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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Nyra Kuroshiro - 23-04-2026 Al parecer, Kael tenía dentro de sí a Shin. Algo de su fruta que no entendí bien, pero que tampoco tenía tiempo para preguntar. Lo que sí comprendí es que con él estaría a salvo. Una vez levada el ancla y liberado el cabo que nos ataba a puerto, comenzó la terrible travesía. Él y Dimitri se encargaron del timón mientras Hae-Won y yo íbamos de un lado a otro siguiendo las indicaciones que nos dieran entre los dos por la empapada y resbaladiza cubierta del barco. Las primeras: arriar velas y asegurar los cabos del barco. ―¡Yo me encargo de las velas! ―grité dirigiéndome al mástil, para que mi compañera y yo estuviéramos coordinadas. Empecé por los foques de proa, que eran los que antes recibían el fuerte viento. Tiré de la cuerda y la fui desenrollando para que la resistente vela bajara, terminando luego de asegurarla con cuerdas a la botavara. Luego hice lo mismo con el resto de velas, dejando para el final la mayor A pesar de nuestros esfuerzos, el navío seguía desbocado y casi sin control en la que era sin duda la peor tormenta que había presenciado en toda mi vida, y yo no estaba dispuesta a perder a nadie; mucho menos después de salir del infierno por el que habíamos pasado. Por suerte, si algo tiene un barco son cuerdas. Me apresuré a ir al mástil mayor y asegurar algunas a las cabillas. Las dos primeras fueron para Dimitri y Kael, a quienes me dirigí a la carrera y agradeciendo ser lo bastante ágil como para mantener el equilibrio en esas circunstancias. ―¡Tomad! ―exclamé, tratando de hacerme oír por encima del rugir de los truenos y las olas―. ¡Atáoslas a la cintura! Cuando Dimitri mencionó el nudo de as de guía, asentí. Era el recomendado por la Marina para estos casos, y era exactamente el que había realizado. Uno doble, por mayor seguridad, para poder sujetarlo por arriba y abajo de las cabillas. Sujetando una de ellas para sentirme más segura de vuelta al mástil, me apresuré a atar otras dos en cuanto llegué a las cabillas. En cuanto divisé a mi compañera, me apresuré hacia ella. ―¡Hae-Won, toma! Le lancé una de las cuerdas sólo cuando estuve segura de que lo haría bien y ella pudiera cogerla. Únicamente entonces me até la mía propia a la cintura. Sí, sabía que en todos los manuales se decía que debía protegerse uno mismo primero, pero también supe siempre que yo no sería capaz de hacer eso, ni siquiera aunque yo misma tuviera una akuma, y menos aún cuando era la que se movía mejor en estas circunstancias y veo mejor en la oscuridad. Las horas pasaron y los esfuerzos no disminuían. Lejos de pasar, la tormenta no hace más que arreciar con aún más violencia contra todo lo que ve. Por orden de Dimitri, Hae-Won y yo habíamos pasado a asegurar la carga del barco, encargándonos de que nada saliera de su sitio y pudiera herirnos por accidente. Aun con los músculos agarrotados, mientras aseguraba las últimas cuerdas, vuelvo a preocuparme por Shin. Había pasado demasiado tiempo, era nuestro único médico y yo no tengo ni idea del tipo de heridas que tendrá. Sé que soy la única en la tripulación con un mínimo de posibilidades de poder ayudarlo, pero también soy plenamente consciente de que hay que luchar por salir vivos de esta tormenta o no quedaría nadie a quien poder ayudar. Entonces, los relámpagos muestran una sombra diferente. Uno inmenso revela una sombra rojiza, más alta e inmensa que cualquier isla. «¿La Red Line…?». Había leído sobre ello, pero ni siquiera estaba segura de que su existencia fuera real, por lo que mucho menos deberían de haberlo sido aquellas corrientes que subían paredes rocosas. El ferry también comienza a ignorar el curso normal de la gravedad. ―¡Aligerad la carga! Acatamos la orden de Dimitri. Saco mi katana y empiezo a cortar los cabos que pudieran estar reteniendo peso y comenzo a empujarlos hacia el mar. Es el turno del barco pirata. Tenemos que darnos prisa. Aún hay mucho que hacer y el tiempo corre más deprisa de lo que parece que podemos abarcar. Ahora, nuestros compañeros de la 80. Al fin, la última carga. Lo conseguimos. Quedo paralizada varios segundos, sin poder dejar de observar por pura fascinación la caravana ante nosotros, como si inconscientemente quisiera memorizar con absoluto detalle cada instante de aquella visión. Somos los siguientes. ―¡Hae-Won! Grito para encontrarla, habiendo visto que Kael y Dimitri quedarían fijos al timón. Corro hacia ella, la agarro de la mano y la llevo donde el mástil. Si el barco iba a quedar colocado en vertical, sería más seguro que nos quedáramos con las espaldas apoyadas contra este, evitando así caer. Llegamos justo cuando el barco comenzó a subir la pared. Apreté fuertemente a mi compañera junto a mi cuerpo, quedando mi espalda contra la madera y ante nosotras unas vistas privilegiadas de todo cuanto ocurría ante nosotras. El movimiento era antinatural y el corazón me latía a mil por hora. Cuando quedamos prácticamente tumbadas sobre la madera, trato de incorporarme, para pasar a estar sentadas sobre la madera del mástil. Mis ojos quedan fijos hacia el cielo, recibiendo la lluvia directamente contra mi rostro, pero pudiendo a pesar de todo ver perfectamente la popa de los otros barcos a contraluz de los relámpagos. Jamás pensé tener unas vistas como aquellas. Los minutos pasan y, una vibración me alerta en mi chaqueta. ¡Mi Mushi Mushi! Saco al caracol de mi bolsillo y descuelgo la llamada, que queda audible para mi compañera y para mí. ―División 75, División 80, escúchenme. ―¡Masami! ¿Qué pasa? Por un instante tengo el corazón en un puño, pero su respuesta es una canción que cambia la que había estado sonando hasta entonces. Es una de esperanza y valor. No puedo evitar reírme por lo bajo y abrazar la cintura de Hae-Won. ¡Todo va a salir bien! Casi como una respuesta a mi pensamiento, un fuerte crujido en el casco me alerta casi al mismo tiempo que lo menciona la canción. Aun así, más me preocupa la sensación en la madera en la que nos sentábamos. ―¡Cuidado! ―exclamo inclinándome hacia delante, tratando de proteger a mi compañera al cubrir su cuerpo con el mío y apoyarla contra la pared de madera que hacía un rato habría llamado cubierta. El mástil, ya dañado de antemano, termina de quedar en jaque por el golpe y no puede soportar su propio peso en aquel extraño y literal giro de los acontecimientos. Miro hacia atrás y, con los ojos muy abiertos, lo observo empezar a romperse por detrás de mí. ―¡¡Nyra, hay que cortar aparejos!! ―¡¡A la orden!! ―exclamo antes de poner mi Den Den Mushi en las manos de la albina―. ¡Cuida de Carlos! Acto seguido, me pongo en pie envalentonada por la canción, desenvainando la katana para romper la cuerda más alta y que agarraba el mástil a la parte superior de la proa. Inmediatamente, hago uso de mi agilidad para saltar sobre la botavara, agarrando con una mano la cuerda de seguridad desde la que me deslizo y con la otra la espada. Una a una todas las cuerdas que atan el mástil a cualquier zona del barco quedan perfectamente cortadas al ritmo de la voz de Masami que con mi buen oído aún era capaz de escuchar. Por suerte, las cuerdas de seguridad quedan por debajo de la zona de rotura, por lo que, incluso si cae, no va a arrastrar ninguna de ellas. Apenas había terminado de cortar el último aparejo cuando llega el final de la canción de Masami, aunque las emociones que despertó siguen aún ardiendo en mi pecho. El barco de nuestros compañeros pronto deja de ser visible tras doblar la cima de la inmensa montaña. Trepo deprisa por mi cuerda, llegando así a la base del mástil, justo donde había dejado a mi compañera y vuelvo a sentarme justo detrás de ella, agarrándome a su cintura en el mismo instante en el que vuelvo a sentir un vertiginoso cambio en la gravedad que nos vuelve a inclinar hacia atrás, apoyando nuevamente mi espalda contra la madera. ―¡Ya estoy de vuelta! ―en cuanto recupero mi caracol, vuelvo a guardarlo en el bolsillo. En un movimiento lento pero ineludible, el Tempestad fue inclinándose hacia delante, provocándome un cosquilleo que jamás había sentido antes en el estómago. Una sensación extraña, envuelta de emoción, terminó de desatarse en carcajadas cuando llegaron a nosotras los ecos de una canción entonada por la voz de Enji. Ellos estaban bien, ¡y quizás esto era lo más parecido a una montaña rusa que fuéramos a ver! ―¡¡Levanta las manos, Hae-Won!! ―exclamé haciéndolo yo―. ¡¡WAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!! Quizás, si yo no tengo miedo, tampoco los otros lo tengan. En mi mente, la letra de la canción de Masami aún resuena: «¡Llegaremos juntos aaaaaaaaal final~!».
Informe de la Marina
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Barald Kane - 23-04-2026 Y al fin, una tripulación reunida y viva después de todo lo que habían pasado se juntaba de nuevo en el mismo ferri que los trajo hasta aquí. Barald no sabía que clase de historias podrían contarle cada uno de ellos de ese sitio, lo que el tenía claro es que cada uno de los allí presentes había vivido su propia parte de esta aventura, no hacía falta hablar demasiado de momento pues con sus propios ojos veía el resultado. Apaleados, todos y cada uno de ellos había sufrido a su manera pero habían conseguido encontrarse ¿aun recuerdan como se desmayaron o se les olvidó? Barald no supo el que, ni el como, pero recordó por un momento aquella sensación de desconexión en su cerebro, como si se desmayara sin un motivo aparente. Quizá en algún tiempo, descubriera de que se trataba. Sabía que todos y cada uno de sus compañeros había vivido una situación parecida a la suya y cuando estuvieran mas tranquilos, con gusto, escucharía todas esas historias, pero no había tiempo que perder. Miro a Tezca cuando reposo con la cabeza su hombro, parecía que sus fuerzas empezaban a agotarse pero aun así ... les dijo a todos que se veían como recién atropellados.
No le faltaba razón, Barald, milagrosamente, a pesar de estar herido y aun mojado por las tremendas zambullidas de papa cocodrilo, había evitado morir y oler a cloaca, era un gran logro. Dejo a Tezca bajar de su espalda, pendiente de el en todo momento por si perdía las fuerzas, dejando que el mismo intentara moverse, aunque tuviera que ayudarlo inmediatamente. Observó la tenacidad de Ryota en sus ojos, dando prioridad a lo que realmente importaba en esos momentos.- Eh Ryota si que te volviste más fuerte hasta pareces un capitán aunque ... ¿te equivocaste de bando no? - Bromeo al castaño, aunque nada mas allá de la propia realidad, si que parecía un capitán marine. Se acercó a el junto a Tezca mientras le ayudaba a caminar, apoyó su mano izquierda en su hombro en señal de complicidad justo cuando paso a su lado, Barald le confiaba la vida de el y la de los suyos a un man que sin barco, era el mejor navegante de todo ese lugar, el sabía lo que tenian que hacer para sobrevivir en alta mar, aunque capaz le diera pereza y dejara todo en manos del destino. El tono de voz de Barald siempre era el mismo, pausado, tranquilo, pero siempre era directo, Tezca también podría escuchar sus palabras. - Haz que salgamos de aquí bro- Tras aquellas palabras dejo pasar su mano de largo para continuar su camino mirando a Tezca - ¿crees que el capitán hara que el ferri explote? - Comentó con Tezca a medida que caminaban poco a poco al interior del barco en búsqueda de un camarote, riendo. - Dahahahahahaha - Con suerte llego hasta un camarote cerca, abrió la puerta y ayudó al rubio a entrar, colocándolo en una de las camas del camarote mientras rebuscaba entre las cosas que había por allí, había unas cuantas velas. Saco el mechero con el que se encendía los cigarrillos siempre que, sin saber como, había sobrevivido al combate con papa cocodrilo, usándolo para encenderlas alumbrando el lugar. - ¿Así mejor? - Podía ver entre líneas como el rubio disimulaba su estado actual con su comportamiento y Barald, sin decirle palabra alguna, empezaría a tratar sus heridas con el botiquín que Kael le dio antes de que todo acabara. No era ningún experto, pero sabía lo que tenía que hacer para aplicar un botiquín, aunque no fuera tan rápido como los profesionales. Sonrió con el rubio y su palabra de comerciante, tuvo una gran impresión de el al conocerlo y tras todo lo vivido, sin duda, se había convertido en alguien importante, tanto que lo curaría y aguardaría junto a el hasta su recuperación. - ¿Viste que sprint de espadachín? Ni en tus mejores sueños fuiste tan rápido. - Ni el mismo creía sus palabras, sabía que era mas lento que una piedra, eso si, sus piernas no pararon. - Sabes que soy justo, es lo menos que puedo hacer. - Dijo el espadachín esta vez en un tono mas serio. Escuchó la historia del viejo de Tezca y su canción. Barald intentaba ponerle el botiquín pero un rubio mal herido creía que estaba de fiesta y no con un cirujano en prácticas y a pesar de que le hiciera gracia, se contuvo su risa igual que cuando regañabas a un niño pequeño, moviendo su mano izquierda hasta su cara para con tan solo un chasquido, golpearlo con el dedo indicé en la frente mientras seguia aplicando el botiquin.- Si sigues moviéndote así, te corto un brazo idiota - Inmediatamente se dio cuenta de un dato super importante que le faltaba en su ecuación. ![]() - ¿Mierda no puedo no? me olvidé que eras de arcilla dahahahahahaha - Tras su risa siguió curando al rubio. Había pasado un tiempo desde que habían llegado al ferri y por fin, había tratado las heridas del gran capitán postizo de los Hanu Mahana, aunque capaz sus habilidades de curación no son nada del otro mundo. Había estado tan centrado en hacer de medico que había perdido la noción del tiempo y se había perdido todo lo que había ocurrido fuera del barco, hacía poco que Ryota los había visitado en el camarote ¿cuántas horas habían pasado desde que entraron ahí? desconocía de aquello. Podía escuchar los relampagos, y de pronto sintió al barco moverse de manera inesperada, pronto podría salir a fuera a ver lo que estaba pasando pues justo, había terminado de tratar las heridas de su compañero. ¿El barco parecía estar inclinado? ¿por que gritaba tanto la gente de ahí fuera? - ¿Ya puedes andar? Salgamos ahí a fuera, no pienso perderme eso. -
Cofre del tesoro
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Tezca Norova - 23-04-2026 [personajeinvalido=3367] ¿Qué era algo que podía revivirme de las garras del cansancio? Ver a la tripulación completa. Barald, el único lo suficientemente genial y confiable para no abandonarme, Ryota, Runin, Yuuki, Wyatt, Cardan y Tocho Morocho. Finalmente. En el lugar que, geográficamente, había dado de ser lo que buscábamos pero donde la suerte nos había hecho una broma de pésimo gusto.
Nunca más ¿me escuchaste, suerte? No seas tan quisquillosa conmigo que lo único que este pobre hombre ha hecho es amarte. Levanté la cabeza al escuchar el hablar del capitán, notando también la cercanía entre Runin y este. Huh, Ver evolucionar aquello podría ser muy interesante. Quien lo diría: El extrañar une más a la gente, suponía… Maldita sea, no era momento para que aquel pelinegro yakuza apareciera en mi mente. Fuera de aquí pensamientos intrusivos. Seguía estando en la mierda y probablemente si ese hombre me viera en este estado se preocuparía de más. Debía llamarle, pronto. Sin más, tomé la cantimplora que Runin me ofrecía, tomándola para olerla apenas y darle un sorbo antes de guardarla en mi pantalón. Se la devolvería en un rato pero algo me dice que la iba a necesitar pronto. —Ah, querida, siempre sabes lo que necesito. Dicen que alcohol para las heridas, así que provecho. —
Con un quejido intenté reincorporarme, bajando de la espalda del hombre de ojos rojos, me dolía la espalda: Mi postura me recordaba al maldito viejo cada vez que terminaba de trabajar. No, probablemente me dolía más que a él y estaba tomándolo como todo un campeón. —Venga, lo voy a aceptar pero no por gusto, capitán ¿me entiendes? Bien podría quedarme por aquí y vigilar lo que hacen, soy un supervisor muy exigente. Vamos, no me malacostumbres o no querré volver a pisar tierra y prometo por mi amante el mar que lo cumplo.— Bromeé, dándole una palmada en la espalda al espadachín antes de cruzar mi brazo por su espalda para apoyarme en este y caminar a los camarotes.
Estaba oscuro, dándole un toque lúgubre que no ayudaba con mi inquietud: Parte de la tripulación estaba fuera de mi visión una vez más y eso sin duda me causaba cierta inquietud, estarían bien, al igual que nosotros. Nadie estaba solo y solo necesitaba un pequeño descanso antes de retomar mi usual y fuerte yo. —Nah y si explota pues igual ya le tocaba. Con nuestra fortuna no me parecería extraño. —
Esperé a que el hombre abriera la puerta para entrar con este, soltando un doloroso quejido al reposar contra la cama, ladeando la cabeza al espadachín. —Mira esto, sin luz es una mierda, si yo fuera el capitán del navío saltaba al mar por la vergüenza. Servicio deplorable. — Le sonreí, intentando que no notara la expresión de dolor detrás y finalmente cerré los ojos, quitándome los lentes para dejarlos a un lado de la cama. El mar se mecía pero no daba tranquilidad: Nuestro destino era mucho más intenso de lo que había sido y el viaje apenas iniciaba. Noté que el hombre comenzó a curarme, y solo pude soltar una pequeña risa antes de observarlo una vez más. —No dejas ninguna cuenta pendiente ¿verdad? Eso es honorable. Si alguien quiere hacerte algo te traeré su cabeza como regalo. Palabra de comerciante. —
Y la inquieta quietud volvió, inquieta pues en realidad no había quietud más que truenos, relámpagos e incesante mar: Tal vez molesta porque no me hundí en sus brazos: no lo disfrutaba, menos cuando me costaba estar tan alerta. —¿Sabes? Cuando el viejo me curaba dolía como la mierda, las heridas duelen y sanarlas para que no se infecten es peor ¿me entiendes? Así que me enseñó una canción que cantaban los borrachos de sus amigos— Carraspeé, tomando aire antes de comenzar a cantar.
Cita: Esperaba que eso nos distrajera lo suficiente, acompañando el temblar del mar y sintiendo la percusión de los truenos acompañar la canción ¡La dama Mar podría estar molesta conmigo pero el cielo sabía que esta era una muy buena canción! Y entonces comenzamos a levantarnos, el barco comenzaba a moverse como un barril en una tormenta y solo pude sostenerme de la base de la cama esperando lo mejor y entonces… el descenso. —Puedes intentar cortarlo, es más, te hago un cenicero, idiota. Ah, la lata se mueve… ¡No están llevando pescados en barriles! No dejan a un hombre entonar en paAAAA — Era terrible, como si estuviéramos en aquellos juegos a los que prometimos subirnos, el barco parecía moverse con ansía como si también deseara llegar al destino o tirarnos por la borda.
Eso era lo que necesitaba, un parche, con lo que sentirme mejor para nuestro siguiente capitulo. —Venga, suficiente descansamos y no te voy a cobrar la canción. — Le sonreí, acomodándome ligeramente una de las vendas, probablemente necesitara más, pero que más daba: De pie o acostado, apenas podría cerrar los ojos.
Resumen
Karmas
Posicionamiento
Bélico
Gastos de energía y vitalidad
Akuma
Estados
Inventario
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Dharma - 23-04-2026 Era noche cerrada. La fuerte tempestad parecía acrecentarse a cada momento que pasaba, arremolinándose sobre Kutsukku como una gigantesca espiral, y sobre la totalidad del South Blue, daba la impresión; era como si el mismo viento hubiese cambiado de voz, y como si la lluvia cayera con ímpetu voluntarioso sobre la isla y cuanto mar la rodeaba. La instalación subterránea de la que habían salido hacía temblar el suelo, colapsando sobre sí misma en un mar de humo y ceniza que emergía del suelo como un volcán. En la lejanía, los truenos empezaban a resonar como enormes tambores, y algunos relámpagos agrietaban los cielos tras el horizonte.
La lluvia arreciaba, el clima tenia su propia voluntad y la ejercía, como un dios indolente que no prevé las consecuencias o no tiene intenciones de considerarlas. Sobre el navío de nombre Buda se encontraba Dharma, observando y escuchando el estruendo de aquello que antes había sido un tipo de coliseo, no tuvo una gran batalla, no pudo hacer lo que hubiera querido. Pero por lo menos se había acabo ese lugar tan tedioso. Su enemigo en brazos de un marine, vivo o muerto, para el de orbes esmeralda daba exactamente igual. Lo importante ahora era sobrevivir, mientras el barco se movía al vaivén de las tempestades. El tempestuoso mar hacia lo suyo, arropando con agresividad a los navíos que yacían en las aguas de esta isla tan enigmática y fría en un sentido único. Puesto que nada ahí era visible a simple viste, ni nada ahí parecía recordar las tropicales sensaciones anteriores a la llegada. Dichas naves se movían una tras otra sin control alguno, al menos eso parecía si alguien pudiera visualizar todo desde un gran punto. Dharma se sostenía de una de las cuerdas del buda, al mirar también la llegada de Melly, la cual comenzaba diligentemente a intentar controlar el navío, a la falta del navegante oficial. Habían muerto varios de los miembros de la tripulación e incluso no había rastro de otro más, la importancia ahora solo recaía sobre aquella Gyojin peculiar que nombraba al espadachín su capitán con entusiasmo y fe. | Melly esta tormenta excede nuestras capacidades... Sanemi... bro... tsk... ha muerto y por lo que veo los demás también solo restamos tu y yo, así mantén esa voluntad y sigue intentando controlar el navío, mientras yo trato de ajustar las velas... | Su voz era directa y certera, no titubeaba, no flaqueaba, así era Dharma, nada de lo que ocurriera podría contristarlo o preocuparlo en demasía. | Nuestro destino esta más que sellado Melly... llegaremos al Grand Line de una u otra forma...| De un momento a otro mientras intentaba ajustar a Buda, se encontraban ante la entrada de la Red Line. Sus grandes murallas naturales parecían querer imponerse, pero de alguna u otra forma los presentes, resistían, se mantenían, existían. Nada más los derrotaría, podrían destrozar sus cuerpos, el barco, pero la voluntad era férrea, aun siendo menos, los restantes de los Rakshasa, intentaban sobrevivir entre los movimientos caóticos del barco que se encaminaba a la Reverse Mountain. Dharma hizo el ultimo intento que la gravedad y los movimientos le permitían, haciendo caso a las instrucciones de la mas sapiente sobre navegación. | Ya se ha hecho lo que pudimos Jahjahjah... agárrate fuerte Melly... vendrá lo mejor ahora | El Buda se erguía con vehemencia, pero parecía algo efímero, entre la altitud que denotaba esa peculiar formación natural y la impetuosa lluvia, no habia mucho que hacer, cada gota que caía incluso dificultaba la visibilidad, el hablar, el respirar, un desafío más. Dharma sonreía, reía ante la dificultad, era inminente, no tenían las posibilidades, sus simulaciones mentales no daban pauta para algo más que el caos. Y bienvenido sea una vez más lo errante y caótico eso es parte del universo, del cosmos entero que se ajetrea ante la voluntad de un par de piratas y que se expresa por medio de un mar embravecido. | Lo has hecho bien Buda... nos has traído con vida... | Veía de reojo a causa de la lluvia, como este barco se desgarraba lentamente, soportando en medida de lo posible aquella pendiente que ahora iba ir en picada. No había mostrado mayor cariño por algo o alguien que por algo material, pues su utilidad fue sublime y cuando algo es útil y fuerte se admira. No hay más que decir, sus destinos como hasta ahora eran controlados por cosas más allá de sus fuerzas. Era frustrante, terrible, pero a la vez abrumadoramente complaciente saberse tan pequeño y con la posibilidad de ser quien amenace todo un universo. Las tinieblas se hicieron mostrar ante la ineptitud de las estrellas o la luna, no había quien alumbrase, estaban solos esperando un destino.
OFF ROL:
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Sigrid Birkisson - 23-04-2026 Era lógico pensar que Sigrid atendería primero a Don Ald, pero el grito de Akira le hizo girar la cabeza de inmediato. Su atención cambió al instante, sin dudarlo, se levantó y se acercó a él, dejando que Masami se encargara de lo que pudiera por su cuenta. Ya habría tiempo para enseñarle medicina, pensó brevemente, pero ahora mismo lo importante era actuar. —Quédate quieto y revisemos tus heridas, Akira-chan.— dijo con firmeza, pero sin perder ese tono cercano que la caracterizaba. Se inclinó frente a él, con sus ojos recorriendo rápidamente su cuerpo. Las marcas eran evidentes, cortes, golpes había peleado, y fuerte. Sigrid frunció el ceño, concentrada, moviendo con cuidado una de sus manos para evaluar mejor la gravedad. —Si te acuestas es mucho mejor. — añadió, señalando la cubierta con un leve gesto, buscando que facilitara el trabajo, pero justo cuando iba a continuar con la revisión, algo en su postura cambió. Su cuerpo se tensó apenas, como si un pensamiento la hubiera atravesado de golpe. Miró de reojo, un segundo, hacia donde estaba el otro cuerpo el que Enji había dejado como si nada, su instinto le decía que no podía ignorarlo por mucho tiempo, aun así, volvió la mirada a Akira, priorizando. —No te muevas— repitió, más seria ahora, apoyando una mano con cuidado cerca de una de sus heridas. —Respira normal, yo me encargo. — mientras ella estuviera de pie, alguien más no tenía por qué caer. Pedirle a Akira que se quedara quieto en medio de todo aquello era casi absurdo, y Sigrid lo entendió en cuanto vio cómo se mantenía firme en el timón, con esa determinación que no iba a romperse ni con dolor ni con órdenes. Chasqueó la lengua suavemente, resignándose sin perder el enfoque. —Bueno, pero no te me desarmes aquí.— murmuró, acomodándose como pudo a su lado. El barco se movía con violencia bajo sus pies, las olas golpeaban sin descanso, pero aun así la vikinga encontró el espacio necesario. Se apoyó ligeramente, usando su propio cuerpo para estabilizarse mientras una de sus manos trabajaba con cuidado sobre las heridas de Akira. —No te muevas más de lo necesario— insistió, esta vez más bajo, concentrada. Con movimientos firmes pero precisos, comenzó a vendarle, ajustando lo suficiente para contener la sangre sin entorpecerle el movimiento. No era un tratamiento completo, no en esas condiciones, pero sí lo necesario para mantenerlo en pie, sus ojos bajaban y subían constantemente, evaluando cada herida, cada reacción. —Aguanta un poco más, Aki-chan— dijo, apretando el vendaje final con cuidado. —No voy a dejar que te vacíes aquí. — El barco volvió a sacudirse y Sigrid ajustó su postura sin perder el equilibrio, una mano aún cerca de él por si fallaba. —Cuando todo esto se calme, te acuesto quieras o no. — añadió, dejando escapar una leve sonrisa, ella seguía cumpliendo su papel incluso en medio del caos. Masami hacía lo suyo desde lo alto, vigilando el entorno, Juan había desaparecido con Don Ald hacia el interior y Enji sostenía lo que podía para que nada saliera volando, y en medio de ese caos la voz de Masami comenzó a escucharse, cantando. Sigrid alzó la mirada un segundo, sorprendida, y una pequeña sonrisa se le escapó casi sin darse cuenta, no entendía las palabras, pero el efecto era claro, como si ese canto le diera ritmo a todo. —Así me gusta.— murmuró por lo bajo mientras el barco se sacudía con violencia, inclinándose peligrosamente de un lado a otro mientras las olas lo empujaban sin piedad, Sigrid miró el movimiento, lo sintió bajo sus pies y tomó una decisión simple, directa, muy suya, si el barco se inclinaba, ella lo compensaría. Sin dudarlo, comenzó a moverse de un lado a otro de la cubierta, usando su propio peso como contrapeso. Cuando la estructura cedía hacia la derecha, Sigrid corría hacia la izquierda, cuando cambiaba, ella respondía igual, pesada, firme, sincronizándose poco a poco con el ritmo del mar, cada paso suyo hacía crujir la madera, cada cambio de posición era calculado a su manera, no con números ni fórmulas, sino con instinto puro, sintiendo el equilibrio en las plantas de sus pies. —Vamos aguanta un poco— murmuraba, como si el barco pudiera escucharla. El viento golpeaba su cuerpo, su cabello rojizo agitándose con fuerza mientras seguía moviéndose sin parar, ignorando el cansancio que aún arrastraba, pero estaba funcionando, el barco dejaba de inclinarse tanto, no por completo, pero lo suficiente. —¡VIKYKYKYKYKY!— soltó de pronto, su risa mezclándose con el canto de Masami y el rugir del mar. Justo cuando alcanzaron la cima de aquella inmensa subida, todo se detuvo por un instante. El caos, el ruido, la tensión todo quedó atrás, como si el mundo hubiera decidido darles un respiro. Frente a Sigrid se extendía un mar infinito, vasto, abierto, casi hipnótico, sus ojos se abrieron un poco más, absorbiendo aquella imagen. —Es hermoso.— alcanzó a murmurar, pero duró lo que tenía que durar, un segundo, dos o tres y luego la caída. El barco se precipitó hacia abajo con violencia, como si hubiera sido arrancado de ese instante de calma y lanzado directo al abismo. El estómago de Sigrid se encogió, su cuerpo reaccionó al instante, aferrándose con toda la fuerza de sus manos a lo primero que encontró. —¡AGARRENSE DE LO QUE SEA! — gritó, su voz imponiéndose por encima del viento. Sus músculos se tensaron al máximo mientras la gravedad hacía lo suyo, el viento golpeando su rostro con fuerza, su cabello agitándose salvajemente. La madera crujía, el barco entero vibraba, y por un momento real, crudo, parecía que iban directo a perderlo todo, pero Sigrid no soltó, apretó más. Sus manos casi hundiéndose en la superficie que sujetaba, su cuerpo resistiendo como un ancla viva en medio del descenso. —¡NO NOS VAMOS A HUNDIR!— gritó otra vez, más para los demás o quizás para ella misma.
Cosas Vikingas
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Dimitri St. George - 23-04-2026 [personajeinvalido=3367] El día que decidí ser navegante me juré a mí mismo que nadie ni nada más volvería a doblegar mi vida. Aprendí a leer viento y marea con la firme intención de alcanzar cualquier costa, de huir tan lejos como necesitara y descubrir lugares con los que ni siquiera sería capaz de soñar. Sin embargo, la marea hambrienta que nos devoraría se convertiría en un cruento recordatorio: a veces resultaba imposible decidir tu destino. ―Dimitri. Voy a necesitar que seas claro con las indicaciones, porque no sé bien que vas a querer que haga. —¡No te separes de mí! —Por cada relámpago que rompía el cielo, una maza caía directa sobre mi cráneo—. Necesito que me mantengas en el timón. Pase lo que pase, no dejes que lo suelte. Tus manos sobre las mías y sígueme el ritmo. Sobraba decir que sin él no resistiría. Era evidente que no me encontraba bien. No necesitaba un espejo para saber que probablemente tenía el rostro pálido, coronado por inmensas ojeras. Escupí la menta, con los pulmones algo más llenos de oxígeno, aunque la lluvia y el oleaje mantuviera nuestras ropas caladas. Nada de eso me importó. Era consciente de que no había nadie más en el barco con los conocimientos necesarios para intentar mantener el Tempestad a flote. —¡¡Arriad velas!! —grité, por encima del rugido que provocaba el oleaje—. ¡¡Asegurad la carga!! Lo más recomendable en situaciones así era aceptar la corriente. Por eso me afané en buscar los canales naturales de la propia corriente. Más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto. Por eso le pedí a Omuyaga que también fuera mis ojos, que se mantuviera alerta y me informara de cada zona en la que la espuma parecía menor o el oleaje mantenía una cadencia de ondas más largas y regulares. Puse toda mi atención en ello, mientras trataba de ajustar la velocidad del barco con movimientos milimétricos: de cara al viento cuando me interesaba reducir la velocidad o exponiendo ligeramente la única vela que había quedado algo acondicionada para ello. Aquella travesía se convertiría en un tormento. Cada vez que tuve la oportunidad, conduje la proa lo justo para que entrase en esas corrientes limpias. —¡¡Omuyaga, hay que sortear la ola entre treinta y cinco y cuarenta grados!! —dije en algún momento, desesperado por evitar que el Tempestad clavase las olas, para reducir al máximo los daños—. ¡¡SUJETAOS!! Traté de avisar de cada envite evidente; de aquellos que sabía que no podría esquivar. El peso de Omuyaga me mantenía junto al timón. Su pecho contra mi espalda, me ayudaba a tomar un respiro cuando todo mi cuerpo clamaba por desfallecer. Sus manos, grandes y fuertes, eran las amarras que necesitaba para dotar de la fuerza e inercia suficiente al timón. —¡¡Hay que asegurarse!! ¡¡Realizad nudos de as de guía!! Agradecí que Nyra nos acercará las cuerdas de salvamento. Kael se encargaría de rodearnos a ambos por el torso para mantenernos unidos y afianzar los extremos en las barandillas. De este modo, crearía un cerco entre el timón y nosotros. Nos serviría como red de seguridad en el peor de los momentos. Desconozco cuánto tiempo estuvimos perdidos en la tempestad, junto al resto de barcos. Solo sé que en algún momento, una silueta colosal se abrió paso frente a nosotros. A mí se me subió el corazón a la garganta. —¡¡ALIGERAD LA CARGA!! Nos acercamos más rápido de lo que desearía a esa corriente antinatural. Mentiría si no dijera que me encontraba espectante por el resultado, anestesiado por una sensación de irrealidad debido a todo lo que habíamos vivido. Y así, de forma precipitada, nos encontramos arrastrados hacia Reverse Mountain. Había escuchado hablar de ella cientos de veces. Por mucho que hubiera estudiado sobre navegación, no estaba preparado para ella. El Tempestad comenzó a adoptar una posición totalmente vertical, en la que sentí mi cuerpo presionar aún más la espalda de Omuyaga, al que a su vez sostenía la doble cuerda que habíamos utilizado para afianzarnos al timón. —Ahora… —mascullé, con la mandíbula apretada por la tensión de mantenernos en el sitio—, lo más importante es mantener proa y popa alineados y utilizar al resto de navíos como cobertura. Sí, de nuevo, qué bonita sonaba la teoría. La práctica se traducía a una lluvia cuyas gotas parecían aguijones, acompañada por un ruido atronador que ni siquiera la canción de Masami lograba mitigar. El aura de las migrañas me dificultaba la visión. Creo que todos notamos el momento exacto en que una roca arañó el casco. En seguida noté sobre el timón los efectos del agua que había comenzado a inundarnos. Lo habría priorizado de no ser porque los crujidos sobre el palo mayor auguraron lo cerca que estaba de partirse por la mitad. No iba a tener salvación. —¡¡NYRA, HAY QUE CORTAR APAREJOS!! La única oportunidad de evitar daños mayores era esa. Si seguía unido una vez terminase de partirse, se convertiría en un péndulo capaz de sacarnos a todos fuera del barco. —Omuyaga, agarra el timón y no lo sueltes. —Con una mano, busqué el den den Mushi a duras penas—. ¡¡División ochenta, situación crítica. El palo mayor se nos parte. Tenemos un agujero en el casco y todos somos usuarios de Akuma!! Volví a aferrar el timón. No es que pudieran hacer mucho por nosotros. Tal vez, con suerte, recuperar nuestros restos. Irónicamente, fue la primera vez que no temí a la muerte. El Tempestad alcanzó la cima. Tal vez se debió a las canciones de la ochenta o al grito de júbilo de Nyra, justo antes de precipitarnos al vacío. Me permití tomar una amplia bocanada de aire. Ese día aprendí que morir también podía ser divertido.
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RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Kael Omuyaga - 23-04-2026 Cargar con Shin hasta el barco, cuando llegó con él hasta la popa del Tempestad creyó que era una buena idea. El planteamiento era intentar que se le viera precisamente por si algún médico, algún marine con un botiquín o simplemente una persona que estuviese dispuesta a ayudar lo viese por el camino para poder hacer lo que él, desgraciadamente tras los gastos y daños de ese combate contra el teniente ya no podía hacer. Al final, llegar al barco sin ver prácticamente a nadie le quitó parte de esa esperanza. Escuchó por Den Den Mushi a Nyra, quién se reportaba con la compañía de Dimitri y Choi. ―Me alegro mucho de que estéis bien. Ahora que por fin sabe que al menos su amigo ha dejado de estar en una estado crítico, decadente y se encuentra estabilizándose, puede comenzar a preocuparse genuinamente por el resto de sus compañeros. Lentamente, cuando por fin tuvo un minuto para descansar en el barco, comenzó a dejar que el poder de su akuma absorbiera a Shin, haciéndole disminuir su tamaño hasta que fuera tan pequeño como apenas un dedo meñique -menos incluso-, y, recibido por una versión del azabache en miniatura que lo esperaba tras una compuerta que se abriría ante su llegada, volvería a tomar su cuerpo en brazos para llevarlo hasta el interior. Si iba a dejarlo descansar, sería en una habitación donde pudiera sentirse cómodo, muy en el interior de aquella fortaleza, donde no tuviera que preocuparse por el mundo exterior, y que al despertar, finalmente encontrase todo de una manera en la que no sintiera ninguna hostilidad. Apenas pasaron un par de minutos, pero él se sentía exhausto solo de esa acción. Por un lado, su versión normal estaba ahí, reposando a la espera del resto de compañeros de su tripulación, mientras su versión diminuta había dejado a Shin sobre una mullida cama creada por su propia capacidad sobrenatural en una sala decorada con bastante similitud a la Isla de Samba, lugar donde parece que a su amigo marine le encantaba pasar gran parte de su tiempo. El tiempo continuó transcurriendo, y finalmente, la primera persona a la que vió adentrarse en el barco fue a Nyra, quién parecía preocupada por su compañero inconsciente, especialmente cuando no pudo encontrarlo por ningún lado. ―Tranquila, está a salvo. No tienes nada de qué preocuparte. He usado el poder de mi fruta del diablo para llevarlo a un lugar donde nada ni nadie podrá encontrarlo.―Podría haber dado una explicación mucho más extensa, y si no fuera por la inminente respuesta del único otro hombre en pie en el barco que lo llamaba desde el timón, quizás hasta le habría dado algo más de información...un momento que tarde o temprano debería compartir con ellos.―Confía en mí, estará bien. Puso una mano sobre su hombro tratando de afianzar el mensaje justo antes de dejarla atrás, teniendo que subir apresuradamente por las indicaciones de su navegante. ―Dimitri. Voy a necesitar que seas claro con las indicaciones, porque no sé bien que vas a querer que haga.―Y es que, para su desgracia, ha elegido a una persona que ha descubierto por las malas que no tiene una respuesta demasiado rápida, y que no actúa verdaderamente bien en reflejos. Es una persona de paciencia, estrategia y planteamiento...algún punto débil tenía que tener. ------ Como si el propio mar tuviese su voluntad por sí misma, la corriente arrastra consigo los barcos de una forma inusual. Al principio pensé que la marea era tan fuerte como en los días de tormenta que había tenido que soportar el tempestad, pero en mis propios brazos noté, bajo las indicaciones del que sabía manipular el barco, que definitivamente esto no era normal. No estábamos controlando el barco; prácticamente la corriente nos estaba arrastrando, dejando nuestro barco al final de la línea de caravana que entre el ferry y los otros navíos se movían en dirección a un destino desconocido. Es solo cuando comenzaron a ascender en un movimiento que no parecía propio de la mar sino de una corriente de río, que entendió poco a poco, a la vista en el horizonte, lo que en aquel momento estaba sucediendo. Reverse Mountain. Honestamente, si la situación no fuera extremadamente complicada y peligrosa, Kael habría quedado admirando aquellas vistas como si fueran una de las más bellas que habían vislumbrado sus ojos en toda su vida. No pudo quedar impresionado durante algunos segundos, y si no fuera por lo ennegrecido del cielo, que restaba belleza a aquel hermoso paisaje, que posiblemente habría quedado paralizado por unos momentos más. Las palabras de Dimitri lo devolvían a la tierra, y con toda la prisa con la que podía trabajar, tomó las cuerdas que Nyra había tenido a bien traerles para.... "¿Atarlas a la cintura?" El nivel de peligrosidad de aquella situación había ascendido por encima de sus cálculos, y tuvo que sobrescribir ideas en su cabeza cuando el verdadero peligro comenzó a retumbar sobre sus hombros. El rostro de Dimitri, a la vista de sus palabras, fue algo que no tuvo ocasión de analizar, pero dado su estado de salud y las condiciones a las que se deben enfrentar, debe enfrentarse a una de sus mayores debilidades por el bien de la supervivencia de su grupo. Comenzó a atar la cuerda entre los dos, manteniendo al navegante por delante en el proceso, atándose ambos el torso a las barandillas para crear un cerco con el timón, en cuanto pudo afianzar el nudo sabiendo que ellos volarían juntos de salir despedidos, colocar sus manos algo más grandes sobre las del hombre más esbelto para impedir que soltase el volante del barco. ¿Con esa fuerza era capaz de navegar y manejar el timón? El esfuerzo titánico que el pobre joven tendría que estar haciendo le hacía pensar que alguna vez habría visto rasgada su musculatura si se había enfrentado a tormentas como esta. Incluso el azabache tenía serios problemas para manejar el timón a pesar de la diferencia de fuerzas... No era momento de pensar en eso. Movía las manos de la misma forma en que Dimitri trataba de mostrarle. Treinta y cinco y cuarenta grados buscando sortear la ola. No podía dudar, no podía pensar; ahora él era solo un mandado en una división marine que hacía todo lo posible por sobrevivir. Su objetivo era afianzar la posición de Dimitri, dejando que apoyase todo su cuerpo sobre el suyo para que él llevase la carga, y que fuese la resistencia del "Responsable" el que se encargase de soportarlo por los dos. Sabe al menos que Juan estaría aún más orgulloso e impresionado por ver lo que un humano que además era más bajo que el gyojin cangrejo era capaz de soportar. Al mismo tiempo, en el interior de la fortaleza, tuvo que afianzar la cama de shin, atrapándolo bajo la misma para que el movimiento de su cuerpo no le hiciese tener movimientos bruscos que no tenía posibilidad de evitar. La versión en miniatura de sí mismo tuvo que agarrarse a la cama, e hizo que su cuerpo empezase a cambiar con tal de poder protegerlo a él también, reforzando sus paredes internas para evitar el mayor daño posible y protegerse de cualquier mareo que el fuerte oleaje le pudiera causar. Escuchó a través del Den Den Mushi la voz de Masato de la división Ochenta, pero el fuerte ruido del oleaje y sus malas condiciones, a sabiendas de que poco a poco el barco dejaba de mantenerse en condiciones adecuadas, así cómo lo concentrado que tenía que asegurarse de estar para mantener a rumbo el barco junto con su navegante, fue lo que hizo que no pudiese prestarle atención a la música que salía de la misma. Debía pedirle perdón más tarde si salían de esta a Akira y a ella por no haber actuado de la forma correcta, aunque fuera solamente una excusa en su cabeza para pensar que efectivamente llegarían a buen puerto.
a disposición
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Akira Raito - 23-04-2026 [personajeinvalido=3421] El recibimiento de sus compañeros fue como esperaba, todos alegres de por fin volver a encontrarse, dándose abrazos y continuando con sus bromas. Y… ¿Un pingüino? Al final sus compañeros tenían razón y no era una foca… Así que se volvió a poner en pie y empezó a examinarlo de arriba abajo.
—¿Pero qué clase de pingüino es este? Y con un suspiro tras entender que era del mismo grupito que Landon, se acercó a la médico de la división y dejó que Sigrid le echara un ojo a sus heridas. Debían darse prisa en organizarse de nuevo ya que la tormenta empezaba a intensificar su fuerza, ya no solo era lluvia, también era el viento, los truenos, los rayos… Y lo peor de todo… Las mareas. Cuando por fin entendió que sus heridas no eran tan graves como para impedirle tomar las riendas del buque, siendo vendado con fuerza por Sigrid para que no se le volviera a abrir el tajo que tenía en el pecho, enseguida se hizo con el control de la situación al notar el balanceo del barco y lo que aquello significaba… Una corriente ascendente que los estaba succionando contra aquel par de montañas lejanas, y que, si no hacían algo, pronto naufragarían… —Chicos, que todos sois usuarios de fruta… Madre mía… Se dio una palmada en la frente, no podía permitir que el barco fuera a la deriva sin control, la vida de sus compañeros estaba en juego, y ellos no solo recibirían los golpes de las rocas, sino que también se ahogarían… Bueno, menos Juan, pero sacarlo del fondo marino iba a ser bastante complicado en un lugar tan peligroso… Era un suicidio. La tormenta rugía con fuerza y el barco ya empezaba a balancearse sin apenas control. Y Akira era el navegante de la división, así que tenía que tomar las riendas de la situación, así que por partes organizó un rápido esquema mental de cómo podrían sobrevivir a aquella tormenta en función de las habilidades de cada uno de sus compañeros. Las corrientes ascendentes de la Reverse Mountain no admitían fallos, y esa corriente de agua que ascendía hacia el cielo, desafiando toda lógica, también era un reto para él al timón. Nunca antes se habían visto en la situación de tener que organizarse para navegar porque, hasta ahora, siempre los habían llevado como grumetes… Pero ahora era diferente, estaban solos, e iban directos hacia las nubes negras que no dejaban de lanzar rayos. —¡¡ESTE BARCO NO SE MOVERÁ NI UN CENTÍMETRO DE LA RUTA QUE HE TRAZADO EN MI CABEZA, GLORIOSOS, OS TOCA CONFIAR EN MI!! Y se aferró rápidamente al timón, con el cuerpo blanco por el esfuerzo y las venas del cuello hinchadas. No podía separarse del volante del barco, ahora ese timón estaba pegado a sus manos. —¡JUAN, BAJA AHORA MISMO, LA QUILLA ESTÁ RECIBIENDO GOLPES POR CULPA DE LAS ROCAS, REPARA LAS AVERÍAS ANTES DE QUE NOS LLENEMOS DE AGUA! ¡TODOS TENÉIS FRUTA Y ERES EL ÚNICO CAPAZ DE RESPIRAR SI NOS HUNDIMOS, MEJOR QUE ESTÉS ABAJO! ¡LLÉVATE TAMBIÉN A ESTE! —gritó señalando la escotilla y señalando a Landon, que pateo escaleras abajo para que se quedara a resguardo con Juan y el pingüino por si salían volando. Acto seguido se ató una cuerda a la cintura y rodeó el timón pasándola por los agujeros de los mangos, mejor un nudo que le permitiera virar levemente que perder el control del timón por completo. —¡MASAMI, AL MÁSTIL, NECESITO OJOS EN LO MÁS ALTO, AVÍSAME DE CUALQUIER SALIENTE, NO DEJES DE COMUNICARME LO QUE VES! —le hizo una señal hacia arriba. Si la cosa se complicaba, podía agarrarse fuerte al palo mayor del buque con su cola de serpiente, y si era capaz de animarlos con su música para que dejaran de tener miedo, era un valor añadido. —¡SIGRID, HAZ CONTRAPESO POR CUBIERTA, TIENES QUE MANTENER EL EQUILIBRIO DEL BUQUE O NOS HUNDIREMOS AUNQUE NO PERDAMOS EL RUMBO! ¡DE NADA VALE LLEGAR BOCA ABAJO, QUE ME OS MORÍS! —ella conoce su fuerza y su tamaño y su posición era decisiva para que no se hundiera el barco por un lado y acabaran volcando. —¡ENJI, TÚ A LAS VELAS Y LAS CUERDAS, QUIERO TENSIÓN MÁXIMA PARA APROVECHAR EL VIENTO SIN QUE LOS MÁSTILES PARTAN, CUANDO EL VIENTO CAMBIE, TIENES QUE SER RÁPIDO RECOGIENDO LAS VELAS O SE RAJARÁN E IREMOS A LA DERIBA! ¡SI ESO PASA, PERDEREMOS EL CONTROL! —le indicó mientras terminaba de hundir los pies en la madera con dos fuertes pisotones, quebrándola debajo suyo y haciendo un anclaje perfecto que mantendría a Akira en el sitio sin preocuparse de salir volando. El buque se elevaba por momentos debido a la pendiente tan ilógica de la corriente de la montaña, las rocas afiladas les pasaban a centímetros esperando el más mínimo error, los rayos iluminaban el caos cada pocos segundos revelando la grandeza de la montaña y el abismo que iban dejando atrás… Y de pronto, la voz de Masami, desde lo alto del mástil, empezó a sonar. Un canto, una melodía vocal que vibraba y llenaba de esperanza tanto a su barco como al Tempestad de sus compañeros a través del den den. Akira empezó a seguirle el ritmo y la preocupación de tener que estar pendiente de todos sus compañeros para que no naufragaran o se ahogaran en el fondo del mar iba desapareciendo y siendo invadida por la esperanza. Golpeaba con las manos el timón cuando podía y movía las caderas al compás de la voz de su compañera. Su corazón se había sincronizado con el pulso del barco y allí estaban, manteniendo su posición en el medio de la corriente, cumpliendo cada uno su función, motivados, alegres. La lluvia les seguía golpeando con fuerza, pero ahora sus sonrisas eran más grandes que aquella montaña—. ¡VEO LAS CORRIENTES, LAS SIENTO! —la presión del agua bajo la quilla la sentía como si estuviera dentro de él, estaba siendo uno con las mareas—. ¡DALE MASAMI, SEGUIMOS DE PIE! —empezó a enganchar el estribillo de la canción. —¡LA GLORIA Y LA MUERTEEEEE, GRAND LINEEEEE, ALLÁ VAMOOOOOS! —la sonrisa no le cabía en la cara, dientes era lo que mostraba, DIENTES. —¡QUE GOLPEE LA MAREAAA, QUE RUJA EL VENDAVAAAL! —no podía dejar de seguirle el ritmo tan contagioso a Masami—. ¡AAAAYYYYY SÚBELEEEE, SEGUIMOOOOS DE PIEEEE! —y queriendo dar un salto para deshacerse de las cuerdas que le ataban al timón y salir del agujero en el que había encajado las piernas en la madera del suelo del barco, para extender todas sus extremidades como una estrella de mar, solo pudo hacerlo estirando sus brazos hacia el cielo. La lluvia se detuvo, el sonido de la fuerte corriente y el agobio del resto también desapareció, ahora eran él, sus compañeros y la canción de Masami. El cielo se abrió, claro, azul, sereno. ¡Estaban en la cima de la Reverse Mountain! —¡EL GRAAAAND LINEEEEE! ¡AHORA SÍ, SUJETAOOOOOOS! —y lo siguiente que se escuchó fue a Enji cantando, también con su toque de artista. Y entonces el descenso en caída casi libre empezó, el descenso hacia un mar mucho más peligroso que el South Blue, el descenso al Grand Line, que ahí estaba, frente a sus narices, esperando a la Gloriosa División 80. —¡¡¡TCHAKIKIKIKIYAH!!!
Info.
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Hasegawa Shin - 23-04-2026 Su mundo interior permanecía colorido, incluso en la opresora soledad que parecía buscar carcomerlo. La ausencia repentina de Himari lo dejó junto a una vorágine extraña de emociones, mayormente tristes, a medida que el resto de su mentalidad se recuperaba. Ya no había una claridad absoluta, se perdía entre sueños e imágenes difusas, saturadas, brillantes, y recuerdos de todo tipo aparecían como si fuesen una obra de teatro frente a sus ojos. Recordaba el día donde le juró a Omuyaga que necesitaba irse de Sorbet, el instante preciso donde toda aquella aventura inició. Shin decidido a seguir adelante con la antorcha que su pareja le había cedido debía empezar a moverse, volver realidad el sueño de ser el mejor marine de la historia bajo la perspectiva que Himari le enseñó, así al menos sentía que le llegaría algún tipo de perdón de ella tras no haberla podido proteger. Recordó el día en que conoció a la nueva división. Dravenia y Dashrath tuvieron que seguir otros caminos, en el fondo se preguntaba cómo estarían, pero quienes se mantuvieron en el equipo seguían resultándole un grupo variopinto al que debía proteger, pues aún sin conocer realmente las habilidades de cada uno los subestimaba casi que por inercia, y en eso Himari tenía razón, ¿cómo abandonarlos a su suerte? Incluso si confiaba en Kael, él también debía estar presente. No tuvo demasiado tiempo para conocer a Dimitri, al principio le pareció alguien demasiado correcto y hasta influenciable. Seguía con su orgullo tocado por la manera en que aquel recluta ignoró sus intenciones de luchar contra los piratas Rakshasa y decidió ir a por el ferry en su lugar, y a pesar de que lo confrontaría al respecto, algo en el fondo de su corazón le indicaba que iba a ser más suave de lo que pretendía en un principio. Hae-won y su pasado, una historia que conectaba con la suya, que algún día debía confesarle. Por dentro se preguntaba cómo se lo tomaría, en su infinita bondad, al menos dentro de lo que aparentaba, no creía que fuese a ser una confrontación severa, sin embargo creía que merecía saber el destino de su hermana, y por supuesto, el conocimiento que tenía sobre su familia gracias a lo que se enteró mediante el clan Hasegawa. Nyra... bueno, era su favorita quitando a Kael. ¿Podían culparlo? No siempre se encuentra a gente que está a favor de sus locuras y payasadas, y creía que esa muchacha podía llegar a ser su confidente. Ella también tenía una historia pasada, imaginaba que con sus propios miedos al respecto, y también debía hacérselo saber, ¿cómo se le ocurrió de todas formas, dejar un sueño tan grande en esas manos pequeñas y débiles? Repentinamente sintió ganas de confrontarla y decirle que se quedaría sentada mientras lo observaba brillar. Y Kael... su hermano, aquel que nunca lo dejó solo. Cargando con su cuerpo inconsciente y luego protegiéndole en su fortaleza mientras enfrentaban al mayor peligro conjunto hasta la fecha. Sus méritos respecto a él eran tantos y tan diversos que genuinamente llegaba a sorprenderlo, y quizás era de las pocas personas capaces de hacerlo enfadar y afectar en él de esa forma, porque tiene en cuenta su opinión. ¿De qué otra manera demostraría emociones alguien así de evasivo? No podía dejarlos. Y a pesar de que todo a su alrededor se movía, crujía con fuerza y daba señales de peligro mientras permanecía inconsciente, en manos de Omuyaga, dependiendo exclusivamente de él, quería darles su fuerza, para apoyarlos incluso si no podía ayudar. Flotaba en aquel espacio sin principio ni final, con sus ojos cerrados, bajo el abrazo fantasma de Himari y con el confort de sus recuerdos agradables más cercanos. Así fue como elevó su mano hacia lo que parecía el cielo, intentando empujar, sostener, mantenerlos unidos mientras ascendían la implacable Reverse Mountain. Aunque por supuesto, Shin no sabía nada de esto, ni recordaría sus sueños más allá del momento junto a Himari. Porque su cuerpo físico no se movía, y sus sueños sin forma eran la manera de su cerebro de reforzar que seguía con vida. Pero si hubiese podido estar despierto, aquel habría sido uno de esos momentos en donde sonreiría, confiando en que sus compañeros encontrarían la manera de hacer que todos vivan.
Let there be light
RE: [EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 4 - Choi Hae-won - 23-04-2026 Esto es un horror. Cuando se da cuenta del desastre absoluto que se halla delante de ella, no puede evitar ese claro sentimiento de que, en efecto, todo aquello que tenía que salir mal, salió mal.
Es el caos amarrado en el alma y el peso de su propia incompetencia asolando desde el inconsciente. Debió reparar mejor este bendito barco; su cuerpo, tenso como la cuerda de una guitarra, toma las amarras que Kuroshiro le extendió y la ata por la cintura, no sin antes maldecir para sus adentros a medida que avanza por la corriente, sujetando los enseres que lleva consigo en la bolsa que, ya sucia y bastante gastada por el trajín del momento, se mantiene entera. —¡Nyra! ¡Ten cuidado, cariño! Panaberto está asegurado en su sitio; sus municiones no se han perdido y su arma, ahora fría por el tiempo que ha pasado, sigue sujeta a su espalda gracias a la correa. Ese no es el verdadero problema. El problema está en desatar nudos, aligerar cargas y asegurarse de que todo esté lo más estable posible. Eso es lo que más le ha dolido de toda esta bazofia: arrojar por la borda sus cajas con libros, novelas e historias. Recuerdos dejados atrás en pos de mantenerlos a todos a flote. —Maldita sea… Esto duele más que un balazo directo a la pierna —Es lo único que dice al desatar las cajas que contienen dichos libros—… Hmmmm… Lloraría. Maldita sea. Quiere llorar, sin embargo, la urgencia por salir y el vaivén peligroso de las olas le gritan que su vida es mucho más importante que cualquier libro puesto delante de su persona. Es lo importante, lo trascendental: vivir con el fin de mantener la historia de su existencia a flote. Las palabras de su pareja y la fuerza con la que habla es todo lo que oye en ese momento: sabe que puede reponer sus libros cuando sea. No se detiene al momento en el que ve a su compañera cortar aparejos para ganar la mayor estabilidad. El cuerpo de ella clama por aire, pero despejar el barco y tratar de asegurar lo esencial es lo que mantiene su mente ocupada y su espíritu atento. Sin embargo, cuando el Tempestad se inclina hacia adelante, ella simplemente se quedó quieta. Había hecho todo lo que había podido. Tenía lo más importante del mundo consigo: sus compañeros. No podría hacer nada más que sonreír. La oda a la vida que les extendió Masami, los canturreos de Enji que puede escuchar aún en la lejanía gracias a su oído, y la entrada a uno de los sitios más peligrosos del mundo, le arrebatan una carcajada real. Ya no tiene libros que lamentar porque su vida pesa mucho más que ellos. Los recuerda todos, porque su memoria le ha ayudado a mantenerlos dentro del corazón y el espíritu. —¡NYRA! ¡HOY ES UN GRANDIOSO DÍA PARA ESTAR VIVO! —Salieron de la mayor de las crisis y su mente, más repuesta y confiada, se aferra a esa extraña esperanza—. ¡ESTO ES MÁS EMOCIONANTE QUE CUALQUIER PARQUE DE ATRACCIONES DE SEGUNDA! Maldita sea, que momento más extraño para decir cosas como esas. Cuando se coloca en posición y se asegura de permanecer aferrada junto a su compañera para ponerse a resguardo, solo mantiene la sonrisa. Es el inicio del verdadero viaje para toda la división setenta y cinco, ya sea de este lado del plano, o desde el otro.
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