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[T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Versión para impresión

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[T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Thrym - 06-10-2025

El sol del mediodía cae oblicuo sobre el valle al pie de la gran montaña central de la Isla Karate. Los rayos dorados se reflejan en las verdes terrazas de arroz que rodean el poblado, extendiéndose como un mosaico vivo. El aire está cargado del aroma de arroz cocido, especias dulces y el olor a madera recién tallada proveniente de los dojos cercanos. Una ligera brisa baja de la montaña, trayendo consigo el murmullo de los entrenamientos que nunca se detienen, el choque de puños contra troncos, los gritos disciplinados de los aprendices, y el repiqueteo metálico de los cencerros colgados en los templos marciales.

El mercado principal se alza en una gran explanada de piedra lisa, donde los puestos se alinean formando calles estrechas y vivas. Toldos de tela color bermellón, verde jade y blanco marfil ondean suavemente bajo el viento, proyectando sombras irregulares sobre el gentío. Se escuchan risas, regateos, pasos sobre la piedra y, de vez en cuando, el sonido hueco de un tambor de exhibición marcial, pues muchos vendedores aprovechan para mostrar sus técnicas en mini-duelos amistosos que atraen a curiosos y compradores por igual.

Los puestos están repletos de artículos ligados al combate y la disciplina física: vendas impregnadas en hierbas curativas, guantes reforzados con conchas marinas, cintos ceremoniales bordados a mano, e incluso armas exóticas traídas por comerciantes errantes. Algunos puestos también venden amuletos de Ki, piedras supuestamente bendecidas por antiguos maestros, o botellas de sake aromatizado con ginseng.

Entre todo este bullicio, destaca un puesto que parece no encajar del todo con la disciplina del lugar… pero que atrae a la multitud como si fuera un dojo legendario. Un gran cartel de madera tallada reza en letras negras y firmes:

[Imagen: xvH6FMU.png]
「極味鳥亭 - Gokumitori-tei」


El responsable es Kaba Gensai, un hombre gordo de rostro redondo y ojos siempre entrecerrados, tan pequeño su pupila que resulta imposible adivinar si mira al cliente o simplemente sonríe. Su panza se desborda del cinturón que mantiene apenas sujeto su kimono grasiento, y cada vez que se inclina para remover una olla o girar un ave al fuego, el tejido cruje en protesta. A pesar de su aspecto bonachón, sus movimientos son sorprendentemente precisos, casi como los de un maestro marcial ejecutando un kata de cocina: un giro de muñeca aquí, una patada suave para cerrar la tapa del horno allí.

El aroma que emana de su puesto es irresistible. Pollos asados, patos caramelizados, codornices en salsa de soja dulce y hasta exóticas gaviotas marinadas al estilo Gyojin llenan el aire. Las brasas crepitan mientras un suave humo perfumado asciende y se mezcla con la humedad de los arrozales cercanos. Detrás del mostrador, un caldero enorme burbujea con una sopa espesa.

El puesto está abarrotado. Guerreros de diversos dojos, aprendices y aldeanos hacen fila, comentando entre risas y carcajadas sobre las técnicas del último torneo, o sobre quién será el próximo en desafiar al Rey del Kárate, cuyo rostro sonriente adorna un cartel de anuncio en la plaza.

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FICHA DEL NPC


OFF ROL



RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Heras - 08-10-2025

La vida de un hombre guapo como yo se pone aún más difícil cuando no tienes un duro en el bolsillo. ¿Cómo vas a pagarte una vida digna de una hermosura como la mía si no tienes ni donde pasar una noche de descanso digna? La isla karate me da para vivir pero no como para estar cómodo. Trabajar en los campos de arroz prevé una paga insuficiente. Mi deseo por evadir los puertos y a mis fiadores me comienzan a poner cada vez más la soga en el cuello. Yo a cada día comienzo a sentirte tentado en volver a aquellas prácticas. No, debo tener un espíritu fuerte, tengo que mantenerme y no decaer ante este tipo de tentaciones en días difíciles. 

Camino por el mercado, poblado de gente, olores, comercios, mis sentidos son cargado de todo tipo de mensajes sensoriales y evitan que la mente se centre en ese tipo de pensamientos que son negativos. Que no me gustan. Cada paso entre las personas me recuerda que no me gusta mucho la gente tan cerca, quiero tener cuidado con mis alas, con mi cuerpo. 

Entonces es cuando sentí esa fragancia adictiva. Se siente como arroz frito, carne de cerdo, condimentos y sofrito abundante. No, no me puedo negar a ir allí. Conforme me acerco al olor comienzo a notar que es cada vez más difícil acercarme allí. No me gusta mucho eso, si bien hay mesas con gente sentada comiendo hay mucha acumulación aquí donde huele especialmente bien. 

Las personas que portan los karateguis son visibles y no solo de un Dojo en específico. Me ponen un poco tenso, donde voy que veo gente así siempre termina en problemas. Yo aun no comprendo por qué hay tantos artistas marciales que son violentos. Comenzaba a desear la comida pero entonces es cuando reviso los bolsillos de mis pantalones. Vacío como ninguno, no es por que tuviesen un agujero o me hubieran robado, es que generalmente desde que estoy en esta isla se me hace imposible vivir o darme el gusto de comer una buena comida. 

En momentos cómo este es cuando más extraño a Uker. ese muchacho realmente me salvó aquella vez. Desde entonces no había podido pagarme una comida deliciosa y abundante. Mi camino de ese fragante restaurante no pudo mantenerse así que tuve que seguir la ruta para llegar al centro donde veo un anuncio de un torneo sobre el Rey del Karate. No estoy seguro muy bien sobre el anuncio pero lo leo esperando obtener alguna información importante o relevante. Quien quita y pudiera ser una manera de tener un buen dinero extra y comer.

Ciertamente mi indumentaria no es demasiado distinta a la usual. Cómo vengo de trabajar cargo mis guantes en mi bolso (es un saquito de tela tejido y atado a mi gadera). Voy en sandalias cómodas, tejidas, pantalón blanco, torso expuesto y obviamente mi cabello bien arreglado para que no me moleste. Ciertamente el exponerme así no me incomoda a estas alturas. Bien entiendo que mis tatuajes, mi aspecto, mi belleza pueda deslumbrar aquí. Pero lo cierto es que no puedo andar ocultando las marcas en mi piel por puro gusto de la sociedad, además de que uno termina con un olor sobre la piel que es desagradable para los demás. Además de que si quiero salir volando de aquí es más difícil con la ropa puesta.


RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Thrym - 23-11-2025

El suelo del mercado está compuesto por grandes losas de piedra gris, suavemente pulidas por décadas de pisadas. Cada bloque encaja con precisión en el siguiente, formando un corredor amplio que atraviesa el pueblo. Por los costados, los puestos de madera forman una especie de laberinto de callejones estrechos donde el olor a incienso, sudor, arroz cocido y aceites calientes se mezclan sin pudor. Toldos de colores rojizos y verdes cuelgan sobre los caminos improvisados, generando sombras irregulares que se mueven con la brisa que baja desde la montaña.

Tu altura y tus alas hacen que moverte entre la multitud sea una tarea estratégica: debes girar ligeramente el torso, elevar suavemente un ala, retraer la otra. Un pequeño desliz podría golpear a un aprendiz o tirar una olla… y en una isla donde todos saben algún arte marcial, cualquier roce puede acabar en un duelo. Por eso, aunque caminas con soltura, estás alerta. Sientes miradas a tu espalda, seamos honestos, tus tatuajes y tu belleza no pasan desapercibidos, pero tampoco tu condición de extranjero. Pero no son mas que simples miradas de curiosidad, al fin y al cabo estas en la isla de las artes marciales y no es raro que cientos de viajeros de todas las razas viajen a esta isla para refinar su estudio en este bello arte bélico como lo son las artes marciales.

Desde el extremo del mercado, sientes primero un silencio raro, como si algo hubiera detenido la respiración colectiva. Luego escuchas pasos apresurados, pesados, casi como tamborazos contra piedra. La multitud se abre a los lados de manera instintiva, creando un pasillo improvisado que se dirige justo hacia ti.

Y allí aparece él.

Kaba Gensei, el chef gigantesco y dueño del Gokumitori-tei, avanza con la velocidad de un toro suelto. Su delantal está manchado de aceite y salsa, su kimono abierto por la tensión de su panza, y en su mano derecha lleva un cuchillo de cocina tan grande que podría ser considerado un arma blanca en cualquier puerto del mundo. Su respiración es potente, sus mejillas rojas de emoción. Y sus pequeños ojos entrecerrados te observan con una mezcla de sorpresa y… ¿Devoción?

La multitud retrocede. Algunos lo reconocen y saltan hacia atrás. Gensei detiene su carrera a apenas dos metros de ti, levantando el cuchillo como si quisiera señalarte, y su voz tronando por todo el mercado:

—¡¡Nunca había visto un ave tan magnífica!!—

Sus ojos se abren un poco más, pero no lo suficiente como para ver la realidad. Sus labios tiemblan de emoción y da un paso más hacia ti.

—¡Eres… eres PERFECTO! ¡Serás mi plato estrella esta noche, pajarito tonto! ¡Qui-qui-ri-quí!—

La gente alrededor murmura. Unos se llevan las manos a la boca. Otros retroceden. Y algunos, muy pocos, parecen emocionados por lo que podría convertirse en un espectáculo. 

Su cuerpo grande bloquea tu vía frontal. A tu alrededor, no hay mucho espacio para desplegar tus alas sin golpear algún puesto o transeúnte. El viento de la montaña baja justo detrás de ti, refrescando tu espalda y el olor del aceite caliente sigue impregnando el aire, como si su sola presencia trajera consigo el aroma del Gokumitori-tei.

Gensei sonríe con los dientes apretados.

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FICHA DEL NPC


OFF ROL



RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Heras - 27-11-2025

No juegues. ¿Y este viejo insano de dónde salió? Los gritos me hacen tener que prestar atención a la persona que los está generando. Verlo, es un cocinero con un cuchillo y como las personas se han abierto para dejar en claro que la cosa es conmigo. —Amigo, ami no me esté llamando Pajaro. Eso ‘e ofensivo.— Creo que mis palabras no llegan a él, creo que incluso. Yo no quiero tener que irme a los golpes con un completo desconocido. Pero tengo que admitir que su cuchillo no es para nada agradable, igual que su tono de voz. 


Con tantas cosas cercanas, no puedo darme a la huida prófuga por la ruta aérea, pero tampoco me nace pelear de buenas primeras. Una postura de guardia sólida. Cómo un púgil cerré mis brazos cerca de mi cuerpo. No estoy en condición de darme un lujo. —Amigo, no creo que la violencia tenga que ser la respuesta a nuestros percances, siempre podemos resolver esto dialogando.— Mis manos formaron palmas abiertas que trató de extender ligeramente hacia él para que fuera bajando el cuchillo. 


—Tenemos que llevar las cosas con calma amigo. Baja es cuchillo por favor, yo te puede ayudar con tus pollos.— Hablé con un tono tranquilo pero tengo que aceptar que siento mi cuerpo transpirar tenso. Igual pelear en un lugar abierto sería más conveniente. Yo claramente quiero usar todos mis atributos posibles para no tener que recurrir a la violencia en ningún momento. Mi vista aguda busca algún indicio de cuándo puede atacarme o lanzarme un corte. Claramente trato de leerlo y puedo notar que no me escuchó en absoluto. Hasta pienso que no me vé como un ser humano.


Tengo que tratar de quitarle el cuchillo de la mano y por eso las acerco poco a poco. —Solo soy otro tipo pobre. No hace falta que tengas que agredirme amigo.— Puedo ver que en cualquier momento puede hacerme algo pero aquí yo no voy a dejar que nadie esté bregando conmigo. Y si este hombre no quiere razonar cómo las personas civilizadas pues aquí cumplieremos la primera enmienda y no cogeremos esa.

Cosas Off:



RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Thrym - 14-12-2025

El mercado parece encogerse cuando levantas las manos en señal de calma. No es una ilusión: la multitud, al percibir el peligro inminente, se repliega aún más, pegándose a los puestos, a las columnas de madera, a las carretas cargadas de sacos de arroz. El pasillo de piedra donde te encuentras queda ahora claramente definido: unos seis metros de largo por apenas tres de ancho, delimitado a la derecha por mesas bajas donde la gente come sentada, y a la izquierda por un puesto de armas de entrenamiento, bokken de madera, tonfas colgadas, cuerdas de salto, que tintinean suavemente al ser rozadas por quienes retroceden con prisa.

El suelo bajo tus sandalias está ligeramente grasiento. No es evidente a simple vista, pero el brillo irregular de la piedra revela restos de aceite y caldos derramados a lo largo del día desde el Gokumitori-tei. No es lo suficiente como para hacerte resbalar sin más, pero sí lo bastante como para que cualquier movimiento brusco deba ser medido con cuidado, especialmente si se trata de un giro o un apoyo fuerte.

Kaba Gensei no responde a tus palabras.
No porque no quiera.
Sino porque no las entiende.
Para él, no son frases. Son sonidos.
Cacareos.

Su cabeza se ladea de forma antinatural, como si estuviera evaluando el “animal” frente a él. Sus ojos entrecerrados no enfocan tu rostro, ni tus manos abiertas, ni tu postura de guardia. Lo que ve es otra cosa: un bulto alado, alto, exótico, con plumaje extraño y postura desafiante. Cuando hablas, frunce el ceño.

—¡¡Shhht!! ¡¡Deja de cacarear, maldita sea!!— Gruñe, apretando el mango del cuchillo.

El arma no es un simple utensilio. Es un cuchillo de carnicero largo, de unos 35 centímetros de hoja, ancha, pesada, con marcas de afilado reciente que reflejan la luz del atardecer. El mango, envuelto en tela oscura, está empapado de aceite; aun así, su agarre es firme. Demasiado firme.
Das un paso lento hacia adelante, buscando reducir la distancia con cuidado. Tus alas permanecen recogidas, tensas, conscientes de cada centímetro libre a tu alrededor. A menos de un metro detrás de ti hay una columna de madera que sostiene uno de los toldos del mercado; si retrocedes demasiado, chocarías con ella. A tu izquierda, a poco más de un brazo de distancia, hay una mesa con cuencos de cerámica y botellas de sake medio vacías. A la derecha, el puesto de armas: cualquier impacto fuerte podría hacer caer varios bokken al suelo.

Gensei esta demasiado cerca de ti, a unos 2 metros, y no necesitas de un gran olfato para oler su peculiar aroma, huele a aceite caliente, carne frita y especias.

Cuando extiendes las manos un poco más, buscando el cuchillo, Gensei interpreta el gesto como una amenaza directa y su expresión cambia.

—¡¡Quieto!!— Ruge, y siin darte más margen, se abalanza hacia ti.

Su peso es descomunal, y lo usa a su favor. Da un paso largo con la pierna derecha, aplastando una baldosa que cruje bajo su sandalia de madera, y levanta el cuchillo por encima de su cabeza con ambas manos. El movimiento es amplio, brutal, sin técnica refinada… pero cargado de fuerza pura. El aire silba alrededor de la hoja cuando inicia el descenso.
Es un corte vertical, directo, descendente, como una guillotina improvisada, apuntando a tu torso y cuello. No busca precisión quirúrgica: busca partir, cortar, separar.

Ves cómo el aceite del suelo brilla justo bajo su pie delantero.
Sientes el desplazamiento de aire cuando la hoja baja.
Escuchas a alguien gritar desde la multitud.
Notas que, si no haces nada, el impacto será inmediato.

¿Qué harás?

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BELICO


OFF ROL



RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Heras - 19-12-2025

Mi atención estaba puesta totalmente sobre ese cocinero al momento que me interrumpió quedó claro que la paz no sería una opción. Incentivo suficiente para tener que jugársela ahora a un todo o nada. Tenía que ser audaz y valiente, no me podía dejar vencer por un cuchillo aceitado. Ya me gustaría a mi tener como salirme de esta por las buenas. No pensé en retroceder, pero al mover mi pie a una postura más estable me percate que tras de mí había una pared así que huir no sería una posibilidad. 


Ese hombre con olor a comida y a refrito no solo es desagradable, es grosero y está loco. Quiere bobo(problema) y a mi la paciencia se acabó cuando sus actitudes se tornaron groseras. Inmediatamente salté contra el claro plano. Apenas reaccioné en lo que se movió, cómo un gallo de pelea que busca el pleito alzando las alas en una reacción inmediata. 


Acortar las distancias para que no me fuera a cortar un dedo buscando golpearlo antes de que pudiera pegarme el a mi. Si me cortara que en los antebrazos que es con lo que naturalmente uno busca cubrir el cuerpo. Con los puños cerrados inmediatamente le presenté uno de mis puñetazos en la cara. Tan fuerte como se me permitiera. Quien pega primero suele pegar dos veces y por eso mi intención siempre fue ver en qué mano maneja el cuchillo así poder darle con el otro flanco. 


Directo en su cara tan fuerte como un martillazo que abre un coco, directo al ojo, mis nudillos tienen esa protección que brinda el guante común y silvestre que usaría cualquier peleador. De cuerpo duro y un metal con mínima calidad, protegen mis nudillos de lastimarse demasiado al golpear y tiene la forma en la que va a dejar una marca en el rival. Los gritos de los niños o de las madres ante el pleito sólo son un ruido en el fondo pues en este momento todo pasó a convertirse en estática. 


En mi antebrazo se sintió un corrientazo creo que me alcanzó con su cuchillo pero mi piel no es tan dura como para mitigar así que en el momento me dejó una buena línea roja en el brazo acompañado de un dolor que me imposibilitó seguir concentrandome en el cocinero del dolor así que me agarre la herido un tanto confundido del alrededor y de todo. —Maldito viejo insano ahora te ganaste una buena dosis.— 
Cosas Off:

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RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Thrym - 24-12-2025

El cuchillo baja… pero no cae limpio.

Tu guardia absorbe parte del golpe. La hoja roza tu antebrazo izquierdo en diagonal descendente, abriendo la piel con una línea roja inmediata. El dolor es agudo, eléctrico, como si el calor del aceite impregnado en el acero se hubiera colado bajo tu piel. No es una herida profunda, pero sangra lo suficiente como para humedecer el vello del brazo y gotear sobre la piedra.

Durante una fracción de segundo, Gensei sonríe.

—Debí suponerlo…— Alcanza a decir, con voz distorsionada por la emoción. —…no se caza una ave tan magnífica sin pelea…—
Y entonces suelta esa risa grotesca, estridente, que rebota entre los puestos de madera y las losas del mercado:

—¡¡Qui-qui-ri-quí!!—
La risa muere abruptamente cuando el impacto de tu puño aterriza en su rostro.
Gensei es empujado un metro completo hacia atrás, sus sandalias de madera arrastrándose sobre la piedra aceitosa. Choca con una mesa baja de cerámica; dos cuencos vibran peligrosamente, uno cae y se rompe en el suelo con un estallido agudo. El cuchillo baja unos centímetros, su muñeca pierde firmeza.

Sus ojos se abren más de lo habitual. Parpadea.

Durante tres segundos, su cuerpo no responde como debería. El mundo le da vueltas y donde veía una paloma gigante, ahora veía dos.

En ese estado de desorientación, retrocede por sí mismo otro metro, trastabillando, con el torso inclinado hacia adelante. Su espalda queda ahora a poco menos de un metro del puesto de armas de entrenamiento; varios bokken tiemblan en sus soportes de cuerda. El suelo bajo él está más resbaladizo aquí, manchado por restos de caldo y grasa acumulados a lo largo del día.

—Kh… kh…— Tose de nuevo, escupiendo al suelo —…¿Eh…?—

Levanta la cabeza lentamente y te enfoca… 
—Así que…— Dice entre risas húmedas —…la paloma sabe pelear.—

Se endereza, sacudiendo el cuello de un lado a otro. El cuchillo vuelve a subir, esta vez con ambas manos, pero no por torpeza: por decisión. Sus pies se afirman. El izquierdo avanza primero, clavándose con fuerza en la baldosa; el derecho sigue, cerrando distancia con sorprendente rapidez para un cuerpo tan grande.

—¡¡Qui-qui-ri-quí!!—  Brama  —¡¡Entonces será aún mejor!! ¡¡YO, KABA GENSEI, SERÉ EL HOMBRE QUE MATE A LA PALOMA KARATEKA!!—

En dos pasos largos, vuelve a cubrir los dos metros que los separaban. El cuchillo describe ahora un movimiento distinto. No cae desde arriba. Arranca desde abajo. Desde el costado inferior izquierdo, Gensei lanza un corte diagonal ascendente, buscando atravesar desde tu flanco bajo hasta el hombro derecho. Esta vez no hay duda ni torpeza: canaliza más fuerza que antes, tensando brazos, hombros y espalda. El acero silba al subir, levantando gotas de aceite del suelo con la estela del movimiento.

El espacio es mínimo.
A tu izquierda, la mesa rota.
A tu derecha, los bokken vibrando.
Detrás, la columna.
Delante, un cuchillo que sube con intención letal.

Tu brazo herido arde.
La sangre sigue bajando por la piel.
El mercado entero grita.

El filo está en camino.

Tu cuerpo debe decidir ya.
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BELICO

OFF ROL



RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Heras - 30-12-2025

No puedo recibir otro corte como este creo que podría perder el brazo con otro ataque como así. Creo que mi brazo ha quedado bastante mal aunque al abrir y cerrar la mano poco a poco se va esa sensación. La locura de este cocinero vive otra realidad y mientras vocifera busco alternativas a mi alrededor que puedan comprar el tiempo que es milagroso. No es como que lo necesitará ciertamente pero para lidiar con ese dolor eléctrico de aquella cortada sobre mi brazo, hacer la presión necesaria aunque me manchara las palmas de los guanteletes. 



A mi lado unos Bokken, podría usarlos, pero no, a mi lado una mesa la que agarré sin chistar y la arroje con fuerza contra el cocinero, a quemarropa, antes de que me pudiera alcanzar con su cuchillo. Si este man es capaz de impactar de lleno con ese cuchillo estoy seguro que lo lamentaré por mucho. Es solo una mesa no hará gran cosa, pero lo que busco es poder frenar lo rápido que es con su cuchillo. A su vez apuntó a la altura de su ombligo para que tenga que verlo, detenerse, poner su atención en otra cosa.


Me muevo hacia atrás y me encuentro de espalda a la columna y tengo la maravillosa idea de saltar la columna y aferrarme a ella como un primate a cuatro metros, o  una distancia que él no me pudiera alcanzar pero que la columna me pudiera permitir subir de un brinco. —Ki-ki-riquí amigo, venite parate de manos.— Claro que lo voy a provocar tiene que subir por mi y para escalar la columna tienes que soltar el cuchillo.


—Estoy re-pollo amigo. VENI KI-KI-RRIKI— Como una buena ave tengo que burlarme una vez estoy en las alturas lo que sea necesario para que tengas que venir hasta mi. Claro ahora que estoy arriba puedo fijar mi atención por completo en ti y cazar esa oportunidad en la que me voy a cobrar el navajazo que me soltaste.

Cosas Off:



RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Thrym - 11-01-2026

El impacto ocurre antes de que Gensei pueda completar su avance.

La mesa sale despedida desde menos de dos metros de distancia, prácticamente a quemarropa. La madera maciza cruje en el aire apenas una fracción de segundo antes de estrellarse contra el rostro del cocinero, a la altura de la frente. El golpe lo toma mal parado, con el peso cargado hacia adelante por el impulso del ataque previo. El tablero se parte en dos al chocar, las patas se desprenden y salen rodando por el suelo de piedra, mientras astillas y fragmentos vuelan en abanico.

Gensei trastabilla hacia atrás casi un metro por la inercia del impacto. Su espalda golpea contra un puesto vacío de verduras, haciendo caer canastos de mimbre y cebollas que ruedan por el suelo. El cuchillo no se le cae, pero su cabeza recibe un raspón al girar bruscamente, dejándole una línea de sangre superficial en la sien. Su respiración se vuelve irregular por un instante.

Luego levanta la cabeza.

Sus ojos, inyectados, se clavan en ti con una furia absoluta. La confusión desaparece por completo, reemplazada por una rabia animal. —PALOMA DE MIERDA— Grita, con una carcajada rota, mientras se reincorpora

El suelo a su alrededor ahora es un caos: restos de mesa rota, verduras aplastadas, platos caídos y una fina capa de grasa y caldo derramado que vuelve resbaladiza la piedra. El olor a comida caliente se mezcla con polvo de madera y sudor.

Tú retrocedes hasta quedar de espaldas al poste central del mercado, una columna de madera oscura reforzada con anillos metálicos, de unos treinta centímetros de diámetro. El poste sostiene un toldo de lona gruesa a cuatro metros de altura, desde donde cuelgan faroles apagados y cuerdas.

Con un salto limpio, te aferras al poste y trepas con rapidez, usando piernas y brazos como un primate. En cuestión de segundos estás a unos tres metros del suelo, con los pies apoyados en uno de los anillos metálicos y el cuerpo abrazando la madera.

Desde abajo, Gensei se lanza hacia el poste.

Empieza a lanzar tajos al aire, cortes horizontales y diagonales que silban a menos de un metro de tus piernas, pero sin alcanzarte. El cuchillo choca contra la madera del poste en uno de los intentos, arrancando una astilla profunda.

—¡BAJA, MALDITA AVE!— Vocifera —¡TE VOY A DESPLUMAR YO MISMO!—

Da un paso atrás, claramente evaluando trepar. Flexiona las piernas, alza un pie para apoyarlo en el poste… y entonces unas manos lo sujetan por la espalda.

—¡MAESTRO! ¡MAESTRO, BASTA!—

Tres ayudantes de cocina salen corriendo del restaurante. Visten delantales manchados de salsa, uno aún con una cuchara de madera en la mano. Se abalanzan sobre Gensei, agarrándolo de los brazos y del torso. El cocinero forcejea, lanza un último tajo al aire que no conecta con nada y ruge de frustración.

—¡SUÉLTENME! ¡ES MÍA! ¡ESA PALOMA ES MÍA!—

Los ayudantes lo arrastran hacia atrás con esfuerzo, patinando sobre el suelo grasiento, pidiéndote disculpas a gritos entre jadeos.

—¡Perdón! ¡Perdón de verdad! ¡No le haga caso, por favor!—

Unos minutos después.

Nos trasladamos al frente de la entrada del Gokumitori-tei. El restaurante es un local de madera bien cuidado, con faroles rojos colgando del alero y un mostrador abierto hacia la calle. Desde dentro se escucha el sonido rítmico de cuchillos golpeando tablas, aunque ahora más lento, más contenido.

Gensei está dentro, visible desde la entrada. Cocina de espaldas, con movimientos bruscos, la mandíbula apretada y la sien aún marcada por el raspón. No mira hacia afuera.

Frente a ti, a un par de metros de la entrada, uno de los ayudantes se adelanta. Se inclina en una reverencia profunda, casi tocando el suelo con la frente. —Le ofrecemos nuestras más sinceras disculpas— Dice con voz temblorosa. —Nuestro maestro… padece una enfermedad. Una ceguera muy específica. Para él, todas las aves son iguales… y parece… que lo confundió con una paloma.—

Se endereza despacio, evitando mirarte directamente a los ojos por respeto.

—Nada de esto debió ocurrir. En compensación, el Gokumitori-tei le ofrece un menú completo, cortesía de la casa. Lo que desee. Nosotros nos encargamos.—

El olor a comida vuelve a hacerse presente, ahora más cercano, más tentador. El mercado sigue vivo a tu alrededor, pero aquí, frente al restaurante, el ambiente se ha calmado. La decisión queda en tus manos.

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RE: [T1] El Sabor del Combate (y del pollo frito) - Heras - 11-01-2026

Al parecer mis burlas no fueron suficientes para hacerlo venir por mi, si se trepaba iba a caerle encima y a sacarle el relleno a este desgraciado. No me bajo pero en eso aparece un grupo de cocineros y solo puedo pensar que a este loco le están llegando los refuerzos. Pero para mí fue un alivio. Comenzaron a frenar al cocinero desquiciado. Tengo que admitir que no había tenido miedo como tal, pero ciertamente me dejó con una sensación muy incómoda, desconfianza que no era fácil de llevar. Imagina ir por la calle y que de la nada un viejo insano quiere desplumar y cocinarte de la nada.


Lo bueno y excelente fue que los ayudantes de cocina se llevaron al hombre y con él a su locura y sus cuchillos y sus amenazas salvajes. Una mirada tranquila hacia el caballero. Inmediatamente comenzaron a soltar disculpas una tras otra con la clara intención de hacerme bajar. Pero no me convencieron hasta eso pasaron varios minutos. 


Unos minutos después.


Me llevaron hasta su restaurante que había pasado por el lado en el pasado. Me explicaron que el viejo loco parece tener problemas de la vista. No me convencieron, ese sujeto me acuchilló el brazo y aunque ellos buscaron las varias maneras yo simplemente no bajé mi guardia ya que todos aquí saben usar cuchillos. —Bueno a ver si tantas ganas tienen de disculparse por que no me ofrecen una comida gratis para subirme el animo y buscan quien trate bien mi herida. Estaré agradecido si me ayudan con eso o pueden darme el dinero y yo busco quien me atienda.— Probablemente no funcionará, pero igual tirar la cuerda no es entrar y yo la verdad iba a intentar sacarles el jugo a estos cocineros.


Indignado por sus expresiones les hice un claro ademán con la mano extendida esperando la correcta ayuda. Seguramente ese cocinero loco podría salir de allí nuevamente con algo más peligroso que un cuchillo. No iba a dejar que me amarguen dos veces seguidas, así que esperaba que me diera alguna especie de indemnización por daños. Creen que soy de hierro que pueden darse con un cuchillo y no sentiré nada. Además de que debo cuidar de que esta piel hermosa que tengo no le quede ninguna cicatriz, ya bastante tengo que lidiar con los tatuajes en mi piel al hacerle los cuidados como para lidiar con una cicatriz también.

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