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[FIC - Pasado] Bajo las raices del mundo (Parte 1) - Fuguwu - 13-01-2025 Día 20 de Otoño, Año 14
[align=right]Isla Chika, Buque Acorazado de la Marina 2230 horas
Fuguwu dormía plácidamente en el camarote que le había sido asignado dentro del buque acorazado de la marina que había llegado por los miembros de la división 21 – a excepción de Joe Joestar – feliz de dejar aquella isla toxica atrás pero con emociones encontradas por acercarse tanto al mar que lo vio crecer, aquel donde también se encuentra el archipiélago Sabaody y, cerca de este, bajo las raíces del mundo, esta el lugar al que alguna vez llamo hogar.
La isla Gyojin, situada a 10,000 metros bajo el mar, era un reino de belleza única, un vasto territorio submarino donde los corales crecían en formas imposibles y los edificios estaban tallados en conchas gigantes y arrecifes naturales. A través de enormes burbujas que protegían la ciudad del agua, los habitantes Gyojin y ningyo caminaban y vivían como en la superficie, aunque el océano los rodeaba por completo. Desde arriba, la isla Gyojin parecía un santuario oculto en las profundidades del océano. A su alrededor, grandes bosques de algas marinas se mecen al ritmo de las corrientes, y en su interior, el gran Bosque Marino actuaba como el pulmón de la isla. Este lugar mágico era donde crecían los árboles de coral que ofrecían aire fresco, haciendo que el lugar fuera habitable para los Gyojin y las ningyo. No muy lejos del bosque, los jardines de corales de colores vibrantes llenaban el paisaje de luz, como si estrellas estuvieran atrapadas bajo el agua. Estas luces iluminaban la ciudad Gyojin, haciendo que todo el entorno pareciera un paraíso marino. En medio de ese esplendor vivía Fuguwu junto a su familia, en una casa modesta, pero acogedora, cerca de las calles de Coral Hill. Estas calles estaban rodeadas de enormes estructuras de coral donde los Gyojin construían sus hogares y comercios. El hogar de Fuguwu era una vivienda tradicional tallada en una gran concha gigante, donde los muros interiores estaban decorados con algas luminosas y conchas marinas. Su hogar estaba situado en una colina que ofrecía una vista del océano que rodeaba la isla, permitiendo que cada mañana los primeros rayos de luz filtrados por el agua se reflejaran en su hogar con destellos azulados. La casa de Fuguwu era un lugar de constante actividad, en especial por el trabajo de su madre, Nerina. A menudo, la sala principal de su casa estaba llena de ingredientes naturales que había recolectado en el Bosque Marino. Hojas de algas curativas, trozos de corales medicinales, y frascos con diferentes pociones llenaban los estantes que se alineaban a lo largo de la pared. El aroma de las hierbas marinas siempre flotaba en el aire, mezclándose con el fresco olor del océano que se colaba por las ventanas abiertas. Fuguwu era el hijo menor de una familia respetada en la comunidad. Su padre, Ryuwu, era un poderoso luchador de Gyojin Karate, conocido no solo por su fuerza física, sino por su sentido de justicia y protección hacia su gente. Su presencia imponente contrastaba con su naturaleza serena y sabia. Ryuwu era un hombre de pocas palabras, pero cuando hablaba, sus palabras eran profundas y cargadas de significado. A menudo se dedicaba a enseñarles a Fuguwu y a su hermano mayor, Fugowo, que el poder debía usarse con moderación y solo para proteger a quienes lo necesitaban. Era un padre que transmitía disciplina, pero también un profundo amor por su familia. La madre de Fuguwu, Nerina, era todo lo contrario en cuanto a temperamento. Si Ryuwu era la calma en medio de la tormenta, Nerina era la energía vibrante de la casa. Como curandera, su conocimiento de las plantas marinas y sus propiedades curativas era legendario en la isla. Nerina siempre estaba sonriendo, llena de vida y optimismo, y era quien traía la luz y la calidez a la familia. Nerina, siendo curandera, atendía a los vecinos desde su hogar, recibiendo a aquellos que venían en busca de remedios para diferentes dolencias. La cocina, el corazón de la casa, era el lugar donde preparaba sus pociones, y Fuguwu solía observarla atentamente, fascinado por la habilidad con la que su madre mezclaba diferentes ingredientes. El fuego azul que usaba para calentar sus mezclas era especial, protegido del agua que rodeaba la isla por pequeños caparazones impermeables. Mientras su madre trabajaba, solía contarle historias sobre las propiedades de cada ingrediente, enseñándole que el conocimiento de la naturaleza era tan importante como la fuerza física. Fuguwu aprendió desde pequeño a combinar las enseñanzas de sus padres: la disciplina y el respeto de su padre, y la empatía y el conocimiento medicinal de su madre. Ambos progenitores lo amaban profundamente, y aunque su padre era más reservado, siempre encontraba la manera de demostrar su afecto a través de sus acciones. El entorno en el que Fuguwu creció era uno donde la naturaleza y la civilización Gyojin coexistían en armonía. Los bosques submarinos, llenos de flora marina exótica, eran su patio de juegos. A menudo, Fuguwu y su hermano mayor, Fugowo, pasaban horas explorando los rincones más alejados de estos bosques, nadando entre bancos de peces arcoíris y siguiendo el rastro de criaturas marinas más grandes que a veces nadaban a lo lejos. En sus excursiones, a menudo se encontraban con otros niños Gyojin, y juntos competían para ver quién podía nadar más rápido o recoger las conchas más raras. Fugowo, el hermano mayor de Fuguwu, era una figura clave en su vida. Con unos cuantos años de ventaja sobre él, Fugowo representaba la fuerza y la destreza que todo joven Gyojin aspiraba a alcanzar. A pesar de su diferencia de edad, Fugowo nunca trató a Fuguwu como un niño pequeño. En lugar de eso, lo integraba en sus juegos y aventuras submarinas. Juntos exploraban los arrecifes, las cavernas submarinas y los vastos territorios de la isla Gyojin, enfrentando criaturas marinas y desafiando las corrientes más fuertes. Fugowo era un líder natural, pero lo que lo distinguía era su bondad. No había rivalidad entre ellos, y Fuguwu lo admiraba profundamente. Fugowo siempre estaba dispuesto a proteger a su hermano menor, pero también le enseñaba a ser independiente y valiente. A menudo le decía: “Un día, Fuguwu, tendrás que nadar contra corrientes más fuertes que estas. Pero no te preocupes, siempre estaré cerca, incluso cuando no me veas.” Estas palabras, aunque en ese momento parecían simples bromas entre hermanos, calaron hondo en Fuguwu, quien siempre se sintió seguro a la sombra de Fugowo. Ambos compartían también la admiración por su padre. Fugowo, quien había comenzado su entrenamiento en Gyojin Karate, aspiraba a ser tan fuerte como Ryuwu. Mientras entrenaba en las técnicas de combate, Fuguwu observaba con curiosidad, aunque aún no era el momento de comenzar su propio entrenamiento. Las sesiones de entrenamiento de Fugowo solían llevarse a cabo en un dojo cercano, construido dentro de una gran cueva de coral en las afueras de Coral Hill. El dojo estaba cubierto por una gran burbuja de aire que permitía a los practicantes moverse libremente sin estar sumergidos en el agua. Fuguwu, aunque no podía entrenar oficialmente aún, solía sentarse en las gradas de coral mientras observaba cómo Fugowo realizaba los movimientos precisos del Gyojin karate. Cada golpe y patada que su hermano lanzaba lo llenaba de admiración. Fugowo no solo era rápido y fuerte, sino también inteligente y calculador en sus movimientos. Entre los entrenamientos y las aventuras que compartían, Fugowo se aseguraba de enseñarle a su hermano pequeño todo lo que sabía. Lo llevaba al Bosque Marino, donde le mostraba las zonas más seguras para nadar y los lugares donde los corales eran más frágiles y podían romperse. Le enseñaba cómo identificar las criaturas peligrosas del océano y cómo usar su entorno a su favor. Para Fuguwu, su hermano era un héroe en todo el sentido de la palabra. Juntos, compartían sueños de aventuras fuera de la isla Gyojin, imaginando un día en el que navegarían por los mares y descubrirían nuevos territorios. Sin embargo, en ese entonces, la vida en la isla les parecía suficiente. El mundo fuera del agua era solo un concepto lejano y misterioso, uno que conocían a través de historias y leyendas, pero no algo que consideraran relevante en su día a día. A medida que Fuguwu crecía, empezaba a notar que el mundo en el que vivía no era el único. Las historias que su madre le contaba sobre el mundo de la superficie comenzaron a tomar más significado cuando, un día, un comerciante humano llegó a la isla Gyojin. Era un evento raro, ya que no muchos humanos descendían a las profundidades del océano. El comerciante había llegado con un pequeño grupo, y traía consigo objetos extraños y exóticos (como caracolas de diferentes colores) de la superficie. Fuguwu lo observaba desde lejos, escondido tras las grandes columnas de coral que adornaban las calles de Coral Hill. Los humanos eran diferentes, más pequeños y frágiles en comparación con los Gyojin. No podían respirar bajo el agua y necesitaban trajes especiales para sobrevivir a la presión de las profundidades. Fugowo, quien ya había visto humanos antes, le explicó a su hermano que no todos los humanos eran malvados, aunque muchos Gyojin desconfiaban de ellos debido a historias de conflictos pasados. Sin embargo, Fugowo tenía una mente abierta, aconsejando a Fuguwu: “No puedes juzgar a todos por las acciones de unos pocos. Es cierto que algunos humanos temen a los Gyojin y los tratan con desprecio, pero también hay quienes nos respetan. Lo importante es estar preparado para cualquier cosa y no dejar que el odio te consuma.” Este primer encuentro con un humano dejó una impresión duradera en Fuguwu, quien empezó a cuestionarse cómo sería el mundo más allá de las profundidades del océano. Aunque su vida en la isla Gyojin era pacífica, y sus días estaban llenos de aventuras con Fugowo, Fuguwu comenzó a sentir una creciente curiosidad por el mundo exterior. Con el tiempo, estas experiencias fueron moldeando a Fuguwu, quien empezó a hacer preguntas sobre lo que había más allá del océano. Casi diario su madre le contaba historias sobre islas lejanas y civilizaciones que vivían en la superficie, aunque siempre terminaba las historias con una advertencia. Para Nerina, el mundo de la superficie era tan fascinante como peligroso, mientras que su padre, Ryuwu, prefería no alentar a sus hijos sobre la vida fuera la isla Gyojin. A medida que Fuguwu se acercaba a los quince años, su visión del mundo comenzaba a expandirse. Ya no era el niño pequeño que simplemente seguía a su hermano mayor. Aunque seguía admirando a Fugowo, empezaba a desarrollar su propio sentido de identidad. Su madre, Nerina, notaba este cambio y comenzó a enseñarle más sobre las plantas curativas y los remedios, sabiendo que Fuguwu tenía un interés innato por ayudar a los demás. A menudo le decía: “En este mundo, no solo necesitas saber pelear, también debes saber cómo sanar. La fuerza es importante, pero la compasión es lo que te hará verdaderamente fuerte.” Esas palabras resonaron en Fuguwu, quien, aunque no lo sabía en ese momento, empezaba a forjar el camino que lo convertiría no solo en un luchador, sino también en un médico. A menudo pasaba tardes con su madre en el Bosque Marino, recolectando algas y corales, y aprendiendo sobre sus propiedades curativas. Aunque aún era joven, Fuguwu mostraba una habilidad natural para comprender cómo funcionaba la naturaleza a su alrededor. El cariño y la protección de su familia mantuvieron intacta la percepción infantil del mundo que tenía Fuguwu. Seguía siendo el chico curioso que exploraba las profundidades del océano junto a su hermano, sin imaginar las tormentas que se avecinaban en su vida. Fuguwu no podía prever cuánto cambiaría su mundo en los próximos días. |