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[FIC-Presente relativo](+18) Extranjero, de algún norte - Sigurd Haakon - 09-07-2025 Día 16 de Primavera, año 16
El pueblo de Whisky Peak es de lo más particular. Llevo ya un par de días recorriendo sus calles y disfrutando del ambiente festivo del lugar. Aunque la arquitectura no es más que simples casas de piedra de un par de plantas y las temperaturas son exageradamente altas para mí torso desnudo, me quedo por sobre todas las cosas con su ambiente festivo a cualquier hora del día. Sus gentes son de lo mejor. En cada esquina, calle o posada hay alguien llamando la atención. Puedes encontrar música, alguna pelea o buena compañía. Lo que está claro es que en este lugar, no te aburres. Es temprano, por la mañana. El Sol se alza en el punto más alto y mi cuerpo no para de sudar. Cargar a Yggdrasil encima todo el día empieza a ser tedioso, pero es lo que hay. Los músculos merecen respirar. Estoy dando vueltas por la calle principal, que pese a lo estrecho de la misma está plagada de tiendas y comerciantes. Me paseo durante un buen rato, observando detenidamente cada puesto y cada baratija que me presentan. No porque vaya a comprarlas. Sinó porque me resulta entretenido ver cómo los mercaderes andan desesperados por demostrar que su producto es el mejor. "La guerra en alta mar es terrible, pero la competencia comercial... Eso sí es aterrador". Nada llama especialmente mi atención. Los productos locales son singulares y únicos, pero no es lo que estoy buscando. Es entonces cuando, mientras un comerciante de bebidas intenta venderme algo llamado jugo de nopal, me percato de que una multitud se está congregando un par de puestos más allá, en mitad de la calle. Sin duda, llama mi atención poderosamente. -Aquí tiene, mijo. Llévese una caguama, no más. Va a cortesía de la casa.- me regala una de sus botellas, ya preparada para alguien tan grande como yo. -Pásala chingón, extranjero. Aquí se bebe rico y se vive sabroso.- -¿Tanto se nota?- pregunto ignorante, creyéndome realmente que no tengo tanta pinta de ser de fuera. Sin embargo, mi atención está en otra parte. En la multitud. Se oyen gritos y golpes. Parece que están zurrando a alguien. En ese momento, se me dibuja una sonrisa. -Oye, ¿qué crees que está pasando allí?- pregunto sin quitar ojo a la muchedumbre y acercándome la botella a los labios, descubriendo que la "caguama" sabe igual que la cerveza. -Lo de siempre, wey. Los cabrones esos madreando al Don Benito otra vez.- responde entristecido. -Nadie se les pone al pedo porque les sacan, wey. Así que el Don Benito se la rifa solo.- No hay más tiempo que perder. Me acerco a la masa para ver la pelea en primera fila. "¿Una pelea callejera? Eso no me lo pierdo por nada del mundo." Con una gran sonrisa de oreja a oreja, una botella de caguama en la izquierda y apoyando a Yggdrasil en mi hombro con la derecha, me voy abriendo paso entre la muchedumbre. No tardo en llegar al frente y, midiendo todos menos de 2 metros, puedo ver perfectamente lo que está sucediendo. Un hombre-pez diminuto con cara de rape enfermo y un Oni tan grande como yo, vestido con las ropas típicas del lugar, le están pegando una paliza a un pobre viejo, que apenas se mantiene en pie. Al anciano no dejan de temblarle las piernas. Y tiene más sangre fuera del cuerpo que dentro. Pero el cabrón no deja de levantarse con cada embestida. El público le dice que no se levante. Los agresores lo amenazan con que se rinda o lo matarán. Pero él no cede. El público cuchichea preocupado, pero nadie tiene el valor de actuar. Yo miro fijamente al viejo, orgulloso de ver a un verdadero luchador. No dudo un segundo en alzar la voz sobre el resto y animarlo a continuar. -Dales duro, Don Benito. Ya casi los tienes. ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- Si alguien no se habían percatado aún de la presencia de un Buccaneer de 7 metros, semidesnudo, cargando un hacha legendaria... Ahora todo el mundo es consciente. Rápidamente suenan murmullos por todo el corrillo. Desde los que se preguntan de dónde salgo a los que se cuestionan si estoy loco. Pero yo solo me centro en los comentarios del rape, que tiene la osadía de encararse hacia mí. -Oye tu, forastero.- me señala con mala leche. La cosa pinta bien. -¿Acaso quieres ser el siguiente en recibir?- Una sonrisa emocionada se dibuja en mi cara. Los ojos me brillan de felicidad ante la propuesta del matón. He respetado el combate del viejo, pero no puedo rechazar una invitación como esta. -Por fin...- digo aliviado -Pensé que nunca me lo pedirías.- culmino en tono burlón. Sin dar un segundo de tregua más, alzo a Yggdrasil de mi hombro hasta el cielo, extendiendo el brazo al máximo. Desde lo alto y con total destreza, descargo un ataque en perfecta vertical sobre el cráneo del pescadilla, que es dividida en dos con un solo golpe. Yggdrasil termina chocando contra el suelo, generando un gran temblor al clavarse en la piedra del camino. El cuerpo del muerto cae a ambos lados del arma, montando un charco de sangre bajo la misma. La gente no tarda en reaccionar. Todo son gritos y pavor de un segundo a otro. Todos huyen aterrorizados al ver qué una pelea de calle se ha convertido en una batalla real. No tardo en mirar al Oni nativo. Parece asustado, pero dispuesto a pelear. A mí solo me gusta su sombrero. Se abalanza sobre mi a la carrera, cargando un puñetazo con su zurda de manera exagerada. Sus golpes deben de ser fuertes, pero se nota que no está acostumbrado a recibir. Solo a dar. En mitad de su acometida, lanzo tontamente la botella de caguama sobre él. A este le da tiempo a detenerse y a cubrirse con el brazo derecho, haciendo que la botella rebote y caiga al suelo rompiéndose. No le ha hecho daño, pero ha cumplido su función, ha frenado el ataque. Tomo la iniciativa rápido y cargando el hacha con ambas manos, lanzo un corte perfectamente horizontal a la altura de su cuello, separando la cabeza del cuerpo en una ejecución sangrienta. Yggdrasil desgarra la carne con violencia. No es como esa katanas de nenazas con cortes super finos. Yggdrasil es un arma de verdaderos guerreros. La batalla ha terminado, pero apenas hay testigos. No en comparación con como empezó esto. Solo yo, Don Benito y un par de curiosos que observan desde las ventanas de sus casas. Me acerco al anciano y lo veo tendido en el suelo, golpeado. Lo miro con ojos crédulos, sin saber muy bien si está vivo o muerto. -Oye viejo, ¿te han matado estos capullos?- suelto, a ver si me contesta. -No, sigo vivo, lamentablemente. Pero ya vi que estos cabrones y colgaron los tenis.- Responde Don Benito, con su voz áspera y cascada. Se levanta lentamente, sin pedir ningún tipo de ayuda. Su postura es terrible, pero aún así se las apaña para seguir andando hasta un pequeño puesto destrozado. -Pinches cabrones, dejaron todo hecho mierda. Ya casi no me queda nada que sirva.- -¿Que vendes, viejo?- pregunto con más pena que curiosidad. Tal vez el anciano sea un mierdas que se mereciera una paliza. Tal vez no, y haya sido víctima de un par de capullos son modales y con mucha mala suerte. Sea lo que sea, a mí me la suda su historia. Yo solo veo a un guerrero, a un veterano. Y solo por eso merece mi respeto, mínimo. Mientras, me acerco al cuerpo decapitado del Oni y le robo el sombrero. Es un sombrero de paja enorme con un ala circular y un cono en su punta. Todos los llevan aquí. Me gusta. -Tengo mercancías para los que se mueven por mar: Den den, navegación, cebo y demás chingaderas para rifartela entre islas.- suelta mientras lo intenta recoger todo, escudriñando entre productos salvables y en mal estado. -Por cada cosa que te lleves, te harán descuento en caguamas en la taberna "El barril del Diablo"- -Vendido.- digo emocionando pensando en cervezas y tabernas. Además, por fin he encontrado lo que había venido a buscar. -Me llevo esto y... Esto otro.- -Nomás que sepas que ese sombrero te queda para el perro. Pero a ver... Dime una cosa ¿Quién chigados eres tú?- -Soy un extranjero, de algún norte. Me llaman, Sigurd.-
Outfit ---- Sigurd de Whisky Peak
Continuará...
En efecto, cajita feliz
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