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La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Krysser - 08-08-2025 La plaza del barrio bajo de Sorbet bullía con un trasiego que parecía no conocer descanso. El empedrado, irregular y algo agrietado por la dejadez y el paso de los años, formaba un mosaico improvisado de piedras claras y oscuras que crujían bajo el peso de pasos apresurados. A un lado, los tenderetes de madera y tela improvisada se alineaban como soldados en desorden, liderados por puestos de especias con sacos abiertos que exhalaban aromas cálidos de comino, cúrcuma y pimienta negra; seguidos por mesas cargadas de frutas de piel poco brillante y abollada, vendidas por comerciantes que voceaban sus precios con voces roncas; y por cestos repletos de pan recién horneado que desprendían un perfume tostado irresistible, tentador incluso para los bolsillos más vacíos. A pesar de la humildad del barrio, el lugar tenía vida y color. Los niños corrían entre las piernas de los adultos como peces entre corales, esquivando con habilidad las varas de carga de los puestos, las bandejas de comida y las miradas impacientes de los vendedores. El aire estaba cargado de un calor seco, acompañado por el sonido metálico de un herrero cercano, mezclado con la melodía desentonada de un músico callejero que intentaba domar una flauta de caña. En aquel lugar, entre la estrechez de los callejones que desembocaban en la plaza, todo parecía latir a un ritmo propio, frenético pero familiar. Sin embargo, aquel mediodía había algo más que comercio y rutina. En el centro de la plaza, donde normalmente un par de ancianas vendían verduras marchitas o algún juglar intentaba reunir unas monedas, se había formado un semicírculo de curiosos. No se trataba de un pregonero ni de un vendedor de elixires milagrosos, sino de un anciano de aspecto tan estrafalario que parecía haberse caído de las páginas de un cuento mal encuadernado. El viejo estaba erguido sobre una tarima improvisada hecha con cajas apiladas y reforzadas por cuerdas, tambaleante con cada uno de sus movimientos. Vestía una túnica que quizá alguna vez fue blanca, ahora moteada con manchas de barro y lo que parecía tinta o vino. Su barba era una maraña de hilos plateados y amarillentos, tan larga que caía hasta la mitad de su pecho, con trenzas pequeñas enredadas aquí y allá, sujetas por cuentas de madera de distintos tamaños. Los ojos, pequeños pero vivos, centelleaban con una chispa de picardía que contrastaba con la piel curtida por el sol y marcada de arrugas profundas, como grietas en un terreno seco. Pero lo que realmente llamaba la atención no era su indumentaria ni su expresión, sino lo que repartía entre quienes se acercaban. Simples palos de madera, toscamente tallados, de una longitud similar a una vara, y vendas de tela grisácea, enrolladas y atadas con un nudo sencillo. Lo hacía con un aire ceremonioso, como si entregara cetros de reyes y vendas de seda a nobles enmascarados. -¡Uno por cabeza! -Proclamaba a los cuatro vientos, con una voz sorprendentemente potente, que resonaba por encima del bullicio del mercado. -¡No empujen, que el anciano Oibas tiene para todos! Un par de adolescentes se reían al probar los palos, girándolos en el aire como si fueran espadas. Una mujer mayor recibía la venda con gesto confuso, mientras el anciano le susurraba algo al oído que la hacía sonrojar. Otros, más curiosos, se quedaban esperando a que revelara el propósito de aquel extraño reparto. Oibas, que así parecía llamarse el viejo, se movía con la energía impredecible de un vendaval. Un momento estaba en el centro, repartiendo, y al siguiente se inclinaba hacia un niño para murmurarle algo y hacerle reír. Su voz cambiaba de tono, subía y bajaba como si jugara con el suspense, y cada gesto suyo parecía ensayar un truco invisible, embelesando a todos los curiosos que se acercaban a verle. Finalmente, cuando el corro de espectadores fue lo bastante amplio, el anciano levantó ambos brazos, tomó un palo en una mano y una venda en la otra, y dejó que el silencio se apoderara poco a poco de la multitud. El mercado seguía vivo a su alrededor, pero allí, en ese círculo, el mundo parecía haberse detenido. -¡Hoy busco mentes templadas y manos firmes! -Anunció con una sonrisa que dejaba ver varios dientes ausentes. -¡Busco a quien no tiemble ante lo absurdo, a quien sepa caminar en la oscuridad sin perder el paso! Sus palabras quedaron flotando, intrigando a más de uno. Dio un par de pasos por la tarima, mirando de un rostro a otro, como si evaluara a la multitud. -El desafío es simple… Y a la vez, no lo es tanto... -Añadió, dejando escapar una risa breve. -¿Crees estar preparado? -Preguntó al aire, aunque sus ojos se habían encontrado con alguien de quien no podía apartar la vista, alguien que tal vez diera la sorpresa en aquel lugar y se convirtiera en alguien digno de las enseñanzas de Oibas. Con eso dicho, extendió un palo y una venda hacia el público, dejando la oferta abierta, como si supiera que aquel preciso alguien no podría resistirse.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Zhang Guolao - 08-08-2025 Llevaba poco más de una hora caminando por las bellas calles del sur de Sorbet. Sus pasos eran lentos, no por el peso de los años, sino porque, a su edad, era casi un deber disfrutar de los paisajes del mundo, y aquel rincón del sur no era la excepción. Llevaba un par de semanas en aquella tierra, y había bastado para sentir cierto cariño por ese lugar olvidado. Sus callejones viejos y desgastados, impregnados del aroma característico de frutos maduros, hacían estremecer el pelaje de Zhang. - Hmmm - Resoplo animado.
Continuó su camino y pronto terminó en medio de la plaza principal, donde la vida se adueñaba de cada rincón. Gritos, risas, murmullos, empujones y hasta algún mono hiperactivo componían el caos cotidiano de Sorbet. El aire era cálido y seco, ideal para dejarse envolver por la melodía algo desafinada de un flautista entusiasta. Zhang entregó unas monedas al músico, y siguió su camino. "¡No empujen, que el anciano Oibas tiene para todos!" Resonó a lo lejos. Las orejas viejas de Zhang se movieron al unísono, alertas. ¿Un anciano? No tenía claro a qué se referían aquellos gritos, pero siempre le había encantado escuchar conversaciones ajenas. Fue inevitable: empujón tras empujón, se abrió paso en medio de la gente hasta llegar al centro del bullicio, donde un viejo se movía con la energía errática de quien busca ser el centro de atención. Zhang golpeó el suelo con su pata -Su tic cotidiano- y lo observó con curiosidad.
El anciano de la plaza agitaba un palo y una venda, repartiendo su mensaje con voz potente. Zhang sintió cómo algo comenzaba a despertar dentro de él, y su único ojo “bueno” brilló con esa chispa de lo inesperado. Inhaló el aire denso del mercado y, levantó la mano derecha, seguido de un paso al frente. - Hmmm… creo que hoy necesito algo nuevo, jovencito - Murmuró, con suavidad. -La vida está llena de momentos absurdos; puede ser justo lo que el viejo burro necesita.- Alzó la vista y se acercó despacio. Lanzando una mirada retadora a aquel anciano que sobre la tarima lo invitaba. Zhang elevabo su bastón al cielo, mostrando, sin decirlo, que el "burro" lo tenía más grande. Zhang de este modo sonrió y aceptó el reto del viejo.
El mercado continuaba su ritmo alrededor de ellos, y sin esperarlo, una nueva historia comenzaba para Zhang Zhang Guolao, que arqueó su única ceja buena, expectante ante lo que estaba por suceder. Los murmullos aumentaron con su presencia. - Acepto el desafío, jovencito. Aunque mi sabiduría camina lento, tengo un par de cosas para enseñarle a la nueva generación - Anunció con respeto, inclinándose levemente ante su futuro contrincante. Subió con calma a la tarima improvisada. Silencio se había colado entre la muchedumbre, seguramente tramando alguna travesura; pero aquel momento no era el indicado para preocuparse por las fechorías de su compañero primate.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Krysser - 09-08-2025 En el momento en que escuchó las primeras palabras del mink, el anciano Oibas ladeó la cabeza, observando a Zhang de arriba abajo como si estuviera valorando una pieza extraña en un mercado de antigüedades. La sonrisa se le ensanchó, y en sus ojos apareció una luz traviesa, de esas que anuncian problemas. O, al menos, ridículos asegurados. -Ajá, ya veo… -Murmuró, con voz ronca pero clara, como si acabara de confirmar una sospecha largamente guardada. -Aquí tenemos a alguien con temple, y con un buen par de orejas para escuchar los consejos de sus mayores. -Hizo especial énfasis en aquello, como si el hecho de que le hubieran llamado "joven" hubiera hecho mella en su orgullo. Entonces, giró el palo que llevaba en la mano como un maestro de ceremonias presentando su espectáculo, y se inclinó hacia Zhang con un gesto exagerado. -Escucha bien, joven viejo... -Dijo, pronunciando cada palabra con una teatralidad evidente y una picardía casi ofensiva. -La prueba que el gran Oibas te propone no es de fuerza… ni de rapidez… ni siquiera de sabiduría… -Se detuvo, dejando que el silencio se estirara incómodo. -Bueno, un poquito de sabiduría sí… -Añadió, entre risas. -Pero, sobre todo, es una prueba de compostura. Alguien en la multitud soltó una risa nerviosa. Oibas levantó una mano para que un par de ayudantes, un muchacho flaco y una mujer de brazos fuertes, arrastraran al centro de la tarima un objeto cubierto por una tela raída. Se veía pesado por la forma en que lo movían, y emitía un sonido hueco cada vez que chocaba contra el suelo de madera improvisada. -Hoy tendrás que demostrar que puedes actuar sin dejarte llevar por la emoción, sin importar lo que tengas frente a ti. -Continuó Oibas, alzando la voz teatralmente para que sus palabras llegaran a todo el público. Con un gesto rápido, arrancó la tela que cubría el objeto. Debajo, colgando de una cuerda gruesa, había una piñata enorme, pintada con vivos colores casi para darle más aspecto ridículo que realista. Para sorpresa general, el artilugio tenía una forma inconfundible. La forma de un burro. No era una representación realista, claro. Sus patas cortas, su sonrisa ridículamente amplia y sus ojos desorbitados la hacían parecer un burro salido de un sueño febril de algún artesano con exceso de vino en el cuerpo. Aun así, el parecido básico con la especie era imposible de ignorar. La multitud estalló en carcajadas y murmullos cómplices. Oibas levantó ambas cejas, fingiendo inocencia, aunque la chispa en su mirada lo delataba. -Ah, el destino es un viejo bromista, ¿no crees? -Dijo, golpeando la piñata con la palma abierta para que esta se balanceara lentamente. -Pero no temas, pues tu misión es realmente simple… Cegarás tus ojos con esta venda, darás tres vueltas sobre ti mismo, y armado con este palo, tendrás que golpear a mi amigo hasta romperlo. Se paseó lentamente alrededor de Zhang, como un timador que examina a su presa, aunque con el aire burlón de un mago callejero que sabe que todo es parte del espectáculo. -No creas que es tan fácil… -Añadió, bajando la voz en sus palabras, para que solo él lo oyera. -La cuerda no estará quieta, y puede que el público ayude o moleste a su manera. La vida es así, se tambalea y se presentan adversidades, ¿cierto? Retrocedió un par de pasos, y alzó el palo y la venda por encima de su cabeza, mostrándolos a todos. -¡Gente de Sorbet! ¡Hoy veremos si este viajero de orejas nobles y paso lento es digno de llamarse sabio… ¡O si el gran Oibas se quedará con su bastón como trofeo! El público respondió con vítores, silbidos y alguna que otra broma descarada acerca del bastón como símbolo fálico. Lo que estaba claro es que había lanzado el órdago, apostando públicamente para empezar la prueba poniendo nervioso a su "oponente" en aquel juego. El anciano tendió nuevamente la venda y el palo hacia Zhang, con una sonrisa que oscilaba entre la cordialidad y la malicia juguetona. -Cuando quieras, joven viejo… No hagamos esperar al burro. Como era evidente al haber repartido palos y vendas a todos, el público también participaría en el juego. Por lo que, en el momento en que Zhang se vendara los ojos, todos harían lo propio y comenzarían a dar golpes con los palos al aire.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Zhang Guolao - 09-08-2025 Zhang permaneció en silencio por unos segundos, no se inmutó más allá de sus orejas, que se movían al unísono de aquel viejo sobre la tarima de cartón. No interrumpió, no porque no tuviese una respuesta indicada, sino porque disfrutaba ver cómo aquel hombre iba haciendo crecer aquel espectáculo, del que tantos ojos expectantes estaban pendientes. Era como si un pavo real mostrara sus plumas para aparearse.
Fue entonces cuando por fin logró ver la piñata. Zhang ladeó un poco su cabeza y enfocó su único ojo bueno, mientras una sonrisa peligrosa comenzaba a asomarse en la trompa de aquel Mink. -Hmmm… -resopló de nuevo, golpeando el suelo con su pata con suavidad, y aquella tarima se tambaleó ante sus imponentes patas. -El destino tiene cierto humor - dijo riendo suavemente ante las casualidades de la vida. Dejó que la risa del público invadiera todo el lugar, y con un paso lento comenzó a acercarse a la piñata para poder observarla. Estuvo allí en silencio por unos segundos, como si contemplara una estatua sagrada.
- Sabes, joven anciano… dijo, usando las mismas palabras de Oibas.- En mis tierras, golpear a un burro es de mala suerte - comentó tranquilamente, mientras giraba poco a poco su cuerpo y le dio una palmada con fuerza en la espalda de aquel anciano. Luego aceptó su destino, tomando entre sus dedos aquel palo y la venda, sin apartar su mirada de Oibas. -Hmmm… un palo, una venda y tres vueltas -repitió en voz alta las instrucciones acordadas y, encogiéndose de hombros, se acercó a Oibas y dijo: -Suena a una tarde interesante.-
Se inclinó hacia él, lo suficiente para que solo Oibas escuchara: - Pero recuerda, joven… si rompo tu burro, me deberás algo - y le guiñó el ojo antes de incorporarse de nuevo. Alzó el palo hacia la multitud, y el ruido creció. -¡Vamos entonces! Si me van a gritar dónde golpear, háganlo fuerte que no escucho bien —dijo con ese tono de viejo que invita a jugar. Tras esto, se colocó aquella venda y, antes de bajar, golpeó el suelo una vez más. Desde algún rincón de la plaza, sonó un chillido familiar que le recordaba que no se encontraba solo en esa aventura.
Una vez la venda estaba ajustada, Zhang giró sobre sí mismo en tres ocasiones, hasta que su mundo entero comenzó a dar un vuelco. -Esto ya empieza mal… - murmuró, mientras, perdiendo el equilibrio, comenzó a tambalearse a la deriva. Avanzó con paso lento pero decidido y, con aquel palo en alto, se dejó guiar por su memoria. Dio un primer golpe, convencido de que la piñata estaba justo allí… pero lo que golpeó fue la tarima.
Un CRAAACK retumbó bajo sus pies. El cartón barato cedió, y Zhang sintió un cosquilleo desagradable en la pata. -Ay… -se quejó-. Creo que gané. La multitud soltó carcajadas, y antes de que pudiera recomponerse, empezó la lluvia de golpes. Palos desde todas direcciones chocaban contra su espalda, hombros y patas. No eran golpes fuertes, pero el caos era real. - ¡Hey! ¿Es así como tratan a un anciano? - dijo, riendo entre dientes.
Sin embargo, en lugar de defenderse, siguió caminando, tambaleante, guiándose por un difuso recuerdo del lugar donde estaba la piñata. Los golpes sonaban, uno tras otro, pero, de algún modo u otro, el cuerpo de aquel viejo burro no se inmutaba ante el dolor. En el fondo, le divertía la confusión.
El burro viejo caminaba en círculos, con el palo extendido, buscando algo en el aire. De vez en cuando lanzaba un golpe en falso, aunque intentaba hacerlo con la suavidad de un padre que cuida a sus hijos. La voz de Silencio se escuchaba entre la muchedumbre, chillando como si intentara darle instrucciones… pero el pequeño mono era más bromista que ayudante. Zhang, mareado, resopló de nuevo. - Si no le doy a ese burro pronto… me van a dejar peor que a él - y con un galope decidido, avanzó en la dirección que creía correcta, golpeando sin querer a una que otra persona entrometida.
RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Krysser - 10-08-2025 Desde su tarima, Oibas no apartaba la vista del mink, como un director de orquesta que observa a su músico más extravagante. Las risas, los vítores y el incesante golpeteo de palos a su alrededor parecían música para sus oídos. El viejo curandero entrecerró los ojos, analizando cada movimiento de Zhang. El tambaleo torpe, las fintas imprecisas y, sobre todo, esa manera casi ceremoniosa de golpear en falso, como si quisiera salvar la dignidad de su “primo lejano” de papel maché. Cada golpe errado provocaba un nuevo rugido de carcajadas en la multitud. Oibas, con su característico andar inquieto, se movía por la tarima para asegurarse de que la piñata se balanceara lo suficiente como para frustrar cualquier intento serio del burro mink. Y, en el fondo, no podía negar que lo estaba disfrutando. -Jo jo… -Rio de forma curiosa el anciano, sin perder detalle. -Parece que ha entendido la enseñanza. Las distracciones ajenas solo nos apartan de nuestro objetivo. Pero entonces ocurrió. Quizá por instinto, quizá por pura suerte, Zhang dejó de moverse al azar y se quedó quieto por un segundo, ladeando las orejas como si escuchara algo más allá del bullicio. Dio un paso al frente, ajustó el agarre del palo y, con un golpe seco y bien dirigido, la piñata recibió su sentencia. Un golpe resonó en la plaza, seguido de un crujido que arrancó un coro de exclamaciones. La figura de cartón y papel se abrió como una flor maltratada, dejando caer una lluvia de caramelos, nueces tostadas y pequeños sobres de papel con dibujos infantiles. Los niños se lanzaron de inmediato, y el caos se convirtió en una estampida en miniatura. La misma gente que momentos antes se reía del burro, ahora lo animaba y celebraba el regalo que había hecho caer a sus pies con su gran destreza. Oibas sonrió como un artesano satisfecho con su obra y, con pasos lentos pero firmes, se acercó a Zhang, que aún llevaba la venda puesta. -Quieto ahí, joven viejo. -Con aquella forma característica de referirse a él, y con un tono de voz grave, intervino deteniendo cualquier intento de quitarse la tela por parte de Zhang. -Aún no hemos terminado. Sin duda ganarás algo al completar este desafío, aunque nada tan valioso como la lección que extraerás de él. -Añadió, en tono críptico, y lo rodeó despacio, como un maestro que examina a su aprendiz. -Has roto al burro, sí. Y lo hiciste sin perder la calma… O, al menos, lo disimulaste bien. Pero, dime… ¿De qué sirve la compostura si uno no sabe dónde poner sus pasos? Aplaudió dos veces, y un par de ayudantes arrastraron otra figura, algo más pequeña, al centro de la tarima. Esta vez no estaba cubierta, claramente era la silueta pintada de un burro, tosca y colorida, clavada en una tabla vertical. Al lado, sobre una bandeja, descansaban varias colas falsas hechas de tela y cuerda. Oibas se colocó frente a Zhang y habló con un tono más solemne, aunque la chispa de burla seguía viva en sus ojos: -Para ser sabio, amigo mío, hay que saber no salirse del camino de la rectitud. Por eso, sigue ese camino hasta tu destino sin miedo ninguno, y podrás recorrerlo incluso con los ojos vendados. Se inclinó, recogió una de las colas y la puso en las manos de Zhang. Su siguiente reto estaba ya claro como el agua, ponerle la cola a aquel burro, y hacerlo con los ojos vendados. El camino era recto, si uno era capaz de mantener el rumbo. Después, acertar con la cola en el lugar correcto sería lo complicado, una mezcla de suerte e instinto tendrían que acompañar al monje. La plaza se llenó de murmullos expectantes, mientras los niños masticaban caramelos y los adultos apostaban en voz baja sobre si Zhang conseguiría acertar. -Cuando quieras, joven viejo… Muéstranos tu camino.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Zhang Guolao - 11-08-2025 El tiempo pasaba a su alrededor, y los murmullos, risas y vítores de las personas hacían todo mucho más entretenido. Aun moviendo aquel palo de un lado al otro, sentía cómo la gente disfrutaba el momento. No era, al final, una batalla campal, sino un lugar de esparcimiento y diversión; las risas eran lo que más se escuchaba en la plaza. Por un momento se quedó en su puesto y, de algún modo, se concentró, intentando afinar al máximo su oído, que en varias ocasiones lo había salvado de cientos de problemas.
Sintió cómo Oibas se acercaba, con sus pasos y su voz cargada de esa mezcla de sabiduría callejera y picardía de mercader. Las palabras del “joven anciano” lo hicieron ladear la cabeza. -¿De qué sirve la compostura si uno no sabe dónde poner sus pasos…? -repitió, dejando que la frase se quedara en su mente. Aquel momento tan imprevisto, en verdad, estaba enseñándole varias lecciones a aquel viejo mink, que de un modo u otro entendió la enseñanza de ese primer momento. Agachó un poco la cabeza en señal de respeto hacia la dirección de Oibas.
De algún modo, había logrado dar en el blanco, y, luego de un fuerte sonido, las personas comenzaron a amontonarse bajo sus pies, moviéndose como animales recién alimentados. -Hmmm… -murmuró. No era agradable perder la vista, y era la segunda ocasión en la que sentía aquella falta de luz en su ser. De nuevo, aquella tarde le recordaba el valor de las pequeñas cosas, el dolor del pasado que aún palpitaba en su ojo, y la promesa de aprovechar lo que uno tiene.
Zhang respiró profundo y, sin dudarlo, tomó aquella cola que le habían dejado en las manos. La palpó con calma, explorando su textura. Era áspera, hecha de cuerda y tela, pero bien atada. -Hmmm… Esto me recuerda a un juego en mi pueblo… Solo que allí, en vez de burros, usábamos a los novatos - comentó. El murmullo del público se hizo más fuerte. Podía sentir que estaban apostando sobre su éxito o fracaso. Y Zhang, aunque parecía ajeno, lo disfrutaba.
- Muy bien, joven Oibas… - dijo con la calma de quien se prepara para una ceremonia-. Muéstrame tu camino. Un ayudante lo colocó al inicio de una alfombra improvisada. El viejo mink dio un paso lento. No tenía prisa; cada paso era medido. El público se había sumido en un silencio absoluto, apenas se atrevía a respirar. La mitad del camino transcurrió sin incidentes… hasta que una voz chilló algo ininteligible desde el fondo de la plaza.
Zhang, por puro reflejo, giró la oreja hacia el sonido y su pata derecha se desvió un poco del camino. Fue una desviación mínima… pero suficiente para que, con cada paso, comenzara a alejarse del objetivo. Oibas, desde la tarima, sonrió como un cazador que ve a su presa pisar su propia trampa. El murmullo del público empezó a subir, dividido entre los que querían ayudar y los que preferían ver el desastre. -Hmmmm… -dijo Zhang, notando que algo no estaba bien.
El olor a pintura era inconfundible, pues resaltaba del dulce aroma de la plaza de Sorbet. Zhang se encontraba cerca del burro y, como pudo, levantó aquella cola y, tras un breve resoplido, la clavó con fuerza en la tabla. El público explotó en risas de nuevo, y la cola… estaba, por supuesto, donde no debía. Colgaba en la oreja izquierda del burro pintado. Zhang, aún sin quitarse la venda, alzó la cabeza con dignidad y declaró: —En mi pueblo, si fallas con estilo… también ganas.- La plaza entera celebró la ocurrencia entre risas, reconociendo que, si no había ganado el reto, al menos había conquistado al público.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Krysser - 11-08-2025 Oibas contempló la cola mal colocada con un gesto que mezclaba la severidad de un juez y la sonrisa maliciosa del bromista profesional que en fondo era aquel supuesto sabio. Caminó lentamente hasta quedar frente a Zhang, todavía con la venda puesta, y cruzó los brazos. -Nada menos que en la oreja, ¿eh? -Dijo, como si saboreara cada sílaba. -Qué osadía. ¿Tanto te duele escuchar los consejos de este anciano? Jo, jo, jo. Durante unos segundos dejó que el silencio se apoderara de la plaza. El público esperaba una burla, un castigo, una lección áspera. Pero, en lugar de eso, el anciano inclinó la cabeza y soltó una carcajada sonora, de esas que arrugan todo el rostro. -Joven viejo, pensé que hoy te enseñaría a no salirte del camino. Pero veo que ya sabes algo mucho más valioso: Cuándo conviene salirse de él. -Sus ojos chispeaban mientras hablaba, contento de haber conocido a alguien capaz de ir superando sus pruebas hasta la fecha. -Hay rutas que llevan a tu destino, y otras que solo te llevan a una buena historia. Y, a veces, eso también es sabiduría. ¿No estás de acuerdo? Se volvió hacia la multitud y levantó la mano para acallar risas y comentarios. -¡Ha pasado la prueba! -Anunció con voz potente. -No por su puntería, a la vista está. -Bromeó como siempre, no dejaba pasar una oportunidad para hacerlo. -Sino porque un verdadero sabio sabe adaptarse al viento, incluso cuando sopla en contra. Los vítores se alzaron de inmediato, mezclados con aplausos y alguna que otra broma sobre “el burro con dos colas”. Oibas, sin perder tiempo, dio unas palmadas rápidas para que sus ayudantes se acercaran. -Pero aún no hemos acabado, joven amigo… -Continuó, con una sonrisa que prometía nuevas travesuras. -Si quieres demostrar que tu sabiduría no es flor de un día, aún queda más por hacer. Se paseó por la tarima, arengando a la gente como un general que prepara a sus tropas. -La perseverancia es vital para alcanzar la sabiduría. Sin ella, cualquier mente brillante se marchita como flor en invierno. Y hoy, joven viejo, pondremos a prueba tu perseverancia. Chasqueó los dedos y, desde un extremo de la plaza, un par de hombres arrastraron a un nuevo participante, aunque este no vestía túnica ni llevaba bastón. Era un burro real, de pelaje gris claro y ojos grandes, que parecía completamente indiferente al bullicio. Oibas le dio unas palmaditas en el cuello, como quien presenta a un viejo amigo. -Te presento a mi viejo amigo, Filomeno. -Dijo, con todo el tono solemne que fue capaz de reunir disimulando la risa que asomaba de soslayo. -Probablemente, el más testarudo habitante de Sorbet. El animal soltó un rebuzno tan fuerte que provocó que varios niños se taparan los oídos entre risas. -Tu reto es simple. Debes ganar una discusión contra Filomeno. Tendrás que decir lo último, lograr que se quede en silencio y resistir hasta que admita, con su silencio, que has vencido. -Se inclinó hacia Zhang, como si compartiera un secreto. -Y te advierto, joven viejo, que Filomeno nunca deja la última palabra a nadie. El burro volvió a rebuznar, esta vez girando la cabeza hacia Zhang como si ya estuviera lanzando su primer contraataque. Parecía ser verdad que era testarudo, y que respondería con su fuerte rebuzno a todo intento de diálogo. Oibas retrocedió un paso, dándoles espacio a ambos contendientes, y extendió el brazo para señalar el centro de la tarima. -Cuando quieras, parece que vuestro debate está abierto. La plaza entera se inclinó hacia delante, expectante, sabiendo que aquella sería una batalla de puro absurdo. Pero también confiando en que, como siempre, una enseñanza profunda se escondía detrás del ridículo.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Zhang Guolao - 12-08-2025 Hmmmm... Zhang se tome un instante para meditar sobre aquello que estaba sucediendo frente a èl, la vida, era sin lugar de duda una serie interminable de momentos absurdos, y aquel, era sin duda, uno de los mejores. Zhang con algo de torpeza, se retiró la venda de sus ojos y parpadeó un poco, intentando acostumbrar su visión a la luz de la plaza de Sorbet, esto lo cegó por un par de segundos. Una vez retomo la visión, su único ojo bueno se posó sobre Oibas, luego sobre la multitud, y finalmente sobre Filomeno, el burro que ahora era su oponente.
- Así que este es tu campeón, joven Oibas... - murmuró, con una sonrisa que apenas se asomaba en su hocico. Su pata golpeó suavemente el suelo con firmeza, observando a aquel animal tan bien parecido. Zhang se inclinó un poco hacia él, en señal de respeto- . Dicen que para conocer a alguien, hay que mirarlo a los ojos... pero contigo, primo, creo que basta con escuchar cómo respiras. - El sonido que emanaba aquel animal absurdo, burdo y tosco, y a su vez tan familiar, hacía que Zhang se sintiera como en casa.
El viejo Mink se acercó despacio a Filomeno, su andar lento y medido, como el de alguien que no tiene prisa. Se inclinó un poco y, acercando su hocico al del otro animal, dijo en voz tranquila: - No vamos a pelear, ¿eh?... Vamos a conversar como viejos amigos; las mejores discusiones se ganan con paciencia y té caliente. - Murmuró a Filomeno, mientras lo acariciaba suavemente. Filomeno, como si fuera su única respuesta a la vida, soltó un rebuzno tan fuerte que hizo que el flequillo de Zhang se moviera un poco. El viejo Mink ni se inmutó.
- Hmmmm... Eso me recuerda a mi primer amor... - comentó con una sonrisa pícara, mientras le dedicaba otra sonrisa a unas viejitas que había conocido en la iglesia de Sorbet días atrás. La multitud estalló en risas, y Zhang aprovechó el momento para rodear a Filomeno, observándolo con la atención de un médico que examina a un paciente. Cada rebuzno del burro era recibido con un lento asentimiento de cabeza por parte de aquel viejo Mink, como si estuviera considerando seriamente el argumento del animal.
- Tienes razón en parte... - Decía, dándole una suave palmada en el lomo -. Pero recuerda, viejo amigo, que en una buena charla uno no gana cuando calla al otro... gana cuando disfruta de ella. - Y entonces, Zhang comenzó a contar una historia. Un relato sobre un burro joven que se perdió en la montaña y encontró el camino de vuelta a casa siguiendo el olor de las galletas. Su voz, tranquila y repleta de gestos, captó la atención de la gente y, entre rebuzno y rebuzno, parecía que incluso Filomeno prestaba atención. Finalmente, Zhang se detuvo frente a él y con la mirada tranquila lo acaricio con amor. Guardó silencio y, para sorpresa de todos, Filomeno también lo hizo. El instante duró apenas unos segundos, pero bastó para que Zhang sonriera ampliamente.
- Ahí lo tienes, joven Oibas... - dijo, girándose hacia el anciano con un brillo de triunfo en su único ojo. -No he ganado porque lo haya callado... sino porque me ha escuchado...Hmmm.- El público estalló en aplausos. Algunos niños se acercaron tímidamente, y Zhang, con la calidez de un abuelo, les acarició la cabeza y les ofreció un caramelo de la piñata. En medio de aquel caos, él había encontrado, una vez más, la sabiduría en el absurdo.
RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Krysser - 12-08-2025 Oibas observó en silencio el desenlace, con los brazos cruzados y el rostro serio, al menos en apariencia. Por dentro, una risa profunda y satisfecha le hervía en el pecho. Zhang no había callado al burro por testarudez, sino por algo más raro y valioso. Había conseguido que lo escuchara. -Jo, jo, jo… -Rió al fin, rompiendo su silencio y dejando que la tensión se deshiciera entre carcajadas. -Joven viejo, pensaba que te pondrías a gritar hasta que las orejas de Filomeno se cansaran. Pero has demostrado que perseverar no siempre significa empujar ciegamente una roca inamovible. A veces somos nosotros quienes debemos movernos y afrontar los obstáculos del camino desde otra perspectiva. Pensar que encandilarías así al pobre Filomeno, ciertamente, tienes mano con los animales. -Se volvió hacia el público, levantando ambas manos para acallar los vítores. -Recordad esta lección que nuestro amigo nos ha compartido hoy. No todo problema se resuelve a golpes y hay algunos que, simplemente, no vale la pena resolver. Filomeno rebuznó una última vez, como despidiéndose de su rival, y fue llevado fuera de la tarima. Oibas, con ese brillo travieso en la mirada, volvió a girarse hacia Zhang. -Pero no te me confíes. -Su tono se tornó solemne, casi ceremonioso. -Ciertamente, demuestras tener algo en esa cabeza tuya. Pero la sabiduría también exige dominio del cuerpo. Y no hablo solo de aguantar el sueño mientras meditas, o de aprender a caminar en línea recta con una venda… Chasqueó los dedos, y dos ayudantes se acercaron llevando una bandeja cubierta por una campana de metal. Al destaparla, el aire se impregnó de un aroma potente, especiado, casi peligroso. Sobre el plato, un burrito enorme, envuelto en tortilla dorada y rebosante de un relleno que dejaba escapar un rojo brillante. -Tu última prueba, viejo amigo… -Anunció, mientras el público contenía la respiración, llamando de forma diferente esta vez a Zhang, casi como si se hubiera ido ganando el respeto de aquel viejo loco con cada muestra de sabiduría. -Comerás esto sin pestañear, sin lágrimas y sin desfallecer. Dicen que su picor es capaz de hacer llorar a un dragón y toser a un volcán. Si puedes dominar tu cuerpo para soportarlo, demostrarás que no hay desafío que te doblegue. Con un gesto, invitó a Zhang a acercarse al plato. -La mente gobierna al cuerpo, si no dejas al cuerpo gobernar la mente. La plaza entera se inclinó hacia adelante, expectante, sabiendo que este final sería tan doloroso como glorioso. Mientras, los ayudantes del viejo Oibas repartían burritos similares a todos los valientes que se atrevían a probarlo, aunque seguramente eran versiones menos "especiales" y más asequibles al estómago común, al menos, no comerías solo.
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RE: La prueba del Burro - Aventura T1 [Presente Absoluto] - Zhang Guolao - 15-08-2025 El ambiente había cambiado drásticamente en la plaza de Sorbet. Entre risas, vítores y miradas cómplices, Zhang sonreía de oreja a oreja. Lo que al inicio parecía una simple burla, había terminado por transformarse en algo mucho más grande. Las largas orejas del mink burro se movieron al compás de las palabras del viejo Oibas, atentas como si quisieran atrapar cada sílaba. - Así es, amigos… - Resonó su voz suave y tranquila, con esa tranquilidad propias de aquel vejestorio -. A veces, una charla y un buen té son la mejor medicina para cualquier problema. - Se inclinó con respeto hacia los habitantes del lugar, y luego, con sus pasos lentos y firmes, se acercó hasta Filomeno.
- Adiós, primo…- Dijo Zhang, golpeando suavemente el suelo con una de sus patas, haciendo vibrar la tarima. - Luego te contaré otra historia. - Agregó, con un gesto casi paternal, mientras le daba una palmada en el lomo al burro. La multitud esperaba la siguiente prueba, pero Zhang, aún algo aturdido por el bullicio, apenas se dio cuenta de lo que sucedía. De pronto, como si el destino jugara con él, un gran plato de comida apareció frente a sus ojos. Todo ocurrió tan rápido que, cuando Oibas apenas comenzaba a pronunciar las palabras “Comerás esto…”, Zhang ya había hundido su trompa en el metal, devorando con torpeza y entusiasmo el contenido hasta no dejar rastro.
Un ardor trepó por su garganta y, segundos después, un sonoro eructo escapó de su boca, arrancando carcajadas a los presentes. - Hmmmm… qué rico. Gracias, viejo Oibas. - Dijo Zhang con toda naturalidad. Luego, en un gesto inesperado, abrazó al anciano con afecto fraternal y, levantándole el brazo en alto, lo presentó a los pueblerinos como si fuera un héroe.
Nadie pudo evitar reír y aplaudir. Porque Zhang, a su manera, había vencido la última prueba sin esfuerzo, con la simpleza propia de quien no se complica la vida. Y es que el viejo burro era duro de estómago: poco o nada lograba enfermarlo. El resto de la tarde lo pasó junto a Oibas, conversando sobre la vida en aquel rncón olvidado de Sorbet. Dos viejos, distintos y parecidos a la vez, compartiendo historias mientras la plaza se llenaba de risas, música y el eco del absurdo que, para Zhang, siempre fue la forma más sabia de vivir.
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