeaba con su mano libre de croissant el reposabrazos de su silla, tras dejar caer sus binoculares. A su lado, el también grotescamente pasado de peso y con mal disimulada alopecia en su cabello castaño, Saint Vangelis, sorbía la cabeza de un bogavante — ¡Greeeekekekeke! ¡Menudo inútil-eh! No entiendo su fama si unos cualquiera los derrotan así... — haciendo que su risa se mezclase con su tono de indiferencia, completamente entregado a la comida.
— ¡Ese idiota! ¡Tanto músculo y fama para nada! ¿Cazadores temidos? ¡Y un cuerno! ¡Como el suyo! ¡Os dije que los gyojin son idiotas sin cerebro! — dijo la mujer presente, de la familia Saint Byrne, con su cabello rojo peinado a la moda Tenryuubito, quejándose de la elección de los luchadores y agitando su copa de vino haciendo que esta salpicase un poco — Qué decepción... ¡qué decepción! Esperaba una masacre, un entretenimiento digno de ser contemplado por dioses no... eso — respondió el Lunarian presente, miembro de la familia de los Saint Tsvetnik que seguía mirando con su catalejo de oro atentamente — Vaya pérdida de tiempo... Os dije que teníamos que haber comprado gigantes ¡por eso el mío se hacía grande! ¡Gigantes! Son la clave para los torneos de este estilo-eh  — masculló el también obeso y pelirosa de cabello rizado y prominentes patillas, miembro de los Saint O'Heil, mientras chasqueaba los dedos hacia los criados — Lo... lo han... lo han vencido... Ese monstruo no se podía matar, y lo han vencido... — el anciano presente, de los Saint Wisniewski, no daba crédito a lo que habían visto sus ojos. Su campeón era posiblemente capaz de matar a la vez a varios de sus hermanos... ¿como era posible que estuviera ahora muerto?

— ¡Y tu haz algo! ¡Cierra esas paredes y aplástalos! ¡Lo que sea! — vociferó la mujer de los Saint Byrne levantándose de su sillón y dándole una patada al esclavo arrodillado con las manos metidas en la tierra que tenían frente a ellos — Lo que debemos hacer es marcharnos ya-eh  — dijo el Saint O'Heil — ¡Como salgan de esas cárceles podrían darnos problemas!  — añadió levantándose del sillón con la ayuda de dos esclavos que ahora le limpiaban la boca y las migas de la comida de la barriga — ¡Guardias! — gritó el rubio — ¡¡GUARDIAS!! — repitió sin éxito — Idiota no hemos traído guardias — le respondió su congénere — Mi padre ni si quiera sabe que estoy aquí apostando — matizó tratando de levantarse torpemente del asiento — Recoged todo ¡nos largamos de aquí-eh! — dijo ordenando a sus esclavos que empezasen a movilizarse. El rubio asintió y sus criados comenzaron a hacer lo mismo, y junto con el Saint O'Heil eran tres.
La señorita Saint Byrne se resignó y dejó de dar patadas al esclavo que tenía que ver con las prisiones de tierra y se marchó caminando hacia el barco que había en la parte trasera de ese peñasco, un galeón de oro del Gobierno Mundial que los había traído hasta aquí — ¡No pienso quedarme ni un minuto más! ¡Más os vale recoger todo en cinco minutos u os mataré yo misma! — gritó, tirando su copa de vino y sacando una flintlock de su faja, caminando hacia el barco.

Los esclavos de estas cuatro casas, los Saint Voltòir, los Saint Vangelis, los Saint O'Heil, y los Saint Byrne se dispusieron a recoger todo, empaquetando la comida en las cajas y llevándosela corriendo a los barcos mientras sus cuatro amos se dirigían caminando hacia los barcos discutiendo entre ellos de quién sería el premio. Entonces, el miembro de los Saint Tsvetnik, que había continuado mirando desde la distancia con su catalejo, abrió mucho los ojos — ¡Esa fealdad! No puede ser... — masculló entre dientes, atónito. Entonces un disparo mudo por el oleaje desencadenó una explosión lumínica sobre una de las torres de piedra, haciendo que el lunarian observador se cegase momentaneamente — ¡¡Argh!! — gritó apartando la mirada y cubriéndose el rostro con la mano y levantándose — ¡Vámonos! ¡Saint Wisniewski levántese! — exigió el Lunarian al anciano, ayudándole a levantarse y con una expresión de preocupación en su rostro — Pero... ¡la recaudación! ¡No seas insensato! — recriminó el anciano refiriéndose al cofre, recibiendo la negativa de su aliado celestial — No hay tiempo ¡hay que hacer caso a los presagios! ¡Es demasiada casualidad! ¡Algo malo va a pasar! — contestó el alado de piel oscura — Los muertos no viajan al Grand Line... — masculló entre dientes. Los esclavos a su alrededor empezaron a recoger con prisa y torpemente lo que aun quedaba — ¡Protegednos! ¡Cucarachas insolentes tenéis que protegernos! — gritó el anciano asustado por las palabras del Lunarian — ¡¡Dejad todo eso y llevarnos a salvo hasta el barco!! — ordenó finalmente, y ambos Tenryuubitos acompañados de su séquito de esclavos salieron corriendo - los trabajadores cargando algunas pertenencias más - hacia el navío, dejando atrás dos cajas de comida, un cofre, y los seis sillones de lujo junto con la carpa.

El último de todos ellos, el esclavo arrodillado con las manos metidas en el suelo los observaba con pavor y alternaba su mirada entre los que huían y las cárceles. Sabía que si los liberaba muy pronto, podrían atacarlos a todos y los matarían, pero si los liberaba muy tarde lo dejarían aquí y él sería la presa de esos salvajes. Él mismo había visto a los Sakana... y esos monstruos no eran fáciles de derrotar, así que fuera lo que fuera que saliese de aquellos cubículos, no era un enemigo que quisiera tener. Así que esperó pacientemente un par de minutos y... sacó sus manos del suelo.
En el momento en el que estas abandonaron la superficie, echó a correr como un diablo, torpe y a traspiés hacia el navío en el que todos habían llegado. Y al mismo tiempo, los cubículos comenzaron a agrietarse con un enorme chasquido generalizado.



Tras la muerte autoprovocada de Uoni, que consideraba a sus rivales indignos de acabar con él, la ira de Mercedes fue tal que explotó su cabeza con un potente golpe y cargó con Owen a hombros. Mientras tanto, Stroud, Bai, Han y Moja, dos Marines y dos miembros de la tripulación de la Mano Vacía, conversaban sobre la situación que habían vivido y el devenir de los acontecimientos. Su charla fue interrumpida por el crujido de la roca que sentenció todo el lugar, dando a entender a los ocupantes del cubículo que estas paredes se iban a venir abajo y que su estructura ahora era débil.
Un crujido más y los desprendimientos comenzaron en aquel lugar, asegurando que las paredes de roca desaparecerían tras desmoronarse así, pero amenazando con aplastar a todos en su interior... una especie de regalo de despedida improvisado de los Sakana... o de sus contratistas.

Tras el derrumbe, mirando en derredor se podría apreciar a los otros cinco grupos en sendas plataformas de roca iguales, dispuestos en una fila separadas cada plataforma de la siguiente por veinte metros de distancia. El primero por la derecha era el grupo que había derrotado a Uosan, seguido a su izquierda del grupo que había enfrentado a Uoichi, y a su izquierda el grupo que había enfrentado a Uoni. A la izquierda de este, siendo la cuarta plataforma, estaba el grupo que había peleado contra Uogo, a su izquierda el grupo que había peleado contra Uoyon, y el último de todos y el que más a la izquierda estaba era el grupo que había peleado con Uoroku.
Frente a ellos, algunas rocas apiladas de forma inestable creaban un reguero sutil que conducía hacia la torre donde habían estado los Tenryuubito, aun iluminada por algún farolillo, a una distancia de varios cientos de metros. A su espalda, estaban los barcos encallados y frenados, pero en buen estado.
El qué hacer ahora era algo que sólo dependía de ellos.





Resumen

Felicitaciones

Próximo turno

Derrumbe

Torre Tenryuubito



RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El camino para ser alguien; Parte 2 [GRUPO 3] - Moja - 17-11-2025

Poco después de que Moja comenzara a descansar, algo cambió. Un crujido profundo, como si la piedra misma respirara, recorrió el espacio. En ese instante, los muros que los rodeaban comenzaron a moverse. Lo que Moja habían creído que era una cueva natural empezó a desmoronarse, revelando su verdadera forma. La pantera ya lo sospechaba: las paredes no parecían naturales, había algo artificial en su geometría… y ahora eso se confirmaba.
 
Moja se levantó tan rápido como pudo, pero no fue suficiente para evitar que algunas rocas lo golpearan en el hombro y el costado. Con un gruñido breve, logró apartarse mientras el resto del muro terminaba de caer. Después, con más espacio para actuar, esquivó las rocas restantes con agilidad felina.
 
Y allí lo vio con claridad…
 
El lugar no era una cueva, sino una estructura compleja. Un espacio amplio donde ahora podían distinguirse cinco plataformas en total, incluyendo la que ellos ocupaban. Cada una estaba separada por desniveles y montículos de roca artificial, como si todo hubiera sido diseñado para observar o encerrar a un grupo de personas.
 
Gracias a su vista felina, Moja pudo ver más allá, hacia la plataforma opuesta. Allí distinguió a Kibai y Bertram. Aunque no pudo escuchar qué decían desde tan lejos, su postura le indicó que seguían con vida, aunque exhaustos.
 
Más allá de ellos, se alzaba una torre de piedra, erosionada y extrañamente fuera de lugar. Desde la base de la torre, Moja vio personas huyendo a toda prisa, figuras borrosas que se alejaban cada vez más del lugar. No hacía falta pensar demasiado para saber que entre ellos debía estar el responsable de lo ocurrido.
 
Una chispa de urgencia recorrió su cuerpo.
 
-Contramaestre Stroud, voy a ver qué ocurre antes de que escapen- dijo Moja en tono firme y contenido, aunque la prisa se colaba en su voz.
 
Sin esperar la señal del contramestre, Moja salió disparado. Sus piernas se movían con la velocidad y precisión características de su especie. Saltaba entre rocas, trepaba pequeños bordes y descendía por inclinaciones como si hubiera entrenado toda su vida para desplazarse en un entorno así.
 
Sus ojos rastreaban huellas, movimientos, sombras.

Pero cuando llegó a la torre…
 
Nada.
 
Ni rastro de los culpables.
La base estaba semiderruida y la tierra removida, señal de que habían partido hace apenas unos minutos… pero ya era tarde para alcanzarlos. Solo quedaba un silencio inquietante, como si el ambiente mismo se burlara de su llegada tardía.
 
Moja apretó los dientes en un gesto contenido.
Sabía que habían escapado.



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