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[FIC - Entrenamiento] - Kaelith el impasible - Garnet D. Matlock - 05-06-2024 Día 41 del año 11, Invierno
Skypiea - Shandora No hacía mucho que el sol se había alzado y azotaba con su luz y calor a la próspera Shandora. Entre el poco tránsito que había a esas horas de la mañana, se encontraba Garnet deambulando por las deslumbrantes calles de la ciudad dorada con cara de perplejidad.- ¿Qué cojones me pasa? ¿Me estaré volviendo majara o qué? – Y es que, desde que el músico despertó de su inconsciencia debido a estar bajo los efectos del abrumador poder que desató Zarutsuki al final del evento, al skypiean le estaban pasando cosas de lo más variopintas. Quizás fue debido al shock y a la experiencia tan cercana a la muerte que vivió mientras yacía inconsciente, en muy, pero que en muy, contadas ocasiones – y de forma para nada controlada- podía sentir como sus coleguis les hablaban ¿sin llegar a hablarles como tal? Era extraño… Era como si pudiera leer, muy vagamente, las emociones de Sasha, Tobías, Kuraku y Panda. Y no sólo eso, sino que, además, muy pero que muy rara vez era capaz incluso de vislumbrar, o mejor dicho, sentir, una especie de aura en sus amigos. Ciertamente no entendía nada, llegó a pensar que se había vuelto esquizofrénico. Aprovechó hasta que Tobías se estaba cultivando en el campo de la medicina para preguntarle por su estado, mas el carpintero no tenía ni la más remota idea de lo que le ocurría. Dejó el “problema” de lado durante el día que despertó, por si se trataba solo de una secuela temporal pero nada. Al día siguiente, las voces y las auras seguían apareciendo de forma intermitente. Por eso mismo, en estos mismos momentos, aplazando, nuevamente, su entrenamiento físico, Garnet estaba caminando por Shandora, en busca de un médico o alguien que pudiera atenderle, o que al menos supiera que le ocurría. Como era habitual, había decidido llevar una camiseta de color morado con escote y con las mangas arrancadas. En la parte inferior de la misma, se había hecho un nudo para así dejar a la vista su abdomen. De pantalones había escogido unos largos y negros de tela acabados en punta, como si también estuvieran rotos. El pelirrojo estaba ojo avizor por si veía a algún lugareño en la calle, pero la hora no ayudaba demasiado.- Tch, igual he salido muy temprano - Se quejaba internamente hasta que justamente, de una calle perpendicular a la suya, apareció, a unos siete metros, un hombre de unos 30 años que, por sus vestimentas y al ser un skypiean, supo de inmediato que se trataba de un residente. El pelirrojo abrió los ojos como platos y sonrió para, seguidamente, correr hacia él de manera muy alborotada.- ¡EHHHHH TÚ! ¡QUIETO PARADO!- Gritó con las manos en alza, agitándolas para llamar su atención en caso de que, por alguna extraña razón, no escuchara la estridente voz de Garnet. El hombre se giró, algo sobresaltado, llegando hasta a dar un brinco hacia atrás del susto.- ¡Pero qué susto por favor! - Exclamó el hombre algo molesto.- ¿No ves que es muy temprano como para estar chillando? - Negaba con la cabeza, en señal de desaprobación ante la actitud del felino. Garnet acortaba, a paso lento ahora, la distancia que le quedaba hasta llegar a él a paso lento, mientras se ponía de morritos y fruncía el ceño.- Relaja la raja, tronco….- El pileb suspiró, antes de preguntar sobre el motivo por el cual Garnet le había parado de esa manera, hasta que se fijó mejor en el pelirrojo.- ¡Anda! ¡Pero si eres el pileb que iba en tanga durante el torneo! - Le señaló sorprendido.- Una pena que vuestro equipo no lograra ganar, erais los favoritos, ¡pero lo hicistéis genial, sobre todo los dos pilebs y mord Yojimbo!- El músico, ante las palabras del skypiean, lo miró con cierta resignación pues, para él, su actuación en el torneo fue una clara evidencia de lo débil que aún era respecto a los monstruos que aún abundaban el peligroso Grand Line.- Qué genial ni que mierdas… - Desvió su mirada hacia el final de la calle.- Perdimos y ya está, eso es lo que cuenta al final, ¿es o no es? -. El hombre, completamente confuso ante la inesperada reacción del músico con las alas teñidas de negro, se limitó a, tan solo, soltar una risa incómoda.- Bueno, ¿y bajo qué razón me has gritado que me detuviera? - Preguntó con curiosidad el pileb.- Ah coño, sí, que se me va la chota. - Se llevó su mano derecho a la sien.- Estaba buscando un médico, curandero o algo del estilo… ¿Sabes de uno, o qué? - El pileb se quedó pensativo al escuchar la pregunta de Garnet, a lo que acabó sonriendo.- Resulta que estás frente a un médico he he, justo me dirigía al lugar de trabajo.- Dijo con un aire de broma, cambiando, seguidamente, su expresión a una más seria.- Aunque si es rápido puedo atenderle aquí mismo… Dígame, ¿qué le ocurre? - Preguntaba con cierta curiosidad el, recién descubierto, médico. El pelirrojo, que esbozo una pequeña sonrisa al haber visto que ya había encontrado una parte de lo que andaba buscando, se puso serio, para prepararse a contar lo que le pasaba.- Verás, creo que me estoy volviendo majara. De vez en cuando puedo escuchar las voces de mis coleguis sin que me suelten la chapa, y encima a veces puedo sentir algo parecido a, no sé, como un moco de color azul tirando para blanco, en ellos, ¿es o no es? - Expresaba el pirata todo lo que le había estado ocurriendo estos días, a la par que el médico escuchaba, con los ojos cerrados, de brazos cruzados.- Ya veo… He he…- Rió el residente de Shandora, haciendo que Garnet arqueara su ceja izquierda.- ¿De qué se ríe el pavo este? - El médico, entonces, se llevó su puño derecho a la boca y, tras toser, siguió caminando hacia lo que, inicialmente, era su destino.- Lamentándolo mucho, no puedo ayudarte con eso.- Confesó, parándose en seco y alzando su mano izquierda, a la altura de su cabeza, y con el índice extendido.- Pero sé quién sí… - Y a continuación, con el mismo índice, apuntó hacia el final de la calle.- Si sigues caminando por esta calle, y luego giras a la izquierda, encontrarás una casa algo más aislada del resto. Cuéntale al dueño de esa vivienda lo que te pasa y obtendrás tu respuesta.- Y siguió caminando tras finalizar la indicación.- ¿Vaale? Muy bien, gracias tío, y qué el rock and roll te acompañe. - Comenzó a correr hacia el final de la calzada hasta que escuchó algo que hizo que se detuviera en seco. Era la voz del médico, aunque resultaba indescifrable el contenido de lo que hablaba. Al distinguir que era su voz, se giró rápidamente.- ¿Decías algo…? - Pero no había nadie ya.- ¿...Huh? - El pelirrojo siguió las indicaciones del pileb, rayado por lo de hasta hace unos momentos. Nuevamente había escuchado la voz de alguien sin haber nadie cerca. Y encima, ¿cómo que un médico no era capaz de ayudarle con su problema? ¿Tan grave sería que ni siquiera alguien experto en medicina podía hacer nada? Al llegar al final de calle y girar hacia su izquierda, se encontró con otra calle, de unos 20 metros de largo y 5 de ancho, con casas doradas a ambos lados y, al final de la misma, una que destacaba por encima del resto. Al contrario que las otras, que colindaban unas con otras y tenían una anchura de 5 metros y dos plantas, la que se hallaba frente al músico estaba claramente más apartada del resto, de unos 10 metros de altura y que era el doble de ancha que el resto.- Me juego un póster de Triana que tiene que ser ese el sitió que me soltó el pavo de antes.- Murmuraba Garnet mientras proseguía su caminata hacia el destino que le había designado el doctor. Conforme más se acercaba, más atendía a los detalles del edificio, llamando la atención del músico, sobre todo, la enorme puerta de madera y los dos grandes pilares, ambos dorados, que se situaban frente al pelirrojo.- Esta “kelly” tiene que valer más que el botín de la mina de Toko. - Cuando Garnet se hallaba a tan solo 1 metro de la puerta, se quedó parado, viendo si había algún picaporte o algo parecido para abrirla.- Nanai del paraguay, sea lo que sea paraguay.- Tras un par de segundos pensativo, puso ambas manos sobre la misma, estando cada una en un portón y ejerciendo la máxima fuerza para ver si así era capaz de abrirla. Nada, ningún movimiento. Sin embargo, de repente, la puerta, por si sola, se empezó a abrir, girándose las puertas hacia dentro.- ¿Pero qué? - El pelirrojo comenzó a caminar hacia dentro, vislumbrando una sala, en su totalidad, hecha de oro, salvo un pequeño jardín y fuente que había justo en el centro. En las paredes situadas a la izquierda y derecha de Garnet, había otra puerta, en cada una, que llevaría a otras habitaciones. De allí se podían escuchar algunos gritos de lucha de vez en cuando, como si alguien estuviera peleando tras esas puertas. Por otro lado, varios pilares, como los que había a ambos lados del portón, ensartaban el casi vacío salón, haciendo que Garnet se planteara como era posible que alguien viviera en un sitio así de aburrido.- Mucho oro pero ni una cama tienen.- Entonces, un tosido, proveniente desde la espalda de Garnet, resonó en toda la sala.- ¿Pero qué cojones? - Rápidamente se giró 180 grados cuando, de sopetón, vio a una enorme figura, de más de 4 metros de altura, situado justo detrás de la parte derecha del portón por dónde había entrado, tirando de lo que, aparentemente, era un timbre tradicional, con su siniestra, mientras que en su diestra portaba una espada enfundada.- ¿Ha abierto la puerta este pavo o qué? - Aquella persona rezumaba elegancia miraras dónde miraras pero, antes de que Garnet pudiera fijarse en los detalles, el pelirrojo pudo apreciar ese larga melena de color blanca como la nieve, que contrastaba a la perfección con el moreno de su piel y el negro de sus majestuosas y grandes alas, que se situaban recogidas a sus espaldas.- ¿No me jodas? ¿Un lunarian? - El skypiean se llevaba a su frente su mano derecha, tembloroso, a la vez que sentía como sus piernas flaqueaban, hasta el punto de hincar su rodilla derecha en el suelo. Su respiración se agitaba junto a sus pupilas que se dilataban al mismo ritmo, mientras las promesas que juraron algún Nekah y Garnet resonaban en su cabeza que, por culpa del azar del destino, jamás llegaron a cumplirse. Mientras todo este percal se estaba dando, el lunarian observaba en la lejanía con cierta incredulidad y seriedad, hasta que decidió cerrar los ojos, quedándose así durante un par de segundos.- Hmm, ya entiendo, así que es eso.- Abría los ojos nuevamente, soltando, acto seguido, el timbre de la puerta que agarraba, cerrándose, lentamente entonces, tanto la mitad derecha como izquierda del portón que daba entrada al edificio. Posó su mirada en un consternado psicológicamente Garnet y se aproximó a él, a paso lento pero elegante. El músico, que miraba hacia el suelo, seguía luchando por mantener la compostura, intentando controlar su respiración y levantar su rodilla derecha para pararse sobre sus dos pies. Cuando notó que el enorme lunarian se acercaba a él, levantó su cara hacia él, con decisión pese a conocer las consecuencias, que se traducían en una mayor agonía y sufrimiento. A pesar de que la vista se le emborronaba por momentos, podía ver con mayor detalle las facciones de su cara como su vestimenta. Al igual que su nariz y barbilla, tenía unos ojos afilados, de color azul, que se escondían tras unas gafas redondas. Luego, tanto sus guantes, como sus ropajes de color verde y grandes botas negras le daba un aire de milicia que se coronaba con el estoque que aún llevaba en su mano derecha. Una vez que el lunarian había quedado a unos dos metros de distancia de Garnet, se paró en seco y, apoyando la punta de la vaina, de color burdeos, de su arma en el suelo, apoyó tanto su mano derecha como su izquierda en el extremo libre de su dorada empuñadura - orientada hacia el techo - como si fuera un bastón.- Dime, joven, ¿qué es lo que te trae a mi dojo? - Preguntaba el señor, levantando su diestra de la empuñadura, para llevársela a uno de sus bolsillos. El skypiean sentía como la cabeza le iba a estallar con toda la agitación psicológica que estaba viviendo, pero, desde que Yojimbo se enfrentó a Sohem en la final del torneo Zarutsuki, el músico se había prometido a sí mismo que iba superar, aunque fuera por las malas, ese trauma que le llevaba por la calle de la amargura. De esta forma, con pura determinación, siguió mirando a la cara al lunarian, partiéndose casi el cuello por la diferencia de altura.- Ve-verás, últimamente pienso que se me va la perola por completo...- Mientras comentaba su problema, el elegante lunarian, que había metido ya su mano derecha en su bolsillo, sacaba ahora un paquete de cigarrillos para, con un sutil movimiento de muñeca, abrir el paquete.- En dos o tres ocasiones he escuchado las voces de mis coleguis sin que me hablen…- Ahora, el lunarian se acercaba el paquete a su boca y, con su pulgar derecho, sacaba un cigarrillo hasta quedar cerca de sus labios.- Y yo que sé, me encontré a un médico, le pregunté, y me dijo que fuera a este sitio…- Con el cigarrillo ya en su boca, volvió a introducir el paquete en el bolsillo, pero sacando de él, esta vez, un mechero.- ¿Tú sabes que me pasa, tío? - Preguntó Garnet, mientras que el lunarian, con el mechero en mano, terminaba de encenderse el cigarrillo, guardando, seguidamente, el encendedor dónde el paquete de tabaco para, luego, agarrar, sutilmente, el cigarrillo con la misma mano y aspirar un poco de su aire lleno de nicotina. Un par de segundos después, expiró todo el humo que había inhalado hacia arriba, y se dejó el cigarro en la boca. Después, con la empuñadura de su estoque agarrada con su zurda, la levantó, con gran destreza, para propinarle un golpe, con el arma sin envainar, a Garnet en su cabeza, en un movimiento descendente. No sabía si era porque estaba bajo los efectos del trauma, o porque, de verdad, la fuerza y poder que tenía ese señor era enorme, pero aquel golpe hizo sentir como el pelirrojo perdía casi el conocimiento.- ¿Pero qué cojones? - Volvía a hincar rodilla el músico.- Primero de todo y por tu bien, no toleraré que me vuelvas a llamar “tío”, joven.- La mirada del lunarian se posaba con seriedad y molestia sobre el skypiean.- Mi nombre es Kaelith, dueño de este dojo.- Dijo de forma seca, con una pose completamente recta.- Segundo, parece que has despertado, de manera muy descontrolada, muy posiblemente, debido a un reciente shock, el haki, y más concretamente el Kenbunshoku Haki.- Dio otra calada a su cigarrillo.- Un poder que te permite poder sentir la presencia, emociones y niveles de poder de aquellos que te rodean a niveles básicos, y que te hace capaz de hasta predecir los movimientos de tus adversarios en niveles más avanzados.- Esta última información hizo al pirata abrir los ojos de golpe.- ¿Haki? ¿Sentir presencias? ¿Predecir movimientos?- Garnet se acababa de dar cuenta del tan útil poder que había despertado. El pelirrojo se puso en pie, tembloroso, y miró hacia el rostro que rozaba la neutralidad y molestia de Kaelith.- Y tercero, da la casualidad que, un servidor, es todo un maestro de todo lo que concierne el conocimiento básico del haki.- Dijo esto último apoyando la palma de su mano derecha en su pecho, en muestra de orgullo. Tras conocer que era lo que le estaba pasando realmente al pirata, Garnet sonrió con picardía pues, no estaba al borde de la locura sino que parecía haber despertado un poder que sonaba de lo más interesante.- Así que haki, ¿huh? - Reaccionó ante la explicación del experto. Ahora que sabía lo que le pasaba, no podía quedarse tan pancho e irse como si nada, no después de que el hombre comentara que era un maestro de ese tal haki. Necesitaba, sí o sí, ese misterioso con el fin de ayudarle en su travesía a proteger a sus seres queridos. Y qué narices, estaba harto de escuchar las voces de sus coleguis sin ningún tipo de control. Por todo esto, el pelirrojo se tragó su orgullo y se propuso algo que, para el músico hasta hace poco, era algo impensable: recibir clases, fuera de la índole que fuera.- Por favor… tí- ¡digo!, Ma… Maestro…- El skypiean, con una clara expresión de incomodidad y frustración, empezó a inclinarse hacia delante, lentamente, a modo de reverencia.- Enséñame a controlar y usar eso del haki…- Algunas gotas de sudor descendían por el rostro del skypiean, fruto de la estrés, y con la expectativa de que el maestro lo aceptara bajo su tutela. - Tch… - Seguía esperando sin cambiar la postura de su cuerpo, con impaciencia, durante algunos segundos, hasta que, otra calada del lunarian, hizo que el pelirrojo levantara la cabeza.- Lo cierto, joven.- Exhalaba esta vez su humo directamente en la cara de Garnet.- Es que no me gusta tu falta de modales ni tu forma tan poco elegante de vestir, gritas “anarquía” mire por donde te mire, algo completamente opuesto a la disciplina que busco en un pupilo.- Se dio media vuelta entonces y dio un par de pasos hacia delante, mientras el pelirrojo le miraba con cierto resentimiento, rechinando sus dientes, viendo venir que iba a rechazar ser su maestro.- ¿En serio?…- Pensaba Garnet al mismo tiempo que se volvía a enderezar, con la intención de cantarle las cuarenta, pero Kaelith se detuvo en seco.- Sin embargo, veo en ti que has recorrido un largo camino lleno de tristeza, desesperación y sufrimiento, a la vez que en tu interior arde una fuerte determinación y voluntad por hacerte más fuerte, lo cuál, me parece bastante elegante por tu parte, sí. - El maestro del haki giró, ligeramente, su cuello hacia el lado, lo suficiente como para que pudiera mirar al pirata de reojo.- Sólo por eso, aceptaré enseñarte lo básico del Kenbunshoku Haki, cadete.- Kaelith se volteó por completo, volviendo a encarar a Garnet.- Eso sí, desobedece una de mis órdenes...- Agarró con ambas manos el extremo de la empuñadura y dio un golpetazo seco en el suelo, como si su estoque se tratara de un bastón.- Y olvídate de estar bajo mi tutela.- Explicaba, sin pelos en la lengua, el lunarian, impasible y con absoluta seriedad. Las palabras de Kaelith pararon por completo al músico de cometer una locura. Había dado muchas vueltas y rodeos, e incluso había mostrado como no le agradaba su look, pero al final lo importante era que había accedido a enseñarle las nociones básicas de ese haki. El pelirrojo, aún tembloroso, molestias y dolores por estar frente a un lunarian, intentó esbozar una pícara sonrisa.- Puejeje, de puta madre, ¿es o no es? - Celebraba Garnet, que el maestro del haki aceptara entrenarle.- ¿Cuándo empieza esto, ma… Maestro pueje? - Preguntaba a la par que apretaba su puño derecho con fuerza y se lo miraba con intensidad. Finalmente iba a poder conseguir otra manera de poder hacerse más fuerte y no dejar que nada ni nadie se pusiera en el camino de él y sus amigos.- Ahora mismo podemos empezar.- Respondió de manera tajante y directa Kaelith. El músico y, actualmente aprendiz del haki, se puso algo más contento al saber que empezaría ya su entrenamiento, hasta tal punto que, con su diestra agarró su camiseta y, con su siniestra, su pantalón, arrancándose de cuajo las dos prendas y quedándose, tan solo, en un tanga de tigre.- ¡Pues estoy listo, maes… Maestro! - Exclamó, casi desnudo y con entusiasmo, mientras el hombre miraba atónito al estado actual del pelirrojo. El dueño del dojo cerró los ojos, suspiró y negó rápidamente.- En fin ya me estoy arrepintiendo de esto…-Dio una calada a su cigarrillo, que ya le faltaba poco para consumirse por completo.- Qué falta de elegancia…- Abrió los ojos nuevamente y, agarrando el mango de su espada, nuevamente, le dio con la funda de su arma en la cabeza de Garnet con un veloz e imperceptible movimiento descendente.- Vuélvete a poner la ropa de nuevo, o estás fuera. Cuando vuelvas a estar vestido, SÍ que estarás listo.- El skypiean se llevó sus manos, acto seguido, a su cabeza y flexionó sus rodillas, haciéndose casi una bola.- J-joder como duelen sus golpes…- Le dolían tanto hasta el punto de que casi se le saltaba una lágrima. Por un momento le miró con resignación, hasta que recordó como Kaelith había dejado claro que no toleraría insubordinaciones.- Relaja la raja Garnet… Sin él no vas a ser capaz de dominar este mambo del haki, ¿es o no es? - Antes de volver a extender sus rodillas, aprovechó que estaba en cuclillas para coger, lo que quedaba de su ropa en el suelo, y se la volvió a poner como pudo, quedando su top en casi una chaleco de tela y sus pantalones en unos rasgados por todas partes.- Ahora sí que estoy, m-maestro, ¿es o no es?- Kaelith le miraba, de arriba a abajo, y de abajo a arriba. Emitió un suspiro.- Al menos no vas semidesnudo.- Miró fijamente al pirata, intentando evitar por completo fijarse, demasiado, en el estropicio que llevaba como ropa.- Tu primer entrenamiento será…- Se giró, con la mano izquierda a su espalda, y su derecha aún sosteniendo su arma, a modo de bastón, hacia el jardín con la pequeña fuente.- Meditar… Aquí.- Dijo con completa serenidad, a lo que, Garnet, arqueó su ceja izquierda.- ¿Huh? ¿Meditar? - Se miró el puño derecho, a continuación el izquierdo, y por último al maestro.- Tch pero cómo voy a meditar si no paro quieto, ¿estás seguro de que funcionará, ma…Maestro? - Preguntaba algo rayado el músico.- Para usar correctamente el Kenbunshoku Haki es necesario estar completamente sereno y en calma, tanto con el entorno como con nosotros mismos.- Con los ojos cerrados, señalaba con el índice de su mano izquierda el pecho de Garnet.- Por eso mismo, deberás aprender a canalizar tu paz interior, si es que quieres aprender a controlar de verdad el Kenbunshoku Haki, claro.- El señor se dio media vuelta y comenzó a caminar.- Tienes mucho, mejor dicho, demasiado, que resolver contigo mismo… Así que de ti depende lo que dure el entrenamiento… Horas, días, semanas, meses, años… - Se paró tras haberse quedado a 4 metros de distancia del pelirrojo, dándole la espalda y acabándose el cigarrillo con una última calada.- ¿¡AÑOS!? - Se exaltaba Garnet ante la posible duración de su entrenamiento. No podía quedarse tanto tiempo allí, no se lo podía permitir al menos. Tarde o temprano, el resto de los Shogun Gari querrían volver a emprender su viaje… Y Garnet necesitaba estar preparado para ese entonces, se trataba de una carrera contrarreloj.- Todo depende de tu desempeño, cadete. Si lo das todo, que más te vale hacerlo, es bastante probable que en menos de un día tengas la base del Kenbunshoku Haki dominada.- Se dio la vuelta, encarando nuevamente al skypiean.- ¿Entrenamos, pues? - Extendía el maestro, con gentileza, su palma izquierda, señalando con ella a la fuente.- Tch, no me queda otra, ¿es o no es? - Aceptó el desafío que le había puesto su maestro, sentarse en el jardín que rodeaba la fuente, y quedarse quieto, callado y con la mente en blanco.- A ver que tal se da.- El músico de los Shogun Gari se sentó en el césped junto a la fuente, dándole la espalda a ésta. Estaba en una postura zen, entrecruzando sus piernas y apoyando sus brazos sobre las rodillas, que miraban hacia afuera. Garnet podía sentir como la hierba se colaba entre las recientes rajas de su pantalón, clavándose en sus perfectamente contorneados glúteos al igual que en sus pies. Era algo incómodo, aunque el sonido del agua emanando de la fuente le brindaba una calma que el suelo no le llegaba a facilitar del todo, haciendo que la meditación fuera algo más sobrellevadera. Sin embargo, más que el sonido del agua descender, o el césped clavándose como cuchillos en la piel de Garnet, lo que verdaderamente le iba a hacer imposible estar “zen” iba a ser él mismo. Para él, ahora mismo, estar en blanco y encontrar la paz interior, era imposible. Quedarse consigo mismo a solas, en sus pensamientos, era quedarse con un monstruo que quería engullirlo, su debilidad, y que ansiaba, de forma enfermiza, ser más fuerte. Era el mismo monstruo que le había llevado a soltarle las barbaridades que le soltó a Sasha en las gradas y que no paraba de susurrarle al propio Garnet lo débil que era. En esta ocasión, podía escuchar esa voz también, de forma reiterada. Ahora, más que dejar la mente en blanco, era como si se hubiera vuelto negra como el tizón.- Vete de mi chota… Déjame en paz… Vete de mi chota…- Intentaba tranquilizarse Garnet que, visto desde fuera, por un sereno Kaelith, tan sólo podía ver al skypiean con los ojos cerrados, en posición zen y temblando. El músico iba a dar la toalla y abrir los ojos cuando, una voz, resonó en su cabeza, llamándole por su nombre.- Garnet… Garnet… ¡Garnet! - Era la misma voz que le llamaba en sueños, justo antes de despertar cada noche.- ¿A-Aurora? - Seguía sin tener ni idea de quién era esa última voz pero, gracias a ella, pudo eclipsar por completo a la primera.- No es momento para estas gilipolleces ni vacilar, tienes que hacerlo por tu peña, Garnet, ¿¡es o no es!? - Inspiró profundamente Garnet y expiró todo el aire, lentamente, mientras todos sus pensamientos se disipaban.- Gracias, Aurora .- Sus deseos, sueños, miedos y preocupaciones ya no existían. No existía el mundo que lo rodeaba. La fuente había dejado de sonar, el césped ya no le molestaba el culo, y su maestro tampoco se encontraba allí. Ni siquiera él mismo existía en ese mismo instante. Ahora mismo, tan solo estaba la nada, y a la vez, todo. Los segundos se sucedían, y con los segundos los minutos, hasta que una hora transcurrió desde que empezó la meditación. Garnet se había pasado todo ese tiempo con los ojos cerrados, respirando profunda y lentamente, mientras que el experto en las nociones básicas del haki le observaba con los ojos cerrados.- Nada mal… No siento ninguna perturbación en su aura y ningún conflicto en su interior… - Juzgaba, en voz baja, el comportamiento de Garnet usando el Kenbunshoku Haki para leer el interior del músico. El maestro abrió los ojos y se acercó al pelirrojo, quedándose a dos metros de él, momento en el que tosió con fuerza, varias veces, aunque estaba tan ensimismado en la meditación que no se percató de la llamada de atención por parte de su sensei. El maestro, suspiró para, seguidamente, atizarle en lo más alto de su cabeza - entre sus dos antenas - con su espada envainada por tercera vez en el día. Inmediatamente tras recibir el golpe, Garnet abrió los ojos de golpe y se llevó ambas manos al lugar donde había recibido la hostia.- ¡EHHHHHH! Agh agh, ¿a qué coño ha venido eso? ¿Huh? - Se levantó de golpe, lleno de rabia y con el ceño fruncido, actitud que se desvaneció por completo al tener ante él, de nuevo al lunarian, y con ello, volviendo todos los flashes y dolencias mentales, haciendo que su respiración se volviera pesada y se llevara su mano izquierda al pecho. - La meditación ha acabado, cadete, y más te vale cuidar tu lenguaje y actitud.- Dijo Kaelith, sereno. Al ver que había logrado superar el desafío de quedarse quieto, callado y con la mente en blanco, Garnet se separó de su maestro y alzó lentamente, casi sin fuerzas, su puño izquierdo hacia arriba.- ¡E-esa es! - Chocó sus dos puños, entonces, con poca fuerza y con una sonrisa algo incómoda dibujando su cara.- Entonces, he dominado ya la base del haki este, ¿o qué maes… Maestro? - Preguntaba, iluso, el skypiean, causando que el lunarian arqueara su ceja.- ¿Dominar? Esto no ha hecho nada más que empezar, cadete.- Respondía al skypiean a la par que se llevaba otra cigarrillo a la boca y se lo volvía a encender. Para desgracia de Garnet, lo que acababa de hacer no era sino el primer paso para lograr dominar la base del Kenbunshoku Haki.- Me cago en todo… Tch yo que pensaba que había avanzado en la aprender a usar el haki este, ¿es o no es? - Se lamentaba el músico, al pensar que no se había podido “rushear” el entrenamiento.- No desesperes, cadete, sí que has hecho avances, más de los que crees incluso.- El maestro Kaelith volvió a situar sus manos sobre su espada y cerró los ojos.- ¿Que el menda ha hecho un avance? - Se cuestionaba el skypiean.- Así es, cierra los ojos e intenta ver más allá de mí, y dime que es lo que ves o sientes.- Ordenaba el dueño del dojo a Garnet para que pudiera comprobar, de primera mano, su progreso.- ¿Así? - Cerraba los ojos el músico, a la par que controlaba su respiración, como cuando estaba meditando hasta hace un momento. Todo estaba oscuro, a primera instancia, pero conforme más respiraba y más se concentraba, una llama de color gris, como el metal o el acero, aparecía frente a él, hasta que, paulatinamente, iba tomando forma humanoide.- ¿¡Qué cojones!? ¿¡Esto es…!? - Garnet era capaz de sentir el aura de su maestro. Y qué aura, tenía una presencia increíble. Pero la cosa no se quedaba allí, pues, canalizando su concentración en ella, sentía una firmeza tal que como si se estampara de bruces contra un muro de acero ¿estaría leyendo acaso su aura? Tras presenciar todo aquello, abrió los ojos de sopetón.- ¿Pero qué acabo de oler? - Se acercaba indeciso hacia su sensei, con su mano izquierda sobre su ojo del mismo lado.- Diría que he visto y escuchado el rugido de tu alma, m-maestro…- Intentaba ordenar sus pensamientos sobre que era lo que había vivido hacía escasos segundos.- En tu caso inspiraba rigidez, firmeza, como mano dura ¿es o no es? - El maestro le miraba fijamente, sin reacción aparente.- En efecto, has sido capaz de ver más allá de mí, sí, pero, ¿es eso suficiente, cadete? - Preguntaba al skypiean, girando, seguidamente, hacia izquierda y derecha, mirando durante un par de segundos las puertas que había en ambos extremos de la sala, para dirigir, a continuación, su vista hacia el pirata.- En cada una de esas dos habitaciones contiguas a este salón, hay otros maestros que enseñan artes marciales a los pequeños pilebs de Shandora… - El maestro fumó de su cigarrillo, cerró los ojos y se cruzó de brazos, dejando su espada apoyada en el suelo y reposando en su pierna derecha.- Quiero que me digas, sin entrar a ninguna de las dos habitaciones, cuántos seres vivos eres capaz de sentir en ambas habitaciones… - Abrió los párpados y situó sus manos, como era habitual ya, sobre la empuñadura de su espada.- ¿Te ves capaz? - Garnet observaba al maestro dudoso, ¿cómo iba a ser capaz de vislumbrar cuánta peña había en dos habitaciones a las que no podía echar un ojo? Sonaba imposible, pero no era momento de titubear, no. El músico se dio dos palmadas en sus mejillas, a modo de espabilo.- El menda se ve capaz, ¿es o no es? - El pelirrojo volvió a inspirar y expirar profundamente, y a bajar sus párpados lentamente, hasta que todo se volvió negro. Su concentración iba en aumento, hasta el punto que conseguía sentir el alma de su maestro. Pero ahora no valía con eso, debía superar sus límites, debía sentir todas las presencias que había en las habitaciones contiguas. Garnet fruncía el ceño, intentando expandir el alcance de su, aún prematuro y sin desarrollar, Kenbunshoku Haki. Entonces, al igual que con Kaelith, a su alrededor, empezaron a aparecer varios destellos de aura de distintos colores que iban tomando forma humanoide poco a poco.- Espera, ¿lo estoy consiguiendo? Y una polla como una olla, ¿es esto real? - Sin embargo, abruptamente, las auras, que si bien eran fácilmente distinguibles unas de otras hasta hace décimas de segundo, acabaron formando una única masa de auras, en cada una de las dos salas, haciéndole imposible a Garnet vaticinar el número de almas que había en total.- Mierda, ¡joder! Estaba tan cerca… - Se lamentaba el músico, que volvía a abrir los ojos con una mueca y el ceño fruncido.- No has podido distinguir las presencias de los seres vivos detrás de cada puerta, ¿me equivoco? - Comentó, impasible, el maestro del haki, que exhalaba con elegancia el humo de su cigarro. Garnet chasqueó la lengua y le apartó la mirada.- Has dado de lleno.- Apretaba fuertemente sus puños. Estaba claro que aprender a dominar todo esto del haki no iba a ser tarea fácil. Pero no se iba a rendir así como así de modo que, se volvió a sentar en el césped, cerró sus ojos y dejó su mente en blanco para meditar y así aprender a controlar mejor el haki de observación. Pasaron varias horas, hasta el punto que el sol se situaba casi en el cénit de la bóveda celestial. Para desgracia del músico, no había conseguido hacer ningún avance. Gastaba alrededor de una hora en meditar para luego comprobar si era capaz de distinguir las distintas presencias que se hallaban en las habitaciones contiguas, pero el resultado era siempre el mismo y, con ello, volvía a meditar, repitiendo este ciclo hasta que serían, aproximadamente, las dos de la tarde. El pelirrojo ya se empezaba a hartar de no conseguir ningún resultado y sentirse que estaba dando círculos sin sentido. Kaelith, que de vez en cuando iba y venía para comprobar el estado de su temporal aprendiz, pudo notar, usando su Kenbunshoku Haki, la angustia de Garnet.- No te apresures, cadete, la impaciencia no es nada elegante y te puede desviar del camino.- El lunarian se llevó su mano derecha a su nuevo cigarrillo.- Te ordeno que te retires de momento a tus aposentos, por ahora, y vuelvas en unas tres o cuatro horas.- Cerró sus dos ojos.- El descanso, y comer bien, entra también en la base de un entrenamiento y meditar, créeme, que mentalmente desgasta bastante.- Aconsejaba su maestro. Garnet, se llevó su siniestra a su frente. Ciertamente ya se notaba algo cansado después de estar toda la mañana sentado y meditando, quién lo diría.- Tch, está bien, está bien… Me doy el piro y vuelvo en un rato, ¿es o no es? - Dijo a la par que se levantaba del césped y se encaminaba hacia la puerta que daba a la calle.- Nos olemos en unas horas, maestr-maestro.- Levantó su mano izquierda en señal de despedida y, después de que Kaelith le abriera la puerta y se fue. Al salir pudo ver que ya había el sol azotaba con intensidad pese a ser invierno. Los rayos solares se reflejaban continuamente en el dorado de la ciudad legendaria, formando casi una especie de horno allí por dónde pasaba. No obstante, el pelirrojo tenía una buena resistencia al calor y a las altas temperaturas así que, para él, eso no era un problema. Aprovechó también para, ahora sí, quitarse sus prendas, rotas, e ir en tanga hasta la residencia.- Y de paso me cambio de ropa para ir de nuevo allí.- Cuando llegó a la residencia dónde se hospedaban los Shogun Gari -incluyendo a Chewbacca- tenía la cabeza hecha un completo bombo. Entre la meditación, los continuos episodios traumáticos y el forzarse a mantener la compostura lo había llevado a sobre excederse de más. Pero realmente eso no importaba ahora. Tomó algo contundente para comer junto a sus amigos, intercambiando lo que habían hecho durante la mañana y, seguidamente, se fue directo a la habitación con el fin de descansar hasta que pudiera volver a ir al dojo. Se quedó un buen rato tumbado boca arriba y mirando al techo, pensativo. No le había dado demasiadas vueltas pero, con ese haki, había sido capaz de ver cómo se sentía o que le transmitía el alma de su maestro. Además, parecía que, por como estaba formulado el siguiente desafío, también le permitiría sentir la presencia de personas, amigables o enemigas, en un radio determinado de acción, lo cuál le podía resultar completamente útil para evitar posibles emboscadas como las que sufrieron los Shogun Gari en Isla Toko o en los Cabos Gemelos. Solo de pensar en eso, las ganas por hacerse con lo básico del Kenbunshoku Haki volvieron de golpe, haciendo que no pudiera quedarse sin hacer nada.- Lo siento tío, pero el menda necesita entrenar un poco más hasta la hora de volver, ¿es o no es?- Con eso en mente, se sentó encima del colchón de su cama y, al igual que hizo en el dojo, meditó. Se centró esta vez, con el objetivo de intentar detectar la presencia de todos los que vivían en el piso. Fue dejando la mente cada vez más en blanco, intentando alcanzar la misma paz que horas antes hasta que, desde distintos puntos, surgieron 5 pequeñas llamas de distintos colores que estarían a menos de 8 metros de distancia de él. A continuación, del mismo modo, las llamas adoptaban paulatinamente una forma humanoide, pero muy poco definida, de forma que no era posible diferenciar quién pertenecía a quién. Garnet sentía que iba a echar humo, era cierto que al menos no se habían aglomerado todas las auras en una masa y le era posible contar cuántas personas distintas había en la vivienda, pero sentía que no sería suficiente.- ¿Espera? ¿Cinco auras? Tobi… Sasha… Kuraku… Panda.- Abrió los ojos, interrumpiendo su meditación.- ¿Quién coño es el quinto? - Miró entonces por la ventana de su habitación, cayendo en que debía de tratarse del Custodio que velaba por ellos. Con esto aclarado, siguió con su estado “zen” hasta que, por puro agotamiento mental, cayó rendido, 10 minutos después. Más de tres horas después, tras haberse echado tremenda siesta, el músico de los Shogun Gari se despertó con calma, aunque con un terrible mareo. Se sentó primero sobre el colchón y, seguidamente, se puso en cuatro patas encima de la cama y se estiró como si de un gato se tratara al mismo tiempo que soltaba un interminable bostezo.- Buenos días, ¿qué hora será? - Soltó al aire, con la intención de que nadie le escuchara. Dio un brinco de la cama, entonces, y siguió enderezándose y estirando cada parte de su cuerpo mientras seguía bostezando, hasta espabilarse del todo.- Ahora tengo que darme un voltio hasta el dojo para seguir con el haki este…- Acordándose de lo estricto que era Kaelith, y su amenaza de dejar de entrenarle por faltarle el respeto, antes de salir de la habitación, procuró buscar algo de ropa para ponerse. En esta ocasión, escogió una camiseta de mallas de manga larga junto a unos vaqueros prietos. Era el atuendo perfecto para seguir entrenando. Vestido de nuevo, salió de la residencia, trotando y sin despedirse de sus amigos, a seguir con su entrenamiento intensivo. Tras un agradable paseo preparándose mentalmente para lo que se venía - que se traducía en estar a merced de sus demonios cada vez que mirara hacia su maestro - llegó al gran portón dorado que daba acceso al dojo de Kaelith. Iba a posar sus manos en ambos lados de la puerta pero, justo antes de que lo hiciera, las mismas comenzaron a abrirse lentamente.- ¿Huh? - Se quedó confuso Garnet, durante tres segundos, al ver que no le había hecho falta ni llamar para que le abrieran. Al no entender nada, sin embargo, se encogió de hombros y entró al salón principal.- Te estaba esperando, cadete.- Dijo Kaelith, quién, otra vez, estaba escondido a la vista de Garnet, situado detrás del portón del lado derecho y tirando de él. No sabía ni porqué le sorprendía, si estaba claro que debía ser cosa suya. Al posar su mirada en él, ahí estaban de nuevo, todos esos flashes, voces y amargos recuerdos manchados de sangre.- A-aguanta, Garnet, se fuerte, supera esto ¡joder! - Apretaba con fuerza sus dos puños y su mandíbula. Al mismo tiempo, el maestro del haki soltaba otra vez la puerta y se dirigía hacia el músico, ya con un cigarrillo humeante puesto entre sus labios, ¿cuántos llevaría ya fumados en ese día solo? Garnet, entonces, ladeó su cabeza hacia la derecha y arqueó su ceja.- Una cosa ma…maestro, ¿cómo has abierto la puerta? Si, no la he tocado ni nada, ¿cómo sabías que estaba ya plantado ahí?- Se rascaba la frente el músico con su diestra ante la duda que le había surgido.- ¿Acaso no es evidente, cadete? - Exhalaba algo de humo por su boca.- He usado el Kenbunshoku Haki para sentir tu presencia justo cuando llegaras frente a la puerta.- Miró hacia atrás, más en concreto hacia la puerta.- Lo cierto es que tienes una presencia un tanto…- Volvió posar su mirada en Garnet.- Ruidosa.- Dio una calada a su cigarrillo.- Aaaaaah, entiendo…- Se quedó pensativo durante un segundo.- Entonces, ¿cuánto llevas apalancado en la puerta? - Preguntó con honestidad el músico, a lo que Kaelith se dio la media vuelta, dándole la espalda a Garnet.- Desde que se cumplieron las tres horas desde que te fuiste a tu casa.- Apoyó sus dos manos sobre su el mango de su espada y dio un toque en el suelo.- Te dije que volvieras a partir de esa hora, y como tu bien disciplinado maestro, debía aguardar tu llegada.- Se giró otros 180 grados, quedando frente a frente con el pirata.- Ahora, ¿qué tal si vuelves al entrenamiento? - Señaló con la cabeza a la puerta que estaba situada en el ala este de la sala.- Estos pequeños benjamines querrán en algún momento irse a casa, ¿no crees? - Le sugirió a Garnet, el cuál, alzó su puño de forma paulatina y tremorosa.- Esperaba a que me lo dijeras, maestro.- Le dijo, habiéndose ya acostumbrado a llamarle como “maestro”, conforme se iba acercando al pie de la fuente para seguir con su meditación. Justo en la vivienda temporal, había conseguido identificar a todos los residentes del hogar, e incluso al custodio que se situaba justamente fuera. Es verdad que eran menos personas, tenían más presencia y estaban más dispersas que en este caso, pero sentía que ya mismo lo tenía, sólo necesitaba un último empujón. Una vez junto a la fuente, el músico se sentó y adoptó la postura “zen” que había realizado con anterioridad, mientras que Kaelith analizaba, utilizando su haki de observación, su nivel de concentración, a través de la lectura de sus emociones. El lunarian podía ver como, en lo más fondo del corazón del skypiean, aún existía una lucha interna, que, sorprendemente, el pelirrojo había conseguido darle tregua, al menos, mientras su entrenamiento siguiera en pie. Viendo que no tendría ningún problema su pupilo, Kaelith se marchó a una de las habitaciones contiguas -la del ala este -para que Garnet siguiera meditando hasta dominar las bases del Kenbunshoku Haki. El tiempo siguió transcurriendo con normalidad, hasta que pasó una hora, aunque en el interior del músico la noción del tiempo se perdía. Los segundos se hacían eternos en un entorno en el que Garnet, intentaba canalizar toda su concentración para identificar los seres vivos que frecuentaban, actualmente, las habitaciones contiguas al salón en el que estaba. Pero eran demasiadas personas actualmente, además que se hacía un completo lío al tener que identificar las auras que tenía tanto a su izquierda, como a su derecha. Era como si le bailaran las presencias de un lado a otro.- Si tan solo pudiera concentrarme en una de ellas… - Pero eso era algo complicado también y es que, al usar dicho “proto haki”, el pelirrojo podía sentir, lo que lo rodeaba, en una esfera, con el músico como centro, que abarcaba todo el dojo.- Un momento, loco, eso es, ¿o no es? - Parecía que Garnet había dado con la clave así que, de golpe, abrió los ojos y se levantó de su zona de meditación.- ¿Has hallado una respuesta, cadete? - Le preguntaba Kaelith, que justo acababa de salir de una de las habitaciones, con su espada agarrada con su mano derecha, usándola de bastón.- He estado leyéndote todo este tiempo, y esta vez te he escuchado más decidido.- Se paró en seco, a tres metros de Garnet, apoyando parte de su peso en su espada-bastón. El músico, que se fijó en el lunarian, volvió a sentir los habituales síntomas y escalofríos por su trauma, entrecerrando su ojo derecho y llegando a flexionar sus rodillas y apoyar sus manos en las mismas.- Creo que lo tengo, maestro.- Cogió aire profundamente, y comenzó a caminar hacia una de las puertas, concretamente la del ala este, que es de dónde venía Kaelith.- Mi problema es que aún estoy muy verde con todo esto del haki.- Siguió andando, hasta que se quedó a menos de un metro de la frontera con la otra habitación. Ahora que se acercaba, podía escuchar con mayor claridad las voces y gritos de todos los jóvenes que estaban entrenando al otro lado.- Y si tengo que contar cuánta gente hay en un lado y cuánta en otro, me acabo volviendo majara, ¿es o no es? - Entonces, tocó con la palma abierta de su mano derecha, la puerta a la habitación, sin la intención de abrirla.- Pero, si me acerco a una de las habitaciones, el menda puede cubrir con su haki a tan solo una de las habitaciones, pudiendo enfocarme en esa sola, ¿es o no es? - Tras la explicación, cerró los ojos y se concentró para hacer uso del Kenbushoku Haki, con el alcance suficiente como para cubrir toda la habitación. Las auras aparecían una a otra, un total de 16 que, ahora, le resultaba mucho más fácil de distinguir. De esas 16, por la presencia y magnitud del aura, pudo sentir como, 13 de ellos, debían ser los alumnos y, los otros dos los maestros. La otra que faltaba, y por como de enorme sentía su haki en comparación, debía de tratarse de Kaelith, que se vería envuelto en la esfera ficticia.- Guay del paraguay - Abrió los ojos y se separó de la puerta, dando media vuelta y recorriendo todo el salón hasta llegar a la habitación del ala oeste, al mismo tiempo que su Kaelith le observaba en silencio, expectante de cuál sería el resultado. Cuando se hallaba a medio metro de la otra puerta, Garnet volvió a actuar de la misma manera. Cerró los ojos, posó su diestra sobre la puerta y usó el Kenbunshoku Haki para cubrir, solamente, dicha habitación. Las distintas auras de esa habitación iban apareciendo, haciendo un total de 17 distintas. Del mismo modo, pudo notar que, esta vez, 14 eran las personas que debían ser alumnas y las tres restantes los profesores o instructores.- Puejeje así está chup…- Justo antes de que sus pensamientos finalizaran, notó algo extraño.- Mentira cochina, no son 17 auras… - Garnet se concentró aún más, al notar que, justo lo que debía ser al borde de la habitación, había un aura aún más pequeña que la de los alumnos.- Puejeje, ya veo… - El músico abrió los ojos y se separó de la puerta para darse la media vuelta y volver hacia Kaelith. Se paró frente a él, quedando a 3 metros de distancia.- Ya lo tiene el menda, maestro.- Le dijo con decisión y seriedad. El lunarian, ante el saber si su pupilo habría superado o no la prueba, se sacó uno de sus interminables cigarrillos y se lo encendió con su mechero.- Sorpréndeme, cadete.- Garnet cerró los ojos y respiró profundamente, recordando que era lo que había sentido frente a cada puerta. Un segundo después, los volvió a abrir y extendió su índice derecho, primero hacia la salita del ala este, dirigiendo su vista también hacía ahí.- En esa habitación hay 15 pibes.- Se llevó sus pupilas hacia arriba, accediendo a la información que había recabado hace un momento.- 13 de esas 15 son niños y las otras dos adultos.- Volvió a situar su mirada hacia el frente y dio media vuelta, hasta encarar la habitación del ala oeste, señalando la puerta de la misma con el mismo dedo que antes.- Allí hay 17 pibes, siendo 14 niños y 3 adultos…- Se quedó en silencio, durante 3 segundos.- Pero, el menda ha sentido algo más, y si no se me va el cholo.- Miró hacia el lunarian con dificultad.- Dijiste que bicheara a todos los seres vivos de las habitaciones, ¿es o no es? - Le dijo Garnet, observando como, Kaelith, se mantenía con su imperturbable seriedad. Seguidamente, volvió a señalar hacia dicha salita- Pues tiene que haber un animal pequeño o algo con muy poco poder porque el menda se ha coscado de una aura especialmente pequeña.- Dictaminó el skypiean con determinación. El dueño del dojo, tras escuchar los resultados del pelirrojo, se desplazó, en silencio, hasta darle la espalda a Garnet y quedar frente al portón principal, a 4 metros de él.- ¿Es ese tu veredicto, cadete? - Exhaló algo de humo por su boca tras pronunciar aquellas palabras.- ¡Sí es! - Exclamó decidido el skypiean a lo que, Kaelith, guardó primero su estoque enfundado en su cinturón y, seguidamente, dio un par de aplausos que sonaron a través de todo el dojo.- Así sea, comprobémoslo.- Las puertas de ambas salas se abrieron casi al unísono, comenzando a salir de ella tanto niños como adultos skypiean. Se apilaron de forma organizada de forma que, los que provenían del ala este, se quedaban a la derecha de la fuente -si se mirara desde el portón principal- y lo del oeste a su izquierda. Garnet iba observándolos con detenimiento, a la par que incluso iba haciendo cuentas, para ver si había dado en el clavo. Cuando todos los alumnos e instructores llegaron a su respectivo sitio, se colocaron en dos filas, donde en una iban los niños y en otra los adultos, colocados detrás de los infantes. El pelirrojo, al mirar hacia la derecha de la fuente vio como, efectivamente, había un total de 13 niños y 2 profesores. Al verlo, sonrió y cerró su puño.- Eso es, ¿qué hay del otro? - Miró hacia el otro lado de la fuente, observando a 14 niños, 3 adultos y, justo al pie de uno de los niños, había una especie de mamífero muy chiquito, similar a un zorrito de color blanquecino, de ojos rasgados y morro muy alargado, como si fuera un oso hormiguero. Había dado de lleno con el análisis.-¡Vamos joder! ¡Soy el puto amo! ¿Es o no es? - Celebraba, arrancándose la ropa de cuajo -quedándose en un tanga rojo- y, seguidamente, alzando ambos brazos hacia arriba, en un arrebato de momentánea euforia al haber superado el reto. De fondo, pudo escuchar una serie de sonoros aplausos que, al darse la vuelta, vio que se trataba de su maestro.- Enhorabuena, cadete, con esto, has logrado dominar con éxito la base del Kenbunshoku Haki... Te quedaría perfeccionar algún detalle por tu cuenta, pero por lo demás lo has conseguido.- Exhaló más humo de su boca.- Ya no me queda nada más por enseñarte.- Se aproximó lentamente hacia Garnet y, cuando estuvo a dos metros de él, se llevó su mano diestra a la empuñadura de su arma.- Y ahora largo de aquí antes de que me arrepienta de haber sido tu maestro.- Dijo a modo de amenaza, con el ceño ligeramente fruncido por primera vez, ante la evidente desnudez de Garnet. Al ver la actitud de Kaelith, el pelirrojo tomó la opción de salir corriendo por patas, abriendo primero el portón y saliendo pitando tan rápido como pudo de allí.- Perdona por todo maes- ¡digo tronco! ¡Y GRACIAS POR TODO! - Exclamaba y gritaba dejando una estela de humo tras de sí, quedando tanto Kaelith como el resto del dojo mirando la escena, perplejos.- En fin… - Dijo serio y apartando la mano de arma, a lo que dio otros dos aplausos, indicando a los demás miembros del dojo que continuaran con sus tareas.- Te deseo lo mejor en tu camino para hallar la verdadera paz interior, cadete.- Anhelaba Kaelith a un Garnet que se encontraba contento de haber adquirido un poder tan útil como el Kenbunshoku Haki. Sin embargo, ¿era eso suficiente para aplacar la oscuridad y el ansia de ganar más y más fuerza del pelirrojo que se ocultaba en lo más profundo del pelirrojo? Solo el futuro lo diría.
KARMAS
ACLARACION
RE: [FIC - Entrenamiento] - Kaelith el impasible - PX-5 - 07-06-2024 ENTRENAMIENTO: COMPLETADO
Puedes entrenar el primer nivel de Kenbunshoku (Añadido en la pestaña: Entrenar técnicas)
Kenbunshoku Haki (Base)Kenbunshoku Haki
Especial
2 huecos
Información
Permite proyectar tu Kenbunshoku para detectar el aura o presencia de cualquier ser vivo a tu alrededor. También te permite identificar de manera vaga cómo de poderosos o sus intenciones más superficiales.
Código: kenbunshoku001
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