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Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Versión para impresión

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Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Hyákinthos - 03-10-2025


2 años en el pasado

Las peores presas son las que se resisten.

Él no es alguien que juegue con sus víctimas. Es directo, certero, una vez ha puesto sus ojos sobre una potencial mercancía, no los apartará hasta que pueda distribuirlo por partes. No es por diversión que hace esto -o tal vez sí, un poco, nunca lo admitiría en voz alta-, es por trabajo, por dinero y, por eso, debe ser lo más impecable posible. Imaginar tener que entregar un producto defectuoso por culpa de la mala praxis lo volvería loco.

Por eso detesta a la mercancía que opone resistencia.

Ahora, el que no juegue no quiere decir que haga las cosas demasiado rápido, no, claro que no, eso sería estúpido. Es eficiente, práctico, sí que se toma su tiempo para estudiar a sus presas. Cuando las consigue, el trabajo es limpio, incluso parecería “rápido” para cualquier que no conozca el proceso de investigación que hay tras este.

Estas víctimas suelen ser pacientes a los que ha atendido, aquellos que tienen un historial solitario, limpio y, sobre todo, pobre… ¿Quién se molestaría en buscar a un pobre? Ningún marine perdería el tiempo con alguien que no es importante en la sociedad. Sorbet Sur es el lugar perfecto para conseguirlos.

Por eso no esperaba que este le respondiera, que le atacara.

Lo había estudiado desde hace un par de semanas. Un chico joven, de 20 años, humano, uno al que atendió hace un par de meses por un virus corriente, nada grave, un chico con un historial limpio, con una salud envidiable y que, a pesar de todo, es delgado, manejable, alguien a quien podía someter con facilidad con una llave, inyectarle un anestésico, esperar a que perdiera la consciencia y… ¿Hay necesidad de decir lo que haría luego? Tal vez no.

Pero las cosas no siempre salen como se esperan. ¿En qué falló? Creyó haber tomado con precisión sus medidas cuando lo atendió: altura, peso, masa muscular. Tenía todo para calcular con exactitud cuánto de anestesia necesitaría para noquearlo. ¿Acaso erró en la cantidad de sedante cuándo hizo el cálculo? Bueno, no es como que importara ahora, podría pensarlo cuando el peligro pasara.

Apretó los dientes, así como sus puños. El filo de la navaja cortó la tela de su ropa y su propia piel, traspasó su carne con facilidad. No lo vio venir. Creyó que el chico estaría aturdido, ni siquiera supo cuando despertó. Todo se tornó en su contra.

Sin embargo, a pesar de la herida que, instintivamente, se tapó con una de sus manos, su víctima -ahora su atacante-, trastabilló e incluso llevó una de sus manos a su cabeza y se quejó. Bien, al menos parecía mareado. Escuchó que el chico maldijo en voz baja y luego, en lugar de prolongar el enfrentamiento, uno para el que el pelirosa ya estaba listo de ser necesario a pesar del dolor en su abdomen, su “víctima” no alargó más la situación y corrió en dirección contraria. Podía entender su decisión, aunque él mismo habría hecho algo distinto: terminar con lo que empezó.

Tuvo suerte de que este chico no fuera como él.

Jadeó. El dolor en su abdomen se hizo más evidente cuando dejó de estar alerta por la amenaza del chico. Tuvo que romper parte de la manga de su camisa para poder amarrar su herida y detener el sangrado. Fue rápido, un nudo desprolijo, pero lo suficiente para que la sangre dejara de salir; sin embargo, el dolor estaba tan presente como antes.

Caminar rápido le costó, después de todo, en cada paso podía sentir la punzada como si el metal aún lo estuviera atravesando. Que sensación tan molesta.

Logró alejarse lo suficiente como para quedar desvinculado de cualquier incidente, además, llevaba consigo una mascarilla negra cuando todo ocurrió y, por la hora de la noche en la que sucedió todo y el callejón donde se encontró a su víctima/victimario, sería imposible que este reconociera su color de cabello, que de todos modos estaba bien recogido como para no llamar demasiado la atención, sumado a eso, notó al chico mareado antes de que huyera, entonces…no tendría por qué ser delatado, no…no lo sería…aunque, de igual manera ya había pasado mucho tiempo en el Reino de Sorbet.

Quiso llegar al local en donde tenía su “clínica”, una fachada para lo que en verdad hacía, pero no solo su mala orientación le jugó una mala pasada, si no que el mismo dolor no lo dejaba pensar con claridad. Mordió su labio inferior con fuerza, necesitaba tranquilidad, necesitaba orientarse. Cerró los ojos, apoyó una de sus manos en la herida y, al final, por culpa del dolor, quedó apoyado en una pared, cerca de un local que, a pesar de la hora, aún seguía abierto.

Levantó la cabeza con dificultad, por el letrero brillante podía ver que era un bar o un burdel barato, además, el ruido que empezó a escuchar desde el interior fue suficiente para despejar cualquier duda que pudiera tener sobre el sitio. Pensó en que algo de alcohol le vendría bien para la herida, el alcohol más puro que tuvieran dentro, pero supuso que solo tendrían licor barato, lleno de azucares que podrían llegar a hacerle más mal que bien.

Chasqueó la lengua, empezaba a sudar frío y no tenía ganas de caminar. Solo deseaba una cama y un sitio donde pudiera tratarse la herida con el cuidado que ameritaba, pero pensar en llegar a su “casa” se le hacía cada vez más difícil. Sintió que sus piernas temblaron y la sensación lo hizo deslizarse en la pared en la que estaba recostado hasta que quedó sentado en el suelo, algo que en otro momento lo habría hecho quejarse por ensuciar su ropa sentándose en la calle, pero que ahora le parecía lo mejor que podía hacer.

Jadeó y de pronto la máscara le empezó a estorbar, tuvo que quitársela para poder respirar mejor, aunque rápido, por más que intentara mantener un ritmo calmado. Se empezaba a agitar y eso no era bueno, debía mantener la calma.

Entonces escuchó un ruido. Una puerta que se abría y alguien saliendo del interior del local. Eso lo alertó…No estaba en la parte norte de la ciudad, en donde algo de esperanza tendría, si no en el sur, donde las cosas eran más peligrosas y, aún así…aunque pudiera terminar peor de lo que empezó, reunió valor para hablar, para que sea quien sea que hubiera salido de ese bar, pudiera escucharlo y ¿Por qué no? También ayudarlo.

—¡Hey! …por favor… ¿Podrías…podrías ayudar…me? —Cuando habló, por inercia apretó más fuerte su herida, eso hizo que su voz saliera entrecortada y más baja de lo que imaginó, esperaba que el ruido del interior del bar no hubiera nublado el sentido auditivo de la persona que estaba cerca de él o si no, vaya que estaría jodido.



RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Heras - 05-10-2025

Desde que estoy en este burdel me repito una y otra vez. “Este será el último.” Me siento agotado, no por el trabajo, al final, algo disfruto, pero ciertamente cada vez es menos. Ya por mis dimensiones esto cada vez se ponen a cuidar a las otras compañeras de trabajo. No me llegan muchos clientes, no hay muchas mujeres  u hombres que quieran enfrentarse a una noche conmigo. 

Mi sorpresa más súbita es cuando escucho a una de mis compañeras gritar. Es lo que más me sorprendió fue ver a ese hombre herido. Diablos, esto no debería estar pasando. Me acerqué, miré a los alrededores, las personas comienzan a mejorar y esto no me gusta. la reputación de los burdeles es importante y no puedo dejar que se me haga más complicada la estadía. —Vamos papi, ya te resolveremos cualquier dolor. Sí, yo te ayudaré.— No quise presumir pero por mi tamaño y por mis dimensiones hice el esfuerzo de cargarlo y llevarlo conmigo. Tuve que llevarlo arriba, donde se suele atender a clientes de trato especial. 

Verlo herido me hace pensar que tengo que ayudarlo, como si tuviera una deuda de otra vida. Lo llevé hasta mi alcoba, pero, no se de medicina. Me quiero conservar sereno, pero la sangre mancha la ropa. No solo la ropa, mis manos, mi hermosa falda con lentejuelas. Quiero ayudarle pero en mi habitación solo hay mi ropa, algunos perfumes, cremas de buen olor, incienso que se quema muy lentamente todo para tener mi habitación adecuada para cualquier tipo de jornada de trabajo que me pudiera aparecer y predisponer a mis compañeros. 


—Estarás bien, tranquilo, respira, no me cierres los ojos.— Digo lo que he escuchado de otras. Te ayudo a hacerte presión. Volteo hacia atrás y llamó la puerta abierta de mi habitación. Ella siempre está allí si llamas, ella siempre tiene un ojo sobre todos nosotros. Somos suyos, somos su propiedad y tiene cuidado que no nos rompan. —¡Señora Dublin!— No dudé en llamarla con fuerza. Ella no es de que le gusten ese tipo de llamados si no es algo de seriedad.


—¡Señora Dublin!— Ahora más fuerte. No estoy con juegos y se que ella en cualquier momento. Sí ahí están, pasos de tacones que aun cuando el ruido de la música de abajo se escucha levemente se quedan opacados por los pasos seguros que llegan hasta el marco de mi puerta. Su vestido rojo, elegante, victoriana. Volteo hacia ella esperando 


[Imagen: ef260dc9ecc6717004cfc7487486da20.jpg]
—Heras, te he dicho que no hace falta gritar.—
Sus gestos son tan inmutables que me hacen sudar de solo verla. Su presencia, su olor, su manera de comportarse siempre a la altura me atrapan en una dimensión distinta. Cada paso que doy y verla como con toda la paciencia del mundo aparta mis manos y saca de su corsé una botellita y deja caer sobre la herida desnuda. El líquido tiene un olor fuerte, no es como los baratos que hay abajo. 

—Eso lo ayudará a que no se infecte.— De la misma manera me quedo tan tranquila y de su corset salió ungüento. —Lo vi cuando lo traias hacia arriba, imaginé que necesitarías ayuda. Debiste ser más cuidadoso, estas acciones me traen mala reputación, esto no es un hospital.— Sus regaños no lo parecen, atiende la herida sacando también con que coser y parchear la herida del desconocido. 

—Esto se sumará a tu deuda conmigo.— Se puso de pie con la misma elegancia que había hecho para arrodillarse. su espalda en perfecta posición todo el tiempo. Me dedicó una mirada. una sonrisa perfecta, elegante. Me hizo tomar postura de seiza ante ella. Sin verla, se que ella es mi dueña y no puedo hacer nada sobre eso. 

—Aún no cumples tu cuota esta semana. Traeré a Brutus que venga a ajustar tus números si no te das prisa.— Sus pasos comenzaron a alejarse lentamente. No me atrevo a rechistar, no me atrevo a discutir, ella tiene esa aura que me impide comportarse como es usual.


RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Hyákinthos - 08-10-2025

Un grito femenino resuena y luego…alas negras.
 
Su visión empieza a hacerse borrosa, puede culpar al dolor, a la pérdida de sangre. Es absurdo, sabe que la herida ni siquiera es demasiado profunda, pero ha caminado mucho, también hizo esfuerzo al defenderse, todo en conjunto hace que el corte se abra, que la sangre brote con más ansias. Es médico, sabe que tiene que ser cuidadoso en esos casos, pero, aun así…siempre ha sido un pésimo paciente.
 
Quiso mantenerse atento cuando el ser de alas negras se le acercó. ¿Un ángel de la muerte? Nunca ha sido muy creyente en ese tipo de historias, pero la idea de que tan hermoso ser viniera a recogerlo en sus últimos instantes le hizo ilusión, por supuesto, la idea fue solo su imaginación actuando, sabe que exagera, que no está en sus últimos momentos, pero la ayuda no viene mal.
 
Deja que lo recojan del suelo, no opone resistencia alguna cuando es levantado con una facilidad increíble aún para su peso y estatura, claro, apenas y ha notado que quien lo lleva consigo es mucho más alto, pues le dio por entrecerrar sus ojos en cuanto se vio inundado por el calor de un cuerpo ajeno, haciendo que su confianza se elevara, con esto puede estar seguro de que tendrá una habitación en la que sanar su herida…habría querido agradecerle al de alas negras, pero solo ha atinado a subir su mano hasta poder apretar con ligereza el brazo del otro hombre. Un gesto silencioso de agradecimiento y, a la vez, de súplica…un ruego porque no lo suelte.
 
El ruido del burdel llega a sus oídos en cuando traspasan la puerta. La música, las chácharas, las risas y alguno que otro gemido ahogado hacen el coctel perfecto para aturdirlo, su cabeza empieza a doler y eso intensifica el ardor en la cortada de su abdomen…solo es una cadena de eventos desafortunados que terminan con sus dientes mordiendo con fuerza su labio inferior, un gesto para desenfocarse del dolor de su herida y, de paso, para centrarse en no dormirse.
 
La puerta de una habitación fue abierta con premura, fue colocado en una cama y, aunque extrañaría el calor del otro cuerpo, se permitió relajarse al descansar sobre el colchón.
 
La voz que lo intenta tranquilizar le parece agradable, demasiado agradable, podría escucharlo toda la noche, además, ahora, gracias a la iluminación de la habitación, puede ver mejor a su rescatador: un lunarian.
 
Sus ojos, en cualquier otro momento, habrían brillado con ilusión al encontrarse con alguien de una raza tan poco común en estos mares y; sin embargo, ahora solo están brillando por culpa de las lágrimas que empiezan a acumularse en ellos. ¿Por qué llorar ahora? Es ridículo, debe verse ridículo, que espectáculo tan desagradable le está brindando a tan hermoso espécimen.
 
Las cosas no mejoran en cuanto llega una mujer de cabellos rojos, una tal Dublín, o así la ha llamado su rescatador. ¿Es médico? No, por la manera en la que le habla y en la que se mueve, parece más la dueña de este sitio, una proxeneta quizá…eso lo hace chasquear la lengua ¡Excelente! No es su deseo deberle un favor a alguien así, tendría que darle un buen pago cuando saliera de este lugar, ya se las ingeniaría, pero, por ahora…
 
Su boca se abrió en cuanto algo que pudo identificar como alcohol fue vertido en su herida, pero ningún sonido logró salir de ella, el aire quedó contenido en su garganta antes de volver a cerrar sus labios y morderlos con tanta o más fuerza que antes, con ello logra comprimir cualquier indicio de dolor, aunque, es evidente la incomodidad, solo hay que ver la expresión compungida de su rostro y la forma en la que sus manos aprietan con fuerza las sábanas de la cama, no solo por el alcohol, si no por cada puntada que se sumaba para ayudar a cerrar el apuñalamiento.
 
Solo pudo calmarse cuando un parche con algún tipo de ungüento fue colocado en su abdomen y, finalmente, un vendaje limpio fue amarrado para evitar que los puntos estuvieran expuestos. El agarre a las sábanas se fue soltando poco a poco y, por fin, pudo permitirse cerrar los ojos por un momento, más tranquilo, ahora con la seguridad de que no se desangrara por una herida estúpida…casi que podría sonreír, pero ahora solo quería descansar; sin embargo, a pesar de la molestia y del dolor, su mente seguía activa.
 
Se removió entre las sábanas mientras escuchaba la voz de la mujer, hablaba algo sobre una deuda, números y cuotas. Lo supuso, estos no sería gratis, aunque… ¿Por qué tendría que pagarlo el otro? Normalmente le habría importado poco, no es alguien a quien conozca, pero ¿En verdad quiere dejar pasar la oportunidad de hacer migas con un lunarian? No, por supuesto que no…Necesita ganar su confianza, solo de esa manera podría acercarse para… ¿Estudiarlo? Sí, nunca ha estudiado la fisionomía de uno de su raza… ¿Qué tan diferentes serían de los humanos?
 
Que mal, que mal…incluso en medio de su dolor solo puede pensar en la ciencia, en sus investigaciones. Volvió a morder sus labios, ya no para evitar gemir de dolor, si no por una mala costumbre que sale a flote cuando se concentra en algo o en alguien.
 
Podía maldecir ya mismo a esa víctima que se hizo la fuerte, sí…eso sería lo normal, pero ¿Cómo hacerlo si sus acciones lo habían llevado a este momento? Solo puede agradecerle por haberle permitido conocer a este bello sujeto que ahora está frente a él.
 
La mujer se alejó, la puerta volvió a cerrarse y, con ello, volvieron a quedar solos los dos. Perfecto, su mente no le acompaña para dormir por más que lo desee, así que… ¿Por qué no intentar hablar? Lo ha dicho antes, es pésimo paciente, no piensa seguir las reglas que él mismo le pondría a algún herido.
 
—¿Deuda? —Su rostro se giró para mirar al hombre que lo ha ayudado, empezando la conversación con una pregunta simple en lugar del agradecimiento que antes pensó en darle. —¿Qué hiciste para te…tener una deuda c…con la dueña…de…de un burdel? —Esto es malo, sus palabras salen entrecortadas por culpa del dolor que aún se mantiene como un pinchazo, recordándole su estado a cada segundo.
 
—No…no tienes que…aumentarte nin…ninguna deuda por a…ayudarme —. Tomó una buena bocanada de aire para seguir hablando. —Pue…do pagarlo… ¿Cuánto e…es? —Sus ojos llorosos por el malestar se mantuvieron fijos en el desconocido, analizándolo y apreciándolo al mismo tiempo. —No e…es…tu res…responsabilidad pagar por un favor hacia alguien…más…además…de…de todos modos, p…pensaba en pagar por…la ayuda —. Se llevó una mano hacia la herida recién cosida y apretó un poco el área, nada que pudiera lastimarlo en verdad, solo quería sentir la calidad del vendaje.
 
—Lo siento —. Se dio cuenta entonces que entre todo lo dicho en ningún momento agradeció por el favor. —De…debo parecerte un…grosero por no decirte esto hasta ahora, pero...Gracias por traerme aquí —. Su cuerpo se removió en la cama, como si buscara sentarse, aunque lo cierto es que su intención es más simple, solo desea arreglarse la camisa que antes fue removida para poder coser y parchar el corte, claro, no lo hace por pudor, si no porque el frío ha empezado a colarse por las ventanas, es molesto, nunca le ha agradado y no pasaría mucho tiempo antes que su piel empezara a erizarse y, si tiene que ser sincero consigo mismo, ya ha pasado suficiente vergüenza delante del lunarian.



RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Heras - 12-10-2025

No es lo mismo llamar al diablo que verlo venir. Luego de curar sentí una presión en mi pecho gigantesca, yo no puedo seguir debiendo a esta señora, en cualquier momento va a querer cobrarse todo de golpe y eso no es nada bueno. Tragué saliva con dificultad, nervioso, ella no es como otros dueños que he tenido, con diferencia ella es la peor de todas, no tiene sentimientos, no flaquea, no se despeina. Aquí adentro se siente como si ella fuera un ser omnipresente. 

Mis propias manos van a mi cuello, siento que a mi cuello le cuesta respirar, el aire no pasa bien. Con mi altura me siento en un pozo donde la luz que te dice que saliste se vé como una estrella única en el cielo infinito. Un trance efímero que se vió cortado por la voz débil. ¿Ya despertó? ¿Tan pronto? Me volteó al darme cuenta de su mirada que me busca, pero no estoy seguro de si es a mi a quien ve o si es una alucinación que está teniendo por consecuencia del dolor. 

Me arrodillo al lado de la cama y veo con atención tu herida, no parece que fuera a ocurrir absolutamente nada. No, no está alucinando, me está hablando, está en contexto. Es muy fuerte, no es broma, si está resistiendo quiere decir que ya ha estado en situaciones así. No dudo y de inmediato le quitó la ropa. Están manchadas de sangre y vas a ensuciar mi cama, mira si supieras lo cara que está para mi ni te atreverías a dejar que la sangre saliera de tu cuerpo. —Eres muy amable en pensar en mi cuando estas en cama. Tranquilizate, — Estoy preocupado por ti, te estás esforzando con insistencia y agarro tu mano antes de que hagas algo estupido como querer quitar tu benda. 


—Si, bueno, cuando no puedes hablar por una puñalada no puedes expresar eso. Yo decidí ayudarte sin importar que fueras a pagar o no. ¿Oyeme querías quedarte allí tirando de sangre por todo el piso?— Confrontado mi idea contra ti. No te conozco lo suficiente, pero pienso que necesitabas ayuda y yo lo hice, solo actué. Si realmente estas dispuesto a pagarme, ya se verá.  —Las decisiones que tomamos en la vida no son importantes. Tienes que relajarte. No te muevas por favor. Necesito que descanses para que puedas recuperarte.—


Me alejo y busco un incienso en específico. Los guardaba por si en algún momento realmente quería compartir una noche romántica con alguien. Tocaba usarla ahora mismo pero al querer regresar a ti veo que parece que estás revisando todo. Sentí como que me endeudé por un idiota. Arrojé el incienso y el yesquero al suelo junto a la cama y te agarré la mano nuevamente. —Que necio eres. Deja de tocarte la herida.— No dude ni un instante y le toqué justamente donde le cosieron. Mis dedos son gruesos, tersos, firmes, presiono, pero no exactamente sobre la herida pues bien que se que te acaban de cocer, no se del tema pero no soy idiota. Mi mano es grande y te agarra donde tienes la herida y presionar hasta que te vea ser sometido a mi voluntad y mi deseo es que estés quieto. 

—¿Vas a cooperar o no? Porque esto para mi es un placer.— A estas alturas no es de sorprenderse que he tenido que hacer todo tipo de prácticas. Se que todos tenemos umbrales del dolor y cuando estamos frágiles por mucho que luchemos solo vamos ser peces fuera del agua y nos retorcemos sin tener adonde ir. —No te escucho. Tienes que decirme: Si papi, estaré tranquilo, hasta que no lo digas no te dejaré tranquilo.—

Entre demasiado en papel y cuando pienso que te veo insistir mis manos te agarran y solo hacen la fuerza suficiente para que no puedas huir de mi. —No. hasta que me digas  quien es tu Papi.— Las muñecas de mi invitado están sobre su cabeza y no se las agarré porque si me descuido seguro escaparía y con la derecha, la más diestra le sigo presionando la herida. Hasta me tuve que poner de pie y casi que estar sobre ti. Que bueno que soy más grande y que soy más pesado, porque bien que eres alguien muy difícil de sobrellevar. La sensacion del contro, del dominar a otro es algo que puede ser facilmente una adicción y el tenerlo en mis alcoba, en mi cama, tan fragil, quiero ver si este se dobla o quiebra ya.


RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Hyákinthos - 16-10-2025

—Es…espera… ¿Qué…haces? —Sus músculos, sin querer, se tensaron cuando se dio cuenta de las intenciones del lunarian y, por consiguiente, la reciente herida en su abdomen mandó un pinchazo de dolor que recorrió desde su estómago hasta parte de su pecho que fue suficiente para hacer que se mordiera los labios y apretara las sábanas nuevamente. —No me quites…ugh —. Respiró hondo, rindiéndose ante las acciones del otro hombre, dejando que le quitara la camisa que, evidentemente, dejaba rastros de sangre en las sábanas.
 
—N…no…no quería quedarme tirado en…la…ca…calle y…te agradezco por…ayudarme, pero ahora… —No solo el dolor empezaba a molestarlo, ahora el aire helado que se colaba por la ventana hacía que su piel se erizara y que su cuerpo empezara a temblar, sabía que no era solo por la temperatura, era por la cantidad de sangre que perdió en el camino hasta que el buen samaritano que se encontraba ahora en la misma habitación que él decidió ayudarlo. —Tengo frío…
 
De manera inconsciente y aprovechando que el hombre se había alejado un poco de él, se volvió a remover entre las sábanas, no por necedad, para nada, no es que el mismo no deseara quedarse quieto, si no que necesitaba buscar la sábana que quedó atrapada bajo su cuerpo cuando lo recostaron sobre la cama, necesitaba el calor de ese pedazo de tela, solo eso…nada más…de esa forma podría al menos intentar descansar un poco, pero…tal vez su deseo no se vería cumplido de inmediato.
 
Dolor.
 
Un toque que lo hizo jadear y luego retener el aire por unos segundos.
 
Ni siquiera supo en qué momento el lunarian pasó de estar del otro lado de su habitación a estar de nuevo a su lado, pero lo que importaba es que, estando ahí, su mano presionó casi directamente sobre la herida vendada. No fue un toque fuerte, él lo sabía, pero, aún así, fue suficiente para que su cabeza diera vueltas y se viera obligado a quedarse quieto…bueno, casi.
 
—No…no lo hago, solo…re…revisaba el vendaje, soy…mé…ah…médico —. La mano del pelirosa, temblorosa por el frío, el dolor y el malestar, se levanta solo para intentar tomar la muñeca ajena, no en un agarre firme como habría querido, de hecho, el mismo puede percibir la delicadeza de su acción comparada a la fuerza que usualmente imprimiría en una situación similar si se encontrara en buen estado. —Voy a cooperar…pero… ¿Eh?
 
Las siguientes palabras del hombre lo tomaron desprevenido por completo, tanto que sus ojos brillosos por las lágrimas que intentaba contener se abrieron por la sorpresa.
 
—¿Estas bromeando? No voy a decirte… —Nuevamente su descuido lo llevó verse sometido de una forma en la que no recordaba haberse sentido antes…bueno, siendo justos, pocas cosas podía recordar el doctor, pero, en esta ocasión, ni siquiera tenía una sensación de familiaridad con todo lo que acontecía. De repente, sus manos llevadas sobre su cabeza, sostenidas con fuerza suficiente para que no pudiera zafarse y la otra mano tocando sobre el vendaje de su herida lo hicieron creer que tal vez lo mejor sí que habría sido quedarse tirado en medio de la calle desangrándose, porque si esa víctima de antes no lo mató, si que lo haría este hombre.
 
—Duele…para mi…no…no es un placer…—Porque ser masoquista no le va, disfruta más si es él quien provoca dolor. —No v…voy a decir…te eso que quieres, pero…ah…prometo…quedarme quieto…en serio, solo…me estas…lastimando… ¿Quieres que se abra la herida? ¿Q…quieres que esa mujer, Dublín, te aumente la deuda si…se…se entera que las sábanas se mancharon de sangre por tu culpa? —Para su sorpresa, a pesar de la presión, el frío y el malestar creciente en su abdomen, su mente conseguía formular un chantaje con facilidad, a fin de cuentas, estaba acostumbrado a tener que usar ese tipo de estrategias para zafarse de alguno que otro peligro. —P…porque…si algo…si sigues haciendo esto…la…las suturas pueden romperse y…eso arruinará tus sábanas —. Tomaba aire entre cada palabra para poder hablar bien y, a pesar de que sentía un escalofrío recorrer su cuerpo, se dio cuenta que había empezado a sudar.
 
—Ella…ella dijo que alguien v…vendría a ajustar cuentas…Brutus… ¿No es así? No querrás que el vea el desastre…es…eso…daría ma…mala fama al local —. Empezó a respirar cada vez más agitado y las lágrimas que intentaba contener en sus ojos no pudieron permanecer por mucho más tiempo dentro de sus cuencas, pronto se resbalaron por sus mejillas…patético…Debía verse patético.
 
—So…solo…tengo frío…quería…la sábana, aunque…tu cuerpo también sirve…s…solo si te recuestas a un lado y…no haces…nada…puedo pagar más de lo que cuesta la noche, s…solo…suéltame y…déjame…descansar —. En ese momento sintió que sus ojos se nublaron, no por lágrimas, si no por mareo, el mundo le dio vueltas. Chasqueó la lengua, la presión en su herida, la pérdida de sangre, él mismo al no quedarse quieto, todo eso hacía mella en su cuerpo, su cerebro se lo estaba recordando y, además, le recordó, en el peor momento posible, una necesidad.
 
Menta.
 
Ese olor…tal vez ese olor lo calmaría del todo.
 
—T…tu…de...de casualidad... ¿Tienes esencia d…de menta en este cuar…cuarto?



RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Heras - 20-10-2025

¿Y quien dijo que el placer tiene que ser para ti? ¿Qué te hace pensar que estás en posición de decidir? Dos pensamientos que cruzaron mi cabeza un instante, igual eres muy rápido con las palabras a pesar de que te retuerces como un pescadito agonizando. Me dejó perplejo que hablaste de todo, no dejaste escapar nada y eso me hizo detenerme. No eres un tipo cualquiera al que apuñalaron. El mood se me cortó luego de verte plañir por unas hojas de menta. Es una lastima que pudiéramos seguir. 

—Tienes razón. Pero perdiste mi confianza con tu insistencia.—Le dije sin tapujo al recostar mi cadera sobre tus muslos. Sentarme para que no fueras a escapar. ¿Y por qué no quiero que te muevas? Simple mientras te amarro las manos de las muñecas una tira de tela. No es la primera vez que hago algo de esto, osea, no porque me guste especialmente, es solo una práctica más de las que me tocaba hacer. —Ya se que no te gusta que te dominen pero no quiero que te dé por seguir revisando la herida. No se te abrieron los puntos así que reposa.— Imperante y seguro. 

Aunque yo no creo ser capaz de llegar a él. Verlo de cerca, a los ojos. —Te conseguiré la menta, pero tendré que dejarte aquí quieto. — No dudé mucho antes de arroparlo con mi cobijas, bien mi cuarto era cómodo, pero él podría pasarlo un poco mal después de que me pusiera a jugar con él. Encendí el segundo incienso y apagué y tiré el anterior. Seguro algunas de las muchachas iban a tener algo de menta para mascar, bueno, no para masticar, si no para hacer alguna infusión. Ellas son todas unas contrabandistas y si les gusta algo seguro lo tienen escondido como un botín. 

Fue cuestión de dejarlo solo por unos minutos. No iba a perderse demasiado, las compañeras ni notarán entre tanto oficio que se iban a perder uno o dos sobres de té de menta. Es lo más cercano que iba a conseguir. ¿Que piensan que esto es un jardín botánico? Igual si ya yo estaba hasta las trancas de problemas de deudas con la jefa, no iba a importar en absoluto que las compañeras también me odiaran. 

Las hurtadillas no son mi fuerte así que en cuanto escuchaba los gemidos muy fuertes era cuando escurría mi mano de entre las puertas y las cortinas de mis compañeras para colarse hacia sus despensas y sacar lo que me había pedido mi invitado espacial. También traería agua por si necesitaba bajar un poco la sensación. De regreso pude notar que él estaba muy quieto y dejé el agua en la mesa de noche. 

Desanudé sus manos para que fuese libre. —Normalmente no soy mal anfitrión, te pido disculpas.— Le dije antes de acomodarlo para que se recostara un poco con las almohadas tras su espalda. Puede que tuviese mucho que decirme o que hacerme este hombre, pero ahora que le traigo sus mentas y revisó con cuidado y al no ver sangre en su vendaje decido acostarme junto a él. Pasó por encima de la suya y una de mis alas decidió darle cobijo. 

—Solo no te mueras.— No es el primero hombre que dormirá a mi lado y tampoco sera el ultimo le daría el contenido del sobre para que él pudiera masticarlo. Jamas igualara a la menta fresca pero espero que eso pudiera aliviar su dolor. De igual forma el incienso podría ayudar a que se durmiera. Yo no podía expresar más, solo podía verlo con algo de preocupación. Lo que a él pudiera pasarle, lo que a mi me pasaría si no me ponía a trabajar. Ahora mismo que él sobreviviera sería lo mejor que me podría pasar en la vida, de algo valdrían las deudas.


RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Hyákinthos - 09-11-2025

Su respiración quedó contenida en su tráquea, sin poner inhalar o exhalar, solo supo que, por un breve instante, el tiempo se detuvo y un trozo de delicada tela sedosa se deslizó por sus muñecas. No hubo rastro en su piel de ese resquemor, que tan bien conocía, que dejaba una atadura hecha para aprisionar y, sobre todo, para lastimar, por el contrario, sus muñecas probaron una suavidad contrastante con el regaño que recibía y que tan lejano se escuchaba a pesar de la cercanía de la voz ajena.

El mundo se hizo pequeño cuando intentó mover sus manos. El nudo, a diferencia de la tela, no tenía nada de suave. Su respiración volvió a hacerse presente, pues su propio cuerpo le rogó que tomara algo de aire, un aire que llegó a él después de una gran inhalación hecha por su boca, justo antes de que sus ojos repasaran la habitación y de que su mente fuera consciente, de nuevo, en donde estaba.

Menta.

El hombre conseguiría menta.

Eso le había pedido él mismo, pero no deseaba que lo dejara de manos atadas, indefenso. No, nunca le ha gustado estar en esa posición, prefiere ser él quien lleve las riendas, él es quien prefiere atar, someter, destazar. Siempre se asegura de que sus víctimas sean manejables, personas que, por defenderse, puedan hacer poco o nada, preferiblemente nada, pero ahora…ahora que es él quien se ve amarrado a una cama, disminuido ante la presencia de alguien más grande, más fuerte.

No.

No es más fuerte.

La única razón por la que el lunarian puede manejarlo como a un muñeco de trapo es porque su herida le impide actuar. En otras circunstancias esto no sería igual.

Se supone que debe confiar, se supone que este hombre le está ayudando, pero… ¿Cuántas veces él mismo no hizo de “buen samaritano” para luego anestesiar a su víctima y vaciarlo desde dentro? Los que han confiado en él no se convierten en más que cascarones huecos.

Una inhalación más y la herida en su abdomen vuelve a punzar. El dolor hace que sus puños se aprieten y que sus brazos se muevan con la intención de zafarse de la seda. No lo consigue.

El miedo empieza a invadirlo. La desconfianza se hace palpable. Lo último que desea es quedarse solo a merced de quien sabe quién, a fin de cuentas, cualquiera podía entrar a ese cuarto… ¿No?

—Espera…no…

"No te vayas."

Eso habría dicho si la puerta no se hubiera estrellado y su “ángel” de la muerte personal siguiera en la habitación, pero no.

La soledad le cayó como un balde de agua fría. El entorno era cómodo, sábanas de seda, un colchón mullido, el olor a incienso y perfume inundando el ambiente a tal punto que incluso él, con su escaso olfato, pudo percibir un aroma agradable, pero…no dejaba de ser un sitio de mala muerte, un prostíbulo barato en el que hombre corrientes iban a saciar sus necesidades a costa de canjear unos cuantos berries.

Su memoria, aunque fallida, rememoró su despertar confuso en la celda de un barco viejo, maloliente. Recordó las primeras palabras que escuchó de uno de los miembros de la tripulación que lo capturó después de… ¿Después de qué exactamente? Esa parte de la historia era confusa para él, pero, sea como sea, recordaba el mirar lascivo de aquel hombre, las conversaciones sobre por cuanto podrían vender su cuerpo y las manos callosas que lo revisaron para comprobar que no tenía “defectos” …Cómo se zafó de ese destino es otra historia, pero el pánico que lo embargó en aquel entonces era el mismo tipo de pánico que lo embargaba ahora.

Su respiración empezó a agitarse, sus ojos buscaban como escapar… ¿Qué tal si este hombre solo lo curaba para saldar su deuda? ¿Qué tal si terminaba siendo esclavo de esa pelirroja de antes? No, antes muerto…no…él no…no se mataría a si mismo, antes los mataba a ellos…si es que lograba zafarse del amarre hecho con la tela de seda.

Y, entonces, luego del esfuerzo sin sentido hecho para zafarse, cosa que no funcionó, su cuerpo empezó a pasarle factura, la herida, aunque tratada, comenzaba a escocer nuevamente, lo normal cuando ni siquiera había tomado un analgésico que lo ayudara con el dolor y, su cuerpo, empezaba a rendirse a ello. El cansancio llegó a él de golpe, ya no solo era el dolor en su abdomen, era debilidad en sus brazos atados, en sus piernas que hicieron el esfuerzo de traerlo hasta el frente del burdel y, en su cabeza, que mucho esfuerzo había hecho en mantenerlo despierto hasta ahora.

Cerró sus ojos, se quedó quieto y, por un momento, no pensó en lo que podía pasarle, solo quiso descansar y eso hizo. Dormir no estaría mal por un momento ¿o sí?

No escuchó cuando la puerta se abrió de nuevo, tampoco escuchó los pasos de quien regresaba a la habitación, de hecho, lo único que lo hizo reaccionar fue el roce de unas manos ajenas sobre las suyas y la inminente sensación de libertad que le brindó el ser desatado del nudo que lo mantuvo cautivo. Sus brazos cayeron sobre la cama y, la verdad es que no tenía el ánimo para acomodarlos a los lados de su cuerpo, así que se quedó así, con los brazos sobre su cabeza, sintiéndose ahora más vulnerable que antes.

Sus párpados le pesaron al intentar abrirlos, varias veces tuvo que parpadear rápido y seguido para que su mirada ambarina volviera a acostumbrarse a la habitación, a la luz, al color y a la presencia ajena.

—¿Me dormí? —Sí, por unos minutos, pero de algo le habían servido, aunque el cansancio no se iba tan fácil. Escuchó la disculpas del otro hombre y, sin oponerse, dejó que se recostara a su lado en la cama, de hecho, el calor del cuerpo contrario hizo que la comodidad lo envolviera de repente. Ahora sí bajó sus brazos y se acomodó mejor en la cama, dejando que las alas negras lo cubrieran, brindándole aun más calidez. —Jmmm…esto está mejor —. Susurró antes de pegarse al trabajado cuerpo contrario y pasar una de sus manos por las plumas negras de sus alas, para sentir la suavidad de estas… ¿Cómo es que un lunarian había sido atrapado así? No era experto en historia, pero con el portentoso físico que tenía… ¿Nunca había intentado liberarse? De seguro matar a sus “amos” sería bastante fácil.

—No me voy a morir —. Su respuesta salió con una voz rasposa, más grave de lo que pretendía, no era su culpa, era culpa del sueño, del cansancio, del dolor. —No creo que haya tocado ningún órgano importante, tampoco creo que haya sido tan profunda…soy médico, te lo dije antes, no mentía si es lo que crees —. En ese momento, con su mano libre, tomó los sobres de menta que le brindaba y, sin pensarlo dos veces, llevó el contenido hasta su nariz.

El olor llegó opaco, desganado, apenas perceptible y no sentía que eso fuera culpa de su olfato, simplemente, la calidad de la hoja no era tan buena. Tal vez el sobre pertenecía a alguna marca barata de té y; sin embargo, agradeció por el escaso olor mentolado que llegó a su nariz. Aquello sirvió como una droga que hizo que su mente se despejara, que sus sentido estuvieran más alertas… ¿Habría querido que la menta fuera de mejor calidad? Sí, pero podía conformarse con eso por ahora y, de paso, ahora que pensaba con más claridad, podía saciar su curiosidad.

—Gracias por la menta y por ayudarme —comentó con voz casual, alejando apenas el sobre de té de su nariz —, pero…hay algo que no entiendo… ¿Por qué lo hiciste? Si eso implicaba que tu deuda aumentara… ¿Por qué ayudarme? No me quejo, no me malentiendas, solo quiero entender y…de todos modos… ¿Por qué dejas que te gobiernen? Pareces fuerte… ¿Nunca has pensado en librarte de esa mujer? —No le dijo lo que él habría hecho con tal de zafarse del control de alguien más, no le dijo, por supuesto, lo que en verdad hizo con tal de “librarse” de quienes creyeron que podían controlarlo. —¿O es que…necesitas ayuda para ponerla en su lugar? —Sonrió de medio lado, la pelirroja se veía sana y esta noche había perdido una víctima…¿Quién decía que no podía suplantarla por otra?



RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Heras - 21-11-2025

Él no es capaz de ver lo que yo vi en ese momento. Tal vez el negro está demasiado bajo la luz y el blanco demasiado en la oscuridad. No tenía una respuesta concreta que le pudiera dar una satisfacción. —Parecía que querías vivir.— Claramente no quería afrontar ese punto con profundidad. No son el tipo de preguntas que le haces a una prostituta, a nadie puede interesar tus sentimientos. —No necesitas esta charla. Recuperate bien y vive tu vida señor Médico. — No es como que quiera profundizar la conversación se puede comenzar a poner personal y no me encanta esto. 


Paciente mis plumas lo van a conservar cálido tanto como necesita para volverse a dormir, pero estoy seguro de a que quiere hablar. —Primor, no me preguntes de mi vida, es aburrido, me cansa hablar de eso. Solo curate, el hablar no hará que esto pase más rápido, solo me agota más y no te puedo hacer que te echen de mi habitación como a los demás clientes. — ¿Podía dormir? No. ¿Quería? Tampoco. No podía hacer mucho más que darle conversación hasta que se agotara de nuevo. 


—Aquí tengo techo, el trabajo y las deudas no me preocupan ahora mismo. Mejor aquí que allá afuera, siendo víctima de cualquier sanguinario, asesino, oficial, no es seguro. Igual y metí en mi habitación a quien el día de mañana me va a matar andando por la calle. Yo solo sé que hace un rato alguien daría todo por vivir un día más y yo te regalé esa oportunidad. — Una cara sin expresiones, vácia. No iba a hablar de lo que pasó hasta ese día, pero su vista marrón perdida en la nada. No estoy viendo al hombre, ni siquiera le estoy dando atención a sus palabras ahora mismo. 


—Duérmete otra vez. Mañana revisaremos cómo sigues. No quiero seguir conversando contigo. No tienes que preocuparte por una prostituta más.— No iba a hablar mal de mi dueña, no en sus terrenos, no donde las paredes son muy delgadas. No quiero seguir perdiendo mi tiempo, es lo único que me queda, ya que hoy no podré trabajar contigo ocupando mi cama. Tengo un nudo en la garganta. ¿Por qué razón le explicaría a un completo desconocido sobre la dueña? Sobre cómo nos tiene en la palma de su mano. 


Ya estaba cansado de escuchar hombres y mujeres que me quieren comenzar esa conversación. Me quieren sacar de esta vida, me ayudaran a cambiar, que les gusta el color de mis ojos, que quieren hacer una familia conmigo. Muchos años de experiencia ya, caí en todos los baches y tanto hombres como mujeres solo les gusta la electricidad de pasar una noche conmigo sin que les cobre.  Sin saborear nada siento ese amargo, ese que me deja claro que está situación es igual que aquellas del pasado.


Yo lamento escuchar esas palabras suyas bonitas como su cara, como sus delicadas manos. Yo estoy temeroso de otro fracaso más para la lista. No, no caeré en sus engaños. Lo miré, con mi vista que dejó de estar muerta y me fijaba en los detalles. Algo iba a hacer que revelaría la mentira de sus palabras. Acaricie su rostro delicado, su facciones tan bien cuidadas, Es un hombre muy bonito, no negaré que por mi cabeza cruzó la idea de hacerte mío, pero no lo sabrás de mis palabras. Acaricié tus labios y solo esperé en sielncio.


Ojo de loca no se equivoca y estoy seguro que tú estás ya orquestado tus planes.


—Sí, sígueme contando cómo puedes ayudarme. — Seré tu acompañante en esta sanación y tu consorte para que me cuentes todo lo que pasa por tu cabeza que estés abierto a  decirme.


RE: Black Zirconium [Priv. Heras] [Pasado] - Hyákinthos - 01-12-2025

 “No necesitas charla.”
 
Palabras tan ciertas que le duele escucharlas porque, aunque pueda parecer delicado, no le gusta verse vulnerable porque, aunque pueda parecer distraído, hay situaciones en las que le gusta estar alerta.
 
Es confuso, dentro de esa habitación debe confiar en alguien que no conoce, en alguien cuyo rostro se volverá borroso al día siguiente y, aun así, el dolor que se esparce desde su vientre al resto de su torso hace que sea suficiente para que se ponga cómodo, para que se acurruque como un amante bajo las alas negras del lunarian.
 
Está mal.
 
Esto está mal.
 
Tomó aire y se mordió la lengua para evitar seguir hablando, pero mantuvo sus ojos abiertos, negándose a dejarse llevar del todo por el calor agradable que emana del cuerpo ajeno, negándose al confiar del todo, por más que las palabras del desconocido le suenen dulces, a fin de cuentas, no puede fiarse de eso, él mismo sabe cómo hablar dulcemente cuando necesita atraer a una víctima y, además, así como el moreno dijo que no sabe si metió en su habitación a alguien que podría matarlo al día siguiente, el médico tampoco sabe si se metió a la habitación de la persona correcta.
 
Aun así, se dedicó a escucharlo, aunque no creyera del todo en sus palabras de buen samaritano —un simple sesgo, no podía creer en el lunarian porque él mismo no actuaría así sin un motivo —, pero, al menos, esas palabras lo mantenían consciente, por más que tuvieran la intención de hacerlo sucumbir hacia el mundo de los sueños.
 
O eso creyó.
 
Después de todo el discurso sobre como sería lo mejor para él descansar en lugar de hablar, una frase al final cambió el rumbo de las cosas… ¿En verdad quería que le contara cómo podía ayudarlo? Eso era un cambio drástico, una contradicción misma de todo lo que venía diciéndole hasta ahora, pero…aun cuando quisiera seguirle el juego, había ciertas cosas que no podía contar…no…mejor dicho, sí que podía contarlo, pero solo como una verdad a medias.
 
—Digamos que podría hacer que algunas personas dejen de ser un dolor de cabeza para ti…el cómo lo haré no es algo que necesites saber —susurró de tal manera que solamente el lunarian pudiera escucharlo, a fin de cuentas, aunque estuvieran solos en una habitación, las paredes podían tener oídos y ser demasiado ruidoso no era conveniente —, además, es lo menos que puedo hacer luego de que me ayudaras sin conocerme…a menos que…hayas tenido otros motivos para rescatarme y no me lo estes diciendo, aunque, dudo mucho eso —. Soltó una risa suave al final, como la de una persona que busca complicidad en el otro, algo que tal vez no conseguiría con alguien a quien acaba de conocer.
 
—¿Sabes? Tienes razón, tal vez debería dormir, si descanso puede que el sueño me ayude a despejar mi mente y, cuando despierte, te puedo hablar de esa manera en la que puedo ayudarte, aunque…de todos modos, ni siquiera sé cuál es tu nombre…nunca me lo dijiste, aunque, tal vez no sea necesario, de todos modos, a mi se me va a olvidar —. Una frase sin contexto que podría hacer ver al pelirosa como un simple malagradecido y desinteresado, pero que en realidad no era más que una verdad pura, se le olvidaría, como se le olvidaba el rostro de todos, nada personal, solo una muestra de su pésima memoria; sin embargo, algo no olvidaría.
 
El cabello rojo, el vestido rojo.
 
Rojo.
 
Rojo.
 
Rojo.
 
Como la sangre.
 
Necesitaba una nueva víctima y la había encontrado en la dueña de esa posada.
 
No importaba su nombre, tampoco su rostro, con recordar el color que caracterizó a la mujer cuando la vio pasar por aquella puerta sería suficiente para saber que tendría que regresar más veces a ese burdel de mala muerte. No para ser un cliente, si no para investigar y estudiar, para analizar a quien se había convertido, sin saberlo, en su nuevo objetivo.
 
Pero… ¿Por qué ella?
 
No podía estar muy seguro de esa respuesta.
 
Es cierto, el lunarian lo había ayudado, pero él no devolvía favores tan fácilmente, no…no era solo por querer que el moreno saliera de ese lugar…si lo ayudaba en el futuro sería para ganarse su confianza, sería para poder tenerlo cerca y, como era su costumbre, cuando la confianza y la cercanía se hicieran lo común, entonces el hombre de alas negras, su “ángel” de la muerte podía convertirse en uno más de sus experimentos…podía ser su sujeto de estudios.
 
Por inercia, el solo pensar en poder estudiar a un lunarian lo emocionó tanto que terminó abrazándose con fuerza al hombre, claro que, desde el exterior, podía verse como alguien más débil buscando protección, un acto inocente, tanto como sus acciones, tanto como sus palabras y, eso estaba bien, porque eso debía ser él, eso debía proyectar al mundo, la imagen de alguien incapaz de matar a una mosca, a fin de cuentas, es lo que lo había mantenido con vida hasta ahora.
 
Dejó que su cabeza reposara en el pecho ajeno, aunque no hizo ademán de aflojar el abrazo, simplemente, por esta ocasión, se dejó llevar por sus ideas, ideas que le permitían relajarse y saborear algo que aún no tenía, pero que podría ser suyo…bien, sea como sea, no se adentró demasiado en ese pensamiento, a fin y al cabo, el dolor empezó a quitarle las pocas fuerzas con las que se había mantenido despierto y, finalmente, su cuerpo cedió ante el sueño.
 
Ya se sorprendería al día siguiente cuando despertara en el cuarto de un burdel con un “desconocido” a su lado.