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[Pasado] Princesas por sorpresa - Triana Tempesta - 21-05-2024 Día 40 del año 11, Invierno
Al abrir los ojos lo primero que sentí fue el tacto suave de un colchón que debía ser de excelente calidad bajo mi cuerpo. Me sentía más ligera que nunca, aquel descanso me había venido bien. Al pensar en aquello, me incorporé a toda velocidad, percatándome de que no recordaba cuándo había decidido irme a dormir. Ni siquiera sabía dónde estaba. Hice memoria y me vinieron a la mente las imágenes de la última vez que había estado consciente. Estábamos en las gradas de aquellos estúpidos juegos. Yamamura había perdido contra el enmascarado, pero aquel mono al que llamaban emperador había impedido que el cazador acabase con su vida. En ese momento, la gente empezó a desplomarse repentinamente. Imaginaba que a todos nos habría ocurrido lo mismo, aunque no sabía el motivo no por qué estaba en una cama. La habitación en la que me encontraba estaba en penumbras, apenas podía distinguir nada, aunque con el paso de los minutos, en los que me quedé sentada en silencio, comencé a percibir algunas sombras gracias a la escasa luz que entraba por la ventana. Era de noche, pero debía de estar a punto de amanecer. Cada vez la luz era mayor. Antes de que asomasen los primeros rayos del sol y todavía con la habitación a oscuras, me puse en pie y busqué a mi alrededor. Había otra cama sobre la cual descansaba Jolyne o, al menos, parecía ella. Ese saco de patatas sucio la delataba. No había ni rastro de más camas ni de Yamamura o Aspros. Nuestro capitán estaba demasiado herido como para habernos traído hasta aquí. A pesar de no apreciarse con claridad, el lugar parecía lujoso, elegante. Tal vez hubiese sido cosa del organizador del evento, ese emperador. Al fin y al cabo, Jolyne y yo habíamos sido ganadoras de dos pruebas y, en mi caso, ganadora de los juegos. Ya que nos habíamos desmayado en su isla, qué menos que tratarnos como nos merecíamos. Ya averiguaría más tarde cómo habíamos llegado hasta aquí, lo importante era saber qué había pasado con el resto de la banda. Me preocupaba especialmente Yamamura. Me acerqué a la cama de Jolyne para agarrar sus hombros y zarandearla. Ni siquiera comprobé sus signos vitales, no tenía sentido que la hubiesen dejado muerta en aquella cama, estaría tan dormida como yo lo estaba hacía varios minutos, aunque nadie lo diría. Permanecía completamente inmóvil, sin emitir ninguno de sus ronquidos y emanando un olor a cadáver que costaría eliminar de las sábanas. —Jolyne. ¡Jolyne! —grité sin importarme quién pudiese oírme desde otras habitaciones. Parecía que mi llamada no surtía efecto. Le solté los hombros y me olí las manos esperando que no se me hubiese pegado su olor rústico natural, que se había acentuado al no lavarse durante a saber cuánto tiempo. Otra de las cosas que me ponía nerviosa era no saber cuánto tiempo llevábamos durmiendo. —Bueno, que me voy. No pienso dejar que ese cerdo se escape — dije consciente de que no me escucharía, más bien como un mensaje para mí misma y, quién sabe, tal vez se le quedase en el subconsciente. Seguro que el cazador seguía por la isla y los juegos habían terminado. No sabía hasta dónde ni cuánto tiempo pretendía el mono mantener la paz en el lugar, pero si era necesario me encargaría de él lejos de todo, donde nadie se enterase. Eso sí, primero tendría que averiguar dónde me encontraba, cómo había llegado y cómo estaban los demás. Era demasiado trabajo que quería quitarme de encima cuanto antes, así que tendría que empezar ya mismo. |