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[Pasado] El duro adiós - Yojimbo - 24-10-2024 Día 45 de verano, año 13.
A dos millas nauticas de Momoiro - 4:30 A.M
[personajeinvalido=1338] Tras una pesadilla que parecía no tener fin, desperté bruscamente. Mi cuerpo yacía sobre la desgastada cubierta del "Frog Guild", un barco que apenas reconocía. Mi mente, aún nublada, trataba de armar los fragmentos del recuerdo: el último destello en mi memoria me situaba en un bosque, llevando a Tobías en brazos y buscando a Garnet. Pero un dolor lacerante en mi rostro me sacó de golpe de esos pensamientos. Instintivamente llevé la mano derecha hacia mi ojo izquierdo. Aquel malnacido me había marcado, pero al menos la vista seguía siendo mía. Sentí el ardor en la piel y la sangre seca, pero nada más urgente que eso . Con algo de esfuerzo me levanté. El horizonte se desplegaba ante mí como una escena de ensueño, demasiado tranquila para lo que habíamos vivido. Caminé lentamente hasta la barandilla y me apoyé, sintiendo la fría madera bajo mis manos. El cielo, despejado como jamás lo había visto, era un lienzo de estrellas que se fundía con el océano, parecía casi un reflejo perfecto del mismo firmamento. Entre las aguas plateadas por la luz de la luna, se distinguía la isla de Momoiro, resplandeciente en la distancia, que se alzaba entre las olas como si no hubiese sido el lugar en el que casi morimos. Respiré hondo, dejando que el aire marino llenara mis pulmones, sabiendo que habíamos escapado por un suspiro. Miré hacia la popa del barco, donde se encontraba amarrado el fiel "Tango de la Sultana". El majestuoso navío había visto días mejores: sus velas estaban rotas, el casco destrozado y sus mástiles apenas se mantenían en pie. Era un milagro que siguiera a flote, era una reliquia que desafiaba al mar y a la misma muerte. Pero no llegaría mucho más lejos. En cubierta no había nada ni nadie, sólo sangre seca esparcida en la cubierta y el susurro del mar junto con el crepitar de la llama que ardía en mi espalda, siempre presente, iluminando el entorno con una luz intermitente pero cálida. Por un momento, todo estaba en paz, como si el mundo nos hubiera concedido un respiro, nos lo merecíamos. RE: [Pasado] El duro adiós - Aspros - 24-10-2024 [personajeinvalido=1281] El día había sido largo, pero la noche se me antojaba eterna. Después de reagruparnos tras el ataque sorpresa de la marina, que a partir de aquel día recordaría como “El incidente de Momoiro”, había encauzado el barco con la ayuda de Sasha y retirado a uno de los diversos camarotes ocultos bajo el entablado de un navío perteneciente a Tobias y su banda. Sentado en un improvisado lecho, observaba millones de rostros en un espejo de mano que había conocido días mejores. - Bueno, mejor que se haya roto el espejo a la crisma de Kenzo…supongo. - La decisión estaba tomada. Siempre me había resultado difícil decir adiós, por lo que optaba por desaparecer sin más, pero aquella vez todo era distinto: lo que dejaba atrás era algo más importante que el oro, la fama o el poder.
Tras adecentar mi magullado rostro, hermoso a pesar de todo, y sacudir mis prendas, aún cargadas de raspones y polvo del suelo de la plaza del mercado, me erguí, quejoso por la herida que portaba en el costado, y dirigí al nivel superior. Allá, en el exterior, me topé con tres compañeros: el primero, el taladrante sonido de la noche, ensordecedor como un trueno, como un disparo certero de la mentirosa de Jolyne; el segundo, la afilada luna, burlona y curva, resplandeciente como las hojas de la misteriosa Triana; el tercero, Yojimbo.
- Es extraño verte tan reflexivo, marichocho -dije, apoyado en el umbral de la puerta que llevaba a los camarotes inferiores. Mi voz sonó potente pero vacía, propagándose en aquel lugar lleno de sangre, destrozos y tristeza. Avancé lentamente hasta posicionarme en uno de los costados del barco, donde apoyé mis codos y sujeté mi cabeza con ambas manos, con mi atención dirigida hacia la isla que poco a poco estábamos dejando atrás. El olor a salitre me traía recuerdos del pasado, y un deje a alga podrida me hizo pensar en Garnet. Tras un largo suspiro, decidí escupir aquello que revoloteaba por mi estómago-. Creo que voy a quedarme aquí Yojimbo, en Momoiro.
Aclaración
RE: [Pasado] El duro adiós - Yojimbo - 25-05-2026 El fuerte olor a algas y sal siguió recorriendo la cubierta mientras el barco avanzaba lentamente, cortando unas aguas demasiado tranquilas para todo lo que acabábamos de dejar atrás. El sonido constante de las olas del mar acariciando el casco del Frog Guild, el crujido de la madera y el lejano murmullo del viento eran lo único que rompía el silencio de la noche. Después de una masacre como aquella, esta calma resultaba extraña; casi incómoda. Parecía uno de esos silencios que llegan después de una tormenta. La voz de Aspros dio un poco de color a una escena tan oscura como en la que me encontraba, pero estaba tan cansado que no respondí de inmediato. Mis ojos permanecieron clavados en Momoiro. Desde la distancia, bañada por la luz de la luna y rodeada por el reflejo de las estrellas sobre el agua, la isla parecía un lugar completamente distinto. Costaba creer que aquel mismo sitio hubiera sido un escenario de caos, sangre y muerte apenas unas horas atrás. Costaba creer que allí habíamos estado tan cerca de perderlo todo. Y aun así, más difícil de creer era pensar que alguien pudiera mirar aquella isla y encontrar un hogar. Mis dedos se cerraron lentamente alrededor de la barandilla. -Así que era eso... Las palabras escaparon de mis labios casi sin querer. Aspiré e inmediatamente después solté todo el aire por la nariz y bajé la vista unos instantes, observando las manchas de sangre seca sobre la cubierta. Había demasiadas. Algunas ni siquiera sabía de quién eran ya. Durante unos segundos me limité a escuchar el mar y el crepitar de la llama que ardía a mi espalda. Una pequeña sonrisa cansada apareció en mi rostro. -¿Te soy sincero? Pensé que te largarías algún día. -giré apenas el rostro hacia él, lo justo para mirarlo de reojo. -No hoy... pero sí algún día. Y era verdad. Siempre lo había pensado. Desde que lo conocí, hubo algo en él que me hacía pensar que pertenecía a sí mismo. Pensé que desaparecería una mañana cualquiera, sin despedidas, sin explicaciones. Que me despertaría y encontraría una nota ridícula clavada en un barril con alguna frase escrita deprisa con pintalabios antes de marcharse. Igual motivado por el aburrimiento, o vete tú a saber por qué. Pero aquello era distinto porque por primera vez desde que lo conocía estaba eligiendo vivir su propio sueño, y eso me golpeó de una forma que no esperaba. Guardé silencio durante unos segundos más. Lo suficiente como para darme cuenta de algo que nunca había necesitado decir en voz alta. En el viaje había compartido barco con muchas personas y luchado junto a gente en la que confiaba mi espalda. Había conocido compañeros capaces de dar la vida por otros. Pero esto era algo nuevo, porque, sin darme cuenta de cuándo había ocurrido, aquel valiente pirata se había convertido en mi mejor amigo. Y eso era una cosa jodidamente extraña. Pese a tener carisma, nunca fui alguien especialmente bueno con las personas; me crié junto a mi padre en una isla repleta de animales extraños y mi primera conversación con alguien que no fuera él fue con Triana. Nunca fui de hablar demasiado, ni de decir lo que pensaba, ni de acercarme a otros más de lo necesario, ya que me veían como a un monstruo. Las personas iban y venían; el mismísimo mar hacía eso, se las llevaba. Siempre acababa llevándoselas. Pero él simplemente... apareció. Apareció y poco a poco empezó a ocupar espacio en mi cabeza, con sus estupideces, con sus comentarios venenosos, con esa maldita forma de hablar que hacía imposible saber cuándo iba a decir algo inteligente y cuándo iba a soltar la mayor gilipollez del mundo. Y antes de darme cuenta estaba allí. Siempre estaba a mi lado, en cada isla, en cada pelea, en cada problema y en cada momento. Era extraño pensar que alguien pudiera acostumbrarse tanto a una persona. Más extraño era pensar que aquella noche me iba a tener que volver a acostumbrar al cambio. Volví a mirar hacia Momoiro y entonces sonreí con sinceridad porque, por primera vez en mi vida, entendí que había muchas maneras de perder a alguien. Él lo había conseguido, era libre de verdad. Aspros ya no corría de un lugar a otro persiguiendo mi sueño, buscando algo que ni él mismo parecía comprender del todo, ahora era alguien que reía por encima de todos, fue el primero de los Alas Negras en encontrar su tesoro. Había encontrado un sitio donde quedarse. Y más importante aún, había vuelto a elegir ser libre. Mis ojos descendieron un instante hacia la cubierta destrozada del Tango de la Sultana. Todo lo que habíamos vivido hasta ahora... la sangre derramada, la supervivencia y sentir en cada isla que estábamos tan cerca del final... todas esas sensaciones tan extremas me habían hecho entender algo: la libertad no consistía únicamente en navegar sin rumbo o desafiar al mundo. La libertad era poder elegir, elegir tu camino. Elegir qué perseguir, elegir dónde quedarte y elegir quién quieres ser. Y si él había encontrado aquello... entonces no había nada que discutir. Llevé de nuevo la mano derecha hacia mi ojo herido y rocé la sangre seca de mi rostro mientras soltaba una pequeña risa. -Si aquí está tu sueño... sería bastante hipócrita por mi parte pedirte que lo abandones. -dije con calma mientras giraba lentamente la cabeza hacia él. -Además, si alguien merece perseguir lo que quiere, eres tú. Lo observé unos segundos memorizando su rostro, sabiendo que no lo iba a volver a ver en mucho tiempo, o quizá nunca más. -Aunque escucha una cosa, marichocho. -le advertí mientras mi sonrisa se ampliaba apenas un poco y lo señalaba con el dedo, sin dejar de mirarlo. -No pienses que vas a librarte de mí tan fácil. El mar es muy grande... pero demasiado pequeño para perder de vista a mi mejor amigo. Si te vuelvo a ver, más te vale que traigas bajo el brazo un gran tesoro. Y tras una pausa, hablé con más suavidad: -Gracias. Mis ojos volvieron al horizonte. -Gracias por haber peleado por acercarme a mi sueño. Gracias por navegar conmigo. Y gracias por seguir siendo libre. Permanecí en silencio unos segundos. -Me alegro de que hayas encontrado tu lugar. De verdad. Y tras una breve pausa añadí: -Cuídate, amigo. Espero que encuentres lo que buscas. Y añadí, casi en un murmullo que se perdió entre el viento y el mar: -Y no me hagas arrepentirme de haberte dejado ir. |