![]() |
|
Carcajadas [Presente Relativo] [Auto T3] - Versión para impresión +- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com) +-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3) +--- Foro: Grand Line Paraíso (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=227) +---- Foro: Corriente Daiya (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=184) +----- Foro: Isla Báltigo [Séptima isla] (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=195) +------ Foro: Cañón de Marfil (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=197) +------ Tema: Carcajadas [Presente Relativo] [Auto T3] (/showthread.php?tid=1232) |
Carcajadas [Presente Relativo] [Auto T3] - Sohem - 23-07-2024 8 de Primavera, año 13.
Báltigo - Cañón de Marfil 16:00
No podía saber ni el nombre de la isla en la que estábamos ni por consiguiente la corriente de la misma. Sólo sabía que habíamos descendido de Skypiea gracias a un pulpo-globo que nos hizo descender con cuidado - o eso dijo Viktor - y que el barco se había mantenido estable y recto gracias a que mis compañeros se encargaron de mantener el barco como yo les había indicado en cuanto a velas se refería. Algo que si, nos había permitido mantenernos a flote, pero que como era de esperar al no tener un navegante capacitado al mando había hecho que el barco se aventurase por donde le era más fácil fluir en el proceso de surcar las olas, pero sin un rumbo predeterminado. Claro que yo tampoco era de mucha utilidad con esto, ni aunque hubiera estado consciente, pues no conocía el mapa ni las islas. Simplemente como timonel y navegante me dedicaba a seguir mi instinto y a ver qué corrientes - oleaje y de viento - seguían la dirección que me parecía... ¿mejor supongo? Ni idea. Sólo le daba un golpe al timón hasta que este estuviera encarando la dirección que más me gustase en ese momento, y dejaba que el viento impulsase las velas, y me preocupaba al llegar a la isla por saber dónde estaba, preguntando a los lugareños y tratando de conseguir información, asilo y provisiones. Pero en este puto sitio no había ni un puto alma. Chloe y Viktor tenían planes diferentes a los míos por el momento, quedándose en la costa para practicar las aptitudes - nulas - de Chloe para el combate y tratar de hacerla algo más útil llegado el momento. Por mi parte yo sólo quería adentrarme un poco en la isla y sentir algo de aire puro en la cara, lejos de la salinidad del mar, y libre - si pudiera ser - de la inclemencia sin descanso del astro rey, al menos por un rato. El paisaje era rocoso y pedregoso hasta unos niveles que costaba describir, pero algún pequeño retazo de vegetación se esparcía por aquí y por allá. Parecía una isla abocada a cañones, desfiladeros, cuevas y grutas... un buen lugar para esconderse y mal lugar para sobrevivir, pues la tierra no parecía proveer lo suficiente. Es más, los depredadores que hubiera habrían de ser sanguinarios para competir con los pocos recursos que, de darse, tendrían que ser un bien mucho más grande que habitualmente en cualquier otro lado. Lo que hacía que nosotros, los visitantes, fuéramos un festín y una anomalía fuera de lo común a niveles insospechados. Quizá por eso aparentaba ser una isla completamente desierta en cuanto a civilización, pero el Grand Line escondía secretos fuera de la lógica más simple. Habiendo puesto los pies en polvorosa, había prescindido de mi vestimenta habitual y sólo lucía un kimono haori de la misma tonalidad verdosa, cubierto con una capa blanca cerrada en el pecho y libre del casco, miré hacia el interior de la isla, chasqueé la lengua y suspiré. Si no quería morirme del aburrimiento tendría que ir a dar un paseo y poder estirar las piernas, y total, tampoco estaba mal del todo un lugar así después de la abrupta vegetación y locura floral de la isla del cielo. A mi por lo menos, no me molestaba, y en cierto modo me recordaba a aquella isla en la que obtuve mi akuma no mi, peleando contra una tortuga serpiente, un oso con placas de cosas y bueno, a quien le importa. Bichos de cojones. Seguramente peores y más exageradas rarezas habría en este y otros lugares del Grand Line, así que tendría que estar preparado para todo. Comencé a caminar con el kanabo al hombro - pues aunque fuera un paseo uno nunca sabía - y portando el Den Den Mushi en el bolsillo sólo por si las moscas, y mis pasos se tornaron en senderos hasta que me perdí en el mar pedregoso lejos de la vista de nuestro barco y la costa, llegando a un cañón inmenso cuyas paredes se alzaban a cada uno de mis lados y se disponían verticales y vertiginosas sobre mi, flanqueándome y tapando la luz del sol lo suficiente como para que este no bañase dentro del desfiladero, excepto en sus horas de más altitud, permitiendo que la humedad fuera un poco más persistente que en el resto del pedregal expuesto al calor, proliferando ligeramente la vegetación. Si hay vegetación, existe sustento para herbívoros y si había civilización en la isla, a no ser que sólo vivieran de la pesca y la importación, estos deberían estar o en libertad y ser cazados, o en cautividad y ser criados. Vamos, lo que venía a ser que la posibilidad de tener alimento era plausible... eso o bien algún tipo de planta frutal, por pequeña que fuera, como una morera o algo así. Tendría que tener los ojos abiertos para poder hacerme con algo en caso de sufrir la necesidad. Pero divagando en aquellos pensamientos, entre la formación de la isla, su terreno, su vegetación, sus posibles moradores - animales o humanos, o de cualquier raza del amplio crisol del mundo - llegué a centrarme sólo en el aquí y el ahora tanto, que mi oído - que ya era bueno de por si - captó un sonido en la distancia. Bien fuera por lo ensimismado que estaba, por no llevar el casco, o por un conjunto de todo en general, pero me pareció captar un coro de risas en la lejanía del cañón. Alcé la mirada en dicha dirección y comencé a adentrarme más en él, dispuesto a encontrar a los moradores de aquel lugar para poder establecer un cimiento sobre el que comenzar nuestra aventura en esta isla. Mis pasos sonaban pesados en la inmensidad del silencio del cañón que sólo se veían opacados por el eco de la propia pisada y, aquel coro de risas, en la lejanía. Aquellas risas que por momentos se iban tornando más siniestras, erráticas y cacofónicas. Parecía poder distinguirse entre tres y cinco de aquellas voces, pero quizá alguna más se camuflaba entre las que más intensidad tenían. Sonreí, la verdad es que sonaba como algo divertido pese a la siniestralidad del propio concepto de carcajadas fantasma en lo inexplorado de un cañón como aquel. Conforme iba avanzando aquellas risas parecían ir aumentando su intensidad, y si no fuera por mi buen oído estaba prácticamente seguro de que no habría sido capaz de seguirlas con tanto atino, pues aunque el cañón era prácticamente un desfiladero lineal, si que ofrecía de cuando en cuando aperturas laterales para poder desviarse al interior de la roca, quien sabe a según qué rutas, y el eco de las risas revotando en las paredes no sólo daba un aire intimidante al sitio, si no que además hacia posible perderse con facilidad al seguirlas... eso claro, si no tenías un buen don auditivo. Era difícil pero no imposible identificar la intensidad de los sonidos revotando en las paredes, y por tanto irlos descartando para poder ubicar con algo más de atino la fuente principal - y por tanto más intensa - de aquel sonido. Sólo había que prestar atención y pararse de cuando en cuando para centrarse en cada nota. Tras unos minutos ubiqué el rastro sónico en una de las aperturas a mi diestra, y avancé en esa dirección pudiendo identificar ahora más matices en aquellas risas... y algunos sonidos añadidos, como gruñidos y quejidos diversos, parecidos a los de las bestias. ¿Un grupo de personajes risueños combatiendo animales? ¿Algún ritual de alguna tribu extraña? ¿simplemente locos?. Negué con la cabeza y no dejé de avanzar, siéndome imposible dejar de sonreír conforme cubría la distancia hacia aquel lugar. Parecía divertido. Si tantas personas se estaban riendo y aun así prevalecían los aparentes ruidos de un conflicto, sólo quería decir que lo que tuviera que haber al final de aquel camino, iba a ser un espectáculo sin dudas. Pero mi imaginación no podría dibujar lo que iba a encontrarme, ni en un millón de años. Finalmente, conforme aquellas risas ya sonaban como truenos y el eco de las mismas ahogaba todos los demás sonidos del estrecho desviamiento del camino principal que estaba recorriendo, llegué a una pequeña explanada amplia, circular, en la que pude apreciar el macabro espectáculo que tan intrigado me tenía: Era una manada de cuadrúpedos grandes, de más de un metro de altura en la cruz, de piel grisacea verdosa, moteada y crines de color azabache. Con hocicos alargados y dientes afilados, al igual que sus garras, y portentosos músculos en sus articulaciones y sus cuellos. Cuatro de esos especímenes estaban rodeando a un quinto, algo más pequeño que los demás, tendido en el suelo y con varias heridas visibles y sangrantes. En las rocas aledañas y que limitaban aquel claro en la roca, había otras cuatro más de aquellas bestias, riendo como histéricas y haciéndome abrir los ojos de par en par. Las risas salían de sus gargantas. No eran humanos ni ninguna criatura inteligente a la altura ¡eran bestias que se reían!. — ¡¡ WRYYY HA HA HA HA !! —
No pude evitar reír al descubrir aquello, ampliamente y resonando como un estruendo entre el pedregoso paisaje, de forma brusca y para nada disimulada, llamando así la atención de las cuatro bestias a pie de tierra, quienes me miraron y dejaron de tomar atención de la presa que estaban destrozando, mostrándome los belfos de sus mandíbulas y pareciendo reagruparse ante una nueva amenaza que surgía para impedir su actual pasatiempo: Yo.Las cuatro bestias de las paredes se dividieron, dos avanzaron hacia mi y las otras dos se mantuvieron donde estaban, teniendo controlada la situación con la que yacía en el suelo herida. Cuando las otras cuatro a pie de tierra caminaron en mi dirección flanqueándome un par por cada extremo, comprendí que lo que el espectáculo para mi había terminado y que no iban a venir situaciones cómodas ni felices para mi, pues las de la zona superior rieron, o aullaron, o lo que fuera que hacían esas cosas y mientras dirigía mi rostro hacia ellas, las de la zona inferior decidieron atacar. Dos de ellas saltaron para propiciarme una dentellada, la más próxima hacia la pierna derecha y la otra hacia el rostro saltando. Mi reacción con una sonrisa en el rostro fue inmediata: asesté una patada en las fauces a la que iba por la pierna, mientras anteponía el kanabo para interceptar la mordida de la otra, dejándola atrapada en él y descendiendo el mismo para estamparla contra la recientemente pateada, inmovilizando una con la otra y condensando mi energía en el arma para que esta empezase a arder, quemando a las dos bestias al unísono y haciendo retroceder a las dos que caminaban frente a mi, dudando ligeramente mientras me alzaba con el kanabo en llamas y lo blandía de forma circular dos veces al compás de la huida errática y próxima a la muerte de sus congéneres abrasadas. En ese momento los dos monstruos de las paredes saltaron buscando hacer lo mismo que los anteriores y obtuvieron una respuesta similar, recibiendo el de la izquierda un golpe con el kanabo lateral y girando, que lo lanzó hacia el otro lado, a estrellarse contra su otro compañero y acabar ambas estampadas en la pedregosa estructura con quemaduras y daños visibles en sus cuerpos. Un estruendoso paso hacia delante acompañado de un sonoro grito camuflado entre carcajadas bastó para que las dos restantes se pensasen bien su siguiente movimiento y acabasen por huir por donde yo había llegado a aquel desfiladero abandonando el lugar dejándome sólo con dos cadáveres que se calcinaban y otros dos que se rebozaban por el suelo buscando apagar las llamas que incendiaban su pelaje. Caminé ignorándolas hacia el animal que se arrastraba, herido y sangrando, sin poder usar las patas traseras por las dentelladas de sus congéneres. Parecía más flaco, débil y asustado que las otras seis bestias, y por algún motivo parecía que las otras se habían cansado de él o habían decidido alimentarse de la fuente más cercana y disponible. Me daba bastante lástima. Se movía torpemente sólo con las patas superiores dejando un reguero de sangre y tierra removida, y gimoteaba mientras le castañeteaban los caninos, salivando y bastante desesperado por escapar. Detuve mis pasos a su lado, clavando el kanabo en polvorosa y haciendo que el animal frenase en seco alzando la mirada para mirarme. Tenía dos mordiscos en la zona trasera de los muslos de las patas posteriores. Habían desgarrado sus músculos y el animal no podía posarse sobre sus propias patas para caminar o huir, y ahora estaba postrado con el verdadero terror en sus ojos mientras me miraba directamente. Alcé el kanabo sobre mi cabeza, ardiendo y rugiendo cada lengua de fuego, y obtuve uan respuesta increíble por parte de mi víctima. — YIIIIAJUJUJUJU —
Arqueé una ceja, incrédulo y me quedé observando al animal, que se retorcía y parecía esbozar una temblorosa sonrisa, posiblemente preso del pánico al ver venir su final, y volvió a repetir aquel enigmático e intrigante sonido. — YIIIIAAAJUJUJUJUJUJU —
Repitió, e hizo que apagase las llamas de Ein Hauch sin poder evitar soltar un bufido, mientras escuchaba tras mi espalda cómo los supervivientes escapaban del lugar. ¿Qué coño era eso? Me incliné para acercarme a su rostro mientras dejaba el kanabo de nuevo apoyado en el suelo, echando humo por la ignición anterior, y giré la cabeza observando al cuadrúpedo, con los ojos encharcados, quien se acercó un poco a mi y volvió a emitir aquel extraño sonido de nuevo. — YIIIIIIIAAAAJUJUJUJUJUJUJU —
— WRYYYY HA HA HA HA HA —
Y así, inexplicablemente, nuestras risas se mezclaron en una sola en aquel extraño acantilado en el que esa bestia habría encontrado su final devorado por sus congéneres, y ahora reía y me hacía reír, posiblemente para tratar de salvarse de una muerte segura, aun sin saber que se desangraría en unas pocas horas. Pero cuando me serené y traté de levantarme para irme, acercó su morro hacia mi y pude sentir su respiración jadeante y la desesperación: Dejarla aquí sería servirla para que la rematasen. Miré el arma. No quería tener que matar a algo tan divertido. Miré al animal de nuevo, rasqué la cresta de su cabeza y suspiré. — Oe oe... eres un animal curioso y gracioso — dije mientras rascaba su pelaje, mirando su cuerpo — Podría quemarte esas heridas para que dejen de sangrar, pero necesitarías un lugar seguro para descansar y recuperarte... — reflexioné, y sin darme cuenta ya tenía las dos manos acariciando al cánido, fuese lo que fuera — Eres gracioso — y chasqueé la lengua. Sorprendentemente para mi, el animal hizo exactamente el mismo gesto, chasqueando su lengua mientras jadeaba y me hizo alzar ambas cejas de sorpresa y volver a reir — ¡¡Wryyy ha ha ha ha!! — y sacudí con fuerza su cabeza — ¡Eres gracioso! ¡Gracioso! ¡Te vas a llamar Lustig! — confirmé mientras agarraba su cuerpo para alzarlo en brazos al mismo tiempo que me erguía, cargando con él y girándome para volver sobre mis propios pasos, recibiendo como un mensaje de agradecimiento aquella risa especial de aquel animal extraño — YIIIIIIIAAAAJUJUJUJUJUJUJU —
— WRYYYY HA HA HA HA HA —
Gran Mascota
RE: Carcajadas [Presente Relativo] [Auto T3] - PX-3 - 24-07-2024 Aventura Tier 3 Autonarrada Completada Cita:Obtienes: |