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Con uñas y dientes [Presente Relativo] [Auto T3] - Versión para impresión

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Con uñas y dientes [Presente Relativo] [Auto T3] - Chloe Dendro - 17-08-2024

10:30 a.m
Día 51 de verano. Año 13.
Báltigo. Cañón de marfil.

Me he dado cuenta de que, desde que abandoné mi antigua vida, he tenido muy pocos momentos de verdadera paz. Las comodidades y lujos de antaño se sienten como un recuerdo lejano, uno que intento mantener enterrado en las profundidades de mi memoria. Sin embargo, ese lujo venía con un costo demasiado alto y un secreto que me seguirá persiguiendo. Dejarlo atrás fue necesario, aunque a veces me pregunto si el precio fue demasiado alto, intentaba no pensar en ello, pero este día, mientras el barco estaba anclado frente a esta isla rocosa, me encontraba con demasiadas horas libres y pocos pensamientos útiles.
 
Ahora, mi vida estaba dedicada a la caza de piratas junto a Sohem y Viktor, pero hoy me sentía inquieta, como si la rutina del barco hubiera empezado a desgastarme, había llegado al punto en que se sentía asfixiante; las olas golpeando el casco, el crujir de la madera, el vaivén de la embarcación, el olor a sal… Todo se estaba volviendo demasiado familiar, casi opresivo. Bajé del barco, no porque tuviera algo específico que hacer en mente, sino porque necesitaba estirar las piernas, liberar mi mente de la monotonía.  Por eso hoy, mientras el sol del verano se cierne implacable sobre nosotros, siento la necesidad de salir, de alejarme del barco, aunque sea por un rato. Decidí bajar a la isla rocosa que se alzaba solitaria en medio del océano, parecía haberse levantado del mar por puro capricho de la naturaleza. Desde el barco, no parecía ofrecer mucho, pero a pesar de su aspecto inhóspito, algo en ella me llamaba. Quizás era la necesidad de cambiar de escenario, de caminar sobre tierra firme en lugar de hacerlo sobre la cubierta de madera, para variar, lo que me empujaba a explorarla. Bajé del barco y empecé a caminar por la isla sin un rumbo definido, dejando que mis pensamientos vaguen tan libres como mis pasos. El sol del verano se clavaba en mi piel sin piedad, como si estuviera siendo víctima de Sohem.
 
La isla era un páramo desolado, una vasta extensión de rocas desnudas y polvo que se extendieron hasta donde alcanzaba la vista. No había sombra alguna, ni un solo árbol o arbusto bajo el cual poder refugiarse. Todo lo que veía eran formaciones rocosas irregulares, erosionadas por el viento y el tiempo, que se elevaban como torres sombrías y desmoronadas. Cada paso que daba sobre la tierra agrietada y polvorienta levantaba una nube de partículas que se adherían a mi piel sudorosa. Era un lugar sin vida, sin sonido, salvo por el suave silbido del viento que pasaba entre las grietas y fisuras en las rocas. Seguí caminando, cada vez más lejos del barco, a medida que avanzaba el calor se volvía casi insoportable, haciendo que el aire a mi alrededor pareciera ondularse en espejismos efímeros que nublaban mi vista más aún de lo que mi mente hiperactiva hacía. La falta de vegetación o de cualquier tipo de vida animal le daba a la isla un aire casi irreal, como si estuviera caminando por una escena de otro mundo, un paisaje hostil y desprovisto de cualquier signo de confort. Era extraño, pero este lugar me daba una especie de paz, algo inquietante, como si aquí, en medio de este desierto de piedra, pudiera perderme por completo, olvidarme de todo lo que me atormentaba y simplemente desconectar.
 
De repente el suelo desapareció bajo mis pies. Un grito se escapó de mis labios mientras caía, el eco de mi voz reverberó entre las paredes de un cañón que no había visto. La caída, aunque rápida, me dejó sin aliento, y cuando finalmente impacté contra el fondo, el dolor se extendió por todo mi cuerpo. No era un dolor insoportable, pero sí lo suficiente para hacerme ver estrellas por unos segundos. Quedé tendida ahí, inmóvil, tratando de recuperar la compostura y procesando lo que acababa de suceder, me dolía el cuerpo, pero revisé y nada parecía haberse roto por el golpe, — Que suerte la mía. — repliqué con queja. Al principio, me quedé tendida en el suelo, tratando de calmar mi respiración y ordenar mis pensamientos, al rato comencé a moverme y me incorporé lentamente, sintiendo la aspereza de las rocas bajo mis manos mientras me apoyaba para levantarme. El cañón en el que había caído era estrecho, con paredes casi verticales que se alzaban a varios metros sobre mí. Levanté la vista y vi el cielo, un rectángulo azul brillante enmarcado por las paredes de roca. El sol seguía golpeando desde arriba, y sentí como el calor comenzaba a acumularse en ese pequeño abismo, transformándolo en un horno natural. — No hay otra forma de salir de aquí que trepando… — pensé, así que me acerqué a la pared más cercana y empecé a buscar puntos de apoyo mientras resoplaba, frustrada conmigo misma por no haber prestado atención a por donde iba, — Esto no me pasaría si mantuviera mis sentidos alerta, como dijo Viktor, pero aquí estoy, tan metida en mi cabeza que no veo el peligro justo bajo mis pies. — La roca estaba caliente al tacto, casi quemó mis dedos cuando intento encontrar un buen agarre. Respiré hondo, tratando de no dejarme intimidar por la altura. Esta no era la primera vez que me enfrentaba a una situación difícil, y ya sabía que no serviría de nada entrar en pánico.
 
Comencé a trepar, moviendo mis manos y pies con cuidado, evaluando cada saliente y grieta antes de poner mi peso en ellas. El primer tramo fue complicado; la roca era resbaladiza en algunos puntos, cubierta de un polvo fino que me dificultaba el agarre. El sudor corría por mi frente y mi espalda, empapando la parte superior del uniforme y haciendo que se pegase a mi piel, haciendo incluso más desagradable toda la experiencia. El calor no ayuda en la misión; sentía que me asfixiaba, que el aire a mi alrededor era cada vez más denso y difícil de respirar. Mis músculos protestaban con cada movimiento que hacía, ya que el esfuerzo bajo el sol abrasador se sentía el doble de agotador. Después de lo que parecieron eternos minutos, mis dedos empezaron a volverse resbaladizos y, un instante después, perdí el equilibrio y mis pies se despegaron de la pared por la inercia, mi corazón se detuvo por un instante pero, antes de caer, logré aferrarme a un saliente más grande, clavando mis uñas en la roca para no soltarme y rompiéndolas en el proceso. Mis manos estaban temblando por el cansancio, y el dolor en mis brazos era punzante como si un millar de agujas se hundieran más en mi carne con cada movimiento, pero no podía permitirme descansar aquí, debía seguir subiendo, no tenía otra opción si quería sobrevivir.
 
Seguí ascendiendo por la pared hasta que finalmente llegué a una pequeña grieta en la pared, lo que parecía una cueva, me arrastré hacia dentro, jadeando por el esfuerzo. Era un refugio temporal, apenas lo suficientemente grande como para que quepa mi cuerpo tumbado, aunque la cueva se ensanchaba a medida que se hacía más profunda, pero en este momento lo agradecía como si fuera un oasis en el desierto. La oscuridad y la sombra me envolvían, y por un momento, disfruté del alivio que me daba estar fuera del alcance del sol. Al principio, no noté nada extraño, estaba demasiado ocupada tratando de recuperar el aliento, sintiendo cómo mis músculos se relajaban ligeramente después del esfuerzo y descansaban, pero a medida que mis ojos se acostumbraban a la penumbra, algo en el fondo de la cueva captó mi atención. Al principio no estaba segura de qué era, pero, en cuanto me acerqué, el horror se apoderó de mí. — Es un cadáver. — dije, como confirmando lo evidente, tragué saliva. El cuerpo, o lo que quedaba de él ya, estaba encogido en una esquina, apenas cubierto por lo que en algún momento debió de ser ropa, la piel, si es que aún podía llamarse así, estaba pegada a los huesos, grisáceos por polvo, y parecía que lleva ahí años, descomponiéndose lentamente en la oscuridad. La visión me provocó un escalofrío que me recorrió la espalda como una punzada eléctrica, y mi primer instinto fue retroceder. Pero había algo junto al cadáver que no pude ignorar, su arma: un rifle.
 
El arma estaba sucia y cubierta completamente por polvo y telarañas, pero parecía estar en buen estado a pesar de todo. Recuerdos de mi entrenamiento con Viktor empezaron a inundar mi mente, ese rifle era similar al mío, al que rompió. — No quiero pensar en cómo rompió mi rifle, no quiero pensar en cómo me levantó por el cuello como si fuera una muñeca de trapo, no quiero recordar esa sensación de impotencia que me hizo sentir. — me repetí a mí misma, obligándome a concentrarme en el presente. Necesitaba ese rifle, podría ser útil en el futuro, pero para conseguirlo debía quitárselo al cadáver, su legítimo dueño a fin de cuentas, y solo el pensamiento de hacerlo me revolvía el estómago. Miré las manos esqueléticas que aún agarraban el arma, como si el dueño hubiera muerto intentando aferrarse a su única posesión valiosa con cada fibra de su ser. Tragué saliva, intentando no dejar que el asco me paralizase e impidiera actuar. — No tengo tiempo para ser delicada. — con esas palabras en mente extendí la mano hacia el rifle y tiré con fuerza, al principio no cedía, las manos del cadáver estaban rígidas, como si incluso en la muerte se negara a soltar su arma, tiré de nuevo, esta vez usando ambas manos, y sentí cómo los huesos de sus dedos crujieron y se movieron bajo mis manos, un escalofrío de repelús me recorrió de arriba a abajo, pero, finalmente, el rifle se desprendió con el tercer tirón que propiné al cadáver y me eché hacia atrás jadeando y temblando por la repulsión mientras este perdía su consistencia, desmoronándose sobre sí mismo como si de un castillo de naipes se tratase.
 
El rifle tenía una correa vieja y desgastada, tan sucia como el resto del arma, pero funcional, así que lo aseguré alrededor de mi cuerpo antes de salir de la cueva, no podía permitirme más descansos, no mientras estaba atrapada ahí abajo. El segundo tramo de la escalada fue aún más difícil, mis músculos ya estaban agotados, y cada vez que intentaba aferrarme a la pared de roca, sentía que mis fuerzas me abandonaban. Pero no podía rendirme, pensaba en lo que Viktor me dijo durante nuestro entrenamiento, por poco ortodoxo que fuera, y eso me daba la energía que necesitaba para seguir adelante unos metros más. Mi cuerpo dolía, mis manos estaban ásperas y doloridas, mi ropa rasgada, mis uñas habían acabado rotas en su mayoría, y el calor seguía siendo sofocante; pero no había otra opción, no podía permitirme seguir fallando. Finalmente, después de lo que parecieron horas, llegué a la cima, me arrastré hasta la superficie, sintiendo el calor del sol sobre mi piel y el aire fresco en mis pulmones. Me tomó un momento recuperar el aliento antes de levantarme y mirar a mi alrededor, el paisaje era tan desolado e inhóspito como lo era abajo, pero ahora, con el barco a la vista. Por algún motivo, la vista del Parabellum me tranquilizó, emprendí el camino de regreso, mis pasos eran firmes y decididos pese a sentir que en cualquier momento mis piernas acabarían siendo doblegadas por la gravedad. El rifle, pesado y sucio, colgaba de mi hombro, pero su peso, lejos de resultar una carga, me daba una sensación extraña de seguridad.
 
Cuando llegué al barco, Sohem y Viktor estaban allí, ocupados con sus tareas. No parecían haber notado mi ausencia, o al menos no parecía haberlos preocupado en demasía. Subí a bordo en silencio, sin ganas de compartir mi experiencia. No tenía intención de contarles sobre el cadáver, ni de cómo conseguí este rifle. Ese sería un secreto que, al igual que tantos otros en mi vida, me guardaría para mí misma.
 
 
Off



RE: Con uñas y dientes [Presente Relativo] [Auto T3] - PX-3 - 17-08-2024

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