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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Bertram Gaufrid - 05-07-2026 El arquero de la marina, miembro de la incansable División 60 que no ha dejado de participar en diversas misiones, peligros y rescates, siendo que lo último que hicieron en la helada isla de Drum salió hasta en los periódicos, pues evitaron un golpe de estado organizado por un cobarde que usó a los médicos de la isla como rehenes, poniendo en riesgo a miles de vidas inocentes por su incapacidad de imponerse por su propia fuerza. Afortunadamente los marines lograron detener a tiempo al responsable mientras los soldados se encargaron de rescatar a los médicos y asegurarse que estaban a salvo. Ese mismo grupo ahora mismo se encuentra a bordo de su barco, una goleta que seguramente ha visto mejores días y que cruje violentamente ante la furiosa corriente que impacta contra el casco, pero entre el potente sonido de la propia corriente, y sobre todo, la música que resuena englobando por completo el ambiente y tapando todos los demás por completo hacen prácticamente imposible poder escuchar nada más que esa extraña melodía desconocida. El joven arquero se mantiene firmemente agarrado de las flechastes, completamente inmóvil más que el balanceo provocado por la enorme fuerza ejercida por la gravedad y el viento, resultados de un ascenso provocado por una corriente brutalmente feroz que desafía todas las leyes de la física conocidas por el arquero.
Bertram trata de mantener los ojos abiertos para observar el viaje, sin embargo apenas ve las negras nubes cargadas de rayos y de las que cae la lluvia con fiereza mientras ascienden antes de tener que cerrarlos por el impacto del viento y la lluvia llegando a ser molesto y peligroso, notando como su pelo se empapa y se agita violentamente mientras que su uniforme se pega a su cuerpo completamente empapado por el agua de la lluvia mezclada con lo que salpica de la propia corriente ante el avance vertical de la embarcación de la división 60 en un viaje que hasta ese momento el contramaestre consideraba imposible e irreal, llegando a pensar que realmente está perdiendo la cabeza junto a esa extraña melodía. En un punto el joven logra volver a abrir los ojos, siendo que apenas puede percibir su barco y la zona inmediata al mismo, pero se percata de una cosa concreta, y es que mientras que la melodía parece hacerse cada vez más potente cuanto más se acercan a las nubes, el color de las mismas va cambiando, pasando de ese oscuro tono típico de las nubes cargadas de electricidad va tomando un tono cada vez más claro conforme el barco va subiendo, algo que sorprende al marine que sabe que tiene que esperar a poder soltarse, de hacerlo ahora se podría considerar muerto. Uno pensaría que eso es un ejemplo que tras la tormenta viene la calma, pasar de nubes de tormenta cargadas a unas nubes más blanquecinas suele ser buena señal, pero los rojizos ojos del tirador de la tripulación, siempre atentos al entorno, puede ver como varias embarcaciones que no estaban debidamente preparadas para la subida o que sus tripulantes no lograron controlar empiezan a caer, dirigiéndose a un aciago final que por fortuna no es compartido por los presentes en el Royal Quiver. El barco sigue avanzando hacia el cielo, como cuando avanzan de una isla a otro, mientras Stroud se mantiene en el timón del mismo controlando que no se desvíe y acaben con el mismo destino que los demás, mientras que el arquero sonríe alegre y emocionado, su alma de cazador y aventurero brilla ante semejante oportunidad de viajar a una isla que para muchos otros es solo un cuento de hadas, una historia inventada por un grupo de lunáticos. Finalmente, casi como si se trataran del agua de un geiser, los barcos salen despedidos en el cielo tras unos minutos que se hicieron eternos, pareciendo que estaban atascados en las nubes. El cambio es inmediato y radical, os ojos del joven arquero se ofuscan ante el repentino cambio en la iluminación, pasando de un entorno oscuro, con poca iluminación, a uno donde el astro rey brilla con fuerza, más cercano que nunca, provocando un tiempo en el que Bertram apenas logra distinguir siluetas en el entorno mientras el barco permanece unos segundos flotando en el aire, siendo que bajo ellos solo se observa una superficie blanquecina y esponjosa, siendo que para el arquero eso son nubes y en el momento que el barco pierda la inercia de subida, empezará su inevitable caída hacia su muerte. Extrañamente, tras unos pocos segundos en el aire, el marine nota como el barco impacta con lo que parece ser agua de mar, algo que lo deja sorprendido pues realmente no esperaba poder navegar por las nubes aunque haya acudido al lugar junto a los demás. Una vez el joven arquero está seguro que no se caerá si se suelta, baja de las flechastes a cubierta escuchando la calma del lugar, solo opacada por la melodía y los restos de barcos que no tuvieron la misma suerte que ellos en el ascenso, pudiéndose ver diversos restos de barcos como mástiles, tablones y lo que llevaran, sobre todo barriles y cajas. Poco a poco el joven se acostumbra al lugar, deja de pensar en que ha perdido la cabeza y se adapta a un entorno más cálido y menos mojado que hace apenas unos minutos, mientras observa el barco mantenerse a flote suavemente y con tranquilidad en las aguas, nubes, lo que sea que esté sosteniendo el casco de la embarcación. El arquero observa todo lo que le rodea, viendo como un mar de nubes se extiende hasta donde alcanza su vista, siendo que solo una isla es visible no muy lejos, una idílica costa de arenas blancas precediendo lo que parece ser una portentosa jungla, y en la propia arena se puede ver diversas caracolas de enorme tamaño, todas seguramente más altas que el propio arquero a juzgar por lo visibles que son desde la distancia. Cuando Stroud pregunta si todos están bien o necesitan atención médica el joven arquero se rasca tras la cabeza y dice -Hasta hace poco creía estar volviéndome loco sir, pero parece que esto es tan real como el barco que pisamos, y por fortuna no sufrí ningún rasguño durante el ascenso señor.- Tras eso el joven observa el estado del barco, la goleta no es un barco que esté precisamente pensado para este tipo de trotes, por lo que sabe es un barco más bien sencillo que es fiable en aguas más tranquilas y calmadas como las del South Blue. De pronto la melodía que había estado tan presente que seguía resonando en los oídos del marine, desaparece dando paso a la voz de alguien que parece nervioso al grabar un mensaje, dando la bienvenida a los viajeros y anunciando que han llegado a la isla del cielo, y había una especie de juegos en la isla, siendo que les indican que descarguen las provisiones en la costa y elijan un camino que seguir, sin abandonarlo. Ante las indicaciones de Stroud, el joven arquero se mueve ágil, replegando las velas conforme el barco se va acercando a la costa hasta detenerse y echa el ancla por si se engancha en algún lugar para funcionar como punto de sostén, aunque lo que realmente mantiene el barco en su lugar es el peso de las cadenas. Bertram puede ver a Moja revisando el estado del barco, el cual es bastante duro a pesar del terrible viaje que tuvieron. Al estar en un momento más tranquilo, con mejor visibilidad, el joven contramaestre ve como otros barcos aparecen por la zona, y una vez en la playa puede ver a más marines, algo que no esperaba pero le alegra ver que no son los únicos representantes de la ley allí arriba. El joven arquero comprueba que tiene encima todo lo necesario, toma algunas provisiones para el camino, y baja del barco de un salto hasta aterrizar en la arena de la playa, cerca de una de las gigantescas caracolas y una especie de antorcha que parece ser lo que marca uno de los caminos mencionados por el mensaje. Antes del pelirrojo el mink de pelaje oscuro y Stroud ya habían pisado tierra, y para el momento que Bertram se reúne con ellos, ve que están junto a otros marines, observando primero la postura recta y firme tanto de Stroud como de Moja, lo habitual en ellos cuando saludan a otros marines. Luego, sus ojos avizores se desvían a los dos marines junto a ellos, un sujeto que parece tener una personalidad bastante opuesta a Stroud pues apenas va vestido y parece alguien más espontáneo y menos fijo en las normativas. Bertram se acerca con calma, con una sonrisa en el rostro observando también a la muchacha, una joven con rasgos tanto humanos como similares a los de un animal, probablemente sea hija de alguien con sangre mink. Bertram se coloca junto a los marines y realiza el saludo oficial de la marina, solo que no de una forma completamente serena sino más bien por protocolo, pasando en seguida a una postura tranquila y cercana diciendo -Contramaestre Bertram Gaufrid, no esperaba ver a tantos marines en este lugar sir. Espero hayan superado bien esa locura de viaje, aunque me surge una duda respecto a esto, si eso fue la subida, ¿cómo demonios regresaremos allá abajo?- Tras saludar a los presentes, y a los demás que aparezcan el joven contramaestre sigue a sus compañeros por el mismo camino, prefiriendo no ser el único marine en ir por un camino diferente donde podría terminar siendo atacado por piratas u otros criminales. Su pelo ya se va secando, al igual que su uniforme, aunque siguen algo húmedos después de ese intenso viaje.
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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Juan Sebastian - 05-07-2026
OST
La subida fue agonizante, el barco no tardó en sumergirse en un mar de tempestuosos nubarrones. La humedad de los cúmulos se agrupaba en mi rígido rostro, pudiendo sentir el frescor de las gotas que no tardaban en deslizarse por las imperfecciones de mi coraza para ser dejadas atrás instantes después, cayendo al vacío. La velocidad era infernal, logré sujetarme a duras penas gracias a la fuerza de mi enorme pinza y, cuando pensaba que no lo lograría, pude percatarme de cómo las nubes negras se iban tornando de colores claros. —Estamos cerca —pensé, incapaz de abrir la boca por la presión de la velocidad. El color de las nubes se volvió más y más blanco, anunciando el final del trayecto. Tras atravesar la última capa, la claridad del cielo se mostró frente a nosotros, pudiendo así sentir el calor del sol en mi cuerpo empapado por la humedad. El Ford voló, y yo volé de él, y me hizo volar. El Ford’s quedó suspendido en el aire; sabía lo que se venía a continuación; después de todo, lo que sube, baja, y este fornido crustáceo no iba a ser la excepción. No veía tierra o agua debajo del barco, por lo que todo lo que nos esperaba era una brutal caída de miles de metros. El descenso comenzó; me solté del mástil para no ser arrastrado por el peso del barco hacia abajo, pero de poco serviría. Mi cuerpo no tardó en seguir el destino del velero, pero lo que yo esperaba que fuese una larga y prolongada caída fue detenida en seco. Caí en plancha contra la cubierta de nuestro amado navío, hundiendo mi cuerpo en los tablones que se quejaban entre multitud de crujidos. La voz de mi capitán me espabiló ligeramente, sin levantar mi rostro de la madera del barco en la que me había incrustado, le respondí con cierta pesadez. —Estoy lechuga. —Me incorporé lentamente mientras mi capitán hacía sus necesidades por la borda. —Por eso mi madre me decía que no bebiese agua de lluvia… Qué asco. — Afortunadamente, todos logramos salir ilesos, y era algo que celebrar, especialmente después de observar cómo tablones de madera destrozados empezaban a emerger de entre las nubes. Viendo la entereza con la que nuestro querido Ford’s había soportado este brutal viaje, no me quedó otra que darle unos golpes con mi pinza a la baranda del mismo, como quien acaricia con energía a un perro. —¡Buen chico, sí señor! —Tras ello, miré a Akira y le lancé un signo de aprobación con mi pulgar levantado —Eres la leche, colega, ¡Vaya navegante! Tras un mensaje que salió de la isla, Enji me pidió comida, pero tuve que rechazar su petición con todo el dolor de mi corazón. —La comida que habíamos preparado para el viaje se ha mojado… Luego tendré que preparar algo más.— Tras revisar que todo estuviese en orden, pusimos rumbo a la playa, un paraíso de arena fina que estaba adornado de… —¡CARACOLAS! —dije estupefacto al ver semejante tesoro, un botín que superaba con creces cualquier cosa que haya visto jamás. —Caracolas grandes… —repetí mientras me salivaba la boca. Una vez llegamos a la playa, procedimos a descargar las mercancías, al final siempre había trabajo por hacer. En el tiempo que llevaba en la Marina, había secuestrado más cajas que criminales. Pero, por suerte para mí, otros grupos de marines se dejaron caer por la misma zona de la playa. —¡Chicos! Ha pasado tiempo, jeje —dije al ver a los conocidos de la división setenta y cinco. Tras la travesura de Enji, no me quedó otra opción que disculparme y tenía la forma perfecta de hacerlo. —Perdonad por eso, jajaja. Toma esto, me sobran un par. —No había mejor disculpa que un buen regalo, ¿Y qué mejor regalo que unas botas de cuero artesanales? Necesitaba más botas para regalar, y por lo tanto… Más cuero. El comandante Stroud se presentó frente a nosotros. Al verlo era evidente, un marine recto, formal, noble… El arquetipo de soldado perfecto que hacía un contraste muy divertido al verlo junto al bueno de Enji. —¡Comandante Cangrejo Tortuga Juan Sebastián! He leído de sus hazañas en los periódicos, es todo un honor, señor. —dije mientras le extendía mi pinza para un apretón de manos. —Ups, esta no… —aclaré luego de retirar mi saludo y ofrecerle mi mano izquierda, mucho más apropiada para este tipo de saludos. Saludé al resto de su división imitando el saludo militar que ellos hicieron. —¡Será un placer trabajar a vuestro lado!— Con todos los marines de la zona listos para dejar atrás la costa (Si es que se le podía decir así), emprendimos camino hacia el interior de la isla. —¡Masami! No te separes mucho, no sabemos qué amenazas podemos encontrar por aquí.
Cajita de Tortuga
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Yuuki - 05-07-2026 Hubo que aferrarse fuerte durante todo el viaje de subida. La verdad era que algo le habían contado sus familiares cuando era chica sobre cómo se llegaba a la isla del cielo, pero no recordaba casi nada de entonces y de lo poco que llegaba a recordar, nada era como lo imaginaba. Definitivamente Skypiea iba a ser algo diferente. Cuando los barcos llegaron a la cima, el sol se pudo visualizar y Yuuki enmudeció. Nadie lo notaría, pero la birkaniana, al tanto de su lugar de origen, no pudo evitar sobrecogerse por la nostalgia. El Aloha Kai, poderoso como era, ahora navegaba entre las nubes en el cielo. Podría decirse que volaba. Y Yuuki no perdió la oportunidad para colgarse de una de las cuerdas mientras que la nave surcaba aquellas densas nubes. En su mente era como si un ritmo muy antiguo empezara a tomar control de ella y la hacía revolotear por toda la nave meciéndose de una cuerda. Se aventuró incluso a colgar justo al nivel de la línea de flotación, estirando una mano para sentir las nubes entre sus manos. Sonreía y parecía estar muy entretenida, apenas si pudo notar el viaje hasta la llegada a la isla, que los recibía imponentes. Escucharía a Barald decir algo, pero Yuuki estaba muy ocupada dejando que su sangre viviera encantada con el hecho de volver al lugar a dónde había nacido, llevando inconscientemente su mano al camafeo que guardaba en el collar que colgaba de su cuello. Eran unos diales enormes, sin duda. Ojalá Yuuki hubiera prestado verdadera atención. Aunque embobada como estaba, iba a pegarse a lo que hiciera y diijera su tripulación. Fue la última en bajar del Aloha Kai, asegurándose de que quedara bien atado y asegurado. Acarició la madera del barco y se despidió en silencio de éste. Ryota y Runin estaban en lo suyo y Tezca otra vez se había cambiado de ropa. Se le acercó por la espalda y lo tomó de una mano... ¿Porqué ahora era más pesado? ¿Y porqué también estaba más chico? Era difícil de saber con la cantidad de veces que se cambiaba de ropa aquél niño dorado. Miraba a Tocho Morocho y a Cardan, quienes ya estaban en plan vacacional y quiso echarse una buena risa, pero no quería perderse la isla tampoco así que echó a andar para estar junto con el resto de la tripulación, pues parecía que iban a decidir algo y no quería perderse la conversación. Barald hizo una apuesta. Benditas apuestas. Nunca diría que no a una. Yuuki tan solo respondió. —Ciertamente, cinco berries al cuatro... Y cayó el número uno. Suspiró, se acomodó su mochila con sus cosas y echó a andar arrastrando consigo al pesado y gordo Tezca. Era momento de tomar el camino que llevaba por la primera antorcha de las que estaban allí junto a los diales, de donde habían escuchado una grabación no hacía mucho.
Combo de pollito frito con papas
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Kibai - 05-07-2026 Aquella travesía era algo totalmente diferente a lo que Kibai hubiese experimentado nunca. El Royal Quiver ascendía por la Knock Up Stream como si fuese un salmón remontando una cascada desde el mar, cortando a través del diluvio constante que ahora caía directamente contra el rostro del mink. Sus manos seguían sujentando el cabo del foque, el cual no había sido capaz de asegurar del todo. Apretando los dientes, Kibai se forzó a aguantar. Si soltaba su agarre y el nudo por cualquier razón se soltaba, la nave se encabritaría de nuevo, y dada la fortísima corriente en la que se encontraban ahora, la proa del Royal Quiver volvería a inclinarse hacia atrás, lo que provocaría sin ningún tipo de duda que el navío se precipitase en caída libre de vuelta al mar, con la consecuente muerte para todos sus ocupantes. El propio mink había sido testigo, aunque de manera muy vaga, de que ese había sido el destino de algunos de los barcos que había divisado antes de la erupción de la corriente vertical, los cuales se habían precipitado al abismo bajo sus pies en un total silencio, pues cualquier crujido de madera, grito de socorro o plegaria por la salvación de sus almas había sido opacado por la melodía que los envolvía. Dicha música que se emitía desde los cielos sonaba cada vez más fuerte, lo que unido al esfuerzo de sostener el cabo hizo pensar a Kibai que más pronto que tarde su cuerpo se iba a hacer añicos como si fuese una copa de cristal ante un tono demasiado agudo. Las manos comenzaban a abrasarle por el contacto con el cáñamo húmedo y aunque era complicado notar la sensación húmeda debido a la constante lluvia que seguía arreciando, su sentido del olfato le indicaba que las garras de sus pies estaban empezando a sangrar debido al esfuerzo de mantenerse ancladas a las tablas de madera de la cubierta. No obstante, el mink se aferró a un único pensamiento como un clavo ardiente: que la música fuese cada vez más atronadora solo podía significar una cosa, la Divisón 60 se acercaba a su destino. Como una flecha disparada en mitad de un huracán, el barco atravesó la última capa de nubes negras, y el pelaje de Kibai se erizó de golpe debido a la enorme cantidad de estática y ozono en el ambiente. Pequeñas chispas azules saltaron entre sus colmillos apretados, aunque la sensación fue pasajera, pues tras la primera capa de nubes, la lluvia amainó rapidamente, y una cálida luz comenzó a filtrarse hacia sus ojos. A pesar de tener una visibilidad casi nula por estar navegando entre las nubes, estas se hacían cada vez más claras, hasta que, casi por sorpresa, la punta del bauprés del Royal Quiver hendió la capa final de nubes y un sol cegador los recibió ante un cielo totalmente despejado. Debido a la inercia acumulada por la Knock Up Stream, la nave prosiguió unos instntes su ascenso vertical, aunque ya no había agua que la impulsase, por lo que una repentina sensación de ingravidez invadió el cuerpo de Kibai, antes de notar como algo en la boca de su estómago se habría camino hacia su esternón a medida que el barco perdía impulso y se precipitaba de nuevo hacia abajo. Sin embargo, el casco del Royal Quiver se posó, de una manera un tanto brusca, sobre una materia blanca y densa, la cual conformaba una superficie que no podía sino definirse como un mar. Un mar compuesto de nubes, — Definitvamente, hemos entrado en otro mundo. — pensó Kibai mientras contemplaba como el casco del barco se deslizaba suavemente sobre las nubes. La sonora melodía que los había envuelto desde antes del estallido de la Knock Up Stream se fue diluyendo poco a poco en el aire, permitiendole así al mink volver a ser capapz de percibir el mundo a su alrededor de una manera más clara. Aliviado por el repentino silencio, al menos relativo, en el que había quedado el barco, y con toda la rapidez que le permitían sus miembros agarrotados por el esfeurzo de sostener la vela durante el ascenso, Kibai se agachó y terminó el nudo bajo sus pies, antes de girarse para comprobar que todos los miembros de su División seguían a bordo. Tras ver que sus compañeros seguían en pie y más o menos enteros, dio un potente salto para afianzarse de nuevo sobre la botavara del palo mayor, desde dónde echó un vistazo al horizonte que se abría ante ellos. El mar de nubes continuaba hasta romper contra una línea de costa de arena, sin acantilados visibles por ningún lado. A poca distancia, una gigantesca y densa jungla cubría toda su línea de visión, aunque a lo lejos Kibai captó algo que brillaba con un tono dorado reflejando los rayos del sol, pero fue incapaz de distinguir lo que era. Girando la cabeza sobre su hombro derecho, comprobó con amargura que, tal y como había percibido vagamente en su ascenso, habían tenido bajas por el camino. Una gran cantidad de pecios habían sido arrastrados por la corriente ascendente, y a popa se podían ver restos de cascos, velas y mercancías las cuales flotaban sobre el mar de nubes o se iban hundiendo poco a poco hasta que, o al menos eso suponía Kibai, acabasen por atravesar la última capa y se precipitasen miles de metros hasta estrellarse contra el mar azul. "¿Estáis todos bien? ¿Alguno necesita atención médica?" La voz de Stroud le llegó a Kibai casi imperceptible después del atronador rebumbio del que venían, pero por otro lado fue algo tranquilizador para el mink. Dejandose caer sentado sobre la botavara, alzó un pulgar en dirección al comandante. — Sobreviviré, señor! Aunque la próxima vez que quiera meternos en una cisterna gigante, yo por lo menos exijo un chubasquero! — respondió con alegría el mink a la vez que agitaba su cabeza de lado a lado, deshaciéndose de las últimas gotas de agua que ya se estaban secando sobre su piel, al igual que en su uniforme. Poniéndose de nuevo en pie, Kibai volvió a estudiar la linea de costa, percatándose del increíble número de caracolas gigantes que se agolpaban allí, lo cual explicaba sin duda la procedencia de la melodía que habían escuchado anteriormente. Aunque momentáneamente mudas, a los pocos instantes aquellos extraños artilugios comenzaron a sonar de nuevo, aunque por fortuna de manera mucho más leve, emitiendo un mensaje pregrabado dandoles la bienvenida a Skypiea de parte de su dirigente (y Emperador), Zarutsuki. — Alguien se tiene a sí mismo en muy alta estima... — pensó el mink al escuchar el apelativo de "guía del cielo y señor de las nubes", mientras descendía de nuevo a cubeirta y comenzaba a soltar los cabos de las bitas y cornamusas para recoger el velamen del Royal Quiver. Ante la orden de Stroud de echar el ancla, el mink, que estaba acabando de arriar la vela de mesana, arrugó el entrecejo, antes de acabar su tarea y acercarse al castillo de popa. — Señor, órdenes son órdenes pero... No sería más adecuado tratar de atar un cabo del Royal a uno de esos árboles? Quiero decir, no es que haya algo bajo nuestros pies a dónde el ancla se pueda fijar, no? Lanzando una mirada comprensiva hacia su comandante, que parecía por una vez, tan confundido como el resto por la situación en la que se encontraban, Kibai bajó a la bodega para hacerse con el resto de su equipo y echándose dos sacos de provisiones al hombro y guardando una caja de la fruta escarchada que aún guardaba desde Little Garden en su morral, salió de nuevo a cubierta, listo para desembarcar. Por suerte, la arena de las islas del cielo era exctamente igual que las de las islas situadas kilómetros bajo sus pies. Kibai avanzó con su grupo, con sus fosas nasales percibiendo y tratando de filtrar la gran cantidad de olores nuevos que lo invadían, al igual que pasaba en cada nueva isla que se encontraban. — Pues de vuelta a la selva... — comentó con un cierto deje de alegría. — No puedo decir que no me alegre. Al fin y al cabo, mejor esto que los desiertos o las tundras heladas. Levantado la vista, el mink vio como otros barcos de la Marina habían iniciado a su vez el desembarco. — Es curioso, no estaban con nostros allí abajo, han tenido que venir de otras partes del Grand Line... — pensó Kibai mientras pasaba los dos sacos a uno de sus hombros para hacerles al resto de sus compatriotas un gesto de saludo agitando el brazo. Al llegar por fin a una distancia próxima, echó un vistazo a los dos grupos que se encontraban delante de ellos. La mayoría eran humanos, aunque había una chica con orejas y cola de animal que olía en parte a mink, lo que le trajo recuerdo a Kibai de aquella chica mono que había peleado junto a él en los Cabos Gemelos, así como un enorme gyojin cangrejo que olía fuertemente a marea baja. Ante los saludos protocolarios de Stroud y Moja, Kibai resistió heroicamente la tentación de poner los ojos en blanco, antes de dejar caer los sacos de provisiones a sus pies y, colocandose estratégicamente en un punto ciego para los ojos fijos al frente del comandante, hizo un saludo informal tocándose levemente con el índice la sien. — Soldado Kibai, a vuestro servicio. Es un placer chicos. Que os ha parecido la subida? No digo que no haya sido emocionante pero preferiría repetirla un día que hiciese sol, aunque solo fuese por apreciar mejor el paisaje durante el ascenso. Soltando una breve risa, el mink se echó de nuevo los sacos al hombro y se dispuso a seguir la estela de Stroud que ya se internaba en la jungla. A medida que avanzaba, y con la experiencia con la flora de Little Garden aún relativamente fresca en su memoria, Kibai iba examinado sin tocar las plantas, flores y arbustos que crecían a ambos lados del camino, aspirando de vez en cuando con fruición para tratar de memorizar sus aromas por si en un futuro fuese necesario.
La Caja de Pandora
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Varoganchin - 05-07-2026 El agua golpeaba mi cara. Mi cuerpo, aplastado contra el mástil del barco, se estremecía. No supe en qué momento había cerrado los ojos, ni cuando mi mandíbula se había convertido en una prensa. Apreté mis puños sobre la soga, temeroso de salir disparado por los aires, pero un temor aún mayor me hizo abrir los ojos. No sabía hacia qué nos dirijamos, ni tampoco qué le ocurría a mis compañeros. Separé los párpados poco a poco, formando una ranura que apenas me permitían ver las figuras ante mi bien definidas. Tomé aire y con ello un poco de valor. Abrí los ojos un poco más, mi rostro apretado en un gesto molesto. Un oscuro telón se cernía sobre nosotros. Daba igual donde mirase, solo había oscuridad. Acaso estaríamos ya camino del Hades? Busqué con la mirada a mis compañeros. Todos seguían ahí, en sus posiciones. Aferrándose al barco. Manteniendo la compostura. Rumbo hacia nuestro destino. Un destello llamó mi atención. Fue algo potente, incontrolable. Algo que solo podía tener la forma de un dios; un relámpago. Me alegré al saber que no andábamos camino del inframundo, sino que estábamos atravesando la tormenta. Ese pensamiento hizo que mi boca se secase. Nadie podría superar algo así.
―Vamos a morir! No estoy preparado para el juicio de Osiris.
Mis quejas y súplicas se fueron aplacando a la par que lo hacía el negro de las nubes que nos rodeaban. Estábamos saliendo de la tormenta. Con vida. Sentí un peso diluirse dentro de mi interior. Tal vez fuera la tensión de mis músculos que se había aflojado, solo un poco. Quizá la ligera esperanza que comenzaba a forjarse en mi de poder sobrevivir a otra tormenta. Una más. Fue en ese momento cuando reparé en lo que sonaba a nuestro alrededor. Una melodía estruendosa, a un volumen que me hizo cuestionarme cómo no había sido capaz de oírla antes. No sé si fueron minutos o tal vez horas los que estuvimos surcando aquel espacio, aquel manto blanco interminable, pero finalmente, la Black Widow consiguió alzarse al otro lado. El sol volvía a calentar nuestra piel. Disfruté de cada rayo, y tuve que tapar el brillo que recaía sobre mis ojos con una de mis manos. Se notaba más intenso que nunca, tal vez debido a la cercanía. La proa del barco comenzó a bascular y a la par, el temor de mi mente viró hacia otro distinto. Las nubes se habían mostrado incorpóreas, intangibles a nuestro paso. Sin duda, ahora comenzaríamos nuestro descenso. El estómago me dio un vuelco. Cerré los ojos. No pretendía ver nuestro final, aún no. Apreté los dientes y me aferré a la soga más fuerte que nunca. Tomé unos instantes para suplicar por nosotros entre dientes. De repente, sentí como si el barco volviera a navegar de nuevo. El armazón parecía ser mecido por el oleaje. Me apresuré a desatar el nudo que me mantenía pegado al mástil. Corrí hacia la proa. Un esponjoso mar de nubes nos daba ahora sustento. Nunca había leído nada parecido en ninguno de mis libros. Navegar por las nubes... Eso sí que era una historia digna de contar.
Sin embargo, había muchos otros que no podrían contar su historia. Junto a nuestro barco, un sinfín de restos de algunos de los otros barcos que habían emprendido el mismo camino, eran el recuerdo de su desgracia. Más allá del mar blanco, nos esperaba una playa paradisíaca, extensa, que servía de barrera a la frondosa vegetación tras ella. Sobre ella, una ingente cantidad de caracolas. Su tamaño era mucho mayor a cualquiera de las que había visto con anterioridad. Miré a nuestro alrededor y vi que esas mismas caracolas se encontraban flotando en aquel peculiar mar. Estás eran sin duda, las culpables de aquella melodía apoteósica, que casi opacaba mis sentidos por completo.
El capitán anunció la llegada a la isla. Mis otros compañeros mostraron su asombro por haber llegado hasta Skypiea. Yo sin embargo, no podía para de mirar a un lado y otro, teniendo que el martes de nubes blancas se volviera en un mar de tormentas. Ese maldito fenómeno medioambiental no cesaba hasta cobrarse sus víctimas, y no estaba seguro de que se hubiese saciado con la cantidad de barcos que había hundido. Aún así, me doblé sobre la borda, justo sobre el mascarón de proa, para abrazar a mi modo a nuestro barco.
―Gracias, Black Widow. Eres el mejor barco. La mejor compañera. Pero avanza rápido hasta la tierra antes de que nos alcance esa dichosa tormenta.
No me despegué del barco hasta que hubimos alcanzado la costa. Sentirme unido a nuestro barco me hacía creer que estaba más seguro. Ya había demostrado que no sería tan fácil hundirla. Me incorporé e intenté contener la respiración, la cual seguía acelerada, como la de alguien que llevase corriendo horas. Rechacé de manera galante el ofrecimiento de Kiyoshi para ser tratado, pues no tenía heridas físicas y sus botiquines no podrían sanarme. Cogí una caja de provisiones, llené mi mochila con un par de piezas de fruta y alguna chacina, rellené una cantimplora grande y me dispuse a desembarcar.
―Ojalá se trate de ese tipo de juegos. Es más, me apuesto 1000 berries con cualquiera de vosotros a qué soy capaz de sacar mejores resultados que vosotros. No existe ningún juego que se me resista. Pero en tierra firme. No quiero que esa maldita tormenta vuelta y nos pille sobre este mar.
Descargué las provisiones que había cargado, me eché la mochila a la espalda y comencé a seguir a mi capitán, un par de metros detrás de Kiyoshi. Uker se me acercó para hablarme.
―Cualquiera que se aleje de una tormenta siempre se encuentra mejor, pero no estaré tranquilo hasta que nos hayamos adentrado. Qué crees que nos espere en esos juegos, Uker?
Entonces caminé para seguir la ruta escogida por Eros. Aquella marcada por una antorcha. Un camino entre el bosque de vegetación gigante. Avancé por fuera del sendero, desde la cobertura que me ofrecían los árboles, sin perder de vista a mis compañeros ni un solo segundo. Los juegos podrían haber comenzado ya.
Antología
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Mizuki - 05-07-2026 Mizuki estaba centrada en mantener las manos en el timón y preparase para el impacto del legendario estallido marítimo que se convertiría en la corriente ascendente para llevar a los barcos de las cercanías hasta la isla del cielo, el lugar de las leyendas conocido como Skypiea donde se darían los llamados juegos Soberanos ese año. Estaba enfocada hasta el momento en que sintió un abrazo por la espalda haciéndola girar la cabeza para ver a la única persona de aquella embarcación que podría hacer aquello, alzo su cabeza para que Seraphine pudiera ver a la mujer tiburón sonriendo ampliamente mientras sentía su abrazo con un paso de lado la Gyojin se mantuvo solo soltó el timon un momento para usar lenguaje de señas -Tratemos de quedarnos juntas, terminamos de subir y me cambiaré a mi disfraz yo también.- explicó antes de rodear la cintura de su compañera con la larga cola de tiburón que poseía y volver a dedicar la fuerza de ambos brazos al timón hasta el momento en que el mar estalló haciendo alzar el navío en los cielos. Aquella melodía tan intensa que aplacaba incluso el sonido de las mareas que se alzaban hasta el cielo era impresionante, pero no era la prioridad de la mujer de ojos azules que se concentró en mantener bien sujeta con su cola a la mujer de pelo ahora Naranja que estaba a su espalda mientras intentaba tener tanto control como le era posible en el ascenso por aquella corriente vertical, era una tarea entre difícil y legendaria pero Mizuki confiaba plenamente en sus capacidades para poder dirigir el barco de forma segura hasta su destino, después de todo, ella junto a Heras con mucha menos experiencia había podido atravesar los cabos gemelos para que luego llegaran con el mismo ferry hasta la isla de Matsuri, con esas experiencias sobre sus hombros, sus queridos camaradas a su lado y un barco tan confiable como el Rompecadenas bajo sus pies, la gyojin no podría permitir nunca que una embarcación se fuera a pique. Tras atravesar las nubes negras y la tormenta sonora que eran aquella música de origen desconocido en conjunción con las abrumadoras corrientes, finalmente el navío disfrazado (y trabajando) como parte de la flota de Nozama llegó al mar de las nubes, una vista única para la mujer de ojos azules y esclerótica negra que no podía terminar de creer lo que veía, el ambiente era extraño, caracolas gigantes desde las cuales parecía provenir el sonido ensordecedor que había sido aquella melodía que Mizuki había desmerecido activamente en por enfocarse en otras cosas durante el ascenso hasta la legendaria isla de las nubes. Con las playas y sus arenas visibles, la rubia comenzó a navegar con más cuidado para reducir la velocidad y asegurarse de que llegasen a anclar el barco apropiadamente sin querer arriesgarse a caerse por las nubes o quedar encallados en la costa de forma indeseada. -Ya estamos aquí, hemos llegado sanas y salvas.- comentó orgullosamente antes de liberar a su compañera del agarre que la cola de tiburón había estado ejerciendo sin cesar a lo largo de todo aquel impetuoso ascenso -Por lo que dijeron las caracolas gigantes, será cosa de bajar los víveres, las cajas y demás antes de meternos dentro de la propia isla… Yo voy a disfrazarme... Por cierto, usaremos nombres diferentes, no podemos llamarnos por nuestros nombres habituales si la idea es que seamos otras personas, a mi Puedes llamarme Kiba, Kiba Naruze- dijo la mujer de dos metros treinta y cinco cambiando el tono de su voz por uno que claramente correspondía a un hombre, un viejo truco adquirido para las misiones de infiltración pero que aún había mostrado a su amiga. -Estaré encantado de llamarla por el nombre que usted prefiera señorita, en cuanto termine de arreglarme empezaré a descargar las cosas, si quieres puedes bajar la rampa para ir adelantando esa parte del trabajo.- comento en aquel tono de voz grave e imponente pero que hablaba con gentileza y cuidado como si fueran manos manejando una taza de porcelana. Una vez dentro del Rompecadenas la Gyojin regreso a su cuarto donde todo estaba hecho un desastre por obvias razones, sin embargo rápidamente encontró el kit de su disfraz como Mr. Naruze siempre tenía listo todo en alguna mochila o estuche musical dependiendo que coartada llevase para la ocasión, en este caso simplemente iba a ir como un hombre de negocios así que sacó las vendas para aplastar su busto junto a una chaquetilla que le ayudaría a mantener una forma más similar a los pectorales de los hombres que iría bajo una camisa blanca, por sobre todo iría el traje de rayas, el frasco de tinte negro y los zapatos negros a juego, con en menos de cinco minutos ya se había entintado el cabello de negro de principio a fin, era un tinte de secado rápido y que no empezaría a salirse hasta dentro de dos o tres días, por precaución llevaría más consigo en caso de que los juegos se extendieran por demasiado tiempo. Una vez que la luchadora Gyojin estuvo completamente cambiada y lista para tomar su identidad masculina como un comerciante civil, se dispuso a bajar el cargamento del barco, las cajas por suerte eran en general “ligeras” desde el punto de vista de la gyojin, solo las más pesadas estaban alrededor de media tonelada, el mayor problema que tenía con aquellas cajas la luchadora era sacarlas de la bodega sin chocarse con nada por la dificultad para ver o que no le ensuciaran el traje innecesariamente, no tenía ganas de reparar la chaqueta o dejar de llevarla pues le gustaba como quedaba con el resto del conjunto. Tras una cantidad de tiempo apropiada para descargar la bodega y dejar lo que le habían pedido llevar desde Nozama, Mizuki reviso de tener todos los papeles oficiales consigo antes de ir a buscar a su angelical compañera -Creo que ya terminamos con lo que teníamos que hacer por aquí señorita.- dijo con cierta formalidad antes de inclinarse un poco y afirmar -Yo, Kiba Naruze, estaría más que honrado de tener su permiso para acompañarla en está especial ocasión de visitar la tierra de Skypiea con usted.- afirmo sonriendo de forma mucho menos feroz a lo que solía hacerlo. Luego de esperar por la confirmación de Seraphine y que le dijera su nuevo nombre clave, Mizuki asintió y empezó su camino hasta una de las antorchas de los caminos que les guiarían a través de la vegetación en teoría, específicamente irían por el camino número 3, simplemente porque le gustó la distancia al a que quedaba desde donde habían desembarcado y ante la incapacidad de distinguir mejor el resto de caminos. A pesar del cambio de identidad Mizuki seguía llevando en sus muñecas aquellos grilletes sin cadenas, con la diferencia de que estaban pulidos para verse más como joyería en lugar de ser solamente como el recordatorio de tiempo de esclavitud.
Jump the shark
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Miyori Hoshino - 05-07-2026 ¿Alguna vez has estado en el dilema entre el escuchar y el sentir? ¿Entre el miedo y la felicidad? Alguna vez… ¿Has sentido una nube tocar tu piel al navegar? Sentía que mis latidos ensordecían mis oídos mientras un escalofrío casi insoportable recorría mi pecho, persistente, doloroso, casi suplicándome huir de aquella emoción tan desbordante como explosiva, pero a decir verdad… estaba disfrutando de esa travesía peligrosa entre las nubes. Las gotas frescas sobre mi rostro me recordaban que aquello era real, me obligaban a permanecer en el presente, aferrada a cada instante de aquel viaje que desde el inicio había supuesto ser todo un dilema, lo sé, lo he dicho mil veces, no importa que alcanzar la cima duela… la vista lo vale. ¡Sí que lo vale! El final de la vertiente estaba allí, pronto… pronto… tan pronto llegando, ¿Qué habría al final? No escuchaba nada, no veía nada, era como si estuviera completamente sola en aquella embarcación… sola. Al emerger en un fuerte estallido, como si hubiésemos salido de órbita, sentí que por un instante mis pies dejaban de tocar el pulido suelo de madera de ese navío con banderas de Nozama, no existía la gravedad en este momento por lo que me aferré al mástil mientras cerraba los ojos con fuerza, encogida, aguardando por lo peor. Reprimí el impulso de gritar, reprimí las ganas de llorar, simplemente decidí ahogar el miedo en el fondo de mi voz y tener fe en que algo bueno vendría… y así fue. Llegó la calma… la absoluta calma…. A la misma vez que toda la estabilidad del barco que ahora surcaba seguro sobre el cielo. Mi cuerpo resintió aquella calma puesto que la rigidez finalmente abandonó mis sentidos, se fue en cuanto el estruendoso rugido dejó de envolver el revestimiento del barco para dar paso al reconfortable sonido de haber llegado a salvo a un nuevo horizonte. Sentí la primera brisa acariciar mi rostro y la cálida presencia de una luz que me invitaba a abrir los ojos, lo hice despacio, con cautela, y al hacerlo me encontré con un panorama que jamás habría imaginado, no… ni siquiera en mi fantasías más creativas habría sido capaz de soñar con un escenario semejante. Cuando acepté que aquello era real, una sonrisa de absoluta victoria se dibujó en mi rostro, me aparté del mástil y corrí hasta la borda lateral más cercana para contemplar el océano que ahora navegabamos, ante nosotros se extendía una inmensa cama de algodón, perfecta, tenue, pura… divina. Knock Up Stream pasó a ser solo un gran recuerdo. De pronto esa dicha se convirtió en preocupación cuando me percaté de los escombros que flotaba sobre el mar blanco de aquella maravilla celestial, pedazos de madera quebrada, velas rasgadas y víveres perdidos en la inmensidad… era evidente que pertenecían a navíos que no habían contado con la fortuna de sobrevivir al ascenso. Lo sé, si… claro que lo sé, cada viaje conlleva sus propios riesgos, sin embargo nunca me he sentido preparada para contemplar cómo la vida abandona los huesos de quienes alguna vez soñaron con llegar más lejos de sus sueños, por eso en el silencio de mi soledad, mientras otros festejaban, elevé una plegaria por todos aquellos que no pudieron alcanzar el horizonte que tanto anhelaban contemplar. De corazón… Les deseé un descanso ameno. Cuando por fin recuperé la calma, me acerqué a la proa donde varios miembros de la tripulación permanecían absortos contemplando aquella vista que prometía preciosas costas de arena blanca, ¿arena?, ¿cómo podía existir todo aquello en la cima de los cielos?, ahora mi curiosidad se desbordó con cientos de preguntas agolperando en mi mente, y ninguna podía ser respondida, al menos no ahora. Las exclamaciones de victoria comenzaron a resonar entre quienes me habían permitido viajar con ellos, y yo también era parte de aquella gloria, habíamos sobrevivido. Aparté un mechón de mi cabello anaranjado detrás de la oreja, y al hacerlo por fin fui consciente de lo empapada que estaba, el agua resbalaba por cada rincón de mi cuerpo y mis vestimentas, todo aquello era consecuencia del torrente que nos había envuelto al atravesar la cúspide de la vertiente. —Ah… bueno, supongo que era de esperarse. ¿Lo era?, bueno, eso ya no importaba puesto que lo único que eclipsaba mi atención era aquella magnífica vista, cuanto más nos acercábamos a su planicie más se revelaban sus detalles, como la fachada de un hermoso bosque que rebosaba de una vegetación vasta y única, como si la propia naturaleza hubiese encontrado un refugio entre las nubes, fue entonces que inevitablemente pensé en Dean, ¿sería feliz al contemplar un lugar como este?, ¿sus libros lograría reflejar la verdadera belleza de Skypiea?, seguramente para un explorador el llegar hasta aquí debe ser mucho más que un simple viaje, debía de ser un sueño hecho realidad. Se lo contaría la próxima vez que lo vea. —- ¡AHHHH! ¡CARACOLAS! — grité con una dulzura imposible de contener mientras me estampaba contra la proa, la brisa hizo ondear mis vestiduras húmedas y señalé con entusiasmo aquello que saltaba a la vista, lo obvio, ¿por qué estaba tan emocionada por unas simples caracolas?, bueno… la primera razón era porque son enormes, muchísimo más grandes que cualquier otra que hubiera visto antes, y la segunda razón era por que hacía demasiado tiempo, ¡Demasiado!, desde la última vez que contemplé una y encontrarlas allí se sentía como un regalo, un detalle tan sencillo como ese era suficiente para hacerme recordar mi querida tierra natal, mi hogar… Baterilla. Habían muchas otras cosas que llamaban la atención como las largas hileras de antorchas que marcaban el camino en diferentes rutas entre la biodiversidad de sus costas bañadas por un océano de nubes, pero… nada lograba emocionarme tanto como aquellas hermosas caracolas, ¿Qué pensaría Juan al ver una de ese tamaño?, ¿Habría burbujas, quizás?, miré un segundo el cielo para imaginarme un cielo lleno de burbujas. Mis sentidos seguían a flor de piel cuando de pronto escuché un sonido que provenía de aquellas enormes caracolas, era como si actuaran como bocinas pero escuché claramente una voz carraspeando y tosiendo al mismo tiempo por lo que parpadeé un par de veces, intrigada por lo que vendría a continuación, un hombre hablaba con un tono ligero de nerviosismo, ¿por que?. — A-aaah… S-si… ¡Sí! ¡SE ESCUCHA BIEN! — grité desde la proa llevando ambas manos a los lados de mi boca para improvisar una especie de megáfono, ¿habría hablado lo bastante fuera para que me oyera?, bueno, no tardé demasiado en descubrir que aquella voz no pertenecía a nadie que pudiera responderme porque era solo una grabación… —- Oh… Ahora la explicación no tardó en llegar junto con la bienvenida, nos indicaron los pasos a seguir y anunciaron que muy pronto darían comienzo los juegos autorizados por el soberano de aquellas tierras, gobernado por un emperador llamado Zarutsuki. ¿Cómo sería un rey capaz de contemplarlo todo desde la cima de su trono? — Bien, me cambiaré rápido de ropa y ayudaré con lo demás… — dije a mis acompañantes mientras Dona me ayudaba a buscar un atuendo más apropiado. Solo pasaron unos minutos… o quizás una hora, no sabría decirlo, para entonces solo quedaban unas pocas cajas por descargar del barco, y por fin éramos libres de seguir el camino que se extendía ante nosotros en señalamiento, ahora mi vestimenta era diferente a lo que usualmente suelo vestir, pero de alguna manera encajaba con aquel ambiente “celestial” — ¡Vamos! – exclamé con el rostro iluminado por la emoción, alejándome, mucho… mis pies no cedieron, no esperé a nadie, Amphitrite estaba listo para aventurarse conmigo… ¡¿Qué habría más allá de ese sendero?! Y la necesidad pronto llegó…en mi cabeza se instaló esa pregunta que me hice el mismo día que supe que existía una isla en los cielos… ¿La música de Skypiea? ¡¿DÓNDE ESTÁ?!
Amphitrite Toca la Canción
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Hasegawa Shin - 05-07-2026 Sus sentidos permanecían invadidos por una constante corriente de acción, parecían bombas cegadoras y ensordecedoras estallando a su alrededor, mientras la creciente ola ascendente los seguía arrastrando hasta el confín del mundo. Allí en donde sólo se imaginaba soñando, apuntando con su dedo índice mientras clamaba que llegaría ahí, reflejando su concepto de la cima. De cierta forma, comprender que hay mucho más que sólo extrovertidos objetivos joviales le hacía reforzar las ideas que forjó junto a Himari, viéndose en la necesidad de reformar sus conceptos, y dejándose llevar por la curiosidad de saber que había incluso más allá. Esos pequeños recuerdos le hacían imaginar el rostro que ella habría puesto durante aquel ascenso, aunque mientras el gris los engullía, salpicando la embarcación de Nozama con fuertes olas marinas además del interior acuoso de las mismas nubes, no le permitían observar muchos centímetros cruzando el límite de su propia nariz, por lo que quizás también se habría quedado con esa duda de tenerla al lado. La música seguía haciendo vibrar su interior, y sólo fue capaz de sentir un peso adicional en su brazo derecho mientras seguía aferrado a uno de los tantos soportes del barco. Debido a la cercanía, llegó a identificar que se trataba de Kuroshiro, y eso le hizo exclamar una tanda de habladurías que no sabía si llegaría escuchar, porque no detectaba ni su propio tono de voz. —¡Oyeeee, suéltate, que eres una pesada! —tan pronto como dijo esas palabras, abrió los ojos con preocupación —¡No, no! ¡No te sueltes! ¡NYRAAAAA! —del susto, casi termina aflojando su propio anclaje al barco, aunque supo a tiempo que la respuesta más sensata era aferrarla un poco más a sí mismo. Y así, entre sustos ininteligibles, y pensamientos que apenas tenían voz considerando la enorme presencia de la música, el tempestuoso gris con sabor a tormenta se iba tiñendo de blanco, abandonando los destellos eléctricos y aclarándose a medida que los últimos minutos de subida se concretaban. Algunos trozos de víveres llegaban a deslizarse en el interior de aquel barco, sin embargo, al momento en que la humedad sólo empezó a llegarle desde el agua que los hacía ascender a causa del Knock Up Stream, toda su atención se centró en el esponjoso mundo de nubes níveas que los rodeaban, entreabriendo los labios como sinónimo de su sorpresa. Otro puñado de segundos, y salieron propulsados hacia una especie de "exterior" bajo su asimilación de las cosas, símil al vapor dentro de una olla a presión. Atravesaron la muralla blanca para encontrar el cielo más azul que jamás había visto, sintiendo sobre su piel los rayos de sol otra vez, aún protegiendo sus ojos con las gafas que siempre lo acompañan. El asombro habría permanecido, de no ser porque la gravedad volvía a reclamarlos tras estar suspendidos en la nada misma, y pudiendo percibir su entorno con más detalle que en la subida, ver que no existía punto por el cual navegar lo llenó de una extraña adrenalina que mezclaba preocupación y diversión en el mismo cóctel. —¡NO SE MUERAAAAAN! —exclamó, entre risas, hasta que finalmente algo estableció la navegación del barco. De alguna forma que no supo comprender, flotaban sin mar, sino, sobre el manto puro de las nubes. Hasegawa no se lo creyó en primera instancia, teniendo que acercarse al borde para asimilarlo, como si la abundancia de detalles lo ayudasen a encontrar alguna explicación, pero no tuvo momento alguno de 'eureka', en su lugar lo invadió la felicidad de estar bien junto a su división, pues la ensordecedora melodía no le permitió escuchar los crujidos del barco, sufriendo aquel violento ascenso. Que, hablando de la música, en ese instante finalmente cesó. Con el sol como único testigo, radiante a su espalda y enmarcando la silueta del marine, se quitó las gafas, guardándolas en el interior de su chaqueta oversized, y empezó con sus payasadas. —¡Nyri! ¡Que sea la última vez que me sujetas así! ¡Que eres una cursi! —la apuntó con su dedo índice en un claro reclamo por lo que hizo, a modo de broma, obvio, y acto seguido se sacudió el brazo al cual la humink se aferró con su extremidad libre mientras le sacaba la lengua. —¡Dile algo, Kael! —recriminó al azabache, poco antes de verse completamente hipnotizado por el mundo que los rodeaba. Sus ojos cerúleos brillaron con la misma intensidad que el cielo, un azul que daba la sensación de poder rozarse con la yema de los dedos, e inmediatamente Hasegawa hizo uso de su fruta, envolviéndose en destellos dorados visibles para sus compañeros de división, hasta que dejaron de serlo por la increíble velocidad a la cual se movía. "Correteó" de un lado a otro, apreciando el mar blanco desde múltiples ángulos, y considerando que no fue suficiente, pronto y de manera abrupta aún haciendo uso de su akuma, escaló a velocidades escandalosas el mástil que daba paso a la cofa, sitio de observación alto. Se sujetó a la madera, inclinando el cuerpo hacia el exterior del barco, y se llevó una mano encima de la frente, "afinando" su visión y maravillándose de inmediato. —¡Miren, miren! —su efusividad era contagiosa —¡Son... sólo nubes! —parecía una obviedad, o el comentario de alguien decepcionado, pero resultaba todo lo contrario. ![]() —¡Estamos encima de las nubes!
Su exclamación vino provista de detectar casi al unísono una costa bastante más cercana de lo que habría imaginado, preguntándose por dentro si eso era Skypiea. Habría hecho un comentario, sin embargo, aún desde esa altura, y entendía que proveniente de las amplias caracolas sonoras flotando en el cielo junto a otras rodeando la costa, una voz un tanto temerosa dio inicio a la grabación que les daba la bienvenida en nombre del Shichibukai Zarutsuki, estableciendo las normas iniciales que debían acatar. Imaginó que aquella tierra recelosa y prohibida ejecutaría severas consecuencias contra quienes se atreviesen a salirse de las advertencias facilitadas, por ende, Shin se tomó todo aquello en serio. A medida que se acercaban a un suelo que pudiesen pisar, adornado con cinco antorchas que precedían a un bosque bastante amplio, y con arena más clara de lo que acostumbraba en todas las islas que había pisado, fue bajando del mástil haciendo uso de su fruta nuevamente, vislumbrando otros navíos en los alrededores, y también lo que preocupó a Kuroshiro. Trozos de embarcaciones hundiéndose, barriles y suministros perdidos, símbolos de que fueron del puñado con la suficiente suerte como para sobrevivir a aquel inmenso fenómeno, igual de divertido que letal. —Nyri, tranquila. No dirigimos este barco, ¿recuerdas? —se reubicó a su lado, colocando una mano encima de su hombro, y le hizo un gesto negando con la cabeza. No había algo como sobrevivientes a la vista, sólo los restos que indicaban el vil destino al cual se enfrentaron, y el navío dispuesto por Nozama seguía avanzando, recortando las distancias con la costa. —Ayudemos con la primera parte de las provisiones cuando bajemos. —ordenó, caminando entonces hacia la parte delantera del barco, afinando la mirada mientras trataba de detectar presencia hostil en la zona. Por suerte, no fue el caso, y cuando se realizó el anclaje del navío, Shin se dispuso a organizar el descenso de los trabajadores de Nozama, ayudando a bajar provisiones y cerciorándose al mismo tiempo de que todos estén bien. No fue hasta un rato después que pisaron la tierra prometida, aquel sitio con el cual sólo se puede fantasear dadas sus características. Por fin caminaban sobre el cielo.
Lo negativo, es que Nyra seguía cabizbaja, detalle que notó por sus orejas gachas, y a medida que caminaban en la arena, con la ropa iniciando el proceso de secarse, fueron topándose con otros marines. Shin iba detrás de su división, y Kuroshiro fue quien inició las interacciones, preguntando a Enji por Sigrid. La broma de su par albino lo hizo reír, es algo que él habría dicho sin dudarlo dos veces, y se mantuvo más callado de lo que habituaba mientras los demás intercambiaban palabras. Lo sorpresivo, es que no sólo estaba la Ochenta ahí, la afamada División Sesenta, con el Comandante Stroud al mando, hizo su llegada con casi la totalidad de sus miembros realizando un saludo formal totalmente militarizado, salvo por quien se presentó como Kibai, desentendiéndose del código habitual a seguir por un marine respetuoso. Tras el saludo algo torpe de Juan, ofreciendo su pinza en vez de la mano, Shin tomó la palabra, y no tardó en activar su fruta del diablo una vez más. Primero, se acercó a la ochenta, siempre manteniendo más de un metro de distancia con todos los presentes —¡Así que están vivos! ¡No esperaba menos de ustedes! Sino, me habrías decepcionado, Eeeenji. —reclamó, apuntando al Capitán marine, líder de su división. Acto seguido, y casi que teletransportándose a ojos del resto, se reubicó frente a la formación de la Sesenta, emulando el saludo que ellos hicieron, con el detalle de que en vez de una mano, colocó ambas a la altura de sus sienes. —¡Comandante Hasegawa Shin a su servicio! ¡Futuro mejor marine de la historia! —asintió varias veces repleto de efusividad. —¡Permítanme presentar a mis niños, que están tímidos! —aún con la akuma activa, y siguiéndolo partículas claras de luz dorada, se puso casi que al lado de Omuyaga, respetando la distancia límite para no cegarlo con la intensidad de su brillo. Así, extendió ambas manos de perfil hacia él, exclamando con la misma emoción que venía arrastrando —¡Él es Kael Omuyaga! ¡Es muy inteligente, ha estudiado! —otra vez desapareció, extremadamente hiperactivo. Ahora, se hizo presente a un metro y medio de Kuroshiro, empleando la misma pose hacia ella, y tratando de sacarle alguna risa, molestia o reclamo para que evitara pensar en los navíos caídos al fondo del mar blanco. —¡Y ella es Hasegawa Nyra! ¡Mi más reciente esposa! Y mano derecha, porque si no la nombro así, duermo en el sofá. —se cruzó de brazos y, cerrando los ojos, negó con indignación. —Ya que somos tantos, imagino que vamos a asegurarnos de que no pase nada raro por aquí, ¿verdad? —cuestionó, por fin desactivando su fruta del diablo, y girándose hacia todos, con un tono relativamente más serio. —Y para ello debemos seguir avanzando. ¡Así que esa es la respuesta, Nyri! —obvio, no aclaró en ningún momento que su "esposa" en realidad era sólo su amiga, los dejaría con la duda hasta que al menos la propia humink se encargase de desmentirlo. Y tras tanto excentricismo, se relajó. Al menos para lo que son sus estándares, claro está, siguiendo el mismo camino que sus demás compañeros, el sendero que habilitaba la quinta antorcha, una estaca alta de dos metros, cargando con su bolso a la altura de la zona lumbar repleto de medicina, el colgante debajo de la ropa y su espada enfundada en la cintura, más que listo para actuar de ser necesario, aunque con la cabeza centrada en algo todavía más importante. Disfrutar los Juegos del Cielo.
Let there be light
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Hyákinthos - 05-07-2026 Un pasaje directo al cielo.
La idea sonaba tan irreal que podía pensarse como una metáfora o el sueño loco de alguien que se ha dormido fantaseando con imposibles, de hecho, eso último fue lo que el médico de los Valar creyó estar experimentando: un sueño.
Fue gracias a la fuerza del viento impulsando al Royal Flush por la corriente vertical, lo que lo hizo darse cuenta de la realidad, cuando sus manos tuvieron que aferrarse con tanta fuerza a las drizas que el ardor en sus palmas le recordó que no solo estaba vivo, si no que también estaba despierto, bien despierto.
Las nubes de tormenta impedían su correcta visión de la travesía, es más, en más de una ocasión tuvo que cerrar sus ojos o, al menos, entrecerrarlos, para evitar que gotas de agua de la corriente o de la tormenta terminaran irritándolos, además, su boca, aunque en varias ocasiones deseó gritar todos los insultos marineros que hubiera aprendido a lo largo de su vida como pirata, tuvo que permanecer cerrada, algo que logró a punta de morderse la piel interna de su boca, más tarde lo lamentaría, pero ahora era una forma de distraerse de aquella travesía suicida en la que estaba embarcado.
Además de todo, como cereza sobre el pastel, los coros celestiales solo hacían que, mezclados con el rugido de la tormenta, aquel viaje se sintiera, de alguna manera u otra, tan escalofriante como emocionante. Una escena que desearía no poder olvidar; sin embargo, si algo le preocupaba al médico era que, en medio de ese caos, si alguna de sus compañeras decía algo, sería imposible escucharlas con tanto ruido a su alrededor.
Intentó abrir sus ojos, pero en el momento en que lo hizo lo único que consiguió ver fue el mástil de un navío pasando justo al lado del Royal Flush y con ello, las partes restantes del desafortunado barco: piezas de madera, cajas y provisiones que nunca llegarían al cielo.
Tuvo que mirar hacia otro lado y cerrar sus ojos de nuevo justo antes de que las nubes empezaban a tornarse más claras. Si hubiera mantenido los ojos abiertos por más tiempo se habría dado cuenta que estaban a punto de pasar de la tormenta a la tranquilidad.
De un momento a otro, en una cantidad de tiempo que ni siquiera pudo calcular, sintió un cambio abrupto en el ambiente y en ese instante, los ojos del médico volvieron a abrirse para encontrarse con el majestuoso sol que tuvo el gusto de recibirlo en la entrada a aquella isla. Le hubiera gustado contemplar el cielo despejado por más tiempo, pero el cambio de la oscuridad de la tormenta a la claridad del día, lo hicieron parpadear varias veces para acostumbrarse al nuevo paisaje que se levantaba ante él.
El mar no era mar, eran nubles…nubes tan blancas como el más puro de los algodones.
Lo único que dañaba aquella celestial visión eran los restos de barcos destrozados que aparecieron a su lado casi al mismo tiempo que su propia embarcación se estabilizó sobre aquel esponjoso mar.
—¿Creen que se pueda nadar aquí? —Sus primeras palabras, nada más salir de la tormenta y darse cuenta de que Maki y Merlot estaban con vida y en buenas condiciones, fueron todo menos lo esperado, ni siquiera por él mismo, pero ¿Cómo culparlo? Eran solo parte de aquel asombro que hizo que el médico, cuyo corazón latía acelerado por la adrenalina y la emoción de aquella subida vertiginosa, olvidara casi de inmediato el mal rato con solo mirar a su alrededor; sin embargo, con solo sentir el sabor metálico en su boca, producto de todo el tiempo que estuvo mordiendo su interior, fue suficiente para regresarlo a la realidad y hacerle entender lo que acababa de ocurrir.
—¡Agh! ¡Maldita sea, mis manos! Como arde esto —. Como si las cuerdas estuvieran demasiado calientes, el médico apartó sus manos rojizas solo para examinar, aun con sus ojos resentidos por el viaje, el viento y el agua, que sus palmas estuvieran bien. Lucían rojas, algo raspadas, pero nada que no se pudiera solucionar con una pomada o con simple agua fría, una idea que lo hizo tomar aire y darse cuenta de que agua es lo que menos necesitaba ahora. Su ropa estaba mojada por culpa de la tormenta y eso… ¡Eso no podía permitirlo! Estaba en el cielo, no podía presentarse con esas fachas, debía lucirse.
Miró hacia el horizonte, notó la arena blanca, el abundante bosque y, cuando se acercaron más a la costa, cortesía de los recién adquiridos dotes de navegación de Merlot, observó las enormes caracolas dispuestas a lo largo y, al mirar hacia arriba, se dio cuenta del resto. Sus ojos brillaban, había tanto interés como curiosidad impresos en ellos. Ese sitio era un mundo completamente distinto. Aún sentía que estaba soñando.
—Así que esos eran los “ángeles” —. Su voz, esta vez, se escuchó más curiosa que molesta. Intentaba descifrar la tecnología detrás de esas cosas que seguían emitiendo sonidos. —Quiero uno… ¿Ustedes no? —Les preguntó a las chicas directamente, esta vez acercándose a ellas para comprobar mejor si es que su capitana guardaespaldas y su ingreso de emergencia de verdad estaban tan bien como el creía.
—¿Se lastimaron? Espero que no, porque hay mucho que explorar y… El Royal Flush se ancló en una costa de arenas blancas que estaba en medio de varios árboles enormes que servían para cubrir bien el barco, de hecho, el médico sintió cuando llegaron a su destino porque el barco se detuvo, pero no fue eso lo que lo hizo dejar de hablar, si no la repentina falta de la melodía que los había acompañado durante todo el trayecto y que ahora era reemplazada por la voz nerviosa de alguien.
El pelirrosa miró hacia todas partes, pero no tardó en darse cuenta de que la comedida voz venía de las mismas caracolas que vio antes. Alzó una ceja y se cruzó de brazos, lo que lo hizo sentir el contraste frío de su ropa mojada, lo que lo desconcentró por un segundo en el que terminó respondiendo un “se escucha” a la grabación, para luego sonrojarse al escuchar que la voz aclaraba, precisamente, que no pertenecía a nadie que estuviera cerca.
Escuchó el mensaje con atención… ¿Así que ese era el evento del que les habló Mara? Para eso disponían todos esos vestidos y decoraciones que traían en su barco ahora como camuflaje para poder llegar hasta donde estaban…Pues bien, era mejor dejar lo que era de ellos en ese lugar. No quería problemas en un sitio cuyas reglas desconocía, aunque, eso sí, se aprovecharía una vez más de los vestuarios que les encargó Mara, pues no se bajaría del barco estando con la ropa empapada de agua.
—Jmmm…Maki, Merlot —. Llamó la atención de ambas mujeres. —Bajaré los suministros luego de cambiarme, no pienso presentarme vestido así ante un emperador…porque… ¿Entendí mal o el emperador de esta isla será nuestro anfitrión? Je, cuanta elegancia, ustedes deberían hacer lo mismo y ponerse más decentes —. Sin decir nada más, el médico dio media vuelta, lo que hizo que su cabello trenzado se moviera con gracia, justo antes de perderse en la habitación de su barco.
Cuando salió, había reemplazado las joyas por otras y la túnica roja la cambió por una blanca con rosa y bordados dorados, además, solo para sentirse algo misterioso, porque no sabía si tenía que seguir oculto o no, se colocó sobre su rostro un velo de tela traslúcida que estaba decorado con cadenas doradas, además, se había encargado de secarse su cabello y peinarlo apropiadamente, lo único que discordaba un poco con su apariencia eran unos guantes que ahora cubrían sus manos, pero además de eso…Ninguna tormenta le iba a arrebatar su estilo.
Ahora, sintiéndose como nuevo, aprovechó de aspirar un poco más de esencia de menta, antes de colocársela como perfume en sus muñecas y cuello, justo antes de empezar a bajar los suministros que se supone que habían llevado a la isla, aunque al empezar, se dio cuenta de que alguien, quizá Maki, ya había descargado un par de cajas de suministros.
No eran más que unas diez cajas grandes que dispusieron con rapidez y sin problema justo en la costa, tal como la voz nerviosa de la grabación lo había indicado, luego se sentó sobre una de estas cajas para esperar en su sitio, luciendo como un miembro de la realeza fuera de su palacio, a que Maki y Merlot lo alcanzaran.
—¿Listas? —Preguntó cuando las vio acercarse, Maki luciendo tan agresiva como siempre, pero intimidante, le agradaba su porte, a pesar de su calvicie y Merlot, bueno…ni la peor de las tormentas podría arruinar su divina apariencia, aunque hoy, especialmente, lucía no solo hermosa, si no seductora. —Estuve viendo el sitio y hay unas antorchas por allá, parecen guiar a distintos caminos…deberíamos tomar la antorcha cuatro… ¿Qué dicen? Parece un buen número.
Se levantó sin esperar respuesta y tomó a Merlot del brazo, con Maki simplemente esperó que lo siguiera, para empezar a caminar hacia la antorcha que llevaba al camino número “4”.
Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Dharma - 06-07-2026 El sonido era estruendoso, como si atravesara no solo una tormenta, pues el agua en tal maginitud hacia un ruido increiblemente atronador, pero era casi opacado por los canticos y sonidos de musica, una musica que le recordaba su travesias en los blues, algo muy eclesiastico por decirlo de alguna forma. La fuerza con la que eran elevados también era algo importante, pero no era suficiente para destantear al espadachin de cabellos azabaches, pues con firmeza se mantenía sujetado de la barandilla del navio encargado de transportar productos hacia Skypea bajo la tutela de la compañia Nozama. Sus cabellos eran humedecidos por la brisa que se generaba, aunque era mas tormentoso que una brisa, tampoco era algo demasiado incomodo de sentir, se mantenia respirando, concentrado y observando lo que podia o lo que las gotas aunque pequeñas un poco molestas caisan sobre su rostro y ojos, obstruyendo de forma tenua su mirar.
Pero conforme sentia que se elevaba la embarcación las nubes oscuras que aglomeraban aquel túnel vertical se volvían menos oscuras, menos tormentosas y el ruido estruendoso comenzaba a disminuir, no habia sido rapido, se habia sentido algo lento, pero quizá era por la preocupación, aunque leve, de llegar en una pieza a un lugar como este, que durante los dias que estuvo de incognito escucho diversas cosas sobre esta mítica isla y lo que iba a suceder ahi. Pues Dharma no solia quedarse con la duda y menos sobre acontecimientos y conocimientos de a donde iba a estar, era parte de su oficio, era una persona letrada, con inteligencia y estrategia. No era solamente un pirata o un asesino, pero sin duda alguna esas oponiones le daban totalmente igual. Ajustando sus músculos de su espalda con lentitud a manera de estiramientos, comenzó a sentir como la presión del navío era menor y las nubes ahora mas claras y menos agua, le permitían ver de mejor manera las decenas de barcos que también subían en conjunto, navíos de todo tipo, incluso de la marina y gobierno mundial , no sabia si todos ellos iban a ser partícipes de los juegos del soberano, de los cuales entendía un poco más y de su gobernante. Aunque no era de su mayor interés por ahora saber más. Lo que si pudo notar cuando la calma llego y los barcos hicieron "erupción" era como no todos pudieron sobrevivir pero si lo fue la mayoría o al menos eso parecía. Con un ligero suspiros se sacudía la gorra que traía puesta, para después volverla a colocar su cabeza. | Al menos no me moje tanto como imaginaba...jahjahjah. | Decía para si mismo mientras observaba a su alrededor, no tanto las inclemencias de este fenómeno de la naturaleza que permitía la existencia de una isla del cielo y su vía de llegada. El astro rey se alzaba sobre el lienzo azulado, con radiante energía, iluminando todo a su alrededor, el contraste de hace unos minutos con el actual era demasiado. Dharma parpadeaba un par de veces para ajustar de la mejor manera su vista y soltándose del barandal podía sentir como el navío se ajustaba a unas aguas extrañas, pues estas además de parecer echas de espuma o algodón, se notaban de lo mas suaves y esponjosas, generando un campo de nubes blancas que fungía como un mar único, la vista era algo hermosa y no había forma de negarlo. También estaba el infortunio de los mas desdichados, mostrando el resultado de la fatalidad de no haber llegado de forma adecuada al final de este tramo, restos de navíos y cajas con cosas flotando en estas aguas extrañas. Junto con algunos cuerpos sin vida y otros más pareciendo perecer, algunos intentando sobrevivir aun, pero cada quien era su propio mundo, pues cada navío era parte otro empresario y en el que iba Dharma habían logrado sobrevivir sin mayor dilema, quizá alguno que otro rasguño en la embarcación pero nada de importancia. Su vista ya aclimatada a la luz, le dejaba ver la playa o lo que parecía ser las costas de esta isla, arena casi tan blanca como las nubes y después una cantidad considerablemente tupida de vegetación que se mostraba de gran tamaño, parecido a la selva de Kyodania. Eso le traía algunos recuerdos al espadachín. El bosque con grandes arboles y variedad de frutos y vegetación se presentaba en aquella costa, pues no había más indicios de vida, más que las indicaciones predispuestas para los recién llegados, simbolizadas con una serie de antorchas de considerable tamaño que servían de señalización, se podían contar cinco en su totalidad. El navío Nozama se preparaba para descender y en un simple pestañeo, el oriundo de Wano desaparecía del balcón del barco, para mostrarse ahora sobre las arenas de esta isla. | Me pregunto que clase de secretos y curiosidades habitaran aqui... | Mencionaba, como si platicara con alguien más pero era consigo mismo, como de costumbre, mientras con sus orbes esmeralda veía hacia una construcción que se alzaba mínimamente sobre la gran arboleda, con un brillo que quería competir con el sol. Se mostraba lejano, pero sin duda alguna para quien quisiera y pudiera notarlo seria algo curioso. Sin mencionar más y ya estando en "tierra firme" Dharma notaba como de las embarcaciones bajaban diversos personajes, sin ponerles tanta atención, tomo una de las cajas que encallaban en la costa y comenzó a caminar en dirección a la antorcha numero cuatro pues el se encontraba justo en el medio así que decidió caminar hacia su derecha yendo hacia la que había contabilizado como la numero cuatro. Mientras caminaba por aquella playa de apariencia solitaria, tambien pudo observando una cantidad muy considerable de caracolas de gran tamaño, al parecer esas grandes dimensiones no se limitaban a la flora terrestre. De estas mismas se podia escuchar la finalización de aquel sonido que habia acompañado a los navios durante la subida. El espadachin pirata, podia deducir que servian como amplificadores de sonido o algo por el estilo, no dandoles mayor importancia pues no era de su interes. Pero sin previo aviso se podía escuchar un murmullo luego alguien carraspear, aquel ruido venia de las mismas caracolas que "adornaban" el camino de la playa y después de unos instantes mientras Dharma iba caminando hacia la antorcha numero cuatro, comenzó a escuchar lo que salía de aquellas caracolas. | Zaratsuki... algo recuerdo... hmmm... | Con una sonrisa tenue, sin mostrar mas que una pequeña mueca, Dharma continuo su camino junto con la caja de tamaño mediano que portaba entre sus manos, la cual parecía contener algunas botellas de licor, por el sonido que estas hacían de forma muy leve al caminar. Eran unas 10 botellas, lo cual no le generaba ningún conflicto en cargar, pues su peso al menos para este espadachín era algo minimo a lo que podía soportar. Mientras caminaba el regente de Skypea dio su presentación así como indicaciones lógicas, las cuales ya estaba acatando Dharma. Llegando a la antorcha numero cuatro sin mayor dilema. Continuaría la ruta que esta pudiera mostrar.
OFF ROL:
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