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[Pasado][Fic] Del cielo al suelo [Parte 2] - Aspros - 23-08-2023 Hace aproximadamente 9 meses
"Habían pasado ya tres meses desde que comencé a entrenar en el templo. Las primeras semanas no fueron especialmente duras, teniendo en cuenta que la mayor parte del tiempo me lo tiraba limpiando los extensos suelos de madera del santuario o pasando el plumero a las numerosas estatuas de los diferentes salones. Entre dichas labores también se incluía el adecentar el ring de combate tras alguna exhibición o pelea. Y es que los participantes se tomaban muy en serio sus entrenamientos, llegando incluso a estar al borde de la muerte por no ver dañado su orgullo de guerrero. Por mi parte, era una persona pacifista que no gustaba de iniciar peleas sin sentido, pero no por ello cesaba mi intención de ser fuerte o de defenderme ante un ataque. A pesar de tenerme a mí mismo en alta estima y a mis capacidades, el monje Kao prefería reservar mis combates hasta que estuviese “correctamente preparado”, calificativo que no llegaba del todo a entender."
Los rayos del sol comenzaron a iluminar mi habitación. Apagué la vela que alumbraba el pequeño escritorio y me alcé de la quejosa silla. Acostumbraba a escribir un diario cada día al levantarme, antes de partir a otra sesión de entrenamiento, y los rayos de luz me indicaban que ya era hora de salir hacia allí. En el piso inferior, Jizo preparaba el desayuno para el resto de inquilinos de la taberna, que no eran demasiados, a decir verdad.
- ¡Que vaya bien, Aspros! -el tabernero se volteó y miró asombrado en dirección a mis pies- ¡Vaya, menudos …! - ¡Gracias Jizo! -interrumpí. No acostumbraba a desayunar, al menos que buscase echar la pota en los primeros minutos de entrenamiento matutino. Comencé a caminar por las solitarias calles del poblado hasta llegar al inicio de la pendiente cuya cumbre coronaba el santuario. El maestro Kao pretendía que cada día que ascendiese por aquella colina, lo hiciese de alguna forma que pusiese a prueba mi estado físico. Se me agotaban las ideas, puesto que ya lo había hecho yendo a espaldas, a la pata coja, de rodillas e incluso rodando, pero aquel día me desperté inspirado. Comencé el ascenso. - Tal vez parezca que no estoy haciendo nada inusual para ir al templo – hablé a la cámara invisible mientras caminaba erguido y con semblante de superioridad- pero llevar esto requiere de mucha práctica y estilo. -hice señas a la cámara para que enfocase mis pies. Había abandonado la típica sandalia de madera que solía vestir y la había sustituido por unos preciosos tacones de aguja de 25 cm. Aquello era una locura digna de admirar. – Solo un necio no sabría apreciar el arte de llevar estos taconazos, jujujuju -reí, tapando parcialmente mi boca con la mano y extendiendo el meñique de la misma. Tardé más de lo que quisiera reconocer en llegar al templo, pero lo logré. Tras atravesar el ring de batalla, ascendí por las escaleras de la entrada y me apoyé en el marco de la entrada principal. El maestro se encontraba plantado frente a la estatua de buda, a la que yo mismo había sacado brillo más veces de las que me había puesto rímel en mi vida. Rezaba. - Buenos días maestro -dije, intentando controlar mi agitada respiración- ¿Qué le parece mi pequeña prueba personal de hoy? Kao se giró lentamente y me miró de arriba abajo, hasta llegar a mis preciosos tacones rojo fantasía. Su expresión no varió ni un ápice, por lo que deduje que le había dejado sin habla tal hazaña. - No está mal… -en un gesto elegante, se agarró la túnica que siempre portaba arrastrando y dejó al descubierto sus pies. Para mi colosal asombro, el viejo monje llevaba unos enormes y lustrosos tacones que, según podía calcular a simple vista, alcanzaban de sobra los 30 cm. - … para un novato. - ¡¿QU…QUÉ?! - ante tal sorpresa, retrocedí un par de pasos. - Vas por buen camino, Aspros, pero aún tienes mucho que aprender. - Pe, pero… ¿desde cuándo…? -no podía controlar mi asombro. Para más inri, el anciano llevaba las uñas de los pies pintadas de rojo intenso, o eso intuía. - Los llevo puestos todos los días. - ¡¿TODOS LOS DÍAS?! Nunca he oído el ruido de sus tacones contra la madera del suelo, maestro. - Y ese será tu próximo reto -extendió paulatinamente su mano, como si barriese el suelo con ella, y sonrió burlón- Limpiarás el suelo, mas no quiero oír ni el aleteo de una mariposa mientras lo haces. - ¡S, SÍ! Tras 5 eternas horas, había logrado completar la tarea del maestro. Ahora me encontraba tirado bocarriba en el jardín trasero del santuario, absorto en el movimiento de las nubes, compañeras de un sol que poco a poco se alejaba del cenit. Limpiar el gran salón sin hacer ruido con los tacones había sido mucho más difícil de lo imaginado, puesto que suponía gran paciencia y un prolongado esfuerzo muscular de las piernas; notaba que me ardían, más que con ningún otro entrenamiento. A mi espalda, Kao se arrodilló sobre el tatami y permaneció en silencio por un largo rato. - ¿Qué más debo hacer? - ¿Aún deseas hacer más cosas? - Bueno… -replanteé mi pregunta, puesto que no me encontraba en condiciones ni para volver a la taberna- Mejor otro día. - Eso pensaba, jajaja -era la primera vez en esos meses que escuchaba reír a Kao. Era muy serio y estirado, pero para nada mala persona. - Te preguntarás porqué un monje lleva tal calzado… - Y porqué se pinta las uñas -añadí. Permanecía tumbado en la misma posición, como si le hablase al cielo. - También, también. Digamos que es una antigua manía. Como un rayo, un pensamiento atravesó la oscuridad de mi mente. Me incorporé rápidamente y giré mi torso para encarar al monje, ahora con su vista puesta en mí. Le observé con duda y extrañeza, valorando si preguntarle aquello que saltaba por mi mente o dejarlo correr; no, debía… - Kao… -notaba mi boca seca- ¿Usted conoce a una tal Caroline? - Sí. |