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[Auto FIC - Recolección] - Caminandito por ahí - Rapax Gin - 20-09-2024 Día 37 de Otoño, Año 13 Afueras de la ciudad 9:00am Las calles de la ciudad estaban abarrotadas como lo habían estado desde que llegamos. La gente no paraba de cruzarse en mi camino por aquellas vías, por las que pasaban carretas, personas, comerciantes, empleados y demás tipos de chusma de lo más variopinta. No parecían gente mala, a diferencia de los que seguramente vivieran más arriba, en los distritos más adinerados. Me sentía a gusto en esta zona de la ciudad, y me imagino que igual le pasaba a los demás, porque no tuvieron problema en ir a hacer quién sabe qué cosas. Yo por mi parte quise salir a explorar las colinas que había visto a la distancia, que parecían ser un área más rural y menos atiborrada de gente. Algo me decía que allí me sentiría más a gusto y , siendo sincero, necesitaba respirar aire fresco y alejarme de la multitud. No me gustaban los extremos, ni la soledad de Kyodaina, ni las turbas de gente de las zonas comerciales de esta ciudad, que por lo que escuché en las calles, llevaba el nombre de Legance. No eran muy creativos por acá. Así fue como me dediqué a caminar, no sin cuidado por las calles. Sabía que era un hombre buscado, aunque no sabía qué tan buscado, así que evité cualquier cruce por zonas especialmente vigiladas o patrulladas por los infelices de la marina. Las calles más alejadas del centro, en el que se erigía un enorme castillo, parecían estar más dedicadas a la gente de menores estratos, y ya sabía yo que a esa gente nadie la vigila, pues a nadie le importa lo que pueda ocurrirle a alguien que no tenga un apellido reconocido. Veía personas de todo tipo por aquellas agradables calles, desde jóvenes hasta ancianos que trabajaban de manera honesta (me imagino yo al menos) para ganarse el pan. A medida que iba caminando, pensé en que hacía nada estuve a punto de no contarla cuando me crucé con el demonio en aquella playa, luego de acabar con la vida de su alocado amigo. Asturia era sin duda un tipo temible y ahora que viajamos bajo su bandera, ciertamente sentía el alivio de no tenerlo como enemigo, pero también seguía teniendo el interés en derrotarlo. Debía ser más fuerte. Siempre más fuerte y capaz. No podía acostumbrarme a que otra persona, fuera o no el capitán, tuviera que cargar con mi incompetencia para defenderme a mí mismo o a otros. Pero ya tendríamos tiempo para eso. Ahora necesitaba relajarme un poco y aventurarme hacia aquellas apacibles colinas que tanto me llamaban. Por fin salí de la zona más citadina y me fui adentrando por unos pequeños caminos empedrados que atravesaban una pequeña pradera. Un sendero pequeño bordeado por una valla de madera me conducía a un pequeño bosquecillo a unos cientos de metros más adelante. Por allí no pasaba nadie más que un par de señores que transportaban madera a sus espaldas, quizás para venderla en el mercado de la ciudad. Más allá de eso, mi paseo por la pradera fue de lo más calmado y apacible. Sin ningún tipo de contratiempo. Al avanzar entre los primeros árboles del bosquecillo que se abría paso frente a mí, pude ver a la distancia, como si alguien la estuviera tratando de esconder, una pequeña edificación. Decidí salir del camino y andar con cuidado por aquella zona verde, entrelazando mi ruta con los diferentes árboles. Los árboles de aquella zona no eran ni de cerca tan grandes e imponentes como los de Kuen, ni qué decir de los de Kyodaina. Estos eran árboles que invitaban a recostarse y relajarse bajo sus copas mientras la brisa calma se llevaba tus problemas. Cada tanto extrañaba lugares así cuando estaba en Kuen, lugares como el bosque de mi propia isla, a la que nunca volvería probablemente. Aquel bosque seguro ardió en llamas por culpa de aquel maldito noble. Me fui acercando a la construcción para darme cuenta que se trataba nada más y nada menos que de una cabaña. Era una linda cabaña un tanto alargada, como una caja de zapatos gigante. La mitad de su superficie era una simple casa habitada, pero la verdadera sorpresa vino cuando rodeando la casa, me topé con un pequeño taller de herrería. Mis ojos se iluminaron. Qué labor tan hermosa y qué alegría ver a alguien allí trabajando el acero y el cuero con tanto talento, pues sí, allí mismo había un señor bastante fornido dando golpes a una pieza de hierro al rojo vivo. En cuanto me vio se detuvo y me saludó, luego me preguntó si me podía ayudar, pero le respondí que solo quería verle. Al principio pareció extrañado, pero luego se encogió de hombros y sonriente continuó su trabajo. Mientras continuaba, me surgían algunas preguntas sobre su oficio, que el buen hombre tuvo a bien responderme. Era un señor bastante amigable. Le pregunté de dónde sacaba el hierro para sus creaciones, además del cuero y esas cosas. Por la madera no pregunté, porque me hacía una idea. El señor vivía en el bosque, madera le sobraría. Curiosamente me respondió que el hierro lo sacaba de una pequeña mina que había unos cientos de metros bosque adentro, mientras que el cuero lo obtenía de algunos animales que cazaba en la zona. Desde ciervos, cerdos, jabalíes, y para las creaciones más exigentes, comerciaba con algunos establos para comprar cuero de caballos y vacas que estuvieran destinados al consumo. Mientras el señor seguía haciendo su labor, me surgió una idea. Tenía que probarla, así que le pregunté si me permitiría fabricar algo sencillo en su fragua, que no le dañaría nada y que de hacer falta, yo traía conmigo mis propias herramientas. El hombre sorprendido me sonrió y me dijo que no había problema, que siempre le alegraba tener compañía, pues sus hijos casi nunca estaban, al ser ambos estudiantes en la ciudad. Le agradecí su positivismo y le dije que volvería en un momento. Sin dudarlo me adentré en el bosque y tras unos pocos minutos, me topé con un grupo de ciervos, los examiné por unos instantes, mientras frotaba el colgante en mi pecho y decidí que me servirían. Poco me costó apresar y cazar a uno de aquellos pacíficos ciervos. Luego me dirigí a un grupo de cedros que crecían no muy lejos de la cabaña y entrechoqué mis puños, para tras derribar uno de ellos, cargué a mis hombros el tronco y me dispuse a volver. De regreso en la cabaña, el herrero me miró sorprendido, y aprovechó de tomarse un descanso mientras me miraba hacer mi pequeño proyecto. Usando unos cuchillos de caza, degollé al ciervo y extraje su cuero, ofreciéndole a mi anfitrión el resto del animal como alimento, a modo de pago por el alquiler del lugar y las máquinas. Luego tomando las sierras y las lijas, corté y pulí algunas tiras de madera hasta encontrar una lo bastante fuerte y resistente como para la labor que le daría, mientras el hombre me ayudó con el proceso de curtido del cuero, pues me comentó que sabía de un método para que el cierto se curtiera mucho más rápido de lo normal. Acepté su ayuda, pues no quería invadir su herrería mucho más de lo necesario. Fabriqué un agarre lo bastante resistente como para poder agregarle dentro la pieza principal, y poco a poco las uní, acoplando protecciones en ambos extremos, así como una pequeña guarda cuadrada, que finalmente le daría un aspecto de espada propiamente a aquel invento de madera que había hecho. Luego con una tira del cuero curtido, le construí un recubrimiento al mango para que tuviera un agarre lo bastante firme como para que no se escapara de las manos de su usuario. Pulí nuevamente la pieza armada con papel de lija de 500, para que fuera lo más delicada y luego le apliqué barniz. Mientras se secaba, el hombre preparó el ciervo en un delicioso estofado y me explicó que eso no era ningún invento, que esas espadas de madera ya existían y se llamaban bokken. Me reí y le agradecí la comida y la enseñanza. Finalmente estuvo lista y me dispuse a partir, una vez más agradeciendo al hombre por su amabilidad y hospitalidad. Antes de despedirme le di la mano y le pregunté su nombre. Me dijo que se llamaba Rex, y que podía venir cuando quisiera a hacerle compañía, siempre y cuando trajera algo para comer.
Resumen
Recolección
Inventario
Karmas Positivos
Karmas Negativos
RE: [Auto FIC - Recolección] - Caminandito por ahí - Sentomaru - 21-09-2024 AV. RECOLECCIÓN - COMPLETADA
Has recolectado y fabricado un Bokken T1. Lo añado a tu inventario.
BokenObjetos bélicos
1
Especificaciones
Descripción: Una espada de madera, utilizada en la práctica de artes marciales y entrenamiento. Simula el peso y la sensación de una espada real, pero está hecha para evitar lesiones graves durante la práctica.
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