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[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Versión para impresión

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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Akira Raito - 06-07-2026

El ascenso, aquel maravilloso y maldito ascenso, ese viaje trifásico sin más estupefacientes que el olor a pis de gato impregnado en la madera del Ford Transit. ¡Y MENUDO VIAJE! Las voces de mis compañeros y los gritos de emoción me habían medio nublado el oído más allá de los versos del pequeño Luismi, pero pronto conseguí diferenciar una melodía que nublada todo a mi alrededor. No era capaz de escuchar nada más que a mi división, y no era capaz de ver más allá de nuestro barco…

Aunque lo que sí que pude apreciar fueron aquellas nubes negras que nos rodeaban y nos amenazaban con tirarnos un rayo directo a la cabeza—. ”¿Me dejaría el pelo más tieso del que ya lo tengo? Nah, imposible” —y de pronto, se hizo la luz, la luz o las nubes, las nubes sí, las nubes, pero nubes blancas, esponjosas y con apariencia suave, muy suave… Era como si las hubieran lavado con Perlán.

—¡¡¡CHICOS HEMOS MUERTO, BIENVENIDOS AL REINO DE LOS CIELOS, ESTAMOS MUERTOS, PERO MUERTOS DE GANAS POR PISAR ESTA ISLA QUE SE LLAMAAAAAAAA: SKYYYYYYYY-PIEAAAAAAA!!! —la subida había sido una locura, aunque a mi parecer, mucho más fácil de navegar que la bajada de la Reverse Mountain, aquí no había tenido que esquivar nada. Solo asegurarme de que la quilla del barco no se despegara del bufón que nos elevó a los cielos. Y objetivo conseguido.

La velocidad del ascenso hizo que tuviera que engancharme al timón no solo con manos y pies, sino también con los dientes de borrico que, gracias a la fuerza de mi mandíbula y mi cuello, me permitieron seguir al cargo del timón y asegurar así tanto la vida de mis compañeros como la del cagón del gato fiestas. Me incorporé, estirando todo el cuerpo con los brazos extendidos, y mientras veía como el capitán se subía al borde de la cubierta y se quitaba la chaqueta, trepé por las cuerdas de las velas hasta el carajo del mástil principal.

—¡¡TCHAKIKIKIYAH! ¡SERÁS CERDO CAPITÁN! ¡MIRA ESTO TAMBIÉN, EL JAPO MÁS ALTO DE LA HISTORIA!! —le gritaba a Enji y al resto mientras buscaba iniciar el viaje también con una tontería del mismo calibre en aquel lugar tan mágico, aportando mi granito de arena y lanzando un escupitajo desde lo alto del mástil hacia el mar de nubes. Y por otro lado, Juan levantó la mirada y el pulgar de la mano que no tenía pinza con un signo de aprobación, que le devolví en el acto —. ¡¡Para eso estamos Juanitoooo!! ¡Qué divertido ha sido esto, tchaaaaakikikiyaaaaah!



—Espera, ¿habéis oído eso? Shhhh… Que nos están diciendo algo, ¿de dónde viene? ¿Del agua? Quiero decir, ¿las nubes? ¡Eh, que sí, que viene de las caracolas esas que flotan! —señalé a en dirección al agua, y es que habían un montón de caracolas de colores ahí tiradas por las nubes esponjosas de las que salía una voz que hablaba en nombre del grandilocuente Emperador Zarutsuki—. ¡OYE! ¿¡Sabéis quién es el Zatruski ese? ¡Dicen que es el señor de las nubes! —les gritaba desde el mástil a mis compañeros sin caer en que, evidentemente, también estarían escuchando aquel mensaje, y la orden era clara: descargar en la costa y dirigirse al punto de ruta sin salirse del camino… Pues no iba a ser, no.

Me puse mi mochilita marroncita con una hoja verde con un bocado al hombro, y aproveché mientras el resto se encargaba de vaciar la bodega con aquellas cajitas felices : ), para recoger caracolas, grandes, pequeñas, rojas, amarillas, las que iba encontrando por ahí. Cosa que me recordó a un famoso juego en el que un mapache te hacía venderle cosas, para que luego te pidiera ese mismo dinero que te acababa de dar para que le pagaras una hipoteca que no le habías pedido. Tal vez Nyra sea la encargada de comprar las caracolas esta vez… ¿También me seguirá por la isla sin quitarme ojo? Pronto lo sabremos.

—¡Ey chicos, cuanto tiempo! —estaban allí, eran la división 75, compañeros con los que nos habíamos cruzado anteriormente antes de llegar al Grand Line. Y entre ellos Nyra, que seguro que iba a estar pendiente de las caracolas que tenía en la mochila, era un mapache, y los mapaches hacen ese tipo de cosas—. ¿Cómo estamos? —levanté la mano para saludarles mientras que con la otra terminaba de colocarme la mochila en la espalda.

Pronto empezaron a aparecer más y más marines, de la división 60, compañeros más experimentados y que a juzgar por su número de grupo, mucho más preparados y fuertes que nosotros—. ”Wow, y nosotros somos la ochenta… Pensaba que seríamos más importantes o algo” —pensé mientras dejaba que todos se presentaran. Stroud, el Comandante y formal médico de la 60; Moja, un gato negro algo serio y callado; Bertram, Contramaestre y arquero elfo de los bosques y Kibai, otro gato, pero este con pecas y rubio como yo. Juan por su parte parecía muy emocionado de estar en presencia de Stroud Nanashi, tal vez era alguien importante, tal vez me habían hablado de él, y tal vez, simplemente ni me acordaba.

—Estamos bien Comandante, no se preocupe. Por lo de regresar, Legolás, problemas del futuro, no creo que debamos preocuparnos por eso ahora mismo, tchakikikiyah. —empecé a contestar preguntas con total confianza, sin caer en que tal vez, al estar en presencia de cargos tan altos parte de otras divisiones, mi actitud podía llegar a incomodar. Pero mi capitán era Enji, y estaba claro de qué palo cojeábamos en la 80, así que si nuestra actitud les abrumaba por ser dramáticos y poco serios, tal vez por eso nos pusieran a todos juntos en un principio… Espera, fue por eso—. ¡¡Pero si mira el sol que hace, si te tienes que sentir como en casa, como en la sabana, mira, mira cuánto sol, si nos quema!! Ay, qué gustazo, aquí sí que me voy a poner moreno… Aunque esa selva… Capitán cara-quemada tiene usted razón —intenté mantener la formalidad en presencia de otras divisiones, Enji era el capitán y había que tenerle un respeto y hablarle de usted. Me quité la camiseta para coger un buen colorcido dorado y saqué de mi bolsillo un par de gafas de sol raveras de color negro y forma algo alienígena que guardaba para ocasiones especiales—. ¡Caga en tu putísima caja feliz, gato fiestas! La caja ahora es: feliz —corregí al capitán, ya que también le puse ojitos y sonrisa al arenero donde el gato hacía sus mejores obras de arte y con las que nos deleitaba cada mañana con su aroma y figura.

—Por cierto soy Raito, Akira Raito, soldadito marinero que conoció a una sirena y que por eso es el navegante y carpintero de la 80. Me dedico en cuerpo y alma a este nuestro glorioso barco: el Ford Transit. Mis ojos son el mascarón de proa, mis manos, el timón y el ancla... Bueno, el ancla, jeje... El ancla ya sabéis.

Pero volviendo al grupo de marines, yo me había quedado con el anciano de Hasegawa Shin, pues tenía el pelo blanco y para mi el pelo blanco era sinónimo de tener varios años de más, lo siento. El Comandante de la 75, que acompañaba tanto a Nyra como a Kael y que de un destello se plantó delante nuestra sin ni siquiera tener que esforzarse en caminar—. ¡Ey, Comandante Shinchan! —hablamos ya de cuando estábamos todos caminando en dirección a las antorchas, pues con tanta gente y todos hablando a la vez, solo se quedó con el haz de luz con el que el comandante se había presentado, pero sin poder establecer conversación con él con anterioridad. Al parecer era el marido de la mapache interesada en mis caracolas de colores, así que tal vez me interesaba llevarme bien con él también para que no intentaran quitármelas. Siendo que eran un matrimonio, tendrían objetivos conjuntos, y estas caracolas valían alrededor de 250 bayas cada una.

—Perdona que te pregunte, Sinosuke, pero, también tienes el poder de una fruta de esas, ¿verdad? ¿Te puedes transformar en luciérnaga? Pero las luciérnagas no son tan rápidas, dime, ¿cuál es tu poder exactamente? No estoy muy puesto en esto de las frutas del diablo, aparecen y desaparecen, pero no me acabo enterando nunca… Quiero decir, brillas, ¿no? Aunque no más que mi increíble melena dorada, fíjate, pero eh, eres rápido, ¿te has movido rápido o te has teletransportado? ¿Me enseñas a moverme así? ¡Ha sido como fuaaaaa, y luego eyyy, y yo pensando diooooo! ¿Me enseñas? —toma metralleta de preguntas y vasallaje. Lo único que esperaba en aquel momento era no incomodar, aunque mi personalidad solía hacerlo bastante.

Ya una vez frente a las antorchas, todos echaron a andar siguiendo el camino, y yo, con mi mochila al hombro, pareció que fui el único al que se le ocurrió arrancar la antorcha del suelo y llevar el tronco con la llama al hombro a medida que avanzabamos por aquel caminito selva a través. Ya me las había visto con bastantes animales en la selva como para arriesgarme a no tener una llama que los ahuyentara o que, al menos, nos iluminara el camino en caso de ser la selva tan frondosa que ni dejara pasar los rayos del sol. Que aunque pegara bien fuerte a esa altura, por experiencia sé que hay zonas que se podían llegar a quedar a oscuras.



Info.




RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Maki D. Zen'in - 06-07-2026

El golpe en el pecho fue pesado, la travesía de locos y la excitación por la situación solo parecía enloquecer a Maki que deseaba ver el calor y la furia de lo que había sobre las nubes sobre su cabeza, por un segundo la capitana Valar, con cargo reciente, se sentía una vez más libre de ataduras mientras ascendían por la vertiginosa corriente. La música era lo suyo, el poder de cada nota, de cada voz le producía una satisfacción que era difícil de describir en palabras, o al menos en palabras simples. Sus ojos abiertos y desorbitados deseaban ver aquello que nadie más había visto. No se preocupó en ese momento de sus tripulantes. Por dos motivos.

Su apariencia, aunque eran de niñas mimadas, sobre todo Hyakinthos “Cherry” y María Merlot la “Niña Atún” siempre podía confiar en ellos. Nunca le habían fallado en ninguna hora de necesidad ni en la hora más oscura ni en la más desesperada. Siempre sabían que hacer, aunque grillos, cebras o partes mutiladas de personas y dinero siempre rondaran en sus cabezas, jamás podía decir que quedaban corto de valentía ingenio y adorabilidad. Si es que esa palabra existía y segundo. Creyó que morirían ahí, así que, si morían, no importaba, los muertos no se preocupan por cosas de vivos y al menos podría quedar en el registro que Los Valar murieron en medio de una música apocalíptica con una sonrisa en la cara y una bomba en el pecho…

Sin embargo, a pesar de ambos motivos, alrededor podía medio apreciarse entre la estruendosa tormenta, barcos partidos, gente volando, y mercancía perdida compitiendo con ellos por ascender a velocidades de locura. Maki entonces se preocupó por los suyos. Por sus cuerpos y mentes, por algún accidente inesperado, una caja volando hacia sus cuerpos era suficiente para que cayesen al fondo del océano a… cuatrochirrocientosmil millones de kilómetros, Maki no era científica ni cartógrafa así que da igual la distancia que calculo, y calculo como el culo, morirían sin duda si eso ocurriera.

Ella en ningún momento dejo de cantar la música de los cielos, enfrentándose a la furiosa tormenta o rayo de agua o como sea que específicamente se llame este maldito fenómeno. —ESTO NO ES NADA VALARS!!! DERROTAREMOS A LA CORRIENTE Y LA TORMENTA!!! ADELANTE ROYAL VAMOS HERMANA TU PUEDES!!! CONFIAMOS EN TI!! LLEVANOS A LA CIMA!!— Le grito a su compañera de madera, las nubes dotadas de una malignidad apabullante eran verdaderamente amenazantes y poco a poco casi como si fuera un augurio, Maki sintió que llegarían… llegarían más allá de esta prueba maldita. Y poco a poco Las nubes comenzaron a cambiar de muerte a esperanza. El corazón interpreto esta visión enigmática. Como podía cambiar tan rápido de una tensión desgarradora a un momento de paz tan sobrecogedor, sea como sea, que la voz de su mente era extraña y emocionante y sin duda alguna recordaría jamás volver a hacerlo.

Maki esta vez, quería ser pragmática en sus recuerdos, eran blancas puras y húmeda, parecía como estar pasando por un túnel porque al final de su ascenso la luz inundo sus ojos, aunque sus sentidos habían sido golpeados por un amanecer después de la tormenta. Los sentimientos dentro de su corazón se arremolinaron tan graciosamente que no sabía si llorar, gritar o flexear sus músculos. Estaba segura que, aunque gritase a todo pulmón sus amigos no le escucharían nada, pero era una especie de sentimiento residual del ascenso. —Esto… es… es… mierda no tengo… palabras… pero…— Murió la palabra en la boca de Maki al ver la luz del sol al abandonar las negras nubes cargadas de esa energía estática tan poderosa que crees que te va a dar un choque eléctrico o como sientes que tu cabello… … … mierda su cabello. Por un segundo recordó, un hermoso segundo, donde lo tenía y donde no era el blanco de las tonterías de sus compañeras. ¿Habrá sido demasiado “Britney time” su arrebato?… … … nah seguro hay pelones en la isla del cielo.

Apenas emergieron y quedo sin palabras, sus manos quisieron agarrar el sol, destellante añorado, un sol deseoso de acariciar sus pieles embadurnadas de agua salada producto de la corriente ascendente y aunque Maki tenía una fuerza decente. Cuando salieron al sol cayó sobre la cubierta ante el amparo del rey del universo. Alzo las manos en una plegaria y al fin pudo hacerse escuchar.

Solo un minuto después recupero la cordura, el aliento y el sueño lucido que siempre le impulsaba a ir más allá, alzo la vista, primero a sus compañeros, sus dioses comprobando que estén bien —Hemos llegado al reino de las nubes… el cielo, más cerca de las estrellas… ha sido glorioso y horrendo. Mer? Hyak, hemos dado la talla y fue buena idea dejar a los niños atrás con Mara. Comprobare abajo en cubierta rapi… da… men…te…— Maki vio alrededor la devastación y la desolación de los restos barcos y aparentemente personas florando en el mar, habría alguien vivo? Muy posiblemente no. nadie soportaría algo así. Su voz dulce y melosa perdió su tono al final. —Mer… cariño, llévanos a la costa, Hyak, ve por babor, mirare por estribor si encontramos sobrevivientes, si ves algún cajón de algo interesante, házmelo saber también.— Su preocupación era real, si no mantuviera al Royal siempre a punto, podrían haber contado otra historia.

La costa era arena blanca como diamantes… no, no tanto, pero, jamás había visto o sentido algo así. Maki como una niña pequeña no espero a que bajaran el planchón. Salto directamente a la arena y con ese salto recordó el episodio de llegada a Little Garden, donde tampoco espero, estaba drogada, enamorada y furiosa. Todo al mismo tiempo. Ahora. Capitana, centrada, mas decidida a llegar al final de una aventura que parece interminable buscando las estrellas. Decidía mirar al futuro… toco la arena entre sus manos y la miro lentamente como caía de su puño en un montón deslizándose entre sus dedos. Lo disfrutaba. Disfrutaba el mar, pero más la tierra firme. O nubes o lo que sea que pase acá.

Se sacudió las manos y alzo la vista a Los Valar, después al mar y volvió al otro lado. Un bosque interminable, una joya esmeralda se alzaba frente a ella. y sus ojos se volvieron sombríos, oscuros afilados y tétricos. Tratando de ver el futuro, anteponerse a las amenazas y a la muerte. Por que desde ahora esa era su misión, protegerlos a todos. No lo había jurado, pero si lo había hecho parte de si desde que le aceptaron en la tripulación.

Entonces algo le llamo la atención, caracolas, grandes, pequeñas, multitud de ellas por todos lados. Maki entonces quiso acercarse a una de ellas y la toco y justo en ese momento emergió una voz, una voz claramente audible?... eran den den muchis? No, era como bocinas o radios o algo así. —Ni idea como funcionan, claro que podríamos llevarnos una. cuando volvamos quizá.— Respondió a la propuesta del doctor.

El mensaje, claro… Maki y sus amigos descargarían las provisiones y después de una pequeña charla decidirían ir por uno de los caminos. Frente a si uno de ellos. misterioso lleno de posibilidades… Maki sonrió y pronto se puso en camino. Era hora de la aventura. Volvió su vista a Hyakinthos, a Merlot y les sonrió con toda la energía del mundo…. Pero antes debería cambiarse de ropa, ¿Habría algo seco que ponerse entre la vestimenta helénica que traían para la obra? Esperaba que sí, no hacia daño que robara algo de ropa.

Ella se puso nuevas ropas, directamente de las cajas. Y después de bajar los Suministros, acompaño a sus amigos… el camino les deparaba un futuro prometedor adornado por esas hermosas antorchas que se encendían como una pista para despegar a los cielos para luchar por un futuro y ella lucharía por hacerlo mejor para ellos.

Elf´s Fury · Más Allá Del Mar

[Imagen: Valar-en-skypea.jpg]

Play Me!



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Maria Merlot - 06-07-2026

Esquizo Esquizo / María Merlot

Advertencia: Leer bajo su propio riesgo.

En nuestro último capítulo...

MUSIQUITA PA ACOMPAÑAR



En algún lugar de la Ensoñación de María Merlot.

Había una vez…
Un reino muy, muy, muy mojado…
Dónde vivía una princesa…
Muy, muy, muy hermosa…
De largas hebras rosadas…
Y cálidos ojos ámbar…
Cautiva de un Demonio Carnicero…
Que la sedujo con flores, azúcar y ¿un moreno?…
Con una amiga iguana…
Y una naranja como mandarina HadaMadrina…
¿Quieres conocer la historia?
Bueno, yo también…



Flush Royal, Columna Perpendicular.
Ah, si. ¿Knock Up Stream?

La voz raspó su garganta, los gritos salieron de lo más profundo de su ser. ¡Detestaba estar detrás del timón! No volvería a navegar, aunque daba igual, porque los muertos no navegan. Agarrando con fuerza el círculo del averno, siendo mojada por la lluvia y el mar y con el canto celestial de la parca tocando a la puerta del Flush Royal, solo pudo cerrar los ojos y dejarse zarandear como una hoja al viento, como una muñeca sin voluntad. Claro, no sin antes darse cuenta como su persona favorita desplegaba las velas.

Su mente siempre viajaba a Hyakinthos, en ese momento no fue la excepción. Por las condiciones no podía hacer más que sobrevivir y luego ir por el objeto de su fanatismo irracional, el precioso carnicero de cara angelical. En relación con su hermana, si alguien podía sobrevivir a un cataclismo, y a dormir en la misma habitación con la semi sirena, era ella. Más bien la tormenta debía asustarse de la Valkiria Besada por El Sol, y no al revés.

Mentiría si dijera que nunca pensó en la muerte. Es más, la anheló cada día de su vida antes de conocer a Fantasma. Caminar a través del túnel, seguir la luz de la que muchos hablaban… encontrarse al fin con su padre, quien seguro tendría manzanas y el columpio listo para ella; el lugar que le prometió el día que fueron separados. Si, así lo imaginaba y ansiaba.

Intento abrir los ojos un momento para buscar con la mirada al médico pero fue imposible distinguir algo con propiedad. Volvió a cerrarlos, los oídos le chillaban y de pronto… su mente, le dio el refugio que durante años la salvo de la locura, o más bien la sumergió en ésta… los grillos y las cebras rugieron más alto que el entorno…



En algún lugar de la Ensoñación de María Merlot.

… a la princesa cautiva, junto a su inseparable amiga iguana, se le apareció un Hada Anaranjada. Con voz dulce, tres deseos le concedió… porque ella era más maravilla que cualquier genio de pacotilla. ¿La oportunidad de escapar? ¿La princesa lo iba a aprovechar? ¿Regresar al reino de su padre Difícil de Mirar, comer perdiz y ser feliz? Luego de pensarlo, y con emoción, le pidió que convirtiera a su iguana en un mujeron. ¡Pooof-Pliiiink-Diiiiing! Calva y feroz un poco de miedo le dio pero en sus ojos descubrió a su hermana de amor…

El segundo deseo no tardo en llegar, tan sencillo como la vida pidió un helado de vainilla. ¡Pooof-Pliiiink-Diiiiing! El cono de galleta con una bola gélida en su mano apareció y su corazón retumbó. A mordisco se lo comió y no compartió. El tercer deseo lo pensó, con cuidado y con razón porque el tiempo se acababa para esa gran hazaña: “Deseo que seas humana, Naranja”. Pronunció sin dudar... un error que las condenó… ¡Pooof-Pliiiink-Diiiiing! Una mujer más con cabello llameante y un pecho protuberante. “¿Qué hiciste? Le recriminó. ¿Acaso no querías escapar de este lugar?” La princesa le sonrió, limpiando la vainilla de su mentón “¿Escapar? ¿Por qué querría? ¿Lo has mirado ya? El Demonio Carnicero es un bombón sin igual, todo en él es agradable de mirar. Si fuera heterosexual me lo zamparía sin dudar… te lo presento y ya verás, como caes igual. No importa que cercene, mutile o trafique lo único impórtate es que me mime”. De esta manera las llevó a su salón, dónde el Carnicero las recibió con gran educación. Ahí les mostró la magia de su pasión: desmembrar cuerpos y venderlos por partes y sin descuento...

Ahora sí, todos vivieron felices y comieron perdices. Entre nubes grises...



Flush Royal, Columna Perpendicular.
Una eternidad después.

Respiración agitada…
Ruido en el interior de su cabeza…
¿Estaba bien? ¿Estaba mal? 
¿Dónde estaba Hyakinthos?

Los orbes ámbar se abrieron encontrándose con: EL TIMÓN Su primer enemigo de esa aventura.  ¿Estaba muerta? Había luz, pero no se suponía que era UNA LUZ. Se dejó caer sobre sus piernas, respirando con dificultad y soltando el círculo del infierno que se juró no volvería a tocar en su vida. ¿Qué había sido eso? ¡Claro que irían al cielo! Ahora lo entendía, no literal, sino figurativamente. ¡Estaba muerta! ¿Estaba muerta? — ¿Morí? — musitó para sí misma aún asustada y temblando. Imposible no sentir el revoltijo de turbaciones que la embargaban, tendría que ser inhumana para ello. Llevó ambas manos a cada oreja, y volvió a cerrar los ojos con fuerza. Si estuviera dentro del agua, todo ese momento vertiginoso, le hubiera parecido increíble y divertido, solía dejarse llevar por las corrientes marinas pero ahora no, ahora fue, sin miedo a equivocarse, espeluznante.

No quiero estar aquí…
Quiero regresar a mi celda…
Si, mi celda, mi lugar seguro…
¿Y si corría a la habitación?
¿Si se encerraba en la jaula de oro?
No, no, no…
Aún debía cumplir su promesa…
Llevar a sus nakamas a buen puerto…

Inhaló, exhaló. Abrió los ojos. Bajo las manos. Claridad. Alzó la mirada. El sol la recibió. La calidez la cobijo a pesar de estar empapada — ¿Acabo? ¿Lo logramos? — su voz salió suave y baja. Se levantó usando el timón para eso, aunque sus piernas seguían temblando. Angustia sintió de pronto recordando a sus compañeros y las mascotas. ¿Estarían bien?

¿Creen que se pueda nadar aquí?

Corrió al borde de aquel sitio de navegante para encontrarse a lo lejos con el hermoso hombre al que llamaba Algodón de Azúcar. ¡Mojado pero bien! La sonrisa en los labios de la mestiza apareció, si él estaba bien… todo lo demás también. Entonces volteo para buscar a su hermana. ¡Calva e imponente! Justo como la ultima vez que la vio. En ese momento iba a comentar algo pero… al igual que el coro celestial, su voz desapreció ante la majestuosidad que se extendía en todas las direcciones.

El cielo no era figurativo.
El cielo era literal.

Se movió a estribor colocando las manos sobre la baranda mientras sus labios formaban una perfecta “O”. Impresionada y maravillada ante lo que veía. ¡Un mar de nubes! Blancas e impolutas. Malvaviscos, si a eso le recordaban. Ahora una pequeña sonrisa se apodero de sus labios el arroz también era blanco... ¿tendrían algún matiz ciruela? — No lo sé… pero me gustaría intentarlo. Tal vez sobre nubes pueda volver a nadar — respondió con un toque de nostalgia mientras entrecerraba los ojos y lleva un mechón de su mojado cabello rosado detrás de la oreja, un gesto muy dulce que reflejo cuanto extrañaba esa cualidad — … pero no lo intentaré, ya lo he prometido — se giró para decir algo más, no sin antes percatarse de las caracolas de diversos tamaños. ¿Qué serían? Estaba muy inmersa en sus divagaciones como para haber prestado atención…

¡Agh! ¡Maldita sea, mis manos! Como arde esto…

La voz. La proclamación. ¿Cómo que arde? Todo lo demás quedó en segundo plano, hasta ella misma. Sus pies bajaron las escaleras, sus ojos se posaron en Hyakinthos, lo escanearon de arriba abajo. Pensó que estaba bien. ¿Acaso no estaba bien? Cuando llego frente a él, sin tocarlo porque ella nunca lo tocaba se fijó en sus palmas — … no, no, no… tus manos. No, no, no. Debí desplegar YO esas tontas velas, no tu. Ahora te has hecho daño, es mi culpa. Lo siento tanto. ¡Necesitamos un médico! No, uno NO… muchos médicos. Y medicinas. Y un lugar para que descanses. Hay que atenderte… y… y también hay que drenar a esa horrible columna de agua perpendicular que se atrevió a hacerte daño — sus palabras, con su voz aterciopelada, iban saliendo unas tras otras atropelladas en la histeria de ver a su querido hombre de azúcar herido. Tanto que olvido que él mismo era un médico… sin esperar respuesta se dirigió a babor, levantó la diestra y amenazó a la nada, porque no se veía nada más que nubes y restos de navíos que en ese momento le resultaron irrelevantes para su cruzada — … Vas a caer remolino de inodoro, así sea lo último que haga en esta vida — no sabía cómo, no cabía cuándo pero ese torbellino que hizo daño a Hyakinthos pagaría muy gravemente el haberlo herido. He aquí al Segundo Enemigo hecho en esa aventura.

Luego de la declaración de odio-venganza, y sintiéndose mejor consigo misma, se permitió mirar mejor el mar de nubes — … oigan… esos restos… son los otros barcos… ¿no? — no esperaba respuesta alguna porque si habían barcos abajo, y ahora habían restos de barcos arriba, y en los barcos iban personas, entonces… ¿Las personas estaban muertas? Mordió su labio inferior, un mal habito adoptado de su médico. Volvió a cerrar los ojos, y apretar la baranda de madera con sus manos.  ¿Por qué la vida era tan frágil? No lo sabía, nunca lo entendería, solo podía concluir una cosa: La vida era valiosa, debía ser atesorada. Como muchas otras veces, dejo que los grillos y ahora cebras en su cabeza tomaran el control para no sentir dolor por aquellos que no lo lograron.

Aunque lo detestara, y no lo quisiera hacer, regreso al horrible timón, y marco el rumbo a la costa. Por ultima vez. Necesitaría poner un aviso en el periódico buscando Navegante, porque ella no lo haría más…

Hmm hmm, ¿s-se me escucha?

Parpadeo una, dos, tres veces. ¿Volvía a delirar? — ¿Si? Te escucho… ¿Y tú a mí? ¿Dónde estás? ¿Dentro o fuera de mi cabeza? — respondió a la voz que no sabía de donde provenía, aunque si hubiera prestado más atención sabría que el origen eran las caracolas y que no estaba comunicándose en particular.

Es verdad, que esto es una grabación…
¡S-saludos a todos los viajeros! En nombre de su grandilocuente alteza y anfitrión de los juegos, el Emperador Zarutsuki...

Antes de que pudiese preguntar a que se refería la voz continuó. ¿Zukarita? ¿Anfitrión? ¿Kikipiea? ¿Así se llamaba ese lugar? ¿Lo había escuchado antes? ¿Tenía por que saber algo sobre Sexpiea? Los archivos de su mente estaban en blanco, y si pudiera ponerlo en una onomatopeya seria “Cu cú cu cú cu cú”. Igual, tenía tiempo para descubrir, aprender y anotar en su libreta para el futuro recordar lo que sentía era de suma importancia.

La costa, igual que hermosa que el mar de nubes parecía idílico con aquellas arenas perfectas, claras y de ensueño. Y no tan lejos, un bosque se levantaba coloreando de un color vivo el paisaje. Si su vista no le fallaba, y nunca lo hacía, podía observar antorchas enmarcando algunos caminos… y más allá, algo dorado. ¿Otro sol, tal vez?

Maki dijo cosas.
Hyakinthos dijo cosas.
Ella solo pensaba en una cosa: ¿Las nubes sabrían a algodón de azúcar?

La travesía finalizó. Todos parecieron seguir el plan inicial: Llevar los suministros, la voz lo dijo también. Cuando el médico se fue a cambiar, ella hizo lo propio, aunque no importaba que estuviera empapada, igual se veía espectacular, y seductora... porque la tela blanca se pegaba a su cuerpo como una segunda piel dejando mas a la vista de lo que debería. En la habitación encontró a Cara Melo, al cual abrazo y consoló por el turbulento viaje. Luego se cambió, por un atuendo igual de bonito.

Cuando regreso a la cubierta, vio al masculino terminando de descargar los suministros que debían “llevar”. Maki estaba decidiendo que hacer y comento sobre lo de robar una caracola para el doctor, María estaba de acuerdo. Otros barcos habían logrado llegar, no todos sucumbieron, eso la hizo esbozar una sonrisa esperanzadora. Uno de los navíos desembarco especialmente cerca, no tanto pero si lo suficiente.

Estuve viendo el sitio y hay unas antorchas por allá, parecen guiar a distintos caminos…deberíamos tomar la antorcha cuatro…

Siendo María Merlot una desorientada que no sabía discernir de la izquierda o la derecha, cualquier opción le resultaba válida. No le dijo nada, solo sonrió y asintió con su cabeza. Por un segundo bajó la mirada a sus manos, enguantadas, y pensó: Si estoy en el cielo, mis sueños podrán hacerse realidad. ¿Si estoy maldita, algo celestial me ayudaría a volver a nadar? Esa respuesta buscaría mientras estuviera en el paraíso níveo y etéreo llamado Distopiea… ¿o era Nubeia?



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Ubbe - 06-07-2026


El viento les impulsaba desde abajo, haciendo que el verdfolrnir surcase la corriente ascendente como si de surfear una ola se tratase. Los hombres del Ragnarok que habían quedado expuestos terminaron de esconderse en los camarotes, mientras Sigurd y Ubbe aguantaban viento y marea sin moverse ni un ápice. Como si un simple temporal pudiera hacer algo contra dos monstruos como ellos. La fuerza de la naturaleza aquí, era el Ragnarök. 
El barco temblaba por la fuerza de la corriente, algunas maderas crujían por la fuerza a soportar, Ubbe durante unos instantes, tuvo la absurda sensación de que no estaban navegando, estaban cayendo... solo que hacia arriba.

Cuando superaron la barrera de nubes, la luz del sol impactó en el casco de la nave y en los buccaneers mostrando ante si una imagen espectacular; un mar de nubes que acababa en una increíble playa de finas arenas que daba a una gargantuesca muralla de vegetación. 
Sigurd consiguió lo impensable, subir por la corriente vertical, ascender al cielo, y atravesar la tormenta como si fuera un martes cualquiera, Ubbe tenía al mejor navegante que podría pedir, y este, al atravesar el cielo, le miró con una sonrisa victoriosa. 
- ¡Hey baby! - Ubbe chasqueó los dedos señalando a su hermano, era suficiente gesto como para compartir esa dulce victoria. 
Tras eso, Ubbe se quitó las gafas por un segundo para poder ver la maravilla visual que suponía ver el mar blanco que tenía delante. Por otro lado, cientos de caracolas acompañaban el paisaje mientras todos los barcos aparecían desde el mar de abajo, de dichas caracolas es de donde provenían las melodías que habían derrotado a los cánticos guerreros de Ubbe y sus hombres. Una vez el barco se estabilizó y avanzó hacia la blanca costa, una voz sonó desde los grandes diales. 
Ubbe escuchó el discurso del que parecía un representante del emperador de este reino, y sonrió ampliamente, saboreando en ese momento la emoción de poder participar en aquellos increíbles juegos. 

Los cerca de setenta integrantes del Ragnarök salieron uno tras otro de sus escondites y, al descubrir lo que se extendía frente a la proa, la reacción de los tripulantes fue una mezcla entre incredulidad y adoración. Algunos golpeaban con entusiasmo la borda mientras señalaban el paisaje a sus compañeros; otros discutían si aquello era realmente el cielo o si habían muerto durante la ascensión. Por unos instantes, hasta el más bruto de los guerreros olvidó las armas que llevaba a la espalda para dejarse maravillar por aquel reino que parecía sacado de una leyenda. Al final eran hombres y mujeres de Jaya, que si no fuera por haberse unido a ese navío, jamás hubieran podido contemplar tales imágenes con sus ojos. 

-YEAH BABY!! LETS FUCKING GO!! - Le pegó un grito a Sigurd señalando a la costa para que se acercase lo máximo posible y empezasen a descargar.
No estaban solos en aquella zona de la playa, varios barcos más habían cruzado también el umbral de las tormentas y los canticos para aparecer en aquel mar blanco. 
- ¡A DESCARGAR EL MATERIAL MOTHERFUCKERS! -  Ubbe ordenó a los hombres que empezasen con la descarga del material lo antes posible, pues estaba ansioso por ver qué le esperaba tras aquella gargantuesca selva. Los hombres y mujeres del Ragnarok ya empezaban a estar acostumbrados a aquellos insultos extraños del buccaner
Al bajar el ancla los hombres del Ragnarok bajaron por una pasarela, empezando a descargar el material de Nozama. Ubbe optó por la vía rápida y bajó de un salto con una enorme caja sobre sus hombros. 
Dejo que el resto de los hombres se encargase de la mercancía y espero a que bajase Sigurd con el. Sigurd les dejó su den den mushi a las tropas que se quedaban en el barco, dándoles la orden de que si había problemas llamasen a Ubbe, lo gracioso es que el problema siempre solía ser Ubbe. 
En cuanto estuvieron los dos listos para avanzar, tomaron a la vez la decisión de por dónde avanzar: 
- ¡BABY! ¡VAMOS POR EL UNO! ¡¡THE FIRST ONE!! - Ubbe señaló la primera ruta desde la izquierda. 

A la vez que Ubbe, Sigurd también dijo de ir por el primero, pero en cambio señaló la primera ruta desde la derecha. 

- GAHAHAHA, Vamos anda que no tienes ni idea motherfucker

Sigurd se rebotó haciendo hincapié en que el tenía la razón, faltando al respeto a Ubbe. 
- ¡¡YOOOU!! - le pegó un grito transformándose en su forma Híbrida - What are you talking about??? YOU LOSER!! 
Ubbe se encaró aún más con su hermano de armas, llegando a chocar su cabeza con la de Sigurd. 

[Imagen: OlVNotQ.png]

En ese momento, ambos tomaron una decisión conectando sus mentes. 
- IREMOS… ¡POR AHÍ! -
Señalaron la ruta del medio, siendo una solución intermedia de las dos rutas que habían decidido ambos anteriormente. Algunos de los hombres se quedaron en el barco haciendo guardia, otros descargando, y unos cuantos más empezaron a seguir a Sigurd y a Ubbe por el camino 3, que era el que habían pactado de alguna extraña manera. Ubbe no se había fijado por ahora en el resto de gente que estaba por aquella curiosa playa, se había centrado demasiado en su disputa con Sigurd como para fijarse en nada más. Aunque si había gente allí arriba, es porque eran tan cool como ellos, así que esperaba encontrar quizá algún oponente digno, quizá tan resistente como él, o si no alguien igual de cool. 


HEY BABY



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Sigurd Haakon - 06-07-2026

Avanzamos con decisión indiferentes del peligro, sin echar la vista atrás. Tampoco serviría de nada, pues con la mezcla del estruendo celestial y la aceleración, estoy prácticamente ciego y sordo. Tan solo me queda mirar al frente, con la vista fija en nuestra meta. Las nubes negras nos devuelven la mirada, saturadas de electricidad y descargando un aguacero infinito que nos impacta de frente.
No hay retirada posible para ninguna nave presente, el choque se produce con una violencia abrumadora. El veðrfölnir perfora la superficie del cielo como una daga atraviesa la carne, perdiendo pequeños fragmentos de madera de la proa y el mascarón, rasgando sus velas ligeramente y partiendo alguna que otra cuerda vieja. Aún así lo navego firme, inamovible del rumbo vertical. Estas pequeñas heridas apenas dejarán cicatrices en el barco, una carabela que ya ha vivido viajes y aventuras más turbulentas que esta. Otros no sufren la misma suerte ni tienen mi misma habilidad al timón, cayendo al vacío encontrando una muerte segura bajo las olas. Que el océano infinito sea su tumba.
Los minutos pasan más despacio de lo que me gustaría, aunque disfruto cada instante. La vida no siempre te da la posibilidad de cabalgar una tormenta. Tras los nubarrones, se deja ver una bruma blanquecina, algodón de azúcar blanco como la leche fresca de vaca recién recogida. Echo la vista atrás un segundo, buscando a mi hermano. Ahí está, estoico. Le regalo una sonrisa de victoria. Él me hace un gesto alegre chasqueando y apuntándome con sus dedos indicie, soltando su frasecilla icónica. Lo hemos conseguido.
Llegamos al otro lado, una costa paradisíaca de aguas claras como el marfil y una arena fina que daba paso a una vegetación acuciante. A nuestro alrededor, sobre el mar de nubes, pedazos de aquellos barcos que no consiguieron llegar, perdedores. Sobre la playa, un incalculable número de caracolas de todos los tamaños, formas y colores. Le daban mucho juego y variedad al lugar. Tal vez, al acabar el evento, podría pasar por aquí con los Hijos del Ragnarok para robarme alguna y hacerme alguna artesanía chula con ellas.
Hay tantas, que incluso se adentran en el "agua" y rodean por completo a todos los barcos que logramos alcanzar la superficie, que no son pocos. Estas cesan la música ensordecedora que reproducían para emitir un mensaje a los presentes. Es el mismísimo Zaratsuki, Emperador de Skypia, actual perro del Gobierno. Nos pide amablemente que atraquemos y dejemos la mercancía de Nozama descargada en la costa. Después, que tomemos una ruta de las diferentes que se adentran en la selva, sin desvíos.

Dicho y hecho. Con pericia consigo posicionar correctamente al Veðrfölnir tan cerca de la playa como me es posible. Tras dar la orden de tirar el ancla, Ubbe ordenó a las tropas descargar. Recogieron todas las cajas de la bodega y la bajaron a través de la pasarela, amontonando todo el material en una zona segura de la playa, a resguardo de caer al vacío. Tras esto, me quedé con un pequeño grupo de piratas, un par de decenas. -¡¡Ey, vosotros!!- llamo su atención. -Venid, acercaos. Tengo una misión especial para vosotros.- una vez reunidos, las instrucciones eran claras. -En caso de peligro, llamad a Ubbe inmediatamente y avisad del problema. A todo lujo de detalles.-ordeno, con tono amable, para acabar de una forma más épica. -¡¡Y por supuesto defended al Veðrfölnir!! Es el hogar de todos, no lo olvidéis. - con esto atado, solo me queda dirigirme al resto. -¡¡Los demás, con nosotros!! La gloria nos espera.- Bajo del barco con todo mi arsenal, tan solo dejando mi Den Den Mushi. Yggdrasil reposa en el hombro diestro, como se costumbre. En el cinto, toda la cuadrilla de martillos, escondidos por las ropas de marinero que aún cubren nuestra piel.
Ahora solo queda escoger que ruta tomar. Me sorprende la cantidad de participantes que han llegado hasta aquí arriba. Desde apestosos Marines a otros grupos de piratas que no logro identificar. Alguna que otra bandera me quiere sonar, aunque tampoco hago el esfuerzo en recordarlas. Aquí he venido a ganar los juegos, no a masacrar tripulaciones enteras. Para eso ya habrá tiempo más adelante.
Yo estoy seguro por el camino que pienso ir. -Bien, vamos por el primero, ¡¡Hacia allá!!- señalo con determinación en dirección a la derecha. Ubbe hace lo mismo, pero se equivoca por completo y señala hacia la izquierda, al quinto camino. Y lo peor es que el muy idiota se cree que tiene razón. Me lo hace saber, terminando la frase con una de sus palabritas en ese idioma inventado que usa. Cuando se pone así, me hierve la sangre. - Anda, cállate comemierda, que vas más perdido que un hijoputa el día del padre. Es para allá.-  insisto, dejando claro quien manda. El pequeño Buccaneer se rebota de mala manera, se encara y se transforma en un monstruo titánico tan grande como yo, capaz de hacerme el tú por tú sin ningún apuro. Lejos de achantarne, le planto la frente sobre la suya. Si quiere pelea, la va a tener.
En ese momento, cabeza con cabeza, nuestras mentes parece que tomaron una decisión al unísono. Como si uno pudiera mandar sobre el otro, soltamos lo que pensamos a la vez.
-IREMOS...¡¡¡POR AHÍ!!!-
Ubbe VS Sigurd

Señalamos la ruta del medio. La bronca, tan rápido como llega, se va. Por alguna extraña razón, ya sea conexión entre hermanos o que somos demasiado idiotas como para estar en desacuerdo, hemos llegado a un acuerdo mutuo sin negociar. Con esto claro, tomamos el camino, ambos, acompañados de 50 hombres y con sed de exploración y victoria. Skypia aguarda.

En efecto, cajita feliz



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Zhang Guolao - 06-07-2026

Se mantuvo inmerso por unos instantes, perdido entre aquel sonido que los guiaba hacia los cielos. Sin embargo, el repentino cambio de gravedad y un fuerte golpe le hicieron concentrarse de nuevo en la locura en la que se habían embarcado.

Aunque estaba aferrado al timón, su oído atento le permitió seguir lo que ocurría con sus compañeras. Por un segundo, el viejo burro pensó en soltar la rueda para ayudarlas, pero rápidamente supo que no sería necesario. Confiaba plenamente en su capitana.

No tuvo mucho tiempo de asimilarlo, pues el poder de la naturaleza los había lanzado hacia el mundo en las nubes. El barco cayo sobre aquel mar blanco, haciendo que todo se sacudiera, Zhang choco contra el techo de aquella caseta.

Su único ojo se cegó por un momento ante el resplandor del sol. Tras dejar atrás la oscuridad de la tormenta, el paisaje que se abrió frente a él le llenó de una paz absoluta. Zhang sonrió, después de tantos años, la vida aún encontraba formas de dejarlo sin aliento.

Salió con paso apurado de su puesto, sintiendo el agradable aire cálido sobre él. Agradeció en silencio seguir de una pieza. —¿Chicas? —preguntó Zhang, acercándose a ellas para comprobar que estuvieran a salvo—. ¿Están bien? Hmmm — les pregunto, mientras golpeaba el suelo de madera con su pezuña,.

Echó un vistazo a su alrededor. En medio de aquel mar de nubes y tras esa bestial forma de subir, el Wu Wei había aguantado. Tenía sus rasguños, claro, pero aún podrían salir a recorrer los mares por otro rato más.

—Silencio y yo estamos bien —le respondió a Bai, llevando una mano a su hombro para acariciar al pequeño mono, que pese al susto, seguía aferrado a él. Al ver que sus compañeras se recuperaban del impacto, el viejo caminó hacia la borda, intentando vislumbrar un poco mejor la costa, pero entre tanta belleza, también se veía destrucción.

De pronto, una voz brotó de unas enormes caracolas esparcidas por la playa. Zhang escuchó con atención, notando la cara de confusión de Bai, que no parecía entender el idioma. —Nos están dando la bienvenida hmmm —le tradujo a su capitana con voz calmada, observando las antorchas que ella misma acababa de señalar—. Un tal Emperador Zarutsuki, señor de Skypiea y anfitrión de los juegos. Nos pide que bajemos las cajas de provisiones y que sigamos los caminos .—

El viejo burro soltó un suave soplido, y a modo de risa miró a la monita. —Te toca cargar las cajas pesadas a ti, Mahou, yo ya estoy muy viejo para estas cosas —Le dijo Zhang, poniendo su mejor cara de cansancio—. Pero intenta no romper nada o te tocará pedirle dinero prestado a Bai.—

Sin poder evitarlo, se acercó a ambas y las rodeó en un torpe pero fuerte abrazo. —Estamos en el cielo... Por favor, intentemos no separarnos mucho. Ya saben que cuando nos dividimos siempre acaba muriendo alguien —Bromeo, aunque no era tan broma.

Aunque sonaba preocupado, no podía evitar sentirse emocionado hasta las entrañas. Quería ver a la gente de aquel lugar, probar su comida, descubrir sus artes, conocer su cultura, su musica; Zhang no cabía en sí de la emoción.

Tras atracar en la orilla, el burro ayudó a bajar la mercancía que transportaban, preparándose para adentrarse en la isla. —Y no salgas del camino —recordó en voz alta—. Bueno, pequeña Mahou, ¿Qué camino prefieres? —preguntó Zhang, confiando en los instintos de su nakama, para luego comenzar a avanzar por la antorcha seleccionada, junto a ellas. 

La bitácora del burro



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Kael Omuyaga - 06-07-2026

Una firma para reverenciar a la muerte y otorgarle todo el privilegio de decidir nuestro destino tal y como ella lo desee. Así consideró el soldado el ascenso en aquel torrente de agua de proporciones inconmensurables. Jamás había vivido una experiencia  ni remotamente semejante, haciendo que cada segundo que pasara, tuviera que frenar su propio impulso de encerrar a sus compañeros en un lugar donde los dos estuvieran a salvo, a tan solo un metro de distancia de cada uno.

Y todo, porque al observar el rostro del albino, sabe que lo está disfrutando como una de las mejores experiencias de su vida.

Kael no escuchó absolutamente nada, pero agradeció que Nyra hubiese hecho exactamente lo que él mismo planeaba hacer. Agarrándose del brazo de ambos marines con tal de mantener una conexión durante la subida, el de cabellos azabaches trató de soportar con su entereza casi inquebrantable en apariencia todo el ascenso que sentía infinito.

Hasta que el mundo a su alrededor tornó sus colores por completo.

Las nubes de tempestad se tornaron en aquellas puras del cielo más amable, y la incesante tormenta desapareció hasta dejar tan solo la corriente de viento que los arrastraba hasta terminar de ascender. No había movimiento posible llegados a ese punto, pues la visión quedó reducida por las nubes que, a su alrededor, permanecían obstaculizando su visión en lo que aún restaba por ascender. Una visión...agradable, en comparación a una tormenta incesante, pero obtenida por la participación en una actividad que, a cada segundo que pasaba, se le hacía de las más arriesgadas que había tomado en la vida. Como ya he dicho, si la muerte así lo decidía, podría llevarse a tantas personas como quisiera y estuvieran presentes en ese evento momentáneo. Ninguno podría hacer nada para impedirlo...

Kael, sin embargo, había visto como la dueña de la guadaña le devolvía a la única persona que le importaba en su vida, y por la que estaría dispuesto a cualquier cosa, a pesar de haberla perdido delante de sus ojos...y sabía que este no sería el momento en el que finalmente se lo arrebatase.

Ella aún tiene muchos planes para él, y no puede arrebatárselo así como así...

Al menos en este momento de la historia.

Finalmente, las nubes se abren en el cielo soleado , abarcando todo en cuanto alcanza la vista...junto con la tierra prometida: 

Skypiea.

Tras la tormenta, siempre llega la calma. Un bello paisaje como nunca antes visto por los ojos del marine se abren gratamente sorprendidos. Lo que había sido una experiencia que podría llegar a considerarse como traumática, se les ha entregado a todos ellos como recompensa una vista magnífica, que sin duda, buena o mala fuera su memoria, terminaría grabada en su retina por el resto de su vida. 

El sol les dió una cálida bienvenida, haciendo al joven avispado comenzar a darse cuenta de la situación en la que ahora se encontraban. Todos ellos estaban empapados de botas a cabeza, estropeando su impecable uniforme en un punto que, si bien podría no resultar relevante dadas las circunstancias pasadas, no eliminaría el pensamiento en su cabeza. Eventualmente deberían presentarse frente al resto de marines, o tropas dedicadas del reino de los cielos, y en aquellas precarias condiciones no sería él quién acudiese ante nadie vistiendo de tal forma.

Soltó gentilmente el agarre que poseía en el brazo de su compañera, buscando con la mirada a su compañero perdido entre los destellos de su fruta.

—Chicos, la vista es impresionante, pero estamos completamente empapados. No nos va a dar tiempo a secarnos el pelo a Nyra y a mí, pero al menos deberíamos cambiarnos el uniforme...—Comenzando a dirigirse hasta la zona que tenía como camarote en aquella embarcación, se detuvo abruptamente tan solo unos pasos después, recordando cierto detalle de su compañero, en ocasiones, olvidadizo con aspectos puntuales.—O secar el único que tenéis. 

Caminó con paso seguro, dejando durante una milésima de segundo, una sonrisa de soslayo que solo podrían percibir sus compañeros si estaban observándolo previamente, indicando de manera inconsciente que en el fondo, una parte de él empezaba a disfrutar un poco de esos pequeños detalles que los tres terminaban viviendo juntos.

Un secreto que por supuesto, jamás admitiría.

Antes de que finalmente tuviesen la oportunidad de desembarcar, Kael ya había vuelto a vestirse como un soldado de la marina, cambiando su uniforme por uno completamente seco y sin demasiadas arrugas visibles, además de haber eliminado parte de la humedad de su cabello con el poco tiempo que le sobró tras cambiarse. No era su vestimenta ideal, y no quedaba visiblemente como un marine modélico, pero no podía pedir más pulcritud en tan poco tiempo. Tenía mano para la ropa y el maquillaje, pero jamás creía poder llegar hasta un punto tan exagerado.

Así, ayudando con una primera parte de los recursos que se iban a comerciar en la isla, la división setenta y cinco, comandada por Shin, bajaron finalmente hasta la tierra en las nubes, pisando un suelo tan particularmente distinto como extraño. ¿Eran verdaderamente nubes, o había algo detrás? ¿Estaba alucinando? 

Suspiró. Todas esas respuestas tendrían que esperar.

Un mensaje sonoro llegó hasta los oídos de todos los presentes. La comunicación no provenía de ningún Den Den Mushi, ni tampoco estaba siendo transmitidas en nuestras cabezas con alguna clase de poder. Tampoco parecía provenir de un sistema tecnológico complejo como el de la isla Kutsukku, por lo que durante unos segundos, no consiguió entender nada.

Fue solo tras empezar a buscar una respuesta con una mirada medianamente discreta, que localizó las fuentes del mensaje: diales enormes puestos allí seguramente a propósito para dar la bienvenida a aquellos viajeros que acudiesen a la considerada como tierra santa. Para el marine aquello era extremadamente frío, distante, pero no es quién para juzgar protocolos de seguridad estrictos como ese. No tardaron demasiado en juntarse con el resto de divisiones...recordando en un vistazo al conocido como el Saint Vangelis Enji lo poco que le gustaba llevar el uniforme, y cómo seguramente se lo permitirían y harían la vista gorda por pertenecer a una de las familias más importantes en todo el mundo entero.

Francamente, se desilusionó bastante en ambas partes: por un lado, le decepcionaba pensar que un tío como ese era tan extremadamente importante con una segunda primera impresión tan llamativa en el mal sentido, y por otro decepcionado consigo mismo por no haber sido capaz de recordar ese detalle tan notable hasta...literalmente tenerlo completamente de frente.

Quiénes sí llamaron su atención positivamente fueron, primero, el ya conocido Juan Sebastián, y especialmente, el famoso Stroud Nanashi. 

Al principio, el rubio pareció algo confundido en su forma de presentación, dando a entender que estuvo a punto de decir algo más, y tuvo que corregirse antes de cometer algún error llamativo. Desde hacía un par de semanas atrás, había tomado cierto nivel de curiosidad por aquel líder tan joven de la marina, un comandante reputado, del mismo rango que Shin, pero con un linaje a sus espaldas extremadamente importante en la marina. Sólo por su pasado dió por hecho que llegaría muy lejos en la escala de la marina, aunque por supuesto, eso era nada más que la primera impresión que llegó a tener de él.

Y entonces...Shin hizo lo suyo.

No podía creer lo que estaba pasando. Sus ojos no dieron crédito al comprobar como su amigo, o mejor dicho para el contexto de esta situación, EL LÍDER DE SU DIVISIÓN, comenzara a saludar de una forma tan extraordinariamente informal no solo a los marines de la división ochenta, sino también a aquellos Marines de la corriente Rakusei con los que jamás había tenido contacto. 

"¿Hasegawa Nyra? ¿Qué?" Por un instante, perdió completamente la noción de lo que estaba pasando. Observó a su compañera, buscando en ella respuestas de algo de lo que no tenía absoluto contexto...y entonces comenzó a percatarse.

Shin estaba saltándose el protocolo con tal de animar a la chica. No había prestado la suficiente atención hasta ese momento, pero en una humink, y más en alguien tan expresiva como Kuroshiro, la falta de una rebosante y apabullante energía era motivo más que suficiente para comprobar que algo estaba mal en ella, y sus gestos forzosos terminaban de confirmar aquella teoría.

Nyra no es así, y Shin fue capaz de darse cuenta al instante. 

"Está claro quién de los dos ha tomado más en cuenta al resto..." 

No era el momento ni el lugar para ahondar en esos pensamientos, pero ese gesto tan sencillo, algo tan llamativo pero fácil, hizo que Kael, desde ese día...cambiara muchas cosas dentro de él, y de las emociones que sentía.

Suspiró una vez más, entregando con su saludo la formalidad que sí se parecía esperar del soldado.

—Será todo un placer trabajar con todos y cada uno de los aquí presentes. Como ya me han presentado, Soldado Kael Omuyaga a vuestro servicio, caballeros. Aunque pueda no dar esa impresión a primera vista, el comandante Hasegawa es un hombre extremadamente capaz, así que espero confíen en nosotros como planeamos hacer con todos ustedes.—En aquel interés de disculpa por lo ocurrido con el albino, sus dos compañeros, que ya le conocían ligeramente mejor, podrían notar como, procediendo de él, aquello era una forma de meterse en el juego para, de esa manera, picar un poco a su amigo una vez más.

Quiso ayudar desde ese momento a mejorar el estado de ánimo de Nyra, y esa era la única forma que se le ocurrió en dichas circunstancias. 

Miró entonces al marine pelirrojo perteneciente a la división sesenta. Presentándose como Contramaestre Bertram Gaufrid, dejó sobre la mesa cierta información que, si bien pudo el castillo andante tener en mente durante cierto momento, creyó indiferente e innecesaria, conociendo los recursos de la empresa de transportes que habían llevado a todos hasta ese lugar. Akira le había respondido segundos atrás, pero al menos la opinión de otro marine perteneciente a la tercera división en el lugar podría servir para calmar sus preguntas.

—No se preocupe. Considero que la empresa Nozama se encargará de ofrecernos esa información y servicios una vez nuestra presencia ya no sea requerida en la isla, Contramaestre.—A su izquierda, un mink de pelaje grisáceo mantenía el silencio, dejando que el resto de su división hablase, y realizando un saludo formal de la marina que, por supuesto, fue devuelto por el presente en cuanto entró en contacto visual con el mismo.

Por otro lado, a su derecha, otro mink -quiso creer que de leopardo, pero jamás apostaría por ello sin estar seguro- presentado como Kibai, también trató de mostrar algo más de informalidad al resto de la marina, buscando romper el hielo.

—Ah sido una experiencia inolvidable, eso sin duda. Quizás en un futuro puedas acudir de nuevo a la isla por medio del Knock Up Stream, siempre y cuando se requiera los servicios de la marina en estas tierras. Ahora me has causado curiosidad por saber como se vería todo en un día soleado. Gracias por el comentario.
Presentaciones, comentarios y bromas realizadas, cuando por fin parecía que todos los marines del lugar habían tomado una dirección a seguir, Kael siguió el rumbo, acercándose sin resultar llamativo al conocido cangrejo de la división amiga, sacando consigo el Den Den Mushi que llevaba consigo, para asegurar los datos presentes.
—Perdona, Juan, pero creo que no recuerdo bien tu número de Den Den Mushi. Quizás Nyra haya sido más atenta y lo tenga guardado, pero para evitar complicaciones, ¿tendrías a bien dármelo? Quiero asegurarme de tener contacto entre los marines que vamos a formar parte en esta importante misión, para mantener la comunicación en todo momento que nos sea necesario.
Por supuesto, no se olvidó de la división sesenta. Se acercó al marine con rango idéntico al suyo, evitando así cualquier posible malinterpretación en caso de altanería debido a la diferencia de rangos. Había conocido a demasiados Sargentos y Contramaestres presuntuosos y excesivamente orgullosos de su estatus cómo para querer proceder con cautela frente a personal de mayor rango, especialmente, cuando tenientes y capitanes merodeaban por la zona.
—Kibai, un placer. Si no es mucha molestia, ¿podrías intercambiar tu número de Den Den Mushi conmigo? Quiero asegurarme de que al menos nuestras tres divisiones estén intercomunicadas entre ellas, al menos mientras estemos en este lugar. 
Se había tomado algunas molestias, pero tal y como lo había presentado su comandante, al final, el estudioso del grupo de y el que más molestias se tomaba, como siempre, terminaba siendo Kael.
marines a los cielos



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Mahou Chikao - 06-07-2026

Ante la corriente que atraviesa las nubes oscuras y aquella estruendosa melodía no podía confiar en sus ojos ni en sus oídos, aún si lo intentara sería aterrorizada por la posibilidad de terminar chamuscada por un rayo y la perspectiva de estar cayendo del cielo, el futuro se veía oscuro, lietralmente. Pero, como si de una luz al final del tunel se tratase, el escenario empieza a dejar de lado las nubes de tormenta por otras más calmadas. La única cuestión era sobrevivir para alcanzarlas, y por suerte para Mahou, que se aferraba con su vida al mango de su martillo volador, sintió un fuerte impacto contra una pared que en realidad resultó ser los antebrazos de Bai absorbiendo el golpe, y acto seguido, ella la atrapó antes de que terminara estrellándose contra la cubierta del barco.

Todo le da vueltas, permanecía abrazada al mango del martillo con sus brazos y piernas cruzadas. Al escuchar las voces de Bai y Zhang mezclandose con la tormenta y la música, abrió lentamente los ojos.  - Creo que prefiero volver al frio de Drum-uki... - y alzó la cabeza. - ¡BAAI! ¡ME SALVASTE-UKI! ¿Qué fue todo eso-uki? ¡Fue como si un mono ballena gigante nos hubiera escupido a todos-uki!  - apenas estaba reincorporándose cuando su expresión quedó completamente atónita, como si una idea acabara de caerle en la cabeza. - ¡¿Vamos a caer-uki?! ¡¿Qué haremos cuando el barco empiece a caer-uki?! - quiso ir a sujetarse de la barandilla, pero ya era demasiado tarde cuando de golpe estaban suspendidos en el aire durante unos instantes, solo para terminar estampándose una vez más contra la madera de la cubierta. 

- ¡UWEGH! - Quedó hecha bolita sobre el suelo, pero nunca soltó su martillo ni su bastón, eso ni loca. De a poco el movimiento del barco comenzó a calmarse, asi que Mahou soltó un profundo suspiro. - ¿Ya pasó-uki? ¿Estamos de vuelta en el mar-uki? - con ilusión se reincorporó del suelo y fue a la barandilla para comprobarlo, para terminar abriendo la boca de la sorpresa cuando notó que el barco estaba navegando sobre las nubes, y que frente a ellos había tierra firme, cuya costa tenía repartidas enormes caracolas gigantes. - ¡UWOOOH! ¿Esa isla cayó del espacio o que-uki?! - Mahou se imaginó una isla cayendo como un meteorito, y que terminaba amortiguada por unas nubes, pero antes de que pudiera seguir fantaseando, aquella voz misteriosa la tomó por sorpresa.

- ¿Dijo el cielo-uki? - fue entonces cuando sus neuronas parecieron despertar de un letargo. - ¡¿Eeeeh?! ¡¿Esto es el cielo de verdad-uki?! Esperen, ¡¿no será el más allá-uki?! - por un lado suena como una travesía fascinante, y por el otro no podía creer que había muerto y nunca se dio cuenta. Sin perder tiempo, comenzó a darse palmadas en las mejillas mientras escuchaba la petición de Zhang. - ¡Es verdad, no estoy muerta-uki...! ¡NO TE PREOCUPES, ABUELO ZHANG-UKI! Yo sé cuál camino hay que tomar-uki. - ahora sujeta su martillo enredando su cola en el mango, y en su mano derecha porta su bastón que apoya sobre el hombro. Fijó la vista en cada una de las antorchas, levantó su dedo indice y señaló una por una.

- De tin marin de do pingue, cucara macaca títere fue, yo no fui, fue tete, pégale pégale que ella fue-uki. - y su dedo terminó en la cuarta antorcha, llena de determinación miró sonriente a Zhang y Bai. - ¡AHI-UKI! ¡ALLÍ PODEMOS EMPEZAR-UKI!

resumen

gastos

inventario

karmas



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Bartolomeow Flint - 06-07-2026

La enorme sonrisa que se dibujaba en mi cara denotaba mi felicidad en aquellos momentos. Con la vista fijada al frente, observando como las nubes negras llenas de electricidad cada vez las teníamos más y más cercas, y los oídos ensordecidos por aquella sinfonía que cada vez se escuchaba más y más fuerte, no podía ni quería fijarme en nada más que aquellas nubes de tormenta.

"¡Vavavava! ¡A ver quien cae primero!" Pensé divertido, por la posibilidad de que hubiesen dificultades durante el viaje, justo antes de que entrásemos en aquella nube totalmente oscura, tenía claro que algún daño recibiría el barco o alguno de nosotros, siendo impactados por algún hilo o rayo de electricidad. Para mi sorpresa, el paso por aquella nube negra llena de electricidad, que se podía ver con facilidad, puesto que un montón de mini rayos y corrientes eléctricas se podían ver al alrededor nuestro, ninguno de ellos acabo golpeando nuestro barco.

Pocos minutos después de haber entrado en aquella nube negra, todo se volvió blanco, de un blanco celestial, desapareció la oscuridad, los mini rayos y las corrientes eléctricas y una blancor absoluta cegó mis ojos, los cuales se habían acostumbrado tanto a la oscuridad que ahora iban a necesitar un rato para acostumbrarse a aquel blanco. Soltando mi mano izquierda el mástil, utilice esta para taparme los ojos, ayudando a que estos poco a poco se acostumbrasen al cambio de claridad.

La travesía por aquellas nubes totalmente blancas, se hizo eterna, no entiendo si fue por aquella claridad que imposibilitaba ver tu alrededor o porqué como todo era totalmente blanco, si no fuese por la sensación de inercia que se sentía, no sabías si te estabas moviendo o no. Al fin, después de varios largos minutos, el barco atravesó la última nube blanca, dejándose ver el gran cielo azul enfrente nuestro.

Después de sentir un último impulso desde popa, el barco salió impulsado hacía delante, y nosotros también con él, saliendo de la nube. La sensación que me dio fue que el barco caía encima del mar, pero al mirar para fuera, debajo del barco solo había una superficie esponjo y blanquecina. "Que cosa más rara... ¿Acaso esto es un mar de nubes-don?" Me pregunté curioso, rascándome la cabeza, mientras observaba todo eso.

Junto a nosotros también empezaron a aparecer maderas, velas y víveres hechos mierda. "Creo... que hay barcos que no han conseguido sobrevivir al recorrido-don..." Me dije con una sonrisa, pero no de alegría por ello, sino de emoción por sentir que no era tan fácil como me había parecido llegar a aquel lugar.

Deje de mirar aquellos escombros y miré al frente, mientras soltaba ya del todo el mástil y me dirigía a proa. Allí delante de nosotros pude ver varios barcos dirigiéndose hacía una gran costa de arena perfecta y clara, en ella se podían ver cinco estacas, de unos dos metros de alto, o eso me pareció desde lejos,  las cuales tenían varios cientos de metros de separación entre ellas, además habían una gran cantidad de caracolas gigantes, de diferentes tamaños, algunas incluso eran más altas que las estacas. Detrás de ellas una densa vegetación empezaba a crecer, aumentando progresivamente hasta convertirse en un gran bosque de denso follaje.

-¡Dirijámonos hacía aquella estaca!- Exclamé señalando la segunda estaca por la izquierda. -¡Si, señor!- Contestó una voz, la cual distinguí como la del capitán del barco, el cual dio las indicaciones a sus hombres para dirigirnos hacía la estaca que señalaba, cuando nos fuimos dirigiendo hacía ella, pude ver un numero cuatro dibujado en ella. La sinfonía seguía sonando y ahora podía distinguir mejor desde donde provenía esta, miré encima de nosotros y pude ver unas caracolas similares a las que habían en la costa, tuve que usar rápidamente mi mano izquierda como visera, puesto que el gran sol, digo gran, porqué desde allí arriba, el sol se veía muchísimo más grande que desde el mar azul, brillaba con gran fuerza en aquel amplio cielo sin nubes, y te cegaba cuando mirabas hacía arriba.

De repente la sinfonía se acabo y en su lugar se escucho una voz toser y carraspear, para después de ello y preguntar si se le escuchaba iniciar un saludo, una bienvenida y una presentación en nombre del Emperador Zarutsuki a sus juegos. Después de la presentación informo que debíamos descargar las provisiones en la costa y dirigirnos a los puntos de ruta establecidos. Escuché todo con gran atención y cuando dio las últimas indicaciones dirigí mi vista hacía la estaca con el numero 4, detrás de ella pude ver un camino que se perdía dentro del bosque, detrás de una densa vegetación.

"¿Eso que debe ser, parece un edificio... dorado?" Me pregunté cuando siguiendo de forma imaginaría el camino a través del bosque pude ver a lo lejos un gran edificio dorado, el cual era casi imposible de ver si no fuese por mis grandes actitudes visuales, puesto que este se asomaba tímidamente sobre la gran marabunta arbórea.

Cuando llegamos a la costa, estando el barco a apenas veinte metros de la arena, me giré hacía el capitán y la tripulación del barco. -¡Muchas gracias por el viaje!- Exclamé con un saludo de brazo, justo antes de saltar de la proa hacía la costa. Caía sobre aquella perfecta y clara arena con fuerza y precisión, portando únicamente mi bolsa a la espalda, la cual había ido a recoger a mi camarote mientras el barco se había ido acercando a la costa.

Ya en la arena, y escuchando como los tripulantes del barco, se despedían de mi mientras empezaban a descargar las provisiones, me puse de camino hacía la estaca con el número 4, en la cual ya se podía ver varias personas en ella, distinguiendo a tres de ellas al instante, bueno realmente solo distinguí a uno de elles, Hyakintos creo que se llamaba, las otras dos por su parte, tenían toda la cara de Maria y Maki, pero su aspecto era totalmente diferente, la que debía ser Maria, tenía el pelo rosado como Hyakintos a cambio del pelo de color celeste con la que la conocí y por el otro lado Maki, estaba totalmente rapada, habiendo hecho desaparecer su excéntrico pelo verde, el cual la distinguía por encima de todo el mundo. Por ello, hasta que no estuvo más cerca no estuve seguro de que eran elles.

-Hey, ¿Qué hacen ustedes por aquí? No esperaba verlos de nuevo-don- Exclamé mi pregunta mientras me acercaba a ellos saludándolos con la mano y una gran sonrisa en mi cara. -¡Vavavava!- Solté una carcajada mientras recordaba como hacía años, nos habíamos unido para rescatar a la preciosa mestiza.

MushokuOFF



RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano - Voz Seductora - 07-07-2026

Habiendo escogido cada uno de los protagonistas, que componían esta intrincada historia, su sendero a caminar, la suerte ya estaba echada, sin saber que sería lo que les deparaba más adelante.


En primer lugar, la banda Pirata de los Sepultura, junto a la banda de los Hanu Mahana al completo, se adentraron por la ruta de más a la izquierda, dando lugar a una unión de lo más pintoresca entre dos bandas piratas que, perfectamente podrían ser como la noche y el día. Conforme las dos tripulaciones se adentraron en aquel sendero, podrían apreciar como, a cada paso que daban en aquella aparente selva, la vegetación que les rodeaba se iba hacia más grande, alta y densa, hasta el punto de enmarañarse sobre sus cabezas, a más de diez metros de altura. La abundancia de dicha vegetación era suficiente como para probar de la luz solar de aquel frondoso camino, ocultando en sus malezas colindantes a varios depredadores y criaturas que, lejos de asaltaros, quedaban simplemente al acecho debido a la cantidad de miembros que transitaban por aquel camino. Durante las eternas tres horas que duró el trayecto de a pie, toda clase de insectos, sonidos misteriosos y extraños invadían la escena. En cierto punto del recorrido - ya cuando llevabais cerca de dos horas caminando -, el apuesto y sexy Tezca Norova, quién empezaba a jadear del cansancio, comenzó a refunfuñar.—Yo no quiero hacer running ni a la orilla del río ni al lado del barranco de al lado de mi casa. Por dios, quiero volver a casa.  — Dijo con su característica voz gangosa, y con una fatiga tan grande que sólo una pequeña parte de lo que decía podía ser entendido. Una vez llegaran al final de dicho camino, podrían observar la civilización perdida de Shandora, un dato sólo al alcance de los estudiosos.




Por su parte, el fan número una de la actividad conocida como “realizar el fuelle”, Onizuka Jin, se encontraría con, prácticamente, una cita romántica en sus manos pues, junto a él, comenzaría a caminar un desperdigado Tezca Norova que… ¡Un momento! ¿Tezca Norova? ¿El mismo que se mencionó en el párrafo anterior?...... Que más da, como iba explicando este narrador omnisciente - dejando de lado este hecho sin precedentes -, Onizuka Jin se encontraría paseando junto a Tezca Norova por el segundo sendero de la izquierda, siendo este uno amplio, de 10 metros de ancho. Un camino apacible, silencioso e íntimo, dónde la vegetación era lo suficientemente frondosa como para tapar los rayos solares para que no resultaran calurosos o dañinos, pero sin oscurecer completamente el trayecto, dotando a aquella improvisada pareja de un trayecto que podría ser catalogado como un auténtico paraíso. O así habría sido por lo general.


Al mismo tiempo que se les proyectaba una sombra desde sus espaldas, desde esa misma dirección, sonó un gruñido, un sonido similar al agua fluyendo sin control alguno. Para cuando se dieran la vuelta el yakuza y el hombre de cabellos dorados, se toparían con una enorme bola de plumas, de unos cinco metros de alto por cinco metros de ancho.  Era una ave del tamaño de rocas de montaña siendo, esta en concreto, algo menor que el resto de su especia. Era gorda, fea y parecía tener una cara de pocos amigos. Miraba fijamente a los dos hombres, quedando completamente pendiente y expectante, como si no quisiera que fueran a hacer nada imprudente. Cualquier afán de los libros, pergaminos o cualquier tipo de escritura, podría ser capaz de identificar sin dudas a aquellas aves dada su complexión, gesto, color y sonido, como un tipo de ave especial autóctona de Skypiea: Los Ñordikis. Tras tres horas de marcha de Onizuka Jin y Tezca Norova - seguido bajo la atenta mirada del pájaro peculiar -, la pareja conseguiría llegar hasta la linde opuesta del bosque en la que se encontrarían de bruces con una legendaria civilización perdida de oro. La ciudad de Shandora, para quien hubiese leído e investigado lo suficiente.




Por su parte, tras un problema inicial de discusión, el capitán y vicecapitán de una tripulación sin nombre, en compañía del ahora sargento de la revolución, Kiba Naruza, se adentraron en la ruta central un sendero que, al contrario que los dos anteriores, sustituiría su vegetación por un paisaje lleno de piedras y rocas, ascendiendo en forma de ladera hacia el astro rey. Este camino que ponía a prueba la resistencia de todo aquel que lo cruzara, sería recorrido por Sigurd, Ubbe y Mizuki al transcurso de las tres horas, culminando con una de las vistas más maravillosas e imponentes que, no sólo la isla del cielo podría ofrecer, sino todo el mundo. A sus pies, podrían observar la mística ciudad de oro, protagonista de historias y leyendas: Shandora. Además, si los tres miraban hacia cada uno de sus lados, podrían atisbar, a la izquierda, una ruta que surgía  a duras de una enmarañada vegetación. A su lado a unos pocos metros, un gran camino mejor preparado y acondicionado. A la derecha un camino flanqueaba un río que ascendía hacia el norte, y más a la derecha una ruta que parecía un término medio entre las dos de la izquierda.




La improvisada coalición entre los piratas Mano Vacía, las piratas Valar, junto a Dharma, Bartolomeow y una Miyori que dejaba atrás - de momento - a los integrantes de la banda que irían a tocar en algún momento del festival, se adentraría por la ruta a la derecha de la ruta central. Junto a este alborotado grupo, le acompañaría un río que de pronto desaparecía bajo tierra, como entrando en un túnel natural - y por eso no lo veían en la costa - pero que parecía provenir de mucho más al interior de aquel bosque. Si lo seguían, tendrían un recorrido tranquilo, pudiendo apreciar los colores y la variedad de la flora, lo cristalino de las aguas del río y la multitud de peces de colores y tamaños diversos que había en su cauce, como si las musas estuvieran danzando a través de aquel sendero idílico. Tres horas de marcha los llevarían a aparecer en la linde opuesta del bosque, frente a unas construcciones doradas coronadas por un inmenso palacio de oro al fondo. Puede que lo supieran, o puede que no, pero estaban frente a la legendaria ciudad de oro, Shandora.



En cuanto a los marines que se adentrarían hacia la ruta ubicada en el extremo derecho de la costa, encontrarían un sendero, lo suficientemente ancho, de 10 metros de ancho, como para que pudieran transitar todos y cada uno de los distintos miembros de la división sin problemas. El paisaje y escenario que rodeaba al bosque era parecido que el de la primera ruta. Un camino rodeado por todas partes de vegetación enorme, hasta el punto de tapar al mismísimo sol, dejando un camino en penumbra, y en el cuál sólo era posible escuchar los distintos sonidos que emitía la fauna del lugar. Tras tres horas caminando por aquel trayecto, la agrupación de marines poder observar una civilización completamente de oro, antigua y perdida en el paso del tiempo. No obstante, entre el final de su sendero y la legendaria ciudad de Shandora, cruzaría un río de unos 10 metros de ancho, separando este accidente geográfico a las fuerzas de la ley de la población celestial.

La civilización estaba dispuesta en forma de óvalo, coronado por un palacio que ocupaba cien metros de lado a lado. Hacia el fondo, podía cubrir más de cincuenta metros, y se alzaba hacia el cielo por quinientos metros majestuosos, brillando con más intensidad que el resto de las casas doradas. Un poco antes de la cumbre, brotaba un balcón con un gran trono, también de oro, y en la base del palacio, una gran puerta de doble hoja de cuarenta metros de alto indicaba el punto de entrada en el mismo. Dicho palacio estaba a más de cien metros de distancia del otro extremo del ovalado límite de la ciudad dorada.
Prácticamente en el centro de esta, y flanqueado por una inmensidad de casas doradas, había un recinto de tierra batida y dispuesta, que estaba a su vez contenido por palcos y gradas de madera antiquísima y resistente. Una estructura de cinco metros de alto, con cinco niveles de asientos, repartidos a uno por metro de altura.
En la parte perfectamente opuesta al palacio, fuera de esta pista de arena, había nueve parcelas de arena separadas entre si, y que ocupaban un espacio de seis por seis.

Tanto en el pueblo como en las gradas, había ciudadanos con una peculiaridad: Todos tenían alas.
Skypieanos, Birkanianos y Lunarias por igual - pero ninguna otra raza más - interactuaban alegremente y se preparaban para asistir al evento que tanto les llenaba de orgullo y que tan emocionados les tenía: Los Juegos de Zarutsuki.




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