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[Presente absoluto - Auto T1] ¿Extorsión? - Versión para impresión

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[Presente absoluto - Auto T1] ¿Extorsión? - Beto Matashita - 24-04-2025

Día 71 de Verano, Año 15

En Korossasu la vida siempre tiene un ritmo pausado. La luz del Sol bañaba de dorado los extensos bosques y costas, pero Beto solo podía contemplar el murmullo constante de las olas rompiendo contra las rocas mezclada con el canto de las aves y el lejano eco de los trabajadores en las canteras.

Beto luego de regresar a su isla ya se había integrado de nuevo en el tejido de la comunidad. El aire de una parte de la isla olía a pan recién horneado y a guiso de raíces, aromas que emanan de la cabaña de Beto en las afueras del Pueblo Yasu.

La tranquilidad de la isla se quebró con un grito ahogado a través de un megáfono desde la torre de vigilancia, una estructura improvisada de madera toscamente construida en el punto más alto del Pueblo Cobo.

— ¡Barcos de la Marina! ¡Se acercan barcos de la marina en el horizonte! —dijo con fuerte voz el joven vigía.

Los aldeanos detuvieron sus labores y alzaron sus vistas hacia el mar. Tres siluetas oscuras cada vez más grandes interrumpían la línea clara donde el cielo se entrecruzaba con el mar.

A medida que los barcos se acercaban, sus distintivos gallardetes con el símbolo de la marina ondeando al viento confirmaron su afiliación. Si bien la isla no tiene una afiliación directa con el Gobierno Mundial la presencia de la Marina siempre generaba cautela. Generalmente la marina solía pasar de largo, y se limitaban a patrullar las rutas marítimas, pero una visita siempre implicaba una interrupción, una potencial demanda de recursos o, peor aún, la imposición de su autoridad.

Beto, que se encontraba ayudando a descargar un cargamento de madera recién cortada desde el bosque, sabía que la llegada de la marina quizá no eran buenas noticias. Al pasar tiempo con los revolucionarios sabía que la marina generalmente era sinónimo de problemas.

Bajo las órdenes de un Gobierno Mundial hereje jugando a ser los dioses del mundo, cuando solo podía existir un solo Dios, y ese era el Dios de Beto.

— Dios, protege esta isla y a tus hijos, Amén —pensó Beto mientras su collar de cuentas rojas se deslizaba entre sus dedos para comenzar a ofrecer una plegaria por la seguridad de los aldeanos.

Los barcos de la Marina se anclaron en la bahía y marines uniformados se desplegaron con una eficiencia marcial, abordando botes más pequeños que se dirigían hacia la costa. Algunos hombres de Cobo se acercaron a la bahía en representación del alcalde.

El primer Bote en alcanzar la playa cargaba con un contramaestre de la marina, con su uniforme impecable y un rostro severo. Detrás de él, varios marines armados observaban con atención el pequeño grupo de aldeanos que los esperaban. El contramaestre se adelantó con paso firme.

— Soy el Contramaestre Ryker —anunció el marine con voz autoritaria—. Estamos aquí ya que necesitamos provisiones y para ello requerimos de su colaboración. Esta isla será una parada temporal para reabastecernos.

— Bienvenidos, Contramaestre. Estaremos encantados de ofrecerles lo que necesiten, dentro de nuestras posibilidades —respondio un aldeano de Pueblo Cobo de una manera visiblemente nerviosa pero que intentaba mantener la compostura.

Beto se acercó lentamente a la orilla. Su imponente figura eclipsó a los pequeños aldeanos y a los propios marines. El Contramaestre Ryker posó su mirada en el gigante con una ceja levantada por su sorpresa.

— ¿Y quién es este gigante? —preguntó el Contramaestre con su voz teñida de curiosidad y cautela.

Uno de los aldeanos se apresuró a explicar de quién se trataba.

— Este es Beto. Es... parte de nuestra comunidad. Nos ayuda con las tareas pesadas —respondió el aldeano.


Beto permaneció en silencio, escuchando con sus sensibles oídos cada palabra y atento a cada matiz en el tono de voz del oficial. Lo mejor era mantener a los marines sin contacto con el resto de revolucionarios que se encontraban en la isla.

El Contramaestre Ryker después de observar detenidamente a Beto, volvió a dirigir su atención al aldeano de Cobo.

— Necesitamos grandes cantidades de provisiones —dijo Ryker con tono firme—. Alimentos frescos, agua potable, madera para reparaciones menores. Esperamos una cooperación total.

Los aldeanos en la costa asintieron rápidamente, aunque su rostro reflejaba preocupación. Las reservas de la isla eran modestas, suficientes para su propia subsistencia y para el comercio habitual con las islas vecinas. Una demanda repentina y a gran escala por parte de la Marina podría agotar sus recursos rápidamente.

— Haremos todo lo posible para satisfacer sus necesidades. ¿Qué cantidades específicas requieren? —dijo el aldeano que habia tomado la iniciativa de actuar como interlocutor para luego llevarle el mensaje al alcalde.

El Contramaestre Ryker desplegó un pergamino y su mirada recorrió la lista.

— Necesitaremos al menos cincuenta barriles de agua dulce, dos toneladas de pescado fresco, una cantidad similar de frutas y verduras, y suficiente madera para reparar algunos tablones dañados en uno de nuestros barcos —respondió el contramaestre.

Un murmullo de sorpresa se hizo notable entre los aldeanos presentes. Esas cantidades representaban una parte significativa de sus reservas actuales.

Beto escuchando la conversación comprendió de inmediato la difícil situación de los aldeanos. Su corazón se encogió ante la idea de que la Marina pudiera agotar los recursos que tanto les costaba obtener. Su fe le impulsaba a actuar y a buscar una manera de aliviar la carga de los aldeanos.

Sin decir una palabra, Beto se giró y comenzó a caminar hacia los olores del bosque. Mientras los ojos del Contramaestre Ryker lo seguía con curiosidad.

— ¿A dónde va ese gigante? —preguntó el oficial frunciendo el ceño.

—Él suele encargarse de la cocina comunitaria —explicó el aldeano sin estar seguro de las intenciones de Beto—. Quizás esté buscando algo para ofrecerles.

Beto al llegar a la entrada del bosque utilizó las habilidades de su akuma no mi para hacer todo tipo de alimentos con materia prima del bosque.

No muchos minutos después, Beto regresó empujando un carro de madera de proporciones inusuales, cargado con una variedad de alimentos frescos que no formaban parte de las reservas habituales del pueblo. Había varias frutas y verduras de gran tamaño, carne, pescado y varios recipientes llenos de miel.

— Esto es lo que puedo ofrecerles— dice con su voz grave pero amable deteniéndose frente al contramaestre Ryker—. Esta es la generosidad de nuestra isla y de nuestro Dios.

El contramaestre Ryker observó toda la variedad de alimentos con una gran sorpresa. Era imposible que hubieran recolectado todo en tan poco tiempo. ¿Acaso tenían tantas reservas?

— Esta miel parece de una calidad excepcional contramaestre —comentó uno de los marines acercándose para inspeccionar el recipiente.

Ryker meditó por un momento con su mirada fija en Beto. La ofrenda del gigante fue inesperada y en cierta medida superó toda expectativa.

— Agradecemos tu oferta —dijo finalmente el contramaestre con un tono ligeramente más suave—. Evaluaremos si estas provisiones son adecuadas para nuestras necesidades.

— Con el favor de Dios será más que suficiente —respondió Beto.

El Constramestre Ryker, tras inspeccionar cuidadosamente las provisiones ofrecidas por Beto, llegó a una decisión. La frescura de las frutas y verduras, la calidad de la miel y la frescura y jugosidad de la carne de res y de pescado era innegable. Cubrían sus necesidades e incluso las superaban.

— Aceptaremos su todo —anuncia el contramaestre a los aldeanos de Cobo—. A cambio, les proporcionaremos algunos suministros médicos y herramientas que puedan ser de utilidad para su comunidad.

Un suspiro de alivio recorrió a los aldeanos. El intercambio propuesto por el contramaestre Ryker parecía justo, evitando el agotamiento de sus reservas esenciales e incluso representado una ganancia para el pueblo.

— Agradecemos su generosidad, Dios se lo recompensará —respondió Beto—. Amén.

Durante las siguientes horas los fuertes brazos de Beto levantaban barriles de agua y cajas de frutas con facilidad, ayudado por otros aldeanos que trabajaban diligentemente. Los marines, inicialmente cautelosos ante la presencia del gigante, observaban con respeto y asombro su fuerza y su disposición para ayudar.

El contramaestre Ryker, mientras supervisaba la carga, se acercó a Beto.

— Eres un gigante peculiar —comentó el contramaestre con su voz desprovista de la severidad inicial—. Tu devoción por tu comunidad es evidente.

— Este es mi hogar. El lugar en el que Dios me dio la dicha de crecer —respondió Beto—. Y esta gente... es mi familia. Haré cualquier cosa por ellos.

El contramaestre Ryker asintió con una fugaz señal de algo parecido al respeto cruzando su rostro.

Una vez que los barcos de la Marina fueron reabastecidos, los marines se despidieron de los aldeanos del Pueblo Cobo.

— Gracias por su cooperación —dijo el contramaestre—. Esperamos que este intercambio haya sido beneficioso para ustedes así como lo será para nosotros.

Los barcos de la Marina levantaron anclas lentamente mientras sus velas se hinchaban con la brisa del mar. Los aldeanos observaban en silencio cómo las siluetas de los barcos se alejaban gradualmente en el horizonte.

La inesperada visita de la Marina había terminado sin mayores contratiempos, gracias en gran parte a la silenciosa generosidad de Beto.

Beto se quedó en la playa con su collar de cuentas rojas entre sus dedos, ofreciendo una plegaria de agradecimiento por la protección de Dios hacia la isla y el pueblo.



RE: [Presente absoluto - Auto T1] ¿Extorsión? - Sentomaru - 25-04-2025

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