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[Auto T3] Delirios de una rana manca - Gaeru - 01-02-2025 Día 1 de invierno/Año 14 Manglar 20, 22:13pm No me había aventurado a salir demasiado de aquel barco desde que sucedió todo aquello. Pero esa noche me apetecía salir a ver las estrellas, y escuchar el sonido de las olas chocar contra las raíces de aquellos árboles enormes que configuraban la isla. El niebla de guerra aún estaba a la vista, tal vez a unos setenta metros. Mi cuerpo aún estaba lleno de vendajes, pese a que mis heridas por aquella explosión se hubiesen curado ya hace tiempo. Bueno… no todas ellas. Se me hacía raro mirarme el brazo ya que cuando no lo hacía aún sentía que estaba allí, y aunque pese a ir aceptándolo poco a poco, seguía haciéndose extraño. Me tumbé con la espalda apoyada en la hierba, y traté de agarrar las estrellas con mi mano que ya no existía. “Maldito viejo…” pensé mientras me llevaba mi mano derecha a la cara. Está bien, había perdido el brazo pero no me iba a dar por vencido… No como ese maldito viejo. ¿Esto me pasaba por haber intentado ser amable con él? No quería que se diera por vencido, mucho menos que se inmolara y me cercenara una extremidad en el proceso. Tenia aun miles de cosas en mi cabeza, pero tenía una cosa clara, odiaba ese a ese viejo. Por alguna razón, pensaba que por parecer débil e indefenso, me confié, pensé que las personas débiles tenían un mejor corazón, ya que podían ser más humildes… Pero ese viejo no tenía honor, un verdadero guerrero no haría un ataque tan rastrero, rindiéndose, no luchando más por su hija… Aun seguía viva, y si seguía luchando podría haberla salvado. Muriendo de esa forma, no había conseguido nada. Mientras pensaba en todo aquello, la luna iluminaba toda aquella escena, una rana mutilada tumbada frente al mar mientras contenía las lágrimas… Después de todo, después de todo lo que me había esforzado seguía siendo una ranita patéticamente y débil. A la que tienen que proteger. Levanté mi espalda del suelo con rabia me dispuse a gritar al horizonte de rabia pero antes de hacerlo mi mirada se cruzó con la mirada de esa chica, a mi lado sin que yo me hubiese dado cuenta, se hallaba sentada con las piernas cruzadas y una de sus manos apoyadas sobre una de sus mejillas. Era una joven de pelo rojizo, pálida y con pecas a lo largo de sus mejillas. Sus ojos color ámbar parecían estar iluminados y llenos de vida mientras observaba la luna. Parecía tan serena y calmada que contrastaba demasiado con la mía, más perdida y oscura de lo normal. -Hola me llamo Anne. -Me dijo con una sonrisa mientras extendía su mano. Yo simplemente le miré de forma fría, no era mi mejor día ni mucho menos mi mejor momento, por lo que simplemente suspiré y me quedé en silencio. Además… Me daba rabia que se pareciera a ella… Avril, mi antigua capitana… Su mirada me recordaba a la suya y si no quería ser observado en estos momentos, menos quería sentir que era ella la que me observaba en estos momentos. Al ver que no le respondía, siguió hablando, y retiró la mano como si nada. -¿Eres un gyogin? Es raro ver uno libre por aquí por esta isla, normalmente la mayoría son capturados y vendidos como esclavos. ¿Tú te has escapado y te has tenido que cortar el brazo para hacerlo? -Dijo mientras señalaba mi extremidad faltante. Dios hasta sonaba mejor su teoría que lo que pasó en realidad quedaría más épico de ir eso que… “No, un mink zorro se inmoló a sí mismo y la explosión me hizo perder el brazo… sonaba patético comparado con esa historia. De hecho todos los samurais habían hecho cosas increíbles. A uno sí le faltaba una parte del cuerpo era porque la había perdido protegiendo su honor de guerrero en una épica lucha contra algún feroz monstruo… En cambio yo no daba la talla… Me levanté y me dispuse a volver al barco. -No soy tan especial… Y deberías alejaste de aquí, si mi capitán te ve cerca del barco seguramente te cortará en siete trozos, si es que no lo hago yo antes~gero. -Quería parecer intimidante pero mi intento fue nefasto. La chica en lugar de alejarse, o correr despavorida, pareció quedarse incluso más ilusionada. -Capitán… ¿Acaso eres un pirata? Ya sabía yo que era raro ver a un civil gyogin suelto como si nada. -La cara de la muchacha parecía estar incluso más pletórica. ¿Acaso no había escuchado lo que le había dicho? No solo por mi… Pero… Ashura es poderoso, y no quería que él la matara. Me acerqué a ella con rabia y le tapé la boca. -Cállate de una maldita vez~gero. ¿Por qué te estás metiendo en problemas ajenos~gero? Por intentar ser amable conmigo puede ser que pierdas un brazo o peor… No te puedes mezclar con piratas es peligroso~gero. Ella se apartó mi mano de la boca sin demasiada dificultad, pese a mi duro comportamiento y mi actitud pesimista ella no perdía el optimismo de sus ojos, pese a tener ahora un semblante más serio. Parecía no tener miedo, acaso esta chica valoraba un mínimo su vida? “Córtala córtala en mil pedazos” decía mi cabeza pero pese a hacer un pequeño amago de llevarme la mano a la espada, pero… Mis ideales no me dejaban, no parecía mucho más mayor que yo y sus intenciones no parecían hostiles pero después de aquel explosivo incidente, me costaba confiar en la gente. -Mira, si es un problema que esté aquí lo entiendo, supongo que es raro que una desconocida aparezca de la nada y se ponga a observar la luna contigo, pero, me habías parecido curioso y siendo sincera no pareces mal tipo. -Concluyó con una gentil y algo tímida sonrisa mientras se daba la vuelta para irse. Mientras me daba la espalda no podía evitar sentirme algo culpable por tratarle de esa manera. Lo que me había pasado no era una situación que le recomendaría a nadie pero, no podía ahora tener miedo de cualquier persona, no podía tener miedo a morir. Si me quiere cortar el otro brazo que lo haga… No voy a darme por vencido pese a ello. Pierda las extremidades que pierda seguiré siendo el mejor samurai del mundo. -Me llamo Gaeru~gero. Y si, soy un pirata. Pero… Si quieres hablar vayamos a otra parte, no miento cuando digo que mi capitán te mataría si te viera por aquí~gero. Pero eso si… No nos alejemos mucho… suelo tener problemas de orientación.~gero. -Esto último lo solté con algo de vergüenza acompañando a mis palabras. Ella por su parte se giró con bastante entusiasmo. -No te preocupes… hahaha. Conozco una pequeña caña cerca de aquí. Y te puedo guiar de vuelta. -Dijo riéndose levemente mientras me hacía un pequeño gesto con la mano para que le siguiera. Me guió por un sendero bastante fácil de transitar hasta llegar a una pequeña cala la raíz de un árbol hacia una pequeña curva, y se introducía lentamente en el mar… La luna se seguía viendo estupenda y las estrellas también. Ella pareció sentarse y yo me senté a su lado, pero a diferencia de la última vez, ahora fui yo quien empezó la conversación. -Antes… has comentado que los gyogins en esta isla son vendidos como ¿Esclavos? Hace unas semanas conocimos un mink que nos comentó que a su hija la iban a vender como tal. -Me había quedado con ese dato de la conversación anterior y la verdad… Aquello me aterraba más que perder cualquier extremidad. Arrebatarle la libertad a alguien tenía que ser un acto despreciable. -No es que esté demasiado de acuerdo con estas prácticas, pero… Si, una de las atracciones turísticas de la ciudad es la casa de subastas. Allí se vende gente de todo tipo de especies no humanas, ya que hay gente que os considera inferiores… No es mi caso. Bueno nunca he conocido a ningún ser de otra raza, no tengo demasiados amigos y si salgo de casa… Apenas es para ir al trabajo o para ir a dar una vuelta. Pero estoy totalmente en contra de ello. -Su voz era demasiado dulce, como una armonía perfecta, que quedaba perfecta junto a las olas que rompían frente a la costa. Al parecer tenía que tener cuidado. Esta isla podía ser más peligrosa de lo que parecía. Si me descuidaba podría acabar como la mascota de cualquier tío gilipollas con un poco de poder o dinero. Estuvimos horas debatiendo sobre todo aquel tema. Al igual que un poco sobre nuestras vidas. Ella en su caso tenía dieciocho años, solo era unos meses mayor que yo. Al parecer se había criado a las afueras, en algún manglar sin demasiadas casas. Pero pese a ello llevaba una pastelería en la ciudad. Yo por mi parte, Le conté de mi oficio de chef, aunque ahora me iba a ser complicado cocinar con una sola mano. Llegó un momento en el que apoyé mi cabeza sobre sus piernas, ya era noche cerrada, tal vez pasada la media noche. Y pese a mi desconfianza inicial, debía reconocer que me sentía bastante cómodo con ella. Abracé su cintura con mi único brazo mientras ella acariciaba mi cabeza. Me sentía tan cómodo en esa situación que quería quedarme así para siempre. Volvía a sentirme un niño pequeño en los brazos de la que consideraba mi madre. Pero sabía que aquella situación no podía ser eterna. Ya pasada la una de la madrugada seguramente y tras unas cuantas horas de conversación, podía sentir que tenía una nueva amiga en aquella isla. -Supongo… Que aún nos queda algo de tiempo en esta isla hasta que finalmente decidamos partir. Podríamos vernos algún otro día, y así puedo visitar tu pastelería, y así pueda probar alguno de los dulces~gero. -Dije calmado mientras nos dirigíamos de vuelta al barco Ella parecía estar satisfecha, y de acuerdo con ello. -Claro, tú avísame por den den mushi y podemos vernos alguna vez antes de que te vayas. Pero no vayas a traer a tu capitán contigo, no quiero que me corten en pedazos. Finalmente llegamos al mismo lugar donde nos habíamos encontrado en un principio y con un apretón de manos pactamos en volver a vernos antes de irnos. Con un paso lento volví al barco, mirando el cielo nocturno y la silueta de Anne alejarse en la distancia. “Espero seros útil piratas Mushoku”. Me seguía sintiendo algo débil. Como si no pudiera estar a la altura de la situación que se me planteaba, estar en una tripulación llena de gente muy fuerte. Desde Tenoch, el cual había visto de cerca de lo que era capaz, y además ahora sumado a que iba a tener poderes especiales… Iba a ser imparable. El tipo misterioso de la máscara, el tipo oscuro con alas negras, también usaba una katana pero no tenía mucha pinta de samurai, pero me apostaba el otro brazo a que sabía usar ese arma. El tontatta y el doctor… El pequeñín parecía ser bastante majo, pero escurridizo y difícil de cortar y por otra parte aquel mini oso polar de tres metros, pese a su voz calmada, no quería estar yo delante si se enfadaba, pero debía reconocer que tenía buena mano, y había sabido curar bien mis heridas. Y finalmente el señor Gin y el capitán. Este primero parecía noble, me gustaba su espíritu, parecía un guerrero puro, con honor, me gustaría aprender más de él, era cierto que me recordaba mucho a Tenoch en muchos aspectos y estaba seguro que me podía llevar bien con él. Y finalmente el capitán… Con su firmeza y crueldad implacables, infundía respeto, y algo de miedo… De él si que me interesaba saber más de su pasado, quería conocer si sabía algo de los samurai, si tenía algún linaje relacionado con estos. Pero aún no me había atrevido a hablar con él sobre el tema. Mientras repasaba a toda la tripulación en mi cabeza pasé por cubierta y me dirigí a mi camarote, dejé mi katana y mi armadora a un lado, la cual ahora me resultaba más difícil de quitar, tenía que acostumbrarme aún a hacer muchas cosas con una sola mano. Finalmente me tumbé en la cama, cerré los ojos y abracé un pequeño cojín. Después de todo… Aún pese a ansiar ser más fuerte, ser temido y respetado. Sabía que por dentro seguía siendo un niño, el mismo niño que temía a perder, el mismo que absiaba sentirse parte de una familia de nuevo. Y pese a ser una panda de rsros, temidos y de reputación dudosa, realmente esperaba haberla encontrado. RE: [Auto T3] Delirios de una rana manca - Sentomaru - 01-02-2025 Aventura Tier 3 Autonarrada Completada
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