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[Presente Relativo] Quitando un peso de encima - Fuguwu - 05-05-2025 Día 5 de Invierno, Año 14.
Archipiélago Sabaody, Cuartel de la Marina.
09:00 horas
Habían pasado varios días desde aquel entrenamiento que tuve con la Contraalmirante, Shiroka Murasaki, donde había llevado al siguiente nivel mi Haki de Armadura el cual seguía entrenando diariamente siguiendo las instrucciones de la Contraalmirante. Seguía sin relacionarme (más haya de algún cordial saludo) con los miembros de la división 17: Joe, Karl, Ryze, James y Apolo, tras nuestra poco convencional llegada al archipiélago Sabaody y posterior arribo al cuartel de la marina en el manglar 70, por lo que solo podía enfocarme en una cosa, entrenar. Las primeras luces de la mañana me sacaron de mi ensimismamiento y pegando un salto de la cama me puse el uniforme y dispuse a iniciar el entrenamiento de este día. Partí sin dar muchas más explicaciones, con un breve “buenos días” a mis compañeros de habitación, James y Apolo, y me dirigí al patio de entrenamiento. Empecé con lo básico, el calentamiento. Este era exactamente el mismo que nos había hecho seguir la comodoro Karl aquel día que nos entrenó en el Haki de Armamento (o como ella lo llama, el Waki) en aquel intento de complejo polideportivo enterrado en la isla Chika. La verdad no sabía si esto influía o no en el dominio del Haki, pero así era como la comodoro Karl había tenido a bien enseñarnos y era mi único punto de partida para mejorar mi técnica. La siguiente parte del entrenamiento que ponía en marcha venia de la mano de la guía de la Contraalmirante Shiroka. Su entrenamiento consistía en imbuir diferentes partes de mi cuerpo en el Haki de Armamento, concentrando toda mi energía alrededor de dicha zona que buscaba cubrir la cual se veía envuelta en un color negro otorgándole una apariencia algo metálica, como si en lugar de carne y hueso tuviera un puño, un antebrazo, una espinilla, o una espalda de metal sólido. De igual forma, practicaba arduamente con mi Haki de Observación para mejorar su dominio, pero de momento sentía que mis esfuerzos caían en saco roto. A pesar de que algo en mi me decía que debería ser ya capaz de llevarlo al siguiente nivel, simplemente no encontraba la forma de hacerlo, por lo que decidí acudir a mi instructora de ojos azules claros como el agua y cabello largo de un magenta intenso. Le encontré en el patio de entrenamiento. Se encontraba dirigiendo el entrenamiento de varios de los soldados y algunos capitanes que eran parte del regimiento que se había formado en el cuartel de la marina del archipiélago con nuestra llegada. Al igual que en nuestro primer encuentro, de sus orejas colgaban unos aretes enormes de forma geométrica y un brazalete en el brazo derecho. Vestía un atuendo que poco tenía que ver con el uniforme estándar de soldado de la marina, con una bata que le llegaba hasta las rodillas la cual tenía abierta a la altura del pecho, una falda negra, zapatos de tacón de igual color y unas mallas grises. El atuendo lo cerraba un tipo de adorno que colgaba desde su cuello y bajaba por sus clavículas por el centro de su pecho sin poder describir donde terminaba. “Contramaestre Fuguwu, ¿qué te trae por acá?.” – me dijo alzando la voz, pero sin voltearme a ver, siguiendo enfocada en el entrenamiento que estaba liderando. Realizando el saludo típico de la marina juntando fuertemente las piernas, llevando el brazo izquierdo atrás de mi espalda y el brazo derecho formando un ángulo de 45 grados llevando la mano derecha a la frente, le salude sin esperar un saludo igual por respuesta. “Contraalmirante Shiroka, he estado buscándole por todo el cuartel.” – conteste relajando el saludo y cerrando la distancia que nos separaba quedando a su costado derecho. “Bueno, pues aquí me tienes. Habla, dime, ¿qué necesitas? no le des muchas vueltas al asunto, me gusta la gente que es directa y no me hace perder el tiempo.” – prosiguió a contestarme. “Contraalmirante Shiroka, llevo varios días continuando con el entrenamiento del Haki de Armamento el cual combino con lo que conozco del Haki de Observación” – conteste, intentando ir al grano lo más rápido posible – “pero siento que me encuentro atascado, a pesar de que algo en mi me dice que estoy listo para llevar el Haki de Observación al siguiente nivel.” “Ojojo…” – dijo la contraalmirante volteándome a ver por primera vez – “…así que eso crees, ¿eh? Bien, es bueno conocerse y mejor aún no tener falsa modestia. Premiare tu determinación confirmándote que no estas equivocado, ya estas listo para el siguiente paso en tu dominio del Haki de Observación.” “Entonces, ¿Qué debo hacer para dar ese siguiente paso, maestra?” – dije con alegría en la voz y determinación en mi interior, mientras acentuaba con claridad la palabra ‘maestra’ lo cual hizo que Shiroka levantara la ceja derecha indicándome que aceptaba aquel termino. “Ven, vayamos a una zona más tranquila, va a ser falta silencio para poder meditar.” – me dijo de forma calmada, para luego gritar de forma abrupta a quienes se encontraban siguiendo su entrenamiento – “MIL VUELTAS, MIL SENTADILLAS, MIL LAGARTIJAS Y MIL ABDOMINALES A LA VOZ DE ¡YA!” – para, seguidamente, decirme – “eso los mantendrá ocupados el tiempo suficiente.” Sonreí recordando viejos tiempos de arduos entrenamientos en los blues y avance junto con la Contraalmirante hacia una de las habitaciones más cercanas que se encontraban cerca del patio de entrenamiento. La Contraalmirante me invitó a sentarme en el piso – lo cual hice doblando las piernas y envolviéndolas entre sí mismas – mientras ella se ponía al frente mío. A continuación, me pidió que activara mi Haki de Observación (cosa que hice sin rechistar) y ella activo su Haki de Observación igualmente. Mirándome fijamente a los ojos, escrutándome con la mirada, hablo con un tono de voz algo misterioso – “Interesante, sí. Muy interesante, Fuguwu.” “Lo siento Contraalmirante, ¿qué es muy interesante?” – imaginaba que no se refería a mis ojos amarillos o a las púas que crecían por debajo de mi barbilla. “Como ya te había comentado, claramente estas preparado para llevar el Haki de Observación al siguiente, tu dominio sobre el Haki en general me lo hace así saber. Sin embargo, hay algo mas por lo que no has podido dar el siguiente paso. Algo ligado a tu mas profundo temor. Dime, Fuguwu, ¿cuál ha sido la peor experiencia que has tenido en tu vida?” – me dijo, sin dejar de verme a los ojos con una mirada fuerte y penetrante. “Lo tengo bastante claro, se lo he contado a todos mis maestros del Gyojin Karate, la ves que perdí a mi hermano Fugowo. Es un suceso que de solo intentar hacer memoria me atormenta.” – le dije con honestidad. “Ya veo, pero necesito mucho mas detalle Fuguwu. Verás, aquello que te detiene a mejorar, a dar el siguiente paso en el dominio del Haki de Observación, está ligado a este suceso el cual al parecer has bloqueado por completo en tu interior, bloqueando de igual forma tu habilidad para dominar el Haki de Observación.” – dijo la Contraalmirante. “Maldita sea.” – dije, maldiciendo por primera vez frente a un superior, sin poder evitarlo – “Perdóneme, maestra. No es una memoria que me haga particular ilusión recordar, mucho menos compartir. Pero confío en usted, si es lo que es necesario, le contare mi historia. Le ruego me tenga paciencia, pues es algo larga y necesito empezar desde el inicio para poder contarla por completo.” “No hay problema, Fuguwu, cuando estes listo, soy toda oídos.” – dijo tomando una postura relajada frente a mí, dándome tiempo para acumular el valor para recordar aquel suceso que cambio (y destruyo) mi vida. “El dia antes de la tragedia hacia el sol matutino se filtraba a través de las aguas cristalinas que rodeaban la Isla Gyojin, creando danzantes patrones de luz sobre los coloridos arrecifes.” – empecé mi relato – “Era uno de esos días perfectos que quedaban grabados en la memoria; el tipo de día que, en días como hoy, recuerdo con una mezcla de nostalgia y dolor punzante.” Flashback, parte 1. "¡Apresúrate, Fugowo! ¡Nos dejarán atrás!" grite a mi hermano mayor, quien se había detenido para observar fascinado a una medusa de colores brillantes que flotaba perezosamente cerca del camino de coral. Aun lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer, ese día vestía un chaleco sin mangas de color azul marino con bordes amarillos, dejando al descubierto mis branquias laterales para facilitar la respiración, pantalones holgados estilo pescador que me llegaban justo por debajo de las rodillas, de color beige con pequeños patrones de ondas azules en los laterales, un cinturón de cuerda trenzada de algas resistentes con un pequeño colgante en forma de pez globo, regalo de mi madre en mi cumpleaños número 15. En mi muñeca izquierda llevaba una pulsera de conchas pulidas que había hecho junto con Fugowo, e iba descalzo, como la mayoría de los gyojin, para sentir mejor las corrientes del agua. Fugowo, mi hermano mayor, con sus dieciséis años y una curiosidad insaciable, siempre se distraía con las maravillas del océano. Su piel amarillenta con manchas características de los gyojin pez globo reflejaba la luz del sol mientras se giraba hacia mí con una sonrisa despreocupada. Ese día el vestía un chaleco sin mangas de color celeste claro con bordes en patrón de zigzag de color naranja, shorts cortos de color amarillo con bolsillos amplios donde siempre guardaba pequeños tesoros encontrados (conchas, piedras brillantes, trozos de coral), un pañuelo azul claro atado al cuello que flotaba graciosamente mientras nadaba, una pequeña bolsa de tela cruzada sobre el pecho donde guardaba herramientas para recolectar hierbas y especímenes marinos, imitando a nuestra madre, y un anillo de coral pulido en el dedo índice derecho, regalo de nuestro padre por su decimocuarto cumpleaños. "¡Mira estos colores, hermano! Seguro que a mamá le encantaría usar estos tonos en sus tinturas medicinales," me dijo Fugowo, estirando su mano hacia la criatura marina sin llegar a tocarla. Yo, con aire bastante pedante el cual culpo a mi joven edad, nade de regreso hacia mi hermano. A pesar de mi impaciencia, no pudo evitar sonreír ante el entusiasmo de Fugowo. "Si tanto te gusta, podemos volver otro día para recolectar algunas. Pero ahora debemos alcanzar a nuestros padres antes de que se preocupen," dije, colocando una mano sobre el hombro de mi hermano. Adelante, Ryuwu y Nerina, nuestros padres, avanzaban a ritmo tranquilo por el sendero subacuático que conducía hacia nuestro destino, unos jardines de coral que se extendían en espiral de forma hermosa y cautivadora, una zona relativamente apartada del bullicio central de la Isla Gyojin. Era un lugar especial para la familia, un refugio de paz donde habíamos pasado incontables días de descanso a lo largo de los años. Ryuwu, mi padre, era un gyojin pez globo de imponente presencia, ese día cargaba una canasta tejida con algas marinas donde llevaban la comida para el día. Su piel, de un tono amarillo más oscuro que la de Fugowo y la mía, mostraba las cicatrices de una vida dedicada a la pesca y la protección de nuestra comunidad. A su lado, Nerina, nuestra madre, nadaba con gracia, sosteniendo en sus manos una pequeña bolsa de conchas donde guardaba sus herramientas de recolección de hierbas medicinales. "¿Crees que los niños estarán bien solos por un momento?" preguntó mi madre a mi padre, mirando hacia atrás por encima de su hombro. "Sabes cómo es Fugowo cuando encuentra algo que llama su atención." Aquel día mi madre traía puesto un hermoso kimono femenino de color turquesa con estampados de flores marinas en tonos púrpura y rosa, el cual llevaba en conjunto con un obi de color lavanda recogido con un broche de concha nácar, el kimono era claramente de mangas amplias (donde guardaba pequeños frascos con medicinas y hierbas), además, portaba una especie de delantal de tela resistente que usaba encima cuando recolectaba hierbas medicinales. El cabello lo traía recogido en un moño elaborado con horquillas hechas de coral y perlas, y también lucía un brazalete de perlas en su brazo izquierdo, regalo de boda de nuestro padre. Nuestro padre rio con calidez, un sonido profundo que parecía hacer vibrar el agua a su alrededor. "Fuguwu está con él. Ese muchacho tiene la cabeza bien puesta sobre los hombros, cuidará de su hermano," respondió con aquel orgullo paternal que le caracterizaba. "Además, este es un día para disfrutar en familia. Los ejercicios de responsabilidad pueden esperar hasta mañana." En conjunto con su esposa, nuestro padre llevaba un kimono tradicional gyojin de color azul profundo con patrones de olas blancas en los bordes, abierto parcialmente en el pecho mostrando un torso musculoso con algunas cicatrices antiguas. Un haramaki verde oscuro alrededor de la cintura donde solía guardar pequeñas herramientas de pesca completaba el conjunto. Además, portaba pantalones amplios recogidos a media pantorrilla con vendas tradicionales. En su antebrazo derecho llevaba un tatuaje tribal que representaba la historia de nuestro linaje de pez globo. En el cuello lucía un collar de dientes de monstruos marinos que había vencido durante su juventud, o al menos eso nos había contado. Y, por último, en ocasiones como esta, añadía a su vestimenta una chaqueta ligera de color gris con el símbolo de nuestra familia – un círculo que representa un pez globo visto de frente, con patrones geométricos de espinas estilizadas irradiando hacia afuera (simbolizando protección); en el centro del círculo, dos ondas entrelazadas que representan la unión familiar y la armonía con el océano. – bordado en la espalda. Madre le devolvió una sonrisa, sus ojos brillando con el amor que sentía por su familia. Ella había sido una sanadora respetada en nuestra comunidad antes de dedicarse principalmente a nuestra crianza, aunque seguía preparando remedios para vecinos y amigos. Su brazo derecho, fuerte y hábil, era conocido por su destreza al mezclar ingredientes y aplicar vendajes. "Tienes razón, cariño. Es solo que últimamente he estado preocupada por como aumenta el flujo de desconocidos que pasa por la isla, hace poco he escuchado rumores sobre piratas merodeando cerca de nuestras aguas," comentó, bajando la voz instintivamente, aunque estábamos demasiado lejos para escuchar sus preocupaciones. Mi padre apretó suavemente su mano libre contra la de ella. "La Guardia Real patrulla estas zonas regularmente. Estamos seguros aquí," aseguró con convicción. "Y si algún pirata osara amenazar a nuestra familia, conocería de primera mano por qué los gyojin somos temidos y respetados en los mares." Mi madre asintió, dejando que la confianza de su esposo calmara sus preocupaciones. Pronto les alcanzamos, Fugowo todavía parloteando sobre la medusa y sus posibles usos medicinales, mientras yo lo escuchaba con paciencia fraternal. Los jardines – de nombre oficial Jardines de Coral Espiral pues era justo lo que representaban – eran una maravilla natural incluso para los estándares de la Isla Gyojin. Enormes formaciones de coral se elevaban en perfectas espirales hacia la superficie, creando un laberinto de pasajes y cámaras naturales. Peces de todos los colores imaginables nadaban entre las formaciones, y la luz que se filtraba desde arriba creaba un espectáculo de sombras y reflejos que parecía salido de un sueño. Habíamos encontrado nuestro lugar favorito: una pequeña cámara natural formada por tres espirales de coral que convergían creando un espacio íntimo y protegido. El suelo estaba cubierto de arena blanca y fina, perfecta para descansar. "¡El último en llegar es una babosa de mar a punto de estirar la cola!" gritó Fugowo, acelerando repentinamente hacia el lugar. Yo no pudo resistir el desafío y nade tras él, ambos riendo mientras dejábamos atrás a nuestros padres, que intercambiaron miradas divertidas. "Algunos días me pregunto si realmente están creciendo o si seguirán siendo niños por siempre," comentó mi padre con una sonrisa. "Espero que conserven esa alegría por muchos años más por venir," respondió mi madre. "Ya tendrán tiempo de sobra para ser adultos serios." Al llegar al lugar, mi padre extendió una manta tejida por su esposa sobre la arena mientras que mi madre comenzaba a sacar los alimentos de la canasta: algas marinas fermentadas, moluscos ahumados, y los onigiris de arroz rellenos que tanto nos gustaban. "Fugowo, ayúdame a servir la comida," pidió mi madre a mi hermano, para luego dirigirse a mí. "Fuguwu, ¿podrías acompañar a tu padre a buscar algunas frutas marinas frescas? Vi algunas madurando cerca de la entrada del jardín." Dando el ejemplo de formar parte de una familia ejemplar, ambos obedecimos sin rechistar, Fugowo uniéndose a nuestra madre con entusiasmo mientras yo seguía a mi padre quien ya empezaba a avanzar en búsqueda de aquellas frutas. Estas pequeñas tradiciones familiares eran sagradas; momentos para compartir conocimientos, fortalecer lazos y crear recuerdos. Mientras recolectábamos las frutas marinas, de brillantes colores púrpura y naranja, mi padre se dirigió a mí, entusiasmado. "Pronto cumplirás dieciséis años Fuguwu," comenzó, seleccionando cuidadosamente una fruta especialmente madura. "He estado pensando en comenzar a enseñarte más sobre el Gyojin Karate. Tienes potencial, hijo." Ese momento fue uno de los que más orgullo sentí en mi joven vida, haciendo que mi pecho se hinchara de tal orgullo. El Gyojin Karate era un arte marcial respetado y poderoso, y que mi padre considerara que estaba listo para un entrenamiento más serio significaba mucho. Mi hermano mayor, Fugowo, nunca se había interesado en realidad por dicho arte marcial, en realidad la cabeza de Fugowo era un misterio y entender lo que pensaba el mayor de ellos. Yo, en cambio, siempre me había visto atraído por el mismo arte que entrenaba mi padre, al igual que la medicina que desempeñaba mi madre, esto a veces me hacía sentirme mal por Fugowo pues pensaba que lo dejaba en evidencia, pero mi hermano mayor era ajeno a dichos pensamientos y me confirmaba que no le importaba en realidad, que ya el encontraría su propio camino, a su debido momento, haciendo muestra de una madurez que no llegue a comprender hasta más entrado en años. "Me esforzaré por ser digno de tus enseñanzas, padre, en el futuro me gustaría formar parte de la Guardia Real ya sea como médico o como protector" respondí con seriedad y añoranza. Mi padre sonrió, colocando una mano sobre mi hombro. "No se trata de ser digno, Fuguwu. Se trata de estar preparado para proteger lo que amas. Un día, podrías necesitar defender a tu hermano, a tu madre, o a tu propia familia. O más difícil aun, algún día podrías tener que defender a aquellos que te hicieron daño." Asentí solemnemente, sin entender en absoluto la última parte de lo que había dicho su padre, y sin imaginar cuán pronto pondría a prueba esas palabras. De vuelta en nuestro rincón privado, disfrutábamos de la comida entre risas y conversaciones. Fugowo contaba con entusiasmo sus planes de convertirse en un gran explorador que conociera todos los mares, todas las islas habidas y por haber, y a todas las especies y razas del mundo, mientras yo escuchaba atentamente las historias de mi padre sobre sus días como pescador y defensor de su comunidad. "¿Es cierto que una vez enfrentaste a tres tiburones ballena tú solo, papá?" preguntó Fugowo con ojos brillantes. "Tu padre tiende a exagerar sus hazañas," intervino nuestra madre con una sonrisa pícara. "Fueron dos tiburones ballena, y yo estaba allí para sacarlos de apuros cuando se metió en problemas." "¡Menuda ayuda!" protestó mi padre, en broma. "Si mal no recuerdo, estabas demasiado ocupada gritándome por mi imprudencia, Uuuuu wuwuwu wuwuwu wuwuwu." rio mientras nos miraba a mí y a mi hermano. “Gowowo wowowo wowo” – rio Fugowo. “Guwuwu wuwu wu” – reí, por última vez en la vida. Mi madre no rio, pero sonrió sin que le viera nuestro padre. Mientras Fugowo seguía estallando en carcajadas, observe con calidez cómo mi padre tomaba la mano de su madre, sus ojos llenos de amor después de tantos años juntos. Mi madre, aunque genuinamente ofendida por el comentario, lo dejaba pasar por alto porque sabía que su esposo lo decía de broma y sin ánimos de lastimarle. Así era nuestra familia: unida, amorosa, fuerte. Perfecta, a su manera. Después de comer, Fugowo convenció a todos para explorar una nueva sección de los jardines que, según el, había descubierto en su última visita. "¡Hay un pasaje secreto entre dos espirales que lleva a una cámara donde crecen anémonas luminiscentes!" explicó entusiasmado. “¿No serán unas anemonas anónimas?” preguntó nuestro padre con su pésimo sentido del humor al que todos ya estábamos acostumbrados. Nadie le contesto el chiste, pero yo voltee a ver a mi madre con cara boba y ella me devolvió el gesto con una sonrisa que valía más que mil palabras. La tarde transcurrió sin mayores eventualidades. Cuando el sol comenzó a descender, tiñendo las aguas de tonos dorados y rojizos, mi familia recogió sus pertenencias para emprender el regreso a casa. "Ha sido un día perfecto," comentó mi madre mientras guardaba los últimos recipientes en la canasta. "Deberíamos hacer esto más a menudo," añadió mi padre, estirando sus músculos tras un día de relajación. Yo ayudaba a mi hermano mayor a recoger algunas conchas particularmente bonitas que había encontrado cuando note un cambio sutil en la corriente. Era casi imperceptible, pero años de nadar en esas aguas me habían enseñado a reconocer cuando algo no estaba del todo bien. "¿Padre?" llame, mirando hacia la superficie lejana con un inexplicable sentimiento de inquietud. Obviamente mi padre también lo había notado. Su expresión se tornó seria mientras escaneaba las aguas a su alrededor. "Debemos volver a casa," dijo sin miramientos, con voz firme. "Ahora. No importa si dejan algo atrás, vámonos ya." Mi madre captó la tensión en su voz y rápidamente hizo un gesto a mi hermano y a mí para que nos acercáramos a ella. "Manténganse juntos," instruyó con calma, pero pude detectar la preocupación en sus ojos. Los pensamientos de ella volvían a aquellos rumores sobre piratas que se paseaban a sus anchas por los alrededores de la Isla Gyojin. Mientras apresurábamos el regreso a casa, nadando más rápido de lo que habían venido, sentí un escalofrío recorrer mi espina dorsal. Algo no estaba bien. La paz del día parecía ahora un recuerdo lejano, reemplazada por una creciente sensación de peligro que hacía que su corazón latiera con fuerza. No sabía entonces que ese sería el último momento de felicidad que nuestra familia experimentaría. Que, al día siguiente, todo cambiaría para siempre cuando los piratas que navegaban bajo el nombre de Supremacía Humana destrozarían mi mundo de manera irreparable. Pero en ese momento, mientras nadábamos hacia casa en el atardecer, yo solo sabía que debía mantenerse cerca de su hermano menor, cumpliendo la promesa no hablada que había hecho siempre: proteger a Fugowo a toda costa. Una promesa que, en menos de veinticuatro horas, sería puesta a prueba de la manera más cruel imaginable. Sin darme cuenta había bajado la cabeza y me había quedado mirando fijamente al suelo mientras contaba aquella parte del relato, una sola lágrima recorrió mi mejilla derecha al terminar aquella primera parte pues el recuerdo de aquel ultimo de día felicidad era tan bonito como doloroso. Levante la cabeza para encontrarme frente a frente con la mirada de la Contraalmirante quien no menguo palabra alguna. Sin embargo, sabia que lo hacía por empatía y me daba el tiempo necesario para continuar con el relato. Aspirando ampliamente y suspirando sonoramente retomé la compostura y seguí narrando aquella historia de mi vida. Flashback, parte 2. Los piratas llegaron al anochecer, cuando la mayoría de los habitantes de la zona descansaban. El grupo pirata Supremacía Humana, todos ellos humanos, conocidos por su infame modus operandi de raptar a aquellos seres a quienes pudieran vender en el mercado negro, había puesto sus ojos en la pequeña comunidad de gyojin pez globo, una especie particularmente cotizada recientemente por su rareza y apariencia exótica, a la que mi familia pertenecía, además de los múltiples usos científicos que podrían extraer del veneno que esta raza solía producir de forma natural. Mi hermano y yo habíamos estado explorando un arrecife cercano, buscando algas medicinales que nuestra madre, Nerina, necesitaba para sus remedios. La alegría a nuestro regreso se transformó en horror cuando vimos columnas de burbujas ascendiendo violentamente desde la dirección de nuestro hogar. "¡Quédate aquí!", ordené a mi hermano mayor mientras nadaba a toda velocidad hacia su casa. Pero Fugowo, siempre leal y valiente a pesar de generalmente tener la mente en otros mares, no obedeció. Me siguió de cerca, desconociendo el infierno que les esperaba. La puerta de coral de nuestro hogar había sido destrozada. Dentro, Ryuwu, nuestro padre, luchaba ferozmente contra tres piratas equipados con trajes especiales para respirar bajo el agua. A pesar de ser un gyojin corpulento y experimentado en combate, la sorpresa del ataque lo había puesto en desventaja. "¡Padre!" grite, precipitándome al interior sin pensar. En ese momento vi a mi madre. Ella estaba acorralada contra la pared por dos piratas más. Uno la sujetaba con una red especial mientras el otro apuntaba un arpón hacia ella. El miedo en los ojos de mi madre era algo que jamás había visto. Aquellos piratas portaban trajes submarinos similares entre ellos, algo básicos, de color gris oscuro con la jolly roger de aquella banda pirata (un cráneo humano visto de frente, con los ojos representados por puntos rojos brillantes. A través del cráneo, cruzando diagonalmente de arriba a abajo, un arpón metálico con púas sangrantes. El cráneo está flanqueado por ganchos de carnicero, y el fondo es negro con bordes irregulares teñidos de rojo, como si la bandera hubiera sido sumergida en sangre.) estampado tanto en los hombros como en la espalda del traje. Todos iban armados con diferentes armas, algunos con arpones mecánicos conectados a sus antebrazos, otros con redes especiales tratadas químicamente para debilitar a criaturas marinas, todos llevaban pistolas modificadas para disparar bajo el agua, salvo uno, particularmente grande, con una maza de acero con picos. Lucían además unas máscaras respiratorias completas con lentes amarillos que les daban una apariencia inhumana y amenazante, con cinturones utilitarios con ganchos, cuchillos y pequeñas bolsas para guardar las cosas que robaban de las casas que forzaban. Algunos llevaban trofeos macabros de anteriores capturas: escamas, dientes o aletas de criaturas marinas, sirenas, y gyojines. "¡Huyan, hijos míos!" gritó nuestra madre al vernos entrar. Pero fue demasiado tarde. Un sexto pirata, que había permanecido oculto en las sombras del hogar, surgió detrás de nosotros. Era un hombre monstruoso, con una cicatriz que deformaba su rostro recorriéndolo en diagonal desde la mejilla izquierda hasta la punta superior derecha de la frente, convirtiendo su cara en una grotesca máscara de odio. En su mano brillaba una enorme espada negra la cual era capaz de cortar incluso la dura piel de los gyojin. Al igual que los otros piratas, portaba un traje submarino negro de alta tecnología con refuerzos metálicos en hombros y rodillas, usaba un casco transparente modificado para permitir visibilidad total, conectado a un tanque de oxígeno en la espalda. En el traje traía múltiples cuchillos de mar en fundas especiales adheridas a un arnés cruzado sobre su pecho, además de guantes tácticos con nudillos reforzados con kairoseki para enfrentar a usuarios de frutas del diablo y defenderse gracias a la solidez de este material. En la espalda llevaba un largo arpón afilado capaz de atravesar un tiburón. Se le podía ver un parche metálico cubriendo parte de su mandíbula, resultado de algún combate anterior. Su atuendo lo terminaba un par de botas pesadas con puntas metálicas y propulsores pequeños para moverse más rápidamente bajo el agua. "Miren qué tenemos aquí," su voz rasposa resonó amplificada por el respirador de su traje. "Dos ejemplares jóvenes. Justo lo que necesitábamos. Pagarán bien por ellos en Sabaody." Yo intenté proteger a mi hermano, colocándome delante de él. A pesar de mi juventud, había comenzado a aprender Gyojin Karate por mi cuenta imitando los entrenamientos de mi padre, aunque apenas dominaba los movimientos básicos, pero la adrenalina de la situación me había llevado a moverme y la lealtad y el amor hacia mi familia me había llevado a cubrir a mi hermano quien seguía paralizado por el shock de lo que estaba viviendo. "¡No tocarás a mi hermano, pirata asqueroso!" grite, inflando ligeramente mi cuerpo como mecanismo de defensa natural de mi raza – algo con lo que muchos gyojin contaban según sus atributos raciales – mostrando los colmillos afilados de mi boca y manteniendo los puños en alto dejando ver como salía aquel veneno morado de las púas que asomaban de mis nudillos, chorreando por mis muñecas y luego antebrazos hasta caer goteando al suelo. El pirata de la cicatriz simplemente rio, gesto que deformo aún más su dañado rostro generando en mí una sensación de peligro y terror todavía peor que cuando lo vio por primera vez. Con un movimiento rápido que no pudo anticipar, el hombre me golpeó en el estómago con tal fuerza que expulsó toda el agua de mis branquias haciéndome caer de rodillas y logrando que devolviera el estómago. Mientras me doblaba de dolor en el piso, el pirata agarró a Fugowo del cuello quien estaba completamente paralizado y no opuso resistencia alguna. "¡Suelta a mi hijo, maldito bastardo!" El rugido de nuestro padre resonó por toda la estancia mientras, con un poderoso movimiento, derribaba a uno de sus atacantes y nadaba hacia el captor de su hijo menor con toda la clara intención de hacer pedazos a aquel pirata esclavista. Estaba a punto de usar una de las técnicas del gyojin karate más poderosas que existían, el Senmaiwara Seiken, capaz de destruir hasta mil tejas de un solo impacto. Lo que siguió quedó grabado a fuego en mi memoria. El pirata de la cicatriz, sin soltar a Fugowo que se retorcía desesperadamente, giro sobre su propio eje con el brazo con el que mantenía a Fugowo agarrado por el cuello extendido usándolo de escudo, interponiendo el cuerpo del gyojin contra el ataque de nuestro padre. Nuestro padre, quien ya estaba a centímetros del pirata, no pudo detener su ataque mismo que impactó de lleno en todo el pecho de mi hermano menor. Con un claro y estruendoso “crack” que todos los presentes en la habitación escuchamos, los huesos de la caja torácica de Fugowo quedaron hechos añicos y mi hermano cayó inconsciente en el acto. Mi padre se detuvo en seco, con el agua tiñéndose de rojo alrededor de ellos emanando de la boca de su hijo quien yacía inconsciente. Sin soltarlo del cuello, el pirata aprovecho el momento de shock en el que se encontraba su contrincante para, con un rápido movimiento de su brazo izquierdo, agarrar el arpón que colgaba de su espalda y clavarlo en el estómago de mi padre. "¡Padre!" grite, sin entender lo que estaba pasando. Aprovechando la distracción, los otros piratas redoblaron su ataque. Uno de ellos lanzó una red sobre mi padre, mientras otro le asestaba un brutal golpe en la cabeza con una maza de acero, no sin antes ser perforado múltiples veces por el arpón del jefe pirata en cada una de sus extremidades, cerciorándose de esta forma de dejarlo incapacitado. Mi padre se desplomó, semiconsciente, mientras su sangre formaba una nube cada vez más densa en el agua. Mi madre, al ver a su esposo caído y a su hijo mayor capturado e inconsciente, reunió fuerzas que no sabía que tenía. Con un movimiento desesperado, se liberó momentáneamente de sus captores, quienes reían por lo ocurrido y festejaban la victoria de su capitán sobre mi padre, y nadó hacia el pirata que sujetaba a Fugowo. "¡Madre, no!" grite, intentando recuperarme del golpe para ayudarla. El instante quedó congelado en mi memoria como una pintura macabra. El pirata de la cicatriz, sin inmutarse ante el ataque de mi madre, blandió el cuchillo de mar en un arco perfecto. El filo brilló siniestramente antes de impactar contra el cuerpo de mi madre. El grito de ella perforó de la forma más atroz mi alma y corazón. El cuchillo había cercenado su brazo derecho desde el codo, dejando una herida limpia y terrible que inmediatamente comenzó a derramar sangre en abundancia. "¡NOOOO!" grite, en un alarido desgarrador mientras veía a mi madre hundirse lentamente, sujetando el muñón sangrante con su mano restante. Finalmente logre moverme. La rabia y el horror alimentaron mis músculos mientras me lanzaba contra el pirata que sostenía a mi hermano. Pero era un adolescente inexperto contra un asesino veterano. El pirata esquivó mi ataque y, con un movimiento fluido, me propinó un golpe seco en la nuca con la parte roma del arpón el cual me dejo incapacitado en el acto. El impacto había sido tal en mi joven y poco preparado cuerpo que había entumecido mi cuerpo por completo y me había dejado desorientado por unos segundos. "Este es viejo para el mercado," dijo el capitán pirata, mirando a mi padre con desprecio. "Y ella también, además ahora está dañada." Señaló a mi madre, que flotaba inconsciente, pálida por la pérdida de sangre. "Llevaremos solo al pequeño. El mayor no vale la molestia. Ya volveremos a por él si hace falta." Luchando por mantenerme consciente, extendí mi mano hacia mi hermano. "Llévenme a mí, por favor, dejen a mi hermano en paz … Fugowo..." murmuré débilmente. Los ojos de mi madre estaban llenos de terror mientras observaba como aquel pirata de la cicatriz arrastraba a su hijo mayor hacia la salida. "¡AYUDA!" gritó con todas sus fuerzas desgarrando sus cuerdas vocales en aquel gritó que se convirtió en un agudo chirrido, estirando su delicada mano en un intento desesperado por alcanzar la de Fugowo. Sus dedos nunca llegaron a tocarse. Nadie llego en nuestra ayuda. Lo último que llegue a ver antes de perder el conocimiento fue a mi hermano mayor siendo arrastrado fuera de nuestro hogar, mientras la oscuridad lo engullía todo. Desperté tres días después en un hospital de la Isla Gyojin. La herida de mi cabeza había sido suturada, pero los médicos me advirtieron que dejaría una cicatriz, un recordatorio físico de mi impotencia el cual no podría ni observar, pero si sentir cada que pasara la palma de su mano por mi nuca mientras esta curaba por completo. "Tus padres están vivos, pero..." La voz de la enfermera gyojin se apagó mientras desviaba la mirada. Pronto descubrí la cruel realidad. Mi padre, Ryuwu, había perdido la movilidad en ambas piernas y brazos. Las heridas del arpón habían destrozado las articulaciones de tal manera que fue imposible salvarlas y necesitaría años de terapia intensa para tan siquiera recuperar un mínimo de su movilidad, con algo de buena suerte. Pero peor aún era el daño en su cabeza. El golpe con la maza le había provocado un trauma craneal severo, y pasaría mínimo 24 meses entre operaciones y rehabilitación, asumiendo que todo saliera como los médicos tenían planeado. Mi madre, Nerina, había sobrevivido a la amputación de su brazo, pero el shock y el trauma de ver a su hijo menor secuestrado ante sus ojos la había sumido en un silencio absoluto. Sus ojos, antes llenos de vida y sabiduría, ahora miraban vacíos al infinito, como si su alma hubiera abandonado su cuerpo para seguir a su hijo perdido. Tan poco mostraba interés alguno en comer o beber, por lo que los doctores la tenían intubada con diferentes bolsas de sueros y vitaminas, pero me habían informado que seguramente tendrían que trasladarla al ala psiquiátrica del hospital si no mostraba mejora. Respecto a Fugowo, de él no había rastro. El barco de los piratas “Supremacía Humana” había desaparecido en el vasto océano sin dejar rastro alguno, llevándose consigo a mi hermano hacia un destino incierto. ¿Seguirá vivo? Pensé durante mucho tiempo. Esperaba que aquellos malditos piratas contaran con un doctor que pudiera curar a Fugowo, al final de cuentas, les sería inútil muerto, por lo que, aunque fuera un pensamiento bastante macabro, me daba esperanzas de que mi hermano siguiera con vida. Durante semanas, apenas me separe del lado de sus padres. Les hablaba incansablemente, esperando despertar en ellos alguna chispa de reconocimiento. Pero era como hablarles a conchas vacías; las personas que una vez fueron mis amorosos padres ahora eran solo cáscaras de sí mismos. Esto me devasto aún más, pues me sentía impotente ante la situación y todos aquellos sucesos que habían desencadenado la perdición de mi familia. Además, la culpa mi consumía. En mis sueños revivía constantemente aquel momento fatídico, imaginando mil formas en las que podría haber actuado diferente. Si hubiera sido más fuerte, si hubiera sabido pelear mejor, si hubiera protegido a mi hermano como prometió siempre hacer. Varios de los doctores y enfermeras del hospital me intentaban reafirmar que no había sido mi culpa, que solo era un niño enfrentándote a monstruos y que era injusto que me sintiera culpable. Pero para mí, las palabras de consuelo resbalaban como pingüinos sobre hielo. En mi corazón sabía que había fallado a mi familia en el momento más crítico y era un pensamiento que rondaba diariamente en mi cabeza. Los meses pasaron. La condición de mis padres no mejoraba. Los gastos médicos se acumulaban, y los ahorros familiares comenzaban a agotarse. Tuve que empezar a trabajar de lo que fuera, primero en los muelles, luego en barcos mercantes que me permitieran buscar información sobre piratas esclavistas mientras ganaba lo suficiente para mantener a mis padres en el hospital. Cada noche, después de extenuantes jornadas de trabajo, visitaba a mis padres. Les contaba sobre mi día, sobre las pistas que creía haber encontrado, sobre mi determinación de encontrar a Fugowo. A veces, creía ver un destello de reconocimiento en los ojos de mi madre, o un ligero temblor en la mano de mi padre. Pero tal vez solo era mi desesperada imaginación queriendo ver algo más allá de lo que de verdad había. Un día, cinco años después del ataque, tome la decisión más difícil de su vida. Había escuchado rumores sobre una bandera que cazaba perfectamente con la descripción de la Jolly Roger de los piratas "Supremacía Humana" operando en aguas lejanas, más allá del Grand Line. Si quería encontrar a mi hermano, tendría que ir tras ellos. Convencido de que salvaría 3 vidas por el precio de una si así fuera necesario. "Volveré con Fugowo," prometí a mis silenciosos padres, mientras dejaba junto a sus camas los ahorros de años de trabajo, partiendo así con esta despedida. "Encontraré a mi hermano y reconstruiremos nuestra familia, mamá, papá. Es una promesa." Como era de esperarse, no hubo respuesta, solo el constante burbujeo del equipo médico que permitía a mi padre mantenerse en vida y a mi madre alimentada y en un estado de salud relativamente estable para alguien en su condición mental. Sabía que en el momento en que abandonara la isla mi madre sería trasladada inevitablemente al ala psiquiátrica del hospital, quedando de esa forma la familia separada en su totalidad, pero era un sacrificio que tendrían que asumir todos y apostar todas sus esperanzas en que lograra recuperar a mi hermano. Marche de la isla esa noche, con el corazón pesado pero la determinación ardiendo en su pecho. Durante años vague por los mares, me trago una ballena, sobreviví. Siguiendo rumores, trabajando en barcos mercantes que pudieran acercarme a mi objetivo. Aprendí a luchar, a rastrear, a sobrevivir. Cada cicatriz nueva en mi cuerpo era insignificante comparada con la que llevaba en el alma. A los veinticinco años, tras una década de búsqueda infructuosa, llegue a una conclusión amarga: no podía hacer esto solo. Necesitaba recursos, información, poder. Y había una organización que podría proporcionarle todo eso, aunque significara tragarme todo mi orgullo. La Marina. “Y heme aquí, después de un año formando parte de la marina, ascendí a contramaestre y fui asignado a la división de Joe Joestar, el héroe.” – terminé mi relato, exhausto, pero sintiendo que me liberaba de un gran peso. La Contraalmirante Shiroka puso una mano sobre mi hombro y mirándome fijamente, con ojos calmados me dijo – “Bien hecho, alumno, estas listo.” – y sin mediar ni una palabra más se levantó y se dirigió de vuelta al patio de entrenamiento donde anteriormente se encontraba para seguir dando órdenes a aquellos soldados y capitanes que estaban bajo sus mandatos el día de hoy. “¿Ya? ¿eso era todo?” – pensé, incrédulo de que algo hubiera cambiado. Regrese al patio de entrenamiento. La Contraalmirante Shiroka me volteo a ver, y sacudiendo la cabeza en negación ante mi mirada incrédula, se dirigió a sus tropas de forma alta y clara – “Soldados, ataquen al Contraalmirante, es una orden.” Sabía perfectamente lo que la Contraalmirante quería demostrar y, por lógica, lo que tenía que hacer. Active mi Haki de Observación expandiéndolo al máximo de mi capacidad y algo increíble sucedió. Mientras más de 50 marines se abalanzaban contra mí por órdenes de la Contraalmirante, pude detectar con mi Haki de Observación cada una de sus presencias, pero esta vez había algo diferente. Además de detectar sus auras, ahora era capaz de percibir, en un futuro inmediato, las intenciones y movimientos de aquellos marines, permitiéndome anticiparme a estas para bloquear, esquivar y contraatacar a cada uno de ellos. El resultado no daba oportunidad a ninguna duda. Había liberado la mayor carga que portaba conmigo y, con eso, había avanzado en el siguiente nivel del dominio del Haki de Observación, dejando a mi paso a más de 50 marines en el suelo habiéndome anticipado a cada uno de sus movimientos y contraatacado en consecuencia. Claramente no lastime de forma permanente a ninguno de ellos, pues esta no era una demostración de fuerza si no de control del Haki de Observación. Caminando hacia la Contraalmirante me pare a 2 metros de ella y, esta vez, en lugar del saludo formal de la marina, me incline en reverencia. Al llegar al máximo de la inclinación que me permitía mi cuerpo hable con voz clara para que me oyera Shiroka desde su posición – “Maestra Shiroka Murasaki, ¡un millón de gracias! Mis puños, mi cuerpo, todo mi ser están a su servicio.” – dije, de forma honesta, aunque avergonzándome un poco por la intensidad de aquellas palabras. “Tranquilo, Fuguwu, no he hecho nada realmente, has sido tu quien ha hecho la mayor parte.” – dijo, mientras levantaba la espalda. Una vez quedando ya recto ante ella, añadió – “Te recomiendo que descanses el resto del día, se vienen unos días muy agitados en el cuartel, al parecer se desplegara una operación importante de escalas nunca antes vista en el archipiélago. Te enteraras pronto, seguramente.” – terminó de decir, de forma críptica a la vez de expectante. Haciendo rápidamente el saludo oficial de la marina, me despedí de la Contraalmirante agradecido por su tiempo y dedicación. Haber contado la historia había sido más duro de lo que imaginaba, pero una vez terminada de contar me sentía más lucido que nunca antes en mi vida. Y, tras terminar la historia, me había dado cuenta de algo importante. Ya no era aquel gyojin indefenso que había sucumbido ante aquellos piratas. Pero, más importante aún, ya no estaba solo. Los entrenamientos habían sido brutales desde el primer día que me enliste en la marina. Los prejuicios contra los gyojin estaban profundamente arraigados en muchos marines y me era casi imposible establecer una relación fuerte o cualquier tipo de lazo con ellos. Tuve que soportar insultos, desconfianza y tareas extra, todo sin quejarme. Pero no importaba. Cada obstáculo me hacía más fuerte, más determinado. La imagen del rostro aterrorizado de Fugowo mientras era arrastrado lejos era todo el combustible que necesitaba para seguir adelante. No llegue a graduarme con honores, el oficial al mando jamás lo hubiera permitido, pero si lo hice con una determinación inquebrantable. Como soldado raso, mis asignaciones eran mundanas, pero había aprovechado cada oportunidad para destacar entre las filas y mis esfuerzos se habían visto recompensados al ser asignado a la división 21. Aunque ciertamente éramos tan raros como combinar arroz con mango, en mis compañeros de división empezaba a encontrar lo más cercano a tener un amigo, particularmente con Apolo y Karl, aunque parecía que también Ryze empezaba a aceptarme dentro del grupo. Esperaba que todos estos entrenamientos fuera herramientas que me ayudaran a seguir escalando en rango pues necesitaba poder acceder a información clasificada para dar con el paradero de Fugowo. Pero sabía que estaba en el equipo correcto para poder lograr este objetivo. Mi único objetivo. Siguiendo las instrucciones de la Contraalmirante, me dirigí a las duchas para quitarme el sudor de encima (no me fuera a encontrar con Karl y empezara de nuevo a decir que olía a pez muerto) que había acumulado tras el extenuante esfuerzo de mantener el Haki de Observación activo mientras combatía con aquellos marines en el patio de entrenamiento. Comprendía plenamente que aún estaba a varios meses de incontables entrenamientos para poder utilizar este nivel de Haki en batalla real, pero al menos había podido romper aquella barrera que me limitaba en dar ese siguiente paso ante su control y futuro dominio. Mientras me duchaba, reflexionaba sobre aquellas últimas palabras que me había dirigido la Contraalmirante. ¿Qué clase de suceso estaba por desencadenarse en el archipiélago? Lo desconocía, pero según sus palabras me enteraría más temprano que tarde, por lo que me puse a imaginar varias posibilidades mientras terminaba de ducharme y me cambiaba en un uniforme recién lavado y planchado, uno de mangas largas y de tela gruesa pues el invierno ya hacia acto de presencia en el archipiélago Sabaody. Una vez limpio y perfumado, aproveche el tiempo libre que me había regalado la Contraalmirante Shiroka para darme una vuelta por las cocinas. Aquella mañana de arduo entrenamiento habían cobrado factura y mi cuerpo exigía comida. Lamentablemente la cocina me fue cerrada en la cara pues no tenía ninguna habilidad de cocinero, como claramente me recordaron los chefs que se encontraban trabajando en la comida del día que alimentaria a todas las tropas del cuartel. Tengo que aprender a cocinar, pensé por unos instantes, ya buscaría en un futuro la forma de aprender, creía recordar que Joe tenía habilidad para la cocina según lo que comento alguna vez Karl en el barco de camino rumbo a Sabaody, quizás el quisiera compartirme alguno de sus secretos o recetas, sería buena forma de estrechar lazos con el héroe de la marina. Me forme con los demás marines esperando mi turno para comer, los cocineros que atendían la barra habían servido en mi plato un pan relleno de cerdo que habían cocinado a las brasas y especiado ligeramente para acentuar su sabor. No era mi comida favorita, siendo sincero, pues no era nada habitual comer cerdo en la isla gyojin, pero con el hambre que tenia hasta un pan tieso me hubiera servido, por lo que comí con gusto aquella comida sin decir queja alguna. Busque por todos lados al resto de mis compañeros de división, ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que habíamos estado verdaderamente juntos y empezaba a extrañarles tras lo sucedido con la Contraalmirante Shiroka y mi subsecuente realización de que eran lo mas cercano a un grupo de amigos que había tenido desde mis días en la isla al fondo del mar. Lamentablemente, no tuve suerte en mi búsqueda. Fuera lo que fuese que estuviesen haciendo suponía que lo hacían con el fin de mejorar, al igual que yo entrenaba todos los días con un objetivo claro en mente. La mañana dio paso a la tarde y la tarde dio paso a la noche. Pase mis últimas horas de aquel día en la biblioteca, estudiando los libros de medicina que ahí había. Varios de ellos trataban con gran lujo de detalle sobre los diferentes tipos de venenos y potenciales usos que uno puede dar tanto de curación como en combate. Absorto en aquellas páginas, la noche llego y la biblioteca cerro, ordenándonos a los presentes el marchar de vuelta a nuestros cuartos asignados. Llegue al cuarto intentando no hacer ruido en caso de despertar a James o a Apolo, pero ninguno se encontraba aun en cama. Encogiéndome de hombros me quité el uniforme, quedando en simples calzoncillos con estampado de pez globo que había conseguido en una de las tiendas locales en los manglares adyacentes, y me acosté en mi cama listo para descansar y así encarar un nuevo día, lleno de determinación. Sonreí por ultima vez esa noche y caí en un sueño profundo y reparador. Esta vez no hubo piratas. Las pesadillas pararon desde aquel día.
Resumen
OFF
RE: [Presente Relativo] Quitando un peso de encima - Sentomaru - 05-05-2025 ENTRENAMIENTO: COMPLETADO
Puedes entrenar el segundo nivel de Kenbunshoku (Añadido en la pestaña: Entrenar técnicas) Kenbunshoku Haki (Medio)Kenbunshoku Haki
Especial
4 huecos
Información
Permite identificar las intenciones hostiles de cualquier ser vivo en tu radio de acción, aumentando así el área en el que puedes percibir los ataques inminentes.
Código: kenbunshoku002
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