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[Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Versión para impresión

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[Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 23-05-2025

Caelum quizá creería que la carta que le fue entregada en aquel curioso e insípido despacho de la 80va División era una orden más donde se le pedía dirigirse a la base G-19 de la marina. Sin embargo, todo había sido planeado por el sargento Troy Ryker. Todos los rezagados habían recibido la misma orden, para forzarlos a vivir la experiencia de navegar en solitario, una especie de prueba de sobrevivencia en altamar. Las formas de entrenamiento del sargento eran exageradas, pero poco a poco daba frutos, quizá algunos de “Los Rezagados” notaran los resultados. Otros quizás se subestimaban a sí mismos. 

Lo cierto es que algunos días habían pasado ya desde que Caelum se enteró de que sus compañeros también habían llegado a la isla, uno a uno. Y en la base del G-19 los esperaban tanto Ryu como el sargento. El infierno del entrenamiento no pararía hasta el día de conocer los resultados de aquella misteriosa apuesta que había dado comienzo a todo.

— Patrullen bien las calles y abran bien los ojos. Sigan las indicaciones del soldado Kageyama. Tienen libertad de acción. No metan la pata. Cambio y fuera —dijo el sargento Ryker justo antes de cortar la llamada a través de un Den Den Mushi.

Eran tres los soldados rasos a los cuales se les asignó la tarea de realizar la patrulla nocturna en las calles del pueblo estaban: Ryu Kageyama, Max Cooperstein y Caelum Drift. Era la primera vez que Caelum y Max patrullaban con Ryu, pues hasta el momento solo habían realizado entrenamientos a puerta cerrada y tareas de limpieza en las bases de la marina.

— Pongan atención a todo lo que ocurra a nuestro alrededor. Si ven algo extraño no actúen impulsivamente ni tampoco se separen. Si ven que alguien necesita nuestra ayuda incluso para la tarea más tonta, piensen antes de actuar —les comentó Ryu a Max y a Caelum.

— Entendido—respondió Max, quien cargaba con su arco y sus flechas en su espalda.

Los tres caminaban por una larga calle recta de cinco metros de ancho, bien alumbrada y repleta de distintos hogares y negocios, la mayoría cerrados. La noche se mostraba tranquila, silente y fría. ¿Se mantendría esa tranquilidad para siempre?

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 24-05-2025

Aquellos también estaban aquí. Aquellos a quienes se nos encargó el peso del mundo y de nuestras propias torpezas. No recuerdo exactamente la calidez de sus voces, ni los incontables cabellos que tenía cada uno, pero sus rostros los llevo grabados a fuego. Amigos, si es que así les puedo decir, tal vez lo eran. Un grupo de gente de a pie que, por primera vez, me permitió caminar a su lado. Entendieron el peso de mi máscara, la calidez de un papel doblado, el instante sereno de un silencio que habla más que las palabras absurdas. Juntos de nuevo.
Un trámite más, escrito en un estúpido papel manchado, pero que cargaba la solidez de un experimentado. No eran ideas sueltas, sino el entramado de aquel hombre que nos guiaba hacia la nada, o hacia el todo. Ryker. El hombre que apuesta. La verdad, llevaba bastante lejos la idea... o tal vez la recompensa era lo suficientemente valiosa como para que se interesara de más por este grupo de rotos.

El lugar no me era ajeno. Tiempo atrás estuvimos aquí, por lo que se suponía era una plaga. El viejo hermoso y la rubia tal vez seguían en este sitio. Tal vez, si recorría lo suficiente, si caminaba por las migajas que dejamos aquel día, podríamos vivir las mismas emociones.

Éramos tres ahora, también. No sabía muy bien por qué. El más cercano a sargento, Cooperstein y yo. La noche estaba serena, calma. Y en ese eco mudo, el caracol de alguno de ellos rompió la tranquilidad. La orden, desde otra parte de los mares, nos llegó como por arte de magia. Patrullar. Acto casi dictatorial, disciplinado y de presencia. No éramos útiles para nada más que para mostrar los uniformes que, por norma, debíamos llevar planchados e inmaculados.

- ¿Qué te parece?

Le susurré a mi bufanda, buscando ser escuchado por nadie. Se me había hecho habitual esta manía de hablarle al pasado, a restos ambarinos de hilos que parecían más la cuerda que me colgó en un intento fallido de darme muerte, y que ahora eran, en fin, un abrigo. Un viejo y gastado conjunto de hilos.

El colorado habló en serio. En sus palabras cargaba una información extra, como si en aquel tranquilo pueblo hubiera algo más peligroso que simples hormigas. Estábamos al norte. En un pueblo. No podía imaginar una situación que ameritara “pensar antes”. Ciertamente no me importaba demasiado seguir al pie de la letra aquella oración escueta descripta por Ryu. En fin, él siempre fue un hombre como yo, que se mantenía a la deriva, al borde inmediato de ideas que hablaba con una acción excelentemente realizada. No había necesidad de cuestionar. Tendría sus razones.

Extendí la diestra sobre mi frente, como si aquella orden, o más bien recordatorio, necesitara la aprobación de un gesto, una veña de mis dedos en orden sobre el final superior de mi máscara. No dije nada y acompañé desde atrás la caminata de mis compañeros. No por cobardía. Hace mucho tiempo dejé de ser el mismo. Aquel cachorro de mar que levantó la mano para rendirse. Iba atrás por precaución. Para actuar desde el cuidado.

En mi espalda iba colgado Grau, el que siempre está. El que, si vuela, vuelve por evidencia, por costumbre. El que pesa lo suficiente para darme equilibro, para mantenerme enormemente erguido, estético. Pero que es cálido, como si sus simples pliegues me hicieran sentir más libre, más protegido. En este mundo militar, bandido y de piratería, tener la destreza de cargar un arma es una estúpida utilidad de supervivencia. Mas útil que doblar papel, de dar forma al plano para ver imágenes que solo habitan en mi cabeza, y por costumbre, por esas ganas alocadas de que Grau, el mundo, incluyo yo se cambiado, compense a doblar de memoria un papel que llevaba en mi bolsillo.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 26-05-2025

— Esto es demasiado aburrido. Hoy no parece haber vida nocturna en este pueblo —murmuró el soldado Cooperstein mientras jugaba con su arco.

— Se nota que eres un novato —le respondió Ryu recorriendo los callejones oscuros con su mirada—. Es en las noches silenciosas cuando las cosas se ponen interesantes o peligrosas.

— Si, si. Si tu lo dices —respondió Max.

Los tres marines seguían caminando, acompañados por el silencio y por la fría brisa de la noche. Ryu caminaba al centro de la calle, mientras que Caelum iba a su derecha y Max a su izquierda. A la derecha de Caelum había una gran joyería llamada "La Mamonada", un establecimiento conocido por sus piezas de gran valor.

Solo alguien con un gran oído podría escuchar como un tic tac sonaba dentro de aquella joyería. La tranquilidad de la noche no fue perpetua. Un gran estruendo ensordecedor rompió la quietud.

¡BOOM!
¡CRASH!

El cristal de la joyería explotó de adentro hacia afuera, generando una lluvia de fragmentos filosos que alcanzó a Caelum y a Ryu que eran los más cercanos. La explosión hizo que los tres marines cayeran derribados al suelo alfombrado de vidrios.

Dos figuras enmascaradas cargando bolsos negros repletos, muy seguramente de joyas, saltaron desde dentro de la joyeria cayendo a unos tres metros de los marines.

— No puede ser… —dijo Ryu al ver a aquellas dos figuras, reconociéndolas casi de inmediato— Cooperstein. Drift. No puedo darles detalles pero… A partir de aquí no cometan absolutamente ninguna tontería. Esos son Henry “El hombre de los 100 rostros” y Luisito Fernandez. Ambos criminales buscados por actos violentos, robos y asesinatos —dijo casi susurrando.

Los dos hombres tenían físicos muy distintos, Luisito Fernandez un hombre grande y corpulento con una máscara de lucha libre y unos guanteletes parecidos a los usados por los boxeadores. El otro era Henry, un enmascarado delgado, que aunque pareciera mas fragil, era el que daba mas miedo.

— Oye, Henry. Mira la basura que alguien dejo tirada en el suelo. Kapapapapa —dijo Luisito al ver a los tres marines tirados en el piso.

— Vaya, vaya. Seguramente son espectadores VIP que vienen a ser testigos del nacimiento de los Piratas Manhattan. Pero lamento decir que no hay tiempo para autógrafos. Nuestro barco nos espera queridos —dijo con voz juguetona el enmascarado llamado Henry, mientras tras de él la joyería se incendiaba cada vez más.

Ryu se levantó con dificultad, con un poco de sangre en su uniforme debido a los vidrios. Mientras que Max estaba perplejo en el piso.

— Mas les vale rendirse ahora. De lo contrario nos veremos obligados a usar la fuerza —les dijo Ryu mientras metía su mano en el porta shurikens que tenía en su espalda—. Suelten lo que llevan en sus manos.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 27-05-2025

No podía creer que para Max la situación fuera aburrida, que tan a la ligera se pudiera decir esa palabra con un arma en la mano. Capaz que la experiencia le había quitado los rasgos de humanidad. No hay nada de aburrido en patrullar; no es una acción lúdica que uno busque para ser mejor, es simplemente una orden. Había que estar y punto, ni aburrido, ni divertido. Orientado y vertical por las calles, nada más.

No era quien para juzgarlo. No es que me molestara lo que dijo, simplemente no me interesaba divertirme en esa ocasión. La vida nocturna del pueblo no era una prioridad para mí, ni la de allí ni la de ningún sitio. No soy un hombre de la noche. Más bien me gusta el día, donde el sol puede acariciarme. Allí me siento cálido, acogido, más completo que en la soledad de la luz de luna, que nada aporta más que modificar las crestas del mar.

Parecía que Ryu quería decirnos algo a los dos, no solo a Max. Llamarlo "novato" con esa oración seca y sin intención de picardía me sonó que había un trasfondo más espeso que solo patrullar. Allí comprendí entonces que tampoco era una misión de acompañar. Tanto Max como yo estábamos equivocados. No había que disfrutar ni simplemente estar, había que trabajar.
Pero trabajar desde la atención, la planificación, y no el pasatiempo que parecía ser lo que queríamos nosotros dos. Max seguía sin verlo, tal vez por desinterés, o simplemente no le gustaba subordinarse a un rango igual.

Ryu estaba al centro, yo a la izquierda. Jamás me gustó caminar a ese lado del mundo. Desde la derecha nace la opresión; solo basta con ver cómo funciona el mundo Un tornillo contra la tabla, los hombres sobre las tablas. No tuve tiempo de pensar aquello en la fría noche. No tuve siquiera la oportunidad de maniobrar a la izquierda cuando mi cuerpo fue impulsado al piso luego de que la vidriera de un comercio estallara.

No fue necesario pensar si fue un problema de mantenimiento, ya que tras el humo y la furia del ruido, que pareció presentarse luego de la caída de nosotros tres, vinieron imágenes erguidas y victoriosas que se escabullían por el ventanal, que ahora estaba en el pavimento hecho añicos.
Estábamos lo suficientemente cerca como para no ser atacados cuerpo a cuerpo, pero sí para reconocerlos.

Ryu, nuestro pelirrojo experimentado, los reconoció. El más grande y pintoresco era un tal Fernández, un tipo enmascarado, grande, con guantes en las manos que delataban su estilo de combate. Puño a puño. El lenguaje del bajo, de las calles. Quien estuvo abajo sabe dar un puñetazo. Todas las fachas de aquel gigante eran folkloricas no solo de un luchador de asfalto, sino de uno de ring. Un profesional.

Henry por otro lado, al menos todas aquellas caras descriptas por Ryu cargaban el peso de un nombre, era un tipo curioso, más delicado, sofisticado, pero con un aura más opaca, más a tener en cuenta, más asesina.

Tuve miedo. Lo suficiente para utilizar lo que me quedaba de equilibrio para levantarme de donde estaba, a la derecha de mis compañeros y al frente de aquellos ladrones, que por los bolsos que llevaban, habían resultado victoriosos.

El pelirrojo los amenazó. Yo no dije nada, solo esperé, no órdenes, sino gestos. En la batalla no hay tiempo para hablar. Y aquellos demoraban mucho, blasfemando. Yo no era el mismo desde la última vez que mis compañeros me vieron luchar. Sabía lo que era estar roto, pero tambien doblar y adaptarme. Tenía más sonrisas enterradas que enemigos, sin duda y eso también era experiencia. Estaba listo para actuar. Acaricié los pliegues de Grau, tomé un gran trago de aire y exclamé como nunca lo había hecho.

-¡Yo los protegeré!

No eran palabras al azar, pero tampoco intencionadas o razonadas, no buscaban un destino mas que mis propios oídos. Eran palabras que nacían desde mis entrañas. Tal vez esta sea la estúpida investidura de un Marine, del que da la vida por los demás. No solo me sentía cómodo diciéndolo, sino que me sentía confiado, feliz. Aunque las dos grietas frente a mí me generaran un temor que activó mi adrenalina, no me paralizó. Me excitó.


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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 29-05-2025

— Kapapa. ¿Escuchaste eso Henry? Dos idiotas están diciendo que nos harán frente. Parece que el más inteligente es el que se quedó tirado en el piso —dijo en tono burlesco Luisito—. No puedo dejar pasar algo así. Sino que dirán de nuestra tripulación recién nacida. Kapapapa.

Luisito Fernandez le dió la bolsa que cargaba a su compañero y apretó sus guantes, listo para pelear. Henry por otro lado miraba desde detrás de su mascara a los marines. Notando claramente como Ryu mantenía su mano en la espalda y como Caelum tomaba sus armas. Aunque no podía leer mentes era alguien con la experiencia suficiente como para saber que los marines estaban listos para pelear. Sin embargo, Henry no era de los que arriesgaría un botín por un combate.

— Te dejaré a cargo de entretenerlos mientras preparo el barco. No tardes mucho o tendrás que arreglártelas solo —le dijo el “Hombre de los Cien Rostros” a su compañero—. Ahora, si todos me disculpan. No podré quedarme a jugar.

Henry que estaba a 3 metros de los marines, saltó en dirección a donde estos últimos se encontraban, pasando de largo entre Ryu y Caelum. El salto fue demasiado veloz, aquel enmascarado era incluso más rápido que el soldado Kageyama, por mucho. En un solo salto recorrió 8 metros, quedando tras el salto a 5 metros detrás de los marines.

— Bye bye, amigos míos. Denle mis saludos a sus superiores cuando les toque reportar que dejaron ir al pirata con todas las joyas. Chaito —dijo Henry deteniéndose solo para decir aquello y luego correr unos 10 metros más.

— Maldita sea. Cooperstein toma esto —Ryu lanzó su Den Den Mushi a Max—. Notifica de la explosión, del fuego en la joyería y de la situación.

Ryu se volteó hacia donde se encontraba Henry pensativo. Era un problemón el que estaban enfrentando. Debían estar a la altura o no podrían contarlo. Max se levantó del suelo y empezó a notificar a traves del Den Den Mushi acerca de la situación.

— Drift. Dejo a Luisito a tu cargo. Encárgate de él y no mueras —dijo Ryu para luego salir disparado corriendo en dirección a donde se había ido Henry.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 30-05-2025

El gigante enmascarado estaba listo para luchar, sus guantes ajustados con determinación, una determinación que gritó a los vientos. Con el gesto exacto, no solo para mostrar su valía, sino su confianza, un grito de guerra.

Nosotros éramos tres, pero parecía que a ellos no les importó. Mantuvieron un estúpido dialogo como si el tiempo estuviera de su lado. El más delgado se escabulló a gran velocidad entre nosotros. No tuve tiempo para notar cómo hizo ese avance. Me bastó con pestañear, con buscar un gesto en Ryu, para percatarme de que ya estaba en carrera tras nuestras siluetas. Pese a estar con el equipaje que Luisito le dejó, parecía una pluma, un alma que no tocaba el piso. Lo ignoraba. Eso era más aterrador que cualquier golpe. Sin dudas, era el más hábil de los cinco.

Yo me quedé quieto, esperando la orden exacta del que era nuestro líder. Líder que había sido vencido por un segundo, no en fuerza, sino en velocidad. Líder que, luego de que el hombre de los mil rostros se perdiera en la noche, soltó la primera orden. Tal vez molesto por lo que decía Henry, o confundido por lo que no logró comprender de los movimientos de aquel. Demoró lo suficiente para que la situación numérica a nuestro favor se tornara en nuestra contra. Era una carrera de experiencia y osadía.

El pelirrojo fue tras Henry y a los gritos de alguien desesperado me dejo un dos recados. Ahora sí, mi cuerpo pudo hacer su primer movimiento. No por no poder hacerlo antes, sino por obediencia, por sumisión a la jerarquía. No actuaría sin la voz de un líder.

Yo no era un novato. Tenía experiencia en combate, en rostros enterrados, en compañeros inertes tocando el suelo. La muerte no me era ajena. No la buscaba, pero sabía que era parte de la supervivencia.

Mi rival, el ogro, tenía guantes en las manos, no por frío, sino por violencia. No sería de utilidad si me quedaba cerca de aquel hombre. No había necesidad de mostrar todos los trucos en una misma noche. Me impulsé hacia donde escapó el otro pirata. A mi lado, una estructura de madera, recta, olvidada, apenas viva, me sirvió de guía, ya que en la recta estaba mi objetivo. Un poste de no más de dos metros y medio, quizá para atar caballos en otros tiempos, quizá la ruina muda de un edificio caído.

Desde una distancia de siete metros, tomé a Grau con fuerza desde uno de sus extremos. Lo sentí vibrar, como si supiera que había llegado su momento, como si todos sus pliegues quisieran, de una vez, abrirse. Y, emulando el movimiento de un lanzador de béisbol, arrojé mi voluntad al aire. La iniciativa fue mía.

Mi arma gris pálida era silenciosa. No explotaba, no hablaba al volar por los aires. Solo iba hacia adelante, avanzaba a toda prisa. Y cuando golpea, vuelve, sin decir nada, obediente, por memoria. Llegaría a mi como un perro guardián. No solo obediente, sino útil. La intención era dar muerte, un golpe certero en su cabeza, para ser precisos, en su frente. Debía cazar a mi presa. Solo tenía una orden.
Aunque debía detener al que tenía enfrente y no morir, bastaba con cumplir la primera.

Era la primera vez que mostraba mi arma en combate. Antes no me sentía listo, no creía tener lo necesario. Aquí y ahora era otro. Un ser más hábil, más preciso, lleno de ganas de cambiar el mundo.

¿Por qué decidí matarlo? Porque los piratas son basura. Y si la orden fue no morir, significaba que mi rival buscaba matarme. Quien busca dar muerte tiene que estar dispuesto a morir también. Yo lo sabía. Y allí iba mi primer strike. Algunos equipos se derrumban al sentir la primera bola sobre el guante. Desde que un lanzador marca su presencia, el juego está definido.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 30-05-2025

— Kapapapa. Que mal compañero tienes. Haberte encomendado detenerme ha sido una decisión estúpida. La ignorancia se paga caro. Kapapapa —dijo Luisito tras escuchar a Ryu dejándole todo al pobre de Caelum.

Mientras Luisito reía un boomerang de bordes afilados salió de la mano del marine peliblanco. Un lanzamiento lo suficientemente rapido como para que Luisito no pudiera reaccinar a él. El boomerang impacto en la frente del enmascarado, cortando ligeramente su mascara y su piel en el acto, para finalmente regresar a la mano de su dueño, sin disminuir su velocidad.

— ¿Que mierdas ha sido eso? —dijo Luisito con una voz claramente molesta—. ¿Acaso sabes lo que significa atreverte a dañar la máscara de un luchador?

Mientras Luisito hablaba Max se encontraba dando el reporte. La llamada habia sido atendida por el mismisimo Sargento Ryker.

— ¡¿Que cojones?! ¿Acaso Kageyama es estupido? Él y yo hemos estado siguiendo el rastro de Henry desde hace mucho tiempo. Él sabe que es incapaz de ganarle en una pelea a ese sádico. Maldita sea —dijo el sargento protestando desde el otro lado del Den Den Mushi—. Ustedes aguanten lo más que puedan. Enviare refuerzos a su ubicación. Yo me dirigiré al puerto a apoyar a Kageyama. No podemos dejar que escapen de nuevo. Cambio y fuera.

Tras cortar la llamada, Max guardó su Den Den Mushi en el bolsillo derecho de su pantalón. Y se quedó observando atentamente a Luisito a la vez que tomaba su arco y una de sus flechas preparandosé para usar su particular arma en cualquier momento.

Un segundo estruendo se hizo sentir, pero esta vez no fue una explosión, sino un vidriera rompiendose tras un disparo. El estruendo provino de un local de antiguedades que se encontraba a unos metros detras de Luisito. De aquel local fueron saliendo uno a uno, veinte personas enmascaradas con pasamontañas, armados con pistolas y cargando bolsos repletos de quien sabe cuantas cosas robadas. Eran evidentemente ladrones, los cuales al ver al luchador y a los marines se acercaron a ellos..

— Jefezote, hemos terminado con lo que nos encargó el capitán Henry. Estamos listos para irnos. Aunque parece que está ocupado —dijo uno de aquellos ladronzuelos.

— Si, no quiero tener que llenarme las manos de escoria. Maten a estos malditos marines. A por ellos —dijo Luisito señalando a los marines.

Aquella horda de hombres armados dejo los bolsos en el suelo y comenzaron a correr hacia los marines, con claras intenciones hacer daño y de matar. Ahora eran 21 vs 2. ¿Qué harán aquellos pobres soldados por sus vidas?

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 31-05-2025

El boomerang mudó en el aire como un rugido de viento y volvió con la misma ira con la que había partido. Luisito no lo vio acercarse y el golpe fue certero; un golpe que buscaba dar muerte, apenas rozó la máscara del luchador. Aun así, sin sangre ni dolor, el gigante parecía estar alterado, no por la violencia sino porque ultrajé su fachada. Me di cuenta entonces de que aquel no era un hombre más; cualquiera hubiera caído al mínimo contacto de Grau.

Mi arma, en mi mano, parecía seguir temblando como si se hubiera estrellado contra un muro impenetrable. Pero no estaba acobardada, quería volver a volar. Esta vez usaría una herencia, un estilo que me había sido encomendado.

Tomé a Grau, entendí sus pliegues, comprendí que ahora el lanzamiento no sería el mismo. Me aferré al suelo con la seguridad de matar. Preparé mi postura en semi cuclillas y, antes de terminar la preparación, un arma ladró. Tras ello, un vidrio volvió a explotar en la zona. Me recompuse para observar con detalle lo que pasaba tras mi rival. Pese a la misión que me había dado Ryu, era prioritario mantener a salvo a cualquier civil que estuviera en problemas; era capaz de dejar escapar a un ladrón para salvar una vida.

Y entre la hecatombe, veinte hombres a toda prisa se acercaron a Luisito, quien al parecer era el líder de aquellos. Veinte grietas que se dirigían a nosotros con las caras tapadas; clara señal de hombres de mal, de espectros de los mares. Atuendos oscuros, máscaras, parecían todas esas almas cortadas por la misma tijera. Yo estaba dispuesto a matarlos. El número no era suficiente para apaciguar el dolor que hombres así me habían dejado alguna vez en el pecho. Era hora de sacarlo, de vomitar esta ira irracional que me acompaña muda. La vieja bufanda amarilla bailó con una leve brisa; entendí que era una aprobación, un gesto de mis demonios.

- ¡Cúbreme!

Más que un pedido fue un grito de ayuda. Mis intenciones ya no estaban en el gigante, sino en los zombis que venían en horda, esa estúpida manera de alinearse que tienen algunos, pensando que el número les daría la ventaja.

Cargué una bocanada más profunda, la disfruté como quien devora un cigarrillo de una sola pitada. El ambiente tenía un gusto a polvo y pólvora que me recordó campos de batallas anteriores. Clavé mis ojos en la tropa como puñales. Estaba furioso, la situación se me estaba yendo de las manos, no podía tener control del entorno. Debía arrebatar la existencia a cada hombre frente a mí.

Tomé las crines del viento; Grau domó cada suspiro de Eolo. El primer hombre cayó, y el segundo fue tomado por el efecto de la vuelta del arma. Bastó con que aquellos hombres se desplomaran sobre el suelo para que las manos del resto comenzaran a temblar; las pistolas zigzagueaban. Tres, cuatro, cinco, seis. Caían uno a uno como simples títeres. Sangre, golpes, algunas piedras sirvieron de proyectiles. Mi cuerpo flotaba con movimientos de ida y vuelta con Grau. El decimotercero cayó y ni siquiera se dio cuenta, y entonces entendí que era mucho más hábil que eso, que esa masa de cuerpo agrupados como ganado en el matadero.

- Veinte.

Susurré para mis adentros sin que nadie me escuchara. La escena me había dejado un metro más cerca de Luisito. Pese a mi superioridad, fue necesario moverme; el movimiento y la distancia eran mis aliados. El cardumen me había arrebatado una porción importante de mi energía. Bajo la máscara, esbocé una sonrisa mientras mi cuerpo jadeaba con cada intento apresurado de consumir oxígeno. Acaricie mi arma mas como gesto de locura que de compasión, una niebla se apodero de mi. Luisito no lo sabia pero solo su existencia me daba motivo para odiarlo.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Beto Matashita - 02-06-2025

La tropa de hombres marchó primero hacia Caelum como una manada salvaje de animales sedientos de sangre. Mientras corrian gritaban, se burlaban y se reian. Pero no sabían que esa energía y emoción les duraría muy poco, lamentablemente.

Una palabra llegó a los oidos de Max de boca de Caelum. Pero no sabia si era para él o era para el viento. Era difícil discernir qué intenciones había detrás de aquella máscara. Pero Max, ya tenía su arco preparado, sin necesitar que nadie se lo pidiera. Apuntó hacia el pecho del líder de los enmascarado, específicamente a donde debería estar el corazón.

— No me des ordenes Drift —le dijo al peliblanco al mismo tiempo que soltó la flecha, la cual atravesó a la horda y llegó a su objetivo en un elegante lanzamiento, que parecía estar fría y matemáticamente calculado.

La flecha golpeó el pecho del grandulón enmascarado pero rebotó casi sin hacer daño, partiéndose en dos tras el impacto. Max quedó asombrado al ver que su mejor lanzamiento a duras penas habría hecho un pinchazo. El arquero se dió cuenta inmediatamente que si no llegaban pronto los refuerzos iban a estar en problemas. La diferencia entre ellos y el grandulón era enorme.

— Kapapapapa. Hasta las hormigas son mejores que ustedes. Kapapapa —dijo Luisito en tono de burla sacudiéndose el pecho.

Simultáneamente Caelum había comenzado una danza de masacre. Tanto Max como Luisito fueron testigos de como veinte hombres cayeron frente a un solo individuo. Max quedó sorprendido y Luisito no hizo mas que sonreir.

— Parece que uno de ustedes sirve de algo al final de todo. ¡JUEGA CONMIGO MARINEEE! —dijo el enmascarado saltando desde donde se encontraba, elevándose en el aire y pasando por encima de los veinte cuerpos.

— No vayas a caer tan rápido. Kapapapa —dijo Luisito apretando su puño izquierdo y realizando un golpe dirigido a la mejilla derecha de Caelum.

Tras el golpe el enmascarado quedaría a 3 metros de Max, y frente a frente de Caelum.

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RE: [Presente Absoluto - Aventura T2] La bandera de la justicia. - Caelum Drift - 03-06-2025

Sin dudas que sí, sin dudas que cada hormiga en el terreno del norte era mejor que nosotros. Yo eso lo sabía muy bien; conocía el poder de la comunidad, del trabajo, de la biología del instinto. Incluso su rol polinizador puede ser devastador y, a la vez, hermoso. Claro que los insectos eran mejores, mejores que cualquiera.

El gigante enmascarado, con bastante complejo de niñez, buscaba un juguete, un entretenimiento. Qué estúpida manera de ver el mundo, creer que esto era un juego. Yo me lo estaba tomando muy en serio. Escoria como esta no merecía surcar las crestas de los mares otra vez. Estaba molesto, poco poético, no contemplaba el mundo desde un lugar conciliador. Se me había agigantado el apetito de la guerra, de las malas costumbres de seguir órdenes hasta el límite.

El demonio, de un salto, quedó frente a mí. Pude ver en la flexión de sus rodillas sus intenciones. Eso no quiere decir que no haya sido imponente, que no me haya puesto el corazón a mil por hora, como si mi vida dependiera de ese puño furioso y endemoniado que se acercaba a mi rostro. Esa zurda que se dirigía hacia mí solo tenía esa estúpida intención violenta. No se preocupó por sus compañeros; tal vez alguno de aquellos cuerpos que brincó como si nada lo consideraba su amigo. No merecía la vida, este don que yo cargaba con pesar pero que, en este camino, me había dejado la esperanza de cambiar, de ser un facilitador para los habitantes del mundo.

Su puño estaba lo suficientemente cerca para que mis músculos no pudieran reaccionar. No podía bailar, no podía escapar; el gasto de energía que me había llevado enfrentar al grupo me había robado la capacidad de reaccionar con precisión. Entonces, el golpe me dio de lleno. Pero mi cuerpo se dobló como papel. Más que un golpe, aquello fue una caricia, un mimo, una ventaja que pudo cargar mi adrenalina. Mi cuerpo se había doblado, extendido, flameando como una bandera furiosa en la guerra. Y salio a la luz el beso que le di a la fruta maldita, fruta que me encontre en un terrible apartado de mundo. No quedaba de otra. No quedaban motivos para ocultarlo. Era un hombre que había perdido la gracia del mar.

Rodeé el cuerpo de Luisito como si me escurriera entre sus puños, como si su esqueleto se hubiera triturado por el golpe del fortachón. Pero lejos de ello, su golpe había sido nada; la mismísima nada. Me deslicé por la calle casi de manera reptante, pero con toda la elegancia del papel que se desdobla y trata de llegar a su estado más puro, más preciso, más geométrico.

Llegué a donde estaba Max y recuperé mi corporeidad; mi cuerpo volvía a ser el del roto. Tomé a Grau, pero esta vez dejé que mi cuerpo recordara una antigua técnica, de un deporte que parecía ajeno a los campos de batalla más sangrientos. Me flexioné hacia adelante, los pies paralelos como espejos, sosteniendo toda mi intención de matar. Tomé el arma con fuerza. Estaba furioso. Un pie, como pivote, acompañó el vuelo de mis alas, de ese objeto que, por memoria, volvería a mi mano sin oposición. Pero ahora había salido furioso, silbante, el aire a su alrededor parecía detenido, ligero, como si el cielo se abriera por la mitad. El lanzamiento buscaba impactar la nuca del luchador.

Me quedé cerca de Max para protegerlo. No dejaría que otro de mis compañeros llegara al final de su existencia. No le dije nada, no lo miré. Simplemente me quedé a su lado, a la deriva, pero firme.

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