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[FIC][Pasado] El fin de la expedición - Versión para impresión

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[FIC][Pasado] El fin de la expedición - Varoganchin - 13-08-2025

Día 55 de Otoño // Año 2

La brisa marina humedecía el rostro de Varo, como si el propio viento quisiera dibujar sobre su piel una noche estrellada. Las olas golpeaban contra el mascarón del barco con más fuerza que los días anteriores, pero aquello no preocupaba en absoluto al mink. Esas semanas de travesía junto a sus padres habían resultado ser las que le trajeran la mayor sensación de libertad que había experimentado en su vida. El continuo bamboleo que sentía en cubierta removía sus entrañas, como si el mundo lo estuviese meciendo en un columpio. A su antojo. Solo por diversión. Un movimiento que a otros parecía molestarles, o incluso que sus cuerpos no lo toleraban de igual manera, a juzgar por sus viajes esporádicos para asomar la cabeza por el lateral. Uno de los mink corrió para inclinar su cuerpo sobre la borda.

—¿Ya estás otra vez así, papá? —preguntó Varo.

—Por más veces que viaje en barco, mi estómago no se decide a dejar dentro la comida —contestó Coco, mientras pasaba la manga de su camisa por su boca.

—Entonces espero que lleguemos a tierra pronto. Además, estoy deseando comer una de tus parrilladas de pescado.

Un fuerte viento sacudió la ropa de Coco, echando a volar su sombrero de explorador. El mink corrió tras él para atraparlo. Continuó avanzando por la cubierta, esquivando a los marineros que tiraban de cuerdas y a los otros exploradores que revisaban sus papeles entre discusiones acaloradas. Coco llegó hasta la proa del barco, pero su sombrero continuaba su vuelo. Entonces saltó tras él. No parecía haberse percatado de que más allá el suelo del barco ya no le sustentaría. Saltó decidido, alargando el brazo para atrapar su sombrero. Varo corría tras él entre gritos que hicieran recuperar la cordura a su padre. Coco avanzaba por el aire hacia el sombrero, lo tenía cerca. Ya casi podía rozarlo.

Pero algo lo detuvo en seco en el aire y cayó. Su espalda golpeó la madera de la embarcación y su cuerpo quedó pendiente chocando una y otra vez el casco, como el péndulo de un reloj que no se decide a dar la hora. Coco miró hacia el frente, viendo como su sombrero continuaba su ruta, más veloz que el barco, huyendo de su propietario. Decepcionado, subió su mirada, para ver qué había detenido su avance. Y la vio. Nala lo mantenía sujeto por la cazadora, con la suficiente fuerza como para mantenerlo a salvo, pero no para subirlo de nuevo a la cubierta.

Varo corrió junto a su madre y juntos tiraron de Coco para volver a traer suelo bajo sus pies.

—¿Qué haces, Coco? ¿Piensas hacer que te pesquemos como a una merluza?

—¿Es que no lo has visto? Mi sombrero. Un explorador nunca puede abandonar su sombrero. Es lo más importante de un explorador.

—Oh, querido. Tú y tus locuras... —dijo ella pasando la mano por la cabeza de Coco, con gesto de cariño—. Lo más importante de un explorador está sobre sus hombros, sí, pero dentro de su cabeza, no sobre ella.

Varo observó a sus padres abrazados y quiso unirse a ellos. Los rodeó con sus brazos un instante, hasta que una fuerte ola golpeó de nuevo el barco y les hizo perder la estabilidad.

—¡Rápido! A sus puestos —gritó el capitán—. Se acerca una tormenta, caballeros. Y esta parece de las fuertes.

Los mink exploradores corrieron a buscar refugio. Se amarraron con fuerza a los mástiles, pero el zozobre del barco parecía empeñado en separarlos de la embarcación. Cada choque los hacía flotar ingrávidos. Cada nuevo viraje log golpeaba contra la madera.

El cielo se cubrió de nubes, negras, relampagueantes, de tal manera que pareció avanzar la noche sobre ellos. El estruendo de los truenos golpeaba el pecho de Varo, que aturdido por el miedo apenas podía escuchar los gritos que lanzaban al aire el capitán y los marineros. Nala se acercó de nuevo al mink y su padre y se aferró al mástil.

—Coco, trae tu colgante —dijo Nala con la mano extendido hacia su marido.
—Pero... Creo que no es momento de...

—¡Dámelo! —insistió de palabra y con el gesto.

Coco sacó su colgante de debajo de su camisa. Nala alargó su brazo para cogerlo y abrió la cajita del collar. Dentro, una hoja de papel comenzó a moverse. Nala sacó de su blusa un colgante idéntico y lo abrió. En su interior se encontraba otro trozo de papel, este con una esquina de aspecto chamuscado. Tomó ambos papeles y los introdujo en la cajita de su colgante, el cual se quitó del cuello y lo pasó por la cabeza de Varo.

—Guarda esto con todas tus fuerzas, hijo —dijo Nala con gesto de preocupación entre gritos. Los truenos eran tan fuertes que apenas podían oírse unos a otros. El viento, fuerte, empapaba sin piedad el pelaje de los mink—. Esto son vivre card. Si nos ocurre algo y nos separamos, ellas te llevarán a nosotros.

Varo tomó el colgante y lo observó durante un segundo. Tal vez fuese menos, pero en ocasiones de gran tensión, los sentidos parecen agudizarse y el tiempo dilatarse, como si la mente se expandiese en busca de una salvación. Lo guardó bajo su camisa y pronto sintió el tirón del brazo de su padre. Levantó la mirada y vio como sus padres lo llevaban a un bote de remos. Lo ayudaron a subir. Nala puso un pie en el bote. Pero no logró llegar junto a su hijo.

Una ola, enorme, golpeó el lateral del barco, moviéndolo a su antojo. Los mink fueron lanzados por el aire. Nala y Coco hacia la cubierta. Varo, junto al bote, lejos de la borda de la embarcación. El joven mink notó como su cuerpo flotaba en el aire, mientras veía como se alejaba de sus padres. El golpe había hecho a su padre soltar la cuerda que lo mantenía listo para montar en él. Se alejaba poco a poco, viendo las caras de terror de sus padres perderse en la oscuridad. Y tras esto, un nuevo golpe. Esta vez su cabeza, contra el asiento del bote. Y entonces, la oscuridad.

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