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[Pasado] Arena en el viento - Versión para impresión

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[Pasado] Arena en el viento - Apolo Bahía - 08-08-2024

Hace tres meses
God Valley, West Blue


Habíamos estado navegando sin parar durante casi una semana. El superior nos había convocado a una decena de marines para que, junto a él, fuésemos a God Valley a no sé qué misión. Culpa mía, en el momento en el que nos explicó el operativo, no le estaba escuchando y estaba sumido en mis pensamientos. A decir verdad tampoco creo que fuese un drama para él. El llegar a tierra y poder salir del barco a estirar las piernas, se sintió como un regalo divino, los paseos por la cubierta a diario se empezaban a sentir agobiantes, como una cárcel, y aún por encima allí no puedo patinar. Ese día la temperatura era bastante sofocante y la humedad del ambiente lo empeoraba. Era la hora de comer y pese a ello, el superior nos ordenó montar un campamento bien adentrados en la isla, entre la vegetación. Ese hombre parecía que vivía con un palo metido por el culo, encima apenas nos ayudó y una vez terminamos, tuvimos que empezar a trabajar.


El grupo iba liderado por el superior y yo avanzaba al final de todo, como si la cosa no fuese conmigo. Nos dirigíamos hacia la única ciudad de toda la isla, la cual nadie sabe cómo, estaba abandonada. Seguramente muchas leyendas habrían circulado respecto a este lugar y quizás alguno de mis compañeros creyese en cosas paranormales, yo sin embargo admiraba el paisaje mientras avanzábamos. La verdad es que el lugar hacía justicia a su nombre, ver esos acantilados rojizos tan altos era espectacular, pero lo que más me impresionaba era ver en el centro esa formación rocosa que alcanzaba las nubes y que daba la sensación de que un ser divino cortó perfectamente por la mitad.


No tardamos mucho en llegar a la ciudad, la cual estaba construida a los pies de una montaña cercana a la entrada del cañón. Una vez allí, el pelotón se disolvió y cada uno empezó a dirigirse a zonas separadas así que yo hice lo propio, sin saber ni siquiera qué estábamos buscando o por qué estábamos allí. A veces en esta vida sólo hay que ser espabilado y saber camuflarse. La ciudad era bastante diferente a Ballywood: no poseía el glamour y la extravagancia del Boulevard, ni tampoco la contaminación y las fábricas de ladrillo de la zona este. Todo estaba construido en madera, las casas tenían su propio porche, había tiendas y tabernas... y sin saber nada del lugar, me daba la sensación de que la minería era el principal motor de la isla.


Viendo como mis compañeros inspeccionaban todas las construcciones de la ciudad, yo me dirigí a una pequeña casa que me llamaba la atención: estaba al fondo de la pequeña ciudad, separada a las demás. — Si hay algún espíritu dentro, espero que al menos sea educado... y si quiere algo conmigo, que me invite a cenar primero kakahaha — tiré de la puerta de madera para entrar y, tras un crujido, ésta se desprendió y me quedé con ella en la mano. Me encogí de hombros — vaya, con permiso


El ambiente dentro estaba cargado, había telarañas por los muebles y demasiado polvo, en ese momento estaba dando gracias a mi mermado sentido del olfato porque no tenía nada de ganas de notar el olor de ese hogar. Las tablas del suelo crujían demasiado, daba la sensación de que podrían partirse en cualquier momento. A la casa en sí no le veía nada de especial, era una casa común y corriente, eché mano de un pequeño marco que había en el mueble de la sala principal y, tras pasarle el pulgar por encima para retirar el polvo, vi que era una foto familiar formada por lo que parecía ser un matrimonio de mediana edad, y dos chicas jóvenes la cual parecían ser las hijas. Abrí una de las puertas y en ellas había unas escaleras hacia un sótano, al cual accedí. Estaba vacío pero lo que me llamaba la atención era oír un leve silbido, algo bastante raro. Dirigiéndome hacia ese sonido, pude ver que entre las tablas de la pared había espacio así que pateé la zona, las tablas cedieron el estar en mal estado y pude ver un agujero un poco más pequeño de lo que yo medía.


Me llamaba mucho la atención el hecho de ver una caverna conectada a una casa, así que agaché la cabeza y me colé por el agujero, un poco claustrofóbico para mi tamaño. El lugar se sentía agradable porque la brisa corría dentro y estar bajo tierra evitaba el calor exterior, lo único que necesitaba era beber y comer algo de una vez. A veces se sentía que el pasillo bajaba, pero otras subía bastante, así que estaba bastante desorientado pero me alegré de que al menos no hubiese bifurcaciones. Unos minutos después, llegué a una pared rocosa sin salida, de la que se podía ver un poco de luz entrando. Era evidente que esa roca estaba ahí puesta a mano, así que la desplacé sin problemas y salí de esa cueva, llegando a una zona con un paisaje precioso: estaba en medio del cañón de la isla y se veía que el sol estaba ya descendiendo. Avancé hasta el límite rocoso de la zona y miré acantilado abajo, el paisaje era bastante desértico pero sí que tenía un poco de vegetación de vez en cuando. Justo debajo corría un pequeño arroyo y yo por suerte no estaba demasiado alto, así que me descolgué y poco a poco fui descendiendo hasta que una vez llegado abajo, me acerqué a la pequeña corriente acuática y metí la cabeza para beber y refrescarme un poco. No era igual que beber un tremendo zumo de piña pero en ese momento era como estar en el cielo. Levanté la mirada y volví a ver otra cosa sospechosa: justo en frente al lado de un árbol, había otra pequeña entrada en la roca medio tapada por unos arbustos que parecía que había sido construida a mano. La curiosidad mató al gato, o eso dicen, pero yo no era un gato así que ya que estaba allí volví a entrar. Un par de metros más adelante había una puerta de madera, así que volví a usar mis legendarias técnicas de cerrajero: tirarla de una patada


De nuevo, en esa pequeña cueva hacía una temperatura mucho más agradable que en el exterior pero, en esta ocasión, lo que llamaba mi atención era que el lugar estaba lleno de libros, cajas de madera, barriles, mesas y un montón de objetos y recipientes los cuales yo no podría distinguir si eran de alquimista, de científico o de médico. Me apoyé sobre una mesa, cogí uno de los libros y al leerlo vi que, efectivamente, no estaba entendiendo nada de los números, símbolos y tecnicismos que aparecían escritos. Algo paralizó mi inefectiva lectura, por el rabillo del ojo estaba notando algo raro sobre una cama hasta que giré la cabeza y...


— HOSTIAS — me sobresalté y le lancé el libro. Sobre la cama había un esqueleto, al que una vez visto de cerca, me percaté de que llevaba las mismas gafas que el hombre de la foto familiar de la casa — ¿qué ha pasado en esta isla? No entiendo absolutamente nada — me eché el pelo hacia atrás con los dedos y empecé a investigar la habitación. Abrí los barriles y estaban llenos de agua, pero no parecía bebible porque debería haber estado ahí estancada desde hace mucho tiempo. Abrí las cajas y en ellas había materiales extraños, una de ellas también tenía comida. Empecé a vaciar la caja para poder comer algo, pero mi gozo en un pozo, la textura blanda de la fruta, vegetales y diferentes alimentos que había, me daba a entender que todo estaba podrido. Ni siquiera tenía algo conservado. Lo único que parecía medianamente decente era un cactus de barril, al menos estaba duro. Yo no era un experto cocinero, ni mucho menos, pero tenía entendido que esas plantas se podían comer


— Mejor ésto que morirse de hambre, supongo, culpa del superior — fui quitando las espinas de la planta porque tampoco me apetecía morir agujereado. La partí al medio y empecé a comerla — qué asco, cojones, esto habrá que cocinarlo o algo — tenía un mal sabor pero el gusto que dejaba después, era peor — No sé por qué estaremos en esta isla pero espero que no haya nada raro detrás — miraba a ese padre de familia que yacía como un esqueleto sobre la cama — me voy


Salí de esa pequeña habitación oculta dentro de la montaña y volví a acercarme al arroyo para beber otra vez y refrescarme. Me senté sobre una roca y oteé el horizonte hacia el fondo del cañón, ya estaba anocheciendo.


— Realmente el mundo es un lugar curioso. A veces me pregunto por qué sigo en Ballywood. Ni siquiera es mi isla natal, no le tengo cariño — por un momento me empezaba a plantear las cosas, inspirado por la calma que me producía tal hermoso paisaje teñido de rojo, debido al color de las rocas y la luz del sol. Me dedicaba simplemente a existir, a la vez que la arena del cañón flotaba con el viento.

Salí de mi trance cuando noté dos gruñidos a mi espalda. Me giré alertado y vi a dos chacales mirándome con mala cara. — Colegas... vamos a tener la fiesta en paz, ¿Me seguís? — me coloqué en posición de guardia por si acaso. Me empezaron a rodear. El primer chacal saltó hacia mí pero al golpearle en la cabeza con un puñetazo hacia abajo, salió corriendo. Al mismo tiempo, el otro chacal había saltado a mi brazo izquierdo aprovechando que yo estaba distraído, apretó con fuerza su mandíbula y mi brazo izquierdo se desprendió, lo que aproveché para patear al animal mientras caía, haciéndole huir también


— ¡AAAAAAAH! ¡MI BRAZOOOOOO! Me voy... a... — de la aprensión empecé a perder las fuerzas y caí al suelo — morir... adiós a mi carrera de supermodelo... — estaba totalmente hipnotizado por el shock y el drama — ¿eh? Si ni siquiera me duele — el brazo mezclado con la corriente de aire del cañón que arrastraba la arena, volvió a su sitio. Me puse en pie y comprobé que todo funcionase como debía. Miré al horizonte sin expresión y con toda la calma del mundo — así que... me he comido una Akuma no Mi... eh... — me llevé las manos a la cabeza volviendo al momento dramático — ¿Y AHORA CÓMO SE SUPONE QUE VOY A SURFEAR? — me tiré de rodillas como si fuese lo peor que podría haber pasado — SI ES QUE SOY TONTÍSIMO, PARA QUÉ HAGO ACROBACIAS GASTRONÓMICAS SI NO SÉ NI COGER UNA SARTÉN ¡MIERDA!


Con toda la desgana del mundo, volví a levantarme y empecé a caminar de vuelta al campamento marine mientras anochecía. Mi plan era infiltrarme en mi tienda de campaña y evitar preguntas, no le contaría nada al superior porque seguro que utilizaría esto a su favor. Una vez allí simplemente me dormí y ya a la mañana siguiente, recogimos todo y navegamos de vuelta a Ballywood. Tocaba volver a la rutina de limpieza.