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[Auto T3 / Pres. Abs] - El Gorila de Neur - Rapax Gin - 16-10-2024 Día 47 de Invierno, Año 14 Ciudad de Legance, anillo exterior, a las afueras de la ciudad 2:00pm La tarde iba muy tranquila en la ciudad Legance, mientras yo me encontraba deambulando a las afueras del pueblo. Me gustaba pasar el día en las afueras, donde podía permitirme recordar lo bonito de vivir en civilización, entre gente, pero sin en atiborrado escándalo de los mercados y las calles principales, que solían ser un tanto excesivas para mi gusto, ni qué decir del no tan conveniente nivel de atención y vigilancia que había en lugares y eventos donde gente más “importante” acostumbraba a concurrir, pues seré tonto, pero no idiota. Una cosa era toparse con marines por ahí, y otra muy distinta era ir directamente a buscarles. Eso sería un acto de idiotez magnánima del que no tenía ninguna urgencia ni necesidad. Pasaba por la calle viendo algunas personas descargar mercancías y transportarlas hacia sus establecimientos, o tal vez hacia otros distritos de la ciudad. Desconocía el contenido de aquellas cajas. Por un momento recordé las extrañas cajas con sustancias ilegales que encontré durante mi incursión al Bastión Glacial en Kuen. Ah, hacía un par de años de eso. Había sido mi primera aventura y había resultado bien a mi parecer: Había logrado desmantelar un laboratorio de esclavistas y había conseguido salvar a mi amigo Arion. Espero que la vida lo esté tratando bien… El pobre sufrió muchísimo entonces. Tenía algunos días leyendo aquel libro del dios de la sangre que Ashura me había dejado tomar de las pertenencias de su finado compañero. He de confesar que me había resultado bastante interesante la lectura. No al punto de volverme un fanático asesino ni nada por el estilo, pero sí que me agradaba el lado honorable de aquella deidad. Desconocía de qué isla o mar provenía esta religión extraña, pero era cautivador cómo el honor en el combate era tan respetado. La parte de matar sin discriminar, no tanto, pero sí que me sentía identificado en el sentido de respetar a tu contrincante, incluso si eso significaba darle una muerte digna, pues incluso perdonarle la vida a ciertos rivales, podía ser visto como un insulto al esfuerzo que estos habían dado en su lucha, por muy infructuosa que pudiera llegar a ser. Fascinante. Llevaba aquel libro conmigo y me disponía a encontrar un lugar tranquilo para sentarme a leer. La verdad es que estaba paseando por la ciudad en busca de Eaa. Hacía muchos días que no la encontraba y aunque sabía que estaba bien, no podía evitar preocuparme un poco. Al fin y al cabo, somos compañeros. Es lo natural. Caminaba entre los cargadores de cajas, cuando un joven bastante delgado estaba forcejeando con una caja que casi le igualaba en tamaño. No pude resistirme ante aquella visión y dispuesto a ayudarle, entrechoqué mis puños y me dispuse a levantar la caja por él y depositarla sobre una pequeña carreta, que se encontraba atada a un burro que tenía más ganas de morir que otra cosa. Pobre criatura, pensé. Aquel burrito hacía tiempo se había ganado la jubilación, y ahí estaba, dando todo de sí por un viaje más (¿tal vez el último?). El chico me agradeció y tras preguntarle su nombre (me dijo que se llamaba Nicanórmedes Arisputontulus Clapitoncio) me agradeció la ayuda. Se le veía contento, pues le había ahorrado un buen rato de esfuerzo físico, y un fin de semana de dolores de espalda. Con una sonrisa continué mi camino y entonces recordé un buen sitio para sentarme tranquilamente a leer. Emprendí rumbo entonces a aquel lugar. Se trataba del bosque a las afueras de la ciudad, donde hacía no mucho había encontrado un nuevo amigo: Rex, el herrero. Ese hombre acostumbraba cazar y también recolectar sus metales y materiales para fabricar objetos de aquel bosque. Gracias a él pude fabricarle una espada de madera a Ashura, y bien que le había servido. Total que el bueno de Rex me había dicho que podía pasar a visitarle cuando quisiera, y lo había hecho un par de veces. Ahora, sin embargo, no me disponía a ir a su casa como tal, sino al bosque a espaldas de su cabaña, un pequeño bosque que subía por una colina muy grande que se lograba ver desde casi toda la ciudad. El camino hacia las afueras siempre era tranquilo y muy poco vigilado (se notaba que los esfuerzos de la marina estaban más enfocados en las defensas internas de la ciudad y de sus malditos nobles, más que en el control de los territorios de la isla). Me crucé con algunos caminantes ocasionales, un par de familias que recolectaban frutas de los árboles más cercanos y poco más. Una vez hubo empinado el camino, empecé a subir por aquella colina, logrando ver de lejos la casita de Rex, de la que salía una columna de humo por la chimenea. El hombre trabajaba, era mejor no interrumpirle. El camino se iba haciendo más sinuoso y escarpado a medida que me iba adentrando en la espesura, aunque no era realmente nada grave o que no pudiera tolerar. Vagué un buen rato por aquel bosque, pero no encontraba ningún claro, y francamente el que conocía era un claro al que no quería acercarme, pues ahora mismo era un cráter baldío producto de mi entrenamiento con Ben de hacía unos días. Cansado de no encontrar ningún sitio con buena luz para sentarme a leer, decidí recostarme de un gran árbol y sentarme allí a leer. Casi me siento sobre el collar de Goopaw, que estaba en mi bolsillo trasero, así que para no dañarlo, lo cambié a un bolsillo frontal y me dispuse a leer. Llevaba algunos minutos de lectura a la sombra, un poco distraído por los ruidos del bosque y embelesado y fantaseando con los escenarios combativos que describen aquellas páginas, cuando una gota de alguna sustancia extraña cayó en mi hombro. Sin exaltarme, giré mi mirada, y de inmediato me alcanzó el olor: era baba de algún animal… Había algo en las ramas de aquel gigantesco árbol que me había visto y cómo no, me había elegido como cena, seguramente. Con movimientos lentos, guardé mi libro y, girando la mirada hacia arriba, pude verlo. OST DE LA ESCENA (Por favor leer con la música de fondo par aun mayor disfrute de la experiencia) De cabeza, pero pude verlo: Era un enorme gorila. Algo que se me hizo extremadamente raro, pues esto era un bosque, no una jungla, pero no era el momento de ponernos botánicos, había un gorila enorme, incluso más grande que el que me había encontrado en Kyodaina mirándome. Sus enormes colmillos y sus ojos rojos no eran señal de nada bueno. Al parecer tenía algo que me hacía irresistible para los gorilas. En fin, sin perder el tiempo, lancé un puño hacia arriba, cargado con mis poderes sísmicos, pues no tenía intención de darle oportunidad de molerme a golpes, como el de la última vez. Un crack resonó en el aire y una onda expansiva surgió al cielo, destrozando parte de aquel hermoso árbol y dañando al gorila, quien perdió el equilibrio y comenzó a desplomarse. Salté a un costado, justo a tiempo para evitar la enorme masa de aquel animal. Una vez más, la polvareda se levantó por todo el lugar, y yo no pude sino cubrirme de aquel volar de tierra y rocas. Cuando finalmente descubrí la vista, pude ver a aquella criatura erguirse cuan alta era. -Este debe ser el gorila más grande con el que he peleado- pensé, pues si el de Kyodaina tenía unos 9 metros, este tendría al menos unos 15 como mínimo. Un enorme pelaje negro le cubría el cuerpo y tanto sus colmillos como sus puños estaban manchados de sangre. Eso o los plátanos de esta isla eran rojos, pero no creo. Rugió y mis tímpanos se quejaron de tal estruendo. Una bandada de aves huyó del lugar y mientras yo me hallaba aturdido, el monstruo se abalanzó contra mí, agarrándome como si fuera precisamente un plátano en su enorme mano y comenzó a apretarme. Pude sentir los huesos de mi cuerpo crujir, pero no podía rendirme. Mi cuerpo estaba atrapado en aquella mano enorme, excepto de mis hombros hacia arriba. Tenía que hacer algo pronto y eso fue precisamente lo que pasó: Dentro de la mano del enorme simio, conseguí un pequeño espacio para patalear, y no perdí tiempo en crear dos esferas de energía en mis pies y liberar mi poder hacia el frente. El mono aulló, mientras el uno dos de mis patadas abrían los enormes dedos, quebrando sus falanges y las ondas de choque le impactaron en la cara, haciendo volar uno de sus colmillos, completamente partido de su hocico. La caída no fue fácil, pues no estaba preparado para tocar suelo desde esa altura. Mi rodilla derecha me regañó un poco, pero debía seguir. Por suerte mis poderes aún no causaban ningún destrozo más que en el enorme gorila. No podía permitirme hacer otro cráter en el bosque o la marina comenzaría a sospechar. Mientras el gorila se tambaleaba y se quejaba, salté con todo. Le quise impactar con un Ram Resonance, pero mi fuerza no bastó para dañar al impactar su pecho. Tan solo un paso atrás fue lo que logré sacarle. No había tocado el suelo cuando una enorme bofetada me mandó volando contra el mismo árbol en que me había recostado a leer. Vaya que era duro ese árbol. Aturdido empecé a salir del empotramiento que había creado el mono gigante conmigo en la madera del árbol, cuando vi un puño venir hacia mi. Salté sin ver hacia donde. Tenía que esquivarlo y lo logré. El enorme puño quedó incrustado en el árbol y eso me dio suficiente tiempo para tocar tierra y caer a espaldas de mi contrincante, quien se encontraba forcejeando por desatascar su mano de la corteza. Corrí a toda velocidad contra la bestia, pasando entre sus patas, para así posicionarme justo debajo del enorme cuerpo del primate. Sus rugidos y aullidos de dolor eran música para mis oídos. ¿será que lo estaba disfrutando más luego de leer sobre aquel dios de la sangre? quién sabe. Lo que sí sé es que no dudé ni un instante en lanzarle un golpe ascendente cargado de energía sísmica, seguido de otro igual de potente. Las ondas subieron hacia el cielo, pero no sin antes pasar por el cuerpo del gorila, quebrando sus huesos en el proceso. Las costillas y la mandíbula del enorme animal crujieron y entonces el gorila se desplomó. Casi me aplasta con su cuerpo, de no ser por una enorme raíz del árbol, convenientemente levantada del suelo en la que pude refugiarme. Cuando el estruendo hubo acabado y una nueva ola de polvo pasó, tuve que navegar entre un mar de pelaje negro apestoso para salir de la sombra de aquel ser y respirar aire puro. Busqué mis cosas y por suerte no habían sido afectadas por el combate. Al mirar al rostro del gorila, este tenía la mandíbula desencajada y los ojos completamente en blanco, mientras un pequeño riachuelo de sangre salía de los agujeros de su rostro. Sentí un poco de lástima, pero entonces recordé el libro. El simio había peleado con todo lo que tenía, sentir lástima habría sido irrespetar su esfuerzo. Así que decidí hacer algo mejor. Tirando del enorme puño del mono, logré desatascarlo de la corteza del árbol. Luego tomé uno de los dedos y empecé a tirar. El infeliz era pesado, pero por suerte no le estaba levantando, sino arrastrando. Poco a poco lo fui trayendo conmigo, incluso en un punto del camino lo vi como un entrenamiento para mi, en el que cargaba con un montón de peso para aumentar la resistencia de mi espalda. Pasaron varios minutos en los que se iba atascando el condenado cuerpo con árboles y ramas, pero nada grave, pues lograba seguir avanzando, aunque un poco lento. Tras un buen rato finalmente llegué a la cabaña de Rex y llamé a su puerta. Tras unos instantes, el hombre abre y su bandíbula cae al suelo de la sorpresa. Intenta preguntarme qué coños es eso y de dónde ha salido, pero solo atino a sonreír y decirle que es un regalo para él. Seguramente con esa enorme cantidad de cuero puede hacer muchas de sus creaciones, sin mencionar que la cantidad de carne de aquel simio, aunque no sea la mejor, iba a servirle para comer al menos por un mes entero. Luego de que se recuperó del shock, mi amigo Rex rió a carcajadas y me agradeció, ofreciéndome un poco de su famoso gorila a la plancha. Evidentemente, acepté.
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RE: [Auto T3 / Pres. Abs] - El Gorila de Neur - PX-5 - 16-10-2024 Aventura Tier 3 Autonarrada Completada
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