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[Auto T5 - Presente Absoluto] - Ahogado en un bar - Garnet D. Matlock - 27-11-2024 Día 80 del año 14, Primavera - 8:47 p.m.
Corriente Akai - Isla Chika - Zona de Viviendas La mirada de Garnet se anclaba en la jarra de cristal vacía que posaba frente a él, en la barra del bar donde se encontraba sentado.- ¿Qué hay hijo? ¿Te pongo otra? - Preguntó el dueño de la taberna, al otro lado de la barra, mientras limpiaba con un trapo un vaso que acababa de recoger de otra mesa. Sin producir ningún sonido de su boca, y sin apartar la vista del fondo de cristal, que antes albergaba una buena dosis de alcohol, asintió.- Marchando pues otra jarra de cerveza. - Dijo, agarrando la jarra vacía, haciendo que el foco del músico cambiara hacia el hombre que le estaba sirviendo más de ese brebaje. Era una persona de avanzada edad, robusta y alta, llegando perfectamente a los dos metros, destacando de su apariencia su resplandeciente calvicie, y sus prominentes bigote y cejas rubias, que no dejaban ver siquiera sus ojos. El sonido del recipiente de cristal rellenándose con la bebida resonaba en el bar, un antro de no más de 100 metros cuadrado dónde abundaba la humedad que traspiraba cada poro de la madera que constituía el local. Era el sitio idóneo para una persona tan falta de ánimos como lo era Garnet en esos momentos.- Últimamente te veo mucho por aquí, ¿cuántos días seguidos llevas viniendo? ¿20 quizás? - Comentó el camarero, a la par que le servía comanda, depositándole de nuevo la jarra en la barra. Garnet soltó una sonrisa ladeada, mientras reía nasalmente y agarraba el mango del vaso para llevárselo a la boca y darle un buen trago. Lo único que podía hacerle olvidar sus penas en esos momentos, aunque fuera por un instante, era el amargo sabor de ese celestial néctar dorado. Separó la espumosa bebida de sus húmedos labios, apoyando el cristal, nuevamente, sobre la barra.- Bah, yo que sé, puede que incluso mucho más, quién sabe. - Respondió con desgana, mirando hacia la superficie - sin espuma - de la cerveza. El líquido era tan claro, que era capaz de ver el reflejo de su imagen distorsionada en el líquido mostrando, lo que antes era, la imagen de una superestrella y un skypiean enamorado dispuesto a comerse el mundo, el radiante y brillante Garnet que solía ser. Sin embargo, aquella ilusión fugaz, como la esperanza misma, se desvaneció, enseñando la realidad, y el verdadero, descuidado y actual aspecto del pirata. La piel tersa y suave de la barbilla del pelirrojo había sido sustituida por un matojo de pelos del mismo color que su cabello - también llamado barba - que llegaban hasta los 10 centímetros de longitud, cubriendo gran parte de la mitad inferior de su cara. Por otro lado, dónde antes había un pelazo rojo intenso, sedoso y deslumbrante, tan sólo quedaba un pelo alborotado, lleno de greñas y algo más largo de lo habitual. La desgana se había apoderado de él hasta el punto que ya ni siquiera se maquillaba la cara o se tintaba las alas, siendo estas de un color más blanco de lo normal, pero con motas - entre grisáceas y negras - de pintura decolorada por el paso del tiempo. Y en cuanto a la ropa, bueno, había abandonado sus habituales tops y prendas ajustadas, para depender ahora de chándales y sudaderas. Por fortuna, su constitución física no había cambiado demasiado, aunque la falta de entrenamiento si que podía notarse. Garnet comenzó a dar toques con el índice de su mano derecha sobre la madera dónde se apoyaba tanto él como su bebida. Suspiró.- Aquí dónde lo ves, el menda antes solía ser otra persona, ¿sabes a lo que voy? - Inició la conversación, con tono melancólico, como si fuera una persona de avanzada edad apunto de contar una de sus muchas batallitas. El señor del frondoso bigote, desde el otro lado de la barra, se acercó hasta donde él, llevándose el trapo estaba usando a su hombro izquierdo y apoyando su brazo derecho en la misma, y dejando caer su paso sobre ella.- ¿Otra vez con esa anécdota? - Pensó el hombre, pues no era la primera, ni la segunda, ni la vigésima vez que contaba la razón de sus penurias. Pero un cliente era un cliente.- No le sigo, hijo, ¿usted otra persona? - Se hizo el tonto. El skypiean asintió con la cabeza, mientras le daba otro sorbo a su cerveza.- Lo que escuchas, tronco... - Comentó, al cesar de beber.- Todo comenzó por una piba, una que estaba más buena que el pan pero dulce como nadie, ¿es o no es? - Confesó, pensando en la figura de Ikirami, con tristeza, y poniéndose algo palitroque, para que negarlo.- Éramos de mundos distintos, lo nuestro era imposible, pero eso nos la peló pueje... - Soltó una risa incómoda, cabizbajo.- Nos enamoramos sin remedio y empezamos una relación. - Levantó su mirada hacia el tabernero.- Nos prometimos que lo nuestro sería para siempre y que salvaríamos a mogollón de peña a nuestra manera, ¿es o no es? - Chasqueó la lengua, y continuó bebiendo dando, en esta ocasión, un trago más duradero que los anteriores. Con fuerza y furia, estampó el vaso contra la barra, no rompiéndolo de milagro.- Pero todo era una mentira, ¿es o no es? PUAJAJAJAJAJA - Rio a carcajadas, completamente ido, fuera de sí. Su faz, llena de un faso jolgorio, volvió a la seriedad que caracterizaba su ánimo habitual.- Un día el menda se tuvo que partir hasta esta isla, era de vida o muerte. Todo lo que quería en esos momentos era darle un toque y escuchar su voz, pero nanai, me tuve que contener para protegerla... - Volvió a suspirar para, entonces, fruncir el ceño.- Pero, ¿ella intentó llamar al menda? Nanai del paraguay. - Juntó con fuerza e impotencia sus dientes, rechinando en el proceso. Tras un par de segundos, los volvió a aflojar para seguir hablando.- Por si fuera poco, no me coge las llamadas y hace ná me cosqué de que se había ido a otro sitio, sin decirme nada. - Comentó, acordándose de la noticia del periódico dónde anunciaron su desplazamiento a Water Seven.- Es como si hubiera optado por hacer como que no existe el menda y desligarse de mi... - Dijo con rabia. Últimamente ya no sabía si llorar, enfadarse o gritar por lo que había pasado entre ellos dos. - Eso sí, pienso sacarle toda la información que pueda a sus compis, y plantarme dónde ella para cantarle las cuarenta y pedirle una explicación - Añadió, con un tono agresivo y apretando las manos con fuerza. Sin un medio de escape para dejar salir todo el sufrimiento que llevaba dentro, en ocasiones, sentía que, quizás lo mejor, era arrasar con todo a su paso a modo de desquite. Pero él no era como ella, él no iba a fallar a una de sus promesas, al menos por el momento. Pena le daba si, en un futuro cercano, se acercaba a Ryze a preguntarle por lo que le pasó pues, si escuchaba algo de su parte que no le hiciera ninguna gracia, quizás el tontatta sería el objetivo de su ira. No se lo merecería, pero cosas que pasan. El bigotudo se quedó impasible, callado y atendiendo - otra vez - a lo que salía de lo más profundo del corazón del pelirrojo.- El amor puede ser la mayor de las bendiciones, pero al mismo tiempo, también puede ser la peor de las perdiciones, hijo. - Expresó con una frase que resumía a la perfección la situación del skypiean. Garnet amarró el vaso, moviéndolo levemente y de forma arbitraria, sin despegar la vista del líquido, que ya iba por la mitad del recipiente.- El amor es una puta mierda, eso es lo que es. - Dijo, sin más, y continuó hincando el codo y llevándose otro trago al buche. Después de todo el amor que se profesaron el uno al otro y todas las promesas que pactaron, el pirata tenía claro que se le haría complicado, por no decir casi imposible, volver a confiar en alguien más para iniciar una relación.- Ese Seandass tenía razón, la buena vida siempre estuvo tocar música e hincharse a follar, ¿es o no es? - Declaró, dando un último trago a la cerveza, rememorando la conversación que tuvieron, dónde él, como un idiota, se puso a presumir, por aquel entonces de su novia.- Aunque ni toco ni mojo, que putísima mierda. - Se quejó, encogiéndose de hombros. Apoyó su cabeza, entonces, en la barra, inclinando su espalda hacia delante. El alcohol parecía que ya le empezaba a hacer mella, notando como sus mejillas ardían de la embriaguez, y como los párpados y cabeza le pesaban.- Ese puñetero de Seandass, no resultó ser un mal tipo, pero es un pedazo de hijo de puta y canalla por hacer añicos a Fallen Sound. - Murmuraba, dibujando círculos sobre la madera con el índice de su mano derecha.- Si tuviera un instrumento al menos el menda podría desahogarse y distraerse con algo mejor que pasarse todos los días hincando el codo, ¿es o no es? - Suspiró, mirando de reojo al camarero.- No tendrás ni idea de donde dar con alguna tienda de música, ¿no? - Preguntó, recibiendo la negación del señor, en un sutil movimiento de cabeza hacia los lados.- Me imaginaba, estuve pateándome todo el puto poblado subterráneo pero que va a haber aquí. - Se quedó callado durante unos segundos, invadiendo el local un absoluto silencio, fruto de ser Garnet el único cliente presente en el establecimiento.- A saber que me soltaría Seandass si me viera en este estado, seguro que diría algo como "por mis cojones, Garnet, espabila, haber sido churrero" o algo así. - Irguió su espalda, dejándola recta y apartando su cara de la barra.- Le prometí que el menda sería toda una superestrella, pero igual también se me da de pena cumplir promesas como la Iki pueje... - Rio, falsamente, notando como le inundaba la tristeza. Había perdido el punto fruto de beber litros de alcohol y ahora estaba apunto de entrar en la fase depresiva del borracho.- Normal que me haya abandonado, soy un puto desastre y un cabeza hueca... - Dijo, cabizbajo, y amarrando el mango de la jarra de cerveza, dándose cuenta, en ese preciso momento, de que se encontraba vacía, echándose a llorar desconsoladamente. En ese instante, se levantó del taburete, mientras se transformaba en la forma híbrida de dientes de sable, llegando a alcanzar los dos metros y pico de altura, y ganando una gran masa muscular y corpulencia, hasta el punto de que sus pantalones y sudadera casi echaban a reventar.- ¿¿Pero qué cojones, hijo?? - Se sobresaltó el regente del bar, dando un brinco hacia atrás, ocasionando que chocara con la estantería que tenía a sus espaldas y que cayeran algunas botellas de licor al suelo, rompiéndose en el acto. La respiración de Garnet estaba acelerada, mientras un río de lágrimas recorrían su felino rostro. Casi como si de un impulso instintivo fuera, con su derecha, agarró con fuerza su sudadera, y con su izquierda los pantalones, arrancándoselos en el acto y quedándose en un tanga de color rojo chillón, al mismo tiempo que echaba todo su peso hacia delante, dejando que la acción gravitatoria lo hiciera caer de rodillas. - ¡IKIRAMIIIIIIIIIIIIIIIIIII!-
Gritó, fuera de sí, hacia el techo, dejando al tabernero completamente confuso, quién no sabía dónde meterse. Tras gritar a los cielos, apoyó sus puños en el suelo, comenzando a asestar puñetazos con su mano izquierda, a modo de desahogo, al suelo.- ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ ¿POR QUÉ? - Había entrado en la fase de desaprobación y cuestionarse todo.- Qué puta mierda he hecho mal joder - Interrumpió su ira contenida, levantando su siniestra y observando como tenía varios trozos de astilla clavados en la mano, no llegando ni a sentir dolor por aquello.- Ojalá ser como mi mano ahora y no sentir una mierda... - Se quedó un buen rato clavado en el sitio, mientras se llevaba sus dos manos - o mejor dicho zarpas - hacia su cabeza, hincando con fuerza sus garras en su cuero cabelludo, haciendo que un chorro de sangra empezara descender por su cabeza. Estaba claro que debía hacer algo con todo el dolor que sentía en sus adentros y que, en la situación en la que se encontraba, no sería capaz de avanzar. El tabernero, en ese momento, se acercó lentamente hacia el peludo Garnet, con cierto temor, ante como podría ser su reacción en ese estado - tanto físico como psicológico - y, lentamente, extendió su mano hasta apoyarla en la espalda del pirata, dándole unas suaves palmadas. Como si de un animal alerta se tratara, Garnet levantó sus dos orejas, girando su cabeza hacia atrás, extrañado y con alguna que otra lágrima aún en sus ojos.- ¿Qué cojones haces? - Preguntó, confuso, haciendo que el señor del bigote se apartara por acto reflejo.- No sé, hijo, pensé que te sentaría bien. - Confesó el tabernero, a lo que el pirata, tras esnifar, desvió su mirada, y se volvió tornar para mirar al frente.- Sí... Algo bien ha sentado para que negártelo. Anda sigue, que el menda está depre y soy tu único cliente. - Chantajeó emocionalmente al señor, accediendo éste a seguir consolándolo.- Qué remedio... - Rodó sus ocultos ojos. - ¿Sabes algo, hijo? En esta ciudad, alejada del oxígeno, la naturaleza, el mundo exterior y la luz natural del sol, siempre nos recordamos lo siguiente los unos a los otros para no caer en la miseria. Aférrate en lo poco que te pueda hacer feliz. - Declaró, solemnemente, el hombre. Garnet, quién seguía cabizbajo, se giró hacia él nuevamente.- Lo poco que pueda hacerme feliz, ¿huh?... - Se dijo a sí mismo, desplazando su mirada hacia el techo.- La verdad que si no fuera por mi hermanita y mis amigos, el menda cree que se habría arrancado las venas de un bocado... - Comentó, momento en el que, el tabernero, le dio un suave puñetazo en la espalda de Garnet, con la misma mano con la que le hacía estado acariciando.- ¡Eso es, hijo! Pues eso mismo es lo que tienes que hacer, ¡procura pasar todo el tiempo que puedas con esa hermanita y esos amiguitos tuyos! La música ya te acabará llegando y bueno, en cuánto a la chica, lo acabarás superando... Te lo dice un señor mayor que ha vivido mucho. - Finalizó su discurso el hombre, separándose de Garnet, al sentir que estaba más tranquilo y volviendo detrás de la barra. Por su lado, el skypiean se terminó de echar en el mismo suelo, tumbándose boca arriba, para luego girar y ponerse de lado, en posición fetal.- Gracias viejo, eso hará el menda... La verdad que me he quedado mejor, ¿es o no es? - Dijo, con una suave sonrisa, al mismo tiempo que sus ojos se iban cerrando poco a poco.- Eso sí, estoy un poco cansado y borracho... ¿Te importa si me quedo a dormi...? - Antes de acabar la frase, se quedó frito haciendo que, sus ronquidos, hicieran reverberar las paredes del establecimiento.- Hay que ver... Está bien, pero mañana a primera hora estás fuera, hijo. - Accedió a la propuesta inacabada del pelirrojo, negando la cabeza y con sus brazos dispuestos en forma de jarra yendo, seguidamente, a cerrar el local.- Total, no creo que venga nadie más por hoy. -
AKUMA NO MI
RE: [Auto T5 - Presente Absoluto] - Ahogado en un bar - PX-3 - 30-11-2024 Aventura Tier 5 Autonarrada Completada Cita:Obtienes: |