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[Presente relativo] La tormenta perfecta [Aventura T1 Autonarrada] - Versión para impresión

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[Presente relativo] La tormenta perfecta [Aventura T1 Autonarrada] - Taka - 28-08-2023

Odio la mar.
7 días desde que partimos con destino a Dawn. La idea era abandonar las pequeñas islas y archipiélagos para centrar mis esfuerzos de búsqueda de información en las grandes ciudades y bases de marina. La persecución de los asesinos de mi madre se estaba enquistando y corría el riesgo no solo de perder para siempre a los piratas, sino que ellos mismos fueran presa de otros piratas. El mar era cruel y estaba lleno de hombres de corazón vacío que venderían a su familia por cuatro Berries. El bote era mediano y permitía a duras penas que un hombre de mi tamaño viajara con las mínimas comodidades, pero nos apañábamos. Como dije, la mar es cruel. El 7º día de viaje, el tiempo comenzó a cambiar. De pronto los vientos se levantaron, hostigando violentamente las velas de nuestra embarcación mientras hacían tambalearse a todos los pasajeros de lado a lado. Los hombres estaban inquietos. La tripulación estaba compuesta por 1 capitán, 5 marineros y 2 viajeros más como yo, una pareja de jóvenes que buscaba una vida mejor.
 
Los vientos precedieron a las nubes y poco a poco, el cielo comenzó a taparse con una densa y oscura masa de nubes negras que eclipsó toda la luz del sol pese a que era media tarde. El último ingrediente fue la lluvia y los relámpagos. No tardó en hacerse patente una intensa tormenta eléctrica que sacudió con agua a gran potencia toda la cubierta del barco. El capitán ordenó cerrar las velas y comenzó a dirigir a los hombres a su cargo con tal de sobrevivir al temporal. El personal no esencial bajó a la bodega de carga, a excepción de mí, que directamente me era imposible. Además, podía darse el caso de que se requiriera mi fuerza en algún momento, y pese a no tener nociones de navegación o barcos, era capaz de seguir órdenes llegado el momento. Las olas golpeaban el casco incesantemente. Tremendas montañas marinas que nos hacían subir y bajar alturas increíbles y también aterradoras. En determinado momento, los dos jóvenes salieron a la cubierta, parecían alterados incluso para estar en la “tranquilidad” de la bodega.
 
- ¡AGUA! ¡HAY AGU…! - exclamó el hombre tratando de llamar la atención de los marineros que no cesaban en su empeño de soportar la inclemente embestida del tiempo. Sin embargo, sus gritos se vieron truncados por un golpe de una ola que sobrepasó el alto de la cubierta, arrastrando a ambos civiles al mar. Era imposible salvarlos. Todos lo sabíamos. Pero, además, teníamos un problema: el casco estaba dañado y se estaba inundando. Era casi una sentencia de muerte. Me levanté y miré a dos marineros que sujetaban cada uno un cabo con fuerza a cada lado del barco. Me ubiqué justo en el centro, agarré las sogas que con toda su energía trataban de retener para que el mástil no se partiese y las maderas se mantuvieran en su sitio. - ¡ID! ¡Yo lo retendré! - ordené mientras me colocaba bajando el centro de gravedad y estabilizando mi posición con ambas cuerdas agarradas.
Los hombres se miraron y asintieron para seguidamente salir corriendo. Los vi coger un cubo con herramientas y bajar rápidamente a la bodega de carga para, supongo, reparar los daños del barco.
El aire se estaba intensificando y hasta yo tenía dificultad para retener las cuerdas. Traté de dar una vuelta con ambas a mis antebrazos para aumentar la fricción y el agarre sobre ellas y tensé mis músculos todo lo que pude. Mis manos estaban apretando para sujetar la vida de todos allí, no era momento de flaquear. Se habían dado todos los ingredientes para la tormenta perfecta.
 

Tras la fatídica tarde y noche de ayer, el 8º día amanecimos con un mar en calma. Yo estaba agotado y no podía quitarme de la mente la escena de la pareja que fue arrastrada al mar. Una fracción de segundo cambio su destino. Me parecía increíble. El barco había sufrido daños. El casco, aunque reparado, estaba poco funcional y tenían que desaguar constantemente. Las velas estaban rajadas y no permitían coger los vientos con la eficacia que se debía para avanzar, y para colmo, el día amaneció absolutamente en calma. Daba la sensación de que no nos movíamos nada.
Con el vaivén del barco, muchas de las provisiones se echaron a perder, ya sea anegada por el agua que entró a la bodega, porque cayeron y se rompieron o simplemente por estar en la cubierta en toneles y caer durante la tormenta. Esto nos volvía a poner en un aprieto. No nos movíamos y la previsión era que la comida durara unos días.
 

Después una semana sin movimiento, comenzamos a pensar que era cuestión de tiempo que todos muriéramos allí. Varios hombres estaban agonizando por la falta de agua y comida y, los que soportaban estaban debilitados. Yo me encontraba cansado, débil y sobre todo, frustrado. Enfadado por llegar a este final sin cumplir mi objetivo de vengar a mi madre. El 16º día ocurrió un “milagro”, aunque de milagro no tuvo absolutamente nada. Uno de los hombres, avistó un barco a lo lejos y no tardó más que unos segundos en gritar como si hubiera descubierto una montaña de comida, para seguidamente hacer señales de luz reflejando el sol con una espada. El barco, a lo lejos, comenzó a virar y, poco a poco, acercarse a nosotros. El júbilo de la tripulación pensando que estábamos salvados fue increíble, lástima que se viera destruido en menos de unos minutos cuando, el barco que presumíamos serían nuestros salvadores, enarbolaron una bandera negra con calaveras.
 
- Piratas… Son putos piratas. - Pensé, por primera vez, decepcionado por encontrar un barco pirata.
 
El destino se estaba cebando con nosotros. No era un barco grande, debían ser 4 o 5 piratas, pero estaban motivados, podía notarse por sus gritos, además de que nosotros estábamos debilitados pese a ser más. Cuando el barco pirata se acercó lo suficiente, ocurrió algo que no esperaba ver nunca. Presumiblemente, los piratas saltarían a nuestro barco a matarnos y llevarse lo que tuviéramos, dicho sea, mala suerte por su parte. Sin embargo, fueron los marineros y capitán quienes, herramientas en mano, saltaron al barco pirata gritando como locos. Las caras de los piratas, al ver que marineros comunes, que a priori eran sus presas, les atacaban, fue un poema.
La escena fue dantesca. En menos de 5 minutos, todos los piratas yacían en la cubierta de su barco, ahora encharcada de sangre y vísceras, mientras los marineros buscaban la bodega de carga con ansia. No tardaron nada en sacar a la cubierta cajas llenas de comida que los piratas llevaban para su propio consumo y, sin ningún tipo de mesura, comenzaron a comer como cerdos. El capitán, algo más sosegado, me lanzó un trozo de carne curada. - Come, mestizo, ¡necesitamos tu fuerza! - bramó mientras volvía a comer. Por un momento, y mientras comía bocado a bocado aquel pedazo de carne, pensaba en cómo las tornas se habían girado. En un momento de pura necesidad, hombres buenos se convirtieron en asesinos. Como dije, el mar es cruel. Y convierte a los hombres a su imagen y semejanza.
 

Tras el festín, los hombres saquearon todo lo que pudieron y lo llevaron a nuestro barco. Me asombró la pasividad y naturalidad con la que los marineros andaban entre los cadáveres aún recientes de nuestros atacantes. Dos hombres cargaron la comida y provisiones, mientras los demás desmontaban partes no esenciales del barco para tener madera y reparar nuestros daños, además de coger las velas para sustituir las nuestras, que estaban hechas jirones. Tras unas horas de reparaciones, volvimos a emprender la marcha, acunados por el suave viento que se levantaba. Dos días de viaje más, que se hicieron casi tan largos como la semana sin comer, nos acercaron a Dawn. La tripulación tenía su objetivo, pero, yo pedí que me dejaran caer en la zona del bosque Dawn. Nunca me gustó aparecer en el puerto y además, necesitaba abastecerme, cazar y recolectar agua aprovechando mis conocimientos y mi experiencia. Los marineros atracaron cerca de la orilla y salté ampliamente hasta ella. Desde cubierta, el capitán se dirigió por última vez a mí.
 
- Mestizo, te lo agradezco. - dijo, sin mucho sentido – Desde el ataque, no has mediado palabra. No sé si nos juzgas, pero, has mirado a otro lado. Eso es suficiente. - prosiguió.
 
Suspiré profundamente mientras me encogía de hombros. - No puedo juzgar algo que yo mismo podría haber hecho. Asegúrate que el monstruo que han conocido se quede en una jaula bien cerrada… o tendrás una tripulación de monstruos. - Sentencié, para darme la vuelta y adentrarme en el bosque, despidiéndome con la mano en alto.
 
Había sido testigo del horror del hambre, del hombre que teme por su vida y está dispuesto a sacrificar la de otra persona para salvar la suya. Un comportamiento que, sin duda, podré olvidar.
Ahora, era momento de adentrarse en el bosque, reabastecerse y… después, comenzar mi investigación. Sentía en mi fuero interno que estaba cerca.
 
Y ahora, yo tampoco iba a parar.



RE: [Presente relativo] La tormenta perfecta [Aventura T1 Autonarrada] - Saint Sheperd Ju Peter - 29-08-2023

Aventura Tier 1 Completada
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