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[Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Versión para impresión

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[Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Varoganchin - 04-08-2025

Día 70 de Primavera // Año 16



El sol filtra sus últimos rayos entre las hojas del bosque, tiñéndolo todo de un color ámbar a su paso . Los árboles se yerguen a los lados de un sendero de tierra, que cruje con cada una de tus pisadas. El aire fresco arrastra con su empuje el susurro de las hojas, llenando el ambiente de una engañosa calma. El sendero de tierra se extiende ante ti entre raíces nudosas y troncos viejos, como una serpiente que avanza sigilosa acechando a su presa.
Te encuentras avanzando por el camino que te lleva hacia los dojos de la Isla Kárate. Estos caminos son conocidos por servir de campo de entrenamiento para los diferentes aprendices de los dojos, los cuales descienden a recoger arroz y cargarlo hasta la cima con el objetivo de fortalecer sus músculos y endurecer su espíritu. Ante ti, se cierra la espesura del bosque, permitiendo el paso por un único sendero de tierra, resguardado por un arco que forman las ramas de los árboles. Durante un rato, lo único que puedes escuchar son tus pasos rompiendo el silencio. Avanzas por el camino en una curva de aspecto interminable hasta que de repente, oyes algo de bullicio. Apresuras tu paso para ver qué está ocurriendo, hasta que al fin, logras ver algo ante ti.
Un grupo de aprendices de algún tipo de arte marcial se encuentra detenido en el camino. Uno de ellos, de aspecto más joven y de menor envergadura, está de rodillas en el suelo con la cabeza agachada y una mano en alto, la palma hacia arriba, como quien trata de frenar algo que cae sobre su cabeza. A su lado, puedes ver una cesta de mimbre volcada, el arroz que contenía se ha derramado por el suelo del bosque como si de una ola blanca y grumosa se tratase. Frente al chico, puedes ver tres figuras, aprendices también, pero una de ellas te llama la atención por encima de las otras, puesto que se alza imponente entre ellas. Un joven, fornido, vestido con un kimono naranja, que se acerca con aire intimidante al joven caído.
—¿Otra vez en el suelo? —grita enfurecido—. No eres más que un inútil. no entiendo por qué el maestro te aceptó en el dojo.
El joven del suelo, tembloroso, intenta recoger el arroz tirado por el suelo, aunque el temblor de sus manos no le permite hacerlo con gran destreza.
—Lo... lo siento —dice con voz entrecortada—. So... solo tropecé con una rama.
El chico se apresuraba a meter tanto arroz como podía en su cesta, cuando el joven del kimono naranja se acercó a él increpándolo.
—¡Basura! Siempre estarás lastrándonos. ¡Eres débil!
Mientras gritaba, el chico pateó la cesta de arroz del joven arrodillado y se acercó a él con una rama en la mano, la llevó hacia arriba con ánimo de golpear en la cabeza al chico del suelo.
Chico agresor
Chico derribado
Tú te encuentras a unos 5 metros de la acción, observando todo con facilidad.
¿Cuál será tu respuesta? ¿Intentarás evitar la agresión? ¿Dejarás que se cumpla la ley del más fuerte?

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RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Krysser - 04-08-2025

El sendero crujía bajo sus pies mientras avanzaba entre las sombras alargadas del bosque. Las últimas luces del día se colaban entre las ramas altas, tiñendo todo de ámbar cálido, aunque para Krysser aquel lugar le recordaba en ciertos modo a la naturaleza que era su hogar, los detalles que hacían la diferencia eran notorios ante un ojo experto que prestara atención. La fauna se mostraba tímida, pero la flora dejaba ver qué aquel lugar estaba lejos de ser idéntico a su lugar de origen. Pero aquello no le entristecía, al contrario. Conocer el mundo y ver sus maravillas era uno de sus sueños desde niño, desde que aquellas historias de aventuras calaron en su mente y en su corazón.

Respiró hondo, hinchando su peso en el proceso. El aire olía a tierra húmeda y hojas secas, un aroma que le gustaba. Estaba tranquilo. O al menos, lo estuvo durante un rato.

No tardó en notar el cambio. Tras cruzar el umbral del sendero en mitad del bosque, el silencio natural fue sustituido por el eco de voces lejanas. No parecía ser una conversación, sino una especie de altercado. Su paso se aceleró instintivamente, y en unos segundos más, la curva del camino le mostró la escena.

La imagen era típica, en este mundo tantos abusaban de su poder que era difícil no haberla contemplado alguna vez en la vida. Tres jóvenes abusones amedrentaban a un pobre chico, que a duras penas podía ponerse en pie.

Sus ojos se fijaron primero en el chico de rodillas, con el rostro agachado, intentando recoger arroz entre temblores. Luego, en la figura que más lo increpaba, que le daba la espalda como las demás. Era más alta, fuerte, con un kimono naranja. Vio como derramó la comida que cargaban, y como pateaba la cesta del joven entre insultos.

Krysser no se movió al instante, no saltó ferozmente. Solo observó en silencio, moviéndose despacio, hasta que ya no pudo más. 

Antes de darse cuenta, dio un paso adelante, luego otro. Su caminar era pausado, pero cargado de firmeza. No intentaba esconderse, ni gritar, ni provocar. Solo se acercaba silencioso, mientras la escena transcurría, como un gran felino acechando entre ramas.

En el momento en que vio al más grande de ellos alzando aquella rama, la escena le revolvió algo en el estómago. No por el chico en el suelo, pues había visto cosas mucho peores, sino por la expresión del que levantaba el brazo. No era fuerza, la fuerza no se veía así. Aquello era simplemente abuso. Y eso, por desgracia, lo conocía demasiado bien. Y no lo toleraba demasiado bien tampoco.

Sus garras se deslizaron levemente fuera de sus dedos por reflejo, apenas visibles.

Sus ojos se fijaron en el agresor, pero no le increpó , no pronunció palabra. Solo se colocó en su espalda y lo miró desde detrás, a apenas un metro, dejando que su sombra comenzara a proyectarse sobre el suelo, envolviendo al muchacho por completo. Aquel sujeto era grande, especialmente para ser un joven. Debía medir cerca del metro ochenta, suficiente para intimidar a los más pequeños, pero palidecían frente a los casi tres metros del Mink.

Apretó los puños suavemente. Aún podía seguir de largo. Podía. Pero no lo hizo.

Sin emitir sonido alguno, extendió una de sus manos para intentar sujetar la muñeca del chico antes de que la rama descendiera. Sus movimientos eran rápidos, pero medidos. No era un ataque, sino una advertencia.

Si lo lograba, esperaba que fuera suficiente para frenar la situación. Si no, al menos habría hecho el intento.

-Golpear a alguien que no quiere pelear y que ya está en el suelo... -Murmuró, apenas audible, con la voz grave y baja, sin intención de alzarla más de lo suficiente. -¿Eso os enseñan en el dojo? Así nunca te harás más fuerte.



Off



RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Varoganchin - 04-08-2025

El aire se había vuelto denso. La atmósfera estaba cargada de un fuerte olor. Con tonos amargos, el aire se había vuelto difícil de respirar de golpe, como si el viento hubiese arrastrado un gas o un ácido peligroso. No sabía describirlo con certeza, pero solo una cosa estaba clara: el viento había traído algo peligroso.
El joven de kimono naranja, Kito, lanza su mano hacia abajo, con la idea de castigar la ineptitud de su compañero, pero algo no va bien. Su brazo no desciende. Insiste y no consigue descender. Entonces se da cuenta de que una mano está sujetando su muñeca.
Su cara demuestra la irritación que le produce tal osadía, ninguno de sus compañeros se había atrevido antes a plantarle cara. Ni siquiera alzaban la voz contra él, mucho menos tendrían el valor para tocarle. La ira corrió por sus venas y tiró con fuerza de su brazo para soltarse del agarre. 
Sintió que su mano se liberaba y como algo afilado se deslizaba sobre su piel. Los aprendices a su lado gritaron y se alejaron dos metros de un salto al oir su voz. Entonces comprendió que no se trataba de ellos. Pero una cosa era segura, el enemigo sin duda los aterraba.
Kito giró sobre sus talones para golpear con su codo. Su golpe buscaba la cara de su rival, pero no contaba con su descomunal tamaño. El giro continuaba con el codo en dirección al costado de su enemigo.
Entonces lo vio por completo. Un enorme contrincante.
—APARTA, BESTIA!

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RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Krysser - 04-08-2025

El movimiento de aquel sujeto fue seguramente el peor que pudo hacer. Sin pararse a mirar siquiera a su adversario, con un gesto torpe e impulsivo, lanzó un giro desesperado, ciego por la rabia.

Krysser ya lo había visto antes, muchas veces. La rabia estaba bien, siempre que aprendieras a enfocarla. No era su caso.

El Mink podía leer la intención en los hombros, en la tensión del cuello, incluso en la forma en que el muchacho apretaba los dientes. El golpe no era táctico, no era frío. Era puro instinto, el tipo de reacción que uno tiene cuando siente que su autoridad es cuestionada o cuando, por primera vez, alguien no se arruga ante su voz.

No le hizo falta realizar grandes movimientos para bloquear aquel simple ataque. El codo venía a la altura de su torso, demasiado centrado y sin apuntar a ningún lugar en concreto. Era un error táctico, y Krysser lo aprovechó. Sin perder un segundo, levantó su brazo izquierdo y lo pegó al torso con un movimiento sutil, casi elegante, y el codo del muchacho chocó contra él como una piedra contra un árbol. El bíceps del tigre absorbió gran parte del golpe, y aunque hizo algo de daño, Krysser ni siquiera se tambaleó.

Son embargo, el abusón había cometido el mismo error que aquel joven karateka cometió pocos días antes. Lo había llamado "bestia".

El insulto no lo hirió, no del modo en que tal vez el chico esperaba. No provocó que rugiera, ni que lo embistiera como un animal desatado, no. Provocó algo mucho más peligroso. Que Krysser se enfocara.

Sus ojos se entrecerraron apenas, como si evaluara al chico no como un enemigo, sino como una presa. Una mal entrenada en el arte de huir de los depredadores mayores.

La fuerza del impacto se había disipado con facilidad, y en ese mismo instante, justo en el punto ciego del chico, aprovechando la inercia que él mismo se había dado al girar sobre su pie, Krysser movió el brazo derecho.

No fue un gesto con una violencia desmedida ni una rabia desatada, ni era fruto de la ira. No necesitaba eso. Su cuerpo simplemente fluyó con la precisión de un cazador, como un resorte bien enrasado y automatico. La derecha subió en línea recta, como parte del movimiento mismo de su guardia. El puño cerrado se lanzó directo al rostro del chico, no como un castigo, sino como una importante lección.

No buscaba romperle los dientes, ni aplastarle el orgullo con furia. Solo demostrarle, con brutal claridad, cuán débil era su fuerza cuando se usaba para aplastar a otros, y lo realmente temible que era la fuerza cuando se usaba para proteger a los demás.

No dijo nada. De momento, las palabras le parecían innecesarias. Dejaría que su puño hablara por él, ya había demostrado ser el método de comunicación más eficiente en aquella isla.

Off



RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Varoganchin - 05-08-2025

Kito pensaba que su movimiento era potente, eficaz, medido. No con el objetivo que a él le habría gustado; un codazo en el mentón noquearía a cualquiera. Su codo avanzaba hacia el costado, una zona que podía causar un gran dolor en su oponente. El brazo cortaba el aire como un halcón que desciende sobre su presa, certero, decidido.

Pero no impactó. No de la manera que él deseaba.

Krysser tuvo los reflejos suficientes para ver sus intenciones. Kito había sido rápido, sí, pero Krysser lo fue más. Su brazo ascendió como un destello anaranjado, casi pareciendo un parpadeo, y bloqueó el ataque de Kito. No sin daños, su brazo sufriría la potencia del impacto, pero manteniendo a salvo sus órganos de cualquier golpe que pudiese malherirlos. Fue un movimiento simple, pero igualmente efectivo. Un sonido seco rebotó entre las copas de los árboles, destruyendo por completo el silencio que hasta hacía unos instantes llenaba el bosque. El mink quedó impasible ante el choque de sus brazos.

Kito gritó, llamando bestia al mink. Una parte de él así lo veía. Se encontraba frente a un se encontraba ante un ser con aspecto de tigre y casi 3 metros de estatura. La imagen ante él le producía pavor en cierto modo. Él solo era un aprendiz, uno que era más aventajado con la lengua que con los puños, pese a que se dedicaba a amedrentar a los otros estudiantes haciendo uso de su diferencia de tamaño. La otra parte de él espetó aquel agravio con el fin de desestabilizar la mente de su oponente, que hasta ahora se había mostrado formidable.

Pero no consiguió provocar a Krysser. En su cara no se vio reflejado ningún gesto, ninguna reacción. Tan solo entornó ligeramente los ojos, como si estuviese leyendo a través de Kito. No con la intención del que estudia a su rival. Era algo más salvaje. Más animal. Como el cazador que analiza el momento de comenzar la persecución de su presa. O más bien, saltar sobre ella para finalizar el encuentro.

El cuerpo de Kito seguía girando, pese a que su codo se había detenido en seco, como el agua que choca contra la roca. Su cabeza continuaba desplazándose, su vista, viendo cada vez más del musculoso pecho del mink, hasta que pudo ver un último instante del puño del guerrero. Demasiado tarde, demasiado letal. El brazo subía directo a su cara, como un dardo en busca de la diana. Sin movimientos de más, con precisión. Sin energía malgastada por la rabia. Un golpe que parecía más hecho por instinto o acto reflejo, como la voltereta de un circense que ha repetido una y mil veces. Tenía algo de grácil, algo de violento.

Y entonces, impactó. Golpeó de lleno su rostro. No pudo evitarlo. Apenas pudo prepararse para el golpe. Más que un golpe, una sentencia. La que imponía la ley del más fuerte. Aquella de la que intentaba valerse para mantener una posición de superioridad frente a sus compañeros. La misma que ahora estaba repartiendo lecciones y daños por partes iguales. Daños evidentes, en su rostro, y otros más profundos, en su orgullo.

El golpe fue tan fuerte que quedó desorientado. Los árboles del bosque parecían bailar a su alrededor, a la vez que se habían duplicado. El suelo cimbreaba bajo sus pies, convirtiendo su verticalidad en una quimera difícil de alcanzar. Escuchó unos ecos, lejanos y reverberantes. Eran sus otros dos compañeros que huían despavoridos entre gritos tras el ataque de su nuevo enemigo, que se erguía imponente frente a él.

—Po... po... por favor, señor. No me haga daño. —suplicó Toriko, el chico que permanecía arrodillado. Su gesto era de terror, parecía haber adquirido, en una fracción de segundo, los ojeras de alguien que lleva varias noches sin dormir.

El sonido de los gritos de los otros estudiantes han llamado la atención de algo en el bosque. El aire arrastra el sutil sonido de sus pisadas que se acercan acechantes entre las sombras.

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RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Krysser - 05-08-2025

El golpe impactó, como sonido seco y limpio del contacto entre dos verdades incompatibles: una construida sobre la prepotencia y otra forjada a fuego lento en la herida de los años. Entonces, el silencio volvió.

Krysser no se movió de su sitio, sus hombros se mantuvieron firmes, y el brazo aún ligeramente extendido por la inercia del derechazo. No hubo necesidad de un segundo golpe. Ni lo había buscado, ni lo deseaba. Solo observó al matón herido, tanto en su rostro como en su orgullo.

Lo vio tambalearse, como una hoja arrancada por el viento. Y por un instante, no vio a un abusón, ni siquiera a un aprendiz de guerrero. Solo vio a un chico que acababa de aprender lo que significaba ser débil, y cómo se sentía estar a merced de alguien más fuerte. Una lección dura, grabada con sangre, que no olvidaría fácilmente.

Una extraña sensación flotaba en el aire. No era olor a sangre, sino a miedo. Era ese olor que precede a una súplica vacía, a un reclamo que los fuertes tienden a ignorar. Era algo demasiado familiar, aunque tantas otras veces hubiera sido el mink quien ocupaba el otro lugar.

Entonces lo escuchó.

-Po... po... por favor, señor. No me haga daño. 

Krysser giró lentamente la cabeza hacia el chico arrodillado. Su voz había sido débil, temblorosa. Pero no fue eso lo que lo inquietó, sino su mirada. Una mezcla de terror y desconfianza. Como si no supiera si la fiera que se había interpuesto para salvarle iba a girarse ahora para devorarlo también. Eso dolía más que cualquier golpe o herida.

Krysser relajó los hombros. Cerró el puño que había golpeado, bajándolo lentamente.

-Tranquilo. -Su voz fue grave, pero no agresiva. Más bien, como un susurro entre árboles viejos. -No estoy aquí para hacerte daño.

Dio un paso al lado, apartándose del agresor, sin mirarlo más. No por desprecio, sino porque ya había dejado de importarle. Ese chico ya había aprendido su lección. O quizás no, pero lo importante era que ahora tenía la oportunidad de hacerlo.

Sus ojos dorados bajaron hacia el joven del suelo.

-¿Sabes...? -Dijo, dejando escapar un breve respiro. -La fuerza es un arma. En este mundo cruel, es tan injusta como neceasria. Sin embargo, quien la usa contra alguien más débil solo por placer, nunca será realmente digno de usarla.

Dejó la frase en el aire, sin esperar aplausos, sin dramatismo. Al instante siguiente, su nariz se arrugó ligeramente.

Había algo en el aire, un cambio sutil. No eran pasos, y tampoco voces, o al menos, él no había sido capaz de captar ningún sonido. Pero sí había un rastro, un olor impregnado en el aire. Un rastro leve, casi borrado por el sudor y el polvo del momento. Pero él lo sintió. Como un aullido lejano, ahogado en el perfume salvaje de la selva, algo más acechaba entre los árboles. Algo que se acercaba.

Krysser ladeó la cabeza, clavando su mirada en la espesura del bosque. La dirección del viento era favorable, y arrastraba aquel olor apenas perceptible, pero bastó para estar alerta. No lo reconocía, pero sabía lo que significaba. No estaban solos.

No dio ninguna voz de alarma, solo bajó la mirada una vez más al chico arrodillado.

-Termina de recoger tu arroz, y ayuda a ese chico. Quedaos junto al camino. -Murmuró en voz baja, señalando al malechor aún medio desconcertado. No era una orden, era una advertencia amistosa. Cualquiera podría notar que Krysser se había tensado, pendiente a la vez de ambos aprendices y del camino del cual venía el olor.

Entonces dio un par de pasos hacia la dirección del olor. Silencioso, alerta, con la mirada fija entre las sombras. La escena con Kito había terminado, pero aquella isla aún no había dicho su última palabra.

Off



RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Varoganchin - 05-08-2025

Toriko permanecía arrodillado. Había esperado el golpe de Krysser. Un golpe que ya había recibido en incontables ocasiones. Pero esta vez no llegó. Levantó la mirada y vio a un enorme mink tigre sujetando su brazo. Sintió alivio, pero también temor. No conocía las intenciones de aquel guerrero que casi le doblaba la estatura.

Todo pasó muy rápido a sus ojos. Kito se zafó del agarre y se giró para golpear al enemigo. Firme, como el que sabe que está haciendo, aunque él había sido testigo de las veces que su maestro había señalado los innumerables errores que cometía en sus ataques. Y el enemigo así lo percibió. De una manera simple detuvo su golpe con el brazo y después golpeó con el otro la cara de Kito.

Lo dejó aturdido. Su cara dejaba claro que no sabía bien donde estaba, pero que sin duda estaba atemorizado. Los otros alumnos huyeron entre gritos tan rápido como se lo permitían sus temblorosas piernas.

Y allí estaba Toriko. Arrodillado ante un guerrero mucho más poderoso que él, sin duda. Y mucho más letal. Sintió verdadero terror. ¿Sería este su fin? ¿Cuáles eran las intenciones de aquel extraño? No supo bien si fue por instinto o por costumbre, pero levantó su brazo para cubrirse de un posible golpe. Se tensó esperando lo peor.

—Po... po... por favor, señor. No me haga daño.

Hubo un silencio que no se alargó más de un par de segundos, pero a Toriko le parecieron horas. El tiempo, cuando se haya uno bajo la incertidumbre, tiende a dilatarse a la vez que lo hace la ansiedad. Tras ese silencio, levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los del mink. Su mirada no expresaba odio, ni rabia. Solo calma. Y un ligero halo de dolor. Entonces, pudo ver como el guerrero relajaba sus músculos y bajaba su puño.

—Tranquilo. No estoy aquí para hacerte daño.

La voz grave del mink retumbo en el pecho de Toriko. Su primer instinto fue el de tensar sus músculos, como si pretendiese saltar y huir al más mínimo gesto del guerrero, si es que sus piernas se lo permitiesen. Vio como se apartaba de Kito, sin volver a prestarle más atención, como si el trabajo con él ya estuviera hecho. Y bajo su mirada hacia Toriko. Sus ojos dorados impactaron al joven aprendiz.

—¿Sabes...? La fuerza es un arma. En este mundo cruel, es tan injusta como necesaria. Sin embargo, quien la usa contra alguien más débil solo por placer, nunca será realmente digno de usarla.

No dijo nada más. Pero sus palabras tuvieron todo el efecto dentro de Toriko. Ese había sido siempre su objetivo al unirse al dojo. Saber luchar para proteger a aquellos que no supiesen hacerlo.

El mink ladeó la cabeza y miró hacia el bosque. Olisqueó el ambiente como lo haría un buen sabueso y le indicó que recogiera el arroz y ayudase a su compañero. Su voz no fue impositiva, más bien fue amistosa, como el que busca colaboración con su equipo. Y avanzó un par de pasos.

Quedaron mirando a la espesura. Pronto comenzaron a oír sonidos que salían del bosque. Primero el chasquido de alguna rama al ser pisada. Más tarde, patas golpeando con fuerza el suelo al galope. Por último aullidos, agudos, los que ambientan las peores historias de terror. Toriko se estremeció al oírlo y un escalofrío recorrió su espalda desde la nuca.

Una manada de lobos irrumpió a toda velocidad en el camino y se situó rodeando a Krysser y los dos aprendices. Su aspecto era amenazante, aunque su actitud no lo era, tan solo se limitaban a observar.


¿Cómo responderá nuestro guerrero a este nuevo evento? ¿Se enfrentará a la manada con los puños, o encontrará otra manera de afrontarlo?

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RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Krysser - 05-08-2025

En cuestión de un instante el sonido del bosque cambió, o más bien, su silencio.

Ya no era solo el olor lo que alertaba a Krysser. Las ramas se quebraban en la lejanía, patas golpeaban con fuerza la tierra, y poco después, aullidos agudos cortaron el aire como cuchillas invisibles. La reacción de los jóvenes fue inmediata, una mezcla de tensión y miedo, ese tipo de pánico que paraliza el cuerpo sin que nadie sepa muy bien qué hacer.

Krysser, en cambio, se mantuvo inmóvil.

No porque no supiera el peligro que suponía una manada de lobos. Lo sabía bien. Pero también conocía algo más profundo sobre la naturaleza, que no suele atacar sin motivo. No ataca sin responder a una amenaza, o al menos, sin oler el miedo. Y aquellos lobos, al igual que muchos humanos, también podían oler el miedo. Pero él no tenía miedo.

Sus ojos dorados se clavaron en las siluetas que surgían de la maleza, emergiendo de entre los árboles como sombras vivas, veloces y ágiles, rodeándolos con movimientos precisos y sincronizados. Sus cuerpos eran esbeltos, fuertes. Sus ojos, brillantes bajo la luz menguante. Reconoció de inmediato aquellos lobos, los había visto en sus días previos en la isla, y tenían patrones de conducta típicos de la fauna común de aquel mar. Krysser sabía que enfrentarlos sería agotador, que esas bestias serían rivales duros si venían todas de golpe.

Pero no sintió que hubiera nada que temer. Al verlos detenidamente notó que sus patas no rascaban el suelo desafiantes, marcando el que parecía ser su territorio. De igual modo, sus hocicos no gruñían, apenas si mostraban los dientes, y solo observaban. De modo que él hizo lo mismo, se limitó a observar en completo silencio.

Durante unos segundos no hubo señales de ruido alguno. Solo la respiración lenta del Mink, que se mantuvo erguido, firme, como un árbol viejo que se había visto rodeado de tormentas mucho peores que esta.

-No os mováis. -Murmuró, sin alzar la voz, más como quien conversa consigo mismo que como quien da órdenes.

Sus pupilas felinas no parpadeaban mientras se dirigía a los chicos detrás de él, especialmente a Toriko, cuya mirada aún reflejaba el temor crudo que no había podido esconder desde el principio.

-No nos atacarán. No si no les damos una razón, al menos.

Respiró hondo, olfateando con calma, dejando que el aire le trajera algo más. Lo que encontró fue exactamente lo que esperaba: tensión, desconfianza, pero no hambre. No rabia. No necesidad.

-Sé que parecen bestias, pero las apariencias a menudo engañan. Y más engañan a quien solo se fija en la apariencia. -Sus palabras eran simples. Eran el resultado de sus vivencias, dichas en voz baja, para quien tuviera la paciencia de escucharlas.

Lentamente, bajó el cuerpo apenas, sin adoptar postura de ataque, pero sí de presencia baja, menos invasiva. No como quien se enfrenta, sino como quien respeta el territorio donde se sabe un mero invitado.

Sus orejas se movieron hacia atrás, sin agresión. Su respiración se ralentizó. Aquel lenguaje era más animal que humano. No necesitaba palabras para hablar con criaturas que compartían su instinto.

Si los lobos venían buscando algo, podía mostrarles que allí no había amenaza. Si solo estaban pasando, dejaría que siguieran su camino. No alzó los puños. No enseñó los colmillos. Solo aguardó sereno, calmo y en paz. Como alguien que, tras años en la selva, había aprendido que no toda lucha se gana con golpes.



Off



RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Varoganchin - 06-08-2025

Los lobos rodeaban al grupo del mink y los dos aprendices. Sin dejar espacio a fugas, sin fisuras, pero sin agresividad. Krysser permaneció firme, el miedo no corría por sus venas, hoy no. Conocía bien los comportamientos de aquellos animales y tras observarlos supo que no estaban allí para atacarles. 
El silencio invadió el camino; parecía que ni las respiraciones hacían ruido, o puede que alguno de ellos ni se atreviera a hacerlo. Solo el mink tenía valor para romper aquel silencio. Indicó a sus acompañantes que no hicieran ningún movimiento, él sabía bien que no los atacarían. Al menos si no les daban una razón.
Krysser llenó sus pulmones, profundo, como si pretendiese captar toda partícula en el aire, cualquier cosa que indicase las intenciones de la manada. Los lobos permanecían tensos, con desconfianza, pero sin ira, sin la furia de la caza.
El mink se agachó con movimientos cautos. Los lobos parecían reticentes al acercamiento. Uno de ellos mostró algo más sus colmillos, pero el mink no perdió la compostura. Krysser agachó sus orejas, en un claro signo de respeto. Y los lobos respondieron a su actitud. No compartían idioma. Pero compartían algo más interno, algo que surge incluso antes del nacimiento de uno mismo; su instinto.
La tensión de los músculos de los integrantes de la manada se fue diluyendo, como azúcar que cae en un café caliente, mejorando el entorno. El rabo del animal que adoptaba una postura de superioridad adquirió una postura más relajada, agitándose de lado a lado como si intentase disipar la tensión que estaban liberando. Pronto, el resto de la manada aflojó sus posturas imitando a su líder. Olisqueaban a los aprendices y frotaban el lomo por sus piernas. Comenzaron a tener una actitud más juguetona. Casi parecían más unos perros amaestrados que la horda de lobos salvajes que había aparecido unos instantes atrás.
Entonces una nueva sombra surgió en el camino. Imponente. Irrumpió con fuerza.
[spoilier="Maestro Toshi"][Imagen: ln65w0M.jpeg][/spoiler]

El hombre dio un grito de guerra y adoptó una pose de combate, la típica postura de un guerrero de artes marciales de las películas.

—¡KYAAAA! ¿Quién eres tú? Mis alumnos me han contado todo lo ocurrido. Yo soy el encargado de estos chicos. Mi deber es forjar el camino de estos chicos.

Su cuerpo se tensó. Juntó los puños en frente de su pecho. Con dureza. Con sentimiento. Parecía concentrarse y...
Se inclinó.

—Debo agradecerte la gran lección que les has impartido. Además veo que también has dado buen trato a nuestros guardianes —dijo señalando a los lobos—. Estoy en deuda contigo. Como agradecimiento, te invito formalmente al Estadio Ki, si es que deseas probar tus fuerzas con otros guerreros en algún momento. Sería un honor para nosotros tu presencia. Y una gran ayuda para estos estudiantes tan necios.

¿¡Qué?! ¿Una invitación? ¿Cómo reaccionará Krysser a esto? ¿A dónde le llevará su camino?

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RE: [Aventura T1] [Presente absoluto] El camino a seguir - Krysser - 06-08-2025

El olor de la tierra húmeda seguía impregnando la escena, acompasando el ritmo de su respiración. Krysser mantenía su postura baja, con el cuerpo relajado, pero la mente alerta. Los lobos no se habían ido, de hecho, estaban allí, a su alrededor. No era la primera vez que el mink se encontraba rodeado por depredadores, pero sí era una de aquellas raras veces que sentía que no había caza en sus ojos, tan solo expectativa.

Sus sentidos trataban de percibirlo todo. Los músculos tensos en los aprendices detrás de él, el temblor de la hierba bajo las patas de los lobos, hasta el crujido lento de una rama que algún cánido distraído había pisado sin querer. Y el viento. Uno de los lobos mostró los colmillos, pero no parecía ser por mostrar amenaza, sino por costumbre.

Krysser no respondió con violencia. Al contrario, agachó aún más el cuerpo, llevó las orejas hacia atrás y mantuvo la mirada baja. No era sumisión, era comprensión. Había aprendido hacía mucho que algunos códigos no requerían palabras. Que el respeto no se gritaba, se mostraba con cada músculo relajado, con cada decisión consciente de no actuar. Y, entonces, vio como sucedió el cambio.

Primero sucedió en el que parecía el alfa. Su rabo dejó de erguirse como una bandera de guerra y empezó a agitarse con calma, dibujando curvas en el aire como si borrara la tensión con cada movimiento. Después en los otros, las patas dejaron de anclar sus cuerpos al suelo con tensión, y se movieron, se acercaron, olisquearon. Uno rozó el pantalón de Toriko con el lomo, otro empujó con el hocico la pierna del otro aprendiz, casi con curiosidad infantil. El peligro, que había sido una cuerda tensa, ahora era un río que fluía tranquilo entre ellos.

Krysser no cambió su expresión. Pero por dentro, algo en él se afianzó. No era orgullo, era esa certeza que solo se gana al ver cómo el mundo, incluso en su parte más salvaje, responde a la calma con más calma.

Y entonces el momento se rompió. Una figura surgió del sendero del bosque, como si el viento mismo lo empujara hacia adelante. No podía confundirse con otra cosa, su paso era firme, decidido, y su voz retumbó en el aire como un tambor de guerra bien acompasado.

—¡KYAAAA! ¿Quién eres tú? Mis alumnos me han contado todo lo ocurrido. Yo soy el encargado de estos chicos. Mi deber es forjar el camino de estos chicos.

Krysser alzó la vista con serenidad. No por sorpresa, sino para observar a aquella persona.

El hombre que gritaba no era joven, pero tampoco frágil. Sus músculos hablaban de años de disciplina. Su kimono blanco ondeaba ligeramente al ritmo de su entrada, como si el mismo viento le hiciera reverencia. Era calvo por arriba, pero los cabellos de sus costados eran largos, blancos como las nubes viejas, recogidos con cierto desorden digno de quien tiene demasiadas cosas en la cabeza como para preocuparse del peinado.

Sus ojos eran otra cosa. No los de un fanfarrón, tampoco los de un anciano excéntrico. Eran ojos que habían visto demasiadas cosas. Duros, sabios, y muy exigentes. La mirada de un maestro que no temía corregir con ella fríamente. Hablaba con cierto toque de teatralidad, sí, pero también con honestidad. Y cuando vino la inclinación, cuando se inclinó hacia él, no como un maestro altivo, sino como alguien agradecido, el mink bajó también ligeramente la cabeza, solo un segundo, como quien devuelve un gesto sin necesidad de hacer un ritual de ello.

-Debo agradecerte la gran lección que les has impartido. Además veo que también has dado buen trato a nuestros guardianes - Dijo señalando a los lobos. 

Krysser escuchó sus palabras con atención, sin interrumpir, y entonces vino la oferta, una invitación al Estadio Ki. 

-Estoy en deuda contigo. Como agradecimiento, te invito formalmente al Estadio Ki, si es que deseas probar tus fuerzas con otros guerreros en algún momento. Sería un honor para nosotros tu presencia. Y una gran ayuda para estos estudiantes tan necios.

Aquel era un lugar de combate conocido mundialmente, aunque no para el joven tigre. Sin embargo, era muy consciente de su inexperiencia. Krysser, abrumado, la dejó flotar en el aire unos segundos. El silencio volvió, aunque esta vez era más ligero, más respirable. Y, finalmente, se pronunció.

-Agradezco la invitación... -Dijo al fin, con voz grave y sin adornos. -Es un honor, de verdad, pero... -Hizo una pausa. Su mirada se desvió brevemente hacia los árboles, hacia el sendero aún abierto entre sombras y ramas altas. -No estoy preparado. Aún no soy lo bastante fuerte para algo así. -Incluso sin saber demasiado al respecto, entendía lo que aquello significaba, y sabía bien que no estaba preparado.

Volvió a mirar al maestro, sin miedo ni soberbia.

-Volveré. Cuando esté listo.

Tras aquella promesa, su atención volvió una última vez hacia los aprendices y los lobos, sosteniendo la mirada un instante, y luego se giró despacio, con paso firme, dejando atrás el claro. Aunque no su recuerdo de él.

El bosque volvió a cerrarse a su alrededor, como un telón, y el mink desapareció entre los árboles, con la serenidad de quien sabe que no toda victoria se gana con los puños, y que el tiempo es el mejor maestro para volverse verdaderamente sabio. Algún día volvería a aquella isla a demostrar lo mucho que había mejorado, y esperaba que aquellos dos chicos también se hicieran más fuertes en su ausencia. 

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