![]() |
|
El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Grand Line Paraíso (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=227) +---- Foro: Corriente Rakusei (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=148) +----- Foro: Little Garden [Segunda isla] (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=152) +----- Tema: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] (/showthread.php?tid=3089) |
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Kenzo D. Fujiwara - 26-02-2026 El den-den mushi apenas inclinó la cabeza al escuchar la respuesta de Stroud, y al otro lado de la línea se escuchó un leve suspiro que no pasó desapercibido para ninguno de los reunidos. Con ese mismo tono tranquilo y sereno que parecía mantener a propósito, la Capitana Trixxie añadió con calma. -Seguramente habrá habido algún tipo de interferencia. Disculpe, Comandante.- Ofreció una disculpa formal y continuó. -Efectivamente, esa es la planta que deben buscar. Ese es el tesoro. Han hecho muy buen trabajo encontrando el campamento.- Dijo sin rodeos, reconociendo el hecho de que habían hecho un gran trabajo al encontrar ese lugar. Pero después de reconocer eso, hubo una pausa momentánea, una ligera, pero llena de significado, antes de hacer la pregunta del millón. -Entonces, ¿No encontraron ningún superviviente de la División?- Una pausa. Un suspiro. Y aunque mantuvo su tono tranquilo, se podía oír un poco de tristeza en su voz. -Es una pena… Daremos un parte de baja de los miembros que fueron en misión…- Ese gesto burocrático, ese comentario en medio de cadáveres manchados de sangre y equipo destruido, adquirió un tono casi fúnebre. Detrás de cada nombre que se escribiría en ese informe, había historias, un campamento de entrenamiento compartido y expectativas frustradas. Y a su alrededor, el campamento destruido lo corroboraba con una elocuencia brutal. La jungla, ajena a la burocracia y los rangos, continuaba latiendo con su ritmo milenario, mientras que la División 60 sabía que la misión consistía no solo en encontrar la "Flos roboris revivificans", sino también en asumir la responsabilidad tácita de aquellos que nunca volverían a reclamarlo. Pero la Capitana Trixxie no permitió que la pena pesara más de lo necesario en la conversación. Tras ese breve silencio cargado de dolor reprimido, su voz volvió a ser la calmada y serena que todos conocían y siguió hablando con claridad al otro lado del den-den mushi. -Ya confirmada la desaparición de la división, tienen que encontrar la fuente de aquellas plantas. Si no estoy mal informada, estas flores, las que realmente nos interesan, nacen en la oscuridad, en una cueva cercana al campamento. Necesitamos que las extraigan. Pero por favor, tengan cuidado. Avísenos cuando logren la misión. Buena suerte, División 60.- Cada una de sus palabras fue pronunciada con una calma que no ocultaba el peligro de la misión; todo lo contrario, lo acentuaba. No era una simple misión de recolección de flores, era una incursión directa hacia el origen mismo de aquello que podía haber provocado la caída de toda una división. El hecho de que la oscuridad fuera una condición necesaria para la floración del "Flos roboris revivificans" contribuyó a la tensión, ya que significaba que la División tendría que enfrentarse a un espacio cerrado, probablemente estrecho y con poca visibilidad, el escenario perfecto para una emboscada o para una concentración más densa de esa enigmática fuerza capaz de curar o envenenar. Para seguir adelante, tenían que saber adónde ir. Si ajustaban la vista más allá del desorden inmediato de lonas rotas, estructuras volcadas y cadáveres amontonados, podían ver algo que hasta entonces había pasado casi desapercibido bajo la sombra proyectada por la última carpa destruida del campamento. Tras aquella retorcida acumulación de lona y palos, se abría un pequeño sendero de tierra, estrecho pero visible, por el que se había apartado el follaje con cierta regularidad y no sólo esporádicamente. Había zonas de tierra prensada de forma irregular y con bastantes huellas de pies humanos, unas muy marcadas y otras más desdibujadas a causa de la humedad constante del medio. No se trataba de meros rastros de exploración, sino de una marcha casi recurrente que hablaba de frecuentes desplazamientos de ida y vuelta. Podían concluir que el campamento no era un punto aislado, sino una base de operaciones. Si levantaban la vista por la línea natural de la senda, entre altos troncos y arbustos de hojas amplias y brillantes, podían ver a lo lejos un hueco negro en la roca. Una cueva de entrada discreta y semioculta tras matorrales espesos y enredaderas, colgadas de forma natural, como si la propia isla intentase ocultar su presencia. No era un accidente monumental ni majestuoso, pero sí amplio para permitir que bastantes personas entrasen en él sin estorbo. La sombra que despedía parecía absorber la luz circundante y aportaba un espectro de contraste inquietante con la exuberancia del verde. La División 86 no había instalado allí su campamento por casualidad, sino porque se encontraba en las proximidades de su objetivo. Trabajaban en la cueva y volvían al campamento, y repetían el ciclo. La proximidad explicaba, a la vez, la profusión de huellas y la aparente inicial regularidad anterior al desastre. La negra boca de la cueva no ofrecía respuestas fáciles, pero sí coherentes con lo que llevaban hasta el momento.
Resumen
Situación de Kibai
Próximo turno
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Stroud Nanashi - 26-02-2026 A Stroud no se le escapó la reacción de la Capitana ante su informe, si bien no lo manifestó de ninguna manera. Las cuestiones personales, para él, debían quedar siempre estrictamente circunscritas a su propio ámbito cuando se trataba de trabajo. Cuando Trixie mencionó que darían un parte de baja de los miembros de la división científica, estuvo a punto de intervenir, y, habiendo abierto ya la boca para decir algo, optó por volver a cerrarla y quedar en silencio. Había contemplado la posibilidad de decirle que no era estrictamente necesario aún, puesto que, técnicamente, no podían confirmar aún ninguna de las muertes. No había ni un solo cadáver en aquel lugar, y era posible que alguno siguiese con vida en alguna parte, en algún recóndito lugar de la isla. Sin embargo, con los meses que habían transcurrido, aquello hubiera sido alimentar una hoguera cruel. Habiendo recibido las últimas instrucciones de su interlocutora, se despidió de ella con formalidad, incluso cuadrándose frente al Den Den Mushi, y colgó. Echó un vistazo a sus compañeros, haciendo un ademán con la cabeza, como queriendo decir "bueno, pues ya lo habéis oído". Suspiró, poniendo en orden sus cosas y guardando en su mochila algunas de las pruebas que había podido encontrar a lo largo de su búsqueda por el campamento. No sabía si le serían útiles, pero, especialmente cuando se trataba de documentación confidencial como aquella, estaba mejor en sus manos que abandonada en mitad de la selva. Ordenó sus enseres, preparándose para partir hacia el sendero que habían podido vislumbrar, que partía desde el campamento. Se acercó hasta el mismo, siguiéndolo con la mirada; la prominencia de las huellas y lo abundante de las mismas, incluso después de meses, hacían evidente que la división científica había hecho de aquel un lugar de paso habitual. Más allá descansaba lo que parecía la boca de una cueva, ahora cubierta parcialmente por la exhuberante, copiosa vegetación, ansiosa siempre por escalar por todo y cubrirlo todo. "Bien, vamos allá," se limitó a decir una vez todos estuvieron en disposición de partir hacia la cueva. Meterse en un lugar como aquel, en plena naturaleza, donde podían perderse, quedar atrapados o ser emboscados con tanta facilidad, era lo último que se hubiese esperado cuando recibió la llamada de Harrison horas antes, y, desde luego, no era algo que estuviese deseando hacer. La espeleología era una de esas cosas que él, personalmente, consideraba que podía morir sin practicar. Sin embargo, el deber llamaba, y cuando el deber llamaba, había poco que contestar. Echó a caminar al frente de la formación a través del transitado sendero, sus ojos grises constantemente examinando sus alrededores, hasta que se plantaron frente a la entrada de la cueva. Había algo inquietante en aquella oquedad, negra, cuyo interior parecía amortiguar cualquier sonido. No era, o desde luego no parecía, claustrofóbica, aunque sabía bien que aquello podía cambiar en cuestión de unos pocos metros. "Bien, División, las órdenes han sido claras. Entrar, tomar las flores y salir. Si lleváis guantes, usadlos. Si no, improvisad algo, usad un pedazo de tela, lo que sea; evitad tocar directamente cualquier cosa en el interior de la cueva," afirmó, ciñéndose sus propios guantes tachonados con decisión. Aún podía oler el penetrante olor que desprendía el mejunje de nicotina que habían improvisado. "Las cuevas son lugares ideales para ser emboscados, y es más que probable que algún depredador haya hecho de esta su nido, así que id con mil ojos. Kibai, Moja, vuestra visión nos va a ir de perlas," afirmó, haciendo un ademán a los dos minks, entornando los ojos. Claramente estaba visualizando un plan. "En cuanto la cueva se estreche, iremos en formación. Yo iré primero," declaró. No le hacía ni puñetera gracia ir el primero en mitad de la oscuridad, pero era parte de su responsabilidad. "Bertram irá el último, cubriendo la retaguardia, y listo para disparar. Vosotros dos iréis en medio, avisándonos de todo. Seréis los ojos, el olfato y el oído de la División," razonó. La formación era la natural para un caso como aquel, en que las piezas más clave para el movimiento de la formación al completo iban acolchadas el frente y la espalda, con la posibilidad de coordinar el movimiento de los cuatro. Normalmente vacilaría a la hora de confiar su suerte de aquella manera a alguien más, pero conocía a sus compañeros. "De momento, vamos a ser prudentes con el uso de cualquier tipo de fuego, en caso de que haya poco oxígeno en el interior. Vamos allá, División 60 de la Marina," declaró, no sin cierto orgullo por sus hombres, antes de apartar con cuidado la maleza que cubría parte de la entrada y aventurarse al interior de la cueva.
Información
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Kibai - 26-02-2026 -Es una pena… Daremos un parte de baja de los miembros que fueron en misión…-
Aquellas palabras resonaron en Kibai hondamente, haciéndole apretar los puños. Las familias de los miembros de la División no recibirían nada, ni un cuerpo que llorar, ni un recuerdo de sus seres queridos. — Tan solo un parte de baja... Para eso quedamos. — pensó mientras el latido en su sien derecha incrementaba su intensidad.
Agitando la cabeza para despejar sus pensamientos, el mink procuró concentrarse en las siguientes palabras de su superior, que les encargó a ellos la misión de encontrar la fuente de aquellas plantas, que se encontraba en una cueva cercana. Al moverse hacia allí, Kibai comprobó que la luz desaparecía a los pocos pasos de entrar. Allí dentro, Moja y él no tendrían demasiados problemas, pero rapidamente comprendió que estarían en desventaja si algo malo pasaba.
— Y yo no estoy en las mejores condiciones del mundo...
Aparte de notar como su corazón latía bastante más rapido de lo que debería; y que el latido de su sien, aún aplacado momentáneamente por la mecla disuelta de coco y maiz prehistórico que se había tomado, parecía volver a cobrar intensidad; un nuevo picor lllevaba un buen rato extendiéndose por su cuello, de modo que Kibai procuró ceñirse bien el forro de pelo de su capa para cubrirlo lo mejor posible. En estos momentos, no podían permitirse distracciones.
El aguantaría, por su División, por sus compañeros caídos, y por su propio orgullo como mink y marine.
Stroud, tras cuadrarse ante el Den Den Mushi (lo cual requirió de todo el autocontrol de Kibai para no poner los ojos en blanco) organizó a toda la División 60 en un esquema parecido al que habían usado para avanzar por la selva (y que había funcionado bastante bien, todo había que decirlo) con el propio comandante al frente, Moja y Kibai a sus costados, y Bertram cubriendo la retaguardia.
Ante el consejo de su superior de usar guantes o al menos improvisar unos para poder moverse concierta seguridad en el entorno dónde crecía la flor de marras, Kibai se alejó hacia una de las tiendas. Si bien las protecciones de sus piernas mantendrían sus pies a salvo, necesitaba algo para sus manos, y tenía claro lo que pensaba usar. Casi como si fuese un símbolo de homenaje, cortó con Raimei unos cuantos trozos de la tela de la tienda, envolviéndolos en sus manos, asegurándose de dejar el logo de División 86 bien visible en el dorso.
— Puede que vosotros no lo lograseis compañeros... — pensó con una sombría determinación mientras terminaba de darle vueltas a la tela y la ceñía en un tenso nudo. — pero tened por seguro que nosotros terminaremos vuestra misión.
Cuando ya Stroud se disponía a cruzar la oscura entrada de la cueva, Kibai se adelantó, posando suavemente una mano en su hombro, bajando el rostro para terminar de ocultar su cuello.
— Señor, si no le importa, no soy quien para decirle como debemos movernos, pero deje que nuestra avanzadilla vaya delante, por si acaso. Al fin y al cabo, son bastante menos ruidosas y visibles que usted o que yo...
Con un silbido, Kibai convocó a las avispas que habían seguido pululando por el campamento y las organizó en una formación de punta de lanza, disponiéndolas por delante de Stroud, cubriendo el túnel a lo ancho de extremo a extremo. Acto seguido, las avispas, a una orden mental de su señor, comenzaron a avanzar hacia la oscuridad, atentas a cualquier peligro y prestas a regresar para dar la alarma a la División.
— Puedo darle una cobertura de unos dieciocho metros, si me mantengo cerca de usted, señor. Eso bastará para detectar cualquier peligro.
Con aquellas últimas palabras, Kibai se cruzó de brazos, aguardando a que Stroud comenzase a avanzar.
La Caja de Pandora
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Moja - 27-02-2026 Moja escuchó en silencio cada palabra que cruzó el Den Den Mushi, manteniendo el cuerpo erguido pero relajado, como si el peso de la noticia no le afectara en apariencia. Sin embargo, sus ojos dorados se oscurecieron ligeramente cuando la capitana confirmó la desaparición oficial de la División 86. No hizo comentario alguno mientras se dictaba el parte de baja; no era dado a cuestionar decisiones estratégicas en voz alta, y menos en un momento en que la información aún estaba incompleta. Aun así, su mirada se desvió brevemente hacia las tiendas rasgadas y la tierra manchada, y en ese gesto silencioso había una promesa implícita: si existía siquiera una mínima posibilidad de que alguien hubiese sobrevivido, no la ignoraría. Cuando se confirmó que la flor era el verdadero objetivo y que su origen se encontraba en una cueva cercana, Moja giró el rostro hacia el sendero apenas visible tras la última carpa caída. Sus pupilas se ajustaron a la sombra proyectada por la vegetación, evaluando la inclinación del terreno y la frecuencia de las huellas. Se acercó sin decir nada, agachándose para examinar la tierra prensada. Pasó la mano enguantada sobre una zona concreta, notando la profundidad desigual de las pisadas humanas, algunas más recientes que otras pese a los meses transcurridos. No era un simple tránsito científico; había prisa en ciertos tramos, desorden en otros. Cuando Stroud organizó la formación, Moja asintió con un leve movimiento de cabeza, aceptando sin discusión el lugar asignado en el centro. Ajustó sus propios guantes con calma metódica, comprobando la sujeción en las muñecas y asegurándose de que no quedara piel expuesta. Luego se llevó una mano al cinturón y extrajo una tira adicional de tela, reforzando la protección en los nudillos, no solo por el combate, sino por el posible contacto con la flora contaminada. Observó cómo Kibai improvisaba protección con la lona de la División 86 y no comentó nada al respecto, aunque sí inclinó levemente la cabeza en señal de comprensión. Aquello no era solo protección, era respeto. Antes de que Stroud avanzara hacia la entrada, Moja dio dos pasos al frente, acercándose lo suficiente como para hablar en voz baja sin romper la concentración general. -Comandante- dijo con tono sereno y contenido, -si la flor requiere oscuridad para florecer, es probable que su concentración aumente a mayor profundidad. El aire podría estar saturado en zonas cerradas. Conviene controlar la respiración y evitar esfuerzos innecesarios hasta evaluar el interior.- No añadió nada más, no era su estilo extenderse cuando el punto estaba claro. Sus ojos se desplazaron hacia la boca negra de la cueva, analizando la disposición de la maleza que la ocultaba parcialmente. Luego, sin esperar indicaciones adicionales, creó discretamente dos flechas vectoriales que quedaron suspendidas a su espalda, preparadas para impulsarlo en espacios estrechos o para bloquear un ataque inesperado desde la penumbra. Cuando las avispas de Kibai comenzaron a internarse en la oscuridad, Moja dio un paso más hacia el umbral y entrecerró los ojos, afinando oído y olfato. El interior absorbía el sonido de forma antinatural, y esa ausencia le resultaba más inquietante que cualquier rugido previo. -Mantendré atención al suelo y las paredes- añadió finalmente, dirigiéndose a Stroud sin apartar la vista del interior. -Si hay marcas recientes o variaciones en la roca, lo avisaré de inmediato.- Después guardó silencio. Adoptó una postura ligeramente más baja y flexible, listo para avanzar cuando se diera la orden. La oscuridad no le intimidaba, lo que le preocupaba era lo que pudiera estar esperándolos en ella.
Información
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Bertram Gaufrid - 28-02-2026 El joven pelirrojo se encuentra junto a sus compañeros en una misión delicada y amarga, pues su objetivo es descubrir qué le ocurrió a una división marine que dejó de responder hacía ya cinco meses, algo que provoca que el contramaestre se moleste un poco con los altos cargos, no es normal que dejen abandonados a miembros de una división de investigación por cinco meses, lo suyo hubiera sido enviar un grupo de rescate a la semana como mucho de ausencia de respuesta, no esperar 5 meses en los que probablemente se habrán sentido abandonados e ignorados por sus superiores, quienes parecen estar más preocupados de un dichoso tesoro natural que del bienestar de sus propios hombres. Cuantas más vueltas da el arquero al suceso más parece que lo que buscan es en efecto la planta dibujada, y si es así más motivos tiene para estar molesto, no parecen querer tener en cuenta los riesgos de usar esa planta ni de las consecuencias que puede haber para el cuerpo incluso si sale bien y no se vuelve tóxico. Cuando la capitana ante el informe de Stroud anuncia que darán un parte de baja a los miembros de la división que desapareció, el arquero aprieta con algo de fuerza su arco, controlándose para evitar dañar su arma durante una misión y quedar completamente indefenso, sin embargo el propio contramaestre no está del todo seguro que estén todos muertos, no descarta la posibilidad de que alguno, sino todos, hayan logrado escapar dejando todo atrás para mantenerse con vida ante un ataque inesperado y sorprendentemente organizado, siendo que la organización que tienen esas criaturas y el hecho de que la destrucción del campamento parece focalizada es lo que sigue haciendo que el joven sospeche que haya algo más detrás de todo eso, como si alguien estuviese controlando a las criaturas, alguien que conoce las características de las plantas y haya preparado la mezcla adecuada para que esos grandes lagartos hayan tenido semejante brote de energía. Dejando de lado la rabia y frustración que siente en este momento el arquero pelirrojo hay que seguir las órdenes, y ahora la capitana da por confirmada la desaparición, que no muerte, de la división 86, por lo que toca pasar a la segunda parte de la misión encargada a los marines de la división 60, encontrar la fuente de esa planta y extraerlas, siendo que al parecer crecen en la oscuridad de una cueva cercana al campamento. Bertram suspira mientras se rasca tras la cabeza, un gesto más frecuente cuando las circunstancias suponen una molestia mayor a lo habitual, mayormente debido a decisiones estúpidas de otras personas que provocan que él y sus compañeros se vean envueltos en situaciones complicadas y molestas, tal y cómo es la situación actual de la división 60, una situación evitable si los superiores hubieran hecho las cosas bien y enviado gente antes a comprobar el motivo del cese de comunicaciones en lugar de esperar cinco meses. Así también hubieran aumentado las probabilidades de encontrar a la división 86 viva y preguntarles directamente por los avances en la investigación y ayudarles a terminarla. En el momento que finaliza la llamada, Stroud da la orden de avanzar a la cueva en la que se supone encontrarán el dichoso tesoro, siendo que el contramaestre está deseando terminar de una vez con esta investigación y luego terminar con algunas construcciones que tiene en mente antes de poner rumbo a la siguiente isla. Ahora viene el problema, ni Stroud ni Bertram tienen la capacidad de ver en una cueva oscura con tanta facilidad como los minks Moja y Kibai, por lo que la situación se puede complicar bastante si no van con cuidado, además, no saben las condiciones en el interior de la cueva por lo que usar lámparas de aceite o antorchas está descartado. Ante la posibilidad de verse afectado por cualquier tipo de toxina en el interior de la cueva Kibai usa las propias tiendas para cubrir sus manos, dejando el símbolo de sus compañeros caídos a la vista en honor a ellos, mientras que el arquero mantiene sus ojos atentos a todo el entorno, aprovechando su percepción detallada y su facilidad para discernir cosas ocultas o fuera de lugar. El grupo de marines avanza coordinada y decididamente hacia la cueva en la que se encuentra la flor que tienen que extraer, pero antes el arquero hace lo mismo que su compañero Kibai y aprovecha la tela de las tiendas para improvisar unas vendas con las que cubre totalmente sus manos manteniendo total libertad para poder usar su arco sin mayores complicaciones. Conforme se acercan a la cueva queda más claro que la visibilidad va a ser nefasta, siendo que Kibai se adelanta un poco al comandante y manda sus avispas por delante para que hagan de avanzadilla y les adviertan de posibles amenazas antes de que los tome por sorpresa. Igualmente, Bertram dice desde su puesto en la retaguardia -En caso de ser necesario puedo tomar una flecha y cargarla de electricidad, no es lo mismo que una antorcha, pero al menos nos dará una ligera claridad para ver mejor una vez estemos cerca de la zona donde posiblemente esté la flor, sir.- Los ojos de Bertram se mantienen atentos a todo lo que rodea, al mismo tiempo que sus oídos permanecen alertas a cualquier indicio de peligro por la parte posterior, y tal y cómo aprendió en sus tiempos de cazador, cada vez que se adentra a una zona desconocida en el que intuye habrá un mínimo de peligro el joven lleva su arco en mano y una flecha ya preparada para disparar en caso de que sea necesario, reduciendo enormemente el tiempo de actuación ante una amenaza repentina. Parte de la atención de Bertram está en Kibai, algo le dice al arquero que su compañero está soportando algo en silencio para no preocuparles, pero sus ojos e instintos le dicen que algo oculta.
Pls read me
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Kenzo D. Fujiwara - 01-03-2026 El bueno de Stroud fue el primero en aceptar cuando la orden de la capitana Trixxie se quedó en el aire como un juramento al que no se le puede fallar. No hubo dudas, la misión estaba clara y había que ponerse a trabajar. Rápidamente, el comandante se puso a analizar el terreno con aquella precisión analítica que le había dado la experiencia, y comenzó su marcha por aquel camino en el que la División 86 había dejado sus huellas. La formación que seguirían era la que llevaban siguiendo desde el principio de la misión. El comandante Stroud iría en cabeza, asumiendo el riesgo y marcando el ritmo. Tras él, Kibai y Moja irían analizando con su olfato, vista y oido privilegiados, y por último, cerrando la formación, Bertram, con su fría paciencia de cazador. No hubo discursos motivacionales ni charla, solo miradas de comprensión. Tras prepararse, Kibai ordenó a sus insectos que se adelantaran una vez llegaran a la cueva, y tras adelantar a Stroud, formaron una avanzada zumbante que sin dudarlo un segundo, se adentraron en la penumbra, y tras ellas, la División 60 se adentró en la cueva, dejando atrás la luz del exterior. Apenas cruzaron el umbral de la cueva, pudieron notar como el aire cambió. La humedad se volvió más densa, impregnada con un olor como a tierra con algo artificial, casi metálico. Y como una descarga eléctrica, la información llegó a Kibai gracias a sus insectos en avanzadilla. Había gente dentro, no un grupo extremadamente numeroso, pero si mediano, entre nueve y diez persona, distribuidas en un espacio más amplio al fondo de aquel túnel. Tanto Kibai como Moja, que poseían unos sentidos más agudos que el resto, podían distinguir aquellos sonidos. Un sonido constante, rítmico, como el de una aspiradora que observa algo con cierta insistencia. Eso no podía ser natural. Eso era artificial. A medida que avanzaban, aquella oscuridad se fue disipando en una claridad natural. Era algo extraño. Una mezcla entre lo natural y lo artificial. Los dos minks también podían divisar algunas siluetas, manos manipulando herramientas y cuerpos que se desplazaban de un lado a otro. Las voces, por otro lado, comenzaron a escucharse con un poco más de claridad. Se escuchaban algunas ordenes breves, comentarios prácticos y algunas frases de bromas entre compañeros. Finalmente, cuando dejaron aquel último tramo del túnel, la cueva se pudo abrir ante ellos en una cámara gigantesca que parecía latir con vida propia y contradictoria. El techo se alzaba en una bóveda completamente irregular, y en uno de sus extremos se podía ver una abertura natural que permitía la entrada de luz natural. Si no hubiese gente, probablemente sería un sitio completamente mágico, pero en ese momento parecía un laboratorio improvisado. En el centro de aquel lugar, había un manantial de agua clara. Las paredes, cubiertas de raices y salientes completamente mojados, estaban llenas por unas flores moradas que colgadas de hiedra viva, o eso era lo que debía de haber. Ahora las paredes estaban completamente vacías, con algunos aparatos electrónicos incrustados en la pared. Lo que podría haber sido una postal de ensueño, era una imagen para olvidar. Y los culpables de aquellos hechos, eran los que estaban allí. Se podían ver a ocho personas que trabajaban con disciplina, llevando mascarillas que se ajustaban a la cara y una especie de mochila transparente adherida a su espalda. Desde cada depósito, se podía ver como salía un tubo flexible que terminaba en una boquilla de succión del que salía aquel zumbido que habían escuchado anteriormente.
Imagen del lugar
Y sentado sobre una de las rocas que sobresalían y se elevaban, se podía ver a un hombre, de porte relajado y presencia completamente firme que revisaba unos mapas que estaban desplegados sobre sus rodillas. No parecía ser un simple trabajador, sino que se notaba que era el que mandaba. Fue él, quien sin necesidad de sobresaltos ni gritos, percibió la llegada de la División 60. Sin alzar la vista de aquellos mapas, levantó la mano izquierda con cierta parsimonia, y cerrando la mano, los ocho hombres pararon su actividad.-Chicos… ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que hay más gente por aquí de la que debería?- Anunció, con un tono cansado. Suspiró profundamente y levantó la cabeza, mirando a uno de sus chicos. -Eh, Jonh. ¿Dónde están Lornie y Doug? ¿No deberían estar vigilando la entrada?- Aquella pregunta se quedó flotando en el aire, ya que nadie respondió. Bufó de cansancio y se levantó. Guardó sus mapas en su bolsillo trasero del pantalón y se llevó la mano a la sien izquierda, presionando con los dedos índice y corazón. -En fin, chicos, recojan todo y váyanse ya de aquí. Depositen las cajas en el barco, avisen al equipo de defensa y vayan zarpando. Yo me encargaré de nuestros invitados.-
El hombre misterioso
Los trabajadores de mochilas transparentes, ni se atrevieron a discutir. Sin ni un solo atisbo de vacilación, aquellos hombres acataron las ordenes. Apagaron los dispositivos y comenzaron a cargar las cajas repletas de flores con movimientos rápidos y coordinados haciendo una cadena hasta que las cajas se perdían de vista. Finalmente, uno a uno comenzaron a desaparecer los trabajadores, dejando atrás solo el eco de sus pasos. Mientras tanto, el hombre de los mapas comenzó a dirigirse hacia donde estaba la División 60 con pasos tranquilos, completamente despreocupados, hasta detenerse y quedarse a unos quince metros de ellos. Mostraba una postura relajada. -Hola, muy buenas. ¿En qué puedo ayudarles? ¿Se han extraviado? ¡Pero pueden salir de su escondite, eh! Tienen que volver sobre sus pies, aquí no hay nada que les interese.- Su voz parecía suave y amable, aunque se podía notar cierta burla en su tono. Aunque no lo pareciera, no había nada de hospitalidad en sus ojos, simplemente quietud, o evaluación. Aquel hombre, no parecía nervioso por la superioridad numérica que había cedido al enviar a sus trabajadores afuera. Todo lo contrario, actuaba con mucha más seguridad, como quien ha simplificado el tablero de juego para disfrutar de la partida.
Resumen
Situación de Kibai
Próximo turno
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Stroud Nanashi - 01-03-2026 Durante el avance a través de la cueva, Stroud pudo percatarse de cómo cambiaba gradualmente el aire de la misma. Sus ojos grises volvieron atrás de cuando en cuando, echando un vistazo a sus compañeros y cerciorándose de que la formación permanecía intacta en el trayecto. En el instante en que empezaron a oír voces, hizo un gesto para continuar la marcha y que todos los miembros de la División se desplazasen en el más estricto silencio. Lejos de encontrar alguna clase de dinosaurio en el interior, parecía que se iban a encontrar con otro tipo de depredador. La estancia que acabó por abrirse ante ellos resultaba casi grotesca; las plantas y las lianas habían sido sustituidas por extrañas máquinas y trabajadores que las operaban. Con sus guantes tachonados ceñidos, hizo primero un gesto en que dibujó varios círculos en el aire, indicando que se aproximasen todos, cerrando la formación, y dirigió la palma de la mano izquierda hacia el suelo repetidas veces, indicando a sus compañeros que se agachasen y se mantuviesen a cubierto por el momento. Los ojos de Stroud recorrieron el lugar de un lado a otro, analizándolo, buscando... algo. Podía percibir que se aproximaba una situación de peligro; su primer instinto era tener el medio bajo control. Cuando el tipo, fuera quien fuese aquel mandamás, hizo evidente que ya se había percatado de la presencia de los Marines, el joven apretó los labios con resignación. A medida que aquel hombre ordenaba a sus empleados que cargasen todo en la nave, Stroud hizo un gesto a sus compañeros para que aguardasen. Aún no. Era evidente que aquel tipo había tenido algo que ver con lo que fuese que hubiera ocurrido allí. Sin embargo, sabía ya que no vacilarían. Golpearían con todo, sin dejar nada a la suerte; la Justicia no podía permitirse titubear. Los caídos de la división científica no merecían menos. "Kibai, Moja, a mis flancos. Bertram, atento a mi señal" susurró de forma casi inaudible, tapándose la boca, a sus compañeros, justo en el instante en que el hombre empezó a acercarse hacia el grupo. Salió del pasillo en que habían permanecido a cubierto, recortando la distancia con el tipo, mostrándose sin pudor alguno, su mentón ligeramente alzado frente al hombre, situándose a unos diez metros del mismo, dando tiempo a los demás para que organizasen su formación. Como de costumbre, sus manos permanecieron entrelazadas, en pose marcial, tras su espalda. Sabía que los flancos y la retaguardia estaban cubiertos. Él sería la vanguardia. Confiando en que Bertram lo vería, su mano izquierda hizo una señal de ahora, dando a entender a Bertram que se había llegado el momento. Confió en que, el momento en que sus dedos se habían extendido tras su espalda, una saeta ya iba de camino hacia aquel tipo. El tipo era significativamente más alto que él, por lo que no necesitaría agacharse para hacer camino a ningún proyectil que viniese por su espalda. "División 60 de la Marina. Queda bajo arresto de forma inmediata. Capillarian Crest," anunció en su característicamente monótona voz, mientras bajo el blanco uniforme y los guantes, su misma piel empezó a convulsionar levemente, justo antes de, sin pronunciar una palabra más, correr a toda velocidad hacia el hombre, recortando la distancia restante, y, en un movimiento seco, cargar un potente uppercut con su puño derecho hacia su mandíbula, exclamando "¡Jawbreaker!", justo antes de culminar con un crochet con la izquierda en su sien derecha.
Información
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Bertram Gaufrid - 02-03-2026 El joven contramaestre sigue creyendo que dar por muertos a todos es precipitado, puede que alguno haya logrado escapar y sobrevivir cazando y de recolección en el bosque, pues siendo científicos es posible que si alguno de ellos logró escapar al ataque supiera cómo sobrevivir en esa clase de situaciones por unos cuantos meses. Realmente no es raro que los marines tengan un entrenamiento básico en supervivencia preparándolos para este tipo de situaciones. A pesar de ello, el marine no tiene poder ni cargo suficiente para contradecir una orden directa de una capitán, siendo Stroud el más cercano a ello. Cuando la capitana da la orden ninguno se opone, seguramente todos tendrán su opinión sobre el darlos ya por muertos o no seguir indagando en su paradero por centrarse en encontrar las malditas flores que son la causa de todos los problemas de la zona, desde el ataque de los dinosaurios, la muerte de varios animales, incluso la desaparición de la división científica. Internamente una voz del arquero le dice a gritos que deben ir a buscar a los marines perdidos, que no era tarde para buscar supervivientes y que mientras no hubiera una prueba irrefutable de su muerte debían seguir buscándolos, tanto por los propios marines cómo por sus familias, que seguramente esperan verlos de vuelta cuando terminen con su investigación. Pese a ello el arquero mantiene su compostura y no se separa del resto, estudiando el entorno con ojos analíticos hasta encontrar la cueva por la que entran manteniendo la misma formación que de costumbre, las avispas de Kibai por delante para que puedan avisar si hay peligro antes de que los propios marines se vean expuestos a ellos, de esa manera aumentan la probabilidad de éxito y reducen los riesgos considerablemente. El avance a través de la cueva lo hacen manteniendo la formación de forma coordinada, sin necesidad de hablar, solo una mirada les basta para coordinarse a la perfección, casi cómo si llevaran toda la vida trabajando juntos, fruto de todo lo que pasaron desde que se reunieron en Isla Karate al recoger a Moja. Nada más entrar en la cueva el ambiente cambia notablemente; el aire está más cargado de humedad, una humedad más densa e impregnada de un aroma que parece una mezcla de tierra con algo artificial, algo que no debería estar allí, lo cual refuerza la teoría del cazador de que el ataque fue cosa de humanos, no de bestias por su cuenta. La división sigue avanzando con cautela, siendo que el arquero mantiene todos sus sentidos alertas, pero sobre todo, mantiene la vista atenta a cualquier detalle que pueda indicar peligro o dar una pista de quién está tras todo lo sucedido y del paradero de los marines desaparecidos. El arquero apenas y percibe el camino en la penumbra, su visión para nada preparada para ese tipo de entornos, siendo que poco a poco sus ojos se adaptan para poder ver con una mínima claridad en la cueva. Conforme el grupo avanza la oscuridad se va disipando por una luz natural, seguramente estarán llegando a una especie de galería abierta probablemente el lugar que les interesa por las plantas. Cuando finalmente logran ver la estancia en la que desemboca la cueva la escena provoca que el arquero sienta un impulso poco frecuente, quiere provocar un enorme dolor al responsable de destrozar una zona natural de esa manera, Ante la escena Stroud hace una señal para que todos se reúnan y dar las indicaciones en un tono de voz lo suficiente alto para que los marines escuchen, pero lo bastante bajo para que nadie más pueda percatarse de ello. Con eso en mente el contramaestre toma su arco y se mantiene en la retaguardia, esperando la señal de su comandante y atento a la figura que parece ya saber de su presencia y por ende ordenó al resto de los hombres que se retiraran con lo que serían las plantas. Stroud avanza impasible como siempre, cualquiera diría que carece por completo de emociones, pero eso viene bien para estos momentos, pues no desvela sus intenciones. El joven pelirrojo se mantiene atento a Stroud, y puede ver que el sujeto es más alto que el rubio por lo que tiene un campo de visión bastante bueno para un disparo limpio, y más teniendo en cuenta que el arquero se posiciona desde un lugar más al lateral del enemigo, sin tener a Stroud totalmente de frente mientras inspira y expira con calma tomando tres flechas para estar listo. En el momento que Bertram ve los dedos de Stroud estirarse dos flechas salen disparadas de su arco, ambas cargadas con electricidad adquiriendo un brillo azul a la vez que un grito resuena -Zwillingsblitze- Cada una de las flechas van a uno de los hombros del sujeto, el objetivo es reducirlo e interogarlo, al menos esa es la intención de Bertram, pues si alguien sabe lo que sucedió a la división 86 es él. Igualmente el arquero lanza una tercera flecha cargada de electricidad directamente a su costado, buscando aumentar el daño y hacer que tenga que no pueda procesar fácilmente los ataques que le van llegando. Tras eso el joven marine dice en voz calmada -Sabía que había alguien detrás de todo esto, sir.-
Pls read me
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Moja - 02-03-2026 Moja no necesitó que se repitiera la orden cuando Stroud susurró su posición en la formación. Se deslizó hacia el flanco asignado con la naturalidad de quien entiende el ritmo del combate antes de que este estalle por completo, manteniendo el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante y los hombros relajados, preparado para reaccionar en cualquier dirección. Sus ojos dorados se fijaron en el hombre de los mapas mientras este despedía a sus trabajadores con una calma que no era arrogancia vacía, sino seguridad medida. Moja no perdió tiempo observando a los operarios que se retiraban con las cajas; su atención estaba centrada en el único individuo que permanecía, aquel que había simplificado el tablero con intención deliberada. Mientras Stroud avanzaba para asumir la vanguardia, Moja ajustó imperceptiblemente la posición de sus pies, calculando ángulos, distancias y posibles trayectorias de evasión. Percibió el leve desplazamiento del aire cuando las flechas eléctricas de Bertram cruzaron la estancia y, en el mismo instante en que Stroud inició su carga frontal, Moja activó su propio movimiento. La electricidad recorrió su cuerpo como una corriente viva cuando liberó su Electro, no en una descarga descontrolada, sino en una activación precisa que tensó cada fibra muscular y agudizó sus reflejos hasta el límite. El vello de su pelaje se erizó levemente, y un brillo tenue, casi imperceptible para ojos no entrenados, recorrió sus extremidades mientras la energía se distribuía de forma uniforme. No era un estallido espectacular, sino una optimización absoluta de su capacidad física; el mundo pareció desacelerarse en torno a él, cada movimiento del hombre misterioso, cada vibración del suelo, cada chispa residual en el aire se volvió nítida y medible. Aprovechando la distracción generada por el asalto frontal y la presión de las flechas eléctricas, Moja se impulsó con una de sus flechas vectoriales colocada estratégicamente a su espalda, utilizándola como punto de lanzamiento para trazar una trayectoria oblicua que lo llevó fuera de la línea directa de visión del adversario. Se desplazó a gran velocidad por el lateral, manteniendo el cuerpo bajo y el centro de gravedad estable, hasta colocarse en el costado del hombre misterioso a una distancia óptima de ataque. No buscaba un choque inmediato cuerpo a cuerpo, sino un punto de impacto limpio y decisivo que complementara la ofensiva coordinada de la División. Sus manos se alzaron en perfecta sincronía mientras generaba cuatro flechas vectoriales, dos con cada palma, concentrando la energía con precisión quirúrgica. Sin detener su avance, proyectó estas hasta un máximo de diez metros, calculando la intersección exacta en el torso del objetivo, de modo que convergieran en un mismo punto con una trayectoria cruzada imposible de bloquear con un simple movimiento lateral. -Aro Aro Cross doble- pronunció con voz firme, sin elevar el tono, como quien ejecuta una técnica ensayada mil veces pero aplicada con intención real de neutralización. Las cuatro flechas surcaron el aire desde ángulos opuestos y se cruzaron en el instante preciso en que alcanzaron el costado del hombre, impactando en el mismo punto con una fuerza acumulada que buscaba atravesar defensa y equilibrio en un solo gesto.
Información
RE: El tesoro de Little Garden [Aventura T4] [Presente Absoluto] - Kibai - 03-03-2026 Kibai recibió los impulsos de información de sus insectos, extrañado al ver los equipos mediante los cuales operaban aquellos hombres alrededor de los sacos y cajas cargados de flores. Sin embargo antes de que pudiesen estudiar más la situación, el hombre que parecía el líder (curiosamente el único que no llevaba ningún tipo de máscara de protección) se levantó tranquilamente anunciando la presencia de extraños en la cueva.
El mink arrugó el entrecejo, extrañado. ¿Como era posible que…?
— Es como el capitán Senjuru…
El hombre que lo había rescatado y traído desde el Grand Line siempre había hecho gala de su capacidad para saber que era él quien estaba punto de llamar a su puerta. Si tenían delante a un enemigo así, iban a tener que emplearse a fondo. Con un gesto de la mano izquierda, Kibai liberó diez avispas más, mientras que las ochenta que había enviado como avanzadilla volvían zumbando hacia su amo y se unían a sus nuevas hermanas, colocándose todas firmemente sujetas bajo la capa del Marine, distribuyéndose por su espalda.
La voz de Stroud, formal y concisa, lo sacó de sus recuerdos:
Kibai, Moja, a mis flancos. Bertram, atento a mi señal
Con un leve gruñido de asentimiento, Kibai se desplazó a la derecha del Comandante, mientras apartaba la capa de la empuñadura de Raimei, crujiendo su cuello a izquierda y derecha.
La cabeza aún le dolía, y notaba como su pecho palpitaba más fuerte de lo que debería, pero parecía como si el veneno fuese poco a poco estabilizándose en su sistema, aunque a su organismo le estaba costando lo suyo combatirlo. Si alguien le hubiese puesto un termómetro, de seguro le hubiese ordenado guardar cama. Pero el mink no era de los que se quedaban tumbados si había una misión que hacer.
Por ello, cuando Stroud activó su Akuma no mi y se lanzó hacia delante, Kibai no dudó en seguirlo. Cerrando los ojos un momento, el mink buscó la puerta mental que contenía el poder de su raza y sin dudarlo, liberó la energía que mantenía a raya. Un sordo dolor en los riñones le golpeó, haciendo que sus garras de manos y pies saliesen de golpe, a la vez que sus pupilas se dilataban hasta casi cubrir el iris, mientras todo su campo de visión se volvía afilado, con cada color y forma resaltando sobre el fondo. Por el rabillo del ojo, percibió como su pelaje comenzaba a emitir chispas azules a lo largo de todo su cuerpo. Con un sordo rugido, y salió en pos de Stroud.
Al acercarse al hombre, su pelaje se erizó al ver pasa por encima de su cabeza las dos flechas de Bertram, pero decidió no desviar su trayectoria aún. SI aquel tipo era la mitad de perceptivo que el capitan Senjuru, necesitaba ser preciso. A su costado, Moja les dobló, impulsado por una de sus flechas, buscando golpear el costado de aquel hombre. No era una mala idea, nadie, por mucho que lo intentase, podía mirar a dos sitios a la vez. O, si las cosas salían como pensaba Kibai, a cuatro.
Por eso, en lugar de desplazarse a un lado se mantuvo corriendo paralelo a Stroud hasta el último momento, en el que el Comandante ejecutó su técnica Jawbreaker, momento en el que Kibaise desplazó hacia su derecha, desenvainando a Raimei. Al pasar por el flanco del hombre, lanzó una patada rasante contra la pierna derecha de su adversario, inclinando la cabeza hacia atrás para esquivar los impactos de las flechas de Moja.
Una vez superada la posición de su enemigo, Kibai dio un salto, llegando hasta la pared de la cueva, y, como había hecho otras veces antes, contrajo sus piernas como un muelle, lanzandose de vuelta contra él, envuelto en una nube de rayos azules.
¡¡¡GEKKO NO ISSEN!!!
Como una exhalación, el mink cruzó de vuelta el espacio que lo separaba de aquel hombre, lanzando un tajo contra su espalda.
La caja de Pandora
Contenido Oculto
Contenido Oculto
Contenido Oculto
|