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[Pasado] El amanecer de una aventura - Versión para impresión

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[Pasado] El amanecer de una aventura - Blanck - 19-03-2025

Reino de Ohara, Bosque Costero 
 
Un ráfaga de viento salada llegó junto a las primeras olas del día a las costas de Ohara, atravesó pastos verdes, altas praderas, ondeó sobre los tejados de decenas de personas aún dormidas y se filtró a través del laberinto que formaban los recios árboles del bosque costero situado en el extremo opuesto de la isla, hasta llegar a un pequeño claro iluminado por los primeros rayos de luz del día que se filtraban por los pequeños huecos que dejaban las altas y frondosas copas de los árboles. En este claro y no ajeno a lo que pasaba a su alrededor se encontraba Blanck, observando con melancolía el horizonte azul infinito que se podía contemplar desde lo alto del árbol sobre el que se situaba. 

Esa misma costa había sido años atrás, el último lugar donde vio a sus padres antes de su desaparición. Y tras mucho tiempo  de búsquedas infructuosas, de preguntas sin respuesta y de noches solitarias había tomado una decisión. Su única certeza era que quedarse en Ohara no solucionaría nada. Si quería respuestas, debía buscarlas. Y eso significaba dejar atrás todo y a todos los que conocía.

Suspiró, cerrando los ojos e imaginando por un momento cómo era su vida hace unos años, cuando aún recorría esos mismos senderos intentado perseguir a su padre, o cómo aunque su madre no se lo permitiera, la seguía a escondidas hasta el mercado del pueblo. Estos recuerdos eran cómo un globo que ascendía hasta el cielo y en algún momento explotaba, provocando que sus garras se aferraran con fuerza a la corteza del árbol en el que estaba apoyado. La madrugada era fría, pero él estaba acostumbrado a la soledad y a ese aire gélido que la caracterizaba. Se ajustó la chaqueta de cuero negro que llevaba y revisó, por última vez, el mapa que había trazado con sus propias manos tras años de estudio y esfuerzo. Cada trazo, cada coordenada, era el resultado de años de estudio en soledad. Sabía perfectamente cuál era su destino: el Grand Line. Si el mundo no quería darle respuestas, él se las sacaría a la fuerza.

Junto al mapa tenía un pequeño pedazo de pergamino. Era el único recuerdo físico que tenía de su familia, un dibujo torpe hecho por su madre hace unos años atrás. Sus afiladas garras recorrieron con cuidado el contorno de los rostros de sus padres, como si con ello pudiera notar sus facciones, sus olores, la calidez de su hogar. Su mandíbula se tensó, apartó la tristeza y el pesar que lo atormentaban, y un aura de firmeza y determinación empezó a percibirse a través de sus ojos. No se permitiría la debilidad. No ahora.

Bajo sus pies, un sonido entre la maleza perturbó sus pensamientos. Sus orejas se giraron y agudo oído captó el leve crujir de una rama y la respiración contenida de algo acechando en las sombras. Blanck crujió sus nudillos, entrecerró los ojos y dio un paso hacia la oscuridad. Mientras sus instintos felinos hacían que su cuerpo se tensase en señal de alerta, pensamientos de todo tipo empezaron a inundar su mente. ("¿Será un cazador? ¿Algún animal peligroso? ¿Sería mejor correr o enfrentarlo de cara? ¿Si salto por la derecha y lo rodeo será capaz de verme?).
Si algo había aprendido en todos estos años, era que la noche era oscura y podía esconder amenazas inesperadas.

Pero no tuvo que esperar mucho para averiguar qué era ese ser que se escondía en la oscuridad de la noche. Pues justo cuando parecía que había tomado una decisión de lo que hacer de entre las cientos de opciones que rondaban su cabeza, y antes de que pudiera reaccionar, un pequeño mapache saltó hacia él con una cara que mostraba miedo y determinación a partes iguales al notar su presencia, aunque no tardó mucho en huir entre los arbustos.

Blanck exhaló, soltando la tensión de su cuerpo. No se lo podía creer, se sentía ridículo. ¿En qué momento se había convertido en alguien tan paranoico? ¿Cómo no había notado la presencia de un simple mapache? Y peor aún ¿Cómo había llegado a considerar huir de él?.

Recuperó la compostura, volvió a recobrar la determinación y con la mirada fija en el horizonte y sin perder más tiempo, se dirigió al pequeño bote que había preparado días atrás. No era más que un conjunto de maderas atadas y reforzadas, pero confiaba en que con sus conocimientos de navegación, sería suficiente para alcanzar la siguiente isla. Un punto de partida. Un comienzo real.

Y esta vez sin miedos, sin dudas, sin arrepentimientos, se giró una última vez hacia el bosque de Ohara, el único hogar que conocía. El único lugar que a pesar de las dificultades, había llamado hogar.

Pero ya no quedaba nada para él allí… salvo malos recuerdos y muchas preguntas. Y los recuerdos no lo llevarían a ninguna parte.

Sin dudar más, agarro con ambos brazos el pequeño bote que crujió cómo si se fuera a romper con la primera ola, y lo empujó hacia el mar, rápidamente se dispuso a subir a bordo y comenzar a remar. Con cada movimiento del remo, Ohara se hacía más y más pequeña en el horizonte. 

Su viaje había comenzado. El Grand Line lo esperaba.