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[Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Versión para impresión

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[Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 27-12-2024

- 2000 berries ¡Keehkekeke, esta recompensa es justo! - Exclamé con el cartel de Wanted en la mano. En él salía un pirata de unos escasos 30 años, con cara altiva y mirada soberbia al que se le quería vivo o muerto.


Corrí hasta la base de la marina, la G-19, en mi cabeza la alegría iba dando paso a una mezcla de expectación y preocupación. “¿Seré capaz de derrotar a este pirata yo solo? ¿Dónde se encontrará y por qué no lo iba a capturar la marina directamente? ¿Cómo cobraré?” Iba cavilando durante el camino, con la cabeza dando vueltas. Necesitaba consultar como funcionaba todo este tema de ser caza recompensas y sobretodo si los marines tenían información extra sobre el pirata más allá de un retrato y un nombre, “Moldu”.

Al llegar a la base, dos cadetes me miraron asustados desde sus puestos en la puerta, uno de ellos apretaba sus manos entorno a su rifle, pensándolo y acordándome de ver como mi madre corría con sus quince metros de altura, entendí que ver correr hacia ti a un ser que mide casi tres veces más que tú… asusta, salvo que lo conozcas. Levanté mis manos y enseñando el cartel de recompensa grité mientras aminoraba el paso:


- ¡Soy Pralder, de la ciudad! ¡Vengo a preguntar sobre una recompensa!
- Vale… pero… ¡no avances mucho más! - Añadío el que no estaba agarrando el rifle, tras esto, cogió un den den mushi y dió un aviso. - ¡Ahora vendrá un oficial!


Al oir esto, me paré casi en seco, precavido pero contento, parecía que iba a conseguir información. Al parar, reparé en la visión del enorme edificio de la marina, blanco y con lineas azules coronado con el símbolo de una gaviota. Bajé la mirada a los 2 cadetes, unos muchachos jovenes que apenas estaban empezando a echar músculos consecuencia de los entrenamientos, con cara de preocupados pero con motivación en sus ojos, les sonreí mientras me sentaba en el cesped por tranquilizarles algo más “siempre es más agradable hablar sin tener que estar mirando hacia arriba” pensé.


- Muchacho ¿por qué te has unido a la marina? - Prenguté para romper el silencio en lo que llegaba el oficial, al cadete que todavía sostenía el rifle en sus manos.
- ¿Yo?… q-quiero proteger la justicia y c-conseguir dinero para mi hermana. - Contestó en voz temblorosa y débil.

- ¡Keehkekeke seguro que lo consigues y estará orgullosa! - Le dije animado.


Su expresión se relajó, aunque no hablamos mucho más. Me quedé reflexionando unos minutos en los caminos que cada uno toma para salir adelante y ganarse la vida “si este muchacho necesita dinero para su hermana, sus motivos y los mios no son tan distintos, vivimos con los mismos problemas en verdad… ”. Cuando salí de mi ensimismamiento me di cuenta de que tenía al oficial frente a mi con cara seria.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 08-01-2025

- ¿Y tú que quieres? ¿Tú no sabes que hay horas de consulta establecidas?

Fue lo primero que me dijo el oficial en tono autoritario y seco. Era un hombre algo bajo para ser un humano, con piernas muy finas y el torso desproporcionadamente ancho. Estaba vestido con el típico traje azul y blanco de la marina y coronado por una gorra con una gavitota en miniatura. Debajo de su visera sobresalía un portentoso bigote negro, al que sin duda le debía dedicar horas, y que se movía de lado a lado con impaciencia.

- Disculpe ¡Vengo para conseguir información sobre esta recompensa! - Comenté intentando ser lo más directo posible. Por experiencia este tipo de personas destaban la charla extendida y más si era con un extraño como yo que le estaba molestando fuera de un supuesto horario de consulta.

- ¡¿Y por esto se me saca de mi despacho?! - Preguntó mirando hacia los dos cadetes que custodiaban la puerta y le habían dado el aviso. “¿Dónde ha quedado en este hombre la voluntad de servir y ayudar? Desde luego, menudo contraste con los otros dos” pensé al ver como el hombre hablaba a sus dos subordinados.

- A ver… Moldu, a ese ladrón de tres al cuarto parece que le han visto por las canteras ¡y ahora fuera de mi vista!

- Si sabeis por donde anda ¿por qué no va… - Pensé en voz alta sin darme cuenta.

- ¡HE DICHO FUERA! - Cortó tajante el oficial, mientras se giraba y farfullaba de camino al interior de alto edificio de la Marina.

Ignorando lo que acaba de decir el oficial permanecí allí sentado unos minutos, dándole vueltas a cómo iba a proceder. La tarde se acercaba y el sol comenzaba a teñir todo de tonos naranjas y dorados, de modo que lo mejor sería volver a casa y descansar, así podría salir unas horas antes del amanecer y llegar a las canteras de Ilisia con las primeras luces y comenzar a buscar rastros o preguntar a los trabajadores si habían visto algo.

El camino hasta casa se hizo bastante más largo de lo que esperaba por culpa de las dudas ¿Conseguiría capturar a este ladrón? ¿Sería viable capturar a los piratas o bandidos suficientes como para saldar la deuda? Intentaba mantenerme optimista, llevaba años entrenando y si este ladrón era un humano promedio seguramente le sacaría varios metros de altura y sería bastante débil en comparación, al fin y al cabo, era una recompensa baja y ni siquiera estaba reconocido como pirata.

Para cuando llegué a lo que antes era nuestra taberna ahora reconvertida en casa familiar, no había ninguna luz ni fuego encendido, mis padres llevarían un tiempo ya durmiendo. Encendí la chimenea, el fuego iluminó parcialmente el salón y todo se volvió más reconfortante.

Dispuse frente a ella mi mochila, un poco de comida, algun paño que me sirviera de venda por si acaso y una cantimplora con agua. Mientras repasaba si debía añadir algo más, veo a Rimera sobre la chimenea, colgada en la pared. El fuego la ilumina desde abajo reflejándose en su filo y proyectando una sombra alargada que la hace parecer aún más grande de lo que es.

Desde su estante en la pared parecía decir “Llévame”.
Cogí a Rimera - Keehkekeke… un hacha de mano “arrojadiza” para mi madre. De verdad me he quedado pequeño. Keehkekeke - vuelvo a reirme, más por nervios que por alegría - esto me hace sentir como si fuera aun un niño… Rimera para mi vas a ser un hacha a dos manos, espero que no te importe. - No pareció haber objeciones.
Tras eso, conseguí dormir unas horas frente a la chimenea. Entre la mochila preparada con provisiones a un lado y Rimera al otro, había conseguido asentar las preocupaciones, estaría bien.
El sonido de uno de los leños quebrándose en la chimenea y cayendo sobre los otros me despertó. El reloj marcaba casi las cinco. Me colgué a Rimera a la espalda, puse la mochila sobre ella y salí dirección a las canteras aún de noche. Tocaba ponerse a prueba.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 10-01-2025

No había nadie en las calles de Akauri a esta hora, únicamente el sonido de los grillos y algún que otro pájaro rompían el silencio, mientras las lunas iluminaban vagamente el camino. Avancé con cuidado mientras se me acostumbraba la vista a la oscuridad “Con suerte en unos pocos minutos seré capaz de ver lo suficiente como para moverme cómodamente” pensé para mis adentros a la vez que echaba de menos no haber cogido una linterna.

Según pasaban los minutos, iba acelerando el paso no solo por ver todo más claramente sino también por una sensación de ansia, el hecho de ponerse a prueba era algo verdaderamente estimulante y mi mente y mi cuerpo parecían estar repasando cada uno de los movimientos que había aprendido a lo largo de los años en los entrenamientos con mi madre. Todas esas tardes y madrugadas practicando agarres, golpeando y aguantando golpes y aprendiendo a usar a Rimera decidirían si saldría airoso de esta.

Llegué a los barrios bajos, última zona de la ciudad antes de adentrarme en el camino que llegaba a las canteras. Al contrario que la ciudad que dejaba atras, aquí se escuchaban algunas voces lejanas, cuchicheos y pasos. Aquí el aire olía distinto, era denso y más pesado. El propio barrio me dificultaba el paso. Sus casas eran más pequeñas, más apretadas, las calles más estrechas y opresivas, desde luego no estaban hechas ni pensadas para que alguien de mi estatura andase por aquí, lo que me obligaba a no atajar y caminar despacio por la calle principal, que a pesar de no tener más de 800 metros tardaría más de lo que me hubiese gustado en atravesarla.

A esta leve incomodidad se le sumaba otra más grande y creciente, la sensación de estar siendo acompañado y vigilado por diminutos ojos.

Sin pararme y procurando acelerar el paso, me llevé una mano a mi espalda y la dejé caer sobre Rimera, soltando su enganche y preparándome para desenfundarla.

A mi alrededor se escuchaban chasquidos intencionados tras las sombras que proporcionaban las cajas y desperdicios en los techos de las casas. Parecía que quisieran ponerme nervioso y hacerme bajar la guardia. Lo primero ciertamente lo estaban consiguiendo, lo segundo por suerte no.

Los sonidos empezaron a volverse cada vez más insistentes y abundantes. Pasitos acelerados, chocar de unas zarpas contra los techos de piedra, el choque de las piedras de algún mechero a mi espalda “Y yo que pensaba que tras las redadas del último mes este lugar sería más seguro… parece que hay cosas que no cambian y especialmente de noche. Debería haber pensado otro camino si quería salir a estas horas…” medité en el momento dejandome llevar algo por los nervios.

- ¡Keehkekeke para la próxima menos nervios y más planificación! - Dije en voz alta para romper mi hilo de pensamientos y recuperar la concentración mientras seguía acelerando.

A lo lejos se veía el límite de la ciudad, en breve estaría en campo abierto y podría moverme con más libertad si llegaba a tener que pelear. “Por lo menos los tengo todos a la espalda y en alt… un momento ¿por qué me siguen desde los tejados y hacen ruidos a mi altura si sería mucho más fácil atarcarme por el sue…”

Había sido un estúpido. Me habían estado dirigiendo como a un buey para que siguiera recto por la calle y frente a mi, a unos cincuenta metros, tenía a tres individuos en mitad de la calle e iba a estar prácticamente rodeado, si se me echaban encima mis aventuras como cazarrecompensas iban a acabar antes siquiera de empezar.

En ese momento me di cuenta de algo y empezé a reirme - ¡Keehkekeke! Si me habéis conducido como a un buey, ¡más me vale comportarme como uno! - Agarré a Rimera, la puse contra mi cuerpo a modo de escudo con su hoja cubriendome parcialmente la cara y apretando los brazos y encobarndo levemente la espalda comencé a cargar hacia adelante. Los nervios me habían cegado… ¿estaba rodeado? sí, ¿limitado para luchar? también, pero no cualquiera puede parar una masa de cerca de setecientos kilos corriendo hacia delante con un hacha, como mucho saldría algo maguyado.

Tras esa decisión todo pasó bastante deprisa. En cuanto empecé a correr escuché un sonido de roedor - KIIIIIiiIIIiiiiIIIII - seguido del sonido de varios proyectiles me arañaron la ropa e hicieron algún corte “No te pares, si todo sale bien hoy me compraré una buena armadura de cuero”.

Ya estaba cerca de la salida y más cerca aún de los tres que me disparaban de frente y “bloqueaban” el paso, en escasos segundos chocaría con ellos. Bajé la cabeza por si algún virote me alcanzaba la cara, agarré con más fuerza a Rimera, la puse de canto y bateé con ella. Noté como cochaba con madera, carne y piedra.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 12-01-2025

El impacto fue brutal, pero efectivo. Rimera arrancó chispas al golpear contra el suelo y la piedra, mientras los tres atacantes salían despedidos en distintas direcciones. Seguí corriendo libre de los obstáculos sin detenerme a comprobar los resultados, mientras se escuchaban los chillidos del resto del equipo de atracadores en los tejados. Los gritos de órdenes, rabia y desconcierto seguido de pasos persiguiéndome pronto se desvanecieron en la distancia, había conseguido salir de la ciudad, aunque no del todo indemne.

- Keehkekeke tengo que procurar no acobardarme y acordarme de cargar para próximas ocasiones, ¡la siguiente les preguntaré directamente si me dejan pasar! aunque… - bromee el voz baja, mientras aminoraba el paso al llegar al camino polvoriento que conducía a las canteras de Ilisia y caía en la cuenta del dolor punzante que me recorría varios puntos del cuerpo y me paré a evaluar mi estado.

Frente a mi, el horizonte comenzaba a iluminarse con los primeros rayos del sol, y la fría brisa de la mañana trajo un alivio inesperado tras el estrés de la huida. La bajada en la adrenalina trajo consigo un momento de calma seguido, por desgracia, de más dolor. Me palpé el hombro, la pierna derecha y el costado. Tenía pequeños virotes clavados en la piel, aunque por suerte, no habían llegado más profundo.

- Bueno… podría haber sido peor, - comenté palpándome la cabeza por si acaso y revisando que mi bigote se hubiera librado de heridas - los tiradores son un problema… si esto funciona, ¡compraré el escudo más grande que pueda permitirme! - decidí firmemente a la vez que trataba mis heridas con las vendas que había traído.


Una hora después, tras continuar la marcha, la cantera se presentó como un enorme hueco en el paisaje. Con sus paredes de roca gris que descendían en terrazas irregulares, salpicadas de las extrañas vetas de mármol y arcilla que servían a los artesanos de Ilisia como materia prima. Algunas grúas y carretillas oxidadas permanecían como reliquias de décadas anteriores que habían sido sustituidas poco a poco por equipo más moderno. Había trabajadores desperdigados el terreno, sus movimientos eran erráticos y cansados, se notaba que eran las primeras horas del día y el cansancio aún hacía mella. Pronto me llegó un olor intenso a café. Siguiendo ese rastro mis ojos se posaron en un grupo reunido cerca fogata improvisada con barril metálico. Tras ellos había una caseta de madera con un trabajador repartiendo tazas de café y desayunos.

Con Rimera descansando sobre mi hombro, me acerqué despacio y saludando, me alegró ver reconocer a alguno de los trabajadores que habían sido clientes en la “Come Inn”, eso aligeraría las cosas y nos ahorraría presentaciones.

- ¡Que raro es verte por aquí muchachote! ¿Eras Pralder cierto? - saludó con voz profunda y grave uno de los trabajadores que podía reconocer, agitando unos brazos anchos como muslos. Se giró hacia los demás y comentó a sus compañeros - Es el hijo y camarero de la posada de Gert.

- Kehkekeke, si justamente. ¡Me alegro ver a alguien conocido! Y siento ir tan al grano pero… estoy buscando a este hombre - respondí, mostrando el cartel de Moldu. El hombre entrecerró los ojos mientras lo examinaba.

- Ese tipo... creo que lo vi hace un par noches. Alguna que otra vez le hemos querido seguir pero siempre se nos escapa, sospechamos que nos está robando herramientas. Estaba cerca de una de las cuevas del eco, camino a la zona de las canteras abandonadas. - Comentó el cantero. Algunos de sus compañeros cuchichearon entre ellos.

- ¡Gracias! y a la vuelta hablaremos un poco más - añadí asintiendo y despidiendome.

- Si vas allí, ten cuidado. Suenan cosas raras por esa zona. - Escuché a mi espalda, la voz era de otro trabajador que no pude reconocer.

- ¡De acuerdo! - Levanté mi brazó con un pulgar hacia arriba. Ajusté la posición de Rimera en mi espalda y me dirigí hacia el sendero que llevaba a la cueva. A medida que me acercaba los sonidos de la cantera desaparecieron, sustituidos por un extraño y frio silencio que erizaba la piel. La boca de una de las cuevas de eco se abrió ante mi al torcer una de las esquinas, oscura y con una tenue luz al fondo, como si me quisiera llamar mi atención o invitarme a entrar.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 14-01-2025

No sin nervios, entré en la cueva del eco aceptando su inquietante invitación. El aire era más frío aquí, cargado de una humedad penetrante que pegaba la ropa a mi piel. 
El sonido de mis pasos resonaba por toda la garganta de la cueva antes de ser tragado por la roca. Al fondo de la cueva, junto al origen de la luz se escuchaba un extraño eco metálico y rítmico.
Según me acercaba comencé a ver como la luz al fondo del túnel temblaba, un parpadeo que revelaba el chisporroteo de una lámpara de aceite. Poco a poco, a contraluz se comenzaba a distinguir una figura encorvada, revisando algo sobre un improvisado escritorio de madera lleno de herramientas y piezas metálicas amontonadas. Sin dudas, estaba construyendo algo.

- ¡¿Moldu?! - pregunté, mi voz resonó como un secamente en el eco de la cueva.

El hombre dio un respingo, golpeando la lámpara con el codo y casi derribándola. 
Al darse la vuelta, su aspecto no decepcionó: un tipo fornido, de hombros anchos y con una cicatriz cruzándole la ceja izquierda, todo cuadraba con el retrato de su wanted. Su ropa estaba gastada, un chaleco de cuero gris raído y pantalones de tela vaquera que parecían haber visto demasiadas peleas.

- ¿Y tú quién te crees que eres? ¿eh? - replicó el hombre con una voz áspera como el papel de lija - ¡¿Otro listillo que quiere hacerme de niñera?! - Su actitud soberbia y la forma en la que me miraba fueron todo lo que hizo falta para que los nervios fueran sustituidos por determinación, estaba frente a una persona que no dudaría en pasar por encima de mi si era necesario, no había hueco para dudas.

- Keehkekeke, no soy ni tu niñera y tampoco un listillo. Soy Pralder y voy a cobrar tu recompensa quieras o no. Así que ¡¿por qué no pones de tu parte y me acompañas?! acabaremos antes y además. Empiezo a tener hambre y seguro que tú también -Respondí, señalándole con Rimera.

Moldu a modo de respuesta escupió al suelo, se giró hacia la mesa, soltó una llave inglesa oxidada que sujetaba con la mano izquierda y sin decir nada, introdujo su brazo en el artilugio que descansaba sobre la mesa, lo levantó y la luz de la lámpara de aceite de recortó su silueta: un brazo mecánico hecho con piezas viejas de minería, cadenas y engranajes encajados a la fuerza. Grandes picos de mina formaban unas enormes garras que reflejaban destellos rojizos y ámbar.

“¿Un brazo mecánico?” Pensé sorprendido “¡Se ha construido un brazo de ciborg con lo que ha estado robando! si me alcanzaba va a hacer un buen destrozo… definitivamente tengo que conseguir un escudo…” reflexioné mientras agarraba firmemente a Rimera y me ponía en guardia instintivamente.

Tiró de una correa en el lateral del brazo mecánico y un motor tosió antes de rugir con fuerza. Humo negro comenzó a salir varios de los tubos llenando la cueva de un olor acre. Los cilindros del brazo mecánico se movieron con violencia y su eco se mezcló con un rugido gutural.

- Si tienes hambre, grandullón, ¡te voy a dar una ración de hostias que no vas a olvidar! - gruñó, lanzándose velozmente hacia mí.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 02-02-2025

El brazo metálico rasgó el aire, avanzando con velocidad inesperada. Apenas tuve tiempo de levantar a Rimera en guardia cuando las garras chocaron contra su hoja, enviando vibraciones por todo mi cuerpo.

-Keehkekeke... Esto se va a ser enriquecedor, ¿eh? - murmuré para mí mismo y también para él, aguantando el golpe y afianzando mi posición mientras el eco del choque resonaba por la cueva.

Los siguientes movimientos fueron automáticos, guiado por los entrenamientos, desvié sin demasiada dificultad el peso de su brazo hacia el suelo haciendo que las garras se clavaran en la roca, a la vez que giraba para golpear con la punta del mango la cabeza de Moldu. Este echó su cuerpo hacia atrás, pero su brazo se quedó incrustado y no consiguió eludir el golpe por completo. La parte metálica del mango rozó su frente y raspó la piel que pronto empezó a sangrar.
Retrocedí para ganar perspectiva, balanceando a Rimera de vuelta a mi posición de guardia. Había conseguido superar el primer intercambio de golpes pese a la sorpresa inicial y mis reflejos y destreza estaban a la altura como poder seguirle el ritmo y responder. “Debería poder acabar pronto con el enfrentamiento si quisiera… pero la dificultad está en golpear de forma no letal a alguien que tiene intenciones completamente opuestas… y por otra parte ¿Qué le habrá llevado a tener esta vida? ¿Cómo había aprendido a crear ese brazo?” pensé, girando el arma para golpear con el contrafilo y la hoja con el fin de no herirle demasiado y alargar un poco el combate. Quería ponerme a prueba un poco más y estos primeros segundos me habían dado más confianza de la debida.

Moldu a seis o siete metros de distancia maldecía y forcejeaba. Tiró de una palanca y el motor interno comenzó a rugir con más fuerza. Nuevas piezas conectaron entre si y los picos que formaban la mano comenzaron a girar sobre si mismos, perforando la roca en la que estaban atrapados y liberando el brazo. Esto pintaba mal, si bloqueaba sus ataques no me quería ni imaginar lo que iba a pasar con Rimera. Debía evitar los golpes y romper ese brazo.

-¡Acojonante eh! ¡gigante pardillo…te voy a convertir en donut! - bufó Moldu, arrancando del suelo un peñasco del tamaño de un cráneo.

Antes de que pudiera reaccionar, me lo lanzó directo a la cara. Sentí el impacto en la frente y me tambaleé un segundo, justo el tiempo que necesitó para lanzarse sobre mí nuevamente. Estaba claro que no podía seguir luchando únicamente de forma limpia y con las mejores intenciones. Daban igual ahora sus posibles motivaciones y su historia, no podía permitirme dudar o no regresaría de una pieza. “Si esto va a convertirse en un trabajo, debo ser profesional”.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 08-02-2025

Sentí el impactó del peñasco en mi frente como el golpe de un martillo, haciéndome tambalear. Ese segundo de debilidad fue todo lo que Moldu necesitó para lanzarse sobre mí, su brazo mecánico rugiendo ferozmente con el impulso y su eco llenando el pasillo de la cueva.

- ¡No te me duermas, grandote! - escupió, girando su brazo con un zumbido metálico.

Salté a un lado instintivamente, sintiendo como las garras giratorias cortaban el aire donde estaba mi cabeza hace un instante. Un segundo más lento y habría acabado con un agujero en el cráneo. “No bloquees… no con Rimera, tengo que frenarlo o…” pensaba cuando vi como ciertas partes del brazo comenzaban a emitir vapor y cambiar ligeramente de color, se estaba sobrecalentando, el brazo era un buen invento pero era rudimentario y lo estaba forzando de más, tenía que ganar algo de tiempo.

Moldu por su parte no daba respiro. Seguía atacando con una ráfaga de golpes, agitando su brazo con una velocidad impresionante, que arrancaba esquirlas de roca al rozar las paredes con cada giro de los picos. Me vi obligado a retroceder hacia la entrada, esquivando cada embestida con movimientos amplios para evitar cualquier en medida de lo posible cualquier toque. Por suerte para mi, mi observación acercad del sobrecalentamiento no era equivocada, detrás del olor a gasolina comenzaba a filtrarse el olor a piel caliente, junto con muecas de dolor de Moldu tras alguna de las maniobras.
- Keehkekeke… - reí, aunque con el ceño fruncido. - ¿Todo esto para no pagar una comida amigo?
-¡Calla y quédate quieto! - rugió, lanzando un golpe descendente con toda su fuerza.

En el último instante, vi mi oportunidad. En lugar de esquivar, di un paso hacia adelante, agarrando su brazo a la altura del biceps y arrastrando la garra hacia el suelo. No tuvo tiempo de corregir su ataque y el brazo mecánico golpeó el suelo con un estruendo seco, taladrando la roca y quedando clavado hasta la altura del codo. El motor sonaba ahogado fruto del esfuerzo.

- ¡¿Otra vez esto?! - gritó mientras tiraba del brazo hacía atrás, pero esta vez no iba a dejarle tiempo a reaccionar.

Solté un rugido y balanceé a Rimera con ambas manos. En lugar de usar el filo, la giré y le golpeé su torso con el lado romo del hacha. El impacto lo lanzó hacia atrás como un muñeco de trapo y chocando contra una de las paredes de la cueva con un gruñido de dolor, pero terminando de liberar su brazo del suelo. Tosió, escupiendo saliva mezclada con sangre, pero se incorporó tambaleándose.

- Nada mal, grandullón… pero... aún no he acabado. - Comentó escupiendo las palabras con dificultad pero vi cómo su otra mano se movía nuevamente hacia una de las correas del lateral del brazo. No podía esperar nuevamente a que arrancara el motor o las consecuencias iban a ser mucho peores para ambos.


RE: [Pasado - FIC] Pralder - El primer trabajo - Pralder - 10-02-2025

Moldu accionó nuevamente el mecanismo y un rugido ensordecedor llenó la cueva. Su brazo vibró con más fuerza, con los engranajes forzándose al límite y cambiando ligeramente de color a un tono rojizo. Al motor le siguió instantáneamente el grito de su portador que empezaba a quemarse el brazo. No esperé más y salté hacia él con Rimera alzada y descargué un golpe preciso, apuntando al codo del brazo mecánico. El impacto resonó con un chasquido de metal partiéndose y el olor a aceite de motor quemado llenó el aire. El brazo dejó de moverse de inmediato, el motor tosiendo humo negro antes de apagarse finalmente.

Moldu quedó paralizado un segundo observando sus quemaduras. Pero pronto el bloqueo mental dejó paso a la rabia.

- ¡HIJO DE…! - grito con furia como si yo fuese el culpable del estado de la carne de su brazo.

Temiendo que pudiese sacar algún otro artilugio, no le dejé terminar. Con un movimiento rápido, avancé, giré Rimera en mis manos para golpearle con el mango en la sien. Esta vez no tuvo tiempo de esquivar, su cabeza se inclinó hacia un lado y su cuerpo perdió toda la tensión. Cayó de rodillas primero y luego se desplomó de cara al suelo.

...silencio...

Me quedé unos segundos quieto, respirando hondo y recuperando el aliento. El olor a aceite quemado y sangre seguía flotando en el aire.

- Keehkekeke… esto ha sido más complicado de lo que esperaba - murmuré, rascándome la cabeza donde aún sentía el golpe del peñasco.

Me agaché y revisé su estado. Estaba inconsciente, pero respiraba. Me aseguré de atarle las muñecas con las vendas que traía. A continuación, le vendé también el brazo y la cabeza. Mi trabajo era capturarle y entregarle a la marina pero tampoco había necesidad de dejar que sus heridas se infectaran. Lo cargué al hombro con relativamente poco esfuerzo. “Es impresionante la fuerza que tiene para pesar tan poco…” recuerdo haber pensado, afianzando todavía más la idea de necesitar seguir con el entrenamiento. 

Con un último vistazo a la cueva, comencé el camino de regreso a las canteras con el sol alzándose a mi espalda. Todavía no había pasado la media mañana y la recompensa por Moldu pronto estaría asegurada, y con suerte, también un buen desayuno ganado con el primer sueldo como cazarrecompensas.