[FIC - Pasado] Llegada a Organ - Fuguwu - 23-12-2024
Era una mañana tranquila, en el horizonte, junto con la salida del sol, podía avistarse una carabela que se acercaba al puerto de la ciudad Orange siendo impulsado por sus velas. La carabela era un barco mediano que consta de una zona amplia en cubierta, dos camarotes, una cofia cubierta y una bodega de tamaño intermedio. Al tener una maniobrabilidad aceptable, era ideal para el transporte de naranjas, arroz y peces, artículos los cuales solían comerciarse con frecuencia en la Isla Organ.
Además de los víveres para el comercio que portaba la carabela en su bodega, en sus camarotes solían alojar a unos cuantos pasajeros que por razones de turismo (principalmente) visitaban la isla. Es en uno estos camarotes donde me encontraba yo, viajando tranquilamente sin que nadie de la tripulación ni los pasajeros se enterara tan siquiera de mi existencia.
Al llegar al puerto los pasajeros empezaron a desembarcar y la tripulación se puso manos a la obra a desembarcar las cajas y barriles que utilizaban para importar y exportar productos. Alguien podría pensar que esta sería la oportunidad ideal para salir del barco, escondido en alguna de las cajas o los barriles, y no estaría muy equivocado. Pero mi plan era mucho mas sencillo, se trataba simplemente de esperar. Al cabo de un par de horas toda la tripulación había desembarcado y se habían adentrado en la ciudad de Orange para buscar algo de comer, de beber, vender los productos y regresar por la tarde para descansar por la noche y zarpar con el alba del siguiente día.
Es justo en este momento donde decido salir del camarote en el que me encontraba pegando un salto para aterrizar en el muelle en el que había anclado la carabela. Sin nadie a mi alrededor, pasando completamente desapercibido del entorno principalmente por mi estatura.
Era una mañana soleada de un hermoso día de verano. La calma que se avistaba al horizonte en el mar contrastaba con el ajetreo que se mostraba en el puerto con los turistas desembarcando de diferentes barcos y las tripulaciones haciendo llamadas finales para salir rumbo a otras islas.
Era en realidad un puerto bastante grande, acorde a la isla más grande de todo el East Blue. A diferencia de otras islas pequeñas donde los muelles solían medir entre 10 y 30 metros de longitud por 2 a 4 metros de anchura, los muelles del puerto de la ciudad Orange median entre 50 y 100 metros con una anchura de entre 4 y 6 metros. Además, contaban con varias zonas de carga y descarga de mercancía para todos los mercaderes que igualmente visitaban la isla Organ.
Fuguwu no había ni avanzado 500 metros cuando su barca se hundió. Después de semanas de dejarlo a la interperie – en su novatez no había protegido el bote de ninguna forma – mientras entrenaba con el maestro Spardal las probabilidades de que el mismo terminara dañado eran altas. Sumado a que el día no era soleado si no todo lo contrario, mas bien tormentoso y, para sorpresa de nadie, Fuguwu nunca se interesó en darle ningún tipo de mantenimiento, mas bien era un milagro que la barca no se hubiera hundido en el instante que Fuguwu se montó en el mismo.
“Esto será problemático” – pensó Fuguwu. “No me queda otra alternativa mas que volver a la isla Kuen de momento”.
Otros en esta situación probablemente entrarían en pánico, 500 metros mar adentro no es una distancia corta que recorrer y los peligros que abundan en los mares son bastos. Tiburones, pirañas, serpientes marinas, peces globo venenosos, reyes marinos y sobre todo Gyojines, tritones y sirenas, son un listado básico de las criaturas a las que cualquier otro tendría cuando menos precaución. Sin embargo Fuguwu era parte de este grupo, siendo un Gyojin el sentía todo lo contrario a la animadversión que llegan a sentir los humanos (y otras razas) por la vida marina.
Fuguwu estaba en su elemento, en su hogar. Seguro así se siente un Skypeano que lleva mucho tiempo fuera de casa cuando vuelve a las famosas islas del cielo. Para Fuguwu el mar es como la tierra para un humano, se siente familiar, es fácil de recorrer, los seres que le habitan son (al igual que él) seres que pertenecen ahí.
“Fugowo igual pertenece en el mar…” – pensó con un dejo de melancolía solo por un instante Fuguwu antes de ponerse en acción.
Con una velocidad sobrehumana (por supuesto, es un Gyojin) recorrió bajo el mar los 500 metros que había avanzado en su barca de vuelta a la isla Kuen. A la vista de un simple mortal parecería que un proyectil es lanzado a gran velocidad rompiendo la tensión superficial del agua. En otras palabras, el efecto se percibe como el si el agua misma envolviera al Gyojin aunque la realidad es todo lo contrario, las moléculas del agua son repelidas generando menor fuerza de cohesión en si mismas dando paso a un movimiento mas libre para quienes les es natural nadar de esta forma. Relativamente similar a como surca una gaviota el aire, si es que esto tiene más sentido.
En pocos minutos Fuguwu había alcanzado la costa de la isla Kuen. Era momento de pensar en sus opciones, pero primero, buscar lugar para resguardarse de la tormenta y posiblemente hacer un campamento temporal. El muy estúpido no cargaba consigo ni siquiera un Den Den Mushi para mandar una señal de auxilio. Para alguien que le gusta prepararse tanto antes de una aventura, y considerando que visitaría una isla inhabitada, quizás sonaría tonto, incluso ilógico, este gran fallo. Sin embargo la realidad era simple, Fuguwu se había lanzado a la aventura sin planificar nada llevado por la emoción de conocer al maestro Spardal y aprender el Gyojin Karate.
El maestro Spardal, Ershot Spardal. El Gyojin piraña amazónica de complexión delgada, pero fibrada, con piel dura y de ojos afilados había escalado al máximo peldaño de respeto en la mente de Fuguwu. El solo pensar en su maestro le hizo reconocer que lo más sencillo sería volver con él y solicitar su consejo. Cabía la posibilidad de que el maestro Spardal tuviera conocimientos de carpintería que podrían ayudar a Fuguwu a hacer una nueva barca para proseguir en su aventura.
Sin pensarlo dos veces Fuguwu se puso en marcha de vuelta a las ruinas de Kuen. Aquellos obstáculos que libro la primera vez estaban todos desactivados, y las criaturas que habitan la isla y con las cuales tuvo que combatir Fuguwu en ocasiones anteriores esta vez no decidieron mostrarse. Probablemente a causa de tener cierta familiaridad hacia Fuguwu, pero igualmente debido a que Fuguwu era mas fuerte ahora que dominaba una técnica del Gyojin karate.
Al llegar al final de las ruinas Fuguwu, con clara felicidad, rio al ver a su maestro de espaldas bebiendo una bebida caliente (seguramente preparado a base de algas que tanto le gustan a Ershot Spardal).
“Gowowo wowo, maestro, he vuelto.” – saludo Fuguwu.
“Fuguwu, ¿has vuelto tan pronto? – contesto Ershot – Me da alegría verte, pero también me causa curiosidad saber que ha pasado, ¿no era tu plan viajar a la isla Minion y enlistarte en la marina?”
“Mi barca se ha hundido maestro, no puedo salir de esta isla, de momento, al menos hasta que pase este temporal y construya otra barca.”
“Pues sí que tienes mala suerte Fuguwu, este temporal durara cuando menos un mes. Es lo normal en esta isla, ¿te puedo tentar con una bebida caliente en lo que discutimos que puedes hacer mientras pasa el temporal?”
Fuguwu acepto encantado. Aunque las algas no era su sabor favorito, tampoco le eran ajenas en absoluto, de cierta forma le recordaban a aquel lugar al que llamaba casa hace tiempo en la isla Gyojin. Cogió la bebida y se sentó frente a su maestro.
“Ya que estas aquí por al menos un mes más, ¿te gustaría aprender otra técnica del Gyojin karate?” – le pregunto el maestro Spardal a Fuguwu mirándolo crípticamente, casi estudiando la reacción de su estudiante, mientras daba un sorbo a su bebida – “Ha decir verdad, muchos aprendices del Gyojin karate inician aprendiendo esta técnica, pero la primera vez que llegaste me pareció más apropiado saltármela debido a que tu estilo de pelea esta más enfocado en ataques cuerpo a cuerpo, esta es una técnica que requiere cierto grado de Destreza y Precisión para poder dominarla.”
Fuguwu se quedo pensativo mirando fijamente a su bebida como si esta tuviera la respuesta a la pregunta que su maestro le había planteado. Por supuesto que quería aprender una nueva técnica del Gyojin karate, pero el hecho de que su maestro haya matizado la necesidad de Destreza y Precisión le daba a entender a Fuguwu que su maestro esperaba que lo considerara seriamente, no que simplemente saltara de alegría ante la idea de aprender bajo la tutela de Ershot Spardal sin ninguna consideración de por medio.
“Antes de contestar a su pregunta maestro, me gustaría saber más sobre el Gyojin karate, ¿me podría sacar de la oscuridad en la que me encuentro respecto a este tema?” – dijo Fuguwu con voz calmada. Tenia ciertas reservas sobre la forma en que planteo la pregunta, no quería sonar pedante, tan solo quería demostrarle a su maestro que tenia la capacidad mental que se necesita dominar para tan solo aspirar a ser un aprendiz decente del Gyojin karate.
“Encantado de sacarte de las profundidades de ese océano en la que tu entendimiento sobre el Gyojin karate se encuentra, alumno.” – contesto Ershot Spardal mientras le miraba de forma pícara, casi burlona.
“Por supuesto que se iba a dar cuenta” – pensó Fuguwu, sin decir nada mas esperando pacientemente a que su maestro continuara, dando un sorbo a su bebida.
“Como ya sabes” – acentuó Ershot Spardal dejando de lado el tono de voz pícaro mientras que a su vez posaba su vaso ya sin la bebida de algas a un lado sobre el suelo – “El secreto del Gyojin karate radica en el dominio del agua en las inmediaciones de un usuario, usando su poder para enviar poderosas ondas que impactan el agua dentro del cuerpo de un oponente.”
“Debido a que cada ser tiene un alto porcentaje de agua dentro de su cuerpo.” – prosiguió Ershot – “Grandes maestros también mostraron que este estilo de pelea se puede usar de manera efectiva fuera del agua, ya que se puede manipular el agua de la atmósfera y usarla para atacar.”
“Este arte marcial nació en la Isla Gyojin, específicamente en el Dojo del karate Gyojin, y existimos pocos maestros dispersos por el mundo dispuestos a pasar los conocimientos en este estilo de pelea a aquellos quienes estén interesados en aprenderla. En realidad, no es necesario ser Gyojin para aprender este estilo, pero sólo nosotros los Gyojin podemos usar su efectividad al 100%.”
Esta revelación dejo en shock a Fuguwu quien casi se atraganta con el ultimo trago que le quedaba de su bebida de algas que le había preparado su maestro.
“¿Entonces, cualquiera puede aprender el Gyojin karate? ¿Incluso los humanos? ¿Incluso los piratas?” – pregunto Fuguwu alarmado, poniendo énfasis en su ultima pregunta. Estaba claro que su rencor por los piratas estaba lejos de ser olvidado.
“Es correcto, cualquiera puede aprender estas técnicas. Y, adelantándome a lo que seguramente estas pensando, la respuesta es sí, he enseñado estas técnicas a humanos, algunos de los cuales se convirtieron en piratas eventualmente. Esto es algo que seguiré haciendo para futuros interesados en el Gyojin karate, particularmente con los humanos porque soy de la idea de que esta es una forma en la que ambas razas podemos llegar a convivir.”
Su maestro contesto sin alterarse, pero Fuguwu sabía que estaba nadando en corrientes peligrosas, tendría que ser cuidadoso con sus siguientes palabras.
Ambos quedaron en silencio por un tiempo. Fuguwu se calmó mentalmente y empezó a respirar de forma controlada para calmar las ansias que sentía en su interior.
“Agradezco su honestidad, maestro.” – rompió el silencio Fuguwu de forma calmada, a lo cual prosiguió no sin antes soltar un suspiro – “Pensaba que me causaría conflicto saber que mi maestro podría potencialmente darles armas a mis enemigos, pero esta forma de pensar es errónea”.
“Usted no decide quien será mi enemigo y quien no. Sería injusto e ilógico de mi parte que le atribuyera esta responsabilidad. Yo también he sido honesto con usted, y aunque en mi mente mi camino antes estaba plagado de venganza y odio, usted vio más allá de esto y me acogió como su aprendiz a pesar de todo. Creo completa y ciegamente en usted maestro.”
Ershot Spardal sonrió.
“Veo que nos entendemos Fuguwu. Como te comentaba, el Gyojin karate es un estilo de combate que se especializa en utilizar y dominar el agua para atacar y defenderse.” – prosiguió su maestro, teniendo un ligero cambio en su tono de voz siendo este un poco mas alegre.
“Existen al menos 10 técnicas en el Gyojin karate, y una extra, que deben ser dominadas para poder considerarse un maestro de este estilo de pelea. Para realmente poder dominar las técnicas cuerpo a cuerpo que mas se acoplan a tu estilo de pelea, primero debes aprender la técnica Uchimizu”.
Técnica del Gyojin Karate
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“Uchimizu es estrictamente un disparo de agua. Inicia con lo que es una simple gota, la cual es disparada a gran velocidad por lo que puede convertirse en una bala mortal con la fuerza cinética creada por la inmensa fuerza aplicada, y alcanza hasta 15 metros de distancia antes de que la gota se rompa a causa de dicha fuerza cinética aplicada.”
Fuguwu, quien escuchaba detenidamente la explicación de su maestro, estaba anonadado. Era increíble que una técnica así existiera, solo necesitaba una simple gota de agua. Seguro el sudor serviría igualmente, o mejor aún, el veneno que se secreta de sus nudillos con forma de pico característicos del Gyojin pez globo.
“Ahora entiendo porque se necesita Destreza y Precisión para dominar dicha técnica maestro, es una técnica increíble.” – afirmó Fuguwu con voz emocionada por la idea de poder disparar lo que básicamente serían balas de veneno, cosa que claramente no practicaría frente a su maestro para evitar tener que prometer algo que no cumpliría igualmente en el futuro.
“Decidido, a partir de mañana iniciamos el entrenamiento, estoy convencido que dominaras la técnica antes que pase el temporal. Ya luego hablamos sobre el tema de tu barca y como proseguir tu aventura.” – contesto Ershot.
“¡La barca!” – dijo asombrado Fuguwu, se había olvidado completamente de su predicamento inicial, absorto en la emocionante idea de aprender una nueva técnica del Gyojin karate.
“No te preocupes, enfócate en tu entrenamiento y ya veremos luego como resolvemos lo de la barca. Un problema a la vez.” – concluyó su maestro.
“Entendido maestro” – aseveró Fuguwu.
La segunda parte del entrenamiento de Fuguwu comenzaba con un aire diferente. No era su primera vez en la isla Kuen ni bajo la tutela de Ershot Spardal, pero esta ocasión tenía un propósito aún más profundo. Fuguwu debía perfeccionar sus habilidades, y Spardal, con su sabiduría, había decidido que era el momento adecuado para enseñarle una técnica que requería un nivel avanzado de control: Uchimizu.
En la primera mañana a su regreso, Fuguwu se presentó nuevamente ante Spardal en el mismo lugar en ruinas donde había aprendido el Hyakumaigawara Seiken. Esta vez, sin embargo, la atmósfera era diferente. Las sombras de los edificios en ruinas parecían más alargadas, y la naturaleza salvaje que rodeaba la isla comenzaba a florecer en toda su majestuosidad. Fuguwu se sentía más en sintonía con su entorno, su cuerpo y su mente afinados por semanas de reflexión tras su primer entrenamiento.
Spardal, como siempre, lo recibió con calma, y después de una breve conversación de bienvenida, fue al grano.
"Has regresado buscando perfeccionar tu control", dijo el maestro. "Y sé que estás listo para aprender una de las técnicas más difíciles de nuestro arte: Uchimizu. Esta técnica no solo pondrá a prueba tu fuerza, sino que te enseñará a usar el agua no como un torrente, sino como una herramienta de precisión."
Fuguwu asintió, entendiendo que este desafío era el paso necesario en su viaje. El Hyakumaigawara Seiken le había dado la fuerza y confianza que necesitaba para enfrentarse a enemigos poderosos, pero Uchimizu sería diferente. Le permitiría convertir el agua en un arma que dependía de su habilidad para controlar cada pequeño movimiento, desde el lanzamiento de la gota hasta su impacto.
Los primeros días del entrenamiento fueron sorprendentemente lentos. Fuguwu había esperado que Spardal lo empujara rápidamente hacia los movimientos avanzados, pero en lugar de eso, el maestro lo llevó a un pequeño claro en el centro de la isla, donde un arroyo corría suavemente entre las rocas.
"Antes de poder lanzar el agua con precisión, debes primero aprender a entenderla", le dijo Spardal. "El agua no solo fluye sin control; puede ser guiada, moldeada y utilizada en su forma más pura. Tu tarea, Fuguwu, es aprender a sentir cada gota de agua como una extensión de tu propio cuerpo."
Esta afirmación, especialmente la parte de entender el agua, irrito ligeramente a Fuguwu. El era un Gyojin al igual que su maestro, por supuesto que entendía el agua. Por un momento pensó en reclamar y entrar en discusión, pero rápidamente borró esa idea de su cabeza. Estaba aprendiendo a no saltar conclusiones, particularmente si estaba siendo enseñado por alguien como el maestro Ershot Spardal.
“Entendido maestro”, contestó Fuguwu.
Durante esa primera semana, Fuguwu pasó la mayoría de sus horas diarias en el arroyo, con las manos sumergidas en el agua. El ejercicio parecía simple a primera vista: mover las manos lentamente, sintiendo la corriente, observando cómo reaccionaba el agua a cada pequeño gesto. Pero a medida que avanzaban los días, Fuguwu se dio cuenta de la dificultad real del ejercicio. Necesitaba no solo mover el agua, sino sentir su flujo, entender cómo la más mínima alteración en la presión de sus dedos cambiaba su dirección y velocidad.
El objetivo de Spardal era que Fuguwu comprendiera cómo controlar el agua sin esfuerzo visible. El maestro le explicaba que Uchimizu no era una cuestión de fuerza, sino de destreza. Era como un arquero que, antes de disparar una flecha, debe estar en completa sintonía con su objetivo.
Al terminar esta primera fase del entrenamiento, durante sus charlas por las noches acompañando la cena, a Fuguwu le surgió curiosidad sobre como se diferencia el entrenamiento del Gyojin karate entre las diferentes razas de seres que buscan aprenderla.
“Maestro, cuando ha tomado a alumnos de otras razas bajo su manto para aprender el Gyojin karate, ¿es diferente el tipo de entrenamiento que ellos realizan?”, preguntó Fuguwu con un tono un poco apenado.
“Lamento tener que ser ambiguo Fuguwu, pero me atrevo a decir que la respuesta es tanto si como no”, contestó su maestro pensativo. “Es innegable que a nuestra raza se les facilita más entender varios conceptos del Gyojin karate por su estrecha relación con el agua. He igualmente, y seguramente por la misma razón, lo llegamos a perfeccionar más que otras razas”, continuo Spardal con su monólogo. “Sin embargo, he de confesar que he visto a muchos usuarios del Gyojin karate de nuestra raza tener menos control de las técnicas sobre lo que he visto dominan humanos, skypeanos, tontata, por nombrar unos cuantos”.
“Entiendo; creo que debo aprender sobre otras razas y sobre todo no subestimar a mis rivales independientemente de su origen”, caviló Fuguwu.
El maestro Spardal asintió en silencio y ambos continuaron con su cena sin alargar mas la conversación aquella noche.
En la segunda semana, Spardal llevó el entrenamiento a un nuevo nivel. Fuguwu ya había aprendido a manipular el flujo del agua en el arroyo, pero ahora debía concentrarse en una tarea mucho más precisa.
El maestro colocó un cuenco lleno de agua en una mesa y, frente a él, alineó una serie de pequeñas piedras.
"Tu tarea", dijo Spardal, "es lanzar una sola gota de agua y derribar esas piedras. Cada piedra debe ser golpeada sin que ninguna de las otras se mueva. Esta es Uchimizu en su forma más básica."
El desafío parecía simple, pero cuando Fuguwu lanzó la primera gota de agua, la realidad de la tarea se hizo evidente. La gota no tenía suficiente fuerza ni precisión, cayendo inofensivamente al suelo antes de llegar siquiera a las piedras. Fuguwu comprendió que necesitaba más que solo fuerza para lograrlo; debía dominar el control sobre cada aspecto del lanzamiento.
Durante los días siguientes, Fuguwu trabajó incansablemente en perfeccionar su habilidad para lanzar la gota de agua. Spardal lo guiaba en cada paso, enseñándole a sentir el peso y la densidad del agua en su mano antes de lanzarla. Fuguwu debía concentrarse en cada pequeño movimiento, desde la tensión en sus dedos hasta el ángulo exacto en que liberaba la gota.
Con el tiempo, Fuguwu empezó a mejorar. Su precisión aumentaba lentamente, y aunque al principio solo lograba golpear una piedra de cada tres intentos, al final de la segunda semana ya era capaz de derribar una piedra con cada gota lanzada. Pero aún quedaba un largo camino por recorrer antes de que pudiese ejecutar Uchimizu en una situación real de combate.
En la tercera semana, Spardal llevó el entrenamiento a un nivel aún más avanzado. Fuguwu ya había dominado la técnica básica de Uchimizu en un entorno controlado, pero ahora debía aprender a usarla en movimiento.
El maestro diseñó una serie de ejercicios que implicaban lanzar gotas de agua mientras Fuguwu corría, esquivaba y saltaba entre obstáculos. El agua debía ser lanzada con precisión milimétrica, sin importar cuán caótica fuera la situación. Fuguwu tenía que aprender a mantener su enfoque y su control incluso en las condiciones más difíciles.
En estos ejercicios, Fuguwu sintió la verdadera dificultad de Uchimizu. Cuando su cuerpo estaba en movimiento, era mucho más difícil concentrarse en la gota de agua. Su precisión se veía afectada por la velocidad y el esfuerzo físico, y muchas veces sus lanzamientos fallaban.
Sin embargo, Spardal lo alentaba a continuar. "El agua es fluida, Fuguwu. Debes aprender a ser igual de flexible. No importa lo que esté pasando a tu alrededor, tu control sobre el agua debe ser constante."
“Este ejercicio es demasiado desafiante maestro”, se quejo Fuguwu. “No solo necesito la Destreza de dominar el agua, sino que también la Precisión para atinar al objetivo. Todo esto mientras estoy en movimiento.”
“Es correcto Fuguwu”, contestó el maestro Spardal. “Es de suma importancia que domines esta parte del entrenamiento para poder emplear la técnica en combate. Te aseguro que tus objetivos, por no llamarles enemigos, no serán blancos estáticos. Particularmente si son piratas”. El maestro Spardar dijo esta última frase con un tono que a Fuguwu le sonó como una invitación de desafío, no de forma grosera o pretenciosa, sino alentándolo a aceptar el desafío y superarlo.
Fuguwu, inspirado por las palabras de su maestro, entrenó aún más duro. Cada día, los ejercicios se volvían más complejos, y su cuerpo, aunque cansado, se adaptaba a los nuevos desafíos. Al final de la tercera semana, Fuguwu era capaz de lanzar Uchimizu en cualquier situación: en movimiento, mientras esquivaba ataques imaginarios, y con una precisión que había sido inalcanzable al principio del entrenamiento.
Fue durante esta fase del entrenamiento que Fuguwu se dio cuenta que seria una tarea casi imposible el utilizar Uchimizu con su veneno. Necesitaría tener acceso a todas las fases del entrenamiento que había realizado con el agua pero con veneno, es decir, meter sus manos en ríos de veneno, usar gotas de veneno para derrumbar rocas, atacar con veneno mientras ejercía control sobre el mismo, etc.
El principal problema que notó es que la densidad del veneno es diferente al del agua, así como su viscosidad, y otros atributos físicos y químicos de ambos líquidos. Al intentar cambiar veneno por agua, en todos sus intentos no encontraba mas que fallos en el uso de Uchimizu con dicho líquido. Por lo que finalmente desistió de la idea y concentro sus esfuerzos en continuar la ruta que su maestro le había puesto para dominar Uchimizu a la perfección.
Durante esa última semana, Fuguwu enfrentó pruebas aún más exigentes. Spardal organizó desafíos donde Fuguwu debía lanzar Uchimizu desde diferentes ángulos y posiciones inusuales, a veces en medio de intensas simulaciones de combate. Fuguwu no solo debía mantenerse en control de su técnica, sino también evitar cualquier tipo de distracción que afectara su enfoque.
Una de las pruebas más difíciles fue una sesión nocturna, donde Spardal lo llevó a un área de la isla llena de niebla espesa. Allí, Fuguwu debía detectar las pequeñas gotas de agua en el ambiente y lanzarlas con precisión a objetivos ocultos en la oscuridad. La visibilidad era nula, pero el objetivo de la prueba era que Fuguwu aprendiera a sentir el agua sin depender de sus ojos. Debía confiar en sus otros sentidos y en su capacidad de conectar con su entorno de una manera profunda.
“Dominar esta técnica es imposible”, exclamó con frustración Fuguwu. “No entiendo como debo ser capaz de detectar las gotas en el ambiente. No es tan tangible como lo es el agua en un arroyo, riachuelo o lago. Ni que decir del agua de mar.”
“Fuguwu, recuerda que el agua se encuentra en todos lados, en todos los seres, en todo el ambiente”, dijo pacientemente el maestro Spardal. “Esta parte del entrenamiento es vital para poder dominar Uchimizu a la perfección. Estoy seguro de que te encontraras en múltiples situaciones donde no dispondrás de una fuente de agua directa a la cual acudir para realizar la técnica. Es, por tanto, de vital importancia que aprendas a detectar la presencia del agua en el ambiente.”, sentenció Spardal.
Aunque los primeros intentos fueron desastrosos (Fuguwu fallaba constantemente, incapaz de localizar los objetivos en la niebla), con la orientación paciente de Spardal, comenzó a entender la clave del ejercicio: no era solo cuestión de concentración, sino de adaptabilidad. El agua, como le había enseñado su maestro, fluía en cualquier situación, y él debía aprender a hacer lo mismo. Después de días de esfuerzo, finalmente Fuguwu logró lanzar Uchimizu con éxito, golpeando cada objetivo oculto en la niebla con precisión.
“Gowowo wowo ¡Lo he conseguido!”, celebró con emoción Fuguwu.
“Felicidades Fuguwu, has trabajado muy duro y tus esfuerzos han pescado resultados”, dijo Spardal asintiendo con la cabeza. “Quizás tengas potencial para aprender a usar Haki”, comento Spardal observando a Fuguwu detenidamente.
“¿Haki? ¿Qué es el Haki maestro?”, pregunto con curiosidad Fuguwu. Jamás había oído hablar de dicho concepto.
“El Haki, estimado alumno, se encuentra en todos los seres al igual que el agua en el ambiente. Sin embargo, me temo que es demasiado pronto para decir nada más sobre este tema”, dijo Spardal terminando la conversación de forma abrupta.
Intrigado, Fuguwu tomo nota mental de esta palabra. Haki. Seguro que en sus siguientes aventuras descubriría lo que es y la razón por la que el maestro Spardal no quiso ahondar en el tema.
Cuando llegó la cuarta semana el temporal que envolvía la isla por fin desistió. De igual forma, Spardal observó el progreso de Fuguwu con satisfacción. Sabía que su alumno estaba listo para seguir adelante, y también sabía que el viaje de Fuguwu hacia la isla Minion lo llevaría a enfrentar nuevos desafíos.
Una mañana, después de un entrenamiento particularmente intenso, Spardal llevó a Fuguwu al borde de la isla, donde una vieja barca descansaba en la arena. Aunque desgastada por el tiempo, la barca estaba bien mantenida, con cuerdas firmes y madera robusta.
"He observado tu crecimiento, Fuguwu", dijo Spardal, con una sonrisa leve pero sincera. "Has dominado Uchimizu, y tu destreza ha alcanzado un nivel digno de los mejores guerreros del Gyojin karate. Entiendo que tu viaje debe continuar, es hora de que continúes tu camino hacia la isla Minion."
Fuguwu miró la barca y luego a su maestro. Ahora entendía porque el maestro Gyojin no se había alarmado tras la premisa de Fuguwu de haber perdido su barca. Fuguwu juraba que aun le quedaban al menos un par de semanas más, si no es que un mes, para poder proseguir en su aventura.
Sabía lo que ese gesto significaba. Spardal le estaba entregando algo más que una simple barca; le estaba dando su bendición para seguir adelante, para dejar la isla Kuen y enfrentarse al mundo.
"Esta barca ha sido mi compañera en muchas travesías", continuó Spardal. "Ahora es tuya. Cuídala bien, y te llevará donde necesites ir."
Con gratitud en su corazón, Fuguwu aceptó el regalo.
“Maestro, muchas gracias por todas las lecciones, prometo que su paciencia y dedicación le serán recompensadas con un alumno que lleve su nombre, y el del Gyojin karate, a ser reconocido en todo el mundo”, sentenció Fuguwu con determinación.
"Has aprendido mucho, Fuguwu", dijo Spardal, observando el horizonte. "Pero recuerda que el viaje del guerrero nunca termina. El dominio de la técnica es solo una parte; el verdadero desafío será siempre mantener la calma interior."
Fuguwu asintió y subió a la barca, sintiendo que no solo estaba partiendo hacia un nuevo destino físico, sino también hacia un nuevo capítulo en su vida.
Con la barca de Spardal, Fuguwu partió de la isla Kuen, llevando consigo las lecciones que había aprendido durante su entrenamiento. Había perfeccionado el Hyakumaigawara Seiken y, ahora, Uchimizu, dos técnicas que lo definían como un guerrero más completo y más en sintonía consigo mismo. El maestro Ershot Spardal había desempeñado un papel crucial, no solo como instructor, sino también como guía para que Fuguwu encontrara el equilibrio entre sus emociones y su fuerza física.
Mientras las olas lo llevaban hacia la isla Minion, Fuguwu reflexionaba sobre lo que había aprendido, no solo en términos de combate, sino en el control de sus emociones y su capacidad para adaptarse a cualquier situación. Sabía que la venganza por lo ocurrido a su hermano seguía acechando en su corazón, pero las enseñanzas de Spardal le habían mostrado que debía ser paciente, que actuar por impulso solo lo llevaría al caos.
El viaje a la isla Minion duró varios días. Fuguwu, solo con sus pensamientos y la barca que ahora era su única compañía, pasó horas reflexionando. La imagen de Fugowo, su hermano mayor, aparecía en su mente una y otra vez. Fuguwu siempre había sentido una profunda culpa por el destino de su hermano, secuestrado y esclavizado por su imprudencia. Esa culpa había alimentado su deseo de convertirse en un guerrero fuerte, y ahora, con dos técnicas poderosas a su disposición, Fuguwu debía decidir cómo utilizar su fuerza.
El maestro Spardal le había advertido sobre los peligros de actuar con resentimiento en el corazón. A lo largo del entrenamiento, Spardal había percibido la rabia que Fuguwu escondía bajo su calma exterior, una rabia que tenía el potencial de consumirlo si no aprendía a controlarla. En muchas noches de conversación después de los entrenamientos, Spardal había hablado sobre el arte del control emocional.
"El verdadero poder no proviene de lo que puedes hacer con tus manos o tus técnicas", había dicho Spardal en una de esas ocasiones, sentado en la sombra de una palmera mientras observaba el mar. "Proviene de cómo eliges usar esa fuerza. La venganza es como una corriente traicionera: puede arrastrarte antes de que te des cuenta."
Fuguwu había escuchado estas palabras, y aunque sabía que tenían razón, también sentía que su responsabilidad hacia Fugowo lo empujaba en la dirección contraria. Pero ahora, solo en medio del vasto océano, sus pensamientos tomaban una claridad que antes no tenía. Debía mantener su misión enfocada en su crecimiento personal, encontrar su propio camino antes de buscar rescatar a su hermano. La Marina, en la isla Minion, sería el siguiente paso para fortalecer sus habilidades y su disciplina.
Mientras la barca seguía su curso, Fuguwu recordó la última semana de su entrenamiento en la isla Kuen, cuando Spardal comenzó a intensificar las sesiones de práctica de Uchimizu. Cada lección había sido un desafío físico, pero también una lección mental. Spardal había explicado que para dominar la técnica completamente, Fuguwu debía ser capaz de lanzar las gotas de agua no solo con precisión, sino también sin esfuerzo visible, como si el agua respondiera directamente a su voluntad.
"Imagina que el agua es parte de ti", le había dicho Spardal en uno de sus entrenamientos finales. "No solo un arma que usas, sino una extensión de tu propio ser."
Ahora, Fuguwu se dirigía hacia un futuro incierto, pero con un propósito claro. Sabía que la Marina podría ser la clave para encontrar más pistas sobre el destino de su hermano Fugowo, pero también entendía que no podía dejar que el resentimiento lo guiara. Su entrenamiento con Spardal había dejado una marca indeleble en su mente, y Fuguwu estaba determinado a seguir creciendo como guerrero y como persona.
El viaje a la isla Minion sería solo el comienzo de un capítulo aún más grande. Fuguwu estaba preparado para lo que viniera, con la certeza de que cada técnica, cada lección aprendida en la isla Kuen lo había fortalecido para enfrentar los desafíos que el destino le tenía reservado.
Luego de meterme una pastilla de menta a la boca comencé a caminar por el muelle rumbo al centro de la ciudad Orange, planeaba visitar algunos locales comerciales para aprender sobre la isla Organ y principalmente buscando información sobre algún gremio de cazadores que buscara nuevos reclutas. Seguro que alguien con mis habilidades podría encontrar su lugar en el gremio correcto.
Abriéndome paso entre la gente, la cual seguía pasando de mí, llegue al centro de la ciudad encontrándome en un lugar con estrechas callejuelas, pequeñas plazas y pintorescos edificios costeros. Al igual que en el puerto, el ambiente en el centro de la ciudad era bastante animado. Las calles están llenas de tiendas, restaurantes y mercados, los cuales ofrecen una variedad de productos exóticos y locales que, si bien llamaron mi atención, no eran la razón principal por la que había venido a esta isla. Sin embargo, no estaba de más parar en algún restaurant para tomar una taza de té negro (Aunque, por supuesto, el té de algas aun era mi favorito) la cual, dada mi estatura, me la sirvieron en lo que parecía ununa taza de té muy poco ornamentada. No le di mucha importancia, no era la primera vez que me pasaba algo así ni sería la última seguramente.
Caminando por las calles de la ciudad me tope con una biblioteca donde seguramente podría preguntar los detalles de la misma. La biblioteca por dentro era bastante sencilla (no creo que sea la principal de la ciudad) pero no por eso menos bonita que otras. Esta contaba con varias estanterías de libros bien ordenados en un solo piso el cual media aproximadamente unos 50 metros cuadrados en total. En el centro de la biblioteca se encontraba el bibliotecario que atendía este turno.
Me acerque al escritorio donde se encontraba el bibliotecario intentando hacer el mayor ruido posible para que no le tomara por sorpresa; justo cuando éste levantaba la cabeza para ver que estaba llamando su atención, llegué de un salto a su escritorio y lo salude con una sonrisa de oreja a oreja.
“Buenos días, acabo de llegar a esta linda isla y me interesa saber un poco mas de la misma, particularmente quisiera conocer más sobre las zonas principales de Organ de las cuales asumo esta ciudad es una de ellas.” – le dije al bibliotecario sin dejar de sonreír.
Después de unos instantes de clara confusión en la mente del bibliotecario, este asintió y, sin decir más, me acercó varios folletos los cuales describían varias zonas interesantes de la isla. Iniciando por la ciudad de Orange, en la cual había poco que notar de momento, fuera de su zona comercial y puerto contaba también con una iglesia – no sonaba a un sitio donde se organizara un grupo de esclavistas, por lo cual pase al siguiente folleto.
El segundo folleto servía de alerta a todos los civiles para no adentrarse mas alla de los ‘Viñedos Organ’ a causa de las altas temperaturas, ambiente inhóspito, y los varios grupos de bandidos que habían aprovechado las condiciones extremas de la zona para hacer de esta su territorio. Si había un grupo de bandidos ahí, no sería raro que convivieran con un grupo de esclavistas, por lo que me quede con este folleto.
Dando gracias al bibliotecario críptico, devolví los folletos y pegando una maroma hacia atrás, salte hacia el suelo y salí de la biblioteca.
Decidí dirigirme hacia el centro la ciudad de la misma forma de la que disfrutaba viajar, gratis. Regresando a la calle comercial de Orange, me centre en las conversaciones de los mercaderes cosa que me resultaba fácil gracias a que ellos solian pasar de mi por ser un Gyojin. Prestando atención a un grupo variopinto de mercaderes escuché las palabras ‘bandidos’ y ‘esclavistas’ emanar de la boca de estos por lo que decidí seguirles el paso. Al poco tiempo se montaron en unas carretas cargadas de víveres, principalmente naranjas en grandes cajas sin tapa, en las que decidí usar de cobertura para mi viaje con ellos. Acomodándome entre las naranjas, decidí que lo ideal sería tomar una siesta hasta llegar a nuestro destino.
Al despertar la mañana había dado paso a la tarde y la tarde me había recibido en los Viñedos Organ con una temperatura de la cual era sabio buscar la sombra por lo que me quede cómodo entre las naranjas en lo que bajaba el sol. Pasando la tarde, empezó a bajar la temperatura lo suficiente para aventurarme a salir de mis cómodas naranjas y caminar por aquellos viñedos.
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