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RE: [Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego - Maeve Knox - 29-06-2024 Algo me despertó. Tardé unos segundos en darme cuenta de que se trataba de una pequeña corriente nocturna. El verano no estaba dejando noches frescas en aquella isla, pero sentí que me faltaba el calor. Miré hacia la ventana abierta, pero allí no fue donde hallé las respuestas, sino a mi lado. Un lado vacío, donde debería haberse encontrado Zorak.
Al principio no me alarmé, ni siquiera tenía razón para ello. Hay veces que las llamadas del cuerpo invaden a uno en medio de la noche y debe obedecer, así que pensé que tan solo había salido un momento a algún cuarto de baño de aquella casa de muerte. Entonces, por mi parte, en lugar de volver a cerrar los ojos y dejarme caer de nuevo en el sueño, en el descanso feliz del trabajo bien hecho y del sentimiento correspondido, me levanté. Todavía estaba desnuda. Desnuda y sedienta. Tal vez el gilipollas descabezado guardase bebidas no alcohólicas en su lustroso surtido (porque beber alcohol nada más despertar es una bomba para el estómago y para la cordura). Medio dormida, me fui acercando despacio al gran carrito dorado repleto de botellas. Algo, no obstante, llamó mi atención a medio camino. Una gema bicolor. La poca luz del despacho destrozado arrancaba destellos rojos y azules. No recordaba haberla visto hacía unas horas, y menos sobre un papel, y menos sobre un pequeño taburete estratégicamente colocado. Me habría dado cuenta. O tal vez mis instintos asesinos lo habían ocultado de mi vista. En cualquier caso, la curiosidad me hizo darle prioridad y aproximarme a ello. Cogí la gema de dos colores y la sostuve entre mis dedos, admirando su gran belleza. ¿Sería del tesoro de Fauces? Pronto lo descubriría, pues cogí el papel que había aguardado justo debajo. Ladeando la cabeza, ahora más despierta, comencé a descifrar la sucesión de letras.
No era del mafioso, sino de... ¿Zorak?
Un pasado escrito bajo la injusticia de tratar de resumirlo en una sola hoja. Asesinatos. Pérdidas. Familia. Gente vil. Peligros. Un adiós.
"Siempre tuyo y solo tuyo, Zorak Ideale".
Se había marchado. Desaparecido. Volatilizado. Sin dejar rastro, como si nunca hubiese estado allí, salvo por la gema que descansaba en mi otra mano. Miré a ambos lados, confundida, mientras las palabras aún flotaban por mi mente.
¿Era eso lo que había estado esperando todo este tiempo, utilizarme para ayudarle a cumplir su venganza personal? ¿Su plan siempre había sido marcharse una vez consumada su misión? ¿Desaparecer de mi lado después de haber conseguido colarse dentro de mí, tanto física como figuradamente? Tan solo unas horas nos separaban de una de los momentos de pasión más ardientes que había experimentado en toda mi puta vida y... ya no estaba. Momento que había sido doblemente especial, pues fue la primera vez que el placer carnal se había visto acompañado por el corazón.
Y... ya no estaba.
Como aquellos hijos de la grandísima puta que, bajo el permiso del Patrón y por suculentas cantidades de dinero, habían desaparecido al día siguiente. En aquellas ocasiones, para mi gran alivio. Esa gente me hacía sentir como un despojo, como un cuerpo sin alma, como... un fantasma. Por eso, y en mi futuro —ahora pasado— en libertad, me prometí a mí misma que disfrutaría de mi cuerpo en con mis propias condiciones, mis propios términos, y aquello que otros habían usado, ahora sería para mi propio beneficio y placer. Pero en aquel preciso momento, rodeada y manchada con la sangre seca del tipo del cabello morado, aquellas sensaciones olvidadas regresaron con la fuerza de un meteorito, aplastándome con despiadada gravedad.
¿Cómo... se atrevía a abandonarme? ¿Cómo se atrevía a menospreciarme de aquel modo, escondiendo sus desprecios tras la excusa del peligro? ¿Peligro, dijo? ¡Ya vio lo que puedo hacer! ¡Se me quitó de encima como si fuese un lastre, como si mi única presencia fuese un estorbo! ¡PELIGRO, DIJO! ¡¡YO SOY EL PELIGRO!!
Grité. Grité hasta que mi falta de respiración me recordó que debía seguir viviendo.
—¡¡HIJO DE PUTA!!
Me había hecho creer que el sentimiento era mutuo.
—¡¡HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA!!
Dejé caer la nota y la gema al suelo. Mis ojos derramaban sendos torrentes. Poseída por una furia infernal, comencé a destrozar lo poco que quedaba en pie en aquel desolado y ensangrentado despacho. Pronto, mis nudillos empezaron a producir su propia sangre, acompañados de los cortes que aparecieron por mis brazos al arrasar las botellas a puñetazos.
Había decidido por mí sin siquiera haber tenido los cojones de darme las explicaciones a la cara.
-¡¡¡COBARDE DE MIERDA!!!
El alcohol que me resbalaba por la piel escocía menos que mi alma.
¡¡Lo habría seguido hasta el fin del putísimo mundo si me lo hubiese pedido!! ¡¡Me habría retirado de su lado si necesitaba hacerlo solo si me lo hubiese pedido!! Pero no... Tuvo que marcharse dejando una nota, una puta y desgarradora nota para abandonarme. ABANDONARME, COMO HICIERON MIS PUTOS PADRES, COMO HIZO EL PUTÍSIMO PATRÓN ANTE LAS MANOS DE AQUELLOS DESGRACIADOS...
Debería haberlo visto venir, debería haber sabido que fiarme de él era un error.
Volví a gritar, desgarrándome la garganta. Caí de rodillas sobre los cristales con los que yo misma había alfombrado el suelo. Se me clavaron en la carne y, aun así, me dolía menos que el hueco que había dejado mi corazón. Lloré, lloré con fuerza, como solo hacen los niños, porque es así como volvía a sentirme. Mi niña interior, aquella a la que nadie cuidó y que tuvo que velar por sí misma, volvía a clamar por un amor que nunca nadie le regaló, y ahora, perdido, volvía a hundirse en la oscuridad que siempre había sido su hogar.
Me deshice de los metros que todavía me separaban del suelo y me quedé tumbada en posición fetal, sin ropa que me protegiese, sobre aquellos cristales. Sola.
MAEVE AL CAER DE RODILLAS
OFF
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