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[FIC-Pasado] West Blue, El susurro del Mar - Versión para impresión

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[FIC-Pasado] West Blue, El susurro del Mar - RedSmoke Kelo - 21-04-2025

Día 60 de Verano, Año 15.
West Blue, 01:25.




El susurro del mar.




No había viento aquella noche, ni gaviotas. 
Solo el murmullo suave del mar, arrullando el bote como una cuna olvidada en mitad del mundo. Me senté en la borda con la espalda apoyada en el mástil, las piernas cruzadas, el cigarro humeando lentamente entre los dedos. El cielo se abría sobre mí como un manto de tinta salpicado de luz. Un mapa que no guiaba a ningún sitio… y a todos.

Había algo en esa calma que no era natural. 
No inquietante. No peligrosa. 
Simplemente… otra cosa. Algo más.

Miré mi reflejo en el agua: la llama de mi espalda temblaba tenue, como si hasta el fuego supiera que debía bajar la voz.

No podía dormir. No aquella noche.

Pensé en muchas cosas. En Pin, en Suiro… 

En mi hermana...

Recordé cómo me enseñaba a hilar hojas para hacer barquitos de papel. 
Cómo reía cuando el viento los lanzaba al cielo y desaparecían como si fueran libres de verdad. 
Y me pregunté si, donde estuviera, estaría viendo el mismo cielo que yo.
El nudo en la garganta no aflojó.
Así que hice lo único que sabía hacer para soltarlo…

Comencé a cantar.



En voz baja, como si no quisiera despertar al mar.

“Leave her Johnny, leave her…”
“Oh leave her Johnny, leave her…”
“For the voyage is long and the winds don’t blow…”
“And it’s time for us to leave her…”

Cada verso salió rasgado, quebrado por el salitre y el humo del cigarro.
Pero era mi voz.
Era mi forma de no olvidarla.
De decirle que seguía aquí.
Que no me había rendido.

Pensé en todo lo que no llegamos a vivir.
En los silencios que dejé sin llenar.
En todo lo que habría querido contarle sobre este mundo absurdo, sobre los amigos que encontré, sobre el fuego en mi espalda y las noches sin rumbo.

Y el mar, como si me escuchara, pareció calmarse aún más.

“Oh the winds blew hard and the seas ran high…”
“Leave her Johnny, leave her…”
“She shipped it green and none went by…”
“And it’s time for us to leave her…”

Canté esa última estrofa con los ojos cerrados.
No como una despedida.
Sino como una promesa de regreso.

Y luego no dije nada más.
Ni siquiera el mar.

Solo me quedé ahí, bajo las estrellas, con el fuego bailando suavemente en mi espalda…

...y el corazón latiendo como un tambor que va reconociendo el ritmo y se niega a dejar de sonar.



En algún momento, el bote cruzó una zona donde el agua comenzó a brillar. 
Primero pensé que era el reflejo de las estrellas. 
Pero no. Era luz propia.

Microorganismos invisibles al ojo, brillaban en mil tonos. Verde azulado, blanco puro, destellos que chispeaban al ritmo de las olas. 
Cada golpe del casco removía el agua como si dibujara constelaciones líquidas.

Y entonces lo vi.

Una ballena.

Emergió lenta, casi ceremoniosa, a apenas unos metros del bote. 
Enorme, silenciosa, cubierta por motas de luz como si el océano la hubiera bendecido con estrellas propias. 
Al exhalar por su espiráculo, una columna de agua ascendió al cielo… 
y estalló en una fuente iluminada. 
Como si el mismo mar hubiera querido mostrarme un secreto que no estaba destinado a ser contado. 
Me quedé sin palabras. Ni siquiera pensé en moverme. 
Solo lo observé.

El animal desapareció bajo las aguas con la misma calma con la que había llegado. No me miró. No me reconoció. No me temió. 


Apagué el cigarro con los dedos. 
No quería que el humo compitiera con aquel instante.

Y justo cuando creía que nada podía sorprenderme más… lo vi.

Sombras. 
Gigantescas.
En el horizonte. 
No de barcos. No de nubes. 
Sombras... con forma... humana?  
Tres, tal vez cuatro, apenas visibles por un segundo. No hacían ruido, no se movían como cosas del mar. 
Y luego, tan rápido como aparecieron, se desvanecieron en la niebla baja.

Fruncí el ceño. Me levanté y parpadeé.

Pero no había nada. 
Solo el mar. 
El mar... y el eco de algo que tal vez nunca estuvo ahí.

No intenté entenderlo. No esa noche.

Me tumbé boca arriba, con las manos tras la cabeza y la vista clavada en el cielo. 
Y me sentí tan pequeño… 
y al mismo tiempo, tan vivo.

Aquella fue la noche en que entendí que el mar no era solo agua. 
Era memoria. 
Era historia. 
Era promesa.

Y por eso seguí navegando.



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