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[FIC-Pasado] País de Kano, Los amigos qué hacemos por el camino. - Versión para impresión

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[FIC-Pasado] País de Kano, Los amigos qué hacemos por el camino. - RedSmoke Kelo - 08-04-2025

Día 23 de Verano, Año 15.
03:00 A.M, País de Kano.



Los amigos qué hacemos por el camino.


(Tras los eventos del templo y la promesa de un nuevo barco por la mañana)

El pueblo dormía. Solo los grillos, el crujido de la madera y las olas lejanas rompían el silencio. Estábamos sentados frente al taller de Suiro, sobre unas cajas viejas que olían a sal y serrín. Las estrellas se apretaban en el cielo como si quisieran espiarnos. Pin había traído una manta, un par de tazas con algo caliente y un saco de ideas sueltas.

https://imgur.com/wenSvzg

No hablábamos. No todavía. Sólo estábamos.


—Bonita noche. Dijo al fin, con la mirada fija en el cielo
—Parece que hasta las estrellas están esperando que digamos algo sabio.

—Seguro están acostumbradas a oír idioteces como las nuestras. Respondí, medio en broma.

—¡Jajaja! Pues que aprendan, colega. Hoy hablaremos de cosas grandes.


Se sacó del bolsillo una bolsita de cuero y empezó a liar algo con una delicadeza que contrastaba con sus dedos manchados de tinta y resina. Lo hacía como un ritual. No dijo qué era. Tampoco hacía falta. El olor dulce y levemente terroso lo contaba todo. Cuando terminó, lo encendió y dio una calada larga, mirándome con media sonrisa.


—¿Quieres? Me ofreció con la tranquilidad de quien ofrece un secreto, no un cigarro.


Lo tomé. Y fue como si el tiempo exhalara con nosotros. Fumé. En silencio. El humo se mezcló con el de la espalda y el de las dudas.


—¿Sabes qué me jode del mundo? Empezó.
—Que todos piensan que ya está todo contado. Que las historias están escritas. Que no hay lugar para lo imposible.

—Y tú quieres probar que se equivocan.

—Yo no quiero probar nada, colega. Quiero vivir algo que nadie entienda. Ni siquiera yo. Quiero mirar atrás un día y no saber cómo demonios llegué allí. Solo… que lo hice.


Asentí. El humo flotaba entre nosotros como un puente.


—¿Y tú? Me preguntó.
—¿Qué quieres, lunarian de cinco metros con alma de gato?


Tardé un poco en responder.


—Quiero entender por qué siempre siento que falta algo. Como si la vida me diera pedazos de un mapa, pero nunca el dibujo completo. Quiero que un día todo encaje… aunque sea solo por un instante.


Pin se quedó callado. Luego sonrió como si acabara de encontrar un trébol de cuatro hojas.


—¿Y si ese lugar existe? ¿Y si de verdad hay una isla donde las historias cobran sentido?


Lo miré. Él lo dijo sin más, pero yo sabía a qué se refería.


—¿Laugh Tale?

—Voi D. Rowned lo dijo, ¿no? “Estaré esperando en la isla donde las historias cobran sentido.” No dijo “mi tesoro está ahí”. Dijo que él estaría ahí. Como si esperara que alguien llegara para entenderlo.

—O para continuar la historia.


Pin rió bajito.


—A veces pienso que Rowned no fue un pirata. Fue un cuentacuentos con demasiada pólvora. Un loco que vivió como quería y al final dejó el final abierto para que otros lo escriban.

—Y aún así todos quieren el oro.

—Claro. Pero tú y yo, colega… tú y yo queremos el cuento.


Volvimos a fumar. El aire estaba más espeso. O tal vez solo más lleno de cosas que no se decían.


—¿Y si nunca lo encontramos? Pregunté.

—Entonces que nos encuentren buscando. Contestó sin dudar.


El silencio volvió, pero era un silencio cómodo, como una pausa entre versos. Pin miraba las brasas del cigarro con ojos perdidos.


—¿Tú crees que hay destino? Preguntó de pronto.

—No lo sé.

—Yo creo que no. Pero sí creo que el mundo tiene hambre. Hambre de locos. De soñadores. De idiotas valientes que se suben a un barco y reman hacia donde todos están riendo. Eso es lo único que lo hace moverse.

—Y tú remas, ¿eh?

—Con los ojos cerrados y el culo mojado.


Reímos.

Me incliné hacia atrás y miré el cielo. Las estrellas ya no parecían esperar sabiduría. Solo nos miraban con respeto. Como a dos piezas pequeñas del gran puzzle que alguien aún no ha terminado.


—¿Sabes? Dije al final
—Cuando zarpe mañana, dejaré muchas cosas atrás.

—Lo sé.

—Pero no te dejaré a ti. Porque esto... Señalé entre los dos, la manta, el humo, las risas
—Va conmigo.


Pin asintió. Dio la última calada y dejó que el viento se llevara el resto.


—Entonces nos veremos en la historia, hermano. En algún capítulo. O en el epílogo.


Y nos quedamos allí, en silencio, mirando la noche.

Dos locos. Dos soñadores.

https://imgur.com/Eie313F

Dos fuegos que ardían en la misma dirección.




Este recuerdo viene de aquí:
https://nakamanomi.com/showthread.php?tid=1648&pid=15386#pid15386