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[P.Relativo/Recolección] La basura de un hombre - Viktor - 29-07-2024 53 de Primavera, Año 13
Costa de Baltigo, Baltigo, 17:15 p.m. Era difícil saber cuánto tiempo nos esperaba en la isla. Sohem, por ahora, no había dado noticias de que pudiéramos movilizar el Parabellum, nuestro barco, de la costa de rocas que lo mantenía amarrado, por lo que todo lo que teníamos era un gran lecho de roca viva para explorar y perder el tiempo. Para mi suerte soy más de invertir que de malgastar, así que decidí que el tiempo que no pudiéramos entrenar o mejorar el barco, lo emplearía en recolectar todo aquello que fuera necesario o útil para el camino. Ya había visto que en los lechos de roca era posible encontrar pequeñas zonas metálicas, pero no sería suficiente para fabricar grandes artefactos. Ya me costó sudor y sangre forjar el Geheimnis, como para pensar en la osadía de forjar un arma competente con semejantes despojos de metal. Si quería algo grande, tendría que pensar en algo grande. Decidí que en esta ocasión me alejaría más aún del Parabellum, llegando a una costa más distante que había podido visualizar vagamente desde la cofia del vigía del barco. — Salgo a la compra — dije mientras me echaba al hombro una mochila de cuero que encontré por el barco, cargada con algunas sobras de comida que Chloe debió preparar ayer — vuelvo a la noche. — me despedí de mis compañeros que ya parecían estar despiertos, mientras bajaba del barco con salto hacia la rocosa costa y aterrizaba flexionando las rodillas levemente. El tiempo era agradable y cálido, por lo que dejé mi clásico abrigo en mi camarote, junto a la camisa interior, y portaba únicamente el chaleco. A su vez, Shimei Kaeru en mi cinturón al lado izquierdo y el Santoral a la diestra hacían de equipaje para esta salida de pillaje y saqueo. El cielo, prácticamente despejado y sin ninguna nube, era un claro reflejo del mar que se extendía hasta el horizonte, mezclándose perfectamente con su igual en la tierra. Los pocos pájaros que parecían revolotear cerca de la costa donde estábamos amarrados parecían ir siendo cada vez menos y sus sonidos se percibían mucho más distantes. Conforme fui alejándome del barco y adentrándome en la costa más distante a este, el terreno comenzó a volverse blanquecino. Su pedregoso perfil se mantuvo, pero este adquirió una tonalidad blanca impoluta. Casi invitaba a picar la inmaculada piedra y llevarla al barco para hacer superficies y decorados, pero hoy era otro el objetivo que me traía aquí. Estaba claro que, si ya nos costó llegar aquí con un navegante experimentado, otros habrán venido antes y habrán naufragado, dejando sus barcos destruidos varados en la costa a merced del agua y las inclemencias climáticas. Pero como se suele decir “la basura de un hombre es el tesoro de otro” así que esperaba poder encontrar algo de utilidad dentro de los cascos varados o incluso que la marea haya arrastrado a la costa. De hecho, que fuera totalmente blanca ayudaba a ello, pues sería mucho más fácil identificar los objetos en ella. Este terreno blanquecino se acercaba peligrosamente a un enorme cañón de piedra que, seguramente, pudiera ser lugar para investigar y recoger materiales en otra ocasión. No fue difícil encontrar el primer barco destruido. Este estaba totalmente varado en la costa y el mar no llegaba a tocar su casco, destrozado, ya que no se apreciaba una coloración verdosa fruto del alga marina adhiriéndose a la madera en descomposición. Esto era una buena noticia, ya que me podía permitir llevarme algún fragmento de buena madera en buen estado. Pasé por el interior de un agujero que con toda seguridad fue el causante del naufragio de este navío y observé a mi alrededor. Había poco que rescatar. Aunque el mar no había hecho estragos en su estructura, el inexorable paso del tiempo sí que lo había hecho. Me fui moviendo alrededor de la estructura, golpeando con los nudillos desnudos sobre la madera, comprobando su sonido. Casi en su totalidad era hueco y húmedo por la acumulación de agua en el interior. Sin embargo, uno de los travesaños que hacen las veces de refuerzo del casco resultó sonar duro y consistente, casi como un bloque de hierro. — Servirás. — dije contento por el hallazgo mientras desenfundaba ferozmente a Shimei Kaeru y con ella seccionaba una tramo de un metro de largo de esta robusta viga y la cargaba al hombro. Era pesada, pero nada que no pudiera manejar. Decidí investigar un poco más los alrededores del barco naufragado. Dejando primero la viga que seccioné del barco sobre una zona alta de rocas para poder verla con facilidad y alejarla del mar, además de tener las manos libres. Por los alrededores había un montón de material en mal estado. Madera, cuerdas podridas, pernos y clavos oxidados… nada que pudiera valer para la fabricación. Sin embargo, algo llamó mi atención de entre todos los fragmentos de basura: un cajón grande. Estaba muy podrido y aunque estaba cerrado con candado, cuando tiré de la tapa, esta se desprendió del cajón, liberando así su contenido. Era una caja repleta de trozos de metal. Estos parecían ser fragmentos de armas viejas y destruidas que por alguna razón se conservaron. Quizá algún tripulante del barco era un avezado herrero y planeaba usarlas para darles una segunda vida. Segunda vida que ahora le daría yo, pues sin más que pensar, agarré todos los pedazos y los metí en mi mochila con sumo cuidado de que ningún viejo filo o punta quedara contra la tela y se pudiera rajar. Tras esto, decidí volver a por el tramo de viga de madera condensada y volví al Parabellum con el botín. Quizás mis compañeros no compartieran mi visión sobre mis hallazgos, pero unas cuantas salidas como estas y podría crear un arma capaz de competir con cualquier otra. Tenía claro que si le ponía mi firma a un arma sería una capaz de medirse con Shimei Kaeru, que complementara su oscuridad y equilibrara su hoja negra. Así que solo quedaba almacenar y continuar. Hacer de la basura un tesoro.
Inventario
Recolección
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