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[FIC] El león blanco de Neur [Forma Sulong] - Ben Power - 23-09-2024 Día 45 de Otoño. Año 13
Afueras de la Isla Lègance.
19:30 de la tarde.
El día había pasado de forma bastante tranquila. Por lo genera, la tripulación de los piratas Mushoku íbamos un poco por libre, excepto que alguno propusiese algún plan. Pero aquella tarde, tras una buena comida regada con una cerveza bastante buena, decidí alejarme un poco más de lo habitual de ellos, así que me lancé a caminar por la ciudad, a reconocerla tranquilamente entre miradas de pánico, asco o rechazo de la gente. De nada parecía servir la gabardina que tapaba mi cuerpo y mis cicatrices. Al final me había acostumbrado a ello. Era lo habitual para alguien como yo o como mis compañeros, excepto, quizá por Gin. Era el único que no tenía plumas, cuernos, pelo por todo el cuerpo o aletas. Aún así, su altura y su actitud lo hacían destacar. Me llamó la atención en especial un herrero pequeño y calvo que trabajaba sin descaso en lo que parecía ser un futuro cuchillo. Me paré a ver la artesanía que tenía en la tienda, pero en verdad, de "Armas Albacete" no me ineresaba nada que no fuese metal al rojo vivo para cauterizar una herida. Aunque quizá añadir una hoja bien afilada a mis armas no vendría mal. No era el momento, así que continué con mi paseo tranquilamente hasta llegar a los lindes de la ciudad. Allí me senté a la orilla del mar. Quería salir de la ciudad. ¿Cuándo sería la hora de arrasar? Las intenciones del capitán verdaderamente se hacían de rogar. Aunque parecía que siempre estaba sediento de sangre, se pensaba mucho las estrategias ante un ataque como aquel. Pese a lo duro que parecía, en el fondo no quería perder a ninguno de los que nos habíamos juntado en aquella locura llamada Piratas Mushoku. Me recordaba a mi estancia en la desesperante isla Minion, con ajetreo y varios marines a los que podía pegarles con facilidad. Era muy aburrido. Por la posición del sol, eran las 19:30, aproximadamente. Aún había tiempo antes del anochecer. Poco, pero el suficiente para poder contemplar con calma el cielo entrecortándose con el mar en el horizonte. No puedo negar que aquellas vistas eran maravillosas. Estaba lejos. En el otro extremo de la ciudad desde el suburbio donde nos encontrábamos alojados. Por lo menos la cerveza era buena. Aún llevaba una jarra que había adquirido en la última taberna en la que había estado. Di un largo trago a aquel líquido dorado, tirando a oscuro, con sabor amargo, a lúpulo, con aromas de cebada malteada. La había hecho algún maestro cervecero seguro. No se apreciaba otro sabor externo al de los ingredientes principales de aquella famosa bebida. Al acabar aquel último trago de más o menos media jarra, lancé la misma con fuerza hacia un lado impactando en un hombre que justo salía de un callejón. Me miro con cara de ira, completamente rojo y gruñí ligeramente. Parecían no querer problemas, pues de rojo como Eaa, su piel pasó a blanco como mi pelo. Salió corriendo. De nuevo miré al frente y me tranquilicé. Abrí los ojos. A judgar por la oscuridad que me envolvía habían pasado varias horas desde mi llegada a aquella zona de la ciudad. Era hora de agachar la cabeza para no mirar la luna y volver a la base con mis compañeros. Caminé entre dos calles que ya conocía, pues había pasado antes, envuelto en mis propios asuntos y recuerdos. El suelo estaba empedrado y limpio. A mi cabeza vino una antigua leyenda, la cual me había quedado grabada de niño, casi como un trauma. La historia del dios de la luna, Selissa. Si le contase algo de esto a Zarek me volvería a intentar matar, seguro. Me acaricié la cicatriz casi extinta en el plexo solar. La historia contaba que, una vez, a Selissa, la diosa de la caza, en una de sus famosas salidas para explorar el mundo, decidió conocer la luna y hacerse con ella para aumentar así su poder. Al llegar al astro, se había encontrado a un habitante ancestral de los bosques, un enorme animal blanco, con melena y una fuerza descomunal. El nombre de esta maravillosa criatura era Shu - Long. Era el mejor y más fuerte guerrero de la luna, de donde la diosa quería sido expulsarlo junto a todos los suyos después de que, al cumplir quince años, los hubiera cazado a casi todos los que allí habitaban. Estos seres bajaron al mar azul y allí se juntaron en tribus por todo el mundo. Selissa se enfrentó a Shu - Long en una última lucha, donde el ganador se quedaría con el territorio ahora de la mujer. Batallaron durante quince días sin parar en una épica batalla donde, al final, la diosa salió vencedora, condenando la fuerza de los mink, convirtiéndolos en simples animales, pero la voluntad de aquellos primeros inmigrantes de la luna hizo que la magia de la conquistadora no surtiera el efecto deseado. Los mink se quedaron con un aspecto mucho más pequeño que el original y con colores más vivos de los que tenían en su origen, que en su mayoría eran blancos. Selissa se sentía satisfecha, pese a no haber podido completar su maleficio. Shu - Long lo veía, como un simple león normal y corriente, pues, debido a lo débil que había quedado tras la batalla, en él si había surgido el maleficio completamente. Una lágrima cayó del felino melenudo y en esta gota mágica se encontraba todo el poder que le quedaba concentrado. Al caer a un río cercano, los minks la bebieron y Shu - Long murió. Desde entonces, cada quince días, al final de la batalla entre los dos titanes, si un mink miraba al hogar de sus ancestros, volvería momentáneamente a la forma que debería haber tenido, gracias al poder de Shu - Long, el león plateado defensor de la luna. Es su regalo en forma de disculpas por no haber podido proteger la tierra que le habían encomendado. Es el poder que le quedaba para ayudar a su gente. Recordaba la historia y nunca miraba hacia la luna llena, pues me descontrolaría, destruyendo y haciendo daño a los que están a mi alrededor. Y de ninguna forma pretendía estar inconsciente en el momento de destruir todo lo que me rodeaba. Necesitaba estar en plenas facultades en el momento para sentir la muerte, el olor y el sabor de la sangre fresca, los gritos de la gente aterrorizada por la bestia que tenían delante. El miedo de la gente a mi alrededor me producía semejante alegría que no podía permitir que no fuese consciente en una situación así. No podía ser. Nunca... Pero, ¿Qué hora seria? Miré a mi alrededor son encontrar un solo indicio que me acercase a la hora aproximada. Nadie se me acercaba para poder preguntar. Malditos cobardes, para una vez que necesito algo y me rehúyen. Solo había una forma de saberlo, por la posición de la luna. Salí de entre los edificios a una pequeña plaza entre viviendas, aún alejado del lugar donde se encontraban mis compañeros. Estaba seguro, era el día cuarenta y nueve del otoño, por el fresquito tan agradable que recorría las calles. No había peligro, pues la luna no estría llena para mi transformación. Alcé la vista hacia el astro, pero... Mierda. La hora ahora era mi última preocupación. Mierda. MIERDA. ¿Por qué aquella puta roca en medio del cielo estaba tan redonda? Me equivoqué de fecha. No puede ser. Noté cómo mi cuerpo se tensaba y cómo una especie de corriente eléctrica me recorría el cuerpo, paralizándome. Mucho más potente que el Electro que usaba para los enemigos más fuertes. Los ojos se me enrojecieron como la sangre que empezaba a ansiar beber sin control. Noté mis músculos y mi pelo crecer. La ira más interna por la pérdida de un hogar el cual nunca había conocido se apoderó de mí. No era capaz de ver a penas. Me sentía grande, fuerte, lleno de energía. Nada podría conmigo. Estaba iracundo y aquella puta isla me lo pagaría. Ellos eran los culpables de que yo hubiera perdido mi hogar. Mis garras se afilaron de repente y se ennegrecieron. Una mata de pelo cubrió mi cuello. Mis colmillos crecieron aún más que mi hocico y segregaba saliva incontroladamente. Sed de sangre. Esto debía ser el dolor de Ashura, siempre buscando la muerte. Ahora sí lo entendía. Aquellos que me rodeaban me las pagarían. Di un puñetazo de lado y la pared se derrumbó a mi lado. dentro, una aterrorizada gente gritaba. No era capaz de controlar mis movimientos. Apenas sabía lo que estaba haciendo. Solo quería matar a los que me habían echado, los que me obligaron a vivir lejos de mi hogar, lejos de la belleza que habían construido mis ancestros. Sin quererlo, de lo más profundo de mi ser, surgió un gran rugido. A partir de ese momento, todo se volvió negro. Día 46 de Otoño. Año 13
Claro de un bosque cercano.
10:15 de la mañana.
Desperté con frío. Daba gusto estar allí tumbado, con esa perfecta temperatura. abrí poco a poco los ojos para que se fueran acostumbrando a la luz del día. Me senté despacio, apoyando las manos en el suelo, donde me hallaba tumbado. Era una sensación extraña. No me notaba cansado en exceso, pero el cuerpo sí me dolía. A lo lejos, sin yo haberme fijado, un hilo de humo subía desde un extremo de la ciudad. Como si el capitán estuviese vigilando aquella zona. Me levanté despacio por el dolor y me estiré. Todo mi cuerpo crujió y me encogí por reflejos. Miré al cielo. El sol saludaba como si nada hubiese pasado aquella noche. De repente fui consciente de mi situación. ¿Cuánto había bebido anoche para no recordar nada? Los demás se iban a enfadar conmigo. Empecé a hacer memoria y en la comida recuerdo haber dicho que ojalá encontrase un sitio mejor para dormir que aquella cutre estancia que nos había proporcionado Ashura. También dije que necesitaba estar solo un rato, que ya volvería si tal. Quizá pensaran que había desertado. Seguro que me querían matar por traidor. Que remedio, Tendría que volver y explicar que me había emborrachado y que no sabía volver. Miré a mi alrededor. Era el claro donde nos habíamos entrenado algunos días antes. Sabía volver a la base desde allí. Además no estaba lejos. Comencé a caminar despacio, con paso firme, hacia el lugar donde nos hospedábamos la tripulación de los piratas Mushoku. Saqué del bolsillo el pequeño caracol que usaba para comunicarme con los demás por si me llamaban y lo coloqué en mi hombro. Pronto llegué a la ciudad, donde la gente, preocupada susurraba y cotilleaban entre ellas. Me acerqué a un par de señoras con bolsas de la compra en el regazo que hablaban asustadas. - Disculpen, señoras. Hay un buen alboroto montado en la ciudad. ¿Qué ocurre? - Entonces una de las señoras, se volvió amablemente hacia mí. Tenía el pelo grisáceo y rizado. Como una nube de tormenta sobre la pequeña vieja que me empezó a hablar como si me conociera de toda la vida, susurrando un secreto que parecía conocer media población. Me contó que el león blanco volvió tras cien años aquella noche. Que lo que la villa tenía como un mito de los padres para que los pequeños se fueran a dormir, había vuelto. Un enorme león blanco lleno de ira había destruido toda la zona sur de la ciudad. Muchos muertos y heridos por el monstruo. Me recomendó tener cuidado, pues esa noche podría volver a atacar y que muchos de la zona sur se mudarían al norte. Absurdo, pensé. Si la gente se junta huyendo de un enemigo de tales características, solo conseguirían aumentar el número de victimas. Pero entonces se me encendió la bombilla. Si nos contrataban para cazar a aquel montuoso león, podríamos ganar algo de dinero. Así estaríamos más cerca de conseguir un nuevo barco. Tenía que contárselo a los demás enseguida. Di gracias a la señora con un gesto de la mano y corrí hacia donde se debían encontrar mis compañeros. Mi cerebro guardaría celosamente el secreto de la transformación en la forma más poderosa de los mink hasta que fuese necesario más adelante.
Información del turno
RE: [FIC] El león blanco de Neur [Forma Sulong] - PX-3 - 25-09-2024 Tema Denegado
El fic es para controlar el sulong y solo has roleado que te transformas, debes escribir como lo dominas.
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