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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Seraphine Soyer - 22-04-2026 [personajeinvalido=3367] No supo exactamente qué pensó en cuanto lo vio aparte de la absurda alegría que sintió al ver su compañero de piel azul, con su vista alterada por culpa de las lágrimas que aparecieron en sus ojos, dándose cuenta en ese momento lo oscuro y frío que su mundo parecía sin la compañía de su tripulación, resultando de pronto, Kazan más rápido con las muestras de afecto cuando solía hacer al revés, estiró su brazo para corresponder, hundiendo su rostro contra la superficie más cercana de Kazan, casi sintiéndose como un cachorro, que buscaba marcar su territorio por si alguien tuviese la estúpida idea de separarlos otra vez. Y asintió varias veces a su pregunta. —Tu también. Le escribió con un dedo sobre el brazo más cercano. La alegría de Seraphine no tardó demasiado en agrandarse al ver a la rubia también, estirando sus brazos hacia ella, la skypean casi se cae hacia atrás por la diferencia de fuerza y ánimos de la gyojin, a lo que soltó una pequeña risita divertida, abrazándola con toda la fuerza que pudo reunir, haciendo lo mismo que hizo con Kazan, frotando toda su mejilla contra la de la mujer, aunque cuando mostró su intención de apartarse de su lado, no pudo evitar inflar un poco sus mejillas, mostrando indicios de seguirla hasta que sus palabras se detuvieron, llenando todavía más sus mejillas de aire y sacudió sus puños, casi pareciendo decir que debían de quedarse juntos, nada de separarse. [...] —Me estoy mareando— Seraphine no tenía la mejor cara, pálida, buscó mantenerse lo más cerca posible de Kazan, el mareo siendo evidente y de paso, el temor también era notable, casi pareciendo que quisiera dar la media vuelta, para volver a la isla, ya que la muerte a manos de Jari parecía menos dolorosa que la que tendrían si el barco se hundiera del todo y pegó su cabeza entre los hombros al ver cada vez más los destrozos. —No me gusta, no me gusta… De haber sido posible, habría soltado un grito cuando vio los relámpagos, tampoco ayudando que la lluvia mojase su largo cabello, pegando a su piel, casi pareciendo un enorme perro afgano mojado. —Kazaaan— Sus brazos se aferraron a su enorme pierna, mirando con un ojo lo que ocurría a su alrededor, dejando escapar un ligero suspiro de alivio al ver que parecían estar cada vez más cerca de llegar.
—Información
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Juan Sebastian - 22-04-2026 —Hablo—
—Pienso—
Salida de Kutsukku
Poco después de que subiéramos al barco, cierto pervertido a quien había extrañado más de lo que me gustaría admitir —¡¿Esto era el parque?!— Mencioné con asombro. Debido al estrés de la situación, ni siquiera me había fijado en ese hecho —Hmmm… Tienen que mejorar el servicio, eso sin dudas—. Enji había traído a lo que parecía ser un hombre-pingüino a juzgar por la estatura y forma ¿Acaso esa cosa era a la que le tocó enfrentar a él? Entonces, mi querido amigo se dirigió a mí para saludarme, pero cuando me dispuse a chocar manos con él, para sacar pecho de nuestro triunfo contra las bestias del zoológico, su ropa interior cedió, como de costumbre. Tras arquear una ceja y dar un repaso a la totalidad de su figura desnuda, le dije entre risas —Nunca cambias eee... Maldito nudista orgulloso. Jajajaja— Tras Enji, apareció Mamasi, que se aferró a Sigrid entre lágrimas —¡Así que fuiste tú! Nos salvaste de una buena jajaja— Se la veía preocupada, pero no mentía si dijese que ese rayo fue la clave que logró que pudiéramos abatir a ese maldito mono. Mientras Sigrid se preparaba para tratar al hombre pingüino, alguien que por apariencia parecía ser un poderoso enemigo se subió al barco —¿Quién mier-?— Solté con sobresalto, pero mis palabras fueron cortadas por lo que parecía ser un movimiento antinatural, hasta que debajo de su cuerpo se empezó a ver el maltratado cuerpo de mi querido amigo, que meses atrás me recibió en las costas de Baterilla, levantando a esa mole de carne como si de un trofeo se tratase, acompañado de un grito extremadamente varonil. Ante tal demostración de virilidad, no me quedó más que aplaudir usando mi pinza y mi mano, embobado por la espectacular imagen que tenía delante. El viento que soplaba sin vehemencia puso el barco en marcha antes de que estuviésemos listos y los truenos parecían poner una música tensa a nuestro viaje. Desde la cubierta podía observar al ferry, que también había zarpado de la isla —¿Estarán bien?— Me pregunté para mis adentros, pensando en el chico moreno y Mizuki. Frente a la Red Line
Música
Unas horas más tarde, por fin pudimos ver de frente lo que era la Red Line, un impresionante muro que subía hacia las nubes, casi como si el mundo terminase al llegar al mismo —¡Eso sí que es un muro! JAJAJAJA— Dije con una mezcla de emoción y cansancio mientras iba reparando los desperfectos de la cubierta como bien podía. Al sentir el crujir de la madera del barco antes de ser encauzados por la corriente ascendente, decidí entrar al interior del navío, no sin antes coger al hombre pingüino, por su propia seguridad. Me preocupaban los daños que pudiera sufrir en el casco y Akira, que era nuestro único carpintero, estaba ocupado con sus tareas como navegante. Yo era manitas, que no era lo más óptimo, pero algo era algo, por lo que me dispuse a tapar las fugas que iban surgiendo. De un momento a otro, el barco aceleró y el suelo del mismo se inclinó con brusquedad, provocando que rodase de un lado a otro de las bodegas —¡Auch! ¡¡Akira, maneja con Cuidado lechess!!— Grité, aún sabiendo que mis quejas no podían ser escuchadas desde el interior del navío. Al menos nuestro gran navegante tenía el momento que tanto había esperado de demostrar sus habilidades.
Cajita de Tortuga
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Yuuki - 22-04-2026 Los amarres fueron difíciles de quitar, pero en cuanto escuchó a sus amigos y los vio a todos a bordo, Yuuki se llenó de vigor y pronto se le vería revoloteando sobre el ferry. Al caminar junto a Wyatt, le besó la frente al rubio y le acarició el rostro con cariño. Se le notaba bastante calmada pese a saber que había recibido un disparo en el hombro. Sabía que pronto las cosas se pondrían mejor, así que no se preocupaba. Ya estaban sobre un barco e iban a zarpar a la libertad nuevamente. Cuando estuvieran por completo en libertad, iba a poder ocuparse de todos y cada uno a su manera. —Ciertamente lo hiciste bien, Wyatt. Y te ayudaré siempre que haga falta. Tan solo nunca olvides que no estamos solos. ¿De acuerdo? Y después de esas palabras, se dispuso a continuar asistiendo con la navegación del ferry. No es que pudiera hacer mucho, pero podía ayudar a mantener el navío operativo mientras el que estaba en el timón se ocupaba de lo suyo. Iba a ser un viaje tormentoso, después de todo. Los dedos tamborileaban cuando asía cualquier cosa con sus manos. —¡NADA DE FLOJEAR! ¡ASEGUREN LAS LÍNEAS DE VIDA! ¡CIERTAMENTE! ¡VAMOS! ¡VAMOS! ¡VAMOS! Golpearía con el puño los muros de metal y haría un completo escándalo mientras se movía. Si alguien quería quedarse durmiendo en medio de la tormenta, no lo dejaría pasar. También se había puesto varias cuerdas al hombro y se las pasaba a cada uno de los que encontraba por allí. Las cuerdas tenían un garfio que permitía asegurarse a cualquier baranda, tubo o reja que hubiera en el barco, y se veía suficientemente fuerte como para sostener a cualquiera. Eran de vital importancia estas cuerdas para evitar que alguien cayera al agua si se mecía demasiado el barco durante la tormenta. Luego de haber entregado las cuerdas a todo el que se encontró, especialmente a personas como los revolucionarios a bordo: Kazan, Seraphine y Mizuki. A piratas: Miyori, Cill y Alek. Y por supuesto, a sus colegas de la tripulación, Wyatt y Tocho Morocho, Runin y Cardan, Barald, Tezca y Ryota. A todos y cada uno de los que entregó cuerdas, les mostró cómo funcionaban. Al último, llegó con el timonel, a quien también le dio una cuerda. No dijo más nada. Lo que sí, es que se afanó para sí algunos "recuerditos" que encontró en el barco. Luego de navegar a través de la tormenta, se pudo ver lo que era la Reverse Mountain. Y Yuuki miró con asombro lo imponente que era. La corriente subía a través de la montaña y el ferry pasaba con determinación la prueba ascendente. La birkaniana soltaría una risa, habiéndose subido luego a la parte más alta del barco, en el nido de cuervos del mástil principal. —¡JRAH JRAH JRAH JRAH! ¡AL GRAND LINE! —Su risa se podría escuchar en todo el ferry—. ¡CAPITÁN! ¡MIRE! ¡OLVIDATE DE LA MONTAÑA RUSA, ESTO ES MUCHO MEJOR! ![]() Con las manos en lo alto, Yuuki gritaba y se reía, emocionada por completo. Descender la montaña se sentía casi como volar... y para alguien como ella, era la sensación de libertad completa. Aún cuando iban al cementerio de los piratas. Aún cuando los peligros que les deparaba a todos los que se habían subido a ese viaje eran inconmensurables y misteriosos. La pelirrosa se aferraría a aquél momento hermoso y lo guardaría como parte de los tesoros que iba a juntar con la Hanu Mahana.
Combo de pollito frito con papas
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Melly Jellyfish - 22-04-2026 En cuanto el capitán subió al barco, no me quedé ni un segundo más en cubierta. Giré sobre mis talones y me dirigí directamente hacia el piso inferior. Si alguien tenía que estar ahí, era él. Tensui, porque, siendo honestos, si había alguien no óptimo en todo esto era ese desastre sin una pata y aun así, dudaba que se lo hubieran llevado, ese taller era prácticamente una extensión de su cuerpo, bajé las escaleras con paso rápido, todavía acomodándome la respiración, hasta quedar frente a la puerta de su taller e intenté abrirla con cuidado, pero simplemente no pude al primer instante, algo pesado la bloqueaba desde dentro. Fruncí el ceño y empujé un poco más fuerte, pero nada. Resoplé y entonces sí, apoyé el peso de mi cuerpo, tensando los brazos, insistiendo hasta que la puerta cedió poco a poco con un sonido áspero, arrastrando lo que fuera que estuviera obstaculizándola. —Tensui, querido, déjame entrar —murmuré entre dientes, más por costumbre que porque esperara respuesta, finalmente logré abrir un espacio suficiente para colarme y el interior era bueno, exactamente lo mismo que había dejado antes de haberme desmayado, inventos rotos por todas partes, piezas tiradas, metales apilados sin orden alguno y ese olor, ese olor que parecía una mezcla de aceite, calor y algo que definitivamente no debería oler así. Arrugué un poco la nariz. —Uf, por todos los peces del mar, sigues igual de encantador, ¿eh? —susurré, avanzando con cuidado entre el caos, mis ojos buscando alguna señal de vida entre todo ese desastre, Porque si Tensui estaba ahí, seguro no se estaba quieto, al menos ese era mi pensamiento, hasta que lo vi al fondo del taller, en la misma silla de siempre, estaba sentado, con el rostro apoyado sobre la mesa repleta de piezas, herramientas y chatarra como de costumbre. por un segundo parecía que solo estaba descansando. —Oye, Tensui ya estamos de vuelta, glup —dije mientras avanzaba, como siempre, tocando todo lo que encontraba a mi paso, casi por reflejo con ganas de tomar lo que no era mio aunque ni siquiera supiera para que servía —¿Por qué no fuiste a ayudarnos?— No hubo respuesta de parte del gyojin entonces di un par de pasos más, acercándome lo suficiente al gyojin marlín, y entonces sentí ese olor, pesado, denso, incorrecto, el mismo olor de un pescado muerto, en mal estado, fruncí la nariz, mi cuerpo tensándose apenas mientras estiraba la mano para tocarlo, estaba frío, demasiado frio y tan duro como una piedra. —¿Tensui? — Le di un pequeño empujón, casi como una broma mal pensada, pero su cuerpo no reaccionó como debería, cayó al suelo con un peso muerto, seco, sin resistencia y ahí lo entendí. —Ahhh—exhalé, quedándome quieta un segundo, estaba muerto, así de simple, no había sangre, no había señales de lucha, solo se había ido. Un infarto, quizá, algo rápido, algo estúpido para un tipo como él. Me cubrí la cara por un instante, más por el olor que por otra cosa, haciendo una mueca de asco, pero eso no duró mucho, porque al final soy yo. Mis ojos comenzaron a moverse por la habitación, buscando algo con qué cubrirlo, algo que no lo dejara ahí tirado como otro objeto más de su propio taller. Di un par de pasos, apartando piezas con el pie y en medio de eso, sin querer queriendo, mis manos hicieron lo de siempre, revisar sus pertenencias, rápido, natural, busqué entre sus bolsillos sacando todos sus berries los cuales cayeron en mi mano casi sin esfuerzo, y los guardé con la misma facilidad. —Perdóname, amigo —murmuré, sin mucha emoción —No vas a necesitar esto en el más allá, lo necesito yo en el más acá. — No era crueldad, era mi propia costumbre. Finalmente encontré una manta entre todo ese desastre y volví hacia él, me agaché, cubriendo su cuerpo con un gesto más cuidadoso de lo que me habría gustado admitir. —Descansa o lo que sea que hagan los tipos como tú —añadí bajito, me quedé ahí un segundo más y luego me levanté, tomé su tridente, su estoque de la mesa y dos estoques mas que estaban apoyados al lado de la mesa donde murió y procedí a salir del taller. —Volverás al mar amigo, no te preocupes. — Salí de la habitación para ir a cubierta, probablemente Sanemi ya se había acercado y tendríamos que zarpar dentro de nada. Como el viento, el tiempo, el mar y la misma isla parecían no querernos ahí y Sanemi no daba señales de acercarse tuve que tomar el timón. —CAPITAN, HAY QUE SACAR ESTE BARCO DE AQUÍ AHORA. — Me aferré al timón como si fuera lo último que haría en toda mi vida, éramos solo dos personas para un barco de este tamaño y con un clima tan extremo, no le hablaria a Dharma sobre la muerte de Tensui, al menos no ahora mismo. —Capitaaan, suelta escotas, deja que flameeen. — Era obvio si una racha de viento amenaza como las de justo ahora las velas deben perder presión. Aun así parecía no ceder y el barco era más llevado por el viento y el oleaje que por mi propia guía. —CAPITAN CANTAME LA DEMORA DE LOS OTROS BARCOS. — La única forma de no chocar con otro de los barcos era saber la demora que tenían el uno del otro, buscando que ninguna colisión se diera para no hundirnos en medio de este caos. Las horas seguían pasando y mi cuerpo se sentía lo suficientemente cansado como para simplemente caer desmayado, pero simplemente éramos el capitán y yo, debíamos subir los cabos gemelos, indiscutiblemente, y sin manera de controlarlo algunos barcos chocaban con otros. El Buda había comenzado a subir la reverse mountain aunque las velas desgraciadamente comenzaban a rasgarse como si fueran a explotar por los fuertes vientos, el agua caía en cubierta como balas de cañón y el timón parecía querer irse de vacaciones conmigo incluida después de un ascenso que parecía haber sido eterno llegamos a subir viendo el final de la montaña, la supuesta cima del mundo y más allá, el Grand Line. —CAPITAAAAN LO LOGRAAAAAAAAAAAAAAA….. — Iba a decir que lo logramos, sin embargo, el descenso había comenzado sin siquiera preguntar una caída hacia un vacío que parecía inexplorado en la oscuridad y espuma de mar.
Estanque de peces
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Miyori Hoshino - 22-04-2026 Mi corazón latía al unísono con la melodía envolvente de Amphitrite, mi amado violín azul. Tocaba con amor, con anhelo, casi suplicando poder convertirme en un faro musical para quienes se encontraban perdidos. A pesar de la histeria, a pesar de la tormenta ruidosa que azotaba la costa, sabía que mi sonido llegaría hasta ellos… hasta mis compañeros. A mi espalda escuché una voz familiar, me giré en su dirección y entonces contemplé su figura por completo, sus alas negras, su piel morena y aquel rostro ahora carente de emociones a cuando lo conocí. Estaba cubierto de heridas, y esa era la prueba de que había salido victorioso de la contienda y de los macabros juegos de antes, incluso su ropa parecía hecha añicos. Mis ojos azulinos comenzaron a llenarse de lágrimas y, aun así, le ofrecí una sonrisa cargada de alivio. Estaba feliz de verlo con vida, sus heridas me preocupaban, claro que sí, pero preferí mil veces encontrarlo de esta manera, herido, a no verle nunca más. —- Gracias a Dios, estás bien… — murmuré con la voz temblorosa, conteniendo los sollozos mientras lo observaba acercarse a la barandilla y desplomarse en ella. —- Sí, no más parques de diversiones a partir de ahora. Una suave risa se hizo escuchar en ese momento, como siempre… una entrada digna de él. Era Cill, se acercó cruzando el umbral de aquel pasillo en penumbra, y fue entonces que mis ojos se encontraron con el tono cobrizo de los suyos, y mi corazón volvió a sentirse cálido, completo, la angustia por fín me dejó en libertad. Aunque, al igual que el joven Lunarian, llevaba en el cuerpo las señales de habérsela jugado para sobrevivir y salir en victoria de aquellas circunstancias. Se disculpó con nosotros por no haber estado allí para ayudarnos, pero negué suavemente con la cabeza ante ese peso de culpa que él cargó durante todo este tiempo de torturas. —- No te culpes por eso. Ahora Cill avanzó hacia mí, bajando con suavidad mis brazos junto con el instrumento, y con un gesto cálido me envolvió en un abrazo que no dudé en corresponder casi de inmediato, entregandome a ese momento con el qué mis lágrimas descendieron por mis mejillas, era feliz de verle con vida, al igual que él, había anhelado este encuentro durante todo este tiempo lejos. Fue en ese abrazo que él se dió cuenta de que, aunque no tenía heridas visibles, yo también había estado cerca de la muerte, a un punto ligero de quedar congelada. Sentí el calor regresar a mi cuerpo cuando colocó su abrigo rojo sobre mis hombros, y sin apartarse, volvió a estrecharme entre sus brazos con la promesa de un beso casto y tierno sobre mis labios, silenciando mis intenciones de preguntarle por su heridas, ya no hacía falta hablar, era suficiente con tenernos de nuevo. Sonreí con dulzura al verlos de nuevo a los dos, heridos y con las ropas hechas trozos, pero con esa clara evidencia de que lo habían dado todo en sus batallas. Me habría gustado poder decir lo mismo de mí. Me encogí de hombros ante el aire despreocupado que compartían y me senté junto a Cill, quedando él en medio de Alek y yo. Finalmente me permití relajarme. —- Si, muero de hambre… —- Expresé mientras guardaba a Amphitrite en su estuche, y lo colocaba a un lado, posando mi cabeza sobre el muro que ahora era mi respaldar. Cerré los ojos un momento, disfrutando de la tranquilidad aunque la tormenta seguía ahí afuera. —-- Aunque me preocupan más sus ropas, están hechos un lío los dos, y yo debo comprar un sombrero nuevo. —-- Toque mi cabeza en ausencia de aquel objeto playero, pero supongo que podré encontrar algo nuevo a donde sea que vayamos. Todo estaba bien ahora, ¿no?. Apenas lo pensé, el ambiente se volvió a tornarse hostil, incluso más que antes. La tormenta parecía prometer que no nos permitiría disfrutar ni un instante de tranquilidad. Los vientos huracanados reclamaban cada navío a su merced, y el ferry se mecía violentamente sobre el oleaje embravecido. Lo que hacía un momento parecía un lugar seguro comenzó a ser invadido por olas cada vez más altas. Me levanté de inmediato, y ante mis ojos, se desplegó un escenario de caos, a lo lejos aquella isla se derrumbaba sobre su propio infierno, mientras nosotros nos adentrábamos cada vez más en mar abierto. A pasos inseguros por los temblores de la superficie, me aferré a la barandilla, aun sabiendo que terminaría más empapada que antes. — ¡¿Ahora qué pasa?! — exclamé, alarmada, sujetándome de ese pedazo de metal. —- Tenemos que buscar un lugar seguro. —- Sugerí a mis compañeros entre aquella tempestad mientras los relámpagos surcaban los cielos, me adentré en busca de un lugar seguro en el ferry, algún espacio que no se viera afectado por la marea ni por el vaivén descontrolado. En mi búsqueda me encontré a Yuuki, quien me ofreció una cuerda junto con rápidas indicaciones de como usarla para mi seguridad. Le sonreí con sincero agradecimiento ante su gesto de ayuda, y claro, un enorme abrazo porque nuestros caminos se encontraron de nuevo.. —- ¡Gracias, Yuuki! Las horas desembocaron en una oscuridad infinita, consecuencia de la noche que nos alcanzó en alta mar. Seguramente mis compañeros habrían disfrutado de la experiencia que ahora se nos abría camino al frente, con un navío que ascendía a gran velocidad por el Reverse Mountain, atravesando la noche, junto con otros pasajeros que, como nosotros, dejaban atrás un presagio de malas experiencia para dar inicio a una nueva travesía. Me quedé en el interior del ferry, lejos de las barandillas y del exterior, limitándome a observar el paisaje a través de los ventanas. Y todo lo que sube… tiene que bajar en algún momento. Y cuando llegó ese momento, simplemente recé porque todos llegaríamos a salvo a donde quiera que nos lleve este viaje.
Amphitrite toca la canción
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Alek - 22-04-2026 [personajeinvalido=3367] El moreno esperó a que Miyori se diese la vuelta y asintió para saludarla, se alegraba de verlo pero estaba claro por la preocupación en su rostro que estaba esperando más a Cill. Su energía se encontraba pletórica, pero su cuerpo dañado lo suficiente como para no poder responder como debería. - A dios no, me la he pasado comiendo. Gracias a mi - Contestó el espadachín sin dar contexto ninguno. Lo cierto es que estaba cansado del sabor de sus propias plumas, pero al menos tenía el estómago lleno y, gracias a eso, había podido salir caminando de allí. Fue entonces que llegó el hombre por el que estaba allí y había pasado lo que había pasado dentro de aquel sitio. - ¿Mal? Sigo vivo, deberías ver como quedó la marine. La zarandeó como un muñeco de trapo. A mi me dejó como una maraca - De nuevo, ningún contexto y aquello le daba igual. - No sé que sucedió, simplemente me desperté en una habitación con dos gyojins y una mujer enorme, con collares - Comentó el espadachín ante la preocupación de su capitán. - Te pegaría un puñetazo para cerrarte la boca, pero no quiero matar a dos monos en el mismo día - Sonrió, pícaro. Cill también se veía como si hubiese pasado por una guerra, al igual que Alek. El lunarian dejó salir sus alas de entre el abrigo marine y entonces observó rápidamente. Primero se miró a si mismo, luego, lentamente, a Cill y terminaría por mirar, con una ceja levantada, a Miyori. Estaba, prácticamente, impoluta. Se quedó mirándola, con la boca ligeramente abierta, como si se hubiese sumido en sus más profundos pensamientos y entonces un hilo de voz salió. - Pero tú si has ido a un parque de esos ¿o qué? - Se llevó la zurda hacia una de las tantas plumas de sus alas, esperando no quedarse calvo de plumas, y la arrancó de cuajo. Giró su cuerpo para simplemente darles la privacidad que una experiencia cercana a la muerte necesitaba. Encaró el mar, desenvainó parcialmente la base de su arma y pasó la pluma por ella cortándola, convirtiendo así la mitad de una pluma más, en una judía más que se llevaría a la boca. - Sírvete tu mismo - Alargó su brazo, con la media pluma entre sus dedos y se la puso a la altura de los ojos. - Queratina, mmm - Sarcasmo oculto en un tono plano y casi sin vida, lo que hacía que se acentuase más aun. Aquel reencuentro había dado la tregua necesaria a su mente, después de estar cerca de morir, después de sentir terror, después de sentir miedo, después de sentirse esclavo otra vez, pero el potente sonido de las cuerdas, que aseguraban el navío, rompiéndose con violentos chasquidos lo retrajeron a la cruel realidad que los atormentaba, nunca mejor dicho. El padre tormenta estaba enfurecido, solo la lluvia era medio suficiente como para transmitir aquella pletórica ira sobre sus cuerpos, pero no se quedó satisfecho con eso, soplaba con su boca lo suficiente como para que las corrientes de aire se arremolinaran alrededor de toda aquella extensión de mar. Levantando espuma, moviendo el mar, revolviendo las aguas. Expulsaba rayos y truenos, el cielo se iluminaba parcialmente, como luces encendiéndose en sectores de oscuridad, lejos y cerca al mismo tiempo. - Oh mierda. Aquí vamos de nuevo - Quiso susurrar el pirata. El navío en el que estaba se movía, errático, hacia una dirección incierta y confusa, desde luego el alado no podría adivinarlo y aunque quisiera arrancar a volar no podría, aquellos vientos eran suficiente como derribarlo y arrastrarlo hasta el mismo fondo del mar. Fue entonces cuando vio una masa de tierra frente a todos, con una extensión titánica. - No más parques - Dijo preocupado, no había terminado de salir de un problema y ya se estaba metiendo en otro. Allí fue cuando apareció una pseudo salvadora, la pelirrosa que había conocido un tiempo atrás, entregándole una cuerda que usaría para moverse hacia un lugar más refugiado del mar y alejarse de la barandilla temiendo por su condición. El ascenso, confundió por un instante al lunarian, pero enseguida se recompuso. ¿Un mar que subía? Eso si que era extraño. Y tras eso, en su punto más álgido, notó la falta de gravedad. Estaban cayendo. Se aferró a la cuerda. Preparó sus alas cuyas plumas tenían mezcladas angre y salitre. - ... - Estaban llegando.
cositas
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Enji - 22-04-2026 En bolas, sí… ¿Qué mejor manera de volver a presentarse a sus compañeros después de haber sido secuestrado, encerrado y puesto a prueba en un combate a muerte que enseñarles la plenitud de su vitalidad en toda su extensión? Al caer la prenda se miró a sí mismo, al cuerpo entrenado pero lleno de cicatrices que ostentaba; vio las marcas de tres puñaladas poco profundas, una en cada empeine de los pies y otra en el hombro izquierdo, y luego miró a Juan. El gyojin estaba como nuevo. Un poco sucio, sí, pero su armadura de piel quitinosa apenas presumía uno que otro rasguño. Enji sonrió. —¡Parece que a ti no te hicieron sudar, grandote! ¡Shihahahaha! —Se acercó por un costado y le dio una fuerte palmada en el hombro—. No te vayas a poner arrogante, eh. Masami llegó poco después a la embarcación y junto a Sigrid atendieron al moribundo Don. ¿Gastar energía para mantenerlo vivo valdría la pena? No estaba seguro, pero dejarlo ensartado en esos pinchos o en las instalaciones subterráneas de las que acababan de escapar hubiera significado lo mismo que darle una última puñalada. Existían cárceles para algo y no se iban a llenar solas. Además, tenía que retribuirle de alguna forma el espectáculo. Hacía mucho tiempo que no bailaba tanto. —Oe, ¿y ese tipo qué? —Con el entrecejo apretado y la mano en el cuello, rascando con insistencia su piel pálida, vio como una mola abordaba el barco. Un mastodonte incluso más alto y mucho más corpulento que Sigrid. Reconoció el color y diseño del chaquetón que cubría sus hombros, pero ese detalle, antes que calmarlo, lo puso en alerta. ¿Otro traidor? El veneno empezó a correr desde sus palmas y gotear al suelo… Solo para que, un minuto después, desde debajo de la masa de músculos inertes emergiera Akira. El rubio luchador de la División 80 levantó sobre su cabeza lo que parecía ser un trofeo de guerra, y no un nuevo enemigo. Rugió como una bestia que saca pecho por el resultado de su caza y luego cayó al suelo. Ford se acercó y le meó la pierna. Enji puso los ojos en blanco. —¡Arriba, rubiales! El barco se va a ir a pique si no te pones a trabajar. —Se acercó y recogió a Ford junto a sus cosas, después se dirigió al interior de la nave—. ¡Está claro que el mar nos quiere matar! ¡ K R A A K A B O O M !
—¡ SHI HA HA HA HA ! El trueno retumbó a la par que la enloquecida carcajada, desgarrando el aire y cortando las gotas que caían del cielo en forma de diluvio. Los vientos corrían de un lado a otro, salvajes y erráticos, de la misma forma que el marine recorría la cubierta tensando sogas y amarres. Un boxer nuevo y limpio como única prenda, ungüentos medicinales taponando las heridas de batalla y una sonrisa larga y afilada que coronaba sus pintas, además del extraño cinturón que lo envolvía de la cintura. —¡Parece que nos quiere arrancar las velas! ¡SHI HA HA HA HA! —bramó con fuerza, tratando de sobreponerse al ruido de la tormenta—. ¡Sujeta fuerte ese maldito timón, rubiales, o nos iremos a la mierda! Los furiosos vendavales que azotaban a la fila de barcos querían arrojarlo fuera de la cubierta. Las altísimas olas lo golpeaban, una detrás de otras, pero Enji resistía agarrado a una gruesa cuerda trenzada que había asegurado primero a la base del mástil principal y luego a su propia cintura. El agua corría por todo su cuerpo, la adrenalina también. Delante suyo estaba el centro del mundo y el inicio del fin para cualquiera que buscase la gloria. La línea de lo imposible se tensó cuando una corriente ascendente apareció en el horizonte. Enji sonrió, echándose el cabello hacia atrás con una mano mientras sostenía la cuerda que lo envolvía con la otra. —¡Sopla, hijo de puta! ¡Sopla! ¡SHI HA HA HA HA…! Sonó un extraño chasquido cerca suyo. —¿Uh? —Lo vio por el rabillo del rojo: algo se disparó en el aire—. ¡Mierda! Un anclaje no aguantó más y se cortó, comprometiendo una importante polea, pero estaba atento. Saltó y capturó los dos extremos de la soga antes de que pudieran separarse demasiado, tiró de ellos hasta volver a juntarlos y armó un nudo, uno sencillo pero resistente, antes de dejarse caer de regreso a la cubierta. El barco estaba resistiendo bien los embates del temporal y Akira estaba demostrando habilidad para guiarlo, esquivando las rocas que aparecían en su camino y manteniéndose alineado al centro de la corriente ascendente, lejos de los muros de roca que resguardaban ese pasillo al cielo. Estaban bien. Tenían que seguir así. Apretó los dientes, la mandíbula tensa y los ojos abiertos de par en par, sin querer perderse de un solo detalle. La roca roja los rodeaba, eran paredes enormes a cada lado del barco y una cima a lo lejos, donde la intensa corriente parecía morir. Cada vez más alto. Cada vez más cerca. El aire se volvió denso, difícil de respirar. Enji sostenía firmemente un anclaje metálico fijado a la base del mástil principal, desde el cual se proyectaban docenas de cuerdas hacia arriba para después repartirse por la vela mayor. Desde allí podía comprobar la mayoría de amarres con un simple vistazo, y estaban todos resistiendo bien. Podían llegar a la cima. ¿Y luego? —¡Sujetense de algo o vayan adentro cuando esto caiga! —advirtió a sus compañeros. Akira debía quedarse para sostener el timón, pero Sigrid y Masami podían volver adentro. Sigrid le preocupaba por su tamaño y la posibilidad de que la cuerda de seguridad se rompiera en el envión de la caída. Respiró profundo, parado en cubierta frente a las puertas del único cielo que podía conocer. Cuanta emoción, cuánto caos, cuanta locura en la cima de la Red Line. Lo más alto que ningún hombre pisaría jamás. El final del ascenso, donde la imagen del horizonte los esperaba. Por un instante, sumergidos en las nubes, estuvieron por encima de todo y de todos. El fin del inicio. Un instante de paz en mitad de la vorágine. ¿Qué decir ante tamaño cuadro? Enji lo tenía claro. Se aferró a su anclaje junto al mástil, fijó la mirada al frente, tomó aire y gritó: —Ai Beliv Ai Can Flaaaaaayyyyy !!!!!
Ai beliv aI can toch the skaaaaaaayyyyy !!!!! Y empezó la caída.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Ryota Miyamoto - 23-04-2026 [personajeinvalido=3425] Las lágrimas del cielo caían sobre todos aquellos que consiguieron librar a la muerte, y a sus espaldas, lo que en antaño fue un espacio para forjar cadenas desprendía ahora una fuerte humareda que se mostraba ascendente, iluminada por los relámpagos que caían conforme la escena transcurría. Ryota, ubicado sobre el barandal de la cubierta, acababa de gritar el nombre de sus amigos en un intento desesperado por aferrarse a sus anhelos más personales. No tenía idea de si lo habían conseguido, pero decidió creer en ellos y al igual que un amante en la estación de trenes, esperó a quienes tenían la capacidad de romper su corazón con una simple ausencia. Aquel que siempre actuaba tranquilo, a quien parecía que los problemas no solían alterarle, no pudo evitar emocionarse cuando los vio a la distancia. ![]() No supo cuándo ni en qué momento se volvieron tan importantes, pero lo eran. Aquellos a quienes tan solo creía usar para divertirse, ahora lo motivaban a avanzar y enfrentar sus peores miedos para tan solo, volver a disfrutar de su compañía un día más. —¡CAPITÁÁÁÁÁÁN! —
El portentoso grito de Tezca a la distancia le hizo entender que no eran fruto de sus deseos. En realidad, cada uno de ellos se encontraba allí, atendiendo a su llamado y llegando uno detrás del otro con la fuerza y personalidad que los caracterizaba. “Kekeke sí que son rudos...” Dijo antes de que estuvieran allí, permitiendo a la lluvia camuflar sus lágrimas de profunda alegría. Yuuki, Barald, Tezca, Wyatt, Tocho Morocho, Cardan y Runin, todos ellos consiguieron sobrevivir y ahora abordaban el Ferry. “Kekeke, mira quién habla bro, ¿o estás fingiendo para que Barald te cargue?” Rompió en risas con la llegada de Barald y Tezca, tras haber saludado a Yuuki con una sonrisa. Luego llegó Wyatt junto a Tocho, elogiando a la de cabellos sonrosados y finalmente Runin, que apareció posándose sobre el barandal con cardan en hombros. Ambas miradas se cruzaron y, antes de poder decir cualquier cosa, el peso de la mujer se abalanzó contra el de los orbes ambarinos, provocando que ambos cayeran sobre el suelo de la cubierta. “Mis costillas…” Pensó tras el impacto, sintiendo cómo el dolor desaparecería ante las jocosas palabras de la morena. “Kekeke, ¿qué te puedo decir? Las chicas aman el uniforme.” Bromeo, aprovechando el poco espacio entre ellos para abrazarla aún con Kardan lameteándolo. Sus narices se juntaron en un fugaz momento y volvieron a ponerse de pie en medio de los suyos. Antes de poder separar los labios de nuevo, Runin ya disparaba encomiendas a los presentes, para ponerse manos a la obra. Era una mujer que no veía descanso ante la adversidad. “Kekeke, ¿navegar esta cafetera en medio de una tormenta?, Demasiado trabajo, esforcémonos por hacer que se mueva y descansemos.” Trato de quitarse la responsabilidad como bien sabía. “Barald, lleva a Tezca a uno de los camarotes para que descanse un rato. Los demás… después de que este barco avance, hagan lo que quieran.” Sonrió al finalizar sus “órdenes” y emprendió camino hacia las calderas del ferry. No disfrutaba del trabajo duro en absoluto, sin embargo, viendo el estado de los demás y la disposición de otros. Prefirió ser el quien se desplazara rápidamente hasta el cuarto de máquinas, para tomar la pala y comenzar a llenar de carbón los hornos que ayudaban al barco a avanzar. De una u otra forma, el ferry se movió con ayuda natural, mecido con violencia por las furiosas olas que se arremolinaban en su base. De no ser por sus ojos acostumbrados a la poca visibilidad, Ryota se habría perdido en la oscuridad del cuarto; sin embargo, consiguió encender las calderas y dejarlas rebosantes de carbón. No tenía la intención de volver a hacer algo como eso nunca. Pasadas las horas, el castaño salió del cuarto de máquinas, masticó uno de sus chicles, recibió la soga de su compañera para aferrarla a su cuerpo y estar preparado para engancharla en el momento justo. Visitó a Tezca reuniéndose con Barald y Runin, y se desplazó a cubierta tras notar por la ventana del camarote cómo la furiosa marea los arrastraba desde su salida del New Era. Era la primera vez que veía algo así en su vida, como si el mismísimo dios del mar se estuviera encargando de obligarlos a seguir un rumbo predefinido, y el papel de quien los llevara fuera únicamente no sobrecargar el timón. Sus conocimientos eran escasos para llegar a entender la naturaleza del fenómeno, mas su curiosidad lo llevó a ubicarse en la punta de la cubierta junto a los que estuvieran allí. Cualquier navegante querría saber por sí mismo cuál sería el final de ese recorrido, no tardó en darse cuenta gracias a la claridad que ofrecían los caóticos relámpagos del lugar en el que se encontraban. Todo marinero soñaba al menos una vez en su vida con ver ese lugar… la muralla que separaba el mundo y erigía imponente como el cementerio de todos aquellos que no conseguían avanzar hacia el mar donde los sueños se hacen realidad. “Esto es…” Una sonrisa nerviosa curvo sus labios. La excitación y los nervios lo invadieron mientras las fuerzas naturales arremolinaban alrededor del ferry dándole un nuevo impulso. Salir de ese infierno para ser engullidos por el mar y liberados en la red lane… ![]() “¡KEKEKE si que eres un cabronazo maldito dios!” Gritó en medio de los relámpagos, la lluvia y las olas que golpeaban contra la gigantesca muralla. El dios del que tanto le hablaron sus padres se mostraba benevolente con los sueños del pirata y aun después de hacerlo pasar, por tanto, lo llevó al lugar donde finalmente deseaba llegar, junto a las personas con las que deseaba hacerlo. Casualidad, suerte, destino, nada de eso importaba, lo importante era que estaba allí y tras haber demostrado que lo merecía, el mar dictaba el único camino posible. La presión de la corriente los levantó, el camino antes horizontal se curvó en diferentes grados haciendo del ascenso algo antinatural, y los afilados riscos de los bordes naturales se ofrecían amenazantes ante los maderos del prominente ferry. No obstante, el mismo navío se abrió paso hasta llegar a lo más alto, y Ryota lo entendió al poder ver la cumbre iluminada por los relámpagos. Todo lo que sube, tiene que bajar. “¡Agarraos!”
Grito el gigante azul y sin perder tiempo, Ryota enganchó su cuerda contra el barandal de la proa frente a él, aferrándose con fuerza mientras veía en primera fila junto a todos aquellos quienes estuvieran cerca, el descenso al mar más peligroso del mundo. — ¡CAPITÁN! ¡MIRE! ¡OLVÍDATE DE LA MONTAÑA RUSA, ESTO ES MUCHO MEJOR! —
La sonrisa invadió su rostro mientras los vientos del descenso movían sus cabellos y su manchada capa blanca. ![]() “¡KEKEKE TIENES TODA LA RAZÓN! ¡PRÓXIMA PARADA! ¡EL MALDITO GRAND LANE!” La emoción se escuchó eufórica en su voz; aun sin saber si seguirían vivos tras ese descenso, se sintió como un niño pequeño que disfrutaba con ingenuidad la adrenalina que lo envolvía.
INFO
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Runin D. Kitay - 23-04-2026 [personajeinvalido=3421] ¿El uniforme? La mirada chocolate acaricia el color ámbar en los orbes del hombre que abraza su cuerpo. Una amplia sonrisa, entre risueña, bromista y maravillada se abre paso en la faz de la amazona, porque en medio del tormentoso escenario, rodeado por sus compañeros de tripulación y por un considerable número de piratas; no puede evitar pensar que no lo amaría por una razón tan aburrida y superflua como esa: Los uniformes se ensucian, se rompen, se dañan, se convierten en jirones, terminan en la basura y, por último, el proceso vuelve a reiniciarse, atados a los designios de una institución que a ninguno de ellos termina por convencer. Ryota Miyamoto no necesita un uniforme para encandilar.
En buena hora. Porque Runin Kitay jamás se dejaría deslumbrar por algo así. La fémina ríe ante sus palabras, levanta el mentón y se deja guiar por un capitán que huye de las responsabilidades en la medida de lo correcto, de lo necesario. ¿Lo importante? El bienestar de la tripulación; de sus amigos; de aquellos seres que, al encontrarse, se observan con el brillo propio de quienes nunca dejaron de preocuparse por los suyos, de quienes bromean en medio de la lluvia haciendo caso omiso a los apabullantes designios del mar, de quienes están dispuestos a esforzarse una última vez para alejarse del trato amargo en el que New Era Joy Park se había convertido. Es por ello que el dolor se vuelve nimio cuando la amazona recorre la cubierta hasta llegar a la proa, el cansancio se torna éxtasis al llevar sus manos hacia la maquinaria, la gratitud se transforma en una amplia sonrisa al notar la presencia del enorme hombre azulado quien, tendiendo una mano, hace que el trabajo pesado se convierta en algo ameno. La inconfundible voz de su amiga rompe el ruido proveniente de las olas cuando una cuerda es dejada entre sus dedos y, por primera vez, el orgullo se disuelve al atar el pedazo de soga alrededor de su cuerpo. Los constantes movimientos hacen que el equilibrio se pierda con facilidad, siendo su fuerza lo único que la mantiene en pie. Cardan se aferra a Runin como si su vida dependiera de ello y, quizá, sea así. Apiadándose de la pobre serpiente que parece querer volar, decide emprender rumbo a los camarotes, buscando de nueva cuenta a sus compañeros. El estado de Tezca es casi deplorable, aunque Barald no se encuentra en mejor condición, la serpiente incluso se acicala un poco contra ellos. ![]() —Al final debo admitirlo, solo un rock star seguiría viéndose bien estando en esa condición. Ríe observando al rubio, extrayendo de su short la petaca con los últimos sorbos de vino, bebe un poco antes de lanzarle, sin ejercer fuerza, lo que queda a Tezca. —Sabe asqueroso, pero un trago nunca viene mal, cariño, fufu. —La presencia preocupada de Ryota se hace evidente al cabo de un rato, antes de volver a desaparecer. —No se pierdan la fiesta, guapos. Sentencia después de un rato, alejándose, siendo perseguida por Cardan, quien ahora tiene su propia cuerda de seguridad. ¿Para qué? Ni idea, si ha vuelto a aferrarse al cuerpo de Runin. Un fuerte rayo atraviesa el cielo hasta golpear algún lejano punto, ilumina incluso las pequeñas ventanas del ferry, una tras otra, la oscuridad del lugar empieza a brillar con destellos que la fémina no demora en seguir, el viento arrecia por las aberturas de las puertas y los pasos de los piratas se escuchan lejanos a pesar de estar a un par de pasos de ella. ¿Qué está sucediendo? Cuando al fin el rostro de la fémina se asoma hacia el exterior queda extasiada ante la imagen frente a sus ojos. Otro rayo estalla y la rojiza elevación arranca una sonrisa en los labios de la amazona. ¿Es en serio? Un paso hacia el exterior es seguido de otro; sus manos se aferran al navío mientras la luz natural la guía hacia adelante. El ferry se mece sin ofrecer mayor resistencia, y la lluvia azota azota los rostros de los presentes con implacable insistencia. Siente las caricias de Cardan como fuertes golpes contra su mejilla, ambos logran verse, a duras penas, entiendo lo obvio. El brillo en sus miradas se vuelve uno: La Red Line. Cada tortuoso paso se vuelve ligero ante una mente plagada de eufóricos pensamientos. Los gritos de los presentes encienden el corazón de la fémina, las cuerdas de la mujer y su mascota son amarradas a la barandilla de la proa cuando el ascenso en inminente y los gritos de Yuuki se elevan provocando que la risa de Runin estalle, combinándose con la de Ryota, quien viendo mejor, se encuentra a su lado. ¿En serio están escalando la Red Line? ¿Están a punto de llegar al Grand Line? A pesar del frío que el temporal les ofrece, la presión de su brazalete se siente cálida en su brazo. Un cúmulo de recuerdos golpea la mente de la fémina, no pensó estar un paso más cerca de su verdadero objetivo, pero ahí estaba. Rodeada de los suyos, con Cardan siseando ante el escenario, con sus manos dolientes aferradas a la barandilla y la risa más estridente que alguna vez pudo haber escapado de sus labios. ![]() —¡PREPÁRATE GRAND LINE! ¡LOS HANU MAHANA ESTÁN A PUNTO DE LLEGAR! FUFUFUFUFUFU. La sensación ingrávida empieza a llenar de golpe su estómago, haciendo que la emoción bulla, que los hombros tiemblen y la sonrisa en sus labios se entumezca al no dejar de extenderla. —¡Cada vez estamos más cerca, Cardan! —Respira profundo preparándose para el descenso. —Iremos a casa.
BOLSA DE ESTRELLITAS
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Masato Ami - 23-04-2026 Sigrid lo entendió, tesoro y ni siquiera se enojó. No hubo reproche, no hubo mirada dura, nada. Solo esa forma suya de ser, tan buena, con todos nosotros, por eso es imposible decirle que no cuando necesita algo. Así que respiré hondo, me limpié el rostro como pude y me puse a ayudarla, concentrándome en tratar las heridas del tipo pingüino, haciendo lo que estaba en mis manos sin pensar demasiado, solo actuando. Me mantuve ocupado, útil, intentando dejar atrás ese nudo en el pecho mientras trabajábamos, hasta que finalmente el último de nosotros llegó al navío. Alcé la mirada y ahí estaba Akira, venía cargando un cuerpo mucho más grande que él, visiblemente herido, lo suficiente como para entender de inmediato que la situación era seria. Mi expresión cambió al instante, miré a Sigrid y lo supe. —Atiéndelo a Akira, tesoro—murmuré, haciéndome a un lado sin dudar, ese puede esperar, no hacía falta decir más, Akira era de los nuestros y eso siempre iba primero. Poco después Akira tomó las riendas de la embarcación, tesoro y no había tiempo para dudas. Teníamos que salir de ahí ya, el mar estaba completamente desatado, como si quisiera tragarnos con todo y barco, pero si alguien podía sacarnos de eso era él, jamás pondría en duda su forma de navegar, así que hice lo que mejor sé hacer. Subí al carajo del barco, sujetándome como podía mientras el viento y el movimiento intentaban tirarme en cada sacudida. Desde ahí arriba todo se veía distinto, más peligroso, pero también más claro. —AAAA-KIIII-RAAAAA, AAAA-KIIII-RAAAAA —gritaba con todas mis fuerzas, sosteniéndome mientras el barco crujía bajo nosotros. Y aun así sonreí, el caos, el viento, el riesgo tenía algo de ritmo. —ROCAS A ESTRIBOR —volví a gritar, señalando hacia el lado mientras mi mente, sin permiso, comenzaba a tararear una melodía nueva, porque incluso cuando todo quiere hundirnos, tesoro yo sigo encontrando el compás. Tomé mi den den mushi como pude, tesoro, marcando a la división 75 mientras me sostenía con una mano para no salir volando con el vaivén del barco. La lluvia caía con fuerza, empapándolo todo, y el viento rugía como si quisiera arrancarnos del mar, pero justo en momentos así hay que mantener el ánimo en alto. —División 75, División 80, escúchenme —dije, elevando la voz por encima de la tormenta. Y entonces canté. —El cielo se partió en dos, rugiendo como fiera, las olas levantan guerra contra nuestra bandera……—mi voz salió firme, dejándome llevar por el ritmo incluso mientras el barco se sacudía bajo mis pies, no era el mejor escenario, pero eso nunca me ha detenido. Cerré los ojos un segundo, sintiendo la lluvia, el viento, el caos y aun así seguí. No era solo una canción, era un ancla, una forma de decirles que seguíamos juntos, que no íbamos a caer aquí. —Pero, aunque el mar nos quiera ver caer seguimos de pie, no hay nada que temer, montaña reversa nos va a ver vencer. —continué, alzando más la voz, dejando que el ritmo me guiara, porque si algo iba a mantenerse en pie en medio de la tormenta, éramos nosotros. Justo cuando alcanzamos el punto más alto, tesoro, ese instante suspendido antes de la caída inevitable, sentí cómo todo se detenía por un segundo. El viento, la lluvia, el rugido del mar todo parecía alinearse para ese último momento. Me afirmé como pude, alzando la voz con todo lo que tenía. —¿Quién nos detiene? ¡Nadie! ¿Quién rompe el miedo? ¡Nadie! ¿A dónde vamos? ¡Al frente! ¿Quién nos espera? ¡LA GLORIA Y LA MUERTE!—Y entonces caímos. El barco se precipitó hacia abajo, o tal vez hacia adelante, o ambas cosas al mismo tiempo, arrastrándonos directo a ese destino del que tanto se habla. El viento golpeó con violencia, el estómago se encogió, y aun así sonreí, porque no había duda. —Allá vamos, tesoro —murmuré, aferrándome con fuerza hacia la Grand Line.
Mi Off
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