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[Pasado][Fic] Lo más lejos que he estado de casa - Taka - 13-08-2023 Miré mi mano ensangrentada, empapada del líquido vital del pobre diablo que yacía inerte frente a mí. Me acerqué a su compañero que no tuvo la suerte de poder hablar y limpié en su ropa todo rastro posible. Algunos rasguños permanecerían, pero, ahora, no importaba. Cuando el marine que los vigilaba volviera, por más cobarde que fuera, no podría evitar arrestarme.
- Tengo que salir de aquí. - susurré hablando conmigo mismo.
Si voy a partir de mi isla en busca de esos piratas, necesitaré provisiones y un barco o alguien que pueda llevarme.
Empecemos por lo fácil, volvamos a la villa. Volví sobre mis pasos y me dirigí a la calle principal. Sentí que mis pasos se volvían más pesados según avanzaba. No estaba seguro de si eso que sentía era culpa, pena o rabia. Definitivamente, era una carga que estaba dispuesto a portar.
Una vez en la villa, avisté a un grupo de hombres que estaban tratando de levantar un carro sin éxito. Los 3 estaban intentando voltear un pesado carro que debía ir tirado por varias monturas, para transportar madera o mercancías.
- ¡Empuja Damien! ¡Tenemos que llevar el carro al ayuntamiento! - Gritaba uno animando a sus compañeros.
- Eso intento, ¡pero pesa demasiado! - contestaba otro compañero mientras el carro apenas se elevaba unos centímetros del suelo, aún lleno de la basura de la batalla.
De alguna manera, comencé a caminar hacia ellos. Me coloqué en un espacio libre y ante la mirada atónita de los hombres, mientras escupía en mis manos, sentencié - 8 manos empujan más que 6 - y me agaché flexionando mis rodillas y colocando mis manos bajo el carro, esperé a que se colocaran. No hubo respuesta, solo una mirada estupefacta entre ellos y acto seguido se colocaron a mi lado para empujar.
- A la de tres. Una, dos y ¡TRES! - dirigió el primer hombre, coordinando para que todos empujáramos juntos.
El carro giró y se colocó en posición para poder ser usado de nuevo, tras lo cual los hombres se giraron sonriendo hacia mí.
- Nunca hubiéramos esperado tu ayuda - dijo el que se llamaba Damien según su compañero - a fin de cuentas, creo que jamás te vemos en la villa, solo tu madre viene a comprar comida y vuelve.
- Cierto. Pero los tiempos cambian. Y en momentos de necesidad, todos agradecemos una mano amiga. - Dije retomando mi camino.
Los tres hombres quedaron de pie junto al carro mientras yo comenzaba a caminar de nuevo, hasta que Damien volvió a dirigirse a mí.
- ¡Muchacho! ¿¡Donde vas!? Nos vendría bien tu ayuda. - Exclamó titubeante.
- A buscar provisiones, un barco y... a matar a los piratas que asesinaron a mi madre. - contesté tajante.
El silencio se apoderó del momento. En aquel instante, aquellos hombres fueron conscientes de que debajo de los cuernos, un hombre había perdido a madre. Que al igual que todos ellos, la lucha también se había llevado de mí algo importante. En ese momento, yo era otro hombre roto por el dolor igual que ellos. No un Oni.
- Deberías ir a la tienda de mi hermano. - Dijo Damien cambiando el tono radicalmente. - Es el carnicero del pueblo, seguro tiene carne seca que es fácil de transportar y podría servirte. Dile que yo te envío y te dará lo que haya sobrado aunque sea. -
No sabía qué decir. Era la primera vez que la gente de la villa me trataba como uno más y me ayudaba. - Yo... gracias. - Contesté sin girar la vista hacia ellos.
- Y espero que lo encuentres. - Finalizó la conversación, tras lo que retomé la marcha.
Como dijo, pasé por su tienda y su hermano me proveyó de un poco de cecina y carne seca que duraría tiempo para viajar hasta la próxima parada. Menos era nada y la ayuda de los aldeanos fue casi más alimento.
La siguiente parada era mi casa. Tendría que volver por última vez a recoger algo.
Una vez allí, me coloqué frente a la cama de mi madre. La aparté y levanté los tablones para coger una caja pequeña y fina que siempre guardó.
- Ahora lo tenemos todo. - Pensé dirigiéndome a la puerta. Salí y cerré por última vez la puerta de mi hogar, y sentí que por un momento, estaba cerrando algo más. Algo dentro de mí mismo.
El siguiente destino era el otro lado de la isla. Caminé por la playa rumbo al extremo opuesto donde quizás pudiera encontrar un barco que afanar o alguien dispuesto a llevarme a algún sitio desde el que comenzar mi búsqueda.
Con un petate pequeño donde llevaba la carne, el poco dinero que poseía mi familia y la caja de mi madre bajo el brazo, anduve firme y presto por la arena, mientras el sol seguía subiendo hacia el punto más alto del cielo.
Apenas a unos metros del puerto, me detuve. "Espero que lo encuentres", resonaba en mi cabeza. Aún no sé si se refería a la persona que busco o a la paz.
En ambos casos, la búsqueda comenzaba ahora. Desde ahora, voy a cazar piratas. |