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[FIC - Salto Temporal] Dominic Fuguwu - Fuguwu - 26-07-2025 Día 52 de Primavera, Año 16.
Nuevo Mundo, Isla Mystoria.
El aliento salado del mar besaba mi rostro mientras guardaba silencio junto a la borda del acorazado, mis ojos perdidos en el horizonte infinito que se extendía ante nuestro siguiente objetivo, la brisa marina jugando entre la tela de mi capa de Comodoro la hacía ondear suavemente imitando los movimientos suaves y tranquilos de un mar en calma. Las aguas del Nuevo Mundo se mecían con una calma engañosa, reflejando las primeras luces del amanecer como fragmentos de cristal dorado. A mis espaldas, el acorazado que nos transportaba comenzaba a desperezarse con los sonidos familiares de una mañana cualquiera: el chirrido de las cuerdas, el golpeteo de botas contra la madera, las voces aún adormiladas de los recién levantados cumpliendo con sus rutinas matutinas. Mi haki de observación, el cual ahora utilizaba de la misma forma que el sentido del gusto para saborear la comida, me confirmaba mis impresiones sobre lo que mis compañeros sentían. Podía sentir la mezcla de pereza matutina y determinación general que emanaba de cada uno de ellos, el peso colectivo de anteriores humillaciones aún fresco en nuestros corazones a pesar de haber pasado 24 meses desde aquella última batalla. La derrota contra Sohem fue diferente a las anteriores, más personal, más devastadora en su totalidad. No fue solo yo quien cayó, sino toda la División 17, aplastados como si fuéramos simples reclutas enfrentándose a una fuerza de la naturaleza y, peor aún, ante la vista de dos de los marines más influyentes de toda la institución. Cerré los ojos y permití que los recuerdos fluyeran como una marea inevitable. Marcia. El nombre resonaba en mi mente como el eco de una batería que sonara con furia en un auditorio. Fue mi primera gran derrota, cuando aún portaba el rango de soldado raso y creía que mi determinación sería suficiente para enfrentar cualquier amenaza. La revolucionaria demostró con una facilidad humillante que la fuerza bruta y la pasión ciega no bastaban contra la experiencia, la táctica refinada, y el poder abrumador. Cada uno de mis movimientos fue anticipado por la piernas largas, cada ataque neutralizado con una elegancia que rozaba lo artístico si no fuera por la sonrisa burlona que se dibujaba en su cara. Al final, quedé tendido en el suelo, inconsciente y completamente indefenso, mientras ella se alejaba sin siquiera mirar atrás. Esa derrota me enseñó humildad. Me mostró que el mundo era más vasto y peligroso de lo que había imaginado en mi novatez. Pero también plantó una semilla de determinación que comenzaría a crecer lentamente en los meses siguientes. Akahige. El nombre del Yonko aún podía hacer que mis puños se cerraran involuntariamente haciéndome temblar con furia y algo de miedo. Odki Murray, Akahige, una fuerza de la naturaleza que convirtió los manglares de Sabaody en su campo de batalla personal y en nuestro propio infierno. Recordaba vívidamente el momento en que su barco apareció en el horizonte haciéndose presente con una fuerte explosión que sacudió todo el archipiélago, trayendo consigo una presencia que era como mirar directamente a las puertas del mismo infierno abiertas de par en par invitándote a entrar. El poder que emanaba de aquel hombre era casi tangible, como si uno pudiera tomar el sol en sus manos y usarlo como batería para mover al mundo, una presencia que aplastaba la voluntad antes incluso de que comenzara el combate. La batalla fue brutal y unilateral, pero no de la manera que había anticipado. Ni siquiera habíamos logrado acercarnos a hacerle el más mínimo daño aun cuando teníamos a un Almirante a nuestro lado. Incluso desde la distancia de varios metros que nos separaban, los disparos del Yonko comenzaron a llover sobre nosotros con una precisión letal. Recordaba con total claridad el momento en que Sohem perdió su brazo, el chorro de sangre que bañó el suelo del manglar 33, seguido inmediatamente por el segundo disparo que derribó a Apolo. Mientras yo luchaba desesperadamente por mantener con vida al Almirante Yugu, sentí la impotencia absoluta de no poder hacer nada más que aplicar ungüentos y vendas mientras mis compañeros caían a mi alrededor. Solo gracias a la intervención del Almirante Tucrow y su grupo de Zodiacools habíamos logrado sobrevivir a esa masacre. Esa derrota me enseñó sobre los límites de manera más cruda de lo que había imaginado posible. No solo vi la cumbre hacia la cual debía aspirar, sino que comprendí la distancia imposible que nos separaba de ella. Y aunque habíamos sobrevivido, el costo fue devastador. Sohem. La última de nuestras derrotas y, quizás, la más dolorosa de todas. No fue solo mi derrota personal, sino la humillación completa de mi familia elegida, de la División 17 al completo. Habíamos luchado como una unidad, habíamos coordinado nuestros ataques, habíamos dado todo lo que teníamos... y no sirvió de nada. Sohem nos derrotó a todos con una facilidad que rozaba lo insultante, como si estuviera jugando con niños particularmente persistentes. Podía recordar cada segundo de esa batalla, a pesar de lo corta que fue, grabada en mi memoria con la claridad cruel del trauma. Su primer ataque fue vandálico, pero había logrado mitigar parcialmente su impacto, protegiéndome lo suficiente para seguir consciente unos segundos más. Fue un momento de falsa esperanza, porque inmediatamente después, su poder abrumador – similar al que había utilizado Marcia – se desplegó como una onda invisible de poder absoluto. Según lo retratado por mis compañeros luego de la pelea, junto a Apolo, fui de los primeros en caer, perdiendo la consciencia antes incluso de poder reaccionar adecuadamente. El resto de la batalla continuó sin nosotros, y cuando desperté, todo había terminado. La sensación de impotencia fue dolorosa. No era solo que hubiera fallado; había fallado a las personas que más importaban en mi vida, y ni siquiera había logrado permanecer consciente para luchar hasta el final junto a ellos. En el silencio de las pasadas más de 4 mil noches desde que perdí a mi hermano, el rostro de Fugowo aparecía en mi mente como siempre lo hacía en los momentos más oscuros. Mi hermano mayor, secuestrado hace más de una década, cuya búsqueda había sido el motor original de mi entrada a la Marina. Durante estos años, había seguido pistas que se desvanecían como humo, había hecho contactos que prometían información que nunca llegaba, había navegado mares enteros siguiendo rumores que resultaban ser espejismos. Y aquí estaba, después de todas aquellas derrotas humillantes, sintiéndome más lejos que nunca de mi objetivo original, pero contando con el apoyo de mi familia adoptiva para no perder la esperanza. Las tres derrotas fueron dolorosas, humillantes, catastróficas. Pero también fueron necesarias. Porque ahora, por primera vez en mi vida, sabía exactamente quién quería llegar a ser y tenía un plan para conseguirlo. Sabía que cuando finalmente encontrara a Fugowo, sería como aquel hermano responsable y fuerte que él siempre había creído que podía llegar a ser, protector de todos, heraldo de la justicia. Abrí los ojos lentamente, dejando que la brisa marina secara una lágrima que había permitido resbalara sobre mi mejilla. Mi reflejo en las aguas del mar me devolvía la mirada, pero ya no veía al mismo marine que había sido hace apenas unos meses. Algo profundo cambió en mí, algo más grande que las heridas o el orgullo lastimado. Aquel soldado recién ingresado en la marina con su uniforme prístino y puro había desaparecido, había evolucionado. A pesar de los fracasos también habíamos cosechado éxitos a manos de “El Héroe” Joe, “Firebirth” Karl, Apolo “Sandy” Bahia, y un servidor, los cuales nos habían representado ascensos en la jerarquía al grado que todos nos habíamos ganado el honor de portar la capa distintiva que separa a los rangos menores de quienes aspiramos a llegar a la cúspide de la institución; además, nos daba libertad de dejar aquel uniforme atrás y escoger el atuendo que quisiéramos portar debajo de dicha capa. Sentí pasos familiares acercándose detrás de mí. Con mi haki de observación, que ahora usaba todo el tiempo como si fuera otro sentido más, sentí la preocupación y el compañerismo de quien se acercaba, pero también algo más, una determinación férrea que hacía eco de la mía propia. "Parece que por fin nos acercamos a una isla, si mis ojos no me engañan." – comenté, sin volverme, hablando con voz ronca por el desuso durante la noche – “Y en verdad espero no lo hagan porque si aquello a lo lejos en verdad es un elefante descomunal capaz y nos caga encima y hunde el O Redentor.” La presencia a mis espaldas se detuvo, y nos entendimos sin necesidad de palabras. No necesitaba palabras para saber que mi compañero entendía exactamente lo que quería decir. Asentí lentamente, mi mirada aún perdida en el horizonte. Algo terriblemente emocionante nos esperaba y el sentido de la aventura se superponía al sentido del deber. Solo unas semanas después de nuestro combate contra Sohem, en mi mente, había comenzado a formarse un plan para mejorar. No era algo grandioso o elaborado, sino algo simple y directo, dedicaría cada día, cada hora, cada momento de los próximos meses a crecer. Perfeccionaría mis habilidades médicas, refinaría mi dominio del haki, exploraría nuevas aplicaciones de mi gyojin karate y desarrollaría técnicas propias con las cuales ayudar a mis compañeros, los verdaderos héroes de la marina. Ahorraría cada berry de mi salario, porque intuía que mi familia elegida tenía sueños que requerían recursos, y porque mi búsqueda de Fugowo eventualmente requeriría medios que actualmente no tenía. Pero más que nada, trabajaría en mí mismo. En mi mente, en mi corazón, en mi alma. Porque había comprendido, con la claridad brutal que solo puede venir del fracaso absoluto, que la verdadera fuerza no residía solo en los puños o en las técnicas. Residía en la capacidad de levantarse después de cada caída, de aprender de cada error, de convertir cada derrota en el combustible para un crecimiento mayor. El sol había ascendido completamente sobre el horizonte ahora, bañando la cubierta del acorazado en una luz dorada que parecía promover nuevos comienzos y confirmando mis palabras anteriores pues en el horizonte aparecía la isla más espectacular que había visto en toda mi vida. Con una morfología en forma de elefante, lo cual alimentaba la sensación de aventura, nuestro siguiente destino estaba a tan solo unas horas de viaje. Me gire lentamente y regrese dentro del acorazado con rumbo a la enfermería para prepararme con vistas a nuestra inminente llegada a nuestro siguiente destino. La luz matutina que el sol traía consigo se filtraba a través de las ventanas de la enfermería del acorazado. Mis manos, notablemente más seguras y precisas que antes, trabajaban en poner la habitación en orden tras haber trabajado la noche anterior sobre un complejo diagrama anatómico mientras repasaba mentalmente los nuevos procedimientos quirúrgicos que había estado estudiando. En el punto médico la transformación había comenzado silenciosamente, sin fanfarrias ni anuncios dramáticos. Simplemente, un día había decidido que cada momento libre sería dedicado a aumentar mis conocimientos, y había mantenido esa promesa con una disciplina que en momentos de reflexión me llegaba a sorprender a mí mismo. Durante los siguientes meses a nuestra última derrota, leí todos los textos médicos que pude encontrar, casi obsesivamente. Pero no era una obsesión destructiva; tenía hambre de aprender porque entendí que saber más me haría más fuerte, y que el poder podía ser usado para proteger a aquellos que importaban. Y quizás, algún día, para salvar a mi hermano cuando finalmente lo encontrara. Mi investigación médica avanzó a pasos agigantados, desarrollando equipo médico avanzado capaz de curar más allá de lo que cualquier kit médico básico es capaz y de forma cuasi instantánea si era aplicado bajo el método correcto. Cada nuevo conocimiento adquirido no solo me hacía mejor médico, sino que ampliaba mis posibilidades de ser útil en situaciones extremas como las que podría enfrentar en mi búsqueda de Fugowo. Mi relación con Karl y Joe cambió mucho durante este tiempo, y fue algo que realmente me alegró, particularmente con Joe con quien no había sentido una conexión verdadera más allá de la que nos otorgaba una cadena de mando. En el caso de Karl, aunque sus poderes de ave alado azul le permitía curar heridas de manera casi milagrosa, había comenzado a valorar mi experiencia médica para casos que requerían más que simple regeneración. Más importante aún, lo que realmente le llamó la atención fue lo mucho que mejoré mi haki de observación. Recordaba vívidamente el día en que Karl notó la profundidad inusual que había desarrollado en mi haki de observación. Mi capacidad para detectar no solo estados emocionales complejos, sino también las intenciones de las personas, había evolucionado hasta un punto donde podía percibir matices que incluso escapaban a sus sentidos experimentados. Ese día, por primera vez, fui yo quien comenzó a enseñarle técnicas de refinamiento que había desarrollado a través de mi naturaleza empática y mi entrenamiento médico. Me llenó de orgullo cuando Karl logró aplicar una de mis técnicas y vi cómo sus ojos se iluminaban al comprenderla. Ver a mi antigua maestra aprendiendo de mí me mostró lo mucho que había avanzado. Ya no era simplemente el estudiante que había sido; me había convertido en alguien capaz de contribuir al crecimiento de otros. Las sesiones de entrenamiento con Joe siguieron un patrón similar. El Vicealmirante quedó impresionado por los avances en mi haki de observación, especialmente por mi capacidad para detectar emociones ocultas e intenciones sutiles que podrían ser cruciales no solo en combate si no también en interrogatorios o negociaciones. Cuando comencé a compartir mis técnicas con él, empezamos a enseñarnos cosas el uno al otro, y ambos mejoramos. Fue durante una de estas sesiones con Joe que desarrollé mis técnicas de combate a distancia. La idea surgió cuando él mantuvo una distancia considerable durante un ejercicio, forzándome a buscar alternativas a mi estilo tradicionalmente cercano. Empecé a experimentar lanzando veneno con movimientos de gyojin karate, aprovechando la humedad del aire para crear proyectiles. El primer intento fue desastroso, resultando en un charco venenoso incontrolado. Pero Joe vio el potencial y me animó a continuar. Semanas de práctica cuidadosa refinaron la técnica hasta convertirla en algo verdaderamente formidable. Ahora podía crear proyectiles de veneno concentrado con precisión letal, cada uno capaz de incapacitar a oponentes a distancias largas. Durante todo este período, la búsqueda de Fugowo permaneció como una corriente constante bajo la superficie de mi crecimiento. En cada puerto, hacía preguntas discretas. Con la ayuda de Apolo, Joe y Karl, habíamos iniciado una red de contactos que nos apoyaba en la búsqueda, había seguido rumores sobre tráfico de esclavos, había investigado cualquier pista que pudiera llevarme a mi hermano. La mayoría de estas búsquedas resultaron infructuosas. Pistas que parecían prometedoras se desvanecían al ser investigadas a fondo. Contactos que prometían información valiosa resultaban ser estafadores o personas con información obsoleta. Pero cada búsqueda fallida mejoró mucho mis habilidades investigando y conseguí más contactos. Aprendí a navegar los complejos canales de información del mundo, a distinguir entre rumores creíbles y fantasías, a mantener múltiples líneas de investigación simultáneamente. Aunque no había encontrado a Fugowo, empezábamos a desarrollar una comprensión sofisticada de las redes de comunicación y los mercados donde podrían haber llevado a mi hermano. Durante las noches solitarias, cuando el resto de la tripulación dormía, solía quedarme despierto planeando estrategias de búsqueda más ambiciosas. Empecé a darme cuenta de que necesitaría mucho dinero y contactos para encontrar a Fugowo: conexiones en múltiples islas, fondos para pagar a informantes, quizás incluso la capacidad de infiltrar organizaciones criminales. No gastaba dinero no solo por disciplina, sino porque lo estaba invirtiendo en mi futuro donde tendría los medios para montar una búsqueda verdaderamente comprehensiva. Mi relación con Apolo cambió durante este tiempo, para mejor. Mi amigo había estado desarrollando nuevas formaciones defensivas, y descubrimos que mis técnicas de veneno a distancia se integraban perfectamente con sus estrategias. Trabajar juntos en estas técnicas y estrategias combinadas fortaleció no solo nuestras habilidades de combate, sino también nuestra comprensión mutua. Además, sus consultas sobre los diferentes tipos de barcos y capacidades ampliadas no pasaron desapercibidas a ojos de nadie, y comencé a comprender que apoyar su visión podría ser tanto una inversión en nuestra familia elegida como en mis propios objetivos a largo plazo. Un barco propio y debidamente equipado significaría capacidad para misiones más ambiciosas, acceso a territorios más remotos, instalaciones médicas superiores e incluso cocinas especializadas en levantar los espíritus guerreros. Todo esto podría ser invaluable en mi búsqueda continua de Fugowo. Pero más que eso, había llegado a comprender que la División 17 se había convertido en algo más que un medio para mis fines; se había convertido en un fin en sí mismo. Aunque no había encontrado a Fugowo, estaba construyendo sistemáticamente los recursos y conocimientos que eventualmente me llevarían a él. Una noche de invierno luego de nuestra entrada al Nuevo Mundo, me encontré reflexionando sobre la transformación completa que había experimentado. Físicamente, era notablemente más fuerte. Mi dominio del gyojin karate había alcanzado niveles que habrían sido impensables dos años atrás, y mis técnicas propias me proporcionaban opciones tácticas completamente nuevas. Mentalmente, había desarrollado una claridad y enfoque que me permitían navegar tanto situaciones de combate complejas como las sutilezas del trabajo investigativo. Mi entrenamiento médico alcanzó un nivel que me permitía realizar procedimientos avanzados de manera independiente. Pero quizás lo más importante era que había desarrollado la capacidad de ser mentor además de estudiante. Enseñar técnicas avanzadas de haki de observación a Karl y Joe fue un hito que marcó mi madurez como marine y como persona. Ya no era simplemente alguien que absorbía conocimiento; me había convertido en alguien capaz de generar y transmitir sabiduría. En estos meses de vivir con lo mínimo, logré ahorrar bastante dinero que representaba más de un año de salario cuidadosamente guardado. Cada berry ahorrado tenía un doble propósito, contribuir al bienestar de mi familia elegida y eventualmente financiar la búsqueda comprehensiva de Fugowo que sabía que tendría que emprender. Aun recordaba la razón por la que todos habíamos estado ahorrando hasta el más mínimo berry de nuestro sueldo. Las luces del ocaso despedían el día mientras nosotros, los cuatro miembros sobrevivientes de la división 17, deliberábamos sobre nuestros siguientes pasos. Karl, Joe, Apolo y yo nos habíamos reunido después de terminar nuestras labores del día, convocados por una sensación compartida de que había llegado el momento de tomar decisiones importantes sobre nuestro futuro. La mesa de reuniones de roble que adornaba la sala, normalmente utilizada para planificación, aquella noche serviría para discutir algo más fundamental, el futuro de la División 17. Joe inició la conversación con su característica franqueza, planteando la pregunta que todos habíamos estado evitando: ¿estábamos conformes con las limitaciones actuales de nuestras capacidades? Los últimos meses de crecimiento individual habían sido notables, pero las derrotas pasadas demostraron que necesitábamos algo más que mejoras personales. Karl fue la siguiente en hablar, su experiencia como Vicealmirante evidente en la manera meticulosa en que analizó nuestras fortalezas y debilidades actuales. Sus palabras fueron directas pero alentadoras: habíamos crecido considerablemente como individuos y como unidad, pero nuestro equipamiento y recursos limitaban el alcance de lo que podíamos lograr. Fue entonces cuando Apolo reveló el basto conocimiento del cual nos había estado privando durante los últimos meses. Su ojo brillo con una pasión que raramente mostraba cuando comenzó a describir las posibilidades que se abrirían con un galeón. Mejores instalaciones médicas, mayor capacidad de tripulación, armamento superior, talleres especializados para mantenimiento avanzado, y lo más importante, la capacidad de emprender misiones que actualmente estaban fuera de nuestro alcance. Mientras lo escuchaba, no pude evitar pensar en cómo tales capacidades servirían también a mi búsqueda personal de Fugowo. Un galeón nos permitiría explorar territorios más remotos, mantener operaciones prolongadas lejos de las bases, y establecer redes de contactos en regiones que actualmente eran inaccesibles para nosotros. "He estado investigando astilleros especializados" – continuó Apolo, desplegando varios documentos sobre la mesa los cuales mostraban diferentes tipos de barcos con precios que iban desde lo más asequible hasta lo más descabellado – "Water 7 tiene opciones que serían perfectas para nuestras necesidades. Un galeón completamente equipado, con todas las modificaciones de primer nivel, costaría aproximadamente diez millones de berries, quizás un poco más para equiparlo de forma adecuada." El silencio que siguió fue denso, pero no desalentador. Era el silencio de cuatro personas procesando una cifra que parecía astronómica pero no imposible. Joe fue el primero en romper el silencio, su voz llevando esa determinación tranquila que había aprendido a asociar con sus mejores decisiones de liderazgo. Planteó la pregunta práctica: ¿teníamos los recursos para hacer esto posible? Fui yo quien comenzó a hacer los cálculos, mi mente analítica trabajando rápidamente con las cifras que todos conocíamos, pues eran del dominio público, pero raramente discutíamos abiertamente. Los sueldos de los Vicealmirantes eran considerables (cuatrocientos mil berries mensuales cada uno), mientras que nosotros como Comodoros recibíamos doscientos mil mensuales. "Entre los cuatro" – expresé en voz alta luego de terminar los cálculos – "Nuestros sueldos suman un millón doscientos mil berries mensuales. Si todos contribuyéramos con la totalidad de nuestros salarios durante doce meses, tendríamos lo necesario." Los números eran simples, pero lo que significaban era enorme. Doce meses viviendo con lo mínimo, dedicando cada berry de nuestros salarios a un sueño compartido. Por supuesto nadie esperaría que viviéramos sin nada durante dos años. Podríamos calcular gastos básicos de subsistencia y destinar el resto al proyecto. Pero incluso mientras los demás hablaban, ya sabía cuál sería mi respuesta. Durante toda mi vida había adoptado un estilo de vida austero que me había demostrado cuán poco necesitaba realmente para ser feliz y productivo, pues la institución a la que servía me daba todo lo que requería, un suelo, un techo, comida y, sin buscarlo, una familia. La idea de dedicar mi salario completo a este proyecto no me parecía un sacrificio, me parecía una inversión. "Yo puedo contribuir con mi salario completo" – declaré, sorprendiendo incluso a mí mismo con la firmeza de mi voz – "He estado viviendo de manera muy sencilla toda la vida, y he descubierto que no necesito mucho más que lo básico." La reacción de mis compañeros fue inmediata. Con mi haki sentí que mis compañeros estaban impresionados, preocupados, pero también decididos. Apolo fue el siguiente en hablar, su voz cargada de una emoción que raramente mostraba luego de recibir aquella herida de manos de Akahige. Explicó que él también había estado ahorrando agresivamente, preparándose para algún día poder comprar el barco de sus sueños. La posibilidad de ser parte de algo tan transformador lo llenaba de una energía que era palpable. Karl y Joe intercambiaron una mirada que habló de años de colaboración y entendimiento mutuo. Como Vicealmirantes, tenían responsabilidades financieras que nosotros no enfrentábamos, pero también tenían la experiencia para entender las oportunidades que un galeón así representaba. "Si vamos a hacer esto" – dijo Karl finalmente – "lo haremos bien. Nada de medias tintas, nada de compromisos que limiten el potencial del proyecto." Joe asintió, añadiendo que, como líder de la División, tenía la responsabilidad de asegurar que cualquier decisión de esta magnitud fuera tomada con plena comprensión de las consecuencias y beneficios. Durante la siguiente hora, discutimos todos los detalles con mucho cuidado, como si fuéramos hombres de negocios. Apolo, con su experiencia como navegante y su conocimiento superior de embarcaciones, fue designado naturalmente como el responsable del proyecto. Su comprensión de las especificaciones técnicas, los procesos de construcción naval y los astilleros disponibles lo convertía en la elección obvia para liderar la adquisición. Calculamos presupuestos de subsistencia mínimos, identificamos fuentes de ingresos adicionales a través de bonificaciones por misiones, y establecimos cronogramas realistas para la adquisición y personalización del galeón. Pero más allá de los números y la logística, lo que más me impresionó fue la unanimidad emocional de nuestro compromiso. Para mí, la decisión resonaba en múltiples niveles. Era una inversión en mi familia elegida, en las personas que habían estado conmigo durante mis momentos más oscuros y habían celebrado mis victorias más pequeñas. Pero también era una inversión en mi misión personal. Un galeón de esas capacidades nos permitiría explorar regiones donde podría continuar mi búsqueda de Fugowo de manera más efectiva que nunca. Al final de la noche, cuando finalmente nos levantamos de la mesa, todos sentíamos que algo importante acababa de cambiar. No habíamos solo decidido comprar un barco; habíamos decidido redefinir nuestro futuro colectivo. Apolo, con su nueva responsabilidad como líder del proyecto, se veía más decidido que nunca, hasta su forma de pararse volvía a ser la misma de aquella tarde que le conocí por primera vez en las playas rosadas de Momoiro. Karl y Joe mostraban esa satisfacción tranquila que viene de tomar decisiones difíciles pero correctas. Y yo sentía una mezcla de anticipación y gratitud que era difícil de describir. Mientras salíamos de la sala de oficiales esa noche, sabía que habíamos cruzado un umbral. Los próximos doce meses serían de sacrificio y disciplina, pero también de construcción hacia algo más grande de lo que habíamos sido jamás. En algún lugar del vasto océano, Fugowo seguía esperando. Y ahora, por primera vez desde que había comenzado mi búsqueda, tenía la sensación de que estaba construyendo no solo la fuerza personal para encontrarlo, sino también los recursos y la familia que harían posible una búsqueda verdaderamente comprehensiva. Es por eso que, ahora, el nuevo galeón de la División 17 surca las aguas del Nuevo Mundo con una majestuosidad que aún logra sorprenderme, incluso después de varias semanas navegando en él. El O Redentor (nombre que fue elegido por votación unánime de toda la División) es una obra maestra de ingeniería naval que supera todas las expectativas que habíamos tenido durante la planificación. De vuelta al presente, regreso a la proa del imponente navío una vez habiendo terminado de preparar todo lo necesario para nuestra siguiente misión (o aventura), mis ojos amarillos fijos nuestro destino donde otrora un par de horas una silueta inquietante comenzaba a emerger de la bruma matutina. Mi haki de observación se extiende hacia adelante, palpando el aire con una sensibilidad que he refinado considerablemente durante estos últimos meses de travesía y entrenamiento. Una isla se alza ante nosotros como una pesadilla geológica hecha realidad. La forma de elefante le da un aire majestuoso y siniestro a la vez. Pero es el volcán lo que domina verdaderamente el paisaje, una montaña de fuego que se alza desde el centro de la isla como una corona de destrucción. Incluso desde esta distancia considerable, puedo sentir el calor que emana de su ser. Mi piel, adaptada a las temperaturas oceánicas, registra el cambio atmosférico como una presión constante y opresiva. El aire mismo parece vibrar con la energía térmica que surge de la masa terrestre, creando corrientes convectivas que distorsionan la vista y llenan el ambiente de un aroma sulfúrico que pica en la nariz. Pero lo que más llama mi atención a través de mi haki de observación es la vida que palpita dentro de esa aparente desolación. Criaturas cuyas presencias emanan una agresividad primitiva y una adaptación feroz a un ambiente que habría sido letal para la mayoría de las formas de vida. Bestias que han evolucionado no solo para sobrevivir en aquella isla jurásica, sino para prosperar en su hostilidad ígnea. Siento la presencia familiar de Joe acercándose antes de escuchar sus pasos. El Vicealmirante se aproxima silenciosamente, y puedo percibir a través de mi haki que su propia atención está fija en la isla que representa nuestro próximo desafío. "Las bestias que habitan la isla son, sin lugar a duda, diferentes de cualquiera que hayamos visto jamás" – murmuro en respuesta a su acercamiento comentando sobre lo que observamos – "Puedo sentir su ferocidad desde aquí. Sea lo que sea que las haya moldeado, han desarrollado una naturaleza predatoria que va más allá de la simple supervivencia." Observo cómo Joe evalúa tácticamente lo que se extiende ante nosotros, y me siento agradecido por su presencia y experiencia. Expando mi haki de observación más lejos, tanto como me lo permite mi maestría en el mismo, explorando los contornos de la isla con mayor detalle. Entrecierro los ojos, estudiando con mayor detalle los contornos de la isla que se hacen más visibles conforme nos acercamos. "Hay formaciones rocosas que parecen casi arquitectónicas" – señalo con intriga, recordando que hace más de tres años había leído el libro de un tal “Geogarro” el cual describía de manera fascinante la geografía y geología del archipiélago Notice – "Moldeadas por siglos de actividad volcánica en patrones que engañan al ojo." La naturaleza tiene una manera peculiar de crear ilusiones. Lo que a primera vista podría parecer obra de manos inteligentes, en realidad es el resultado de erupciones repetidas y flujos de lava que han esculpido la roca en formas que desafían la lógica natural. Luego de unos momentos, siento a Apolo acercándose. Mi amigo ha trabajado incansablemente durante los últimos meses para asegurar que la División esté completamente preparada para afrontar los desafíos del nuevo mundo, y su dedicación es evidente en cada detalle que ha considerado. Su experiencia como navegante ha sido invaluable durante estos meses, especialmente ahora que nos enfrentamos a aguas tan traicioneras como las que rodean esta nueva isla. A mis espaldas, puedo escuchar los sonidos familiares de mis tres compañeros preparándose para el desembarco. El clic metálico de Karl revisando las armas que cada uno de nosotros llevará, la voz calmada de Joe organizando las provisiones básicas que necesitaremos, y los pasos decididos de Apolo verificando los sistemas de anclaje y las cuerdas para nuestro descenso a la isla. La eficiencia con la que los cuatro nos movemos es el resultado de meses navegando juntos, como una familia. Aunque somos pocos en número, hemos desarrollado una coordinación que compensa nuestra falta de personal masivo. Cada uno sabe exactamente cuál es su rol en el O Redentor y cómo complementar a los demás. Cuando me confirman que todo está listo para el desembarco, asiento listo para nuestra siguiente aventura. He pasado la última hora revisando meticulosamente mi equipamiento médico y bélico, asegurándome de llevar todo lo necesario para cualquier emergencia que podamos enfrentar en esa isla hostil. Las nuevas instalaciones del galeón me han permitido preparar un arsenal médico más completo de lo que jamás había tenido. Siento esa mezcla de nervios y confianza que siempre me invade antes de una misión importante. Nerviosismo que mantiene mis sentidos agudos, confianza basada en meses de preparación rigurosa, y una determinación tranquila que viene de saber que estoy rodeado por las tres personas en las que más confío en este mundo. "Sea lo que sea que encontremos en este nuevo infierno" – digo haciendo referencia a los eventos de Sabaody, mi voz lo suficientemente alta para que mis compañeros puedan escucharme – "dudo que sea peor que lo que hemos vivido hace 2 años." Puedo sentir a través de mi haki de observación cómo la determinación del grupo se fortalece con mis palabras. Se siente increíble cuando todos estamos en la misma sintonía, trabajando por lo mismo. Mientras el O Redentor termina su aproximación hacia la isla volcánica, mis pensamientos se dirigen por un instante al otro lado del Red Line. En algún lugar del vasto mundo, Fugowo sigue esperando. Sonrío ligeramente mientras el calor de nuestro destino comienza a hacer que el aire vibre visiblemente a mi alrededor. El gyojin que había llorado sus derrotas bajo las estrellas veinticuatro meses atrás habría estado aterrorizado por lo que se alza ante nosotros. El Comodoro que soy ahora está ansioso por comenzar. Y cuando esta misión termine, estaré un paso más cerca de encontrar a mi hermano.
OFF
Haki
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