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[PR absoluto] [T1 autonarrada] Isidro y Iago - Versión para impresión

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[PR absoluto] [T1 autonarrada] Isidro y Iago - Donna Summer - 08-10-2024

Donna se despertó con el canto de los pájaros y la luz del sol entrando entre las cortinas. Se desperezó y se asomó por la ventana. Hacía un buen día, soleado y primaveral, pero una punzada de dolor en su sien le hizo arrugar la frente. No debió tomar aquella última cerveza con Cadis la noche anterior.

- “Mierda…”- murmuró para sí misma.

Abrió la ventana para ventilar y bajó por las escaleras al comedor con cocina americana. Cogió un refresco y se sentó en la mesa. Encendió un cigarro y repasó mentalmente qué tenía que hacer hoy. Primero iría a la oficina y repartiría el correo. Hoy era miércoles, día de la publicación semanal de su revista de cotilleos favorita, así que tendría entretenimiento durante la comida. También tendría que pasar a ver a sus padres después del trabajo, luego iría un rato a ver a los gatos y si se encontraba con Cadis esperaba que él le contara alguna novedad sobre su hermana, recientemente habían apostado a que estaba embarazada de nuevo, pero no tenían pruebas.

Terminó su refresco con un par de cigarros más para espabilarse y fue a la ducha. Salió de casa media hora más tarde y emprendió el camino que estaba convencida que la llevaría a la oficina postal de la villa. Un giro a la derecha, dos a la izquierda… ¿o no era así? Joder, otra vez se había perdido. Más le valía orientarse antes de que alguien la viera o Cadis volvería a reírse de ella una semana. La verdad es que era impresionante que tres años después de estar trabajando sola en la oficina aún se despistara del camino con tanta facilidad. Empezó a mordisquearse las uñas y decidió volver a donde había empezado. Si había hecho un giro a la derecha y dos a la izquierda sólo tenía que girar dos veces a la derecha y una a la izquierda para volver a casa, ¿no? Dios, ¿por qué todas las casas del pueblo eran tan parecidas? Sólo se distinguían la iglesia, el ayuntamiento y… oh, joder.

Donna paró en seco cuando vio la estructura del molino de la villa alzarse ante ella. Se frotó la cara algo desesperada. Esta vez la había hecho buena… El molino se encontraba en la otra punta del pueblo que la oficina postal, ya podía prepararse porque si no se enteraba de esto hasta su hermana en el Grand Line sería un milagro. Suspiró y se decidió a emprender la marcha hacia la calle principal (en caso de encontrarla sabía que sólo debía continuar por ella hasta ver los colores azules y amarillos de su oficina). Estaba a punto de girar la esquina cuando vio a Isidro saliendo de la pequeña casa del molinero con aspecto disgustado.

Isidro era el novio del hijo del molinero, Iago. Ambos eran amigos de Donna y en más de una ocasión se habían juntado para tomar algo. Secretamente, habían sido una gran inspiración para varios de los relatos +18 de Donna, pero jamás se lo contaría a ellos. Eran una de sus parejas favoritas de la villa, ya que se sentía afortunada de haber vivido en directo cómo su amistad se convertía en una relación cada vez más cercana, el conflicto de la incomprensión durante su adolescencia y cómo ambos fueron madurando emocionalmente lo suficiente como para llegar a comprender que estaban enamorados. Eran una fuente de literatura inagotable para Donna y ella jamás se aburría de colocarlos en diferentes universos con sus propias aventuras y siempre terminando profundamente enamorados (con alguna escena picante de por medio).

- ¡Hola Isidro!- saludó amablemente desde la esquina. La verdad es que si podía recorrer el camino hasta la oficina postal con él y charlar un rato podía compensar haberse desviado tanto del camino.
- Ah, hola, Donna, ¿qué tal?- se notaba en su voz que Isidro estaba agotado emocionalmente, como si acabara de tener una discusión.
- Yo muy bien, voy de camino al trabajo y… Bueno, ya sabes, me he desviado sin querer.- respondió Donna mientras se mordía las uñas de nuevo- ¿Tú qué tal? ¿Qué te pasa?
Isidro la miró entrecerrando los ojos y miró en dirección a la oficina postal. Claramente estaba pensando cómo Donna podía haberse desviado tanto de su ruta inicial, pero sacudió la cabeza y respondió:
- Bueno, me pasa que mi novio es imbécil, fundamentalmente.- respondió el chico con aire despreocupado- Pero mejor te acompaño y te lo cuento de camino al trabajo.
Los dos jóvenes iniciaron la marcha, esta vez sí, en dirección a la oficina de Donna e Isidro comenzó su relato.
- Bueno, como sabes el padre de Iago es cada vez mayor y ya lleva un par de años insistiéndole en que tiene que ir aprendiendo el oficio y ser molinero, quiere que cuando él se jubile le sustituya su hijo y todo ese rollo… Pero a Iago le encanta dibujar y tiene un talento increíble, ¿sabes? Pues hace unos tres meses, yo…- Isidro se frotó los ojos con una mano- A ver, no estoy especialmente orgulloso, ¿vale? Pero hace unos tres meses cogí un par de dibujos de Iago y los mandé a la editorial de la revista gráfica mensual que sigue. Y por lo visto, les ha encantado. Llevaste la revista anteayer a su casa, ¿verdad?
Donna hizo memoria, efectivamente hace un par de días estuvo en el molino y le entregó la revista a Shiro, el molinero, para su hijo. No le dio especial importancia en el momento porque la recibía todos los meses. Asintió con la cabeza como respuesta.
- Bien, pues Shiro la abrió y resulta que dentro había también una carta donde pedían contactar con Iago para que colabore de forma permanente con la revista. ¡Le ofrecen trabajo, Donna! ¡Trabajo como artista!
Donna abrió mucho los ojos.
- Pero Shiro leyó la carta cuando Iago ni siquiera sabía que los de la editorial habían visto sus dibujos…- dedujo Donna.
- Ese es el problema, exactamente.- Isidro confirmó y suspiró- Mira, yo entiendo que Shiro quiere que el negocio se quede en la familia, pero… creo que eso no puede ser un lastre para que Iago viva de su arte si tiene posibilidades. Envié los dibujos sólo para probar, para ver si tenía alguna opción. No esperaba que respondieran y menos aún que metieran la carta con la revista normal. Pero ahora Shiro está furioso porque cree que Iago estaba buscando trabajo a sus espaldas y Iago está enfadado conmigo porque mandé los dibujos sin consultarle, así que si quería presionar a Iago para que hablara con su padre y le explicara que no se puede encargar del molino he conseguido justo lo contrario. Ahora Iago se ha cerrado en banda y le ha prometido a Shiro que empezará a hacer jornada completa en el molino el lunes.
Donna resopló y preguntó:
- ¿Y va a dejar pasar la oportunidad de la revista? ¿Shiro se lo va a permitir?
- Hmmm el caso es que Shiro nunca ha visto los dibujos de Iago porque él es muy receloso con ellos, así que aunque ha visto la carta de la revista cree que son cosas de críos y que no tiene futuro. Y es cierto que el molino es una apuesta segura en ese aspecto, sería una pena que su familia lo perdiera, pero… de verdad sé que no estuvo bien enviar los dibujos sin su permiso, pero si pudieras verlos… en serio creo que tiene un gran futuro como artista. Y parece que no soy el único.
Isidro se detuvo frente a la oficina postal, donde dos gaviotas cargadas de correo esperaban en la puerta con aspecto cansado por haber tenido que esperar un rato largo a la cartera.
- Bueno, hemos llegado…- el joven se rascó un poco el cabello rubio recogido en una coleta- Gracias por escucharme, Donna, perdona haberte dado tanto la vara con mis dramas.
- Ah, no te preocupes, ya sabes que me encanta escuchar.- Donna le dio un abrazo al chico- Siento mucho la situación, muchas gracias por contármelo. Ahora me tengo que ir que voy súper tarde, pero te buscaré para hablar más ¿vale?
- Vale, yo también tengo que volver al puto bar o mi padre va a servir de tapa mis órganos- Isidro hizo una mueca de disgusto al pensar en su trabajo como camarero del bar de su padre.- ¡Adiós!
Se despidió y echó a correr en dirección a la taberna.

Donna abrió la oficina y dio una pequeña propina a las gaviotas. Su cerebro no paraba de darle vueltas a la conversación con Isidro. Le frustraba que Iago fuera a renunciar a su talento por seguir la tradición, pero entendía que Shiro no quisiera correr el riesgo de perder una fuente de ingresos tan estable como el molino. Sin embargo, tal vez…
Decidió concentrarse en el reparto del día. Trazó la ruta exacta en uno de sus muchos mapas desechables (los necesitaba para trabajar) y salió con la bici de la oficina para hacer el reparto. La gente del pueblo la saludaba amablemente y ella respondía, pero una idea no paraba de rozar su mente, así que cuando terminó el reparto se acercó a comer al bar de Isidro. La lectura de la revista podía esperar a mañana.
Allí, el padre de Isidro la recibió con una sonrisa y le sirvió el menú diario. Isidro le intentó llevar la bebida, pero a medio camino tiró la bandeja y resopló malhumorado. Su padre le ayudó a recogerlo con resignación.
- De verdad hijo, ¿quién diría que eres de una estirpe de hosteleros? Después de dos años aquí trabajando no hay día que no rompas un vaso…- su padre le dio una palmadita en el hombro con afecto, no lo decía para machacarle y se notaba que la torpeza de su hijo le producía incluso ternura.
Donna observó la escena en silencio. El puzzle encajaba perfectamente en su cerebro, pero faltaba algo, tenía que hacer un golpe de efecto para que el plan al que llevaba toda la mañana dando vueltas llegara a buen puerto.

Cuando terminó de comer pidió que apuntaran la deuda en su cuenta (cada vez más abultada) y salió de la taberna. Dejó la bicicleta en la oficina postal y trazó una nueva ruta en su mapa.
La casa del molinero estaba cerrada cuando llegó. Parecía que la familia había ido a hacer la distribución de trigo en conjunto. Donna se acercó disimuladamente y forzó la cerradura. Cuando entró, se detuvo a pensar y se dirigió a la habitación donde sabía que dormía Iago. Allí había un pequeño escritorio y una cajonera. Empezó a rebuscar con cuidado de no desordenar los cajones y no dejar rastro, pero no encontró lo que buscaba. Sin embargo, al cerrar el último cajón sintió que el ruido al hacer tope era distinto al que habían hecho los otros dos. Volvió a abrirlo, se inclinó y descubrió algo entre el cajón y la cajonera que amortiguaba el deslizamiento completo. “Lo encontré”, murmuró para sí misma. Introdujo su delgado brazo en el hueco del cajón y sacó de allí una carpeta. Se sentó de piernas cruzadas y la abrió con cuidado.

Al ver los dibujos de Isidro, abrió la boca maravillada. Eran ilustraciones preciosas, los colores acompañaban con suavidad los trazos delicados y tenían una fuerza expresiva con la que podría identificarse cada emoción que había sentido Iago mientras dibujaba cada uno. Fue pasando las láminas una a una. Había un retrato de Isidro riendo increíble. Otra era un dibujo de uno de los gatos callejeros de la Villa en su ventana. Otro era un dibujo de la Villa completa desde la colina, con el mar de fondo. Había bastantes más, pero uno llamó especialmente la atención de Donna. Era un dibujo del molino alzándose en la ladera verde, con el acantilado y el mar de fondo. Al lado del edificio, sentado en la hierba estaba Shiro, mordiendo una tira de paja como solía hacer, con una sonrisa tranquila atravesando su tupida barba, su habitual camisa de cuadros, sus botas y sus vaqueros. El cielo azul con alguna nube suelta y las gaviotas completaban la preciosa estampa. Donna cogió la lámina y la sacó de la carpeta. Guardó todo con cuidado de nuevo en el falso fondo de la cajonera. Salió de esa habitación, se dirigió a la que ocupaban Shiro y su esposa y justo cuando estaba deslizando la lámina con delicadeza bajo la almohada, escuchó el carro acercarse a la finca. Su cuerpo se tensó de inmediato. Dejó la lámina y en absoluto silencio se deslizó por el suelo. Mierda, si alguien la descubría tendría problemas. Se acercó a la ventana, la abrió y salió de la casa, precipitándose contra un seto de los que rodeaban la vivienda. Se quedó allí agazapada en silencio unos minutos, sintiendo cómo su corazón latía frenéticamente. Escuchó la puerta de la habitación abrirse y los pesados pasos de Shiro entrando en el cuarto.
- Tch, joder.- escuchó al hombre quejarse- ¡Rita, te has vuelto a dejar la ventana abierta!- la ventana se cerró de golpe y Donna soltó el aire que había retenido en los pulmones sin darse cuenta.

Se arrastró por el borde exterior de la casa para rodearla despacio y no pudo resistirse a asomarse a la ventana de la habitación de Iago. Vio al joven moreno entrar y suspirar, mientras se quitaba las pesadas botas de campo que usaba siempre que iba a trabajar con su padre. Se sentó en la cama y justo en ese momento, Shiro abrió la puerta de la habitación del joven con lágrimas en los ojos, una sonrisa y la lámina en su mano. Donna sonrió y se alejó de la ventana con cuidado de que nadie la viera.

Volvió al pueblo y fue a ver a sus padres un rato. La visita fue tranquila, pero Donna tenía algo de inquietud por si su plan habría avanzado como ella quería. Al salir, decidió dar un rodeo antes de ir a ver a la colonia de gatos que vivían en el pueblo y pasar por el bar de Isidro. Al acercarse, vio a Isidro y Iago discutiendo en el callejón de al lado del bar. Decidió apoyarse en la pared a escuchar.
- ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no toques mis láminas?!- Iago le recriminaba al rubio- Me da igual que lo hayas hecho para poner a mi padre de tu lado, he dicho que no le dejaré solo con el molino y no lo haré, por mucho que él quiera que ahora me dedique a dibujar.
- ¡Te he dicho cinco veces que yo no he sido! Te habrás dejado la lámina por ahí y él la habrá visto, yo no he salido del bar desde esta mañana y bastante harto estoy.- Isidro se defendía.
- Mira, no sé cómo lo has hecho, pero ahora mi padre está emocionado con la pintura y yo… yo no quiero… no quiero que tenga esas expectativas, ¿vale?
- ¿Esas expectativas? Ya estás otra vez como esta mañana, Iago. No te molesta que enviara las láminas sin tu permiso, lo que te pasa es que tienes miedo a fracasar. ¿Pues sabes una cosa? ¡Igual tienes que afrontar ese miedo y lanzarte a esto si todos los que te rodeamos te estamos diciendo que vale la pena! ¡Aprende de una puta vez a confiar en ti como lo hacemos los demás!
El joven moreno hizo un puchero y se abrazó a su novio, que relajó su cuerpo y le acogió entre sus brazos. Donna escuchaba asomándose en la esquina del callejón y sonrió con ternura. Ya sólo le quedaba una cosa que hacer para solucionar esto y sabía perfectamente dónde acudir.

El atardecer ya se cernía sobre la isla y la vida en la pequeña villa iba cambiando de laboral a social. Según los habitantes acababan sus tareas, iban saliendo a las calles para llenar los bares, charlar en comercios o tomar el aire. Shiro, como buen hombre de edad avanzada disfrutaba de pasar el rato echando una partida de cartas en la taberna del padre de Isidro. Cuando Donna entró, el hombre ya estaba sentado en una mesa con un vaso de vino.
- ¡Artista os digo!- promulgaba a voces- Mi Iago va a ser artista. Si la mitad de lo que hace es igual de bueno que lo que he visto, no me importa encargarme de mi molino hasta que me muera.
- Shiro, ayer no parabas de quejarte de la espalda y hoy parece que no te importa nada…- le dijo otro de los ancianos.
- Hombre, yo sé que quieres que el molino se quede en la familia, pero igual te estás forzando mucho…- dijo otro de los señores mirando con preocupación a Shiro.
Donna se sentó en la barra, pidió una cerveza a Isaac, el padre de Isidro, y comentó con desinterés fingido en voz intencionalmente alta:
- Menos mal que hoy me vas a servir la cerveza tú y no Isidro, ayer se equivocó de comanda tres veces…- dirigió la voz hacia el grupo de hombres que jugaban a las cartas- Está claro que ese chico no nació para ser camarero.
- Ya…- Isaac se rascó la nuca un poco avergonzado- La verdad es que ya he contratado otro camarero de refuerzo, pero no seas cruel, Donna, no podría despedir a mi hijo….
En ese momento, Shiro abrió mucho la boca y los ojos y se levantó de la silla tan rápido que casi la vuelca para atrás.
- ¡Isaac! ¡Tengo que hablar contigo y con Isidro de inmediato!
Donna sonrió y relajó los hombros. Por fin el anciano se había dado cuenta. Terminó su cerveza de un trago y salió para dar de comer a los gatos.

Más tarde, de vuelta a casa de noche decidió echar un último vistazo a la taberna, aunque ya estaba cerrada. Isidro estaba de pie, dentro de la barra y Iago le acompañaba sentado en uno de los taburetes. Donna agudizó el oído y escuchó a través de la ventana abierta:
- Así que, si todo sale bien es posible que esta sea la última cerveza que sirva en mi vida. Al menos de forma profesional.- el chico rubio sonrió y brindó con su novio. Ambos dieron un trago y Iago respondió:
- Aún no puedo creer que mañana empieces de aprendiz en el molino de mi padre… nunca le había visto tan contento.- dijo Iago con una sonrisa tranquila.
- Bueno, ya sabes. Ha conseguido su objetivo. Todo queda en familia.

Donna miró sonriente cómo los chicos se besaban y se marchó a casa, de nuevo a dormir. Para que luego dijeran que su Villa era aburrida.

resumen

karmas



RE: [PR absoluto] [T1 autonarrada] Isidro y Iago - PX-3 - 08-10-2024

Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
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