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El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Stroud Nanashi - 09-10-2025 [Reino de Roshwan.
Inicio del viaje a Isla del Kárate, día 19 de otoño del año 16]
Bajo el cielo gris pálido del amanecer, el joven Stroud Redgrave llegó al puerto de Roshwan, en las mismas cercanías de Pushkin, la ciudad que lo había alojado durante los últimos meses. El sonido de su bostezo fue ahogado por los constantes graznidos de las gaviotas, que volaban sobre los muelles, chillando entre los mástiles de los barcos pesqueros y los tejados de los almacenes de la zona. Por una vez, no nevaba; sin embargo, el suelo aún estaba cubierto por un manto bastante uniforme de nieve sucia de un par de días atrás. El ambiente estaba impregnado de un olor penetrante a sal, alquitrán y pescado, mezclado con el humo de los altos hornos. Sonaban martillos y herramientas aquí y allá, como una orquesta desacompasada, pertenecientes a los carpinteros que revisaban cascos y remendaban tablones. A lo lejos, repicaba una campana portuaria de cuando en cuando, anunciando la partida o la llegada de nuevas embarcaciones. El joven rubio, por una vez, llevaba puesto su abrigo de la Marina, más por una cuestión de uniforme y protocolo que de necesidad. Sentía que era su deber dar debida despedida a la isla de Roshwan, que lo había visto crecer como Marine durante sus primeros meses en el cuerpo, así como iniciar adecuadamente su travesía hacia mares desconocidos. Durante los días anteriores, tanto él como, suponía, el resto de la División 84 habían recibido órdenes urgentes de arriba, del tipo que uno ni se plantea cuestionar: debían poner en orden sus asuntos y partir inmediatamente hacia el Grand Line. Después de una llamada de Den Den Mushi con Bertram, habían acordado que el protocolo consistiría en viajar primeramente a la Isla del Kárate, donde Bertram, Kibai y él mismo recogerían rápidamente a uno de los más recientes miembros de la división, Moja. Solo entonces, la División al completo partiría hacia el Reino de Samba, donde recibirían más instrucciones y partirían hacia los Cabos Gemelos. No tenía ni idea de qué hacía Moja en un lugar como aquel, pero las órdenes eran las que eran, y, naturalmente, dejar a un miembro de la 84 atrás simplemente no era una opción. Por todas partes circulaban carretillas cargadas de cajas y barriles, chirriando por los tablones húmedos del embarcadero. Habían tenido suerte: el oleaje era suave, rozando suavemente contra los navíos allí atracados, provocando crujidos en la madera y el metal. Había poco hielo, no como otras veces, que chapoteaba contra el muelle. Las condiciones, pese a lo que hubiera imaginado apenas unos días atrás, eran bastante óptimas para iniciar una travesía como aquella, o esa impresión le daba. Se había entrenado para ejercer como navegante de la División, así que más le valía ir con los ojos bien abiertos. Caminó por el lugar, cargando al hombro una bolsa de tela con sus escasas pertenencias, en busca de la goleta en que viajarían durante los próximos días. Repentinamente, se dio de bruces con el navío: casco pintado de blanco y azul, reluciente bajo la escarcha, y el emblema de la Marina pintado en la vela principal, agitada por el viento. Subió a bordo, la pasarela rechinando al subir a bordo. Olía a madera tratada con aceite y cuerda nueva; el navío estaba en perfecto estado de revista. Las velas crujían al tensarse. Parecía haber sido el primero en llegar, por lo que, esperando al resto de la División, bajó hasta la bodega, dejando su bolsa en un rincón y colgando su abrigo del perchero. La estancia era simple, escasamente decorada, pero serviría para lo importante: guardar sus pertenencias y darles un sitio cubierto en el que dormir: nada que no hubieran hecho mil veces durante su formación. Recorrió la pared de madera con las manos, notando el barniz fresco y sintiendo el oleaje a escasa distancia. Encendió una de las lámparas de aceite y observó los instrumentos náuticos colgados a un lado de la bodega, prestando especial atención al barómetro clavado en la pared, con el mercurio bajando. De su mochila extrajo una pequeña carpeta, en la que había guardado algunas cartas de navegación, mapas y diagramas por doquier, que extendió sobre la única mesa del lugar, más bien parecida a una barra de bar situada a un lado de la bodega. Examinó los documentos, efectuando algunos cálculos rápidos entre las islas. De vez en cuando, volvía su mirada hacia el barómetro, asegurándose de que los resultados siguiesen siendo aceptables. Al cabo de unos minutos, suspiró, asintiendo con la cabeza y colocando el compás con cuidado junto a uno de los mapas. Su intuición no le fallaba: el momento parecía propicio para embarcarse en una nueva aventura. En cuanto sus compañeros estuviesen listos, partirían hacia la Isla del Kárate.
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RE: El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Kibai - 10-10-2025 Kibai se echó la bolsa al hombro mientras bajaba por las calles que llevaban al puerto. Al final había llegado la hora. La división 84 partía de regreso al Grand Line. Debían hacer una parada en la Isla Kárate para recoger a un último miembro, pero después su ruta los llevaría directamente a los Cabos Gemelos. "Que irónico" pensó. "Recorrer todo el camino desde allí hasta el South Blue, para que al poco tiempo me manden de vuelta. El capitán Seijuru se habría partido de risa." Al llegar a la zona del mercado, Kibai comprobó sus (por desgracia) no muy abundantes monedas. No le había dado tiempo a recibir una fortuna como salario, pero al menos había ahorrado una pequeña cantidad, que le había servido para adquirir un pequeño Den-Den Mushi, por si en algún momento necesitaba estar en contacto con alguna base o sus compañeros. Además, en su bolsa tintineaban alegremente cuatro botellas de leche, que el propietario del Crunch Anchor le habia dado cuando el mink le había dicho la noche anterior que su división partía de Pushkin. "Anda llévate esto... ni que fuese a conseguir colocársela a alguien más en este antro!" le había soltado mientras le ponía las botellas en las manos. Sin embargo, cuando el hombre se dio la vuelta, a Kibai le había parecido ver un atisbo de una sonrisa. Al llegar al puerto, se encontró con otra novedad agradable. Un joven estaba sentado en un barril, tallando despreocupadamente un trozo de madera con una navaja. Kibai negó con la cabeza y se le acercó. Era el mismo chico que había salvado de aquellos hombres en el bosque hacía un tiempo. "¿No deberías estas ayudando a tu hermana?" dijo mientras le revolvía el pelo. El chico se zafó de él antes de esconder su talla detrás de si. "Me he enterado de que zarpáis hoy. Puedo ir con vosotros?" Kibai rio con ganas. "Aún no, chico, aún no. Antes debes entrenar y formarte. De hecho, ahora que lo pienso dejo un hueco libre en la base. Creo que sería un buen momento para ti alistarte, si es lo que de verdad quieres. Y algún día, puede que nos encontremos de vuelta, ambos como Marines." El chico asintió con fuerza, antes de bajar la cabeza, como si tuviese un debate interno, antes de alargarle el trozo de madera con indecisión. "Te he hecho esto." Era un felino, aunque era obvio que el chico no había acabado de tallarlo. Varias partes estaban sin terminar y el rostro eran apenas unas cuantas muescas. Kibai acarició la madera antes de mirar al chico. "¿Por qué no hacemos una cosa? Tráemelo cuando esté listo. Lo estaré esperando... en el Grand Line" Con estas palabras, Kibai se despidió de su joven amigo y se encaminó hacia la goleta de la División 84. Subiendo por el tablón de madera, llegó a la cubierta principal. El barco era bonito, lo admitía, y ese bauprés parecía cómodo... pero no era el momento de probarlo, aún no. Mirando a su alrededor, Kibai se preguntó si habría sido el primero en llegar. Sin embargo, viendo que la puerta hacia la bodega estaba abierta, se encaminó hacia allí, encontrando al Sargento Redgrave examinando unos cuantos papeles, que desde la posición de Kibai parecían ser mapas, inclinado sobre una mesa larga. "Señor" dijo haciendo un breve saludo formal antes de dejar caer con cuidado su bolsa en un rincón. Crujiéndose los nudillos, Kibai se acercó al sargento sacándose la gorra para quitarle el polvo del camino antes de calársela de nuevo. "Un barco muy bonito, hay que admitirlo. Seguro que soporta el viaje de maravilla. Espero que el tiempo nos acompañe a la isla Kárate. No me gusta empezar con tormentas el primer día, aunque solo sea por cortesía." RE: El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Bertram Gaufrid - 10-10-2025 El joven arquero estaba preparándose para reunirse con sus compañeros tras el éxito de su aventura, donde lograron que el gigante saliera de la casa sin derribarla haciendo que solventaran un problema delicada rápidamente y sin incrementar los daños, provocando que los superiores les felicitaran tanto a él como a Stroud, quien trabajó duro junto a él por el trabajo bien hecho. Al mismo tiempo se hace con un barco para cuando tenga que movilizarse por los mares con su división a las misiones mandadas por los superiores, sin permanecer quieto y mantenerse activos demostrando que su determinación y dedicación no son temporales o solo para situaciones fáciles, son permanentes y no tiene nada que ver con lo fácil o difícil que sea la tarea. También mantiene a su montura, un hipopótamo lanudo que le ayuda a moverse y transportar más ítems que de normal, lo que viene bien para viajes o misiones en las que necesiten mayor cantidad de material. Esa mañana no es como las demás, Bertram lleva su uniforme marine completo, no el abrigo que trae de su isla natal sino el oficial de la marina junto al resto de su uniforme, algo que corresponde según su cargo ya que a cargos más avanzados ve que los marines tienen un poco más de libertad en su forma de vestir mientras mantengan una clara referencia a la marina. El motivo es que recibió una orden de arriba, por encima del capitán de la base, de que tanto él como su división deben partir hacia el Grand Line, motivo por el que se hizo con un barco para la división, siendo que Stroud parece haberse encargado de tomar la delantera y aprender al menos lo básico de la navegación para hacer el viaje lo más seguro posible. El joven se asegura de tener todas sus flechas consigo, su arco a punto y se sube a lomos de su hipopótamo y pone rumbo al muelle, donde le indicaron que se encontraría el barco que pertenece a su división. El joven pelirrojo avanza con calma sobre su montura, saludando a los ciudadanos que tienen una mezcla de sorpresa y alegría al ver a uno de los marines que se apuró en ayudar a la pobre familia que casi pierde su casa. El mamífero de gran tamaño avanza hacia el muelle con naturalidad, obedeciendo en todo momento al joven arquero que primero tiene una parada en Isla Karate a recoger a Moja antes poner rumbo a Samba, el lugar donde indicaron que recibirían más información sobre el viaje hacia el Grand Line. El joven arquero hizo una pausa en algunos puestos, los que más visitó durante su vida en la isla, siendo que los dueños de cada puesto le entregan unos recuerdos, la mayoría botellas de bebidas, pero uno concretamente le entrega un par de guantes de arquero para proteger sus dedos de herirse por las cuerdas del arco, deseando al joven un buen viaje y esperando recibir una visita en algún momento. El arquero se despide con una sonrisa y sigue hacia el muelle, donde ve su navío ya preparado para partir, por suerte no está nevando y no hay hielo en el mar, que parece tranquilo. El joven marine baja del animal y lo guía por el puente hacia el interior de la embarcación, dejándolo a un lado de la cubierta para luego decidir donde irá a descansar. Más adelante se encargará de pillar una zona para dormir, aunque si el clima acompaña no descarta hacerlo en el puesto de vigía, por lo que se sienta en el borde de babor mientras espera a que sus compañeros salgan de la bodega, deduciendo que es donde se encuentran por la puerta abierta que da paso a la misma. RE: El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Stroud Nanashi - 10-10-2025 Suspirando y dejando escapar algo de vaho, Stroud dejó el compás y las cartas de navegación sobre la mesa por un instante, y volvió a subir las escalerillas a cubierta, situándose tras la barandilla del navío y apoyándose sobre la madera a medio helar. Desde allí, vio que se le había olvidado cargar algo más importante que sus propias pertenencias: los víveres que había encargado, que lo esperaban a un lado del barco. Bajó en un abrir y cerrar de ojos, y, en un sorprendente ejercicio de levantamiento de potencia, recogió los dos pequeños barriles, ambos marcados con el símbolo de la Marina: uno, lleno de carne salada y galletas marineras, y el otro, de ron. A bordo tenían, claro, una pequeña provisión de agua potable, pero no duraría mucho en buen estado. Apenas se había despedido formalmente de nadie, más que de sus superiores, a quienes había informado que partiría hacia Cabos Gemelos (con una parada por el camino, claro) a más tardar, y quienes habían dado por finalizado su período de instrucción y servicio en Roshwan. En aquella isla helada, había pasado de soldado raso a casi contramaestre, por lo que podía darse por contento. Sujetando ambos barriles, y justo cuando se disponía a volver a subir, observó cómo a lo lejos, entrecerrando los ojos por algunos instantes, una silueta familiar se aproximaba por el puerto, parándose a charlar con un chico sentado sobre un barril. Kibai era reconocible a leguas. Se preguntó en silencio qué hablaría con aquel muchacho mientras volvía a la bodega a depositar las provisiones y a poner algunas cosas en marcha. Ya solo faltaba Bertram, y debían partir pronto; lo mejor sería estar listo. Absorto como estaba en el análisis de sus mapas, se sorprendió cuando Kibai entró en la lúgubre bodega de la goleta, alzando ambas cejas. Hizo el saludo militar, esbozando una sonrisa hacia el mink. "Bienvenido a bordo, soldado," saludó con amabilidad, aun con su invariable y característico tono seco. Stroud afirmó ante las palabras de Kibai. "Bueno, habrá que ver cómo aguanta. Tengo mis dudas. Es un buen barco, pero una travesía hasta el Cabos Gemelos no es cualquier cosa," musitó, trazando un recorrido con su dedo índice sobre la superficie de uno de los mapas náuticos, mientras parecía hacer algún cálculo mentalmente. "No parece que nos vayamos a encontrar ninguna tormenta," afirmó, alzando la vista y dando un par de toquecitos sobre el cristal del barómetro de la bodega, "no en nuestro trayecto a Isla del Kárate. Y si nos encontramos alguna, hacedme el favor de quitarme el carné de navegante," dijo, en un raro alarde de ironía. Lo cierto era que su formación como navegante era rudimentaria, sí, pero suficiente como para navegar por mares como aquellos sin demasiados problemas. Era consciente, sin embargo, de que pronto le sería indispensable ampliar sus conocimientos teóricos, si quería estar a la altura, y más si se dirigían al cementerio de piratas. Su división y, por ende, la Marina, contaban con él. Abrió un pequeño estuche, tal vez la posesión más preciada que había traído consigo, y extrajo una regla paralela, un transportador náutico sencillo y un sextante, apoyándolos todos ordenadamente sobre la superficie de madera, junto a los mapas náuticos. La ruta ya estaba preparada, pero más le valía tener todo a mano, listo para cualquier cálculo improvisado. Repentinamente, tanto él como Kibai notaron cómo la goleta se hundía ligeramente hacia un lado, como si un peso monstruoso se hubiera apoyado repentinamente sobre el navío. "¡Demonios! ¿Qué ha sido eso?," exclamó, algo alarmado. El joven Redgrave sujetó sus valiosos artefactos, asegurándose de que no rodasen y se cayesen al suelo de la bodega, para luego salir disparado por las escaleras a ver qué había ocurrido. Al emerger, lo entendió todo, viendo la dichosa mascota de Bertram. "Vamos a tener que mantenerlo más bien en el centro de gravedad del barco, o nos va a fastidiar la navegación," afirmó, rascándose la cabeza y acercándose a saludar al pelirrojo con el gesto militar apropiado. "Buenos días, Bertram, estamos listos para partir," dijo, mientras el joven Gaufrid se sentaba en babor. "Por cierto, ¡tendríamos que ponerle nombre al navío! Da mala suerte ir en un barco sin nombre, dicen," afirmó. "¡Bien, muchachos! ¡Todos a bordo, zarpamos hacia Isla del Kárate! ¡Arriad las velas!," declamó a la tripulación con su invariable tono, subiendo las escalerillas tras las que se encontraba el timón del navío. Colocó sus manos sobre el mismo, sintiendo la madera congelada, y recorrió las vetas, notando cómo el hielo se fundía al tacto. El viento del norte soplaba constante, tal y como había previsto en sus cálculos, inflando las velas. Comenzó a girar el timón, no sin cierto esfuerzo, debido a su estado de semicongelación, y la vela mayor se extendió con un golpe seco de la tela, alzando el enorme emblema azul de la Marina. El barco apenas tardó unos segundos en comenzar a moverse, y toda la tripulación pudo sentir el viento del mar, frío y limpio, rasgando su piel. El barco salía del puerto, la travesía había comenzado. RE: El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Kibai - 10-10-2025 Kibai se tapó la cara con las manos al ver al giantesco animal a bordo, luchando por contener al risa al ver la cara de Redgrave cuando se alarmó ante el embarque del hipopótamo. Haciendo un cortés saludo hacia el Sargento Gaufrid, volvió la vista de nuevo hacia el nuevo acompañante de la División. "Una curiosa montura tengo que admitirlo. ¿Se puede saber de dónde ha salido este animal? La última vez que me di un paseo por Roshwan, no vi demasiados de estos por ningún lado, señor." Al escuchar la sugerencia de Redgrave de poner un nombre al barco, Kibai se cruzó de brazos mirando al horizonte. "Deme un par de minutos, Sargento, y tendré algo para usted" El mink se movió hacia la proa, caminando por el bauprés hasta encontrar una posición cómoda donde tumbarse. Varios nombres le surcaron la cabeza, pero antes de que pudiese decidirse por uno, el tono de voz invariable de Redgrave salió del cuarto del timón. "¡Bien, muchachos! ¡Todos a bordo, zarpamos hacia Isla del Kárate! ¡Arriad las velas!," Con una sonrisa, Kibai se puso en pie de un salto sobre el bauprés, agarrándose de uno de los cabos del foque para mantener mejor el equilibrio. "A la orden señor!" Moviéndose con rapidez, Kibai se ayudó de manos y pies para impulsarse hacia la jarcia de estribor más cercana y comenzar a trepar antes de afianzarse sobre el palo mayor. Luchando contra el viento helado que le empapaba con espuma de mar, el mink se centró en empezar a soltar los nudos que retenenían las velas. Sin embargo, cuando estaba a punto de liberar la loneta, se dio cuenta que si lo soltaba de un solo lado la nave zorzobraría, así que dejó un último nudo corredizo listo para soltarse con un tirón antes de pasar al grupo de nudos de babor. Cuando ambos lados estuvieron listos, Kibai dio un firme tirón haciendo que la vela mayor, adornada con el símbolo de la Marina, se desplegase en toda su plenitud. En cuanto el viento hinchó la tela, la goleta dio un brusco vaivén hacia delante al aumentar su velocidad repentinamente. Sin poder resistirse, Kibai soltó un alegre rugido al cielo, antes de dejarse caer hacia cubierta, ayudándose del peso de las velas para refrenar su caída hasta aterrizar suavemente sobre las tablas. Tras asegurar los cabos de babor y estribor en sus respectivas bitas, se dispuso a hacer lo propio con la vela de mesana. A medida que las velas extendidas comenzaban a cazar el viento, la escarcha acumulada crujía a desprenderse y caer sobre la cubierta, mientras toda la goleta parecía desperezarse para ponerse poco a poco en movimiento. Kibai terminó de asegurar los cabos de la vela de mesana, antes de dirigirse de nuevo al centro de la cubierta para comprobar que la montura del Sargento Gaufrid estaba correctamente asegurada y no comprometería el equilibrio de la nave. Por suerte el animal parecía bastante tranquilo, aposentado perezosamente sobre las tablas de madera, sin que pareciese darle mucha importancia al ajetreo que s ehabía montado a su alrededor. Tras palmearle el lomo un par de veces, Kibai se dirigió hacia el timón, dónde Redgrave ya estaba ajustando el rumbo de la goleta con suaves giros de la rueda de madera. "Velas extendidas, señor! Aunque algo aniquilosada, parece que esta nave entrará en calor rapidamente. De momento, supongo que el carnet de navegante puede quedarse con usted" añadió con una leve sonrisa. Haciendo un breve saludo protocolario, se giró sobre sus talones para abandonar el puente, pero un arrebato de inspiración le detuvo para dejar dos sugerencias de nombres anotadas en un papel. "Por cierto, aquí tiene mis sugerencias para el nombre del barco, espero que las tenga en consideración. Estaré en la zona de proa, por si me necesita." Bajando de nuevo a cubierta, Kibai localizó de nuevo el lugar al que le había echado el ojo sobre el bauprés, así que se dirigió rapidamente hacia allí, y tras tumbarse cuan largo era sobre la madera, apoyó la barbilla en los antebrazos y dejó que el suave bamboleo del barco lo meciese. "Capitán Seijuru, allá voy. Pienso cumplir mi promesa, escuchará hablar de mi, y de la División 84..." RE: El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Bertram Gaufrid - 11-10-2025 El joven pelirrojo nota como cada paso de su montura afecta la estabilidad de la nave, por lo que ya empieza a idear un plan de ahorro para, con el tiempo, poder lograr un barco mejor preparado y más amplio, capaz de llevar a toda la tripulación y a su montura sin sufrir demasiado por ello. Por el momento esta embarcación servirá para el viaje que les espera y poder moverse libremente, sin depender de embarcaciones ajenas, aunque seguramente si tienen que movilizarse la propia marina les facilitaría un barco para viajar hacia su destino. Pese a esa posibilidad el arquero prefiere ser precavido y tener una embarcación para su división y poder moverse con libertad y de manera más veloz que depender de autorización para empelar un barco de la marina para cada movimiento. El joven se mantiene tranquilo en el barco, esperando el momento de partir y que sus compañeros salgan de la bodega siendo que cuando lo hacen el barco está inclinándose hacia la ubicación de su montura, a quien aún no ha puesto un nombre concreto pues está pensando bien como nombrarlo. Precisamente esa inclinación es la que hace que sus compañeros salgan a cubierta, siendo que Stroud menciona que conviene mantener al hipopótamo en el centro de gravedad de la embarcación por lo que Bertram salta a cubierta y guía al animal hacia un punto central de la nave donde no afecte al balance de la misma ni moleste a la hora de moverse por la embarcación para manejar lo necesario mientras dice -Eso lo tengo claro, pero nos vendrá bien ir ahorrando para lograr una embarcación mejor, tanto por este dato como por las aguas que nos esperan. Respecto a su origen durante un día de caza lo encontré y por algún motivo la criatura empezó a seguirme, así que decidí aprovecharlo para posibles situaciones donde pueda ayudar a cargar más cosas o más peso del que normalmente podríamos. Respecto al nombre en una historia que me contaban mis abuelos hace tiempo había un grupo de guerreros justos que iban sobre un navío llamado Royal Quiver, siendo que en las historias dicha embarcación siempre fue visto como un símbolo de esperanza y justicia.- Tras eso el navegante da las instrucciones, siendo que muchos pensarían es el líder de división el encargado de ello, pero sin conocimientos de navegación es mejor dejarlo en manos de alguien que sepa lo que hace. Mientras el barco empieza a moverse con suavidad y seguridad el joven arquero se sienta en proa de espaldas al mar, mirando a sus compañeros y dice -Nuestro destino final es de lejos más peligroso que cualquier cosa que hayamos experimentado según lo que cuentan los que regresaron, pero no podemos quedarnos quietos en lo seguro, si queremos hacer una diferencia debemos avanzar y vencer las adversidades. Atravesaremos los obstáculos como una flecha el aire.- RE: El inicio de la travesía [Presente Absoluto, Viaje entre islas] - Saint Sheperd Ju Peter - 11-10-2025 Resultado del viaje:
Zona:
- Blues: 4
Navegante:
- Stroud (Navegante 1): -2
Barco:
- Goleta: -1
Riesgo total: 1
- La Goleta sufre 1500 PVs (4500 - 1500 = 3000 PV restantes) -
Cierro petición y tema.
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