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[Pasado] Música para mis oídos - Eaa - 31-05-2024
Leyenda
Otoño, Año 12 Frente a la puerta del local "Notas y Romances", Ciudad Murkhold, Toroa Día 10, 22:00h - Esto no es una buena idea - murmuré, mirando al suelo. No me gustaba para nada rodearme de gente, y aun así, me encontraba en lo que parecía una interminable fila de gente, esperando para entrar a un extraño local, para escuchar música. - Es una idea de mierda - Me entraban ganas de irme de allí y volver a la Rémora. Sentarme con un chocolate caliente a leer un libro mientras Mandarina jugueteaba por la cubierta. A pesar de ello, me mantenía en la fila. Quién sabe si por las dos horas que llevaba ya ahí esperando o por alguna otra razón. Esperaba de pie, avanzando poco a poco con mi capucha puesta, mientras a cada segundo que pasaba me replanteaba el estar allí. Ni siquiera me gustaba la música, pero escuché de casualidad, estando en la "Viuda Tuerta", que iba a haber un concierto en un local llamado "Notas y Romances". Me pareció una buena idea pues sabía que a Maeve le gustaba mucho la música. Tal vez tanto como a mí la lectura, aunque seguramente un poquito menos. Maeve tampoco iba isla por isla buscando sitios donde dieran conciertos a decir verdad. Si era algo que a la capitana le encantaba, estaba claro que tenía que ser algo bonito (o tal vez tétrico, que esas cosas también le gustaban) No tardé mucho en poder escuchar las voces de los vigilantes que se encontraban frente a las puertas del local. Se trataban de un hombre alto y calvo, acompañado de un hombre más bajito y rubio, ambos jóvenes. Saludaban amablemente a la gente que quería entrar, pidiéndoles sus respectivas entradas para el evento. Por suerte para mí, mi anciana amiga me consiguió dos entradas en lo que me dijo era un lugar reservado. Me dio demasiada vergüenza pedirle a Maeve que viniera conmigo al concierto, por lo que me había limitado a dejar la entrada sobre su cama, con una pequeña nota explicativa, antes de venir. - Buenas noches, señores. ¿Me permiten ver sus entradas? - ya solo quedaban delante de mí una pareja delante de ellos una familia de cuatro. - Muchas gracias. Todo está en orden. Vayan por este pasillo a la izquierda, la zona de niños está a mano derecha, y sus asientos son nada más subir las escaleras. Cualquier cosa que deseen comprar, aperitivos o bebida, tiene que ser en la barra que hay junto a las escaleras - los cuatro cruzaron entonces el umbral, lo que hizo que la pareja avanzaran en la fila. Iban cogidos de la mano, hablando de ñoñerías que parecían sacadas del repertorio de frases empalagosas de Diana. Pasaron sin ningún problema, antes de que llegara mi turno. - Disculpe, pero tiene que qui... - comenzó a hablar uno de los dos guardias, el más alto de ellos. A pesar de ser más alto de lo normal, seguía teniendo que levantar la cabeza para tratar de mirarme a la cara. Se calló en el momento en el que el otro vigilante, el más bajo, le dio un toquecito en el costado y le mostró mi entrada. - Oh, lo siento. Disculpe, disculpe. Entiendo que quiera mantener su intimidad - se disculpó con cierta efusividad. No me gustaba demasiado que me trataran de esa forma, pero siendo una persona buscada como era, he de decir que no tener que revelar mi rostro y mi característico pelo carmesí era una notable ventaja. Había venido a escuchar música y a entender mejor a mi amada amiga, no a pelearme con dos vigilantes y a saber cuántos guardias en la puerta de un local - Su sitio está subiendo por las escaleras centrales. Como es una zona reservada, le pedirán la entrada de nuevo arriba, así que no la guarde todavía. Respecto a la comida y bebida una vez esté en su sitio un camarero irá a preguntarle qué desea - comenzó con la explicación, mientras su compañero revisaba la lista de invitados. - No es por importunarle, pero en la lista pone que vendría con un acompañante - habló, con una leve preocupación. - Sí, es que a mi acompañante suele tardar un poco en prepararse, así que igual viene más tarde. Y también es una persona bastante ocupada - hablé con una ligera sonrisa. Pareció suficiente para que este se calmara. - Ah, vale, vale. No hay ningún problema con eso. En cuanto llegue nos encargaremos de guiarle hasta su sitio. No le interrumpo más, que seguro que desea acomodarse cuanto antes - sonrió antes de dejarme pasar. - Por cierto, una última cosa. Con un pase especial como el suyo, podría haber venido por el lateral derecho de la fila y no hubiera tenido que esperar - Le agradecí con una sonrisa y crucé el umbral, aliviada, para quedarme parada admirando la enorme escalinata que había en el salón principal. Nunca me hubiera imaginado que aquel local pareciera un auditorio. Al pie de la escalera se encontraban los dos jóvenes, los cuales habían convencido a un hombre para que les sacara fotos. Suspiré, molesta, mientras caminaba hacia las grandes escaleras. Me tropecé levemente con el hombre que les sacaba las fotos, pues este se echó hacia atrás, a petición del chico, quien decía algo sobre no salir bien en las fotos. Aproveché el tropiezo para coger del suelo un ramo de flores y me lo guardé debajo del abrigo. - Vaya, tendría que haber tenido más cuidado - me llevé el índice derecho a la boca, chupando levemente la sangre que brotaba de este. De alguna forma me había pinchado al coger las flores. Comencé a caminar, subiendo las escaleras, esperando alejarme de allí lo suficiente, antes de que la pareja de empalagosos se dieran cuenta de que su ramo había desaparecido. Una vez arriba de las escaleras, tal y como me habían advertido, me encontré a un acomodador que tras pedirme mi entrada me llevó a una pequeña estancia. Al frente de la sala, en la cara opuesta a la que se encontraba la puerta por la que acababa de entrar, había una refinada barandilla de madera, con unos detallados relieves. Unos metros por detrás de esta se encontraba una mesa redonda, con dos elegantes butacas a los costados, de tapicería roja y madera oscura, más incluso que la de nuestra Rémora. En la pared del fondo, a mano derecha desde la puerta, había un enorme sofá. Parecía realmente cómodo, aunque tampoco parecía demasiado útil, pues no tenía pinta de que la obra pudiera verse desde allí. - Bueno, siendo un concierto, tampoco hace falta ver mucho - me dije a mí misma mientras entraba más en la sala. Una vez el acomodador se fue y cerró la puerta me permití el lujo de quitarme el abrigo. Me agaché, dejando caer mi pelo delante de mi cara. Separé con cuidado y delicadeza los distintos mechones, levantándome bruscamente para que este volviera a su sitio. Me acerqué despacio a la barandilla, admirando la magnitud del lugar. Las vistas del escenario eran espectaculares desde allí, pero no se veía nada de las estancias a los lados. - Tenían razón con lo de la intimidad - solté una risita. Miré hacia abajo, admirando mi atuendo. Era similar al que había llevado en la fiesta de año nuevo. No disponía de un espejo para ver cómo me había quedado el maquillaje. Me había esforzado mucho por hacer que este quedara bien. Era prácticamente como el de Maeve, pero con un tono rojo carmesí en vez de negro. Me senté en el sofá, disfrutando de la extrema comodidad. - Me podría dormir aquí mismo - jadeé, estirándome levemente. Entonces alguien llamó a la puerta. Se trataba del camarero. - Ah, hola - le saludé con una sonrisa. Tras escuchar a este hablar de la carta de vinos y dejarme claro que estaba todo pagado, decidí pedir el vino que más interesante sonaba, así como un leve aperitivo, antes de sentarme esta vez en la butaca izquierda. El hombre no tardó más de un minuto en volver con una botella y dos bandejas. Me quedé mirando cómo servía el vino de una forma demasiado elegante para mi gusto. Probé el vino, el cual parecía alguna especie de néctar celestial. Me quedé en silencio mientras el hombre rellenaba nuevamente mi copa de la misma forma antes de despedirse y salir de la estancia, cerrando nuevamente la puerta.
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RE: [Pasado] Música para mis oídos - Eaa - 04-06-2024
Leyenda
Entrecerré levemente los ojos, mientras mi mirada se perdía en el pequeño torbellino que se había formado en la copa de vino por el movimiento circular de mi mano izquierda. - Sería un lío si alguna de las dos se cae del barco - hablé en bajo, reflexionando sobre posibles sucesos que pudieran darse e hicieran que la capitana o yo cayéramos al mar. - Antes no teníamos problema porque... - me quedé en silencio, parando el movimiento de la mano. Suspiré levemente antes de acercar la copa a mis labios - Que delicia - cerré los ojos, centrándome en el sabor del vino. Había venido a este lugar a escuchar un concierto, descubrir si me gustaba la música y tratar de conocer un poquito mejor a quien, sin ningún tipo de dudas, era la persona más importante de mi vida. No para ponerme triste pensando en sucesos del pasado que podrían haberse dado de forma distinta. - Seguro que le encanta - me reí, dejando la copa vacía sobre la mesa, junto a la botella. - Debería llevarme luego la botella a casa sin que se den cuenta - miré a la butaca del otro lado de la mesa, la cual estaba vacía. Pude notar como mis mejillas comenzaron a sonrojarse tan solo con pensar en que Maeve podría malinterpretar la invitación como alguna especie de cita, o algo del estilo. Me levanté de mi asiento algo nerviosa y, tras coger una de las bandejas con aperitivos, me acerqué a la barandilla. Parecía que había algo de ajetreo en la zona inferior, así como bastante movimiento por la zona del escenario - Qué raro, pensaba que estaba a punto de empezar - pensé mientras comía algunos de esos aperitivos. Estaban realmente deliciosos. Era bastante evidente que a la gente del local le interesaba que las personas que utilizaran estas salas se llevaran la mejor impresión posible del lugar. - Luego le voy a pedir la receta al camarero - me aparté de la barandilla, dejando la bandeja medio vacía sobre la mesa. Una furtiva idea cruzó entonces mi mente. Me acerqué a la pared de mi izquierda, despacio. - Seguro que la gente aprovecha estos sitios para tratar temas secretos, o hacer tratos turbios - había leído historias parecidas en varios libros. Realmente no se escuchaba prácticamente nada, pero si cerraba los ojos y me concentraba, podía tratar de escuchar aquello de lo que hablaban en la estancia contigua. De repente, un ruido hizo que casi se me saliera el corazón por la boca del susto. Alguien llamaba a la puerta. - ¿Sí? - pregunté, apartando levemente el pelo de mi cara y dirigiéndome hacia la puerta, respirando con cierta dificultad. Abrí la puerta y allí estaba el mismo camarero de antes. - Buenas, lamento mucho interrumpirle - saludó, jadeando, mientras agachaba levemente la cabeza. Se le notaba bastante cansado como si hubiera estado corriendo de un lado a otro sin parar. Le iba a decir que no hacían falta tantas formalidades pero continuó hablando antes de poder decirle nada. - Ha habido un pequeño contratiempo, y lamento decirle que la función va a tardar un poco más de lo previsto en comenzar - habló entonces. - ¿Qué ha pasado? - pregunté con curiosidad - Si puede saberse, claro - el hombre se quedó en silencio unos instantes, valorando si contarlo o no. Finalmente, tras un poco de insistencia y de prometerle que no iba a contar nada a nadie decidió contármelo - Parece ser que no encuentran uno de los violines de la orquesta - comenzó a hablar, algo preocupado. - El mánager de la orquesta dice que alguien se lo ha sustraído, pero no sería la primera vez que alguien simula un robo para que el seguro se haga cargo y con el dinero saldar sus deudas personales - suspiró todavía nervioso - Pero aunque sea mentira, ese tipo de rumores podrían dañar la reputación del local - giró levemente la cabeza hacia la puerta debido al ajetreo que había en el pasillo. - Lo siento, me tengo que ir ya. Muchas gracias por su comprensión y relájese. En un par de minutos vendré a traerle más comida y bebida, y también les daremos una compensación por haberles hecho esperar - dijo rápidamente antes de salir de la estancia corriendo - Pues vaya - suspiré, alejándome de la puerta y comenzando a mirar las distintas paredes de la estancia. - Bueno, toca esperar entonces
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RE: [Pasado] Música para mis oídos - Eaa - 26-06-2024
Leyenda
- La verdad es que este cuadro es bastante bonito - me encontraba de pie junto a la pared de la izquierda de la sala, la contraria a la que había utilizado anteriormente para tratar de espiar a la gente de la habitación contigua. En el cuadro se podía ver un enorme anfiteatro en el cual se estaba representando una obra de teatro. A juzgar por los colores y las caras, parecía ser una tragedia. Una joven yacía en el suelo, sobre un enorme charco de sangre, con un bebé en brazos. A su lado, un apuesto hombre, se encontraba arrodillado, lamentando la pérdida de lo que parecían su mujer e hijo. Me acerqué más todavía al cuadro, anonadada por la gran cantidad de detalles. Podía incluso apreciarse un pequeño caballo de madera en las manos del niño. Seguía habiendo bastante ajetreo en el piso inferior. Me acerqué nuevamente a la barandilla, asomándome levemente para tratar de entretenerme un poco. - A ver si empieza pronto - suspiré, buscando entre la gente algo que me llamara la atención. Encontré a los dos jóvenes de la entrada, los cuales parecían estar armando un escándalo, con tal de llamar la atención de la gente de su alrededor. - Me alegro de haberles robado las flores, por pesados - me reí, girándome levemente para ver el ramo que había sobre la mesa. Volví a mirar hacia abajo, tratando de enterarme de las aventuras de la pareja, antes de verme interrumpida por alguien que tocaba a la puerta. Me acerqué para abrir. Ahí estaba el mismo camarero de antes, quien traía otra bandeja de comida, más vino e incluso lo que parecían bombones. - Siento mucho las molestias señorita - se disculpó antes de pedir permiso para entrar. Le acompañé hasta la mesa, donde cambió una de las bandejas y volvió a llenarme la copa de vino. - Estos bombones son una de las delicias del mejor cocinero de la ciudad. Son nuestra compensación por el inconveniente sufrido - explicó, dejando los bombones sobre la mesa. Me limité a mirarlos, pues tenía miedo de coger uno y comérmelos todos seguidos. - Me alegra decirle que ya hemos solucionado el entuerto - llevó su mano derecha junto a su boca con un gesto de complicidad - Uno de los ayudantes de la orquesta ha confesado que el mánager le había obligado a esconder el violín. Así que tenía razón en mis sospechas - me explicó, hablando en bajo para asegurarse de que solo yo me enterara - Por su comprensión y colaboración, le entrego esta bolsita. Espero que le guste - me acercó entonces una pequeña bolsa, la cual contenía lo que parecían más bombones, pero de color dorado. Le agradecí enormemente el gesto antes de acompañarle a la puerta y despedirme de él. Volví con mi bolsita, feliz, hacia la mesa. Cogí el ramo de flores y cerré los ojos, moviéndome lentamente, bailando en la soledad de aquella habitación. - Una hermosa flor para otra flor - se me escapó mientras abría los ojos y estiraba el brazo izquierdo, donde tenía el ramo de flores. Solté un pequeño grito, lanzando el ramo por los aires y cayendo de culo al suelo. - Has... has venido - dije, con la cara completamente roja - Pensaba que no ibas a venir - me limité a recoger el ramo de flores y la poca dignidad que me quedaba mientras me levantaba torpemente - Está a punto de empezar. Y hay bombones
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