Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece
[FIC - Salto temporal] A fuego lento - Versión para impresión

+- Nakama no Mi - Foro Rol de One Piece (https://nakamanomi.com)
+-- Foro: Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=3)
+--- Foro: Nuevo Mundo (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=362)
+---- Foro: Punk Hazard (https://nakamanomi.com/forumdisplay.php?fid=395)
+---- Tema: [FIC - Salto temporal] A fuego lento (/showthread.php?tid=1897)



[FIC - Salto temporal] A fuego lento - Triana Tempesta - 03-08-2025

Todavía recordaba nuestra huida apresurada de Sabaody y nuestra llegada a la isla Gyojin. El viaje se me hizo largo, aunque tal vez fuese la sensación asfixiante de desplazarnos por debajo del mar. Lo que más me gustaba de ir en barco era la libertad, sentir el viento en todo el cuerpo, despeinando mis cabellos y haciendo bailar mi ropa al son de nuestra bandera, las gotas de agua que saltaban de las olas hacia la cubierta del barco al chocar contra el casco, el graznido de las aves que nos adelantaban surcando el cielo. Sin embargo, en ese momento recordaba perfectamente que todo era oscuridad y silencio. Una calma siniestra que solo se veía perturbada cuando algún animal marino pasaba por nuestro lado rozando la burbuja que impedía que todos muriésemos ahogados. No iba a mentir, nunca llegué a confiar en esa burbuja, por mucho que Tobías certificase que era confiable. Mi mente trató de ser racional y sabía que era lo suficientemente resistente como para llevarnos a nuestro destino, pero la parte más irracional de mi cerebro sentía que, en cualquier momento, la burbuja iba a picharse con el más mínimo roce y nos iba a dejar a todos expuestos a las profundidades del mar, hundiéndonos sin remedio en aquel infierno húmedo y frío. Solo tenía que cerrar los ojos para recordar la sensación desagradable al ver dónde nos encontrábamos, Durante ese tiempo, preferí encerrarme en mi habitación, aunque detestaba tener que ocultarme como un caracol. Cada vez que respiraba profundamente, recordaba otra de mis preocupaciones, que se nos acabase el oxígeno. En todo ese tiempo, no llegué a comprender del todo cómo funcionaba la burbuja y nadie había planteado que esto pudiese ser un problema. Sabía que tripulaciones mucho más numerosas habían realizado el mismo camino que nosotros envueltos de la misma manera y no se habían muerto asfixiados, pero no podía dejar de pensar en cómo la burbuja era capaz de proporcionarnos el oxígeno suficiente. Todo era un asco y solo quería llegar ya a donde fuese.

Cuando por fin llegamos a nuestro destino, la situación no mejoró. Algo había escuchado sobre el reino donde vivían los gyojin, sirenas y tritones, que se encontraba bajo el mar. A medida que nos aproximábamos, no solo quedaba en evidencia que aquel lugar escapaba a todas las leyes físicas que conocía, sino también su belleza. Por desgracia, no pudimos adentrarnos en su reino, aunque sí permanecer en el barco y en las afueras. La situación política era complicada, y más complicada aún era nuestra propia situación: sin capitán y recién huidos de un conflicto de cuya magnitud tampoco éramos conscientes en ese momento. Seguramente los marines ahora más que nunca Pusiesen todo su empeño en atraparnos, aunque primero tendrían que solucionar la que se había liado en Sabaody con la tremenda explosión que había hecho huir del combate al mismísimo almirante Yugu. Tampoco sabía cómo íbamos a enterarnos de las últimas noticias ahí abajo, aunque imaginaba que alguna forma habría, ya que los gyojin no vivían en la ignorancia y eran perfectamente conscientes de todo lo que ocurría en la superficie. En ese momento decidí no preocuparme por ello y centrarnos en planificar el futuro que nos esperaba. Por el momento no era nada inteligente Tomar decisiones precipitadas y tratar de continuar nuestro camino como si nada. Había muchas cosas sobre las que reflexionar, otras tantas que planificar y un largo camino por delante para mejorar nuestras habilidades antes de adentrarnos en un mundo, si cabía, más extraño y desconocido para nosotros.

Tal y como imaginé, nuestro viaje se convirtió en una odisea a partir de aquel momento. Fueron muchos los momentos de charlas, entrenamientos, reflexiones y, sobre todo, crecimiento personal. Tal vez a los que más se notase este crecimiento fue a Sasha y a Kenzo, los más jóvenes de la banda. En un principio no planeamos la fecha de salida de aquel lugar, simplemente fuimos cumpliendo pequeñas metas y dejando que el tiempo transcurriese. Pasé los días entrenando, tal y como estaba acostumbrada, pero también dediqué el tiempo a diversas tareas que requerían mi atención. En primer lugar, Jolyne había mostrado un inusitado interés por el haki en todas sus vertientes. Por su habilidad con las armas de fuego podría decirse que el haki de observación era el que más podría llamar su atención, pero también parecía querer aprender sobre el haki de armamento. No iba a ser yo quien pusiese límites a sus repentinas ganas de adentrarse en el mundo del haki. Es más, me parecía perfecto que alguien como ella, tan diestra en combate, pero tan poco belicosa, Quisiera aprender nuevas formas de mejorar sus habilidades. Estaba segura de que ambos tipos de haki le serían de mucha utilidad, así que acepté sin dudar ser su mentora. Ya lo había hecho antes en Sabaody, donde le enseñé a despertar el haki de observación. Había sido una alumna peculiar, pero su esfuerzo había dado sus frutos, así que razón de más para continuar con su entrenamiento donde lo dejamos e instruirle en nuevos tipos de haki. Tal y como imaginé las sesiones de entrenamiento fueron un éxito. Jolyne se esforzaba cada día por aprender y, aunque en ocasiones me sacaba de mis casillas, obtenía buenos resultados. No considero que fuese extremadamente estricta, aunque tampoco muy original. Simplemente le pedí hacer lo primero que si me pasase por la cabeza y que creía que podía ser de ayuda para su entrenamiento. Afortunadamente, funcionó.

En segundo lugar, dediqué mi tiempo libre a pasear, observar y relacionarme con la gente del lugar. Me fastidiaba no poder entrar al reino de Ryugu ya que nos había costado tanto llegar hasta allí, pero aprendí a conformarme y a tratar de disfrutar y, sobre todo, de aprender todo lo posible dentro de los límites que nos establecieron. Pensándolo bien, podría haber sido mucho peor. Podríamos no haber ni llegado a salir de Sabaody y haber acabado como Yamamura. No quería que algo así sucediera y, para ello, sabía que tenía que estar informada, al menos todo lo que pudiese estando bajo el mar. No podíamos recluirnos y pretender que éramos los únicos en el mundo, teníamos que comprender más de nuestra realidad, ser conscientes de lo que nos rodeaba, así que, sería una buena inversión de tiempo si me dedicaba a escuchar a otras personas para tratar de aprender de ellas. En ocasiones resultaba tedioso e infructuoso, pero otras veces podía llegar a ser interesante, y más aún en un lugar tan particular como en el que nos encontrábamos. Aquellos momentos me recordaron inevitablemente a mis años de camarera en el bar antes de unirme a Yamamura. Odiaba la parte de tener que aguantar borrachos, pero me gustaba la de escuchar los problemas de la gente, sus inquietudes, situaciones, aficiones… Por lo menos ahora que nadie me pagaba podía decidir a quién soportar y a quién no, aunque no es que en mi trabajo me caracterizase por ser demasiado paciente. Ahora que lo pensaba, no sabía cómo no me habían despedido. Tal vez fuese por mi gran profesionalidad o, tal vez, por mis camisas escotadas que atraían las miradas de los clientes. Quién sabía. No echaba de menos trabajar y me alegraba de poder obtener dinero de casi cualquier forma.

Ese era otro de los problemas a los que tuve que dedicar algo de tiempo. Los días y las semanas pasaban, y la comida comenzó a escasear. Para colmo, ya no nos conformábamos con cualquier col cruda, como en los tiempos en los que Yamamura estaba al cargo. Ahora, gracias, o por culpa, de la habilidad culinaria de Garnet, nuestros paladares se habían acostumbrado a comidas más elaboradas y, por supuesto, sabrosas. Teníamos bastante dinero guardado en el barco, como en cualquier barco pirata que se preciase, pero no podíamos malgastarlo a lo loco y esperar que no se desvaneciera. Sasha era la que solía preocuparse más por el dinero, ya que era ella la encargada de cerrar los tratos con los comerciantes, pero no quería quedarme al margen y despreocuparme de nuestra situación económica, que era clave. Me interesé, pregunté y traté de fomentar que cada uno adquiriese su propio dinero para costear sus caprichos. Con Jolyne no era un problema, no se compraba ropa desde que tenía diez años y ni siquiera eso, parecía que vestía con la ropa de su padre o de su primo del pueblo. Por suerte los demás tampoco eran excesivamente derrochadores, así que no tuvimos demasiados problemas en ese aspecto. Para ahorrar un poco y poder comprar alimentos de calidad sin tener que gastar de nuestras arcas, solía jugar a las cartas en los bares y apostar algo de dinero. Solo lo hacía cuando sabía que la apuesta era casi segura. Me gustaba el juego, pero no regalar mi dinero. No me fue mal y esta práctica se volvió habitual. Además, también solía participar en torneos de pulsos organizados por mí misma. Con mi altura y mi aspecto era más complicado simular ser una jovencita inocente, pero siempre había algún imbécil dispuesto a ser desplumado con tal de demostrar que era el gallo más macho del corral. Odiaba pensar ya como Jolyne y utilizar sus metáforas, pero era lo que tenía pasar tanto tiempo con ella. Por lo general y gracias a nuestros hábitos poco consumistas, nuestra situación económica no fue un desastre a pesar del paso del tiempo, aunque tampoco era para echar cohetes. Visto lo visto y lo que había ocurrido en Sabaody, no se sabía nunca cuándo podríamos necesitar unos cuantos millones, así que no estaba de más tenerlos guardados por si las moscas.

No tardé demasiado tiempo en confirmar esta hipótesis. Nuestro barco era espectacular, pero siempre había algún aspecto que se podía mejorar. Sasha y Tobías eran los más cualificados para valorar qué era lo que necesitaríamos del barco en nuestro viaje y lo hicieron estupendamente. Con nuestro barco podríamos llegar hasta el Nuevo Mundo, aunque debíamos minimizar los riesgos. Con el paso del tiempo nos percatamos de que a Garnet se le quedaba pequeña la cocina, si es que a lo que teníamos se le podía llamar cocina. Consistía en una encimera, un fregadero y un hornillo. Pero no solo era eso. Sasha y Tobías valoraron que Con el dinero que teníamos ahorrado podríamos mejorar más partes del barco, como el mástil, la cubierta, la proa, la popa y el casco. No tenía mucha idea de qué suponían estas mejoras, pero confiaba en su criterio, así que di el visto bueno de inmediato para realizar las reformas que mejorarían nuestro barco. Tal y como esperaba, el resultado fue satisfactorio, aunque el dinero que nos habíamos tenido que gastar era considerable. Por lo menos, estaba convencida de que valdría la pena. Todos acabaron contentos en general, especialmente Garnet, incluso si eso significaba tener que vigilar más atentamente el dinero que gastábamos. Cuando vi la cocina del barco, nada de eso me importó. Solo podía pensar en cuántos platos deliciosos podría cocinar Garnet al día para nosotros entre el desayuno, el almuerzo, la comida, la merienda y la cena, además de los postres y cócteles.

Antes de que me diese cuenta, ya habían pasado varios meses en los cuales el tiempo se nos fue de las manos. Todo ocurrió demasiado rápido, de forma confusa y, a la vez, tan esclarecedora, entre cosas que no parecían importantes y otras que lo fueron sin que apenas lo percibiésemos. Uno de esos días en los que el tedio me asaltó de improviso, me dirigí a uno de los camarotes vacíos en los que guardábamos toda clase de trastos que no sabíamos dónde meter ni qué hacer con ellos. Ente estos, se encontraban algunas de las pertenencias de Aspros que dejó atrás cuando se marchó para continuar su propio camino en Momoiro. No eran gran cosa, alguna prenda de ropa, mascarillas faciales, revistas antiguas, zapatos de tacón desgastados, maquillaje usado, pinturas, folios y algunos libros. Ya lo había revisado con anterioridad para asegurarme de que no había nada de valor que pudiésemos vender, pero el muy rata no nos había dejado ni una sola pieza de joyería, tan solo bártulos que podrían pertenecer perfectamente a los años dorados de una vieja diva olvidada. No esperaba encontrar nada diferente, pero el aburrimiento y las pocas ganas de salir aquel día hicieron que me sumergiese de lleno entre las boas de plumas polvorientas en busca de algo con lo que matar el tiempo que quedaba hasta la cena. Las revistas eran curiosas, pero no eran lo suficientemente antiguas como para llamar mi atención. Eran de hacía tan solo unos años y me sonaba a haberlas leído en su momento. Los dramas que mencionaban en los titulares de la portada me eran indiferentes, pasados de moda. Lo que sí despertó mi interés fue uno de sus libros: Manual del navegante solitario. Era evidente que estaba demasiado aburrida. Me lo llevé a mi camarote y comencé a leer hasta que, sin darme cuenta, llegó la hora de cenar. Ni siquiera el olor de la comida me distrajo de la ávida lectura. No podía evitar pensar en cómo la información que leía nos podía ser de utilidad, aunque Sasha ya sería conocedora de todos esos fundamentos. Para mí se trataba de un mundo nuevo de posibilidades. Siempre había confiado en Sasha, y seguiría haciéndolo, pero no podía vitar pensar en qué pasaría si, por algún motivo nos veíamos obligados a separarnos, tal y como había ocurrido en Sabaody. Aquella experiencia me había marcado bastante. Por suerte, en ese momento pudimos reencontrarnos y seguir con nuestro camino, pero no hubiésemos sido tan afortunados me habría tocado apañarme en solitario. No me importaba, estaba segura de que podía afrontar cualquier desafío que se interpusiese en mi objetivo, pero no estaba de más tener aquel conocimiento.

Tras terminarme aquel libro no pude evitar volver aquel camarote de los desastres en busca de nuevas lecturas. Corrientes, mareas y deriva: Control y predicción, Hidrografía práctica para navegantes, Corrientes impredecibles y vientos del Grand Line, Trazado de rumbos con Log Pose y Eternal Pose… Todos y cada uno de los libros fueron pasando por mis manos uno a uno. Incluso busqué un hueco en mi camarote en la estantería de mis libros de medicina para guardarlos. Fue tal mi interés que un día me encontré visitando una librería y ojeando más libros nuevos de navegación. El tema me llamaba cada vez más la atención, pero el problema era que había demasiados conceptos que no comprendía del todo. Algunas ideas se me escapaban y no llegaba a comprenderlas del todo. Eso era por culpa de que los libros de Aspros eran demasiado especializados, al menos para una iniciada como yo.  Pensé que era una lástima no tenerte cerca para poder preguntarle y charlar sobre navegación hasta que me vino de inmediato Sasha a la cabeza. Hola no sabía cómo había sido tan estúpida para no caer en la cuenta de que tenía la respuesta a todas mis preguntas al alcance. Compré un par de libros más escogidos con cuidado, aquellos que creía que podía entender con más facilidad y que podrían instruirme sobre términos nuevos para no malgastar ni un solo berrie, y corrí de vuelta al barco para hablar con Sasha. A pesar de su edad, era admirable cómo había conseguido dominar el arte de la navegación. A veces podía ser bastante bruta y muchas otras veces era evidente que se trataba solo de una chica que estaba dejando atrás su adolescencia, pero, a pesar de ello, se había preocupado por cultivar su mente lo suficiente como para dominar un conocimiento tan complejo, al que había que sumarle el de su habilidad con las finanzas. Cada vez que pensaba en ella, en todos los miembros de la banda en general, me daba cuenta de que, aunque tenían sus peculiaridades, eran unos verdaderos portentos en lo suyo.

Aquellas charlas con Sasha y tardes de lectura supusieron un nuevo entretenimiento que se sumó a todas mis otras aficiones y tareas y contribuyeron a que el tiempo pasase mucho más rápido todavía. Aquella estancia temporal comenzó a alargarse de forma inesperada, lo cual nos permitió, además de continuar formándonos y entrenando, creciendo como personas y como grupo, relacionarnos entre nosotros y conocernos mucho más aún. Pasaba los días entrenando a Jolyne, leyendo libros de navegación y hablando con Sasha sobre ello, comiendo los nuevos platos que se le ocurrían a Garnet, jugando a las cartas en los bares y, como no, fijándome también en el cambio de Kenzo, el más joven de la banda. Cuando Yamamura desapareció me preocupé bastante por él. Era evidente que había sido el más afectado por su encarcelamiento y no quería que hiciese ninguna tontería. Eso habría sido algo propio del Kenzo infantil e impredecible que se unió a nosotros con la fuerza de un huracán, arrasando con todo. Pero el Kenzo que acabé teniendo ante mis ojos era muy distinto. No sé cómo ocurrió. No fue de un día para otro, pero sí que hubo un punto de inflexión en el que me fijé en él, en cómo entrenaba y se esforzaba, pero también en cómo cultivaba su mente, maduraba y, con él, también su cuerpo. Había pasado de ser un enano caza bichos hace casi un hombre hecho y derecho. Todavía le quedaba un poco más por crecer (Esperaba que no físicamente, sino mentalmente), pero su evolución era más que notable. Ahora parecía que tenía un objetivo mucho más claro en mente. Solo esperaba que todo el tiempo que pasaba con Garnet no le pasase factura y se convirtiese en una especie de baboso pervertido. Habíamos conseguido que no se convirtiese en un vengador inconsciente y suicida, así que solo quedaba esperar que la mala influencia de Garnet también se hubiese visto reducida.

Por si todo aquel entretenimiento no fuese suficiente, también encontré hueco para disfrutar de pequeñas charlas con el antiguo capitán Tobías. Era el menos ruidoso, pero también el más apañado. Parecía que siempre tenía una respuesta para todo y sabía cómo actuar en cada momento. De lo que más hablábamos en el principio era del barco, quería saberlo todo sobre nuestro medio de transporte y sobre todo después de haberme he estado informando sobre navegación. Pero otro tema interesante que surgió fue el de su brazo perdido. En todo este tiempo no había necesitado su brazo de forma urgente, sabía cómo utilizar su único brazo y ser letal con él. Su habilidad con las armas de fuego y el control de su fruta le convertían en un tirador excepcional. Aun así, era una pena Desperdiciar la oportunidad de contar con una extremidad más. Eso me llevó a leer también un poco sobre cirugía. Ya lo había hecho con anterioridad, conocía algunos procedimientos y me sentía capaz de llevarlos a cabo con éxito, aunque todavía no había tenido la oportunidad. No quería experimentar con él como si fuese una cobaya humana, pero no me he paraban de rondar la mente diferentes ideas sobre las posibilidades que ofrecía ese brazo amputado. Si más adelante se daba la oportunidad, no pensaba desperdiciarla. Total, tampoco podía quedar peor de lo que estaba. Hablar con él era un gran descanso después de tener que relacionarme con algunas otras personas, como Jolyne, que podían llegar a absorber toda mi energía.

De esta forma, los meses transcurrieron en un suspiro. Todo ese tiempo fue el necesario para reflexionar sobre nuestra situación y nuestros siguientes pasos. No sabía cómo, pero teníamos que ir a por Yamamura. Quería pensar que el mismo sería capaz de huir y venir a buscarnos, pero debía ser realista. Nadie escapaba de aquella prisión, así que seríamos nosotros los que derribaríamos sus paredes para rescatar a nuestro capitán. El problema era que para regresar tendríamos que continuar nuestro camino y dar la vuelta completa. Eso nos llevaría tiempo, pero no teníamos prisa. De momento, continuaríamos haciéndonos un nombre y ensalzando nuestra bandera para dejar claras nuestras intenciones de manera que, cuando nos viesen aproximarnos a Impel Down, el gobierno tendría que movilizar a todas sus tropas posibles, porque nada podría pararnos. El camino sería largo, pero no en vano. Cuando completamos nuestro entrenamiento, nuestra formación, mejoramos nuestro barco y pasó un tiempo prudencial, decidimos continuar sin mirar atrás.

Nos habíamos acomodado demasiado tiempo en aquel lugar y no había sido una experiencia para nada negativa, todo lo contrario, consideraba que nos había venido bien a todos. Precisamente por ello nos costó un poco comenzar a movernos para marcharnos, pero nuestro camino debía continuar. Se lo comuniqué a los demás con tiempo para que pudiesen finalizar los asuntos que tuviesen pendientes y puse una fecha límite para emprender el rumbo hacia el Nuevo Mundo. Sasha estaba completamente preparada. Ahora sabía lo complejo que podía llegar a ser dirigir un barco como el que teníamos y más todavía en unas aguas tan intempestivas e imprevisibles. Tobías terminó de revisar el barco y todos los demás nos pusimos manos a la obra para llevar a cabo los preparativos. Una vez estuvimos de nuevo sobre el mar navegando, casi no me lo podía creer. Me resultaba incluso extraño y volví a recordar lo que se sentía dirigiéndonos rumbo a lo desconocido.

En el barco intenté mantener la rutina de entrenamiento y seguir manteniendo la vida que había llevado este último año. Imaginé que durante un tiempo nuestras rutinas serían tranquilas y sin demasiados cambios, pero Garnet no tenía los mismos planes. No sé ni cómo lo hizo, fue en un abrir y cerrar de ojos, me parecía imposible que hubiese dado tiempo a nada, pero nos comunicó que iba a trabajar en algo llamado "distrito del placer". No tenía ni idea de qué era eso ni cómo o por qué había tomado la decisión, pero el nombre de ese distrito sonaba fatal. Daba la impresión de que iba a ser una especie de chulo entregando a mujeres para que diesen placer a viejos verdes. O peor, él sería el chapero que ofreciese su cuerpo a cambio de berries. Realmente no me importaba demasiado. Si le hacía ilusión, allá él. Compartía el mismo pensamiento que Yamamura, éramos libres de decidir nuestro destino, así que no le prohibiría nada a nadie. Quién sabía, incluso, tal vez, esa nueva idea que se le había metido en la cabeza a Garnet nos pudiese favorecer en algún momento. Me conformaba con que le sirviese para traer algo de dinero. Ya le preguntaría más adelante sobre el tema para asegurarme de que no hiciese una tontería que nos expusiera a todos, como la de enamorarse y mantener una relación sentimental con una marine.

No tardamos demasiado en llegar a una isla. Hacía demasiado que no nos encontrábamos en esa situación. Tras ocultar el barco en la medida de lo que era posible, pisamos por fin tierra firme. Un aspecto positivo era que parecía no haber civilización, al menos no una ciudad grande, ni siquiera un pueblo mediano. Todo lo que se veía era vegetación y lo único que se oía eran los animales salvajes y el sonido de las olas rompiendo sin demasiada fuerza. En aquel lugar, el agua del mar era especialmente claro, de color turquesa, y permitía ver con claridad algunos pequeños peces y conchas de colores. Traté de buscar algún camino marcado, pero la vegetación crecía a su ritmo, sin que pareciese perturbada por la huella humana. Eso reforzó mi idea sobre la escasez de población. Más allá de la arena, tan solo había plantas de tamaño considerable, arbustos densos, lianas enredadas, y palmeras altas. Algunas raíces sobresalían del suelo y formaban desniveles, obligándonos a caminar con cuidado. Entre los troncos, se escuchaban sonidos de animales: pájaros, insectos, quizá algún reptil pequeño moviéndose entre la maleza. Al Kenzo de hacía unos años le habría encantado y tendría entretenimiento de sobra cazando insectos pintorescos. El clima era cálido y húmedo, lo cual favorecía el crecimiento de ese tipo de plantas que nos envolvían. En el aire se podía oler la tierra mojada y la sal del mar. Pero no todo era un camino repleto de obstáculos vegetales, también había claros en los que penetraban los rayos del sol con fuerza. Garnet no tardó en decidir que sería fundamental adentrarse un poco más en busca de comida. Cada uno decidió investigar un poco por su cuenta y no me pareció mala idea. Así estaríamos entretenidos y, de paso, conoceríamos un poco más sobre aquel lugar. Por lo menos, parecía que la fauna no era peligrosa ni de gran tamaño, pero sí era abundante. Seguramente estuviésemos rodeados por miles de bichos y de alimañas.  Otra cosa que llamaba mi atención era la gran cantidad de flores de todos los colores que había por doquier. La isla era hermosa y con un halo de misterio indescriptible. Sin embargo, aquella belleza y tranquilidad parecía ocultar algo. Era  una sensación difícil de explicar, una tensión sutil tras la paz que transmitían los elementos y el mundo vegetal y animal.

Tras comprobar que el sitio no parecía estar habitado y no suponía ninguna amenaza para nosotros, pasamos la noche allí antes de continuar investigando un poco más.  Durante aquella noche creí que había sido una suerte no habernos topado con una isla bajo la vigilancia del gobierno ni en la que Todo intentase matarnos, pero todavía quedaba mucho de aquel lugar por conocer. A la mañana siguiente, continuamos explorando. Quería avanzar lo más rápido posible, pero ese no era un mal Sitio para aprovisionarnos de manera gratuita de comida. Por el momento, sabíamos que había peces y frutas, Si continuamos avanzando estaba convencida de que encontraríamos algo de carne. Nos adentramos en lo más profundo de la selva con la mente abierta encontrar cualquier cosa, por lo menos yo, pero no me esperaba que en medio de aquel paraíso tropical hubiese unas instalaciones que no tenían pinta de hogar de los lugareños rodeadas por una valla metálica y repletas de carteles de advertencia en los que se podía leer “peligro no pasar”. Al verlo, suspiré. Por una parte, ya me veía extendiendo mis vacaciones un poco más. Por otra, ya estaba deseando un poco de acción. Sobre todo, me moría de ganas por saber qué era aquello. Si estaba en una isla como esta me jugaba lo que fuese a que no era legal y solo quedaban dos opciones, que fuese cosa del gobierno o de algún pirado con planes al margen del gobierno. Fuera lo que fuese, me interesaba. ¿De Verdad al responsable se le había ocurrido poner esos carteles? ¿Quién llegaba a una isla abandonada, se encontraba con unas instalaciones misteriosas y las ignoraba tan tranquilamente solo por un cartel?  Lo que estaba claro era que teníamos que prepararnos antes de actuar. Daba por hecho que todos sabíamos que íbamos a entrar ahí, lo único que teníamos que planificar era cómo y qué podíamos esperarnos para poder hacerle frente. Regresamos al barco para coger todo lo necesario. Guardé todos mis botiquines, mis armas y mis objetos personales. Todos los demás parecían tener la misma curiosidad y no se negaron a investigar las instalaciones. No podíamos dejar nuestro barco solo si queríamos salir de allí en algún momento, así que Sasha se ofreció a cuidarlo mientras nosotros poníamos en marcha nuestro plan. Era bastante sencillo ya simple, ya que no sabíamos a qué nos enfrentábamos. El sigilo no era lo nuestro y tampoco iba a ser muy posible si lo que debíamos hacer para entrar era derribar una puerta metálica. Una vez dentro, Nos tocaría revalorar la situación de forma rápida dependiendo de lo que nos encontrásemos. ¿Habría Gente dentro trabajando? ¿Cuántas personas?  ¿Se trataría de una instalación abandonada? ¿Sería una sala amplia o con pasillos que nos hiciesen dividirnos? Ya solo de pensar en todo ello notaba que me hervía la sangre de la emoción. Era una pena que Sasha no hubiese venido, podría haber derribado la puerta en su forma de dinosaurio y sería la más emocionada de todos, pero vigilar el barco también era una tarea importante y con sus riesgos especialmente si se hacía en solitario.

Una vez nos encontramos todos delante de lo que parecía una de las puertas de las instalaciones, les miré para asegurarme de que estuviesen listos. Todos estábamos decididos, especialmente Garnet y Kenzo. Sus ojos brillaban de determinación. Sabía que ellos dos eran los que más se habían esforzado con sus entrenamientos, especialmente Kenzo. Los frutos de su esfuerzo eran evidentes, y Garnet había participado activamente en ello.  Se habían vuelto uña y carne en este último año. ¿Qué mejor momento que este para mostrar sus habilidades y su compenetración? —Vamos allá. Garnet, Kenzo, haced los honores —dije señalándoles la puerta con la barbilla. Eso bastaría para que supieran qué tenían que hacer con aquella puerta, el obstáculo que se interponía entre nosotros y nuestro destino.