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Gloria a los vencedores. - Zarutsuki - 22-05-2024 El palacio era colosalmente gigantesco. Las puertas medían más de una treintena de metros de alto y más de una decena de ancho, eran de doble hoja y - como absolutamente todo en el palacio - estaban hechas de oro. Cuando estaban cerradas, se podía ver que ambas puertas formaban el dibujo de un ángel en posición frontal, con las alas abiertas de par en par al igual que sus brazos, el rostro elevado al cielo y con una llama a su espalda. Una vez dentro de ese umbral - en el cual podrías advertir que el grosor de los muros del palacio era de cinco metros - llegarías a una estancia tan abrumadoramente enorme como imponente: Un gran salón con seis columnas de oro en paralelo a cada lado, de un grosor de fácilmente cinco metros de diámetro cada una, y una distancia de más de diez metros una de otra. Cruzando por en medio de estas, dejando tres a la derecha y tres a la izquierda, había una alfombra de terciopelo roja que se extendía hasta cuatro escalones que daban lugar a un trono, similar al visto en la prueba de combate, y a cuyos flancos se erguían dos guardias. A los laterales externos de cada uno de estos, respectivamente, surgían y ascendían dos escaleras que giraban hasta juntarse en la parte trasera del trono y ascender hasta un segundo piso, que no podríais ver ni visitar aun, pues albergaba las estancias privadas del palacio entre las que se encontraban los hospedajes de los Alas Negras. Las puertas del palacio dorado de Shandora estaban abiertas de par en par, custodiadas por los guardias reales, los Primarcas. Humanoides más grandes, altos y anchos que los Custodios, con más alas y ropajes extraños y entre sí - al igual que los Custodios - completamente iguales. Casi cuatro metros de altura como cinco eran las alas doradas a cada lado de su espalda, curvadas, iban desde su nuca hasta su cadera. Hacían juego con una tela que caía desde su bajo vientre hasta sus tobillos, del mismo color dorado y con grabados de letras de un lenguaje desconocido, de color rojizo. Vestían una armadura entera de placas, de color del acero pulido, que cubría tanto su torso como sus brazos y piernas por completo, destacando una falda de planchas cubriendo los muslos, unos cubre mangas en los antebrazos, de color azul, al igual que las enormes hombreras de su armadura. Su apariencia estaba rematada por un casco azul, enterizo, sin apertura para la visión, y adornado con una estrella dorada en el centro, una pequeña cresta, y dos pequeñas alas blancas a los flancos. Todos ellos portaban frente a sí, y sujetándolo con ambas manos, un gran escudo - de tres metros de diámetro - redondo y dorado, que parecía un sol. En la puerta, a cada lado de la misma, había dos de ellos: Malam y Melem. Y a su espalda, una vez cruzada toda la alfombra carmesí y flanqueando el trono y por tanto sirviendo de protección directa a quien se sentase allí - que era yo- otros dos más, Molom y Mulum. Todos los Primarcas esperaban pacientes e inmóviles, mientras yo esperaba sobre mi trono, sentado con gesto taciturno y el ceño ligeramente fruncido, aun en mi forma híbrida. El quinto Primarca, Milim, apareció caminando con pasos pesados y estruendosos hasta el trono, hincó rodilla, me reverenció y asintió con la cabeza acompañado sólo del sonido de su armadura. — Gracias Milim — dije con un tono solemne y tranquilo — Ve al piso superior y encárgate de garantizar la seguridad de nuestros invitados de honor, y su alteza real — añadí, ante lo cual el Primarca se incorporó y se dirigió por la escalera de la izquierda en ascenso hacia el piso superior. Los invitados del Mar Azul no deberían tardar mucho, tanto la que ya se encontraba en palacio, Triana Tempesta, como los tres que tenían que venir desde Shandora: La Teniente Ikirami, de la Marina. La Pirata Sasha, de los Shogun Gari. Y ese bárbaro dragón celestial, rebajado a burdo cazador de recompensas. Todos habían sido citados por los Custodios, avisados todos ellos por el Primarca Milim en persona, y debían personarse en este momento y lugar para poder solicitar el deseo al que tenían derecho como equipo ganador de los Juegos. Y tras eso, me aseguraría de incrementar el orden y la seguridad en el reino para garantizar el bienestar de mis súbditos, el pueblo que mi líder había dejado a mi cuidado.
Resumen
Apariencia de los Primarcas
RE: Gloria a los vencedores. - Sasha - 22-05-2024 Sasha miraba desde la entrada del palacio el gigantesco y elegante edificio con la boca abierta. La semioni no había podido apreciar su altura desde la arena y las gradas, pero ahora su mente solo podía pensar en mil y una cosas que quería hacer en aquel lugar tan refinado, que podría dejar de serlo a manos de la rubia. Con un brillo infantil en la mirada, la adolescente se dispuso a entrar lista para recibir su deseo. El ángel que los había recibido en la ciudad antes de empezar los juegos y que había estado con ellos le entregó una nota en silencio. Sasha lo había mirado con la ceja derecha alzada ante tanto secretismo, pero cuando vio que de lo que se trataba - una cita en el palacio a esa hora - no pudo evitar que una sonrisa de oreja a oreja se apoderase de su rostro, solo esperaba encontrarse con Sohem y Triana allí. Pudo ver a dos ángeles con muchas más alas y con aspecto más fuerte e imponente, gracias a sus cinco metros de altura, la ropa y el escudo que llevaban. Sasha se acercó hasta Nawi con una sonrisa mientras le enseñaba la nota de Navor. — Un viejo me ha dado esto y me ha dicho que venga. Soy Sasha, entro — dijo sin más avanzando por la inmensa puerta abierta y guardaba la nota.
La semioni giró sobre sí misma mirando hacia arriba mientras pasaba por la puerta de treinta metros de alto. Era de oro, además que tenía un dibujo bastante impresionante. — Le diré a Tobías que me haga algo parecido en la puerta de mi camarote — pensó la joven llevándose ambas manos a la boca intentando contener una pequeña risita por los dibujos que le iba a pedir. La rubia inclinó la cabeza hacia la derecha con curiosidad por el grosor de los muros, no era tonta, sabía lo que era el oro y parecía que habían usado demasiada cantidad del material para hacer el lugar. Bajó la mano izquierda de la cara - sin parar de caminar - dejando solo la derecha cerrada a excepción del dedo índice que lo tenía en los labios, dándole un aspecto pensativo e inocente. — En la mina conseguimos mucho dinero, pero aquí parece que hay más… — reflexionó para sí misma imaginando como podría usarlo para comprar un kanabo nuevo o incluso un peluche como el que había visto en isla Toko.
La joven apreció una alfombra carmesí y empezó a marchar por ella tambaleándose como si de un juego de equilibrio se tratara. Entonces, la rubia por fin llegó a una estancia gigantesca e imponente, haciéndola parar en seco. No le gustaba verse tan pequeña en aquel lugar, por lo que como pudo infló tu pecho con orgullo y elevó ligeramente el mentón, sintiéndose confiada con su kanabo en la espalda. Siguió el camino marcado y pasando entre las columnas, teniendo tres a su izquierda y tres a su derecha. Sasha paró quedándose delante de estas y mirando a ambos lados de las columnas de la izquierda para hacer lo mismo con las de la derecha, mirando curiosa todo a su alrededor, no las veía muy prácticas ahí en medio. Ella siempre se había considerado muy alta, pero todo ahí era de la altura de gigantes, o incluso mayor.
Miró con curiosidad al mono sentado en un trono - parecido al que le llevaron a la arena durante la pelea - junto a otros dos ángeles que estaban de pie a cada uno de su lado y que parecían gemelos con los dos de la puerta, mientras que otro subía con pasos pesados por las escaleras de la izquierda que había detrás del trono. Una sonrisa pícara apareció en la cara de Sasha pensando en lo divertido que sería tirarse por esa escalera, pero negó con la cabeza, se tenía que centrar ahora que estaba delante del emperador. Por lo que lo miró seria y segura de sí misma lista para pedir su deseo. — Soy Sasha de los Shogun Gari, gané la prueba de resistencia y soy del grupo de Sohem. Vengo a por mi deseo — contestó la joven de forma firme, sin temblar, juntando su mínimo atisbo de madurez en esa frase. Pero, de pronto, recordó lo que había estado pensando desde que vio a los Alas Negras en acción en la arena. — ¿Sabes dónde está Yamamura? Garnet y yo queremos jugar con él — preguntó con inocencia al mono emperador recordando el juego que había pensado en hacer con la habilidad del lunarian. Si los Shogun Gari y Don Bambú habían tenido su propia casa eso significaba que los Alas Negras también tendrían su propia casita.
información
RE: Gloria a los vencedores. - Ikirami - 22-05-2024 El bien siempre triunfa al final, y como no podía ser de otra forma, gané en los juegos. Durante mi estancia en Skypiea, en un momento indeterminado, Navur me entregó una carta sin mediar palabra alguna. Abrí la misiva con cuidado y la leí detenidamente. Se me citaba en el Palacio para recibir el premio por ganar en los Juegos de Zarutsuki. Sin decir una palabra a nadie, guardé la carta en mi bolsa y comencé a caminar hacia el palacio, bordeando el lado derecho del área de los juegos. Tras lo acontecido en el evento, esperaba que los residentes se hubiesen alertado o reaccionado de alguna forma por quedarse inconscientes, pero actuaban todos como si aquello hubiese sido lo más normal del mundo. Era extraño, cuanto menos. Si habían estado bajo el control de un pirata por tanto tiempo seguro que eso se debía a que no era la primera vez y que los tenía sometidos a la fuerza. Por supuesto que debía ser así. “Pobres gentes... Llevan tanto tiempo oprimidos por el yugo de un pirata que han olvidado lo que es la seguridad.” pensé, mirando con compasión a los residentes que me cruzaba durante el transcurso de mi trayecto. Pero no podía juzgarlos, para nada. ¿Cómo podría si aquel mono de feria era capaz de tumbarlos a todos sin mover un dedo? Aquellas personas merecían vivir en un país con seguridad, con marines como nosotros que velasen por ellos y gozando de su libertad. Todo parecía un maquiavélico plan para tenerlos en cautividad, amansados como perros con la falsa ostentosidad de una jaula de oro. Con el amor que profesaba a la Marina, no podía sino sentir vergüenza por tener que permitir aquello... Por ahora. Cuando tuviese más poder, aboliría a los Shichibukais y enviaría a nuestras tropas a liberar a aquella desamparada y desdichada gente. Una Marina fuerte y justa que no toleraría a ningún criminal ni permitiría que la gente sufriese como en aquel infierno en los cielos. Esa era la Marina que construiría, algún día. Pero bueno, por ahora me reuniría con el Líder de aquella opresión. Tenía un premio para mí, ¿verdad? Si fuese un deseo incondicional, le diría que renunciase a su título de Shichibukai y se entregase ante la justicia. Mi segunda opción era que me entregase en bandeja a la semioni llamada Sasha, con una recompensa más que suficiente para labrarme por fin un nombre y ganarme un ascenso. Pero claro, no era tonta, seguro que había condiciones en los deseos o incluso unos preestablecidos, pronto lo sabría. Llegué a las puertas del Palacio, un lugar prohibido para cualquiera, pero no para una diosa como yo, claramente. Estaban custodiadas por los que debían ser los Primarcas, información que conocía gracias a mis eruditas artes de la información. Ambos contaban con una apariencia angelical, con más alas de las que deberían y portaban armadura. ¿Tal vez Zarutsuki se dedicaba a hacer extraños experimentos con los Lunarians y Skypieans? Me planté frente a la puerta abierta y saqué del bolso la correspondencia recibida. —Mi nombre es Ikirami Kuroichi, Teniente de la Marina y miembro del equipo ganador de los juegos. —declaré levantando la cabeza para mirar a la cara a ambos. Al no encontrar respuesta, asumí que todo estaba bien así que continué adelante y atravesé las enormes puertas. Sí, era un palacio enorme, de oro además, y en otras circunstancias me habría detenido a analizar su arquitectura y realmente habría disfrutado de la visita. Era un lugar a mi medida en absolutamente todo. A excepción de lo que se sentaba en el trono. Estaba en la provisional casa de un pirata, cosa que me desagradaba en demasía. Aun así, fui incapaz de contener cierta parte de mi curiosidad y revisé las salidas y entradas de la habitación, por si veía algo interesante más allá de ellas. Lo que sí pude apreciar fue a la enorme pirata adolescente, que debía haber llegado poco antes que yo, frente al trono donde estaba Zarutsuki con dos de los Primarcas a sus lados. Avancé por la alfombra, de un color rojo hermoso, aunque no tanto como mi pelo, y me coloqué a la derecha de Sasha. —Ikirami Kuroichi, miembro del equipo ganador. Gracias por concederme el honor de visitar su hogar, Shichibukai y Emperador Zarutsuki. —dije con un tono cordial y haciendo una leve reverencia con la cabeza. Tras aquello, giré la cabeza hacia Sasha y le sonreí amistosamente saludando con la mano. RE: Gloria a los vencedores. - Triana Tempesta - 23-05-2024 Desde que había despertado, me había dedicado a disfrutar por completo de las comodidades que ofrecía un lugar como aquel hasta el punto de que casi había olvidado que se me debía un premio. Entre el disfrute, la preocupación por la recuperación de Yamamura y la rabia que me abordaba de forma imprevisible y ocasional cada vez que recordaba a ese cazador enmascarado y cara ridícula, no había tenido tiempo para pensar en nada más ni en cuáles serían nuestros próximos pasos. De momento, solo podíamos esperar a estar completamente recuperados, especialmente Yamamura, el más afectado, y aprovechar la suerte de que ese mono hubiese decidido dejarnos quedarnos en su palacio (esperaba que a cambio de nada, porque no pensaba pagar ni un berrie por nuestra estancia y todo lo que habíamos comido). Cuando recibí la nota de aquella especie de ángel guerrero recordé por qué estábamos allí y cuál debía ser nuestro objetivo. Había muchas cosas que no comprendía, entre ellas, qué eran estos guerreros que estaban al servicio del emperador. Estaban los que habíamos visto en los juegos y ahora este que me había entregado el mensaje y que parecía, si cabía, todavía más imponente. Eran diferentes a la gente que vivía en la ciudad, por lo que habíamos podido ver durante los juegos. Lo único que tenían todos en común eran sus alas. El tema me llamaba la atención, pero no podía perder tiempo pensando en ello, no nos quedaríamos demasiado tiempo, todavía había muchas islas que visitar. Terminé de soplar mis dedos para que se secase el pintauñas y me pinté los labios frente al espejo del tocador que había en mi cuarto. Me puse en pie para acomodarme la ropa y cogí mis katanas. No me harían falta, si alguien del palacio quisiera matarnos ya lo habría hecho, más bien parecía que había un interés por mantenernos a salvo, pero estaba acostumbrada a llevarlas siempre conmigo y hoy no sería la excepción. Salí del cuarto y me dirigí hacia donde indicaba la nota. Afortunadamente, aunque el palacio era enorme no me costó encontrar la sala. Al aproximarme a las escaleras que debía descender vi subir a aquel ángel guerrero que me había mandado el mensaje. Parecía que quería escoltarme. Encendí uno de mis puros y descendí y al acercarme un poco más escuché la voz de Sasha pidiendo jugar con Yamamura. ¿Sería alguna especie de clave? ¿Qué querría decir con “jugar”? Tal vez su banda había planeado algo grande y querían nuestra ayuda. Descendí por las escaleras con mi brazo izquierdo apoyado sobre la empuñadura de mis katanas, atadas a mi cintura, hacia aquel salón enorme y majestuoso repleto de columnas y con una alfombra roja que se dirigía desde la entrada hasta el trono del emperador, donde nos esperaba a los ganadores. La presencia de sus guardias contribuía a acrecentar el aura regia del palacio. También había llegado la marine pelirroja, tan apretada como siempre. Hablaba igual que los marines cuando se dirigían a un superior, haciendo la pelota. Aún así, había algo en ella que hacía que no me causase tanta repulsión como el resto de sus compañeros. Al terminar de bajar con mi puro en la boca, me lo quité para dirigirme a Zarutsuki. No sabía cómo debía hacerlo, las dos se habían presentado, pero imaginaba que él recordaría quiénes éramos, al menos yo, y que también sabía a qué habíamos venido. Él mismo nos había convocado. —Buenas —dije para saludar de forma general situándome junto a Sasha. No estaba para preocuparme por formalidades, si tenía la oportunidad, más adelante y sin tanto público le agradecería lo que había hecho por nosotros. —Ya hablaremos de lo de “jugar” —le susurré a Sasha para que supiese que le había escuchado y que estaba interesada. RE: Gloria a los vencedores. - Sohem - 23-05-2024 Una nota de manos de uno de los Cumsoldier me citaba a palacio para poder obtener el tan ansiado deseo de manos del Emperador en persona. Una situación un tanto atípica y seguramente tensa, ya que por sus palabras al separarse de mi tras mi victoria en sus juegos, no parecía muy contento conmigo o muy a favor de establecer una amistad. No obstante, su intervención nos había llevado a descubrir ciertos factores que, de no ser por la explicación de Viktor, habría pasado completamente por alto. Parecía que a estas alturas de nuestro viaje no contaba sólo nuestra capacidad, fuerza o incluso nuestros poderes de fruta. Parecía que a partir de ahora, las ligas se desarrollaban a raíz de ese concepto espiritual, y sólo unos pocos teníamos la oportunidad de exprimir el máximo de su potencial, yo entre ellos, al igual que aquel macaco ígneo. Me era completamente imposible no pensar en mi familia. ¿Alguien más de mis hermanos tendría acceso a esta clase de poder? Sin duda el primogénito de la familia, Aurum Pluto y mi cuarta hermana, Verus Aturn, tendrían la capacidad para lograrlo, pues las historias de batalla del abuelo parecían hacer encajar que quien era su viva imagen y quien apuntaba a ser la mejor combatiente de la familia, pudieran heredar sus mejores capacidades. Pero, si yo que era el más inútil de todos ellos tenía dormido esa clase de poder dentro de mi ¿qué pasaría con el resto de mis hermanos? ¿sería esto algo insólito por mi parte? ¿algo único?. Preguntas y más preguntas, revotando en mi cabeza con furia como si mi casco no las dejase salir al exterior. Mis ojos se movían inquietos apuntando entre los agujeros de mi máscara mientras avanzaba en dirección al palacio, pudiendo observar algunos metros por delante de mi, entre la muchedumbre de las calles que realizaban sus quehaceres sin muchos problemas, a una pelirroja con uniforme de Marine. No sabría decir si era la mujer que formó parte de mi equipo en las pruebas, la tal Pilimari, pero por su dirección similar a la mía parecía caber la posibilidad de que así fuera. Algo más adelante en las puertas del palacio descansaban dos colosos enormes, multi-alados y pertrechados con armaduras resplandecientes y escudos enormes, de casi el doble de mi altura. Buenos guardias. E interesante el concepto de no portar armas, proyectando la imagen de que su cometido es la defensa y la proyección, y no el castigo o el enfrentamiento... pero mi atención se escapó al ver una melena rubia flanqueada por dos grandes cuernos entrando dentro de aquellas puertas. Esa cabeza si podía reconocerla bien, y mientras la veía desaparecer cruzando las puertas pude apreciar como aquella pelirroja seguía el mismo camino. Sin detener mis pasos, con las manos en los bolsillos y sin portar mi arma, Ein Hauch, el cual estaba bajo el cuidado de Chloe y Viktor, me aproximé hasta dicho umbral cruzando entre ambos guardias sin mirarlos directamente, manteniendo el rostro fijo y firme hacia el interior de la puerta, pero observándolos celosamente a hurtadillas entre los múltiples agujeros de mi casco. Al entrar en el palacio, Sasha estaba frente a un trono presidido por el simiesco Emperador , y flanqueado por dos guardias más, exactamente iguales a los dos de la puerta. Junto a Sasha, se presentaba la Marine como, evidentemente, Pilimari, mientras mis pasos se aproximaban a ellas con calma. Al mismo tiempo, bajando por las escaleras que había tras el trono, una espadachina rubia llena de heridas se aproximaba al grupo, y podría jurar que se trataba de Cipriana, si las cuentas no me fallaban, el miembro restante de mi equipo, quien saludó con una escueta palabra. Me gustaba esa actitud, directa al grano y sin miramientos, economizando tiempo, saliva y formalismos. Pero a juzgar por el supuesto origen de su recorrido, ella no precisaba presentarse al provenir del piso superior del palacio y tener mejor calidad de trato por parte del mono de fuego, pero yo no dejaba de estar en la sala del trono, o de recepción, o lo que coño fuera, de un Gobernante de un reino y a su vez Shichibukai y aunque no podía jugarmela a caer en una trampa, por más que confiase en la buena fe de su invitación y mi gesto de aparecer desarmado, no podía ser menos ante los presentes. — Alteza — y chasqueé la lengua, sacando las manos de mis bolsillos y cruzando los brazos frente al pecho, hinchando el mismo un poco, parado junto a Pilimari observando al Emperador en primer lugar — Parece que ya estamos todos — sentencié, pasando mis ojos de un guardia al otro para estar al tanto de cualquier acción, mientras focalizaba especial atención a mi agudo sentido del oído para tratar de advertir algún tipo de trampa o estratagema por la espalda — Vengo a reclamar lo que se me debe — finalicé, clavando finalmente mis ojos en el Emperador y manteniéndome firme en mi postura, contento por no haber tenido que decir su nombre... porque no me acordaba de cómo se llamaba este tío. RE: Gloria a los vencedores. - Zarutsuki - 30-05-2024 Como gotas resbalando por un cristal, los cuatro participantes ganadores de la contienda en mi honor se fueron acumulando frente a mi, llegando uno detrás de otro. Sus interacciones, su forma de hablar, de dirigirse a mi... todas ellas variopintas y diferentes, fruto de su educación, posición o intenciones. Pero a fin de cuentas, todos ellos estaban aquí porque querían gozar de mi generosidad y del beneplácito de mi palabra. Los miré detenidamente. La compañera de su majestad, independientemente de mi opinión o impresión sobre ella, era alguien intocable para todo el mundo en esta isla, incluido para mi, por el simple hecho de navegar en el mismo barco que él y sirviendo a su bandera. Cuanta nostalgia me traía ver a otro Yojimbo Lemarcus Cornell navegando en el mar azul con un trapo negro por bandera... y de alguna forma, aquella señorita era como yo. Una fiel y devota seguidora de la verdadera sangre real y del linaje elegido para traer la luz al mundo de nuevo. El dragón celestial ameritaba lo que sus congéneres y la experiencia de la historia revelaba: era cruel e interesado. Como todos ellos. Era raro encontrar a alguien de los suyos fuera de sus tierras privadas y su zona sagrada, pero él no era el único. Cuando uno Tenryuubito se veía forzado a vivir la vida común y mundana del resto, alejado de sus lujos y privado de sus placeres, si era capaz de sobrevivir lo suficiente y portaba consigo el don de la suerte, la astucia, o una mezcla de ambas, se acababa volviendo un monstruo de proporciones considerables. El Haoshoku era algo relativamente común en ellos, al menos en los que verdaderamente heredaban el correcto linaje de los Reyes del Pasado, y funcionaban igual que las katanas: Si la veta es de calidad, pero no se aprovecha, se quedará en nada. Si se aprovecha, pero no por manos expertas, dará lugar a una espada mediocre. Si se aprovecha con la forja y el martillo de un maestro herrero, su acero será capaz de cortar incluso las nubes. Desgraciadamente este hombre menudo, rudo y rudimentario, que utilizaba un poder menor y básico de entre las Akuma no mi - como el mío - y que permanecía oculto tras un casco y con una forma de combate tan simplista como portar un palo gordo y golpear con él, estaba en un bando que nos perjudicaba a todos los que queríamos navegar sin limitaciones: Estaba del lado del Gobierno. Bien por oro, por fama, por poder, o por el motivo que fuera, ser Tenryubito y acabar como Cazador de Recompensas, era una mala broma del destino... pero para el resto. No era de mi agrado, pero no podía faltar mi palabra ni mi propia tradición. La niña, híbrida de humano y semioni, lucía cierto parecido con el cazador. Su actitud era por momentos parecida y su método de combate, también. Pero ella parecía albergar la pureza de la inocencia, y, pese a que navegase por olas cruentas con camaradas - que por lo leído en los periódicos, cada vez eran menos - que cuidasen de sus espaldas, parecía aun un folio en blanco al que la historia acabaría poniendo de un lado o del otro. ¿Cómo sería su futuro? ¿Continuaría la senda de cadáveres de su tripulación? ¿Encontrarían la forma de adherirse a alguien más? ¿Los abandonaría por un camino mejor? ¿Los perdería? ¿Encontraría el final de sus días en las próximas islas? Todo eso eran ambigüedades. Situaciones que cualquiera de esta sala tendría que enfrentar tarde o temprano, cuando salieran de mis dominios. La verdadera pregunta con Sasha era ¿qué lado de la balanza tomaría la ventaja en su interior? ¿su relación con sus compañeros, o con ese hombre?. Tanto su raza, como su actitud, como su poder me recordaban a Grunbald, mi viejo amigo, que si bien era de otra subespecie de Oni y su lagarto era diferente, la vibración de su presencia casaba mucho con la de aquella mocosa, y removía un poco la nostalgia de mi viejo corazón. Por último, la Marine. Quizá si no fuera por la actitud belicosa y carente de respeto del Dragón Celestial, sería la persona menos de mi agrado en esta sala. Los Marines generalmente sólo eran chiquillos perdidos que buscaban una vida mejor en el funcionariado del estado, pero que no tenían los valores, la ética ni la fortaleza para asumir con devoción y con vocación una tarea tan dura y noble como ser el escudo del pueblo. Ellos más bien se volvían la lanza del Gobierno. Era deplorable y triste, pero esperable, pues no eran si no el germen de un parásito mucho más grande que, se suavizó con el pasar de los tiempos. Por suerte para mi, al ostentar este título como Señor de la Guerra del Mar, el territorio bajo mi comando estaba protegido de sus leyes, sus normas, su moral y sus poderes jurídicos, pero aun así, sabía perfectamente el prisma desde el que nos miraban - a todos los Shichibukais - la inmensa mayoría de los reclutas y posteriores rangos de los Marines: Piratas vendidos. No profesaban respeto generalmente, sólo el miedo de sabernos más poderosos que ellos, pero a medida que escalaban posiciones su falta de respeto se tornaba evidente y sus formas carentes de toda clase de buena intención. Claro que había excepciones. Había Marines que sí sentían un fuerte deseo de justicia y una necesidad imperiosa por ser mejores para los suyos. Sacrificarse de verdad por el pueblo. Y solían coincidir con que eran los mismos que no nos juzgaban sólo por nuestro título, si no, porque sabían ver más allá de este y apreciarnos por nuestros propios actos. Obviamente yo no era un psicópata como ese Doctor Uraraka, ni un ermitaño como Max Magna, pero se nos incluía en el mismo saco aunque los siete de nosotros tuviésemos cada uno vidas diferentes, historias contrarias, y motivaciones enfrentadas entre nosotros. Nuestros motivos para ponernos al servicio del Gobierno Mundial eran muy diversos. Por la parte que profesaba a aquella mujer, parecía la clase de persona a la que hay que ponerle el ojo encima, pues haber aguantado mi explosión de Haoshoku y haber pasado completamente desapercibida el resto del evento, dejaban completamente claro que era alguien que en el futuro, podría acabar cerca de las riendas de su organización. Respiré profundamente y cerré los ojos dos segundos antes de recolocarme en el sillón, tras terminar de mirarlos a todos ellos. — Bienvenidos a mi palacio — dije de forma escueta, sin moverme, pasando mis ojos de uno al siguiente — Todos sabéis por qué estáis aquí, así que por hacer las cosas lo más ligeras y agradables para todos los presentes, os brindaré la oportunidad de pedir vuestro deseo, como premio por haber ganado la festividad en mi honor y mi nombre — añadí, apoyando ambas manos en los laterales de mi trono — Sólo podréis pedir un único deseo, y se os será concedido en la inmediatez más posible — me incliné ligeramente hacia delante, como si fuera a levantarme — Y tras obtenerlo, todos menos una de mis invitadas aquí presentes abandonaréis el palacio... — entonces fijé mi mirada en Sohem — ...y algunos abandonaréis la ciudad — sentencié firmemente, dejando claro que no había olvidado mi aviso y amenaza con el Cazador — El resto deberéis proseguir con vuestro viaje pronto, pero tendréis más margen — y me recosté quedando de nuevo en la posición inicial, tendiendo la mano derecha hacia delante con la palma hacia el techo, haciendo un barrido de izquierda a derecha, incitando a mis invitados a proceder — ¿Que será pues? ¿La riqueza, la tecnología, la esencia, la sabiduría o el potencial de mi tierra? ¿Cual es vuestro deseo? — pregunté finalmente, quedando a la espera de las palabras de cada uno de ellos. Fuera cual fuera su deseo, sabía que podía cumplirlo sin problemas. Pues yo era el Emperador del Cielo.
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Deseos
RE: Gloria a los vencedores. - Triana Tempesta - 31-05-2024 No tardó en llegar el que faltaba. El cazarrecompensas apareció haciendo gala de sus malos modales y su impaciencia. No tenía nada que decirle, esperaba que mis acciones hablasen por sí mismas cuando llegase el momento, así que me mantuve en silencio esperando la respuesta del emperador. Parecía que era un tipo directo y sin ganas de perder el tiempo, así que con suerte acabaríamos rápido con esta formalidad. Nos resumió de nuevo las condiciones para pedir el deseo que nos habíamos ganado. Nos ofrecía varis y solo podríamos escoger uno, que nos sería entregado lo antes posible. Eso me gustaba. El mono me caía cada vez mejor. Además, tras expresar cuál sería nuestro deseo todos tendrían que largarse excepto yo, que, por lo visto, continuaría siendo su invitada. El problema era que el cazarrecompensas tendría que marcharse de la isla, no solo del palacio. Apreté los labios conteniendo mis impulsos para no precipitarme. Riqueza, tecnología, esencia, sabiduría o el potencial de aquel lugar tan fascinante. Di una calada al puro pensando mi respuesta. El dinero estaba bien, pero de momento no lo necesitábamos y podíamos obtenerlo de diversas formas nada lícitas. No sabía qué narices era lo de la esencia, pero no sonaba demasiado bien. La sabiduría estaba sobrevalorada. Ahora mismo no tenía inquietudes por conocimientos que no pudiese obtener leyendo algún libro. Lo que más me llamaba la atención era el potencial o la tecnología, el poder. Con poder podríamos obtener lo que quisiéramos, dinero, sabiduría, el mundo a nuestro alcance. Para mí la respuesta estaba clara, no podía desaprovechar la oportunidad de obtener algo propio de aquella isla que no pudiésemos conseguir en cualquier otro rincón del mundo. —Deseo la tecnología de Skypiea —dije sin dudar tras exhalar una bocanada de humo. No sabía qué pedirían los demás, pero tampoco me importaba. Ahora mismo ni siquiera estaba pensando demasiado en mi propia petición. Lo único que lamentaba era no poder dedicarle demasiado tiempo a la joven pirata. Sentía que todavía nos quedaban por hacer grandes cosas, los Alas Negras y los Shogun Gari, pero el desarrollo de los acontecimientos no nos lo permitía. No importaba, buscaríamos la manera y tarde o temprano llamaríamos la atención del mundo entero. Tras formular mi deseo, miré hacia los demás. Me reconfortaba tener una aliada cerca, aunque solo fuese por no sentir la situación tan hostil como realmente debía serlo. Dos piratas junto a una marine y un cazador. Si no fuese por el emperador, el palacio se habría convertido en el escenario de una batalla campal. Tampoco podía dejar de mirar a la marine con esa ropa tan ajustada. Pero el que más captaba mi mirada era Sohem. Estaba claro que, por su propio trabajo, no podía confiar en los marines, pero ese tipo y su grupo, que por el momento no había llamado demasiado la atención, no me inspiraban nada de confianza. RE: Gloria a los vencedores. - Ikirami - 01-06-2024 Tras mi presentación, Zarutsuki se quedó ahí, silencioso y observando como los demás iban llegando uno tras otro. Primero, la pirata Triana, a la cual saludé con un leve movimiento de mano y una sonrisa dibujada en la cara, como siempre. Era importante mantener una actitud lo más amable posible, aunque fuese una fachada. Aunque ellos supiesen que yo era una Marine, no tenían por qué creer que yo supiese que eran piratas, aunque bien podrían haber supuesto que mis compañeros me lo hubiesen mencionado si es que se conocían. Fuese como fuese, actuaría como si nada frente a ellos hasta el último momento. Que hermoso y atractivo era el arte del engaño, me hacía sentir como una actriz representando una obra. Una en la que yo iba a ganar, siempre. No cabía duda alguna sobre ello. Yo siempre ganaba, era incuestionable. Una verdad tan firme y real como que el cielo era azul o que los piratas eran unas bestias egoístas siervas del mal. A continuación, el ganador de la final, el cazarrecompensas llamado Sohem. Parecía tener alguna relación con Joe, por sus palabras sobre la mujer-berenjena. Me sorprendió verlo hacer un saludo formal y referirse a Zarustuki como Alteza. Por lo poco que había visto de él, no parecía alguien muy dado al respeto y el protocolo, pero agradecí que actuase de aquella manera. Saber como actuar frente a alguien era uno de los puntos más importantes que me habían enseñado durante mi infancia. Era lo que diferenciaba a los humanos de los animales. Una diferencia que parecía no comprender la Semi-oni que formaba parte del equipo, que actuaba por allí como si fuese un patio de recreo. Tras habernos reunido todos, el Shichibukai habló, dándonos la bienvenida y continuando con nuestras recompensas. Como había supuesto, el "deseo" era una petición de entre cinco que podíamos escoger: Riqueza, tecnología, esencia, sabiduría o potencial. Medité sobre la elección, llevándome una mano al mentón, sopesando lo que podían significar. Me llamaron especialmente la atención las opciones de tecnología y sabiduría. Siempre había considerado que el saber es poder, ¿pero sería suficiente para hacer frente a aquellos monstruos? Desde nuestra llegada a Skypiea había visto como utilizaban aparatos de extraña procedencia, unos que únicamente había visto antes de manos del equipo del Almirante Tucrow. ¿Se referiría a aquella tecnología? Desvié la vista al intrincado techo de oro mientras recordaba a aquel hombre, fuerte, apuesto, alto y poderoso. Un hombre que ostentaba un rango tan alto como ansiado. Uno que deseaba poder conquistar. Sí, el rango de Almirante... Tras unos segundos sopesándolo, Triana alzó la voz para escoger su deseo, el cual fue precisamente la tecnología. Apreté ligeramente los dientes, de forma imperceptible para cualquiera que no estuviese prestando atención directa a mi cara, pues fue un sutil y efímero acto reflejo. Rápidamente, recuperé la expresión dubitativa y finalmente alcé la voz. —Deseo la sabiduría de Skypiea. Me parece la opción más sensata y más interesante de todas ellas. —sentencié de forma rápida con la mirada fija en el hombre simio. No sabía si la elección era la correcta, pero me negaba a imitar a un pirata, incluso en una elección como aquella. Sonreí y miré al hombre enmascarado y a la muchacha adolescente esperando a ver cuáles eran sus deseos Yo había escogido el mío, condicionada tal vez, pero la información era un arma más afilada que cualquier espada. RE: Gloria a los vencedores. - Sohem - 01-06-2024 El discurso de don macaco comenzó después de un repaso progresivo a cada uno de nosotros que pareció durar una eternidad. Dos guardias a la puerta, otros dos custodiándolo a él. No eran humanos, eso lo tenía claro, dado su talla y su porte. Pero dudaba que aquella cantidad ingente de alas fuera de alguna raza conocida, ¿cómo sería posible? Parecían literalmente ángeles, era algo inexplicable... y si la memoria no me fallaba - bueno, sin comentarios - parecían más grandes y robustos que el tipo que custodiaba mi puerta y habían estado vigilando el evento. ¿Serían las tropas de élite al estar en el palacio? ¿de qué estaría hecho ese escudo? ¿podría destrozarlo con Ein Hauch? ¿con cuantos golpes?. Mierda. Apreté los puños y los dientes pensando en aquello... no llevaba encima a Ein Hauch. Chasqueé la lengua. Las cosas se podrían poner desagradables con un mal paso. Tras recordarnos cómo iba a ser la situación y cómo se iban a entregar aquellos premios en forma de deseos, Marukuchi nos instó a decir claramente qué era lo que queríamos, y en mi caso, no tuve que pensarlo mucho. Pero cuando iba a abrir la boca para comenzar a hablar, la espadachina se adelantó pidiendo tecnología, seguidamente de la Marine, quien pedía sabiduría. Miré por unos segundos a Sasha esperando que hablase, pero parecía enfrascada en sus pensamientos sobre el tema, así que entendí que era mi momento para continuar y pedir mi deseo — También deseo la tecnología de Skypiea — dije, un poco a regañadientes con mi fuero interno que no se habría negado a obtener más dinero, pero había que ser inteligente. El oro estaba por todas partes, y se podría conseguir en otras islas, en el peor de los casos. La tecnología de este sitio sólo estaba aquí, y sería interesante poder hacerme con un poco de ella, bien fuera los bastones de los porteros, los escudos de los guardias o la nube con la que volaba el vocero aquel del torneo, el Indigente o como se llamase. Tras mi declaración esperé pacientemente junto con el resto de mujeres a que el Rey Mono diera su resolución sobre el tema y decidiese si conceder nuestros deseos o no, y cuando. Estaba comenzando a elevar mi temperatura muy sutilmente en el interior de mi cuerpo, preparándome para lo que pudiera pasar y esperando que Chloe no anduviera muy lejos del palacio por si las cosas se torcían. Sabía que Viktor sabría identificar un conflicto por mi parte y sabía que acudiría en caso de ser necesario, pero Chloe era otra cosa... había que hacer algo con esa mujer. Quizá la tecnología de Skypiea le vendría bien para, al menos, no tener que preocuparnos por ella en los futuros enfrentamientos. RE: Gloria a los vencedores. - Sasha - 08-06-2024 Sasha miraba como Ikirami se ponía a su derecha y miró con la ceja levantada como se presentaba al emperador de forma formal. — Que aburrida — pensó escuchando como estaba siendo de pelota. Entonces la semioni escuchó pasos de las escaleras viendo como Triana bajaba por ellas haciendo que sus ojos brillaran esperando que descendiera por la barandilla, pero para su decepción, no lo hizo haciendo que pusiera una mueca de desaprobación. Rápidamente, la mueca se le fue de la cara a rubia más joven al decirle que ya hablarían de lo de jugar. La adolescente mostró una sonrisa brillante e infantil pensando en que Triana se uniría a Garnet y a ella para jugar a pegar a Yojimbo cuando asome la cabeza en el suelo. Iba a ser muy divertido volver a pasar tiempo con los Alas Negras y no podía esperar para ello. Pero entonces, Sasha recordó cierto detalle así que se inclinó ligeramente hacia Triana. — Sohem ganó la pelea contra Yojimbo y no lo mató porque YO se lo dije — respondió con orgullo al tener razón. — Ya hablaremos del dinero que me debes de la apuesta — añadió dándole ligeros golpes con el codo imitando la forma en la que le había dicho de jugar.
La voz de Sohem captó la atención de la semioni, haciendo que sus ojos color ámbar brillasen de emoción. La rubia quería hablar de muchas cosas con él y volver a practicar con el kanabo para después ver el cielo lleno de estrellas mientras cenaban. La adolescente quiso proponerle una acampada, pero el emperador se adelantó a ella - ignorando su pregunta sobre Yojimbo - para darles la bienvenida a su palacio y saber los deseos. Sasha se llevó la mano derecha al mentón pensativa antes de dar su respuesta, como ella había llegado la primera debería ser quien lo pidiera antes. Pero no fue así, tanto Triana como Ikirami, además de Sohem, se adelantaron a la semioni, quien infló sus mejillas antes de mirar al mono sentado en el trono. — Yo me pido… — empezó la rubia con ansias de responder, pero parando al darse cuenta de como lo había dicho el resto. — Deseo la tecnología de Skypiea — contestó inflando el pecho y elevando el mentón. Al final había quedado para la última y se había repetido, pero ya se aseguraría de sacarle todo el partido posible - en su mayor parte para gastar bromas - pero lo usaría bien al fin y al cabo, pensaba con una gran sonrisa de oreja a oreja.
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