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[FIC- Pasado] Origen Pt 1: Festival de verano - Versión para impresión

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[FIC- Pasado] Origen Pt 1: Festival de verano - Apolo Bahía - 03-08-2024

Un día cualquiera, a una hora cualquiera, Apolo caminaba con desgana acompasado con varios sonoros bostezos a través de una calle cercana a Ballywood Beach. La rutina le atrapaba: terminar el turno de mañana en el cuartel de la marina, comer algo, volver al cuartel, irse a casa y repetir día sí, día también, sumado todo ello a ser un coleccionista de amonestaciones. ¿No respetar el código de vestimenta? Falta. ¿Hablar de más y pasarse de listo? Falta. ¿No hacer caso a sus superiores? Desde luego que eso equivale a una falta. Si ser castigado con tener que limpiar el cuartel de arriba a abajo fuese un deporte olímpico, Apolo sería medalla de oro en manejo libre de mocho. Ese día antes de poner rumbo a la playa había parado en la típica tienda local a comprar una bolsa de bollos de crema y un zumo de piña para acompañarlo. Una vez llegado a su destino, acomodó su mochila junto a los pies de una palmera y la usó de almohada, mientras procedía a comer mirando hacia el mar, con la brisa abanicando su cara. Poco a poco los párpados le iban pesando, hasta que finalmente, cayó dormido



REINO DE SAMBA, SOUTH BLUE
HACE 15 AÑOS


Si algo definía el carácter de esa isla, era la alegría de la gente. Era un día caluroso ya que comenzaba el verano, pero atípico, el silencio abrazaba la isla porque la mayoría de la gente se encontraba en la costa preparando su famoso festival anual. A eso de las cuatro de la tarde, la figura de un niño pecoso de diez años y de media melena rubia, empezó a vislumbrarse por la calle principal, mientras el silencio en la ciudad se iba rompiendo progresivamente debido a un traqueteo provocado por las ruedas de un skate, que avanzaba golpeando contra los adoquines del suelo.


Vestido con una camiseta blanca y un bañador aguamarina con un estampado de palmeras, Apolo estaba patinando hacia la playa para verse con sus dos mejores amigos: Thiago y Bruno. Apolo era un niño popular en la isla y bastante pícaro, a veces se metía en problemas pero no hacía las cosas con maldad. Debido a que estaba aburrido de esperar ya que llegó el primero al punto de encuentro, Apolo escaló una palmera, cogió un coco y, abriéndolo a golpes contra el árbol, mató el tiempo comiéndoselo mientras veía a los adultos de la ciudad trabajar en la costa, preparando el festival de esa noche. Minutos después llegaron sus dos amigos y, como no se dieron cuenta de que Apolo estaba subido a la palmera, éste empezó a lanzarles los trozos del coco golpeándoles en la cabeza y manchándoles. El niño rubio se reía mientras oía los gritos de dolor de sus amigos:


- ¡Eh, tardones! - Gritó Apolo mientras bajaba deslizándose por el tronco de la palmera, manchando su camiseta blanca – ¡A ver si empezáis a ser puntuales! - Siguió riéndose hasta que ambos niños le devolvieron los proyectiles de coco que le golpearon en la cara - ¡Eh!


- ¡Nos hemos enterado de una cosa super fuerte! - exclamó con ansia Thiago- Pero dicen que tiene que ser un secreto – continuó Bruno


- ¿Ah sí? - dijo Apolo poniendo cara de desinterés, fingiendo que no le importaba el cotilleo- Pues seguro que yo ya lo sé, ¡yo me entero de todo chaval!
- ¡Esto es imposible que lo sepas! - dijo Thiago- ¡pero imposible de verdad!
- Seguro que estáis mintiendo para haceros los interesantes. A ver, decidme qué es, que yo ya lo sé, pero es para confirmar si vosotros realmente sabéis ese secreto – remató Apolo encogiéndose de hombros y con una mirada de superioridad. En realidad no tenía ni idea de qué estaba pasando y quería saberlo


- ¡Nos han dicho que le gustas a Camila! - empezó Bruno. ¡Y a Luana! - continuó Thiago- menudo afortunado...


Apolo se sonrojó levemente pero intentó vender una falsa seguridad


- Pues es una pena chavalotes, yo ya tengo novia desde ayer, lo que pasa es que me olvidé de contároslo – dijo Apolo echándose el pelo hacia atrás con su mano derecha. Tenía que salir del paso porque si no estaría obligado a actuar y le daba pavor tener que acercarse a unas niñas con las cuales apenas tenía confianza.


- ¿quién es? - preguntó Thiago emocionado


- Sólo os lo digo si no se lo decís a nadie, esto tiene que ser super secreto entre nosotros ¿vale?


Ambos amigos suyos asentían con la cabeza con ansia, a veces la sincronización que tenían al moverse y hablar daba miedo, parecían siameses


- Si decís algo tendré que mataros, ¿me seguís?. Pues resulta que mi novia... es Giulia


- ¿en seriooo? - dijo Thiago sorprendido, era el más crédulo de los tres


- ¡Anda ya! Eres un fantasma – interrumpió Bruno- eso es mentira fijo, es imposible que Giulia sea tu novia


- Pues es verdad, lo que pasa es que sois unos envidiosos porque es la chica más guapa de esta isla


- ¡Pues si es verdad demuéstralo, listo! - dijo Bruno riendo mientras señaló al final de la calle


Giulia había aparecido por la zona... y lo peor es que iba acompañada de Camila y Luana. Los preparativos del festival de esa noche le jugaron una mala pasada a Apolo ya que provocó movimiento por la zona. Apolo se quedó paralizado por un instante sin saber qué hacer o dónde meterse, se había pasado de listo y ahora no podía echarse hacia atrás o sería el bufón personal de Thiago esa noche.


- ¡Mirad y tomad nota, pringados! - dijo Apolo caminando hacia el trío de amigas con el skate en la mano, mientras ocultaba sus nervios.- ¡Ho-hola Giulia! Te echaba de menos


Y acto seguido, Apolo le dio un beso. Sus amigos estaban alucinando creyéndose que todo era real, pero poco duró la situación puesto que Giulia arrebató el skate de la mano de Apolo y le propinó un golpe seco en la cabeza con él, haciendo que todo le temblase. Acto seguido las tres niñas se marcharon corriendo


- ¡Ay ay ay ay ay ay!


Bruno y Thiago se acercaron corriendo a la escena, llorando de risa y señalando a su amigo


- Así que era tu novia, eh!


- ¡Pues sí, listos! Lo que pasa es que es tímida y no quería que Camila y Luana se sintiesen mal, por eso tenía que ser un secreto, pero sois tontos. ¿Me seguís?


- Claro, claro... ¡eres un pringado!


Los tres empezaron a reírse y estuvieron matando el tiempo hasta que, minutos después, una mujer enganchó a Apolo por detrás y comenzó a llevárselo arrastrado tirando del cuello de su camiseta. Era Tainara, su madre. Apolo contemplaba con cara de póker a sus amigos viendo cómo se iban haciendo cada vez más pequeños, como si fuese un preso desfilando por el pasillo de la muerte. Sabía que una vez llegase a casa, las consecuencias no serían agradables.



- ¡AYAYAYAYAYAYAY! - Gritaba Apolo mientras se le caían un par de lágrimas y se llevaba las manos a la cabeza, cayéndose de culo sobre el suelo del salón de su casa.


Tainara no se anduvo con tonterías y le propinó un coscorrón con un golpe seco. Su madre era una mujer dulce pero a su vez tenía carácter y era muy fuerte. No sólo era miembro de la Marina sino que tuvo el duro trabajo de tener que criar a su hijo estando soltera. Apolo era su viva imagen, de ella heredó su mirada azul celeste, su pelo rubio dorado y lo más importante: su apellido. Tainara tenía también una medio melena recogida con una diadema, con un par de mechones cayéndole a ambos lados de las cejas y una cicatriz en el ojo izquierdo. Solía vestirse con su ropa de combate: una camiseta de tirantes aguamarina y sus pantalones blancos de taekwondo, adornados con su cinturón negro. Era una maestra en las artes marciales, dominaba varias de ellas pero lo más difícil fue conseguir lo que nadie consiguió, dominar a Apolo. Era su heroína y su mundo, lo significaba todo para él.


- ¿Qué es eso de que andas dándole besos a niñas porque sí? - Tainara comenzó a reñir a su hijo, con mala cara


- ¡La culpa es de Thiago... y de Bruno! Son tontos, me engañaron para que lo hiciese... y... yo...


- ¿Que la culpa es de quién? - Tainara empezó a estirarle el lateral de la boca con un dedo, como si de un anzuelo a un pez se tratase


- ¡Peddón, peddón! ¡Da cudpa ed mía! ¡AY AY AY!


Tainara le soltó y se encogió de brazos


- De verdad, ¿siempre tienes que liarla? ¿No te das cuenta de la vergüenza que me haces pasar a veces? ¿Así es como te he enseñado yo a tratar a la gente? Mira que te he prometido que esta noche iríamos al festival pero ahora me lo pensaré, de verdad que haciendo lo que haces a veces, no te lo mereces


Tainara se encogió de hombros y se marchó hacia el patio trasero que tenían en su casa. Apolo a veces no comprendía la gravedad de las cosas pero ver a su madre decepcionada le hacía sentirse mal. Estuvo unos minutos pensando hasta que una sonrisa pícara se dibujó en su cara, tenía un plan maestro.


Apolo salió de su casa y empezó a correr calle abajo, hasta la casa de uno de sus vecinos. La rodeó en total sigilo, agachado en silencio y oteando de vez en cuando por encima de los muros como si estuviese inmerso en una misión ultra secreta. Una vez se aseguró de que no había peligro, saltó el muro por detrás y se coló en el jardín. El matrimonio que vivía en esa casa eran apasionados a la jardinería y tenían flores de todo tipo. Apolo arrancó cinco lirios blancos, la flor favorita de su madre, y salió corriendo. No estaba en una misión secreta, realmente estaba robándoles las flores y si le llegasen a pillar, no vería la luz del sol en todo el verano.


Apolo volvió a su casa y fue hacia el patio trasero


- Mamá, mira lo que te he traído... perdón...


Apolo dejó su ramo de lirios improvisado y robado sobre una mesa. Tainara estaba entrenando y le veía de reojo, intentando hacerse la dura, pero en el fondo sonreía al ver cómo su hijo intentaba ganarse su cariño de vuelta. El pequeño se sentó en el suelo sobre el césped, a veces le gustaba ver cómo su madre entrenaba. En esta ocasión, Tainara estaba practicando capoeira, Apolo la observaba con admiración, a pesar de ser una mujer fuerte y dura, también era muy bella y elegante y lo estaba demostrando al mezclar el baile y la lucha. Era como ver a un cisne nadar en un lago.


La noche llegó y por lo tanto era hora de ir al festival en la playa. Apolo, despreocupado, no se cambió de ropa. Tainara sin embargo, se puso un vestido corto de verano blanco que acompañó llevando en el pelo uno de los lirios que Apolo le había regalado, gesto del que el pequeño se percató y que le hizo feliz. Su madre estaba preciosa.


Caminando hacia la playa cada vez podían ver la ciudad más adornada, el ambiente era muy festivo y animado, lleno de coloridas banderas de fiesta por todos lados y puestos de comida callejera y actividades a lo largo de la costa. La gente celebraba, comía, bebía y muchos iban vestidos con atuendos carnavalescos llenos de plumas de colores como si fuesen pavos reales además de joyería, coronas y ropa veraniega. La banda sonora del lugar consistía en puras batucadas por todos lados, acompañadas de gente haciendo capoeira al ritmo de la percusión.


A lo largo de la noche a Apolo incluso le dio tiempo a juntarse con sus dos amigos, riéndose los tres de la situación de la tarde, de poder jugar en los puestos callejeros intentando conseguir algún premio (cosa que no consiguió, no era la persona más hábil del mundo precisamente) y lo más importante, poder disculparse con Giulia. Habían intercambiado un par de miradas tímidas y eso llevó al joven a acercarse a pedir perdón porque, aunque a esas edades les diese tanta vergüenza interactuar, era algo que debía hacer.


Finalmente Tainara y Apolo acabaron en la playa, sentados en la arena viendo las estrellas


- Mamá, lo he pensado y quiero que me entrenes, quiero ser tan alucinante como tú


Tainara sonreía ante las palabras de su hijo y le miraba de reojo


- ¿Eres consciente de lo que pides? Para ello no sólo necesitarás fuerza, también disciplina. Y eres un cabra loca – Empezó a reirse mientras le daba toquecitos en el lateral de la cabeza con el dedo índice


Apolo se levantó y se puso delante de ella apretando los puños con convicción


- Lo digo en serio, te prometo que te haré caso. Y estarás orgullosa. Y no te traeré más problemas


Tainara reía ante la tierna reacción de su hijo porque siempre estuvo orgullosa de él. Abrazó con calidez a Apolo mientras cerraba los ojos


- Sé que lo harás


Madre e hijo siguieron contemplando las estrellas desde la arena de la playa, mientras comían y escuchaban el barullo del festival juntos. Apolo finalmente cayó dormido, era muy tarde para él. Tainara lo cogió en brazos y puso rumbo de vuelta a casa, al llegar lo acostó en su cama, le dio un beso y cerró la puerta de su habitación mientras sonreía al verle. El mayor logro de su vida era con diferencia su hijo y a partir del día siguiente empezaba su entrenamiento.




Imagen de Tainara

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