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[Pasado] - De la sangre a la música - Versión para impresión

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[Pasado] - De la sangre a la música - Casca Belles - 18-12-2024

El bullicio de la ciudad de Akauri era un ruido constante, una mezcla de voces, pasos y el tintineo de monedas cambiando de manos. Los rayos del sol bañaban las calles empedradas, haciendo brillar las fachadas de los edificios desgastados, mientras los vendedores pregonaban sus productos en un caos que parecía nunca terminar. Gente de todas las clases sociales iba de aquí para allá: marineros cargando cajas de suministros, comerciantes discutiendo precios, y niños corriendo entre las piernas de los adultos. La ciudad, vibrante y viva, tenía una energía que contrastaba profundamente con mi estado de ánimo entonces.

Caminaba con las manos en los bolsillos, las alas plegadas contra la espalda y cubiertas por la capa oscura que siempre llevaba. Mi cabello blanco brillaba bajo el sol, atrayendo miradas fugaces, no sé bien si de curiosidad o desdén, pero me imagino que lo segundo tendría más sentido. Sin embargo, apenas notaba a la multitud; mi mente estaba atrapada en una tormenta silenciosa. Las voces de la ciudad parecían lejanas, ahogadas por el peso de lo que sentía.

- Sesenta mil Berries, mires por donde lo mires... Es demasiado...- Suspiré, sólo de pensarlo sentía ganas de vomitar.

No podía dejarlo marchar, ocupaba demasiado espacio. La cifra se repetía una y otra vez, como un martilleo implacable. Por mucho que intentara alejarla, siempre volvía, una sombra constante que me seguía desde que Eleon Dur había muerto. La deuda era una cadena que no solo me ataba las manos, sino también el alma. Él había cargado con ese lastre durante años, pero ahora todo recaía sobre mí. ¿Y quién era yo? Apenas un joven idiota, dudosamente capaz de mantenerse en pie bajo el peso de un legado que no había pedido. ¿Acaso me lo merecía?

"¿Qué será de mí ahora?"

La pregunta estaba ahí, revoloteando por enésima vez. La soledad se sentía como un abismo cada vez más profundo y no podía fingir su ausencia. Eleon Dur ya no estaba para hacer de guía, la única persona en la que había aprendido a confiar había desaparecido y yo estaba perdido. Siempre había sido un solitario por necesidad, pero ahora esa soledad parecía más definitiva, más implacable.

-No puedo fallar. Nadie vendrá a salvarme está vez. Estoy sólo. - Susurré, como si decirlo en voz alta me ayudase a interiorizar algo que ya sabía.

Mis pasos eran lentos pero firmes, cada uno marcado por una decisión forzada y silenciosa: seguir adelante, por mucho que  doliera. Movía los ojos carmesí por las calles, observando las caras de los desconocidos sin realmente verlas. Era una rutina, un ejercicio mecánico para mantenerme centrado en el presente, aunque mi mente seguía atrapada en el pasado y el futuro.

En algún momento esos mismos ojos se clavaron en un tablón de anuncios, situado en una esquina concurrida, como si fuese lo que estaban buscando, en seco. Los carteles, algunos desgastados por el tiempo, mostraban recompensas por las cabezas de piratas, criminales y otros buscados por la ley. Un papel nuevo, recién clavado, llamó mi atención y bloqueó el panorama general. La recompensa escrita en letras grandes y negras casi parecía brillar bajo el sol.

"25,000 Berries. Vivo o muerto."

Me detuve despacio, había fijado la mirada en el rostro del pirata dibujado en el cartel. Era joven, con una expresión de arrogancia que no sólo resultaba familiar, sino que además recordaba a todo lo que despreciaba. La cifra era alta, más de lo que quizá podría abarcar. Algo despertó en mi pecho, una chispa que no sabía si era motivación o simple necesidad.

Cuando pude darme cuenta ya estaba apenas a un paso del cartel, mi capa ondeaba ligeramente con cada movimiento. Alrededor, la gente seguía su camino, ignorando al joven híbrido que observaba el anuncio como si fuese su última oportunidad de aferrarse a algo. Rocé el borde del papel con los dedos, sintiendo la textura áspera del pergamino.

"¿Es esto lo que me queda? Cazar recompensas hasta pagar la deuda..." - Pensé en lo que pareció una eternidad, pero tan sólo había sido un instante. - "¿Y después qué? ¿Puedo permitirme pensar en el después ahora?"

La idea de una vida como esta, siempre persiguiendo sombras para apenas sobrevivir, me dejó un sabor amargo en la boca. Pero no tenía tiempo para lamentos. El mundo no se detenía para nadie, mucho menos para mí, era algo que había aprendido hacía tiempo.

"Tan sólo un paso más, sólo uno más y entonces..."

Apretando los dientes, la voz pragmática dentro de mi cabeza me recordó que no tenía el lujo de rechazar oportunidades, sin importar lo peligrosas que fueran. Arrancaría ese cartel y sobreviviría. Sería libre.

- ¿Eh? - El cartel no se había movido. No, no era eso.


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Pralder - 19-12-2024

"Escasos minutos antes del post de Casca. En una calle paralela"

El bullicio de la ciudad de Akauri era un ruido constante, una mezcla de voces, pasos y el tintineo de monedas cambiando de manos (Nota off-rol: Sí, lo he hecho a propóstito xD). Los rayos del sol bañaban las calles empedradas, haciendo brillar las fachadas de los edificios desgastados, mientras los vendedores pregonaban sus productos en un caos que parecía nunca terminar. Gente de todas las clases sociales iba de aquí para allá: marineros cargando cajas de suministros, comerciantes discutiendo precios, y niños corriendo entre las piernas de los adultos. La ciudad, vibrante y viva, coincidía enormemente con mi estado anímico en ese entonces.

Eran cerca de las cuatro de la tarde, caminaba despacio, contento, observando en los tejados de algunos edificios los pájaros que reboloteaban, mientras me dirigía a "La Vieja Gloria", una taberna con techos lo suficientemente altos como para que cualquiera que midiese menos metros pudiese estar cómodo. Esta era la segunda parada del paseo del día, y me solía pasar en busca de algún wanted que pareciera asumible o lo suficientemente cuantioso como para hacerme arriesgar un poco más. En mi mente repasaba la suma de las tres o cuatro recompensas que llevaba cobradas... sumaban 12.800 berries, una cifra bastante lejana del total.

- Me deben quedar en números grandes, unos 90.000... ¡keehkekeke no está mal, a este paso serán dos meses como mucho! - Comenté en voz alta, asustando por desgracia a los gorriones que tenía en frente.

Continué con cuidado de no darle con los pies a nada, no sería la primera vez que le daba sin querer una patada a algún escaparate y ya me acercaba a una de las calles principales, siempre había demasiada gente y muchos puestos de venta al público... "Como puñetas se apañará mi madre para andar despreocupada por la ciudad midiendo tres veces más" me quedé pensando, dejándome llevar por el hilo de pensamientos en lo que llegaba hasta mi destino.

Al llegar a "La Vieja Gloria" reparé en que junto a su puerta principal anunciaban un espectáculo de baile y música para la mañana siguiente "humm no estaría mal verlo, ojalá no se me olvide. Siempre está bien desayunar con una buena canción" pensé, pero mis pensamientos se detuvieron al ver el tablón de anuncios con los wanted. Había un nuevo cartel, sin miedo a equivocarme, puesto esa misma mañana y escrito con esas inconfundibles letras negras una cifra demasiado llamativa

- 25.000 berries, vivo o muerto. Keehkekeke ¡Rimera esta es una cifra por la que merece la pena correr el riesgo! - Exclamé a viva voz mientras daba dos toques a mi hacha "Rimera" colgada a mi espalda a modo de saludo, ambos nos estábamos acostumbrando el uno al otro, ella ya no pesaba tanto y yo la trataba con más cuidado, aunque todavía me faltaba algo de destreza para manejarla cómodamente.

Entonces mientras tenia entre mis dedos el cartel escuché una pequeña voz, un "¿Eh?". Miré hacia abajo y vi a un joven de ropa oscura, pelo blanco y un macuto a su espalda. Levantó la mirada y repitió un "¿Eh?" mientras me miraba parpadeando un par de veces como si acabara de salir de un trance interno o un torbellino de pensamientos.


Creo recordar que cruzamos un par de frases entrecortadas... 

- Lo necesito - Dijo el muchacho en un tono bajo pero firme sin soltar el cartel.

- Vale, pero también necesito la recompensa, podemos... - Comencé a decir con intención de invitar al muchacho, pero hasta ahí llego la conversación.

Encolerizado, soltó el cartel y mirandome con unos ojos hundidos y algo desesperados se lanzó a golpearme. Intenté sujetarlo para hablar pero se me escabullía y estábamos empezando a montar una escena. Las miradas de los comensales empezaban a clavarse en nosotros, la cara del dueño de la posada comenzaba a ponerse roja, estaba viviendo una pelea de bar por primera vez desde el punto de vista del cliente... "interesante pero es bastante vergonzoso, será mejor que intentemos salir" pensé y "si no lo puedo agarrar...ahh", el cartel, no habia dejado de mirar el cartel cada pocos segundos. 

Salí rápido de la taberna, el muchacho persiguiéndome, cruzamos una calle hasta llegar a una menos transitada y ahí el muchacho se retiró la capa de la espalda dejando ver unas alas grises, pequeñas para volar pero lo suficientemente útiles para aportarle algo más de movilidad. "Vaya... parece un halcón famélico" pensé para mis adentros mientras paraba los golpes e intentaba retomar la conversación. Mi intención no era quedarmela para mi solo, aunque tuvieramos que compartir la recompensa, sería casi como doblar lo que ya llevaba y mucho más seguro si fueramos entre dos a por este joven pirata.

Pasaron horas, ya estaba entrada la noche y seguíamos en aquella calle, la gente por suerte no se acercó. 
A cada intento de conversación le seguía un "¡lo necesito!" seguido de golpes con algo más de rabia, aunque cada vez era más lento, tanto esfuerzo le estaba pasando factura y casi anocheciendo conseguí sujetarlo con las dos manos.

- Calma chico. Dejame hablar, llevamos horas aquí y seguro que los dos tenemos hambre. Podemos... - Comenzé a decir

- ¡Dame el cartel, lo necesito! - Respondió interrumpiendo nuevamente el muchacho.

- Podemos ir juntos, no soy tu enemigo. Si la quieres vamos los dos a por este pirata y te invito a desayunar - Pude decir finalmente.

En ese momento algo cambió. Parte de la sombra de su mirada desapareció y con ojos muy abiertos asintió sin decir palabra. Con las primeras luces del día volvíamos a cruzar la misma calle de camino a "La Vieja Gloria" a pedir disculpas por la situación de la tarde anterior y dos desayunos completos.
"Al final voy a disfrutar del desayuno, música y compañía... keehkekeke nada mal"


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Charlotte Lyra - 19-12-2024

-      ¿200 Berries por 2 horas bailando?? ¡¡¡Está loco, hasta el sudor que soltaré en esa actuación vale más!!!
-      Es lo que hay niña, lo tomas o lo dejas
-      … aquí estaré

Era un De ja vú, Charel había tenido esa conversación ya un total de 7 veces, nadie quería pagar por el arte, y menos una suma justa. No podía culparlos, al final solo era una cría, nadie la había visto bailar y a nadie le importaba su talento, nadie la conocía, y a este ritmo nadie iba a hacerlo.

La triste realidad era que vivir del baile era cuanto menos una penuria. A ella le parecía bien, podría vivir de eso, quizás bailando en varios sitios, en distintos momentos del día… a lo mejor con el tiempo encontraría ofertas mejores cuando la empezaran a reconocer, pero hasta ese momento, ¿Cómo iba a conseguir 60.000 berries?

Sus padres no le habían puesto ningún plazo, pero ella sabía la realidad, si tardaba demasiado iban a dudar de que realmente pudiera vivir de ello, no estarían tranquilos y solo le quedaría una vida entera de suplicas de ambos insistiendo en que volviera a la tienda. A lo sumo en 6 meses debía pagarla, quizás un poco más, pero no quería ser optimista.

“Quizás si me voy a otra ciudad y ejerzo como comerciante… en poco tiempo podría…” NO eso no debía ser una opción, quería escapar de ese futuro, si lo hacía como comerciante mejor rendirse.
Salió de la taberna “la Vieja Gloria”, volvería a la mañana siguiente para hacer su actuación, ahora debía procurarse algo de comida y un refugio.

Sus padres le habían dado ropa de bailarina y una nueva cinta, menos mal porque si hubiera tenido que comprarlos… habría empezado con una deuda mucho más cuantiosa.

Los primeros días fuera de su casa habían sido duros, en cuanto fue a buscar trabajo bailando llegaron las propuestas indecentes. Charel se lo esperaba, pero no las miradas lascivas, al menos pudo salir corriendo.

La siguiente etapa tampoco fue fácil, la escasez, había estado durmiendo en el bosque todos los días, e iba tirando del dinero de sus padres para poder comer, si no encontraba trabajo pronto volvería más endeudada de lo que se fue. Ahí comenzaron las ofertas bajas, con las que se dio cuenta que tendría que encontrar unas 15 tabernas en las que bailar… y que el día tuviera 40 horas para que pudiera pagar la deuda a tiempo.

Los números se le daban bien, si restaba lo que empleaba en subsistir, no habría manera de pagar los 60.000 berries en un tiempo razonable.

De camino al bosque compró un bollo de pan, no debía gastar más, ya que eso era lo que había ganado el día anterior, en una taberna en la que le habían dicho que no volviera, cuando le cruzó la cara a un cliente por tocarle el culo.

A ese ritmo…no quería ni pensarlo, tenía que mantenerse positiva, encontraría la forma, el trabajo en "La Vieja Gloria” era a una buena hora, por la mañana no había borrachos, o eso creía, y seguro que como esa saldrían más, tenía que tener fe, aunque el rugido de su estómago se la quitara, al menos eso se durmió pensando.

A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol, se acercó a asearse a un riachuelo cercano, al menos la ropa abrigada le permitía dormir al raso sin problema, no todo era malo.

Una vez lista y con su ropa de bailarina se encaminó a “la Vieja Gloria” dispuesta a dar lo mejor de sí. Esa mañana había poca gente, apenas media docena de personas, pero no iba a dejar que eso la desanimara, hoy tenía que ser un buen día.

Comenzó su número, Charel se alza con una mezcla de determinación y nerviosismo. La música comienza: una pieza apasionada, cargada de crescendos y silencios que parecen narrar una historia de lucha y esperanza. Es el tipo de melodía que enciende emociones, invitando al cuerpo a entregarse por completo.
 
Sus primeros pasos fueron precisos, aunque tímidos, como si aún buscara la seguridad en cada línea y giro. Su técnica, imperfecta pero firme, delata su esfuerzo constante. Había detalles por pulir: un salto que no alcanzó del todo su altura, un giro que le hizo perder un poco el balance. Pero lo que le faltaba en perfección lo compensa con corazón. Cada vez que extendía sus brazos o marcaba un movimiento, parecía volcar en él su alma joven, vibrante y decidida.
 
La música se intensificó, y con ella, su expresión. Es aquí donde su pasión desbordó las fronteras de su técnica: sus ojos brillaron, su rostro se iluminó, y en su entrega se olvidó de todo, incluso de los posibles fallos.

Su baile apenas hace que gane unos aplausos vagos e insípidos, al menos el semigigante de la sala aplaude y eso parece llenar el silencio de las demás personas de la taberna, que apenas la han mirado.

Charel solo puede salir corriendo, la desesperación se escapa por las lágrimas de sus ojos, se refugia en una sala que el dueño le había cedido para cambiarse, solo podía preguntarse una y otra vez qué iba a hacer.


Unos minutos después, más serena y ya calmada sale para hablar con el dueño. Es un buen hombre, la mira con compasión le da el dinero y le dice que la invita a desayunar en su taberna, quizás en uno o dos meses vuelva a contar con sus servicios. Ella se lo agradece, coge el desayuno y se dirige a una mesa, directa a sumirse en sus pensamientos.

“No puedo seguir así, quizás soy solo yo, quizás el problema siempre fui yo, pero los números no mienten, así nunca podré pagar el dinero, solo queda plantearse otras alternativas, pero ¿cuáles?”

Como si el mundo le estuviera contestando, un papel se deslizó desde una mesa más alta, la contigua, en la que estaba sentado el semigigante y otro chico en el que apenas había reparado.

Era un cartel de “wanted”, con una recompensa de 25.000 berries nada menos, si pudiera hacer algunas de esas misiones, podría pagar el dinero rápido, y luego dedicarse al baile, con calma, sin prisa, y aunque le costara vivir de ello libremente.

Aunque una misión de esa naturaleza le resultaría complicada, por no decir imposible a ella sola, apenas sabía utilizar el látigo, poco podía usar para ello a parte de su ingenio.

Una vez más como si el universo le hablara una voz dijo:
-      Disculpa, creo que eso es nuestro.

Ahí estaba la siguiente solución, compañeros de equipo, tardaría más en conseguir el dinero, pero lo haría de una manera más segura. Solo quedaba un detalle, ¿la aceptarían en ese peculiar grupo?


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Casca Belles - 20-12-2024

El cartel apenas estaba entre mis dedos cuando un brazo lo arrancó de cuajo. Alcé la mirada, sorprendido, y me encontré con un semigigante que tenía en la mano aquello que, al menos por un momento, había decidido que era mi salvación. La forma en la que miraba el cartel, su sonrisa confiada y el brillo en sus ojos me hicieron hervir la sangre. Era como si no entendiera lo que significaba para mí.

—Lo necesito —dije, tratando de sonar firme. Mi voz apenas era un murmullo ahogado por el bullicio de la taberna. Noté que varios comensales habían desviado la mirada hacia nosotros, curiosos por el alboroto.

El semigigante levantó una ceja y bajó la mirada hacia mí. — Vale, pero también necesito la recompensa. Podemos... —.

Ni siquiera lo dejé terminar. El tono casual con el que hablaba encendió algo en mí. Le lancé un golpe al pecho, con toda la fuerza que pude reunir. No es que esperara que funcionara, pero en ese momento mi rabia había nublado cualquier rastro de prudencia.

Él apenas se inmutó. Intentó detenerme, sujetándome de los hombros, pero me escabullí entre sus enormes brazos. La escena se volvió un caos, con los gritos de los comensales mezclándose con el estruendo de nuestras pisadas mientras nos movíamos por la taberna. Me lancé a por el cartel una y otra vez, y él lo apartaba con facilidad. La frustración me invadía, pero no podía detenerme. Necesitaba ese trabajo. Necesitaba ese dinero. No había otra opción.

Finalmente, el semigigante salió con pasos apresurados, y yo lo seguí como un huracán descontrolado. La gente en la calle frente a La Vieja Gloria se apartaba mientras corríamos, mi capa ondeando detrás de mí como un emblema de mi obstinación. Llegamos a una calle menos transitada y, de repente, se detuvo. Mi respiración era errática, el pecho me dolía por el esfuerzo.

—¡Ya basta! —gritó, girándose hacia mí. Sus enormes manos sostenían el cartel como si fuera un trofeo. Parecía cansado, pero no tanto como yo. Mis alas, ocultas hasta entonces bajo la capa, se desplegaron con un movimiento instintivo. No eran grandes ni fuertes, pero ayudaban a que mis movimientos fueran más ágiles, a saltar más alto o amortiguar caídas. Pero no eran lo suficientemente útiles como para compensar mi desgaste.

—¡Dame el cartel! —gruñí entre jadeos. Sentía que cada palabra me costaba el doble de energía.
—¡Espera, calma! —dijo él, levantando una mano en señal de tregua mientras con la otra mantenía el cartel lejos de mi alcance—. No soy tu enemigo. Si tanto lo necesitas, podemos ir juntos. ¡Compartimos la recompensa y asunto arreglado! —.

Lo miré fijamente, mi respiración entrecortada. La idea de “juntos” me revolvía el estómago. ¿Confiar en alguien más? Todo en mi interior gritaba que no. Siempre había estado solo, y no era por elección; era porque la vida me lo había impuesto. Confiar en otros siempre traía problemas, y no podía permitirme más fracasos.

Pero entonces lo vi claramente. No tenía fuerzas para seguir peleando. Y más importante aún, no podía hacerlo solo. Me dolía reconocerlo, pero si no aceptaba su oferta, probablemente perdería esa oportunidad. Inspiré profundamente, intentando calmar el torrente de emociones que me inundaba.

—De acuerdo, pero no intentes traicionarme —dije con una mirada dura. Mi voz intentaba ser firme, pero estaba cargada de cansancio.

Regresamos a La Vieja Gloria. Mientras entrábamos, intenté ignorar las miradas de los clientes que claramente nos reconocían como los causantes del alboroto anterior. Me hundí en una silla con una mezcla de cansancio y resentimiento, mientras el semigigante, despreocupado, pedía dos desayunos. El aroma de la comida y el sonido de la taberna me ayudaron a centrarme un poco. Pero la tensión en mi pecho seguía ahí, inquebrantable.

Un espectáculo inesperado captó mi atención. Una joven bailarina en el escenario se movía con una intensidad que contrastaba con las miradas indiferentes del público. Sus pasos transmitían una determinación que reconocí, una que parecía surgir de la necesidad más profunda. Pero cuando terminó su número, los aplausos fueron escasos. El único que aplaudió con entusiasmo fue mi nuevo “compañero”, cuyas palmadas resonaron en la sala como martillazos.

La bailarina se retiró a una esquina, con los hombros caídos. Algo en su expresión me detuvo. Había algo familiar en esa postura derrotada, en la forma en que su respiración parecía temblar. No pude evitar recordar las veces en que yo mismo había sentido ese peso, esa carga aplastante que parecía ahogar cualquier esperanza. No era solo su baile lo que me llamaba la atención; era lo que veía en sus ojos cuando levantó la mirada hacia nosotros.

Sin darme cuenta, el cartel que tanto había luchado por conservar cayó al suelo junto a ella. La joven lo recogió y lo observó detenidamente. Su expresión cambió. Los músculos de su rostro se tensaron y su mirada adquirió un brillo que no había visto antes. Parecía evaluar el papel como si fuese una puerta que acababa de abrirse frente a ella.

Cuando finalmente levantó la vista hacia nosotros, sus ojos hablaban más que cualquier palabra. Había algo en esa mirada que me recordaba a mí mismo: una mezcla de miedo, determinación y necesidad. Parecía aferrarse al cartel como si fuera la última oportunidad de escapar de algo más grande que ella misma.
Por un instante, pensé que se levantaría y se marcharía con el cartel, dejándonos atrás. Pero en lugar de eso, se acercó con pasos decididos. Antes de que pudiera decir algo, el posadero apareció con un tercer plato y lo dejó frente a ella con una sonrisa.

—Invitación de la casa. Te lo has ganado —dijo, dándose la vuelta antes de que pudiera responder.

El semigigante comenzó a devorar su desayuno casi de inmediato, pero yo miré mi plato en silencio. Aún sentía las punzadas de la tensión, pero el aroma cálido del chocolate y el crujido de los churros me hicieron bajar la guardia un poco. Ese desayuno, según había oído, era una rareza traída desde algún lejano reino del North Blue, un lujo inesperado en un lugar como este.

Noté que la joven bailarina observaba su plato con duda, como si no supiera si debía probarlo. Quizá no había comido en días. Sus ojos seguían cargados de aquella mezcla de necesidad y resignación. No podía dejar que alguien sintiera el mismo hambre que yo había soportado. Sin pensarlo mucho, deslicé la mitad de mi ración hacia ella.

—Tómalo. No me lo voy a acabar, de todos modos. Me llamo Casca, no está envenenado. —murmuré, evitando su mirada. Esperaba que lo disfrutara, que el sabor dulce y cálido le diera algo de consuelo, aunque fuera temporal.

Puse el cartel en la mesa, extendiéndolo con cuidado. Observé el rostro del pirata, grabándome cada detalle de su expresión arrogante. Pensé en lo que debía hacerse, en cómo abordar este problema con el menor riesgo posible.

—Tiene que estar cerca de la costa. Eso nos da ventaja; las salidas estarán limitadas —dije en voz baja, más para mí mismo que para los demás. Señalé el borde del cartel—. Hay que atraerlo fuera, lejos de su terreno. Desde un punto elevado puedo mantenerlo vigilado y atacar si es necesario. Cascascascasca —.

Pasé un dedo por el dibujo del pirata, como si así pudiera desentrañar su estrategia, sonriendo por primera vez esta semana —El primer movimiento será crucial. Una distracción precisa, algo que lo saque de su escondite, pero sin que se dé cuenta de que lo estamos rodeando —.

Mis palabras flotaban en el aire, sin esperar respuesta. No importaba si escuchaban o no. Mi mente ya había comenzado a planear, ajustando cada detalle. Sabía que no podía confiar plenamente en nadie, pero si este trío iba a funcionar, tendría que ser bajo mis términos.

Por primera vez en mucho tiempo, sentí que algo diferente estaba por empezar. Una chispa de determinación se encendió en mi interior. Quizá este extraño equipo podría ser la clave para salir adelante.

"Eh? He dado por hecho que ella se uniría... Debería tener cuidado con estas cosas" -.


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Pralder - 21-12-2024

“Una actuación con sentimientos sin igual, esa chiquilla le pone todas sus ganas” pensé mientras aplaudía como si quisiera compensar la falta de otros aplausos. Vi que casi todo el mundo en la taberna había disfrutado de la música vagamente, sin mirar al escenario o prestar atención al baile… una pena, no saben lo que se han perdido.

Pero ya habría tiempo de pensar en ver espectáculos, ahora teníamos una recompensa que conseguir encima de la mesa, un compañero que conocer y una estratégia que formar “Tenemos que pensar todo con calma ¿En qué muelle se encontraría este pirata? No dejamos de estar en una isla… espero que esté en Tara, eso facilitaría las cosas ¿Cómo sería su barco? ¿Serán pocos en la tripulación?”

Un olor detuvo mi hilo de pensamientos, ¡por fin los churros con chocolate llegaban a la mesa!

- ¡Keehkekekeke, hora de desayunar! - Exclamé mientras me centraba en el merecido y necesario desayuno. 
- Hay que desayunar y comer en condiciones o estaremos débiles… amenudo la gente que cazamos no cuenta con un cocinero en condiciones, no saben la diferencia que marca eso en el estado físico - Continué murmurando para mi compañero aunque sospeché que no me escuchaba.

Bajé la mirada y me centré en acabarme mi desayuno, pero levanté la mirada al ver por el rabillo del ojo como la hoja del wanted se nos caía de la mesa y acaba en la mesa de al lado. Una mano pequeña y fina lo levantó.

- Disculpa, creo que eso es nuestro - Comenté procurando ser educado antes de darme cuenta de que era la bailarina la que estaba recogiendo el cartel.

Vino con el wanted en la mano, con una cara cansada y aún recobrando el aire, pero sus ojos parecían gritar “¡Dejadme participar!”

Cuando se acercó, el dueño le acercó otro plato invitado por la casa. Por lo menos su baile iba a tener un reconocimiento extra. Ante esto se quedó dubitativa, sus ojos antes decididos ahora revisaban todo de lado a lado, me daba la sensación de se estaba planteando si quedarse o darse la vuelta, si rechazar el plato o comer.

Entonces Casca le pasó la mitad de su plato, se presentó y comenzó a murmurar cosas para sí. “¿Será consciente de que habla muy bajo si quiere que le escuchemos? ¿Y por qué parecerá que para él es todo sombrío?”  Pensé intentando comprender a mi nuevo compañero, pero antes…

- Y yo soy Pralder, ¡Encantado! - añadiendo mi presentación a la de Casca e intentando con mi tono de voz de que sintiera bien recibida, era lo mínimo que se me ocurría que podía hacer. Al fijarme en ella en detalle me despertó la misma preocupación que mi recién conocido compañero. Ella lo intentaba ocultar pero parecía que no comía en condiciones desde hace días, ¿tendría problemas también? En ese momento pensé "Si consigo saldar mi deuda pronto, no me importaría continuar buscando recompensas para ayudar a estos dos, mínimo me aseguraré de que coman bien..." 

Miré el retrato del pirata en el wanted, realmente tenía la cara de alguien con exceso de orgullo y soberbia… miré a nuestra nueva acompañante en el desayuno, también habían estado mirando el retrato del wanted, levantó la mirada y sus ojos verdes destellearon de nuevo con decisión:

- Me llamo Charel y…


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Charlotte Lyra - 21-12-2024

- Me llamo Charel y ¡quiero unirme a vuestro equipo!

Ambos parpadearon perplejos, ¿quizás se había precipitado con lo de equipo? Era evidente que no llevaban demasiado tiempo trabajando juntos, pero ¿era tan poco como para que les sorprendiese?

 - Yo también quiero ir a por ese pirata, puedo ser de ayuda, se manejar el látigo y conozco la zona.

Ambos dudaron, les parecía demasiado niña, pero eso no la haría flaquear, había visto un camino, e iba a seguirlo a cualquier precio. Terminó su desayuno y jugó su mejor baza en esta negociación:

- Tenéis que dejarme ir con vosotros, me necesitáis. Porque sé en qué dirección se fue ese pirata del cartel.

Eso captó la atención de ambos, bien, los tenía, si no revelaba nada de lo que vio la noche anterior, tendrían que acompañarla a la fuerza, y eso implicaba que serían un equipo, al final todo el mundo le cogía cariño con relativa facilidad.
Terminaron los tres de desayunar y siguieron a Charel en dirección al bosque, Pralder parecía que caminaba a cámara lenta, algo que ella agradecía, ya que un paso suyo equivalía a unos 20 para ella, lo que hizo que casi todo el camino se convirtiera en una carrera.

Casca no habló mucho, pero le había parecido majo, le cedió su desayuno, aunque eso en el camino no le ayudó demasiado, y había visto una fuerte oposición en sus ojos cuando les dijo que quería ir con ellos a cazar al pirata. Lo cierto es que no había dicho una palabra en contra de ello, solo era una impresión que ella tenía, tampoco parecía especialmente cómodo con la presencia de Pralder, así que o era solo una impresión errónea, o era algo que no quería verbalizar.

Pralder por otro lado era todo amabilidad y palabras. Les contó en el camino que sus padres tenían una posada, pero que un desafortunado accidente había acabado con ella y les había endeudado.

A Charel le pareció una historia muy triste y sintió gran admiración por Pralder y la determinación con la que estaba ayudando a sus padres, no pudo evitar verse reflejada en cierto grado en su historia.

Durante el camino solo pudo hablar Pralder, los otros dos parecían estar volcando sus esfuerzos en poder seguir el ritmo.
Una vez llegaron Charel les enseñó el árbol en el que había pasado la noche, subió un momento para orientarse.

(Flashback de la noche anterior)
“Charel dormía profundamente, cuando una conversación hizo que se despertara. Dos hombres conversando a pocos metros de su árbol le sacaron de su sopor y captaron su atención.

- Me están buscando por todas partes, mi cartel está pegado en varias tabernas de esta ciudad, tengo que irme, y tiene que ser ya.

- Tengo un primo, vive hacia el sur, es un pequeño pueblo pesquero, allí seguro que nadie te reconoce, si salimos ya, podríamos llegar a su casa antes de que amanezca, seguro que él te da refugio.


- Entonces no perdamos más tiempo

Aún era noche cerrada, y la conversación habría pasado inadvertida para Charel, ni siquiera le había visto la casa, pero sabía que no era el tipo de persona con la que alguien quiere tener relación, a menos que quieras acabar en problemas.

Pero el destino tiene una curiosa manera de llevar a la gente por donde quiere, si la cosa hubiera acabado ahí, Charel no habría tenido forma de relacionarlo con el cartel al día siguiente, era noche cerrada, sin ninguna luz, solo eran voces anónimas, sin embargo, antes de partir, el pirata se encendió un cigarro.

Esa pequeña luz fue suficiente para que Charel se quedara con su cara, y al día siguiente, tras una actuación, por desgracia poco memorable, y sin muchas alternativas, la recordara al caer frente a ella un cartel de wanted "

Al bajar les indicó que el destino era el pueblo de Tara, al sur, ahora quedaba decidir cómo llegar hasta allí.
Tras una larga conversación todos estuvieron de acuerdo en que lo único que podían permitirse sus bolsillos era una larga caminata hasta allí. Pralder se ofreció a cargar con ellos, algo que Charel agradeció profundamente, ya que la actuación y el paseo hasta el bosque la habían dejado exhausta.

La sensación de ir a cerca de 6 metros por encima del suelo le pareció liberadora, podía sentir el aire en sus mejillas, y ver alrededor como nunca antes lo había hecho, esto le dio a Charel una nueva perspectiva del bosque y de sus caminos, una información valiosa sin duda.

Durante el camino pudieron conocerse un poco más, Casca parecía tener un pasado la mar de trágico, aunque solo compartía algún detalle, su tono se volvía sombrío y frío al hablar de ello, por eso Charel no quería indagar más.

Sin duda el tema que más ocupó su camino fue qué harían al llegar a Tara. Charel tenía una ligera idea de dónde se encontraría el pirata, pero no sobre qué hacer una vez lo encontraran, nunca había intentado capturar una persona.
Por suerte Casca parecía tener un plan concreto: “El primer movimiento será crucial. Una distracción precisa, algo que lo saque de su escondite, pero sin que se dé cuenta de que lo estamos rodeando”

Charel veía un poco complicado tomar a alguien por sorpresa con un semigigante en el grupo, aunque si lo hacían en un lugar con bastante gente quizás podría disimular ser un viandante más.

En cuanto a la distracción, la mejor opción estaba clara, tenía que ser ella. Cuando lo dijo por primera vez, sus compañeros se negaron en redondo, eso era ponerse en peligro, algo a lo que ella había replicado que ir a cazar a un pirata ya era ponerse en peligro, a eso no le pudieron contestar.

Era la opción más lógica, el pirata no sospecharía que ella fuera a capturarle, si estaba claro algo de la impresión que daba es que no era alguien peligroso, eso haría que pudiera hacerle salir con alguna buena excusa y llevarlo a algún punto estratégico que les interesara.

Además de esto sus dotes para negociar y convencer a la gente eran notables, podría conseguirlo, aunque eso implicara algún riesgo para ella, siempre podría salir corriendo, y le tranquilizaba saber que sus nuevos compañeros se preocupaban por su seguridad, aunque no la conocían desde hacía mucho, ella sabía que llegado el momento la defenderían sin dudarlo.

Y por eso, ella sería el cebo, podría hacerlo, porque contaba con buenos compañeros que la ayudarían llegado el caso.

Los pormenores del plan tendrían que esperar, ninguno de los tres había estado en Tara recientemente, así que lo primero sería reconocer el terreno y localizar de forma concreta al pirata, por suerte para el final del día la ciudad de Tara se veía en la lejanía, en menos de una hora estarían allí.


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Casca Belles - 22-12-2024

El camino hacia Tara estuvo lleno de silencios tensos, interrumpidos solo por las palabras de Pralder, quien parecía decidido a llenar el aire con su voz. No podía culparlo. En cierto modo, siendo de agradecer, sus historias aligeraban la carga de nuestros pensamientos, aunque apenas escuchaba lo que decía. Mi mente seguía atrapada en el cartel, en la recompensa y en las sombras de lo que este grupo podría significar.

Charel, la joven bailarina, se mantenía cerca de nosotros, su rostro oscilando entre la determinación y la duda. Había insistido en unirse a nosotros, incluso después de dejar claro que nunca había hecho algo como esto antes. Pero había algo en ella, algo que reconocía: una chispa de desesperación mezclada con esperanza. Esa mezcla que te obliga a seguir adelante cuando todo parece en tu contra. No estaba seguro de que confiar en ella fuera prudente, pero ¿acaso tenía otra opción?

Pralder, por otro lado, era todo lo contrario. Alto, fuerte y lleno de vida. Su actitud despreocupada me molestaba más de lo que debería. Parecía tan cómodo con todo, como si nada pudiera derribarlo. Pero algo en su mirada me decía que él también cargaba con lo suyo, aunque lo escondiera detrás de esa risa estruendosa. Sin duda teníamos un grupo variopinto y, con él cerca, era difícil no notarnos.

Al llegar al bosque cerca de Tara, Charel se detuvo y señaló un árbol grande donde había pasado la noche anterior. Con agilidad sorprendente, subió para orientarse y regresó con información crucial. Sabía hacia dónde había ido el pirata: un pequeño pueblo pesquero al sur. Por un momento, quise preguntarle cómo lo sabía, pero su rostro era tan seguro que decidí no hacerlo. No sé si fue que pensé que quizá era mejor no conocer los detalles o que sencillamente no tenía ganas de hablar.

Durante el trayecto final hacia Tara, mi mente se concentró en los detalles del plan. Lo primero sería localizar al pirata y confirmar que realmente estaba en el pueblo. Después, necesitaríamos una distracción efectiva para sacarlo de su escondite. Y ahí estaba el mayor riesgo: Charel había sugerido ser el cebo. Me opuse de inmediato, pero sus argumentos eran sólidos. Si alguien podía acercarse al pirata sin levantar sospechas, era definitivamente un chiquilla sin nombre. No me gustaba, pero sabía que tenía razón.

Cuando las luces de Tara se dibujaron a lo lejos, una mezcla de alivio y ansiedad se apoderó de mí. Habíamos llegado, pero eso no significaba que el peligro hubiera terminado. Más bien, acabábamos de dar el primer paso hacia algo que probablemente terminaría peor de lo que esperaba. Aún así no tenía más remedio que continuar adelante.

Nuestros pasos se volvieron más lentos mientras nos acercábamos al pueblo. Las calles eran estrechas, flanqueadas por casas de madera desgastada y adoquines torcidos que parecían llevar la contraria a cualquiera que intentara caminar derecho. El aire estaba impregnado de un olor penetrante a pescado, no diría que siempre fresco, mezclado con la sal del mar y el inconfundible hedor de la cerveza barata que fluía libremente desde las tabernas.

Todo a mi alrededor era un caos calculado. Marineros descargaban cajas en el puerto, mientras otros discutían a gritos sobre precios y rutas de comercio. Desde las puertas de una taberna cercana, un grupo de hombres cantaba desafinados, sus voces tan fuertes como el golpeteo de las jarras de cerveza en el bar y algún que otro golpe de un borracho al caer de espaldas. Todo en Tara era un recordatorio de que este lugar no era amable con extraños.

Nos movimos en silencio, o al menos, intenté que así fuera, ir con un semigigante de seis metros de altura no lo ponía fácil. Mantuve mis alas ocultas bajo la capa, como acostumbraba, y la capucha baja sobre mi rostro. Había aprendido hace tiempo que cuanto menos llames la atención, mejor. Sin embargo, no todos podían compartir esa filosofía.

En un momento, mis ojos se fijaron en un pequeño puesto de pescados ahumados. La mujer que lo atendía parecía estar completamente concentrada en su cuchillo, que cortaba los filetes con precisión milimétrica. Había algo en su postura, en la forma en que sus ojos seguían cada movimiento, que me hizo pensar que podría saber más de lo que aparentaba.

Hice una seña a mis compañeros para que esperasen y me acerqué, manteniéndome en silencio mientras dejaba que las sombras me cubrieran. La mujer no levantó la mirada de su trabajo, pero me notó rápidamente y fue ella quien rompió el silencio.

—¿Buscas algo en particular, chico? No pareces estar aquí por el pescado, y tampoco tienes cara de marinero.

Me quedé quieto, dejando que sus palabras flotaran en el aire. Saqué el cartel del pirata de mi capa y lo coloqué sobre la mesa entre nosotros. Mis dedos se quedaron sobre el papel, asegurándome de que no lo tomara sin permiso, aunque no creía que fuese a pasar.

Finalmente, levantó la mirada, evaluándome con un escrutinio que habría hecho retroceder a cualquiera menos decidido. Sus ojos pasaron del cartel a mí, luego de vuelta al cartel. Durante un breve instante, pensé que me iba a rechazar. Pero entonces habló, esta vez en voz más baja.

—Ah, Raick... Lo he visto, claro que sí. Llegó hace un par de noches y estuvo bebiendo en "El Vigía". Una taberna cerca del puerto. Tenía compañía. Dos tipos que parecían tan desagradables como él. —Hizo una pausa, como si evaluara si debía seguir hablando. Finalmente, dejó el cuchillo y se inclinó un poco hacia adelante. —Pero si estás buscando problemas, te diré algo más. Hay un barco pequeño escondido más allá del puerto principal. No puedo asegurarlo, pero algunos dicen que podría ser suyo o de su tripulación.

Sus palabras confirmaron algunas de mis sospechas, pero también añadieron nuevas complicaciones con las que lidiar. No sería un trabajo fácil, y si había un barco involucrado, las cosas podrían ponerse feas más pronto que tarde.
Me quedé en silencio unos segundos, considerando mis opciones antes de hablar. Aunque prefería mantener mis palabras al mínimo, había algo en su tono que me hacía sentir que un poco de cortesía no estaría de más.

—Gracias por compartir esa información conmigo. No voy a mentir, sé perfectamente que estoy jugando con fuego al venir aquí. Pero no tengo elección. Espero no convertir este plan en un desastre completo, aunque sería poco realista prometerlo. Haré todo lo posible por mantenerme fuera de problemas, aunque, si soy honesto, no soy muy bueno en eso. —Sigo preguntándome por qué sencillamente no puedo decir “Gracias” y ya está… En fin.

La mujer soltó una risa corta, apenas audible, antes de volver a tomar el cuchillo y retomar su trabajo. No dijo nada más, pero algo en su expresión me hizo pensar que no me deseaba mala suerte.

Me alejé del puesto, con las palabras de la mujer resonando en mi cabeza. Raick no estaba solo, y si había un barco escondido cerca, las cosas eran más peligrosas de lo que había previsto. No solo tenía que preocuparme por el pirata en sí, sino también por sus hombres y la posibilidad de que más refuerzos llegaran si las cosas se torcían.

Cuando volví al lugar donde me esperaban mis compañeros, intenté no mostrar mi cansancio. La noche en Tara tenía una forma especial de hacer que las sombras parecieran más densas de lo normal. Me acerqué a ellos despacio y dejé que el cartel hablara por mí al colocarlo sobre la mesa improvisada que habían encontrado.

—He hablado con alguien que sabe un par de cosas. El tipo del cartel estuvo en una taberna cerca del puerto, pero no está solo. —Deslicé el dedo sobre el cartel mientras continuaba, asegurándome de que Pralder pudiese entenderme al hablar, aunque sin gritar. —Tiene dos hombres con él, y parece que podría haber un barco escondido cerca. Si es su barco, significa que esto no va a ser un enfrentamiento sencillo.

Me crucé de brazos y miré a cada uno por turnos, dejando que el peso de las palabras se asentara. Luego suspiré, sabiendo que necesitaba mantener el control de la situación.

—No me interesa que esto se complique más de lo necesario. Vamos a movernos rápido. Lo primero será confirmar su ubicación. Luego, vamos a necesitar un plan. Espero que no creáis que tengo todas las respuestas. Tengo algunas ideas, pero si alguno de vosotros tiene algo brillante que decir, este sería un buen momento.

Esperé, observándolos mientras el sonido del puerto seguía llenando el aire. Sabía que no podíamos quedarnos allí mucho más tiempo.


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Pralder - 22-12-2024

La mañana continuaba con sorpresas ¡Charel sabía donde se encontraba este pirata y encima se quería unir al grupo! Segundos después mi alegría se mezcló con preocupación “Estoy haciendo equipo con una niña humana y un muchacho con alas que no debe ser mucho más mayor que la primera… por una parte bien, no voy a trabajar solo y además, seguro que compensan mi total incapacidad para infiltrarme, pero… ¿que lleva a dos jovenes a buscarse la vida como cazarrecompensas?”

Cuando salimos de “La Vieja Gloria” intenté andar despacio, aunque creo que no lo suficiente. Casca aguantaba el paso estoicamente y Charel tampoco se quejaba pero sus pequeñas piernas casi parecían un borron y respiraba agitádamente. Así que aunque se me hizo un poco chistoso, decidí andar como su fuera a cámara lenta, sería lo mejor para todos.
Llegamos al bosque al rato. El camino se hizo más largo de lo que esperaba y mucho más vacío de conversaciones de lo que hubiese deseado. 

No era extraño si lo pensaba, eramos tres desconocidos y el primero de ellos hace escasas 12 horas estaba golpeandome ¿Cómo podíamos acordar distancias? Comencé a contar los motivos por los que había empezado a cazar recompansas hace dos semanas, la vida en la posada con con mis padres, el trabajo sirviendo a los clientes, arreglando el local y como todo terminó cuando una persecución violenta de la marina contra un grupo de piratas chocó contra nuestro local, destrozándolo, y eso nos llevó a una deuda con intereses demasiado altos.

Charel escuchaba con atención aunque no participaba de la conversación, se le veia concentrada en mantener el paso. Casca se mantenía impasible y con paso rápido, como si me escuchara de fondo mientras pensaba. Solo reaccionó con un respingo y expresión siniestra cuando comenté que la persona que nos ofreció el dinero seguramente pertenecería a la mafia.
“keehkekeke bueno, ha sido un primer acercamiento a la próxima espero que comenten algo ellos… Creo que lo mejor será que les cargue sobre los hombros más adelante, así puede que hablemos más”

Poco más tarde llegamos al árbol que le hacía de “casa” a Charel, era sorprendente que una niña estuviera sobreviviendo así, era algo admirable y esperaba con ansias que llegase el momento de que nos contara su historia, aunque eso tendría que esperar, tocaba centrarnos en la misión. Charel indicó el camino hacia Tara y nos pusimos en marcha. A los pocos pasos aproveché y me ofrecí para cargar con los dos, podríamos hablar más cómodamente, planificar y llegaríamos antes.

Charel agradeció el gesto y Casca, aunque serio, pareció recibirlo de la misma manera. Ambos hablaron esta vez, aunque poco, compartieron algun detalle suelto sobre su pasado y Casca parecía tener uno bastante trágico.
También aprovechamos para planificar como ibamos a actuar y Charel propuso la idea hacer ella de cebo, seguida de una sólida argumentación a la que no pudimos objetar, aunque a regañadientes.

Cerca del atardecer nos acercamos a Tara, el ruido de las olas se escuchaba a lo lejos junto al murmullo de los pescadores. Comenzamos a avanzar despacio, las calles del pueblo siempre habían sido estrechas y mi torpeza no ayudaba, así que les bajé de mis hombros y vi como mis dos compañeros andaron rápidamente por la ciudad, cada uno con una filosofía distinta.
Para pasar desapercibida, Charel cambió su lenguaje corporal, jugando la baza de ser alguien inofensiva e inocente. Por el contrario Casca jugó con su atuendo, se echó la capucha sobre la cabeza y apretó sus alas, también cubiertas, contra la espalda.

La noche estaba empezando a cerrarse para cuando llegué al final de la calle y ya me estaban esperando. Casca nos indicó que iba a hablar con una anciana pescadera que se veía al fondo de una callejuela y que esperásemos aquí.
El ruido de los pescadores en las tabernas comenzó a llenar las calles. Me recosté junto a uno de los árbol que se encontraba en este punto de encuentro haciendome el despreocupado jugueteando con unas cajas y un tablón para montar un pequeño banquito o una mesa, mientras Charel revisaba con ojos fugaces las calles. Casca regresó a los pocos minutos con información.

Nos trasladó, con bastantes más palabras de las necesarias, que habían visto al pirata que buscamos en la taberna “El Vigía” y que nuestro pirata tenía a dos compañeros con él.

- …si alguno de vosotros tiene algo brillante que decir, este sería un buen momento - terminó añadiendo Casca.

“Keehehehe esto es mejor que el silencio, parece que le gusta hablar de más cuando está motivado” pensé alegre en ese momento, tanto por las palabras de Casca como por la taberna ¡conocía a la dueña de cuando veníamos a comprar pescado!

- Sí, conozco a la dueña de esa posada de cuando venía a comprar pescado para la posada, se llama Rona. Podría acercarme sin levantar demasiadas sospechas a preguntar por precios y que novedades hay en el pueblo y ya de paso, revisar si nuestro “amigo” está allí bebiendo de casualidad - Comenté acercando la cara a la improvisada mesa y procurando hablar bajo para que solo me escucharan Charel y Casca.
Ante su silencio inicial añadí - Keehkekeke soy consciente de que queréis ser sigilosos y conmigo esto será dificil. Lo dejo a vuestra elección, ¿cómo procedemos?


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Charlotte Lyra - 23-12-2024

- No me interesa que esto se complique más de lo necesario. Vamos a movernos rápido. Lo primero será confirmar su ubicación. Luego, vamos a necesitar un plan. Espero que no creáis que tengo todas las respuestas. Tengo algunas ideas, pero si alguno de vosotros tiene algo brillante que decir, este sería un buen momento.

- Sí, conozco a la dueña de esa posada de cuando venía a comprar pescado para la posada, se llama Rona. Podría acercarme sin levantar demasiadas sospechas a preguntar por precios y que novedades hay en el pueblo y ya de paso, revisar si nuestro “amigo” está allí bebiendo de casualidad. Keehkekeke soy consciente de que queréis ser sigilosos y conmigo esto será difícil. Lo dejo a vuestra elección, ¿cómo procedemos?

- Si tienen un barco será demasiada gente como para que podamos manejarlo... lo mejor será sorprenderlo en la taberna o en una de esas noches en las que bebe. Si Pralder conoce a la dueña, podríamos solicitarle que yo haga una actuación, luego me acerco a ellos, hago que beban más de la cuenta, y vosotros preparáis una emboscada entre la taberna y el barco. Habría que pasarse por la zona del barco para ver si realmente hay una tripulación pirata en él.


Ambos la miraron atónitos, quizás no se esperaban que alguien tan joven tuviera tanto talento para la estrategia, sin embargo, Charel había tenido que aprender a hacer este tipo de cosas, la preparación para una negociación es tan importante como la negociación en sí y eso implicaba sobrepasar ciertas líneas de la privacidad de sus comerciantes.

- Bueno es solo una idea, podemos hacer otra cosa si no os parece bien.


No quería que la tomaran por una mandona, tampoco pretendía ser la líder de este equipo, si algo le había quedado claro en el camino a Tara es que estos dos se conocían tan poco como ella a ellos, lo que les daba cierta equitatividad en el grupo.

A pesar de la sorpresa ambos se recompusieron y estuvieron de acuerdo con el plan planteado por Charel.

Pralder mencionó que la emboscada fuera a las afueras del pueblo para que no interviniera nadie, lo que facilitaría que él se pudiera “ocultar” en el bosque. Sorprendentemente Casca propuso quedarse en la taberna, durante la actuación de Charel, por si los piratas daban algún problema.

A Charel le conmovió la preocupación de Casca, aunque algo dentro le decía que no era solo preocupación por su integridad, si no más bien, eso se acompañaba con un fuerte recelo, como si quisiera vigilarla para ver sus intenciones.

En estas cosas el instinto de Charel no fallaba, sabía captar muy bien las intenciones de la gente, tampoco le culpaba con ello, la conocía desde hacía... 12 horas? Ni eso realmente. Con Pralder todo era más sencillo era como un libro abierto de positivismo y amabilidad, en él sí vio una preocupación genuina por ella, por eso lo tranquilizó diciéndole que estaría bien, que había actuado en tabernas varias veces y que siempre le quedaba la opción de salir corriendo.

Tras acordar su forma de actuación, aun quedaba un importante detalle, dónde iban a pasar la noche? Ya era demasiado tarde como para conseguir la actuación en la taberna, y tenían el “pequeño” problema de contar con un semigigante en el grupo.

Convinieron que lo mejor era pasar la noche en el bosque, y dirigirse a la taberna por la mañana, para hablar con la dueña, y que así no se encontraran con el pirata de forma casual por el pueblo, cuanto menos pudiera reconocer sus caras mejor para todos.

Desandaron el camino que no hacía tanto tiempo habían andado, aunque su visita al pueblo pesquero fue corta, sin duda fue muy fructífera, habían obtenido la información que necesitaban, habían confirmado que el pirata se encontraba en el pueblo, y hasta habían trazado un plan, no se podía pedir más a las pocas horas que habían tenido.

A pocos kilómetros del pueblo encontraron una gran explanada, un claro en el bosque, no bastante grande para que Pralder pudiera tumbarse cómodamente sin arrancar ningún árbol. Se recostó sobre el suelo, haciéndolo temblar levemente. Por suerte se habían alejado lo suficiente del pueblo como para que ninguno de sus habitantes pudiera notarlo.

Charel por otro lado buscó un árbol lo bastante alto como para poder dormir en él pero no lo bastante como para que pasara frío, los días en el bosque le habían enseñado bien cómo seleccionar el que sería su cama.

Casca en este aspecto parecía algo más perdido, un chico de ciudad sin duda. Charel se acercó a él y le indicó una buena alternativa. Casca la miró con recelo pero asintió, también le echó una mano para trepar al árbol.

Ahí fue cuando Charel vio sus alas, puso la mejor cara de póquer que pudo, pero aún así no consiguió disimular por completo su sorpresa, quiso hacer mil preguntas, era la primera vez que veía un birkaniano, tanto por lo raro que era ver una mezcla de Lunarian y Skypean, como esas mismas razas por esos lares. Solo había podido leer de ellos en libros, lo que solo hacía aumentar más su curiosidad.

Pero no artículo palabra, no era el momento ni el lugar, ni tampoco Casca el tipo de persona que comparte algo de sí mismo fácilmente, por eso prefirió guardar silencio.

Charel trepó a su árbol, se acurrucó como pudo, y se dispuso a pasar una plácida noche, debía descansar bien, al día siguiente iba a capturar a su primer pirata, en la primera misión de su grupo, estaba nerviosa, pero también emocionada.


A la mañana siguiente...


RE: [Pasado] - De la sangre a la música - Casca Belles - 24-12-2024

El plan rondaba en mi cabeza mientras trataba de acomodarme en la rama del árbol. La postura no era cómoda, pero ya estaba acostumbrado a cosas peores. Charel había planteado una estrategia decente: usar su baile como distracción, atrayendo al pirata y sus hombres para que Pralder y yo pudiéramos actuar. Sonaba bien, en la teoría, pero los riesgos eran obvios. Ella no era más que una niña, y aunque se mostraba fuerte y decidida, el peso de la misión podía aplastarla. "Es demasiado pronto para alguien como ella," pensé, apretando la mandíbula. Sin embargo, no dije nada. Mis palabras habrían sonado frías como siempre, y la última vez que intenté proteger a alguien… Bueno, esa deuda aún la cargaba.

Desde mi lugar en el árbol, observé cómo se acomodaban mis compañeros. Pralder estaba recostado en el suelo, su tamaño era ridículamente desproporcionado en comparación con las raíces que apenas soportaban su peso. Razonablemente, parecía ser el único que realmente iba a descansar. Charel, en cambio, trepó a su árbol con una agilidad que no esperaba. Había algo inspirador en su determinación, pero también una ingenuidad que me preocupaba. Sus movimientos eran los de alguien acostumbrado a sobrevivir en circunstancias adversas, pero no la había visto nunca por las calles de la ciudad. Ningún niño debería verse forzado a llevar esa carga, pero, ¿quién era yo para juzgar? Mi vida había estado rota mucho antes de que pudiera entender siquiera lo que significaba estar vivo.

Dejé escapar un suspiro, cerrando los ojos un instante. Mi rifle descansaba sobre mis piernas, dentro de la funda que había cargado todo el día. El peso familiar era como un recordatorio constante de las decisiones que me habían llevado hasta aquí. "Si algo sale mal, estaré listo," pensé para mí mismo. La frase era una promesa silenciosa, casi como un mantra. No sabía cómo, pero haría todo lo posible por que Charel saliera de esta misión sin daños graves, y, por alguna razón, hasta Pralder me parecía alguien digno de proteger, por lo menos era honesto.

El sueño vino de forma intermitente, más una serie de breves lapsos de inconsciencia que verdadero descanso. Cada ruido, cada crujido de las ramas me sacaba de cualquier intento de descanso que buscase alcanzar, obligándome a mirar hacia el oscuro bosque. Finalmente, cuando el cielo se bañó en un manto negro y las estrellas se hacían más visibles, decidí que no tenía sentido seguir intentándolo.

Saqué un pequeño trozo de papel de mi mochila y escribí unas pocas palabras con tinta gruesa:

"Estaré en posición en la posada. Comenzaremos según lo planeado. – C."

Doblé la nota y la dejé cuidadosamente en el lugar donde me había acostado, visible para cuando despertaran. Sin hacer ruido, descendí del árbol, recogí mi rifle y ajusté la capa sobre mis hombros. Las sombras del bosque eran mi aliada, y moviéndome con la discreción que había perfeccionado desde niño, desaparecí en dirección a la ciudad.

La brisa salada del mar me golpeó con fuerza cuando llegué a una posición elevada cerca del puerto. Era un pequeño promontorio, cubierto de hierba alta que me ofrecía un punto de vista perfecto. Coloqué mi rifle frente a mí, utilizando la mira para inspeccionar el barco que la pescadera había mencionado.

Era pequeño, apenas un barco pesquero modificado. No había mucha actividad. En la cubierta, distinguí a tres figuras: el hombre que se ajustaba al retrato de Raick en el cartel, bebiendo de una gran jarra de madera, y otros dos que parecían estar limpiando o realizando tareas menores. Sus movimientos eran relajados, descuidados incluso. Esto me dio algo de confianza; no parecía que estuvieran esperando problemas.

"Solo tres…" murmuré para mí mismo, haciendo un rápido cálculo mental. A pesar de la ventaja numérica, no podía subestimar a Raick. La recompensa no era extremadamente alta, pero sugería que no era cualquier pirata, y eso significaba que sus hombres podrían ser más peligrosos de lo que parecían, al menos para un grupo recién montado y sin experiencia real.

Guardé el rifle y me deslicé de vuelta entre las sombras. Si no quería alertarlos, tendría que ser rápido y preciso en la ejecución del plan. Mis pasos me llevaron enseguida a mí destino. La taberna El Vigía se alzaba frente a mí como un edificio robusto y algo gastado por la brisa marina. Era de madera oscura, ennegrecida por años de salitre y descuido, pero su estructura aún parecía firme. La construcción, típica de los pueblos pesqueros, tenía un tejado de perfil triangular bastante empinado, cubierto de tejas grises irregulares que absorbían la luz de la luna, dándole un aspecto casi espectral.

Me moví con cuidado, asegurándome de no atraer miradas mientras buscaba una manera de subir. En la parte trasera, encontré un barril vacío junto a una pila de cajas que parecían abandonadas. Lo utilicé para impulsarme y alcanzar un saliente en la pared. Desde allí, trepé con sigilo, apoyándome en los marcos sobresalientes de las ventanas hasta que finalmente llegué al tejado.

La altura ofrecía una vista privilegiada del área circundante. Desde ahí podía ver no solo la entrada de la taberna, sino también las estrechas calles adyacentes y, en la distancia, el puerto donde estaba anclado el barco de Raick. Al examinar la superficie, noté un tragaluz en el centro del techo. Los cristales estaban empañados por la suciedad acumulada, pero aún permitían ver hacia el interior. Me deslicé cuidadosamente hasta colocarlo en mi línea de visión, asegurándome de no romper la silueta contra la luz del cielo nocturno.

El tragaluz ofrecía una ventaja estratégica inesperada. Desde ahí, podía observar gran parte del salón principal de la taberna: las mesas agrupadas en el centro, el pequeño escenario en una esquina y la barra situada en el lado opuesto. Aunque la vista no era perfecta, bastaba para localizar a Raick y sus hombres si entraban. La altura del tejado era ideal; lo suficientemente alto para pasar desapercibido, pero no tan elevado como para dificultar un disparo preciso si llegaba el momento.

Estaba posicionado detrás de una sección ligeramente elevada del tejado, donde una viga sobresaliente me ofrecía algo de cobertura. Ajusté la mira del rifle, alineándola con el tragaluz, y luego recorrí con la vista las rutas de escape posibles. Si Raick intentaba huir hacia el puerto, tendría tiempo suficiente para interceptarlo desde mi posición. Sin embargo, si optaba por las calles laterales, Pralder y Charel tendrían que encargarse de bloquear su avance.

Apoyé el rifle sobre una de las tejas, el frío del metal hacía un contraste agudo con la brisa húmeda que me envolvía. Mi respiración era tranquila, pero mi mente estaba en constante movimiento. Pensé en Charel, en cómo enfrentaría a Raick con solo sus palabras y su actuación. No podía permitirme fallar. Por su bien y por el mío.

El silencio del tejado era reconfortante, un espacio donde podía organizar mis pensamientos lejos del bullicio de la taberna. Desde mi posición, esperaba el momento adecuado para actuar, como un depredador acechando a su presa.

"Todo está listo" pensé, con un extraño sentimiento de anticipación. Ahora solo faltaba esperar a que el espectáculo de Charel comenzara.