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[Pasado] [Fic] - Una bendición de la naturaleza - Versión para impresión

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[Pasado] [Fic] - Una bendición de la naturaleza - Gideon De Villiers - 15-06-2024

Drum - Día 43 de Invierno, Año 12 - 11:30

Los Piratebusters llevaban algunos días en la isla de Drum y ya habían podido solucionar el problema con el frío de Suna. Pese a soportar bien las temperaturas frías, Gideon había optado por comprarse ropa de abrigo también. Así que aquella mañana helada, se había vestido con unos pantalones y una camisa largos acompañados de su abrigo burdeos nuevo. Se había dejado el pelo suelto, llevando siempre su pequeña pinza negra en el flequillo y había decidido dejar descansar a Omi en la posada. Aquel día quería aprovechar para darse un paseo por la isla él sólo, perderse entre aquellas calles rodeadas de cerezos y observar a su gente.
Salió de la posada, fumando un cigarrillo que quemaba un poco su garganta algo irritada. Se dejó llevar por las sensaciones y no pidió ninguna indicación. El paisaje era simplemente sublime. No tenía nada que ver con lo que había visto hasta ahora. Su isla natal era muchísimo más sombría y menos fría, Whisky Peak había sido un destino muy desértico y la inmensidad del mar le había causado náuseas y una sensación de pequeñez que inquietaba su alma.
Drum tenía un encanto muy particular, era raro ver una zona tan fría llena de árboles como los cerezos, y eso hacía que fuese aún más especial. No se arrepentía para nada de haber decidido salir al mar a explorar el mundo. Gideon buscaba la belleza hasta en lo más simple, pero en aquella isla no había que esforzarse, cada rincón tenía algo único.
Siguió caminando, con calma, exhalando el humo de su cigarrillo y, al querer deshacerse de este, pudo ver por el rabillo del ojo como algo se movía entre las raíces de uno de los cerezos que tenía junto a él. Miró y pudo ver a un pequeño conejo blanco, había oído por parte de las gentes de la isla que era la fauna típica de Drum. Con cuidado se agachó y miró al pequeñín, este le devolvió la mirada con curiosidad.
Gideon sacó su Den Den Mushi visual, pues necesitaba captar a aquella criaturita. En escena aparecía el pequeño conejo acercándose hasta él y Gideon acercó su mano dejando que el animalito le olisqueara. Así era como se había ganado la confianza de todos los que habían llegado hasta su refugio en Toroa. El conejito le lamió el dedo y movió las orejitas, se dio la vuelta de un pequeño salto y le miró como indicándole que le siguiese.
El skypiean por supuesto siguió al animal y continuó con la grabación. Se dejó llevar por completo por su amor por todas las criaturas del mundo, grabó las nieves de su alrededor, el cielo azul lleno de pequeños pétalos rosas que sobrevolaban impulsados por la gélida brisa. Era sin duda un escenario de ensueño. No había nada de maldad en aquellos planos. Todo era dulce, como un algodón de azúcar. Era como una taza de chocolate caliente en un día de tormenta que había ido terriblemente mal.
El conejito iba dando saltos y de vez en cuando giraba su cabeza para comprobar que Gideon le seguía. Éste estaba completamente deslumbrado con todo lo que sus ojos y su cámara captaban. Era el escenario perfecto para una historia en la que las cosas salían bien, donde no había espacio para el dolor y los sueños se cumplían. Nunca olvidaría la isla de Drum, incluso si no generaba ningún recuerdo más en aquel lugar. Sin embargo, estaba seguro de que era imposible no crear recuerdos con sus amigos en aquellas calles utópicas.
Llegaron a un pequeño claro, todo rodeado de cerezos que se mecían con la brisa y lo pocos copos de nieve que caían. Allí el conejo frenó en seco y le guió hasta uno de los cerezos, este era más grande que el resto y tenía un gran agujero en el centro. Al acercarse, grabando por supuesto todo lo que veía, se percató de que en el tronco había otro conejito hecho una bolita. Este tenía una pequeña mancha gris encima de la cabeza y parecía estar pasándolo mal. El primer conejo se subió de un salto al hombro de Gideon y este pareció entender lo que quería decirle. Daba la sensación de que el primero quería llevar a otro lugar al segundo, quizás a su madriguera, y no era capaz de tirar de su compañero él solo. Así que Gideon con la mano que le quedaba libre agarró con mucho cuidado al segundo conejito y se lo metió en el bolsillo. Al cogerlo pudo ver que estaba completamente asustado, probablemente era su primera vez fuera de casa y no había llevado muy bien la aventura. Al dejarlo en su bolsillo el pequeño pareció relajarse un poco.
— Vamos pequeñín, llévame a vuestra casa, os haré de escolta el tiempo que sea necesario, illo —dijo Gideon mirando con una sonrisa al que era completamente blanco.
El pequeño se bajó de su hombro y empezó a saltar hacia su destino. Gideon por el camino pudo apreciar que había otras criaturas en aquella arboleda. Pudo ver pequeños pájaros que piaban a su paso y algunas ardillas corretear de árbol en árbol. Aquella zona parecía sacada directa de un cuento de hadas y Gideon sentía una paz inmensa. Podía escuchar en sus adentros la banda sonora que tendrían aquellas grabaciones, no podía esperar a crear. Llevaba mucho sin experimentar algo así, que una creación se le pusiera por delante de una manera tan dulce y natural. Sabía que su sueño no era un imposible y que tenía lo que hacía falta para poder hacer llegar todas estas pequeñas historias y la belleza que había en ellas hasta el rincón más recóndito del mundo.
Tras pasear por la arboleda durante unos minutos llegaron a una zona más escarpada, ya se acercaban a zona montañosa, y los cerezos eran cada vez menos. El conejo paró de nuevo y se metió entre dos árboles que tenían a su izquierda. Gideon le siguió, cerciorándose de que el pequeño de su bolsillo estuviese bien, el pequeño de la mancha gris miraba atento con las patitas apoyadas en la abertura del bolsillo. Captó aquella imagen tan tierna con su Den Den Mushi, dejaría prácticamente el contenido bruto sin cambios, necesitaba esa esencia. Aquella pequeña película estaba llena de curiosidad y de incertidumbre.
Llegó hasta donde estaba su guía y vio que había una cueva de un tamaño bastante grande, si se agachaba un poco podía entrar perfectamente. De hecho eso hizo y vio que había una familia de conejos, no sabía si aquella especie tenía un nombre concreto, al volver investigaría, pues no era como los que había visto anteriormente. Estos eran conejos tan grandes como personas y por los colmillos no parecían ser herbívoros. Gideon se adentró con cuidado, dejando al pequeño que le había guiado hasta allí que se presentase ante sus mayores. Gideon depositó su Den Den Mushi en el otro bolsillo, para que desde allí se grabase la escena y aprovechó para sacar al pequeñín de la mancha gris y depositarlo en el suelo.
Ambos conejitos se reunieron en el regazo de la que parecía ser su madre y los mayores respetaron la presencia de Gideon, con sonrisas extrañas que el skypiean aceptó con amabilidad. Cómo le gustaba pasar tiempo con los animales, eran unas criaturas tan curiosas… Además, mientras no supusiera una amenaza, lo cual Gideon nunca era, siempre te trataban con amabilidad y respeto.
Uno de los conejos más grandes estaba encargándose de colocar sus reservas de comida y cogió de entre las frutas una con un aspecto muy extraño, parecía un racimo de plátanos, pero eran muy pálidos y no terminaban de tener la forma característica de aquella fruta. El conejo se acercó a Gideon y se la tendió. Ahora más de cerca podía ver que tenía cada una de las frutas que traía el racimo dos puntos negros que parecían ojitos. ¿Sería aquello una akuma no mi? Kevin le había mencionado que se trataban de frutas extrañísimas y desde luego que no había visto nada como aquello. No quería apresurarse y llegar a conclusiones, pero tenía toda la pinta.
Gideon aceptó la fruta y se la guardó, cogiendo de nuevo su Den Den visual para terminar de crear aquella historia de reencuentro familiar y recompensas extrañas. Definitivamente era como sacado de una fantasía todo aquello.
— Gracias chicos, os dejo descansar, ha sido un placer disfrutar de todo este camino —se dirigió a los pequeñines que asintieron a la vez.
El skypiean hizo una pequeña reverencia ante los mayores y se la devolvieron. Dejó de grabar. Aquel encuentro lo tendría siempre y lo transmitiría al mundo. Todos debían ver lo bonita que era Drum y lo amables que podían llegar a ser sus criaturas si viajabas con buenas intenciones. Gideon quería mostrarle al mundo que debían respetar los entornos y las especies con las que habitaban. Quería enseñar grandes valores a sus espectadores.
Gideon salió de aquella cueva y volvió por el recorrido que había hecho anteriormente, aún maravillado por lo que le rodeaba. Sacó la fruta extraña de su bolsillo y la inspeccionó. Si no era una akuma no mi, era una fruta que sólo existía en Drum y la verdad que una cosa o la otra le parecían suficiente razón como para probarla. Si le otorgaba algún poder le vendría que ni pintado, no sabía qué le depararía la lotería de la vida, pero intentaría usarlo a su favor y al de sus compañeros. Fuese lo que fuese se serviría de él para proteger a sus seres queridos. Si era una simple fruta, pues eso que se llevaba, disfrutar de otra cosa más que le tendía aquella isla tan curiosa.
Así que, una vez llegó a las calles, saliendo de la gran arboleda, buscó un banco en el que sentarse para comérsela. En el horizonte podía ver el castillo de Drum y sus grandes montañas heladas, sin duda había mucho más por recorrer y capturar con su cámara. Sabía que había miles de historias que le quedaban por contar. Miró de nuevo la fruta en sus manos y sin pensarlo más le dio un mordisco. Con el primero un sabor amargo y asqueroso llenó su boca, su rostro se deformó en una mueca. Sin embargo, siguió comiéndosela hasta que acabó con ella, sobre todo porque pensaba que sería toda una ofensa para la familia de conejos que se la habían ofrecido y porque Kevin le había dicho que esa había sido la sensación que había tenido al comer la fruta que le había aportado aquel poder que tan bien les estaba viniendo a la hora de combatir. Cada vez tenía menos dudas de que se trataba de una akuma no mi, ¿quién le habría dicho que un par de conejos invernales iban a darle un poder como ese?
Gideon sentía algo de nauseas después de haberse comido algo con un sabor tan asqueroso, sin embargo, se contuvo e intentó encaminarse hasta la posada. Tenía que enseñarles a sus amigos las imágenes que había captado y además, contarles lo que acababa de comerse. ¿Le sería a él tan difícil descubrir su poder como a Kevin? ¿Sería también algo relacionado con el ánimo de sus compañeros? ¿O sería algo más físico, más combativo? Pese al asco que seguía sintiendo, estaba emocionado por saber qué le depararía y no podía esperar a llegar hasta sus compañeros. El parpadeo excesivo de su ojo se hizo presente y esta vez no era un nerviosismo ansioso, era una curiosidad genuina por le futuro.
Se encendió otro cigarrillo y echó a andar por las calles de vuelta a la que sería su casa en esta isla de ensoñaciones. Al contrario que Whisky Peak, Drum iba a ser una isla que echaría de menos una vez se echaran de nuevo a la mar en busca de un nuevo destino. Sabía que allí crearía un sin fin de recuerdos preciosos junto a Omi, Suna y Kevin. Su corazón palpitaba con intensidad y su pecho se llenaba de calor con sólo pensarlo.



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RE: [Pasado] [Fic] - Una bendición de la naturaleza - PX-5 - 16-06-2024

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