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Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Maria Merlot - 11-10-2025 Narrador / María Merlot
Día 20 de Otoño, Año 16. …………………………………. Una inesperada aventura estaba por comenzar. Una historia por escribirse abrió las puertas de su celda. El sol de la mañana brillaba y resplandecía llenando de vitamina D a las personas de aquel lugar. ¿Qué lugar? El puerto turístico de Isla Karate. Las personas iban y venían, algunas con felicidad, otras con ansiedad pero lo que sí era seguro es que todos iban al mismo lugar. Con sus camisas playeras, sus maletas y toda la emoción de emprender un viaje a través del mar por rutas de majestuosas vistas. ¿A qué me refiero? Al crucero que estaba por partir, un crucero que navegaría hacia el Reino de Samba, famoso por su clima cálido, selvas y cosechas de caña de azúcar o fue lo que dijo el Asesor de viaje de “Cacao Tours”, un tipo muy majo con un atuendo peculiar estilo hawaiano llamado Juan, conocido por sus amigos como Juancho.
¿Por qué María Merlot iba al Reino de Samba?
Porque así lo solicitó Fantasma, porque Algodón de Azúcar iría, porque al aparecer había algo que buscar más allá de las tranquilas aguas del South Blue, y ella no se iba a separar de sus nakamas, bueno, podría, pero jamás de Hyakinthos… su corazón se rompería en miles de pedazos si él no existiera en este mundo. ¿La historia de ambos? En otro momento será contada, lo importante para saber, es que la mujer de cabellera celeste lo adoraba más allá de hasta su propia vida.
Así fue como la chica, en el torbellino de alegría que la caracterizaba hizo su maleta, que previamente le regalo Ashveil de color celeste como su cabeza y con rueditas para una fácil manipulación. Empaco sus armas, empaco la tiara que consiguió en su aventura con su Unnie, empacó su ropa más valiosa empezando por la camisa morada que Blacky, ahora Rojo, le había regalado, también guardo los pocos berrys que tenía. Por suerte, el comprador del barco, les permitió pasar la noche en el navío, así que solo debían bajar por el puerto general, al puerto turístico para abordar el Crucero. Y así lo hizo ella, recibiendo su collar de flores, una bebida colorida sin alcohol y siendo llevada a una habitación en la zona VIP, todos tenían habitaciones VIP. Juancho de verdad cumplió su palabra y así comenzaba su partida. ¿Habían vendido el barco de Lucarde Ashveil?
Si, el día anterior. Flash Back
María escuchaba en silencio las palabras de Lucarde Ashveil, ese hombre de tez morena que la había liberado de sus cadenas mentales. Su petición era sencilla: Acompañarlo más allá del Reino de Samba. La acción era difícil, mas por el apego emocional que por cualquier otra cosa, sacrificando el barco que les servía como hogar. Debían pasar desapercibido por ahora, debían llegar a un lugar en particular. La única forma era: A través de una ruta comercial como turistas. El hombre les dio la opción de irse, de separar sus caminos en este punto… pero en el caso de la semi sirena nunca lo dejaría por voluntad propia, así que ella aceptó con gusto ir a dónde fuera, y más porque Hyakinthos aceptó antes que ella. Así fue como lo ví bajar del barco aquella noche, rumbo a algún lugar dónde vender su tan querida (o no tan querida) embarcación.
Ella lo siguió… ¿Por qué razón? Solo sintió en su corazón que no debía dejarlo solo, independientemente de su serenidad… ella había sido prisionera de varios piratas para saber cuanto aprecio le tienen a esas tablas flotantes, y Ashveil no sería la excepción. Así que decidió acompañarlo desde las sombras para brindarle el apoyo emocional que necesitaría. De pronto, entre aquellas calles lo perdió de vista, y cuando fue a cruzar por donde había ido… él la estaba esperando, taladrándola con esos enigmáticos ojos de vórtices amarillos. — ¿Señorita, me espías? — preguntó con tranquilidad alzando una de sus hermosas cejas. — No… — le respondió desviando la mirada y con un leve sonrojo en sus mejillas porque había sido pillada — … la pregunta correcta sería: “¿Señorita, me estás siguiendo?” — dijo regresando su mirada a él e imitando su voz cuando dijo la frase. Siempre le resultaba encantador escuchar de sus labios la palabra “Señorita”, dirigida a ella… porque él, más que nadie, sabía de un pasado no muy lejano… dónde ni siquiera era considerada humana; y no exactamente por ser una semi sirena — … porque la respuesta es: Si… — confirmo, no iba a mentirle, no a él. — Yooooooooooooo…. quería acompañarte a vender el barco, aunque no lo parezca he presenciado muchas ventas y compras, bueno…. no como compradora sino como mercancía pero entiendo el proceso, y siempre me resulta taaaaaaaaan interesante. Eso de regatear aquí, sobornar allá. Por favor, déjame acompañarte, prometo portarme bien y no soltar tu mano hasta que todo termine… — le pidió, tomando una de sus manos entre las suyas y mirándolo a sus preciosos ojos. Él solo le sonrió, negó con su cabeza y continuó su camino. ¿Le estaba diciendo que si? Bueno, tampoco le dijo que no. Así que María fue detrás de Ashveil. Estuvieron en varios sitios, ninguno parecía encajar con lo que el moreno buscaba. ¿Sería que no quería soltar el barco? — … No lo tenía planeado de esta forma… — comentó a la nada el hombre, María solo lo escucho y le sonrió, sabía que habían sido decisiones difíciles… pero antes de la calma siempre hay tormentas, esta era una de ellas, luego brillaría el sol. — … Fantasma. ¿Puedo intentarlo esta vez? Solo espérame aquí… ya te llamo…— le pregunto viendo de reojo la sede de un astillero que compraba y vendía barcos. Le indico, entrando a la tienda oficina, sin esperar su respuesta. Dentro del lugar habían muchas miniaturas de barcos, todo muy bonito pero fue el hombre musculoso detrás del escritorio quien la sorprendió. Ella se imaginaba un viejo con lentes escribiendo y escribiendo, contando y contando. — Buenas noches, Señor — saludó con todo el encanto que la caracterizaba. — Buenas noches, Señorita— respondió embobado el sujeto, cuando otros le llamaban “Señorita” sonaba insulso en comparación de cuando Lucarde lo decía — ¿En qué puedo ayudarla? — ¿Como culparlo? María era una mujer hermosa de largo cabello celeste, cuerpo bien formado y una sonrisa angelical. — En mucho, Señor — le dijo mientras se acercaba al mostrador y se apoyaba sobre este con sus codos — … ¡Quiero vender un Barco! — decirlo sonó muy emocionante, y en el fondo muy triste también — … ¡Es precioso! Su madera es de la mejor calidad, viene de la Isla Madeiro donde las plantaciones de bosques maderables son lo mejor de lo mejor…— empezó a recitar la chica… Treinta minutos después, y luego de explotar la cabeza del pobre hombre con cháchara, y usar su belleza, la semi sirena había logrado vender el barco por un monto superior al que habían ofrecido en otros lados, aunque nunca el valor real del mismo. También había conseguido que los dejaran pasar la noche en este y además, un amigo nuevo en Isla Karate: Benjamin, el nombre del encargado y contador del Aserradero. El buen hombre también le recomendó buscar a un amigo suyo al otro lado de la línea, quien seguro le daría un buen descuento en la adquisición de otro barco: Pedro El Matamoto Perez. Luego se habían dirigido a la zona turística de los muelles a comprar los boletos hacia el Reino de Samba, ahí conocieron a Juan, o Juancho para los amigos, quien se presentó como el Asesor de viaje de Cacao Tours. Al parecer él tenía las mejores ofertas y promociones, y si le ganaban en Tres y Raya, daba un descuento a sus clientes. María aceptó, bajo la divertida mirada de Ashveil, y como la persona con suerte que era: Ganó. Y así fue como vendieron un barco y consiguieron los boletos para emprender su aventura más allá, mucho más allá… Fin del FlashBack.
RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Odeth - 11-10-2025 Me sentía nerviosa aquella mañana, mucha gente a mi alrededor, estábamos a punto de subir al crucero rumbo a Samba, había un poco de cola de gente y el calor no ayudaba … supongo que me pasa por alta estoy mas cerca del sol. Pasados unos minutos entregue mi pasaje y subimos al crucero, ahí nos esperaba Juancho, con bebidas tropicales y una corona de flores ¿Qué quien era Juancho? no se alguien que trabajaba aquí creo que dijo Maria, el chico me miro de arriba abajo como si estuviera enamorado... Yeah no es la primera vez que me pasa. Después de tomar aquella bebida y que me mandasen a una habitación adecuada para mi tamaño abrí las maletas, mucha ropa , accesorios , maquillaje, recuerdos de cosas en general también … había sido un año lleno de emociones pero como siempre digo. la vida pirata , la vida mejor...
Acomode mis cosas y me puse un bikini, tenia que relajarme algo ¿no ? ¿Dónde estarán las chicas y el capitán?
salí de aquella habitación bien equipada vestida con el bikini unas gafas de sol y una toalla en la mano ,mi maquillaje era sutil y mi pelo estaba suelo pero llevaba una pinza por si me apetecía atarlo, mis tatuajes estaban a la vista gracias al bikini... los hombres haya por donde pasaba me echaban un ojo. Espero encontrarme con las chicas... no me gusta estar sola mucho tiempo, no se que puede pasar. Al llegar a la zona de la piscina vi el bar, me acerque y me senté en uno de los taburetes de las barras, pedí un refresco y mire todo a mi alrededor acostumbrándome, menos mal que en este crucero han pensado en mi raza, si no , no cabria en ningún sitio. Por lo menos hoy tenia pinta de hacer un buen día bendito sol y su vitamina D. RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Hyákinthos - 11-10-2025 Flashback – Noche anterior
No hay forma que pueda sentir aprecio por simples trozos de madera.
La noticia que otros parecían tomar con melancolía, él la tomó como un trámite más.
Si hay que vender el barco para viajar con mayor comodidad, pues que así sea, de todos modos, no es que tuviera muchas cosas a bordo a las que aferrarse.
Su “vida” cabe en un par de maletas.
—¿Así que Samba? —El nombre de la isla resonó en su mente como una advertencia, la de un recuerdo lejano que en su mente no llegaba a formarse por completo, tendría que rebuscar en su cuaderno de notas cualquier indicio de haber estado en esa isla, así que, con eso en mente, se encogió de hombros, intentando regresar a la conversación con el resto de los tripulantes. —Por mi está bien, no es que tenga algo que me ate a esta isla. Iré a Samba y luego a esos Cabos Gemelos de los que tanto hablan en el periódico —. Al amanecer el nombre de esos lugares habrían desaparecido de su cabeza. —¿Partimos mañana?
Y así sería.
Un par de ventas por aquí, un par de compras por acá y estarían listos.
Actualidad – Día 20 de otoño, año 16
Como lo supuso, todo lo que tenía pudo repartirse en dos maletas. En la primera estaban sus implementos médicos, sus perfumes de menta, unos guantes de pelea bastante caros que había conseguido de un modo que no lograba recordar y, por supuesto, un cofre algo pesado y bien resguardado con llave en donde guardaba, celosamente, todo el dinero que poseía. En la segunda maleta llevaba su ropa y demás artículos personales que no vale la pena mencionar.
Todo listo y; sin embargo, algo le molestaba.
No, no le molestaba tener que ir de viaje y dejó claro que tampoco tener que abandonar el barco…le molestaba tener que sacrificar uno de sus pijamas, solo porque a la muchacha peli celeste cuyo nombre suele resbalársele de la memoria se le ocurrió que, para despertarlo, era buena idea echarle encima un balde de agua.
Su corazón se aceleró. Llegó a creer que había naufragado…de nuevo, pero no, cuando se despertó, conteniendo un grito, vio frente a él a la preciosa sirena…por favor, que le dieran un motivo para no venderla por partes después de esto.
Cuando toda la escena ocurrió, apretó sus dientes sobre sus propios labios, mordiéndose con fuerza para no soltar una retahíla de insultos…como detesta que lo despierten de modos tan bruscos, pero, luego de sentir el dolor de su propia mordida, que le recordaran la razón de tan brusco despertar y de oler por varios minutos su frasco con esencia de menta, su corazón volvió a tranquilizarse tanto como su mente.
Hizo que la “Sirena” saliera de su habitación y se resignó a perder su pijama antes de darse un baño y vestirse con ropas más relajadas…Dijeron algo sobre un crucero ¿No? Bien, pasar desapercibido sería necesario, por eso se puso una camisa playera, un short que combinara y sus guantes de combate (los más baratos que tenía)…para sus pies fue el problema, se colocó unas botas que, aunque podían pasar como atuendo normal, el cuero de estas no combinaba para nada con su estilo actual…Suspiró, resignado ahora por la combinación elegida, pero viéndolo necesario por si tenía que huir o patear a alguien en la cara…después de todo, podían no ser piratas reconocidos, pero eran piratas a fin de cuentas y estas preparado no estaba de más.
Con todo listo salió del barco, siguiendo al resto de la tripulación. No miró atrás, no dijo nada cuando unos hombres extraños vinieron a hacerse con el navío. Sus ojos de tono dorado solo los miraron con aburrimiento antes de moverse hacia el cielo, perdiéndose en el ir y venir de las nubes.
¿Cuánto caminó para llegar al puerto de cruceros? Nunca lo sabría, pero de un momento a otro, estuvo frente a un tal Juan o “Juancho” como se lo presentó a sirena. Parecía alguien amable, confiado…demasiado confiado… ¿Qué tan sano estaría? No, no. Sacudió su cabeza, no podía pensar en negocios ahora, no podía ponerse en peligro. Ni a él ni al resto.
Le sonrió al guía de “Cacao Tours”, se presentó con una sonrisa amable y gestos educados y, pronto, estuvo en una habitación V.I.P. bastante cómoda, tal como se los habían prometido. Sonrió al tirarse a la cama, al menos por un par de días podía descansar sin la paranoia de que sus crímenes sean descubiertos, aunque...tal vez esto de unirse a una tripulación no fue tan mala idea después de todo, no cuando esta vez fue por decisión propia y no por obligación.
Obligación…Como la venta del barco…
No le importaba, eso había quedado claro, pero ¿Qué hay del capitán?
Suspiró.
Como médico debía asegurarse de que estuviera bien.
Salió de su recamara y caminó por el crucero hasta toparse de nuevo con el moreno que, si mal no recordaba, era su capitán.
—Capitán… ¿Está bien esto? —No es que hubiera marcha atrás y él mismo no pensó la noche anterior en las consecuencias cuando aceptó sin más el plan. —¿Cree que es la mejor opción para cruzar el océano? —No miró al más pequeño a la cara, solo se recostó del barandal del crucero y fijó sus ojos en las danzantes nubes sobre su cabeza.
¿Qué más daba la respuesta? Lo hecho, hecho estaba.
RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Onizuka Jin - 11-10-2025 Día 18 de Otoño.
Año 16.
Flashback, dos días antes.
Sus pasos, firmes y seguros. El humo lo seguía en un largo camino hasta una de las múltiples zonas que el propio clan poseía. Una vez más, abrió la puerta sin avisar. Mala costumbre que solo cumplía con su jefe y que realmente podría cambiar si quisiera, algo que no le resultó para nada de interés. El hombre apenas se encontraba reacomodándose la corbata y elevó una ceja para contemplar al propio Jin. Pronto regresó la mirada hacia abajo, con una media sonrisa, ya acostumbrado a aquella situación. ![]() —¿Nunca vas a corregir esa manía tuya?
Jin no contestó en un primer momento, solo caminó, cerrando la puerta tras de sí pacientemente, sus movimientos perfectamente calculados y, a diferencia de con otras personas, su educación se fue al traste, sentándose encima del escritorio del que era su propio jefe. ![]() —Planeo adelantarme a Samba con la tripulación que mencioné. No sé cuándo, pero será en breve.
Una nueva pausa, podía ver su propio jefe ahora contemplarlo con más dureza, aunque no hubieran palabras por ello. Jin solo cruzó sus piernas, despreocupado. —Llevaré conmigo al cirujano que conseguí. — su jefe se acercó más, en un aire más duro. Sus pies se posicionarn frente a él. La altura entre ambos era palpable, siendo que su Jefe era más alto y grande que él pero, ni siquiera así, se vio amedrentado. —Sabe que lo hago por el bien del clan, ¿Verdad? ![]() —Creo que es demasiado pronto, Jin.
Una nueva pausa. Jin cerró los ojos, con calma, en una media sonrisa. La ironía lo golpeaba ahora. Estaba claro que su jefe no deseaba su partida, no deseaba que lo dejara atrás tan pronto. ![]() —No se preocupe, le pondré al corriente, como siempre he hecho, desde el Den-Den Mushi. Sé que más adelante vendrá con el resto de nuestros hombres.
Su rostro se ensombreció, no como amenaza, sino con el tono más serio, elevando la cabeza para alcanzar los ojos ajenos de su jefe. —Si nos movemos todos de golpe, podríamos levantar sospechas, y más si somos tú y yo juntos. Si queremos cumplir nuestro objetivo, lo mejor será pasar desapercibidos y seguir el plan. Son estúpidos, allí hay una tripulante sirena que podría servirnos para usarla más adelante como mercancía, estoy seguro de que podrá sernos de mucha utilidad. — Un nuevo silencio. El humo del cigarro de Jin volaba, junto a la de su propio jefe, siendo que la ceniza amenazaba con caer en cualquier momento. El dedo de Jin golpeó en un toque y otro, repetidamente. Por otro lado, su jefe lo observó, con una media sonrisa, clavada a él. ![]() —Está bien. Iré después de unas semanas a por ti. Sé que puedo confiar en tus palabras. Hay que llegar hasta ellos poco a poco.
La sonrisa de Jin, cargada de cierta malicia, se ensanchó. —Por supuesto. No dude que llegaremos a lo más alto. — o, más bien, para entonces deseaba haber cumplido con su objetivo principal. Por el momento, así estaba bien. Ya tenía un motivo para ir solo, sin depender de sus hombres. Día 19 de Otoño.
Año 16.
Flashback, un día antes.
La llamada llegó a su Den-Den Mushi a la vez que se preguntaba cuándo era la mejor fecha para partir. Hyákinthos le dejó caer en su momento que iban a hacerlo, por ello dio aviso al jefe y, desde luego, perder de vista a un cirujano de su nivel sería un completo desperdicio. Al contestar, reconoció al instante la voz que salía del caracol cuando contestó. Sus ojos contemplaron al objeto, mientras recordaba, por una parte, el primer encuentro entre ambos. No sabía si llamarlo fortuito, pero desde luego, menuda noche. Lejos de ello, lo demás se había mantenido como ámbito profesional y debía admitir que era bastante más capacitado de lo que su memoria parecía trabajar. ![]() —Oye, esto es repentino, pero me voy a Samba en el crucero que parte mañana. Te aviso por decencia considerando nuestro negocio.
Jin, al escuchar la voz de Hyákinthos, mantuvo su mirada vacía y calmada al objeto. —Bien. Dime lugar y hora, y allí estaré, como acordamos. —En el puerto de cruceros... No hizo falta más conversación, lo único ahora era moverse. Algo que ya planeaba hablar con su jefe, pero del que ya estaba prevenido. Con ello, preparó a sus hombres, que acomodaran su cofre tanto con sus Berries como con todo lo necesario para él. Estaba calmado, no temía. Ya lo tenía todo preparado. Por supuesto, aprovechó aquella noche, siendo acompañado por otra señorita, a quien aprovechó aquella noche antes de partir mientras todo se iba preparando. Sus manos explorarían su cuerpo, su interior y, por aquella noche, disfrutaría de sus gemidos, de los suspiros y el calor que aquello le podría regalar. Cualquier cosa que pudiera acompañar los sonidos de dos adultos en ese momento. Día 20 de Otoño.
Año 16.
Actualidad.
El sonido de sus pasos, seguros y firmes, ahora lo envolvía por la calle. El cofre a sus espaldas, con algunos pocos de sus hombres que se habían ofrecido a llevarlo como despedida temporal. Una vez más, el humo estaba llenando la calle. El bullicio de personas poco y menos le importaba. Obligó a sus hombres a dejar ya el cofre, y despedirse de forma veloz. Él mismo era capaz de seguir cargando con él sin problemas. Otro grupo lo esperaría en Samba, sabía a dónde ir. El encuentro fue inmediato. Primero pudo ver a Cherry, admitiendo que no esperaba un atuendo tan… informal. No iba a preguntar, ni juzgar, solo dejó el cofre a un lado, sentándose sobre él y, ahora, reconociendo a la joven María Merlot, gracias a Han, el producto que había tenido que despojar. Había estado aprovechando el tiempo, investigando sobre ella, de allí supo que se había unido a una tripulación, igual que Cherry, un asunto que ya se hablará en otro momento. ![]() —Veo que tus heridas terminaron de sanar, jovencita.
Las palabras fueron hacia la señorita sirena, para luego observar a Cherry, soplando el humo de su tabaco. —Y también noto que está todavía en las nubes, Hyákinthos.
OFF
RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Lucarne Ashveil - 11-10-2025 El mar se extendía como una sábana liquida, siendo reflejado por el brillo del sol que se derramaba sobre el casco del crucero. El aire olía a sal y fruta tropical. Sumado a las risas, músicas y conversación que se mezclaban para conformar una extraña paz antes de un evento de grandes proporciones. Pero para Lucarne Ashveil todo sonaba amortiguado, cual si escuchara el latido del mundo desde el fondo de una botella. Caminaba lentamente por la cubierta superior, sosiego, sus manos dentros de los bolsillos y su chaqueta ondeando ligeramente por los efectos notorios del viento. Estaba rodeado de turistas con collares de flores y capas coloridas, ajenos a la presión que él sentia sobre sus hombros. Habia aprendido a sonreir con ellos pero esa sonrisa jamas llegaba a sus ojos. —Es un buen clima para partir — Murmuro, pero para si mismo. Mirando el firmamento. El sol era una moneda dorada que se hundía lentamente en el eterno albiceleste. Algo hipnótico de ver, era hermoso y a la vez aterrador. El mar escondía secretos. — — Ya veo... Entonces no estoy soñando —. Habían vendido su barco. Su hogar. Y no lo lamentaba, o al menos se repetía eso a si mismo desde la noche anterior. Un navío que durante meses fue su refugio y fortaleza flotante. Él no creia en los apegos a los objetos; todo en este mundo podia reemplazarse, salvo el propósito. Y su propósito seguia intacto, aún navegaba con él. El sonoro murmullo de pasos hizo que alzara la mirada. No tuvo problemas para reconocer a la figura que se acercaba, pero no cambio jamás su expresión. Ash no le miro de inmediato, sin mover su vista del horizonte. — Si me lo preguntas — Respondió con baja y bastante pausada. — No lo sé... Pero las decisiones correctas no siempre se sienten bien — El viento agitaba su cabello y una sombra de su sonrisa se manifesto en su semblante. —En la vida, a veces, debemos soltar el timón para no hundir el barco — Giro ligeramente el rostro, lo justo para que sus ojos áureos chocaran con su medico. No buscaba convencerlo; solo exponer sus pensamientos. Volvio la vista al mar. Sentia como una corriente profunda le arrastraba; astilla, olor q madera y sal. Entregó el barco sin temblar, pero cuando los nuevos dueños zarparon en el navío. Un gran vacio le apreto el pecho. No fue por el valor del barco, sino por lo que habían vivido sobre cubierta. Hogar improvisado, escenario de errores, victorias y pecados compartidos. —¿Cree que es la mejor opción para cruzar el océano? — La pregunta interrumpió nuevamente sus pensamientos intrusivos. —¿La mejor? No, definitivamente — Se recostó de una silla y se relajo. — Pero si es la más segura por ahora. En esta ocasión el disfraz de turista es más útil que una bandera pirata — Y eso estaba bien. El crucero no paro de mecerse, dejando una hermosa estela tras ello. Música que aumentaba al compas del aroma a frutas fermentadas. — ¿No vas a ir a celebrar con los demas? — Preguntó, directamente al pelirosa. Lo hecho estaba hecho. Tenian que avanzar. Samba era apenas el primer eslabón de una cadena mucho mas larga. Una que los llevará mas alla de lo que los periódicos llamaban "El orden de South Blue".— Bebe y disfruta, pero no atraigas mucho la atención. Probablemente no seamos los únicos piratas bajo perfil — Sus palabras se perdieron entre el sonido de una risa lejana y el rugido del motor del crucero. —O quizás solo hay gente inocente tratando de ser felices en medio de una época oscura — Dice saludando a dos turistas que se dirigieron a ellos a modo de saludo cordial. Pero bueno, no es como si llevar una oni y un gigante enorme no fuese ya motivo para llamar la atención por demás. Todos en su tripulación se dispersaban de igual manera. Cada uno siguiendo su papel. Todo planeado. Bajo control —El reino de Samba... — repitió como una canción. — Estoy seguro que los dioses del mar nos seran favorables. — La travesía había comenzado. Y ellos, una vez mas, estaban donde debían estar. RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Thrym - 11-10-2025 Día 19 de Otoño.
Año 16.
Flashback, un día antes.
La noche anterior había sido de esas que uno recuerda con gusto. Todos sentados frente al barco, compartiendo la última cena antes de entregarlo al comprador. El aire olía a madera vieja, a sal, y a ese tipo de nostalgia que se pega en los huesos cuando algo está por cambiar. Tenía el mapa extendido frente a mí, iluminado por la tenue luz de una linterna. María Merlot, o MM, como le decíamos, se inclinaba para mirar mientras yo señalaba los puntos de nuestra próxima ruta. —Mira, aquí— Le dije, tocando con el dedo una pequeña isla entre las olas azules dibujadas. —Este es el Reino de Samba, tienen una cultura muy fiestera. Estuve de paso por allí hace algunos años. Antes de que tu nacieras probablemente— Ella sonrió, curiosa. Luego, con la misma calma, moví mi dedo hacia otro punto a mitad del trayecto. —Y aquí está el Reino Torino. Sus habitantes son por alguna razón, redondos como un coco.— Día 20 de Otoño.
Año 16.
Actualidad.
Me encontraba a bordo de un crucero de lujo con más comodidades de las que había visto en toda mi vida. Y, sinceramente, se sentía bien. Después de tantos meses durmiendo en cubierta, tapado con velas de repuesto y escuchando el crujido del casco como canción de cuna, aquello era el paraíso. No tenía que preocuparme por los vientos ni por las mareas; otro pobre diablo lo haría por mí. Podía, por primera vez en años, ser solo un pasajero. Nada de brújulas, nada de cartas náuticas. Solo el sonido del mar y la promesa de un viaje tranquilo. Me acomodé en mi habitación, una hecha especialmente para mi tamaño, lo cual se agradece cuando mides más que la mayoría de los camarotes, y sonreí al ver todo lo que me habían dejado. Toallones del tamaño de una vela, shampoo con olor a coco, una bata que parecía una carpa y, lo mejor de todo, camisas hawaianas de mi talla. Varias. Nunca pensé que un trozo de tela con flores me haría tan feliz, pero después de semanas buscando en Isla Karate algo que no me quedara como un top, aquello era gloria. Me di una ducha que habría avergonzado a una cascada, dejando que el agua caliente me despejara los músculos. Salí envuelto en vapor, me puse una de las camisas , fondo azul, flores naranjas, perfecta, y me miré en el espejo con una sonrisa de orgullo. “Esto sí es vida”, pensé, justo antes de que mi estómago gruñera como recordatorio de que la verdadera felicidad aún dependía del menú del día. Apenas salí de la habitación, la calma se fue al carajo. Mis compañeros ya habían bajado hacia la cubierta central y yo los seguí mientras me zampaba una bandeja entera de margaritas. Los vasos eran del tamaño que usaría un humano, así que me serví como correspondía: veinte seguidos. El guía del crucero, un tipo de voz nasal que se presentó como representante de “Cacao Tours”, estaba dando su discurso sobre seguridad y actividades, pero mi atención duró exactamente diez segundos… hasta que las vi. Un grupo de mujeres bailando el hula hula, con faldas de hojas y collares de flores, moviéndose al ritmo de una música que olía a verano. No lo pensé dos veces. Dejé al pobre guía hablando solo y me acerqué con pasos largos y torpes. Las mujeres me miraron con sorpresa primero, y luego con esas risitas que uno reconoce como “vale, dejemos que se una el gigante”. Me hicieron espacio, y yo, encantado, me metí en la rueda. Los movimientos me salieron torpes al principio, pero luego el ritmo me atrapó. Giré los hombros, sonreí, y sentí que por fin el viaje había comenzado. RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Maria Merlot - 12-10-2025 Narrador / María Merlot
……………………… ¿Estaba disfrutando del crucero? Si. Juancho, el Asesor de Viajes, cumplió todas y cada una de las palabras con las que había envuelto a María la noche anterior al adquirir los “Últimos Boletos hacia el Reino de Samba”, claro él con su labia de vendedor no se había esperado que la joven de cabellera celeste tuviera un Don innato para el “Comercio”, acompañado de una muy buena fortuna. El punto en todo este asunto, es que dentro de la habitación V.I.P. se sentía como una princesa, aunque nada como una celda cálida que le recordara a su “hogar”. Había una botella de buen vino, las toallas estaban dobladas con forma de cisnes y sus maletas ya estaban perfectamente alineadas en una sección de la recamara. ¡Excelente servicio!
Así fue como la joven se cambió de ropa y se puso su bañador. Uno de color negro que había comprado a juego con Odeth, después de todo eran las únicas chicas de esa tripulación, si su Unnie Maki estuviera aquí, también tendría un traje de baño a juego, es más, una de las cosas que llevaba en su maleta era el traje de baño a juegos que había comprado pensando en ella. ¿Qué estaría haciendo la mujer llena de cicatrices ahora? No lo sabía pero esperaba que se encontrarán pronto, y también con Rojo… extrañaba demasiado a su hermano jurado. Sin embargo, no había tiempo para deprimirse, era tiempo de disfrutar del viaje, y de evitar a cierto hombre de ojos vacíos. Ver Flash Back #3. Ella fue directo a la piscina, una de las muchos piscinas, por suerte habían flechitas que le decían por dónde ir, aunque, más de una vez, terminó en lugares distintos: El restaurante, una boutique, la sala de motores… pero al final lo logró, llegó a cubierta y disfrutaría de todo lo que ese día le daría. No saldría del agua hasta… hasta que llegaran al Reino de Samba, o mejor dicho, hasta que la cerrarán a las 9:00 p.m. Lo que siguió fue lo normal en un crucero: piscinadas, buffet libre, espectáculos diurnos y nocturnos, vistas espectaculares, y Juancho intentando seducir a Odeth. Tal vez eso último no era común pero el enano de cabellos castaños aparentemente le gustaban grandes y estaba muy enamorado de la Oni. “Estimados pasajeros, capitanes de vuestra propia aventura en este mar azul. Aquí su anfitriona, Mai Dai, con un anuncio especial desde el corazón de nuestro magnífico crucero. Tengo el placer de informarles que hemos llegado a la mágica mitad de nuestra travesía. Y si pensaban que la diversión iba a pique... ¡Se equivocaron! La diversión apenas comienza. Así que los invitamos a continuar disfrutando de todas nuestras atracciones, en especial de la barra de bebidas alcohólicas y no alcohólicas traídas de los Blue y más alla.”
……………………………………………………… Flash Back #1 - Thrym Día 19 de Otoño, año 16.
El gigante le encantaba, era como una masa enorme de algo muy dulce y paternal. Y más aún, luego de aquel beso que le dio como premio por haber regresado sana y salva del Dojo del Maestro Ba-Ca-Lao. Cuando le enseño el mapa, y la magia de un navegante, sus ojos sólo pudieron brillar como las estrellas del firmamento. Casi, casi se montaba sobre la mesa siguiendo su enorme dedo. — ¿Cultura fiestera? Suena muy divertido, me encanta la idea de ir hacia allá… ¿Crees que me dejarían entrar en una de esas fiestas? Puedo prometer portarme como una dama refinada del mar — se apartó de la mesa e hizo una reverencia tomando su falda como si fuera una mujer de alta alcurnia pero su actuación perdió validez cuando le sonrió como niña traviesa al pelirrojo — … Pero mira, Trhym-sama… hay algo que me intriga de todo esto… ¿Habrán sándwiches de pepino? ¿Sabes no? Los pequeñitos que vienen sin corteza y cortados en formitas adorablemente perfectas — le comento haciendo las formas con sus manos, luego volvió su atención al mapa —... Eres todo un trotamundos... ¿En cuantos lugares has estado ya? Seguro más lugares que nuestro propio mapa de navegación. No me sorprendería si un día me dices que fuiste a visitar la luna… y yo te creeré… poooooooorque solo los soñadores de corazón, como tú y como yo, podemos entendernos — finalizó haciéndole un corazón con sus dedos. Fin del Flash Back #1
……………………………………………………… Flash Back #2 - Hyakinthos Madrugada 20 de Otoño, año 16.
Encontrar su habitación nunca había sido difícil para la dama celeste, solo debía seguir las indicaciones de su corazón… aunque al principio sí le costó aprenderse el camino la verdad, y llegaba a todas las habitaciones menos a la suya pero ya no era así. ¿Qué habitación? La de Algodón de Azúcar, ella había entrado y lo encontró dormido, como El Bello Durmiente que era. Su querido e idolatrado Algodón de Azúcar tenía un sueño muy profundo, y lo descubrió cuando la primera vez que se coló en su habitación, porque tumbó por error un objeto capaz de despertar a cualquiera con un sueño normal.... y a él no lo despertó. Ahí se quedó un rato, sentada sobre el suelo, apoyada en el borde de la cama observándolo y suspirando, no era un amor romántico, solo era amor y ya, sin deseo, sin malicia, ella amaba con todo su corazón a ese hombre… y la razón es más simple de lo que cualquier podría imaginar. ¿Cual era? Luego les contaría. Debía despertarlo, debían partir. Así que en su cabeza fue tan fácil deducir la manera de despertarlo, sería con lo que ella más amaba: El Agua. Y así lo hizo, aunque quizás… fue un poco exagerada con el volumen. Cuando la expulsó de su habitación, se entristeció, así que golpeo y golpeó la puerta, pidió y pidió perdón, y su benevolente Algodón de Azucar las acepto… Su mundo podía volver a andar. Fin del Flash Back #2
Flash Back #3 - Jin Onizuka. Día 20 de Otoño, año 16.
El sol brillaba, sus nakamas estaban cerca, tenía un hermoso collar con flores en su cuello y una bebida en su mano. Todo iba de las mil maravillas hasta que escuchó aquella voz… una voz que la recorrío desde la punta de los pies hasta el final de su hebra celeste más larga. “Veo que tus heridas terminaron de sanar, jovencita.”
Al voltear se encontró con los ojos sin vida del hombre que había conocido meses atrás en Sorbet. ¿Qué hacía ahí? ¿También le gustaban los cruceros? ¿Estaría Kami cerca? Solo pensar en el vagabundo la hizo voltear hacia todos lados buscandolo con su mirada, al parecer no estaba ahí. Así que hizo un puchero adorable con sus labios, tomó un sorbo de su copa, dio un paso atrás por seguridad y procedió a responder — Señor… si me sonríe así hará que me enamore de usted… — bromeó dando otro paso atrás, él era intimidante y ella no era tonta para molestarlo estando muy cerca — … Si, estoy sana, muy sana, como la colita de un renacuajo albino — ¿Qué había dicho? No importaba, solo importaba dar otro paso hacia atrás — … ¡Qué curioso los caminos de la vida! No pensé que volvería a verlo… y mire en un crucero turístico… si nos encontramos bebamos una copa juntos — propuso, con una mentira piadosa, ella no bebía así que no pasaría nunca por el bar; dio otro paso hacia atrás —... me llaman, me llaman, me tengo que ir, adios, adios, besos, besos, no me busque, yo lo busco.. — se perdió entre la multitud. Él era intimidante, y más cuando usaba “LA VOZ”, así que mejor mantener su distancia…
Fin del Flash Back #3
……………………………………………………… OFFROL :: Cumplida mis dos rondas, salgo de Isla Del Karate y de este Tema.
RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Odeth - 12-10-2025 Estimados pasajeros, capitanes de vuestra propia aventura en este mar azul. Aquí su anfitriona, Mai Dai, con un anuncio especial desde el corazón de nuestro magnífico crucero. Tengo el placer de informarles que hemos llegado a la mágica mitad de nuestra travesía. Y si pensaban que la diversión iba a pique... ¡Se equivocaron! La diversión apenas comienza. Así que los invitamos a continuar disfrutando de todas nuestras atracciones, en especial de la barra de bebidas alcohólicas y no alcohólicas traídas de los Blue y más alla.”
Oí la voz por megafonía, Juancho no dejaba de intentar ligotear conmigo.
- Ya te he dicho que no quiero nada y eres muy pequeño para mis gustos íntimos.. Lo vi removerse en el sitio -Yeah... Justo vi a Maria acercarse a mi a la zona bar. -¡¡¡Maria!!!¿Vamos a las tumbonas?¿prefieres bañarte un rato? La mire suplicante y tire a esperar su respuesta. -¿Donde estará el capitán? hace rato que no le veo... Deje mi bebida en la mesa, cuando esta ya estaba vacía. Cogi algo de picar que habían puesto en la barra y me lo metí de un bocado degustando su sabor salado, dios me encanta esto , no se que era pero que rico... -Creo que cuando volvamos a tener calma en la tripulación añadiré un plato nuevo al menú del barco, pero mientras quiero meterme en la piscina aun que el agua me llegue por la cintura... El pobre Juancho me miraba con cara de perrito degollado , pero¿ como le hacia entender a este hombre que no quería nada de el sin ofender ? Suspire de cansancio, tenia hambre pero era mas ansia... los viajes fuera del barco me provocaban nervios en todos los lugares de mi cuerpo y separarme de mis nakamas era algo de lo que siempre solía evitar si era necesario. RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Hyákinthos - 12-10-2025 Se giró para darle la espalda al mar, ahora, tenía frente a sí el metal blanco y frío del crucero, una embarcación que se sentía tan irreal para el estilo de vida que se supone debían llevar personas como ellos y aun así, como si fueran personas comunes y corrientes, se lograron infiltrar sin problema alguno… ¡Qué hermoso resulta el no ser reconocido!
La voz de quien apenas alcanzaba a reconocer como capitán interrumpió su desvarío mental. La respuesta a sus preguntas llegaban con premura y solo el viento se atrevía a interrumpir la conversación entre ambos hombres.
—Soltar el timón…—Vio que el hombre se sentó en una de las varias sillas del pasillo y él siguió su camino, sentándose en una a su lado, tan relajado como si la conversación no le afectara en nada. —No es necesario ponerse filosófico, capitán…Si es por la seguridad de los tripulantes puedo entender la razón de la venta...Los mares son turbios y más hacia donde nos dirigimos —. Suspiró, recostando su cabeza a la silla para volver a mirar el cielo.
—¿Sabe? Pocas cosas puedo recordar, pero he sobrevivido a dos naufragios…soy médico, no ingeniero naval, pero algo me dice que, al primer infortunio, con la cantidad de peso que llevábamos en el barco, nos habríamos hundido —. Se encogió de hombros, sus palabras fueron simples, directas, realistas. —Tal vez la decisión, aunque sea la mejor, no le haya sentado tan bien, pero…al menos en este barco llegaremos con seguridad a puerto —. Acomodó sus brazos atrás de su cabeza, usándolos como almohadas. —Además, ¿no dijo la chica sirena que consiguió un contacto? Ya sabe...para comprar un nuevo barco cuando lleguemos a…a…bueno…ese lugar…usted entiende —. No buscaba ser discreto, simplemente, no recordaba el nombre del sitio a donde se dirigían.
—¿Celebrar? Jmmm…no…no me interesa eso, soy mal bebedor, el alcohol me nublaría los sentidos y quizá me marearía, no quiero hacer un espectáculo y… ¿Quiénes son los demás? No puedo recordar ni siquiera como se ven —. Intentó hacer memoria, había alguien enorme…no…dos personas enormes y la chica sirena, pero de ninguno de los tres recordaba su rostro o su nombre. —Creo que mi manera de permanecer bajo perfil será…solo…quedarme aquí o ir a comer algo después…no lo sé, que lo decidan las horas…de todos modos, no tiene de que preocuparse, no me gusta llamar la atención…ya sabe…por algo sigo libre y sin un cartel de “se busca” —. Mordió su labio al decir aquello, mucha información dicha en voz alta, aunque nadie parecía prestarles verdadera atención.
Le sonrió con amabilidad al par de turistas que pasaron algo alejados de ellos, pero que por algún motivo les dirigieron un saludo. Gente normal…o eso aparentaban… ¿Más piratas a bordo? La idea rondó un poco por su mente hasta que concluyó que eso no sería un problema, fuera cierto o falso. —No me preocupa si hay piratas a bordo, si decidieron entrar aquí es porque, al igual que nosotros, no quieren llamar la atención… ¿No debería usted también relajarse?
Le bastó preguntar para que la voz de la azafata interrumpiera su charla. Su atención se centró por completo en ella hasta que la voz se acabó dejando al final un silencio extraño, roto solo por las olas chocando con el casco del navío y del viento, una calma momentánea que terminó luego de un par de segundos en los que el bullicio de la gente y la música volvió a ocupar su lugar, recordándoles que esta vez no viajaban solos y tampoco lo hacían como lo haría, normalmente, una tripulación pirata, pero… ¿No era una manera un tanto graciosa de iniciar la aventura? Si alguien le preguntara y si el pudiera recordar, lo contaría con gracia…una lástima que este día sería tan olvidado como los otros.
—Vamos, vamos, capitán…tal vez si debamos hacerle caso a la azafata, comamos algo, no sé…tengo el presentimiento que, si no vamos ya a alguno de los restaurantes del crucero, nos quedaremos sin comida ¿Cree que haya alguien aquí con un gran apetito? —De nuevo intentó recordar si con ellos viajaba o no alguien enorme, pero su mente volvía a fallarle.
No esperó respuesta de parte del hombre más pequeño, se puso de pie y se movió de su lugar hasta tropezar con alguien: Cuerpo menudo, estatura pequeña, cabello celeste…Algo le decía que se supone que debía conocerla, pero…no…no funcionaba.
—Lo siento, debí fijarme por donde iba…intento llegar a los restaurantes…sabes ¿Dónde…? —La voz intimidante de alguien más se unió de repente, haciendo que el médico alzara una ceja y se cruzara de brazos…Le habló a la chica junto a él y ahora…también a él… ¿Cómo es que ese hombre conocía su nombre? Es más… ¿Cómo lo pronunciaba tan bien? Entrecerró sus ojos, ajustó sus gafas —esas que le sirven solo de adorno — y miró al sujeto de arriba abajo, analizándolo como si fuera de una especie que nunca hubiera visto antes…quiso sacar de dónde lo conocía, pero, al final, optó por no mortificarse más.
—Jmmm…Sabes mi nombre, pero no sé el tuyo… ¿Quién eres? ¿Un paciente? —Ladeó su cabeza al mismo tiempo que notaba como la chica menudita desaparecía de su vista… ¿Estaba asustada? Bueno, no es que pudiera juzgarla, el pelinegro tenía un aura intimidante y que le hacía fruncir el ceño, un gesto que se intensificó aún más al ver el humo del tabaco saliendo de su boca como si fuera una chimenea.
—No deberías fumar en un lugar público…no solo dañas tus pulmones, si no que ese humo que expulsas entra en los pulmones ajenos y le hace más daño que a ti mismo…no me gusta cuando los pulmones se dañan —. Cualquiera podría pensar que tenía consciencia cívica, que era un buen samaritano preocupado por la salud y, técnicamente, eso era cierto, pero no por los motivos adecuados…simplemente…como detestaba abrir un cuerpo y encontrar fumones dañados a causa de la nicotina y el tabaco…un asco…una pérdida de dinero.
—Ah…y ya que estás aquí… ¿Puedes decirme dónde están los restaurantes? Quiero comer algo, pero no puedo encontrarlos y ahuyentaste a la chica a la que le iba a preguntar —. El cambio de tema fue tan repentino que se sintió fuera de lugar…pero… ¿Quién puede culparlo? Así funciona su mente, pasando de un tema a otro con facilidad, tal como este crucero cruzaría de una isla a otra sin hacer escalas.
¿Llegarían con bien a su destino?
RE: Estimados Pasajeros Ultimo llamado hacia El Reino de Samba :: Presente Absoluto - Onizuka Jin - 12-10-2025 Sus ojos afilados aprovecharon para analizar la situación ahora que se encontraba en el interior del crucero. De nuevo, el humo del cigarro lo acompañaba, seguido de la absoluta calma. Mujeres en bañador, en un crucero elegante, nada que no hubiera visto antes y, sin embargo, le resultó divertida la reacción de aquella que fue en su momento su mercancía, y tuvo que fingir ser buena persona por Han. Aún así, estaba claro que aquella mujer seguía en estado de alerta. Que le hubiera hablado solo logró divertirlo más, ponerlo en pie y caminar hacia ella a medida que iba retrocediendo un paso. A cada paso que retrocedía, él avanzaba otro. ![]() —¿Y quién dice que no puedas enamorarte de mí, querida?
Su voz, de nuevo, mostraba aquel atisbo característico, ella seguía siendo eso; un producto, uno que seguramente en el mercado negro podría valer un buen dinero, incluso como regalo a su cirujano personal; Hyákinthos. Un paso más, sus manos reacomodándose en sus propios bolsillos, el humo perdiéndose en el aire. —Siempre podemos aprovechar ahora para beber esa copa juntos, ¿o tan nerviosa te pongo que ya te imaginas en tu cabeza cómo podría ser como amante? Soy bueno, te lo aseguro. La siguió entonces con la mirada, con la misma calma con la que lo recibió. Fue divertido mientras duró, aunque fuera especialmente corto. Emitió un leve suspiro, volviendo la mirada al resto antes de siquiera volver su atención a Hyákinthos. Primero, aquel desconocido que ni llegaba a su estatura, quien se hacía llamar “capitán”. No lo conocía de absolutamente nada. Luego a la Oni, quien parecía divertirse a parte y claramente conocer a María Merlot, su mercancía. Se llegó a preguntar si podría incluso llegar a servir para su negocio. Sus ojos se enfocaron en ella por algunos segundos, solo analizándola, pero pasando desapercibido. Por último, tuvo que elevar su propia cabeza para alcanzar a ver por completo a Thrym, el enorme gigante. Eso sí era algo nuevo. No recordaba haber visto a uno tan grande en mucho tiempo. Retiró el cigarrillo de entre sus labios. Las olas sonaban a su alrededor mientras el crucero seguía zarpando, el sonido del mar, alejarse de la isla kárate. Todo parecía ser nuevo, si no fuera que aquella no era ni por asomo su primera vez. Ahora su atención volvió al cirujano que logró contratar, acercándose a él. La noche que habían disfrutado ambos no era algo que pasara desapercibida en su memoria. De las mejores que habían logrado tener en mucho tiempo… si no fuera por cómo parecía olvidarlo con una facilidad abrumadora. Sus ojos volvieron a él, no sabía si estaba o no esperanzado, ahora viendo si tendría algo que decir o no. No lo había reconocido, ni una, ni otra vez… Y ahora mismo, volvía a tener el mismo resultado. De nuevo, la decepción cayó en la expresión de su rostro, emitiendo un suspiro cansado. La mano se dirigió en su rostro, con el cigarrillo entre sus dedos. Paciente estaba siendo, pero ya eran varias veces. ![]() —Trabajamos juntos, ayer me llamaste, y aquí estoy, como prometí. Soy quien te contrató.
“Una maldita vez te lo pido. Solo una, que no olvides mi cara.” Y ya estaba comenzando a perder la fe en ello. Ya asumía que, incluso en el siguiente, y posterior a ese, y vete a saber en cuántos más pasaría lo mismo. Apartó su mano, ahora evitando acercar el cigarrillo entre sus labios. Irónico, sabía en qué estaría pensando y, después de dejar ir a aquella mujer de cabellos y ojos celestes, pensó en lo mismo. —Llámame Jin. Será más fácil para ti recordar al menos eso… aunque solo sea por un par de horas. — como ya se había presentado frente a él, y lo seguiría haciendo todas las veces que claramente lo olvidara. No entendía de dónde venía una memoria tan pésima, no conocía a duras penas a ninguno así. Todavía se preguntaba cómo nunca fallaba en las reuniones, y en los trabajos tan bien hechos. —¿Sigues teniendo la manía de morderte el labio? No desperdicies eso otra vez, porque para mí sí habrá una “próxima vez”. Además, no parecía molestarte tanto que fumara nuestra última noche. — ¿y qué importaba? Ni siquiera lo recordaba ya. Una decepción. Aún así, no omitiría esa “próxima vez” de la que hablaron. Dejó el cigarrillo a un lado, en un cenicero que él mismo había conseguido, soplando el humo por última vez, elevando su mano, pasándola por su cabello despreocupadamente, elevando sus ojos de azul pálido hasta el pelirrosa. Se acercó pacientemente a Hyak, con calma, con la misma presencia calculada de siempre, rompiendo la escasa distancia entre ambos por unos segundos, mirándolo con firmeza. —Comamos juntos entonces, también estoy hambriento. Te llevaré hasta allí. — murmuró entonces, ahora apagando el cigarrillo sobre el cenicero, aunque estuviera a medio consumir. ![]() —Además, sobre la chica que dices que “ahuyenté”.
Sus pasos, seguros y sin compasión, volvieron a los de aquella noche, más íntimos, más seguros, mientras sus labios se acercaban a su oído, con picardía. —Ese es un pequeño regalo para más adelante, Cherry. — Su mano, atrevida, paseaba por la camiseta floral, apretando parte de su cuerpo, para luego alejarse, dejándolo de ese modo. Aunque hubiera otro encuentro en su camarote, no lo rechazaría, la única lástima que le encontraba era que sabía que lo olvidaría, pero no lo iba a desaprovechar. —Vamos. También tengo hambre. — No era el típico que tomaría la mano, no era su estilo, solo reacomodó sus manos en los bolsillos, caminó en dirección al restaurante, esta vez sabiendo que el contrario sería capaz de perderse, prestó atención en el pelirrosa, parando y esperando en caso de que se distrajera con cualquier cosa, o se le volviera a olvidar que él le estaba guiando hasta el restaurante. Lo que transcurriera después de eso, obviamente, quedaría en el aire, entre ellos dos. Ya solo quedaba llegar de una pieza a su destino. Todo iba a ir como él calculaba, sin un solo error.
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